Año de publicación: 2025
Valoración: Entre Recomendable y Está bien
Aunque en la solapa del libro se define como ‘novela’, se podría decir que El fino arte de crear monstruos está en zona de transición entre novela y colección de relatos, aunque en mi opinión tiene más de lo segundo que de lo primero. Esta autora, argentina de nacimiento y afincada en Barcelona (de hecho, tiene algo publicado en catalán), presenta una serie de narraciones cortas que comparten protagonistas y guardan cierta coherencia cronológica, o esa sensación da, pero me parece difícil concluir que esto constituya una novela.
Una docena, quizá algo más, de relatos breves, episodios en la vida de Vidria, una niña que vive en la pequeña población de Morteros, que recuerda ligeramente a El Pensamiento, donde César Aira situaba una de sus últimas creaciones. Poco sabemos sobre en el entorno de Vidria, salvo que tiene un hermano quien al nacer la niña la tiró al cubo de la basura, y con el que no obstante comparte la protagonista ideas e iniciativas disparatadas. Estas ocurrencias, junto con las insólitos episodios que acontecen en el pueblo, son las que dan lugar a esos pequeños relatos que giran bajo títulos como ‘Segundo advenimiento con niña mutante’, ‘La indulgencia plenaria de las mandarinas’ o ‘El origen de la luz en la naturaleza de la máscara’.
El mismo ingenio que exhiben esos fantásticos rótulos se manifiesta en la narración, donde lo inverosímil despunta en cada página sin que lleguemos a tener claro, y eso es parte de la gracia, lo que es real y lo que no. Entonces es inevitable pensar en el realismo mágico y en el desproporcionado número de secuelas que ha ido dejando a un lado y otro del Atlántico. Eso de inventarse cosas extravagantes y mezclarlas en una narración convencional parece una buena solución para darle brillo, sorprender al lector y dar sensación de dominio sobre el medio. No es exactamente lo que hace Silvana Vogt, aunque indudablemente ese camino abierto facilita el tránsito.
Esas dosis de fantasía, dispersas pero abundantes, otorgan a la narración una cierta aura, aunque a fin de cuentas se trata de episodios de la vida de aquella niña, cosas sorprendentes que casi siempre bordean la tragedia y cuyos límites con lo inverosímil son difícilmente distinguibles. Así que, visto desde otra perspectiva el libro constituye una especie de anecdotario, narrado con un tono ligeramente infantil muy logrado, con estilo a la vez fresco y elegante, algo que quizá no provoque un arrebato de placer literario pero deja la agradable sensación que proporciona lo bien hecho, lo curioso, digno y entretenido a partes iguales.

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