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jueves, 13 de julio de 2017

Marta Sanz: Clavícula

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

No tengo ninguna duda de que algún día los manuales de nuestros nietos hablarán de la "literatura del yo" como una de las tendencias dominantes de este comienzo del siglo XXI. Ahí se incluirán las memorias, los diarios, las autobiografías, y también la mal llamada "autoficción", que incluye desde la Trilogía de Nueva York de Auster hasta los Soldados de Salamina de Javier Cercas o toda la obra reciente de Vila-Matas. Confieso que mi tendencia sobre este tipo de narrativa ha ido cambiando: cuando leí los primeros experimentos de este tipo me encantaron; llegó luego un momento de cierta saturación, en que me pareció que el modelo estaba ya agotándose; últimamente, no la soporto, como dejé claro en una famosa (o infame) no-reseña de los libros de Knausgard.

De ahí que tenga que preguntarme por qué este libro, a diferencia de los de KOK, sí que me ha gustado, y me ha gustado bastante, de hecho. Clavícula es una novela (¿autobiografía, diario, memorias, obra híbrida?) tan egocéntrica como Mi lucha: cuenta la obsesión de una escritora, la propia Marta Sanz, con un misterioso dolor que le nace en la escotadura supraesternal, el espacio entre el esternón y la garganta donde acaba la clavícula derecha; un dolor para el que los médicos no tiene solución, y que contamina cada momento de vida y consciencia de la escritora. Un monumento al solipsismo y la autocontemplación que podía haberme provocado el mismo rechazo que los de KOK, pero no. Así pues, ¿qué lo hace diferente y mucho más llevadero, más allá de que sean solo 200 páginas y no 7 volúmenes de 600 cada uno?

Después de mucho pensarlo, creo que la diferencia está en dos elementos: el humor y el formato fragmentario.

Marta Sanz habla en esta obra de dolores reales e imaginarios; de la menstruación, los calmantes, las pruebas médicas, la autocompasión o la relación con su marido. De las enfermedades y molestias físicas propias y ajenas, más o menos graves, más o menos humillantes. Y de todas ellas habla con una cierta distancia irónica, que le permite verse a sí misma como una digna sufridora y como una burguesa llorica, al mismo tiempo. Habla sin pudor de las dolencias del cuerpo y del alma, pero también habla, al mismo tiempo, de esa falta de pudor y de las consecuencias que tiene. Es muy consciente de lo que está haciendo, y lo que está haciendo le parece al mismo tiempo noble y ridículo.

La otra clave para que me haya gustado esta obra es que Marta Sanz, a diferencia de KOK, no decide contarlo todo, sino que selecciona aquello que se refiere (más o menos vagamente) al tema principal del libro, que es el dolor, y lo dispone en fragmentos de entre un párrafo y cinco o seis páginas, dando lugar a una indagación (tal como el propio texto dice) que renuncia a lo extenso para profundizar en lo intenso. El carácter híbrido del texto (las reflexiones de la autora, que dominan la obra, se mezclan con emails, relatos y poemas) es también mucho más "posmoderno" (si es que esta palabra todavía significa algo) que las larguísimas divagaciones de un hombre blanco heterosexual de clase media.

Porque Clavícula es, también, una obra muy marcada por el género de su autora: es una obra que habla de un cuerpo, y el cuerpo del que habla es el de una mujer, con su endometrio, su menopausia, sus hormonas y sus estrías. Habla de sus problemas y de los de sus amigas y conocidas (cánceres, catarros, fisuras anales, infartos). En un momento del texto, Marta Sanz se compara con Elvira Navarro, que habla de cosas parecidas en La trabajadora:
"Recogemos una inquietud de época y escribimos estas cosas porque algo nos duele, porque somos mujeres, porque tenemos o no tenemos pareja, escribimos, tenemos y no tenemos trabajo, somos españolas y blancas, posiblemente feministas, posiblemente de izquierdas. Pero nuestros libros no están escritos con las mismas palabras y, en consecuencia, no, no son iguales. 'C'est dans l'air du temps'".
Quizás lo que menos me haya gustado de Clavícula sea su final: después de doscientas páginas de dar vueltas en torno a unos cuantos temas comunes (el dolor, sobre todo, pero también el miedo, la enfermedad, la incomprensión), de pronto se introduce un punto de fuga, un crucero con sus padres, y la obra termina, sin que dé la impresión de haberse cerrado de ninguna forma. Quizás esto mismo sea un elemento posmoderno: la obra abierta y todas esas cosas. Pero incluso en el siglo XXI tanta abertura parece excesiva y deja alguna insatisfacción en el lector.

domingo, 28 de enero de 2018

Marta Sanz: Farándula

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien

Descubrí a esta autora este año (bueno, para cuando se publique esta reseña ya será "el año pasado"), gracias a su última novela, Clavícula, y me prometí a mí mismo leer algo más de ella para reseñarlo por aquí. Y lo siguiente que ha caído en mis manos es esta Farándula, que mantiene algunas de las virtudes de Clavícula pero que me ha interesado bastante menos, por el tema y también por el tratamiento del tema. (Hay que decir que esta novela ganó el Premio Herralde de novela de aquel año, lo que debe de significar algo aunque no sé muy bien qué exactamente).

Tal como indica el título, la novela se centra en el mundo de la farándula: cine, teatro, televisión; actores y actrices, fundamentalmente. Los personajes principales componen un triángulo de figuras más o menos arquetípicas: Valeria Falcón, la actriz ya madura que lleva con dignidad su papel en las tablas teatrales; su compañera de apartamento, Natalia de Miguel, que sueña con ser una estrella del cine (o de la televisión, si eso); y el consagradísimo Daniel Valls (¿trasunto de Javier Bardem?), un actor que goza de tanto prestigio en el mundillo como odio despierta por sus posicionamientos políticos de izquierdas. A ellos se añaden Ana Urrutia, una anciana actriz retirada que vive prácticamente en la indigencia, o Charlotte Saint-Clair, la paciente y sufrida mujer de Daniel Valls.

De fondo (como un mise-en-abyme al que se podía haber sacado más partido), una representación de Eva al desnudo, la obra en la que una actriz veterana es sustituida y traicionada por otra más joven.

Las virtudes de las que hablaba antes: Marta Sanz escribe rematadamente bien. Tiene chispa, ingenio, estilo, sentido del humor. Nunca sabes qué sorpresa te puede deparar una frase o con qué invención va a conseguir describir a una persona, un lugar, una situación. Lástima que a veces esa virtud se transforme en un cierto virtuosismo (innecesario), como en esas largas enumeraciones "a lo Sabina" que le reprochó Tongoy (en una reseña, como la mayoría de las suyas, demasiado dura para mi gusto). Pero es verdad que en ciertos pasajes de la novela Marta Sanz parece querer demostrar lo bien que escribe (cosa que no pasaba en Clavícula), cuando no es necesario, porque como ya he dicho Marta Sanz escribe rematadamente bien.

Los defectos: quizás el más obvio sea el de lo estereotípico de algunos personajes, que no consiguen escapar de la unidimensionalidad. Natalia de Miguel es joven, bonita, ambiciosa, insegura, vanidosa, algo tontita: en resumen, Penny de The Big Bang Theory (sobre todo en las primeras temporadas). Daniel Valls es un Don Juan que quiere ser Robin Hood, pero nunca se llega a profundizar en los motivos de ese robinhoodismo, en las contradicciones que provoca o en cómo se podría encauzar mejor (más allá de repetir una y otra vez que Daniel Valls lo hace todo mal). El personaje de Valeria Falcón es el más redondo de todos, el que presenta más versiones y más perspectivas; probablemente sea aquel con quien la autora se identifica más, y de hecho al final de la novela Valeria decide comenzar a escribir.

La novela se plantea (o se vende, al menos) como una crítica al mundo de la "farándula", mostrando sus contradicciones y sus miserias (aunque también su glamour y su capacidad de fascinación); lo cierto es que como crítica resulta algo blanda, y como representación, algo limitada. Como puro artefacto literario, se lee con placer y con gusto, sigue despertando admiración por la capacidad lingüística y estilística de la autora, pero no deja un gran poso; todas las grandes preguntas que se propone plantear quedan solo esbozadas, sin profundizar en ellas, como si pusiera deberes al lector (pero el lector, ay, es perezoso).

En fin, sigue en pie mi intención de leer más novelas de esta autora, como de Belén Gopegui, a la que conozco poco y creo que debería conocer mejor; tengo la sensación de que todavía no he leído la obra maestra de ninguna de las dos. O a lo mejor es que la van a escribir en el futuro...

viernes, 5 de marzo de 2021

Marta Sanz: Un buen detective no se casa jamás

Idioma original: español

Año de publicación: 2012

Valoración: Bastante recomendable

 

Esta es la segunda vez que aparece Arturo Zarco en la obra de Marta Sanz, lo volveremos a encontrar más adelante. En esta novela, cuyo título es una frase de Chandler (buen comienzo) el escenario es un espacio limitado, salvo incursiones ocasionales a Alemania, pero no resulta asfixiante porque la huerta levantina le suministra todo el aire y la luz que necesita. Lamento sinceramente no poder mencionar los elementos de tal escenario, ni presentar a sus protagonistas, comprenderán que me calle algo tan absurdo como el hecho de que un detective, requerido por una vieja amiga, visite una casa solariega propiedad de una acaudalada familia y que a continuación empiecen a pasar cosas ante la pasividad del susodicho. Imposible explicar, y que me crean, que el tal Arturo, no solo está de vacaciones, sino que lo deja claro en cuanto tiene ocasión y no hace como esos otros profesionales de las novelas, que se implican en cuanto huele a sangre, estén donde estén, ni siquiera como las miss marple, jessicas fletcher y compañía, que atraen sin proponérselo el crimen allá dónde vayan y usurpan el lugar de la policía porque no pueden vivir sin demostrar su perspicacia. Éste está justo en el lado opuesto, él cuando descansa, descansa.

Sí, es tan absurdo como parece. A no ser que Sanz nos esté contando OTRA COSA, o bien, pretenda introducir ALGO MÁS aparte de lo evidente. Quédense con esto porque la cosa va por ahí. El caso es que no hay investigación de ningún tipo, pero la figura detectivesca y demás elementos del género negro ahí están y no se van a mover. Nuestro personaje ejerce de conductor (o narrador, si lo prefieren), no podemos considerarle mera función narrativa porque posee personalidad propia, pero más introspectiva que activa. Su cometido consiste, como he dicho, en pasearnos por las habitaciones del sanctasanctórum y permitirnos observar a través de sus discretos, perezosos, y aún así penetrantes, órganos de visión unos tejemanejes familiares bastante entretenidos. Lo más llamativo a primera vista es que en aquella casa abundan las gemelas con todo lo que esto conlleva. Utilizando ese rasgo genético se nos enfrenta a cuestiones como la identidad, confusión de personalidades, lazos de parentesco más o menos sólidos. Encontraremos planteamientos aptos para la crítica social y/o las divagaciones filosóficas. Sanz no da puntada sin hilo, bajo una superficie aparentemente simple, incluso presentada con cierta sorna, aparecen dilemas tan relevantes como la libertad del individuo con independencia de su sexo. Allí las mujeres son mayoría, y no se sienten obligadas a actuar como se supone que deben, sus personalidades son fuertes y complejas, se toman la justicia por su mano y, encima, nos resultan simpáticas. La generación más antigua, formada por Amparo y Janni Orts, (de este foco, parte todo lo que sucederá más tarde, así que atentos) sus amores, sexualidad, transvase de hijas, manías, su carácter, la vida que llevaron hasta entonces, sus diferencias y similitudes, su alejamiento que siempre fue cercano. En la intermedia encontramos a Marina e Ilse y en la más joven a las niñas Erica y Fanny. Se trata de una novela de mujeres escrita por una mujer en la que los hombres tienen un papel fundamental, narrada además desde un punto de vista absolutamente masculino, incluidos prejuicios y fobias. Desde luego, si prescindiéramos de la portada, pensaríamos que su autor es varón. Y es que pocos protagonistas nos parecerán más convincentes que el mencionado Arturo, un cínico moderado, bon vivant comme il faut, pero inofensivo y muy, muy perezoso.

Recapitulando: hombres cínicos, vividores, aprovechados, mujeres torturadas e inteligentes que, al menos hasta cierto momento, consiguen marcar la pauta gracias a sus privilegiadas mentes, aunque algo tienen que ver también los privilegios que concede su cuantiosa fortuna, la inteligencia rinde muchísimo más cuando va acompañada de dinero y aquí parece haberlo a espuertas. Una de las habilidades de la autora consiste en diseccionar a una familia no demasiado típica y, a través de ella, averiguar lo que caracteriza a cualquier grupo familiar, sea cual sea su extracción social, procedencia y hábitos de vida. Porque aquí, como en cualquier ficción que se precie y aunque parezcan invadirlo todo, lo de menos son las circunstancias.

Les garantizo que, con un poco de esfuerzo por su parte, se van a divertir porque cada frase está repletita de retranca. Y hablando de frases, el lenguaje es su mayor activo y también su talón de Aquiles ya que no se trata de una narración al uso, lo que leemos es un continuado flujo de conciencia, excepto las confidencias que se adjudican a una de las gemelas tomando como pretexto las palabras que se han formado en un juego de Scrabble. Entre la multitud de metáforas, digresiones y referencias cultas aparece constantemente la voz de la ex mujer, el omnipresente –y, no obstante, ausente– personaje de Paula cuya supuesta opinión atiende sin cesar el alma imaginativa de Arturo. Para quien se haga un lío con esto aclaro que, según se da a entender, se trata de esas relaciones tan estrechas y antiguas que marcan hasta el menor de los pensamientos sin que sea posible evitarlo. ¿Qué diría tal persona si estuviera aquí? Como veremos, la Paula que ha invadido la mente de Arturo no para de opinar sobre cualquier cosa, en cambio la Paula real no dice ni pío. Pues bien, con todo este maremágnum de elementos, y otros que me callo, se va descomponiendo el rompecabezas, personalidades y roles empiezan a mutar –y a inquietarnos, ahora que creíamos haberles cogido el tranquillo– y nuestras ideas previas se descabalan antes de acabar de formarse.

También de Marta Sanz: Clavícula, Contrarreseña de Clavícula, Farándula

miércoles, 2 de mayo de 2018

Contrarreseña: Clavícula, de Marta Sanz


Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: intragable

(extraído del diario de trabajo de Marta Sanz):

-7 Enero de 2017: Reunión postnavideña con mi agente y mi editora. Quieren nuevo título en dos meses, de cara al día del libro, etc... Les digo que estoy trabajando en una trilogía de 1500 pgs. basada en el historial médico de todos los miembros de mi familia desde la epidemia de gripe de 1917, a ver qué cara ponen. Cara de susto, claro, hasta que ven que me río (de ellas). Replican que de eso nada, que con doscientas va que chuta, pero que les gusta la idea de las enfermedades. Enfermedades de mujeres, que son las compran libros; empoderamiento, reivindicación del cuerpo femenino, y todo eso... Y autoficción, mucha autoficción, que es lo que se lleva. Que a ver qué se me ocurre.

-9 Enero de 2017: 
No se me ocurre, nada... si yo estoy más sana que una manzana, coño, que para eso me cuido! Sopeso incluso contar mi menopausia, aunque eso no sea una enfermedad y además, le toca pasarla a la mitad de la Humanidad, más o menos... Da igual, que yo soy Marta la Fenómeno, como dice mi churri: me invento un dolorcillo por ahí que no me deje vivir y me obligue a ir a mogollón de médicos distintos y arreglao. Entretanto, voy contando las dolencia de mi madre, de mis tías  y mis amigas, que mira que se ponen pesadas con estas cosas, por favor... 
Para el título, tengo claro que será el nombre de la parte del cuerpo que me duela, pero aún no sé si "Ventrículo", "Clavícula" o "Rabadilla". Me inclino por esta última.

-15 de Enero de 2017-> Madre mía: mes y medio para entregar esto y aún no me he puesto en serio... Encima, me han salido unos bolos en Colombia y en México que no pienso perderme ni muerta. Pero claro, con los gastos que tengo y siendo la única que trae jornal a casa, ya puedo espabilar, que mi churri será muy detallista, pero desde que se quedó en el paro, por ahí no entra un duro ni se les espera... ¡Qué cansado es ser la cabeza de familia, de verdad! Bueno, como al final lo que importa es publicar el libro y apañar unas entrevistas resultonas, voy a repetir el truco de cuando me pidieron un cuento sobre drogas y yo les metí el viaje en autobús que había hecho ese finde entre Águilas y Málaga, con un par de alusiones al Orfidal y a la muerte de Heath Ledger (ay, qué pena, con lo que me gustaba) y a correr... Qué narices, ¿a que no reciclo el cuento y se lo meto tal cual en este libro? Con un par: ya tengo 10 pgs. Y ya puestos, tb. voy a meter la hoja de gastos e ingresos mensuales que acabo de sacar con el Excel, hala... Tres páginas más.

-23 de Enero de 2017-> Lo de "Rabadilla" me molaba, pero me han dicho éstas que es poco comercial, así que será Clavícula, que lo de "Ventrículo" les suena a José Luis Moreno. Además, así puedo poner que me duele junto al Bósforo de Almassy, una cosa muy fina y sensual que salía en aquella peli de amor tan bonita... (¡madre, qué jartura de llorar!). Lo demás, capítulos cortitos y hablar de cosas chungas que me han contado, como la fibromialgia de mi prima Puri, la del pueblo, la anemia ferropética de Ana, mi vecina de abajo o la fisura de ano de mi amiga... bueno, a ésta mejor le cambio el nombre. Ah, y lupus, que lo mencionaban mucho en eso de House, con lo que le gustaba esa serie a mi churri, aunque a mí me daba como aprensión, con tanta gente enferma, Jesús qué agobio...

-28 Enero de 2017-> Hoy he tenido que acompañar a papá al cardiólogo a hacer una prueba de esfuerzo. Menudo coñazo, pero esto lo meto.

-7 de Febrero de 2017: ¡Vaya viajecito que me he pegao a Colombia by the face! Lo que tiene ser una escritora de éxito: hotelazo, piscinaza, desayunazos... eso sí, con lo del libro no he avanzado nada, todo el día de public relations y tal... Ya sé: transcribo todos los correos que me ha enviado mi churri, que mira que es pesado, dando la brasa a todas horas... ya se nota que está en el paro, ya. Bueno, 8 páginas más. Además, se me ocurrió una frase genial mientras estaba tomando el sol en el hotel de Cartagena: "Nosotras nos resistimos al neoliberalismo somatizándolo y nuestras somatizaciones se transforman en un interesado misterio para la ciencia". ¡Ahí es ná, olé tu ******, nena! A ver ahora quien es el crítico que tiene huevos para decir que tu novela es una chorrada, que le va a caer la del pulpo, si no por machista, por neoliberal!

-15 de febrero de 2017-> Joder, joder, joder... que me va pillar el toro y aún tengo la promo de México, que hay que abrir mercado, y por si fuera poco, los papás nos han invitado a un crucero por el Báltico, con lo que me apetece y yo de ahí saco otro libro que ni el Foster Wallace... Céntrate, nena, que tú eres Marta la Fabulosa, como dice mi churri, que desde que está en el paro se ha vuelto muy pelota... Pero es cierto que siempre fui el asombro de mis profes de Lengua, desde cuarto de EGB, por lo menos (bueno, menos el Chapas en 3º de BUP, que decía que lo que constituía mi estilo era mi propensión obtusa por mezclar lo pedante y lo paleto. Puto Chapas... Pues esto lo meto en el libro, ea).

-21 de Febrero de 2017: venga, Marta, dale que tú puedes; acuérdate de cuando el churri te dijo que eras la Garrincha de las Letras y lo buscaste en la wiki y el youtube y resultó que era un futbolista brasileño que hacía así y asá con el balón y los regateaba a todos sin casi moverse del sitio. Y eso sí, mira, yo soy muy buena en el regate corto... seguro que voy a por yogures al Mercadona y sólo con lo del camino saco una novela que te cagas... Es más, igual esa va a ser mi próxima novela, si es que cuela esta. Que colará, porque ya me ha contado la editora que, con todos los que quieren publicar con ellos, un mazo de críticas buenas ya están aseguradas. Y oye, a ver si pica también algún bloguero listillo de ésos, como el Tongoy o uno de los primaveras de Un Libro Al Día, que también tendría su gracia... XD


Libros perpetrados por Marta Sanz y reseñados en Un Libro al Día: ClavículaFarándula

lunes, 17 de diciembre de 2018

LO MEJOR DEL 2018, SEGÚN ULAD, MODESTIA APARTE

Juan G. B. dice: 

Oriol Vigil dice:

Koldo CF dice:
Ha sido, para mi, el año de los autores latinoamericanos. Aquí la lista:

Francesc Bon opina:
No ha sido un buen año. Mis preferencias siguen inamovibles y nadie les hace sombra y alguno ya debería. Y un desastre solo recordar leer autores españoles o estadounidenses. 
  • Mi mejor lectura del año: El viaje vertical, de Vila-Matas 
  • Novedades que salvo, y mucho: Las posesiones, de Llucia Ramis 
  • Te gustará si votaste o piensas votar a Vox: Ordesa de Manuel Vilas. (Esto es una broma muy del momento, ni siquiera comprendería que le gustara a alguien, y los que votan a Vox ni leen libros ni leen blogs literarios, seguro) 
  • Hartito de darles más oportunidades: Trueba, Amat, y otros involucrados en el socavón que se abre bajo lo que fue antes Anagrama. 
  • Propósitos de año nuevo que caerán seguro: Barth, Gaddis, Vollmann. Y ya que otros toman gustosos el relevo de la actualidad, re-lecturas a manta. 

Carlos Andia sentencia:
  • Lo mejor del año: las relecturas de Lorca (Bodas de Sangre / Yerma) y Carpentier (El siglo de las luces)
  • Narrativa: quizá Lectura insólita de 'El capital', de Raúl Guerra Garrido, porque el nivel, la verdad, no ha sido muy espectacular 
  • Descubrimientos: Antonio Di Benedetto (Zama), y la faceta literaria de Henri Michaux (Un bárbaro en Asia)
  • Reconciliación con, y por lo tanto reapertura de puertas a: Michel Houellebecq (gracias a El mapa y el territorio)
  • Ensayo: entre bastante igualdad, finalmente me decanto por Jean-Yves Jouannais (El uso de las ruinas, reseña dentro de poco) 
  • Clásico: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne 
  • Experimento: Me acuerdo, de Georges Perec (reseña también en unos días) 
  • Decepciones: varias, moderadas, quizá la más fastidiosa, por los elogios que arrastraba, Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón 
  • Intenciones: un hipertocho que llegará pronto, volver a Di Benedetto, quizá a Sabato, cosas interesantes... y, sí Koldo, Cartarescu también. 

Montuenga contribuye: 

Marc Peig opina:

Carlos Ciprés añade:
Y que en los próximos meses Ustedes gocen de sus lecturas. 

Beatriz Garza estima:
  • Autor descubrimiento del año: Margaret Atwood 
  • Novela(ZA) descubrimiento del año injustamente olvidada: Primera sangre de David Morrell 
  • Clásico del año: Marianela de Benito Pérez Galdós 
  • Novela (que como no podía ser de otra manera, supera a la película) del año: Tomates Verdes Fritos de Fannie Flagg 
  • Relectura provechosa del año: Las hermanas Grimes de Richard Yates 
  • Lectura LGTBI del año: La chica danesa de David Eberhoff 
  • Objetivos cumplidos del año: Lectura y reseña de novela gráfica 
  • Conceptos aprendidos del año: La diferencia entre "literatura" y "producto literario". El género del ciclo cuentístico
  • Objetivos para el año que viene: me abstengo, que luego me siento fatal. 

Santi concluye:

martes, 22 de diciembre de 2015

ULAD: Nuestros libros del 2015

Montuenga

Mejor novela del s. XX: Los reconocimientos, de William Gaddis
Mejor novela del s. XXI: Abril rojo, de Santiago Rocangliolo
Mejor thriller: Vestido de novia, de Pierre Lemaitre
Mejor novela iniciática: Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil
Mi gran descubrimiento: La escritura peligrosa de Tom Spanbauer en El hombre que se enamoró de la luna 
Mejor ensayo: La insensatez de los necios, de Robert Trivers
Mejor volumen de relatos: Extinción, de David Foster Wallace
Peor novela: 1914. El asesinato de Sarajevo, de Eladi Romero García
No he pasado de la cuarta página en: El día en que Nietzsche lloróde Irvin D. Yalom

Juan G. B. 

Novelón del año (en todos los sentidos): Los reconocimientos, de William Gaddis.
Sorpresa (se entiende que agradable): Londres después de medianoche, de Augusto Cruz.
Novela negra para-disfrutar-más-que-un-cochino-en-un-lodazal: Lennox, de Craig Russell.
Libros que me removieron las entretelas (y algo más): Poeta muerta, de Patricia Heras y La captura de Macalé, de Andrea Camilleri.
Mejor carta de navegación por los procelosos piélagos de nuestra época: La piel de la frontera, de Francesc Serés
Escollos evitados a tiempo: Lección de anatomía, de Marta Sanz y Un mal año para Miki, de José Ovejero.
Libros más preciosamente ilustrados: La vida de las paredes de Sara Morante e Ilustre Ruritania ilustrada de Ainize Santos y Santi Pérez Isasi (lástima de texto, en este caso).
Novela gráfica del año: Yo, asesino de Antonio Altarriba y Keko.
Publicación y recopilación del año (y obra maestra): Torpedo 1936 (integral), de Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet.

Santi
Novela española del año: Cicatriz de Sara Mesa
Novelón del año: El museo de la inocencia de Ohran Pamuk
Clásico del año: Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell
Descubrimiento del año: Anna Starobinets, en particular sus relatos.
Autor al que ya no daré más oportunidades: Patrick Modiano
Fenómeno literario del año: Elena Ferrante y su serie de novelas sobre Dos Amigas
Fenómeno literario que no entiendo: la seride de novelas Mi lucha Karl Öve Náusea 
Curiosidades literarias: En Nadar-dos-pájaros de Flann O'Brien y Viaje alrededor de mi cuarto de Xavier de Mestre 
Literatura y/o periodismo, a quién le importa: La agonía de Francia de Chaves Nogales y El fin del 'homo sovieticus' de Svetlana Aleksievich

Carlos Andia
Libro de viajes del año: En mares salvajes, de Javier Reverte
Novela apetecible 2015: Siete casas en Francia, de Bernardo Atxaga
Decepciones de mayor o menor rango: En la orillade Rafael Chirbes, y Retrato de un hombre inmaduro, de Luis Landero
Para sumergirse en la Historia: Los Austriasde John Lynch
Clásico recuperado (y con mucho gusto): Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán
Tocho superlativo del año: Las mil y una noches (la reseña, antes de fin de año)

Francesc Bon 

Un año en que publican dos de mis autores favoritos no debería ser malo. Aunque lo hagan con obras que quizás, no sean sus mejores. Pero si bien a Houellebecq todos los acontecimientos ajenos han contribuido a que Sumisión gane en relevancia, crezca en trascendencia y rabie de actualidad y, por lo tanto, sea indiscutiblemente la novela más importante del año y su lectura obligatoria. A su lado, y no por deméritos, Pureza palidece, aunque crece en el recuerdo, lo cual no está nada mal. No suelo ponerme al lado de los vilipendiados por el mero hecho de serlo, pero ¿Franzen? El mejor de los que lo despedazan, que escriba un párrafo como el peor de los incluidos en Las correcciones y entonces hablamos.
Un autor con el que repetiré: aparte de decenas de clásicos, creo que volveré a probar a DeLillo para ver si el brutal desequilibrio entre Ruido de fondo y Cosmópolis tiene algún matiz. Y caerá algún Faulkner más, supongo. 
De este año no pasa: que encuentre unas semanas para apartarme del mundo y lea El día del Watusi de Francisco Casavella.
El libro que marcó mi añoSumisión, y aún podría exponer una docena de nuevos motivos por los que seguiré defendiendo esta novela.
El accésitaunque plantee dudas sobre si son puntos de partida de una carrera o no, libros como Nuevo destino son auténticos ganchos en la quijada.
Una apuesta personalSantiago Lorenzo cambiando de registro o Jenn Díaz poniendo su brillante prosa al servicio de asuntos más carnales. Peligro de que estilo, por brillante y solvente que este sea, devenga encasillamiento, amigos.
Frustrado: por no poder aportar mucho nuevo aquí ya que prácticamente todo lo que he leído ha caído en ULAD. Sí que he reconocer que este año ha sido para mí más un año de editoriales que de autores. Cualquier cosa de Sajalín, muchísimas cosas de Malpaso y bastantes de Blackie Books y Asteroide,
Incomprensible: Anagrama convirtiendo en emblemas de su producción dos naderías como Blitz y También esto pasará.

Y, como siempre, emplazar a nuestros lectores a que aprovechen los comentarios para dejarnos sus listas, sus sugerencias, preferencias, filias y fobias. Que ya tardabais.

lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica OjedaImogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri HustvedtIrene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

jueves, 2 de julio de 2020

Raquel Taranilla: Noche y océano


Idioma: español
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable... o todo lo contrario

Es ésta la novela ganadora del último y aún notorio premio Biblioteca Breve (a lo que no quito su mérito, no mucho menos. no pretendo reabrir el debate sobre los premios literarios concedidos por editoriales), que parte de un suceso ocurrido en realidad y de lo más sugerente: el robo, en el verano de 2015, de la calavera del director de cine F. W. Murnau, artífice, si ir más lejos, de la no sólo apreciada sino casi mítica película Nosferatu. Cuando la protagonista y narradora de esta novela, Beatriz Silva, profesora de Sociología del Turismo en la Universidad de Barcelona -aunque, en verdad, especialista en Gyorg Lúkacs (que es un marxista, no el de Star Wars)-lee la noticia, de inmediato piensa que el profanador y ladrón del cráneo ha sido Quirós, un documentalista amigo de la propietaria del caserón donde ella reside, y que se alojó allí uno tiempo antes, mientras preparaba una película sobre el rodaje de otra, en la Polinesia: Tabú, a la sazón la última que dirigió Murnau.

No cuento más, no tanto por no destripar el libro (algo casi imposible de hacer, en este caso) sino porque tampoco hay mucho más que contar: la trama en sí de esta novela, elementos "accesorios" Aparte (ya explicaré las comillas) y sin necesidad de resumirla no ocuparía más de dos o tres páginas, media docena como mucho... El resto, hasta las más de 400 de extensión del libro, las completa un sinfín de referencias "culturetas" (que no se me ofenda nadie, por favor): menciones incesantes a sociólogos, filósofos, economistas, literatos, pintores y, por supuesto, cineastas -en un momento dado, la misma narradora reconoce que lleva mencionados a 336 personajes, nada menos (aunque tampoco me he puesto a contarlos yo)... cuando aún quedaba bastante para el final del libro-, muchos de ellos con sus correspondientes notas explicativas -casi todas en clave irónica, menos mal-, en un delirio anotador que recuerda al DFW más desatado o a un libro que reseñó Koldo hace no mucho, Leyden Ltd. ; además de todo esto, anécdotas y sucedidos varios, desde, por ejemplo, la descripción pormenorizada e historia  del complejo alemán "Tropical Islands", a la del cuadro La Magdalena de la Lamparilla, de Georges de La Tour, o los comentarios a un libro de Gilles Lipovetsky. Pasando, cómo no, por los muchos avatares de la vida y muerte del propio Murnau, y del rodaje y posterior suerte de sus películas...

"Es la acumulación (...) aquello que garantiza que la verdad emerja; es sólo abrazando el todo como es posible asegurar el acierto. El método (...) no se anda con remilgos, sobrelleva o perdona el desatino y a cambio, en la fricción de lo infinito, convierte montañas de plomo en pepitas de oro. Según las reglas de su alquimia, es en la omisión donde estás el error (...)"

Todo este maremágnum de referencias, citas, anotaciones, etc. lo encontramos bañado, además, por un estilo vesubiano, torrencial, barroquizante y enrevesado (más que el mío, que ya es decir...), abarrotado de oraciones que se pliegan sobre sí mismas como figuras de origami, enmarcadas en párrafos interminables, en los que se saluda a los puntos y aparte como a oasis en medio del desierto. Este estilo alambicado y encantado de haberse conocido recuerda un poco bastante al de la sin par (o casi, como vemos) Marta Sanz, aunque, por suerte, resulta menos onanista y las retorcidas frases parecen buscar algún objetivo más aparte del lucimiento y rellenar páginas como sea... En efecto, lo mismo que ocurre con tanta cita pedantuela, impregna todo el escrito un espíritu no ya humorístico, sino paródico, que busca ridiculizar (o eso espero), tanto la pedantería intelectualoide contemporánea como la rigidez esclerotizada del estilo académico universitario, modelo del que, aunque diga que a su pesar, ha bebido la protagonista-narradora durante toda su vida, y se nota... Personaja que además, como resulta embarazosamente evidente en la novela, trata de distraer la atención -o fijarla, ya no sé- de las importantes carencias emocionales y sociales que padece.

"(...) Admito que voy sin rumbo, sacando temas según se me ocurren (...) Concentración, me exigirán ustedes, pero ya hace muchas páginas que he renunciado a sujetar las riendas d este relato, de modo que no voy a poder evitar que se imponga en él cierta lógica turbia, pero tan real, como la carne viva que, sobre mi esqueleto, metaboliza, metaboliza, metaboliza (...)"

Aunque, como cabe suponer, las cuitas de la protagonista no componen el único trasfondo de la  novela -repito que son más de 400 páginas con una mínima trama-: podríamos hablar también de la dicotomía entre la acción y la reflexión o la vida activa frente a la vida contemplativa; la diferencia entre la realidad y su representación o la más pedestre entre lo verdadero y lo falso. Todo esto sin olvidar, eso también, que, según declaraciones de su propia autora, Noche y océano nació antes que nada como reacción o respuesta a otra novela, Aire de Dylan, del insigne y prolífico Vila-Matas. Como yo no he leído este otro libro , no puedo aclarar gran cosa a este respecto, excepto decir que la novela de Taranilla tiene a su vez un cierto aire vilamatesco o vilamatero, quizás también a modo de parodia.

De todos modos, no es ninguna de estas circunstancias lo más destacable de la novela; en mi opinión, lo fundamental de ella es que representa una cierta radicalidad narrativa (ojo, tampoco estoy diciendo que vanguardista), al llevar al extremo una determinada forma de narrar... Si se me permite una autocita, en una reseña de hace algún tiempo yo comparaba el estilo de ese libro con el de las carrocerías autoportantes de los automóviles; en el caso del que nos ocupa hoy, creo que una metáfora más adecuada sería la de las "estructuras aeroportadas"(*): esa especie de naves, a modo de grandes tiendas de campaña, que se mantienen en pie merced al aire que circula entre sus paredes. Sólo que, en este caso, estas paredes de lona o plástico estarían compuestas por el propio estilo abarrocado de esta novela y el aire que las sostiene y da forma, por ese chorrazo de nombres propios, datos biográficos, fechas, ideas y sucedidos variopintos... (también se entiende que si te has molestado en empollarte alguna vez a Thorstein Veblen, a Lipovetsky y, por supuesto, a Lúkacs, pues qué menos que ponerlo en tu libro, cuando luego cualquier jeta te suelta sus anécdotas del Erasmus y lo llama"autoficción"). Lo que ocurre es que sin ese aporte de aire, si se apagan los generadores y ventiladores, la estructura se deshincha y no quedan sino unos plásticos tirados por tierra, poco más que unos toldos para que los campesinos los extiendan sobre cuatro palos y den sombra a las gallinas.

"Y a ustedes les ruego paciencia con mi discurso canceroso, que, por flácido, resulta de lo más actual. Vean de qué forma tan despampanante se acumulan en él los temas, que se inflan y generan ecos y nuevas remisiones, el noventa por ciento de los cuales es puro desecho (...)"

De ahí que mi valoración del libro quizás parezca ambigua o contradictoria... Pero es una novela que lo mismo puede resultar absorbente y divertida que cargante o incluso irritar al lector, por momentos; a mí, cuando menos, me ha ocurrido un poco de todo esto.

(*) Esta idea no se me ha ocurrido a mí solo, que ya sabéis que soy bastante gañán, sino que la he tomado de este estupendo hilo de twitter, sobre la Instant City de Ibiza de 1971, de la cuenta del arquitecto Pedro Torrijos (@Pedro_Torrijos). Os recomiendo que leáis todos sus hilos agrupados en  el hashtag #LaBrasaTorrijos, porque son una maravilla... y que, sospecho, habrían encantado a la protagonista de esta novela, además.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Santiago Gerchunoff: Ironía On

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: interesante

Acierta de pleno, en mi opinión, la editorial Anagrama con su colección Nuevos Cuadernos Anagrama, un serie de libritos a un precio módico en donde disertan sobre temas diversos escritores como Houellebecq, Marta Sanz o Sara Mesa o filósofos: Marina Garcés, Zizek, Santiago Gerchunoff... Éste último, por si no lo conocen, es un filósofo argentino residente en España, librero y tuitero impenitente que dedica al análisis y reivindicación de la ironía este su ensayo, el número 13 de esta colección (no sé si la coincidencia con este número de nefasta fama se podrá considerar irónica o no).

Sí, lo sé... El combo argentino+filósofo sólo suena un punto menos temible que el de argentino+psicólogo o... glups, el de argentino+entrenador de fútbol (es broma; no se me enfaden, amigos de la orilla occidental del Río de la Plata... Bueno y tampoco los de la oriental, por si acaso). Pero Gerchunoff, con buen criterio e impelido por la brevedad del formato -unas 70 páginas- mantiene alejada la proverbial verborrea locuacidad y además, expresa sus reflexiones con un lenguaje claro y comprensible para cualquiera, sin caer en el abuso del metalenguaje que tan caro les es a los filósofos, puesto que constituye una buena parte -por no decir la mayor- de su materia.

He comentado que el autor del libro es un contumaz tuitero y eso es algo que, en este caso, trasciende la simple anécdota, puesto que, por una parte, el título del libro proviene del socorrido hashtag #IroniaOn, empleado para señalar que el tweet se debe interpretar como tal. Y por otro lado, a este título le sigue el epígrafe Una defensa de la conversación pública de masas, que para Gerchunoff es la que, hoy en día, se produce a través de las redes sociales y que por ello es de verdad democrática. Porque una de las características de la ironía, según Gerchunoff, es que tiene un carácter eminentemente político, al tratarse de una conversación permanente en la que toman parte todos los ciudadanos que lo deseen, no sólo una élite. Otra característica de la ironía, según el autor es la humildad, puesto que parte de una posición de debilidad frente al fuerte o el discurso del poder. La ironía, además, es reaccionaria -en el sentido de "reactiva"-; no puede fundar ni afirmar ningún mensaje, sólo teaccionar ante un poder ya fundado. En este sentido, Gerchunoff emparenta la ironía con el liberalismo -que según Carl Schmitt, es reaccionario-, la ideología fundamental en la representación política moderna, que tampoco afirma (como hacen otras ideologías), sino que limita.

En realidad, todo este discurso se entiende mejor atendiendo al origen del propio término "ironía": en la antigua comedia griega, era lo que hacía el eiron, un personaje que acompañaba al alazon, charlatán sabio y poderoso, y limitaba su fatuidad con comentarios mordaces. La alusión a la Grecia Antigua no es sólo etimológica, sino que también se toma como primera referencia la figura del ironista #1 de la filosofía, el socarrón hasta la muerte de Sócrates, pero también las obras de Kierkegaard -De los papeles de alguien que todavía vive. Sobre el concepto de ironía- y del sin par David Foster Wallace -en este caso, como representante egregio de los "nuevos conservadores" (la etiqueta no se refiere al posicionamiento político) que se quejan del exceso de ironía en el discurso público y en la sociedad contemporánea, en general-; asimismo, se hace mención a otros autores menos conocidos por el gran público (es decir, por mí), como Michael Oakeshott o Richard Rorty...

En cualquier caso, a pesar de tan sesudas referencias, ya digo que el librito se lee con facilidad y deja bastante clara la postura del autor -a favor de la ironía, en general, y sobre todo la inherente a la conversación en las redes sociales-; lo peor que se puede decir de él es que sabe a poco y, aunque hay un último capítulo, Antídoto y paradigma,  a modo de recapitulación, algunos conceptos y disquisiciones pedirían un mayor desarrollo. Quizás para cuando hagan Ironía On. La película... ; )

miércoles, 27 de agosto de 2025

Eduardo Mendoza: El asombroso viaje de Pomponio Flato

Idioma: español

Año de publicación: 2008

Valoración: recomendable

Palestina; primeros años del siglo I, durante el mandato del emperador Octavio Augusto. "¿Qué han hecho los romanos por nosotros?", se preguntaban los judíos que vivían en aquellas tierras, sojuzgados por Roma, dos mil años antes de que sus descendientes se dedicaran a perpetrar un infame genocidio sobre los hombres, mujeres y niños de Gaza. Bueno, pues aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, sí que hubo un romanos que hizo mucho por unos judíos en concreto; se trata de Pomponio Flato, ciudadano del orden ecuestre y filósofo natural -o aspirante a serlo- quien, tras sufrir cierto descalabro en su salud y peculio durante su búsqueda por Cilicia de ciertas aguas milagrosas, llega a Nazaret acompañando al tribuno Apio Pulcro. Allí es contratado por un niño de nombre Jesús, hijo de María, para que le ayude a exonerar a su padre, el carpintero José (sí, ya sé quienes parece que son, pero, igual que el autor de la novela, no lo voy a afirmar, no sea que concitemos la animadversión de los ínclitos Abogados Cristianos o de cualquier otra agrupación, congregación o secta integrista, ya se encuentre dentro de la Iglesia Católica o fuera de ella), condenado por el asesinato del rico Epulón. En su pesquisa, digan de un Sam Spade, Philip Marlowe o incluso un Gran Lebowsky, Pomponio indagará en los diferentes estratos de la sociedad nazarena, entrevistando tanto a la acaudalada familia de la víctima o a su criado, el efebo griego Filipo, como a mendigos y cortesanas, sacerdotes del Sanedrín o legionarios romanos.  Con ayuda, eso sí, del párvulo Jesús y de su agreste primo Juan.

Más allá de su adscripción al género de misterio o, de forma más improbable aún, a la novela histórica, El asombroso viaje... es sobre todo una obra llena de humor (no obstante, y lo digo siempre que reseño algo de este autor, no se trata de Sin noticias de Gurb. Repito: NO SE TRATA DE SIN NOTICIAS DE GURB... No sea que se me llenen los comentarios de gente diciendo lo mucho que les gustó ésta y lo que les han decepcionado otras novelas de Mendoza); es verdad que un humor quizás no del gusto de todo el mundo, puesto que se basa, en gran medida, en el contraste entre la pedante prosopopeya de la que hace gala el protagonista y las situaciones o comentarios algo chuscos entre las que se mueve; también, en continuas referencias culturales que tal vez hoy en día ya le sean ajenas a una parte de la población lectora -digamos que para disfrutar de la novela conviene tener ciertas nociones de Historia Sagrada, filosofía clásica, mitología grecolatina, las fábulas de Esopo y las tradiciones navideñas catalanas, entre otras cosas-, pero pensemos que Eduardo Mendoza es ya un señor de cierta edad que se educó, por tanto, en una época en la que a estos conocimientos se les daba mayor importancia. Pero estoy convencido de que quien esté en condiciones de disfrutar de esta lectura, con su despliegue de erudición, ironía y sorna, sin duda lo hará; cierto es que no estamos ante una de las grandes obras de este escritor, no siquiera, insisto, ante una de sus mejores novela cómicas, pero, desde luego, tampoco es uno de los títulos, más deslavazados, con los que nos decepciona de vez en cuando, impelido, creo yo, por la urgencia editorial. Así que sí, El asombroso viaje... es una novela que me atrevo a recomendar sin reparo alguno (y eso que me consta que entre los reseñistas de este mismo blog, por los general tan atinados, hay a quien no le gusta nada... Pero bueno, pensemos que también hay a quien le encantan ciertos libros perpetrados por Sara Mesa o Marta Sanz).

Y, por supuesto: #StopGenocidioGaza y #VivaPalestinaLibre...

Más obras del gran Eduardo Mendoza reseñadas en Un Libro Al Día: aquí