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martes, 15 de mayo de 2012

Paul Auster: Diario de invierno

Idioma original: inglés
Título original: Winter Journal
Año de publicación: 2012
Valoración: Se deja leer

Reconozco que empecé a leer este libro ya algo condicionado, porque dos lectoras conocidas, pero que no se conocen entre sí, me habían dicho algo parecido: que era un ejercicio de exhibicionismo con poca profundidad. Y después de leerlo tengo que concordar con ellas: Diario de invierno da la impresión de contar mucho sobre Paul Auster (cosas que realmente no necesitábamos saber, como que tuvo ladillas una vez o que casi se peleó con un taxista parisino) pero no llegar a descubrir ningún centro explicativo, ninguna razón de ser, ningún esqueleto que lo sustente.

Es verdad que hay un tema genérico que une la mayoría de las anécdotas que se reúnen en Diario de invierno: la enfermedad, el dolor o la muerte, del propio Paul Auster o de sus personas cercanas. Enfrentado con la vejez, el escritor hace inventario de sus cicatrices, internas y externas, y los modos en que se produjeron, sin orden cronológico ni lógico apreciable a primera vista. La muerte de sus padres, de sus abuelos; accidentes de coche, deportivos, domésticos; fracasos amorosos, personales y profesionales; todo lo que puede ha llevado a Paul Auster a ser el Paul Auster de 65 años, casado y famoso que todos conocemos.

El conjunto, como ya he dicho, es una lectura fácil, sembrada con historias curiosas, divertidas o conmovedoras, pero es también una lectura poco profunda: no deja huella. Algunas partes parecen fuera de lugar, como ese largo catálogo de viviendas o el largo resumen de la película D.O.A. (Con las horas contadas) que no parecía precisamente imprescindible -aunque se entienda que su tema, el de un hombre que ha sido envenenado y al que le quedan pocos días de vida, a un Auster en edad de jubilarse le resulte atractivo-.

Que conste que Paul Auster ha sido uno de mis escritores favoritos durante mucho tiempo. Ahora ya lo es menos, porque casi nada de lo que ha escrito desde La noche del oráculo me ha terminado de convencer. Sea como sea, en todo caso, leer Diario de invierno no me ha dicho sobre él gran cosa que no pudiera saber o suponer ya, gracias a obras como La invención de la soledad, o a través de sus mejores novelas. Probablemente, Diario de invierno es un libro que Auster necesitaba escribir, pero probablemente también sus lectores no necesitábamos leerlo.



También de Paul Auster en ULAD: Aquí

domingo, 20 de septiembre de 2009

Paul Auster: El cuaderno rojo

Idioma original: inglés
Título original: The Red Notebook
Año de publicación: 1992
Valoración: recomendable

El cuaderno rojo es un librito de relatos de apenas 100 páginas, que forma parte de una serie de libros de relatos escritos por el prolífico escritor Paul Auster (del que ya hemos reseñado Un hombre en la oscuridad). Es una recopilación de "historias mínimas", supuestamente reales, recogidas por el escritor en su "cuaderno rojo" -aunque con Auster uno nunca debe fiarse sobre lo que es real y lo que es ficticio.

Todas las historias tienen algo en común: narran coincidencias asombrosas que conectan a las personas a través del tiempo y el espacio: alguien que llega en el momento adecuado, cuando sus amigos están a punto de desfallecer de hambre y desesperación; alguien que conoce en un país lejano a quien resulta ser el vecino de su hermana; alguien que siempre que se sube a un coche con el autor, sufre un pinchazo en una rueda... Son anécdotas sencillas, contadas sencillamente en pocas páginas, que ponen de manifiesto la fuerza poderosa del azar.

La más interesante de estas pequeñas anécdotas -real como las demás, si nos fiamos de Auster- es la que narra cómo se gestó Ciudad de cristal, la primera de las novelas de su Trilogía de Nueva York: dos noches seguidas, una persona desconocida llamó por error a su número de teléfono, preguntando por la agencia de detectives Pinkerton; después de la segunda llamada, Auster se planteó hacerse pasar por Pinkerton si esa persona volvía a llamar, pero no hubo tal tercera llamada. En la novela, el desconocido llama por error al protagonista -un tal Quinn- preguntando por el detective Paul Auster; Quinn le dice que se ha confundido, las dos primeras veces; a la tercera, contesta: "yo soy Paul Auster". Años después, continúa Auster (el autor de El cuaderno rojo), una persona marcó por error el número de su casa en Brooklyn: "¿El señor Quinn?", preguntó... Otra coincidencia más.

En la edición española de Quinteto, las historias de Auster vienen precedidas por un prólogo del traductor, pero no un prólogo al uso (académico, descriptivo, laudatorio), sino un pequeño ensayo sobre la vida del propio Auster, y cómo se convirtió en estudiante, traductor, novelista o cazador de coincidencias...

Otras obras de Paul Auster en ULAD: Aquí

viernes, 25 de diciembre de 2020

Paul Auster: El cuento de Navidad de Auggie Wren

Idioma original: inglés
Título original: Auggie Wren's Christmas story
Traducción: Albert Nolla (ed. en catalán) y Ana Nuño López (ed. en castellano)
Año de publicación: 1990
Valoración: muy recomendable

Por motivos evidentes, el día de Navidad es un día especial en los corazones de muchos. Es un día de recogimiento, un día emotivo, familiar, …. Y, por todo ello, también es un día propicio para escribir historias que sucedan en esta señalada fecha. Lo hizo, entre otros, Charles Dickens con «Un cuento de Navidad», John Updike con sus cuentos agrupados en «Los doce terrores de la Navidad» y, más recientemente, también Ali Smith situó su última novela «Invierno» en la víspera de Navidad. Y, como no podía ser de otro modo, un autor de la calidad de Paul Auster también quiso añadirse a la lista con este cuento de Navidad publicado por primera vez en el New York Times en el día de Navidad de 1990; un cuento diferente, especial, pero un cuento de Navidad, al fin y al cabo. Porque, de hecho, la Navidad es diferente para cada uno, y también para Auggie Wren, el protagonista principal de este relato.

El cuento empieza, ya desde la primera página, a presentarnos a los personajes que participan en él y, a pesar de tratarse de un libro brevísimo de menos de cincuenta páginas y de formato pequeño, la habilidad de Paul Auster en transmitirnos sensaciones e introducir a los personajes hace que con cuatro pinceladas ya estemos situados: nos encontramos en los días previos a la Navidad en Brooklyn, el barrio admirado por el autor, un barrio que ya forma parte del paisaje literario de los seguidores de Auster hasta el punto de que a menudo se convierte en un personaje más de sus novelas. Y, en una esquina del barrio, nos encontramos con el estanco de Auggie Wren, «ese extraño hombrecillo que llevaba una sudadera azul con capucha y me vendía puros y revistas». Así es como el protagonista narrador (también de nombre Paul y también escritor) describe al propietario del estanco, ese «personaje pícaro y ocurrente que siempre decía algo gracioso sobre el tiempo».

La relación entre Auggie y Paul, iniciada hace años de manera algo distante cambia de golpe cuando Auggie se da cuenta de que Paul es escritor y le coge confianza, llegando a un punto de intimidad que propicia que el estanquero le muestre su proyecto personal, una colección de fotografías hechas por él de un modo algo particular: durante doce años, cada día, a la misma hora, hace una foto (en un proyecto que podría llamarse «una foto al día», por poner un ejemplo que nos suene), y la hace desde la misma ubicación y retratando la misma vista. Auggie recopila, con este proyecto, miles de fotografías muy parecidas en apariencia, pero diferentes en detalle; el mismo escenario con diferentes rostros, diferente luz, diferentes condiciones meteorológicas. Así, con esta aparente sencillez, Auggie «fotografiaba el tiempo, el tiempo natural y el tiempo humano, y lo hacía colocándose en un rinconcito del mundo deseando que fuera suyo». De esta manera podría captar el paso del tiempo, percibir, en el día a día, la vida de la gente anónima, observar su evolución, ver cómo transcurre el curso del tiempo en sus rostros y en sus cuerpos, advertir cómo el día a día incide y deja una marca a su paso en cada uno de ellos y ser testigo de ello, hacer este cambio un poco suyo y formar parte de él. 

Paul queda fascinado por el proyecto, convirtiéndose en motivo de conversación habitual entre él Auggie, hasta que un día el periódico donde Paul trabaja le hace un encargo: escribir un cuento de Navidad para publicarlo en esa señalada fecha. Paul acepta con desgana y cierto bloqueo creativo, porque, siendo honestos, «¿qué sabía yo, de escribir cuentos por encargo?», «¿qué sabía yo, de la Navidad?». Sus dudas se desvanecen a los pocos días cuando, compartiendo sus preocupaciones con Auggie, este le indica que «si me invitas a comer, amigo mío, te explicaré el mejor cuento de Navidad que hayas oído nunca». 

Creo haber llegado a este punto de la reseña sin haber explicado demasiado, pues la brevísima extensión del cuento exige prudencia en revelar más detalles de esta destacable historia que, a pesar de su corta extensión contiene todos los elementos que hacen de Paul Auster un grandísimo escritor:
  • Un escenario reconocible: Auster sitúa la acción en el archiconocido barrio de Brooklyn, el escenario clave de gran parte de sus obras y el lugar donde reside desde hace años (como él mismo detalla en su libro autobiográfico «Diario de Invierno»). Para los que hemos leído gran parte de la obra del autor, uno reconoce perfectamente en sus libros las calles y el ambiente en el que transcurren sus historias. Y, en este caso, no sólo ubica la historia en él, sino que Auggie lo retrata, como queriendo captar su alma y trasladarla a las palabras.
  • El misterio: como todo cuento destacable, la narración empieza despertando un interés incuestionable. Ya en la primera frase el autor lo hace evidente al decir «Le oí contar este cuento a Auggie Wren». Así entra en juego el cuento dentro del cuento, la intriga en saber en qué consiste, qué fue lo que le contó un tal Auggie Wren del que todavía no conocemos quién es ni qué relación tiene con el narrador.
  • La atmósfera: Auster crea un mundo inmenso a partir de poquísimos detalles. Con pequeños aportes de información, uno tiene la sensación de que lleva muchas páginas leyendo sobre la historia y lo que ocurre. La familiaridad con ella es inexorable, es íntima, es envolvente.
  • Los personajes: retratados a la perfección, uno podría describir a Paul y Auggie sin equivocarse demasiado ni apartase mucho de la idea que el autor tenía al escribir el relato. Con la precisión cirujana de un escritor con mucho talento, el autor transmite la personalidad de ambos personajes sin excesivos adornos.
  • El azar: como en todo relato de Auster, el azar, la coincidencia o la aleatoriedad son elementos que inciden en la historia y le dan ese punto de posibilidad que hacen que sea algo que pueda suceder, que pueda ocurrir a cualquiera de sus personajes o a incluso los lectores.
  • El desarrollo: la historia avanza de manera rápida, sin respiro, se lee (y debe leerse) de una tacada, con aliento contenido y voracidad creciente, con el deseo inexorable de conocer lo que Auggie tiene que contar.
  • El desenlace: llegados al final, uno se percata que se ha dejado arrastrar por la historia como le ha ocurrido al propio Paul, en un cuento de Navidad diferente a los que estamos acostumbrados pero que contiene algunos de los elementos reconocibles en ellos: un punto de caridad humana, el recogimiento y la necesidad de afecto.

Por todo ello, y al igual que hace Auggie con las fotografías ubicándose en una esquina y dejando que las vidas de quienes transitan por delante pasen a formar parte de la suya, las novelas de Paul Auster dejan también su huella, página a página, en cada uno de los lectores que admiramos su obra, construyendo en nuestro interior un mundo cálido y humano. Dice el autor que «mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdadera». Y es posible que esa sea la magia, no únicamente de los libros, sino también de la Navidad.

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domingo, 16 de julio de 2017

Paul Auster: Brooklyn Follies

Idioma original: inglés
Título original: The Brooklyn Follies
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

Después de cierto tiempo sin leer a Paul Auster, uno de mis autores favoritos, caí en la cuenta que faltaba por reseñar este libro en ULAD (cosa atípica, hay mucha obra del autor ya reseñada). Con alguna duda acerca de si mis recuerdos sobre sus obras estarían mitificados por el paso del tiempo, este temor se desvanece ya en las primeras líneas. Y es que Auster siempre aporta algo, siempre mantiene unos mínimos y muy a menudo los supera con creces, como en este caso.

La novela empieza con un protagonista principal, Nathan Glass, a la edad de sesenta años. Ya de entrada, el autor nos sitúa en contexto poniendo todas las cartas sobre la mesa: Nathan habla directamente al lector y se dirige a él, cosa que en manos de otros autores podría incomodar e incluso alejarnos ante tal osadía, pero Auster saber hacerlo de forma que, acortando la distancia entre narrador y lector, consigue que el lector empatice directamente con Nathan y le coja cariño desde un inicio. Así, el protagonista nos cuenta en primera persona cómo busca un piso de alquiler en Brooklyn, lugar donde pasó su infancia, con el objetivo de vivir sus últimos días después de haber sufrido un cáncer que teme que acabe con él. En seguida nos pone en antecedentes contándonos que se dedicaba a vender seguros de vida, que estuvo casado durante más de treinta años, que ha tenido una hija y se culpa a sí mismo del divorcio. Para ocupar los días, tiene pensado ocupar su tiempo escribiendo "El libro de la estupidez humana", un libro sobre anécdotas curiosas de la gente que ha ido conociendo a lo largo de su vida. Pero el encuentro con su sobrino Tom, quien trabaja en una librería y por quien sentía una gran admiración, cambia sus planes; el propietario de la librería resulta ser todo un personaje cargado de anécdotas: mercader de arte, ex marine, ex presidiario, ex millonario... La personalidad enigmática de Harry se añade a la historia y toma posesión de ella, creando un aura de misterio que hace crecer la historia, generando un envoltorio que engloba los personajes y amplía su perspectiva, mientras los llena de historias sobre su pasado y les aporta la dosis de distracción que sus tristes y agotadas y perdidas almas necesitan. La historia se ensancha, abre el abanico de las posibilidades narrativas y en medio de ello aparece Lucy, sobrina de Tom, con sus problemas e inquietudes. Esta aparición crea una situación anómala que deberán resolver.

Hay grandes momentos que nos deja la narración. Las disertaciones sobre literatura entre Tom y Nathan nos llevan al mejor Auster, cogiendo ritmo a una velocidad abismal. A medida que avanzamos en la lectura se añaden piezas a la historia hasta conformar un puzle completo, con un alto ritmo narrativo, y con un Auster que se crece y nos proporciona páginas memorables donde la velocidad de lectura no da abasto.

Más allá de las vicisitudes de los protagonistas, Auster nutre esta historia de pequeñas pinceladas de cotidianidad, añade anécdotas de los diferentes personajes que se encuentran, componiendo una amalgama de personajes que completan una historia llena de realidad. La habilidad de Auster se pone claramente de manifiesto en esta espléndida novela, detallando perfectamente los diferentes personajes e involucrándolos en una historia conjunta que, más allá de las ramificaciones que puedan desencadenarse en cada uno de ellos, consigue mantener la cohesión del relato y encajar todas las piezas en una única historia coral. Auster es hábil en la construcción de los caracteres que conforman sus personajes y en establecer una historia de fondo, bien estructurada y narrada, con un ritmo constante y que favorece que, una vez empiezas la lectura, no puedes apartar los ojos de las páginas que te mantienen atrapado.

A través de las pequeñas historias que contiene el libro, Auster nos habla de la familia, de la calidez transmitida y sus problemas, de las relaciones satisfactorias y de las que no fructifican, de los deseos de conseguir un futuro mejor, aun y a pesar de uno mismo. Hablando directamente al lector, dirigiéndose a él, Auster se acerca a nosotros y nos hace copartícipes de las historias de sus personajes hasta el punto que, no sólo llegamos a entenderlos, sino que les cogemos cariño. Auster nos vence en la proximidad que hábilmente manifiesta en esta historia, y consigue que sus personajes pasen a un lugar siempre presente de nuestros recuerdos.

Un gran libro sin ninguna duda, lleno de suficientes matices para enriquecer el universo literario de la obra de Auster y hacer disfrutar mucho de su lectura. Por más libros que uno haya leído del autor, siempre consigue acercarse un poco más a esa íntima parte de uno donde sitúa a los escritores de referencia. Y ya queda poco para la publicación de la que puede ser su obra cumbre: "4 3 2 1". Aunque no falta mucho, la espera se hace larga, aunque siempre nos quedará la presencia de Nathan en nuestros recuerdos.

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miércoles, 13 de marzo de 2024

Paul Auster: Baumgartner

Idioma original: inglés
Título original: Baumgartner
Traducción: Ernest Riera en catalán para Edicions 62 y Benito Gómez Ibáñez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2023
Valoración: está bien


Me sincero ya de entrada: reseña complicada la de hoy, pues Paul Auster es el autor del que más libros he leído (cerca de veinte, que no son pocos) y, por ello, siento una gran y profunda admiración por su creación literaria. Pero ese amplio conocimiento que tengo sobre su obra también me permite saber reconocer sus grandes libros y sus obras menores y, justamente por ello, la dificultad de esta reseña, pues «Baumgartner» es de los más flojos de lo que he leído del autor últimamente.

Cabe decir que el inicio del libro es prometedor, pues sin grandes alardes Paul Auster demuestra una vez más su talento en la construcción de novelas; no sé cómo consigue meterte tan fácilmente en las historias que narra y es suficiente con un par de páginas para que uno ya imagine el escenario por donde transcurre el relato y sobre lo que piensan y sienten sus protagonistas. Uno lee la escena doméstica con la que empieza el libro y en la que nos introduce a su protagonista absoluto y es fácil imaginársela de manera muy vívida, viéndola de muy cerca, casi sintiéndola porque es indudable que las páginas iniciales de este libro rebosan realidad. 

El autor en seguida nos permite conocer detalles de la vida del protagonista absoluto de la historia: sabemos que Baumgartner es viudo, que vive solo, que a menudo olvida cosas y que está enamorado en secreto de Molly, una repartidora de UPS que desde hace cinco años va a su casa dos o tres veces por semana para entregarle paquetes con libros que ha comprado únicamente con el propósito de verla. Esa parece ser su principal fuente de felicidad, esos breves instantes que le evaden de un presente rodeado de soledad porque sigue teniendo muy presente la que fue su mujer y el día en que una ola en la playa le dio un golpe tan fuerte que acabó con su vida a los cincuenta y ocho años; Baumgartner siente la pérdida, arrebatada de golpe hace diez años, de igual manera como las personas que han pedido un miembro, ahora amputado, porque nos confiesa que siente como si «los miembros perdidos todavía existen, y todavía duelen, hacen tanto daño que a veces parece que su cuerpo está a punto de estallar en llamas y consumirse en el acto». Ese recuerdo siempre presente de Anna envuelve la narración de manera que el autor intercala el presente con grandes episodios de su pasado y la vida compartida entre ambos. Así, a través de los escritos que Anna dejó y que él relee, conocemos su vida, sus pasiones, amores, carácter y forma de pensar; Baumgartner lee para recordarla y también para volver al pasado y la gestión del dolor y la pena por su muerte y se plantea editar sus escritos inéditos porque «la poeta crepitante y efervescente con la que había vivido casi dos tercios de su vida se merecía que la leyera alguien o muchos otros antes que no el saco de huesos decrépito que había estado su marido». 

Escrito en un momento vital del autor en la que transita por el árido mundo de Cancerland (territorio inhóspito en la que el autor y su mujer Siri Hustvedt han descrito el estado en el que Auster se encuentra a causa de su enfermedad) al lector le es difícil disociar la figura de Seymour Baumgartner con la vida personal del autor; hay paralelismos evidentes entre la edad avanzada y ciertas deficiencias físicas o mentales del protagonista con las del propio autor que hacen que en la mente del lector ambos personajes se acerquen y se asemejen, y en ocasiones emociona y conmueve observar a través de Baumgartner lo que el autor debe estar pasando porque hay muchos fragmentos donde uno ve al matrimonio Auster-Hustvedt, él sintiendo como el ocaso de su día aparece en el horizonte mientras mira y admira el talento literario de su mujer (también Auster hace mención la adolescencia de Anna y su físico andrógino y atlético y este reseñista, apasionado admirador de Siri, ve esos mismos rasgos en palabras de la propia Siri describiéndose a ella misma en algunos de sus ensayos autobiográficos o también cuando el protagonista de la historia, recuerda las «cosas grandes y pequeñas que les habían sucedido en aquellos cuarenta años» (recordemos que Auster y Hustvedt llevan juntos el mismo tiempo)) o también cuando Baumgartner quiere escribir un libro titulado «Misterios de la rueda» (claro guiño a «Los misterios del rectángulo», de Hustvedt). Y quién sabe si esta novela es la manera en que Auster, temiendo el peor de los finales posibles, la escribe no únicamente para nosotros, sino también como un canto de amor a quien durante gran parte de su vida ha sido su gran admiración y fuente de inspiración; me da la sensación de que este libro va dedicado a Siri, diciéndole que él ha sido feliz todo este tiempo junto a ella, pero que la vida sigue (y debe seguir) aunque uno de los falte.

De esta manera, la historia se desenvuelve entre un presente transitorio y grandes episodios del pasado de Baumgartner y lo sucedido después de la muerte de Anna donde otras personas entran en su vida que le sirven para recobrar el ánimo, para reilusionarse, a pesar de que es consciente de que, aún y sintiéndose a gusto con otra persona, «la vida que llevará con ella no será una continuación de su vida con Anna sino algo completamente diferente y nueva» en «una oportunidad de volver a empezar». El autor combina la narración en presente, en la que todo fluye a un ritmo pausado, con especialmente muchos recuerdos del pasado que, si bien permiten entender la manera de ser del personaje, hay que reconocer que lastran la narración y la convierten en una lectura excesivamente plana por la que uno avanza rápidamente sin tener o querer detenerse o incluso ralentizar el ritmo para deleitarse con algún pasaje; es a partir de la mitad del libro cuando la narración se vuelca principalmente en el pasado donde pierde gran parte del interés, empatía y solidez alcanzada en la primera mitad; es en esa segunda mitad del libro donde el ritmo se ralentiza, la narración pierde fuelle y la capacidad de Auster en construir historias parece diluirse y a uno le cuesta ver la gran capacidad del autor mostrada en tantos libros pasados; una llanura argumental que pone de manifiesto el gran problema de los libros en los que desde el presente se narran recuerdos del pasado y es que si la historia pasada no te atrapa, si la vida del protagonista no tiene nada de destacable, mientras lees solo vas deseando que la narración vuelva al presente, que vuelvas a un punto de enganche aunque, en este caso, no ocurre muchas veces.

En todo caso, quedémonos con los inicios del libro, quedémonos en ese territorio mental en el que entrevemos al Paul Auster que conocemos, el que sabe construir historias y engrandecer personajes, que hace que parecen reales y los sintamos próximos, sabiendo que no tendrán una vida fácil pues «vivir es sentir dolor (…) y vivir con miedo al dolor es rechazar vivir». Así que arriesguémonos con las lecturas, incluso si no están a la altura de las expectativas, y deseemos que este gran autor recobre su mejor forma física y también literaria.

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jueves, 6 de septiembre de 2012

Paul Auster: Leviatán

Título original: Leviathan
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1992
Valoración: Recomendable

5 razones para leer a Paul Auster (y de paso hacer una pseudo reseña de Leviatán, al más puro estilo Ian Grecco):

1- Con Paul Auster es como con Amélie Nothomb (aunque ya sé que tienen estilos bastante diferentes, ¿eh?): cuando uno coge una de sus novelas nunca demasiado extensas, ya sabe con qué va a encontrarse.

 2- Hay un amplísimo abanico de opciones para comenzar, proseguir o terminar con su bibliografía. En cualquier momento, a cualquier hora, Auster es recomendable y nunca pretencioso.

3- En la obra del de Nueva Jersey, hay recurrentes obsesiones literarias y existenciales, y si uno no les tiene fobia, puede disfrutar enormemente de un universo particularísimo y enriquecido a base de jugarretas del azar, personajes reales de la vida de Auster reconvertidos en seres literarios con nombres similares, metaliteratura ingeniosa y tramas paralelas.

4- No sé cómo, pero todas sus historias acaban entrecruzándose y encajando de forma prodigiosa, como si se tratara de la maquinaria perfecta de un reloj encantado. Y mientras tanto, los lectores nos divertimos al mismo tiempo que nos morimos de curiosidad y nos preguntamos "¿Y cómo demonios acabará todo esto?".

5- Y bueno, que Leviatán no decepcionará ni a los habituales de Auster ni a los que recién empiecen con su obra. Con los que tienen bien clarito que no le soportan, no me meto... Y, ¿algo de su argumento? Pues esta novela que se devora en unas cuantas tardes está protagonizada por el escritor Benjamín Sachs, que muere en extrañas circunstancias (le estalla una bomba en las manos, ni más ni menos) al principio del libro y cuya peculiar vida conoceremos  por medio de su amigo, también escritor, Peter Aaron (¿nos suena a algo este nombre?), y al que el FBI busca por todo el país... La historia va hacia atrás y en ella nos encontramos con una trouppe de personajes peculiares, especialmente el de María Turner, trasunto de la polifacética (y real) artista Sophie Calle.

PD: ya está. Si doy un motivo más o extiendo el último, haría trampas. Sólo decir que Leviatán es una interesante, divertida y peculiar travesura seria de Auster, un canto a la amistad, un mal gesto a las estúpidas guerras y al paleto patriotismo americanoide, y una reivindicación juguetona del oficio de escribir y sobrevivir al éxito y al fracaso.

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viernes, 27 de julio de 2012

Colaboración: El palacio de la luna de Paul Auster

Título original: Moon Palace 
Idioma original: Inglés
Año de publicación: 1989
Valoración: muy recomendable

Paul Auster es un escritor bastante prolífico. Parece que ello sea un problema. O sea, cuesta seguir su ritmo de publicación, casi anual, y cuesta también creer que ello no repercuta en la calidad de sus novelas. Algo parecido a lo que pasa con otro célebre new-yorker, Woody Allen. Una obra al año, una actitud profesional y amante de su profesión, pero la eterna pose de escepticismo de las audiencias, como si fuera imposible mantener cotas óptimas de calidad.

Así que hablemos claro: ésta es una de las mejores novelas de Paul Auster. Mucha gente piensa que la mejor. Algunos se inclinan por otra también excelente, Leviatán.

Se hace difícil hablar de El palacio de la Luna sin mencionar cajas chinas o muñecas rusas. Pues es esta una novela, casi, biográfica que contiene otra biografía en clave, casi, de novela de misterio, que contiene otra corta novela, casi, del oeste. Todo ello en medio de relaciones paterno-filiales y con el aderezo de historias cruzadas marcadas por coincidencias fruto, parece, del azar (o no: esto es Auster). La trama es tratada de una manera casi matemática: las andanzas del protagonista parecen trazar ondas, golpes de suerte y puestas a cero, descensos a los abismos y súbitas pujanzas, en una especie de juego con un leve tono mágico, como si ángeles de la guardia velasen por él cuando parece precipitarse al vacío.

La prosa de Auster es directa y certera. No hay frases largas, no abusa de las subordinadas. Siguiendo con ese rigor matemático, cada palabra y cada frase parecen no poder estar nunca en un mejor lugar. Solo un afán perfeccionista puede estimar que, hacia el final, la historia de Solomon Effing resulta algo forzada y esas últimas 50 páginas, en las que deben resolverse algunos enigmas, son quizás la parte menos brillante de la novela. Pero antes nos hemos dado un festín de más de 250 páginas rayanas con la perfección, tanto en estilo y en resultado literario como en originalidad de la historia.

Sólo he leído cinco novelas de Auster, de entre su veintena. Supongo que en alguna de ellas bajó el listón o se equivocó. Pero no en El palacio de la Luna. Esta es una gran novela, una de las que justifican plenamente su status de autor de culto.

Firmado: Francesc Bon

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miércoles, 25 de marzo de 2009

Paul Auster: Un hombre en la oscuridad

Fecha de publicación: 2008
Idioma original: inglés
Título original: Man in the dark
Valoración: Se deja leer

Hace ya años que todo lo que escribe Paul Auster se convierte en un éxito de ventas inmediato, y hace también tiempo que la crítica ha abandonado, aparentemente, sus recelos hacia un enfant terrible como Auster. Y sin embargo, el último libro publicado por el escritor de Brooklyn no hace justicia ni a sus seguidores ni a su elevada consideración crítica.

He leído por ahí que Un hombre en la oscuridad es una reescritura de Viajes por el Scriptorium, una novela que no he leído, y a juzgar por las críticas no me pierdo mucho. En cambio, sí que puedo compararla con las mejores novelas de Auster, la Trilogía de Nueva York o La noche del Oráculo, y decidir que es evidentemente inferior a ellas: en profundidad, en humanidad, en originalidad.

Un hombre en la oscuridad contiene algunos de los habituales trucos narrativos de Auster: mezcla de varias narraciones, confusiones de realidad y ficción, escritura dentro de la escritura. El mundo real de August Brill se mezcla con el mundo imaginario (imaginado por Brill, por cierto) de Owen Brick, quien recibe la misión de matar a Brill para que deje de imaginar un mundo en el que ha estallado una guerra civil en los Estados Unidos.

Hay varios motivos por los que esta novela es inferior a otras anteriores de Auster. En primer lugar, los juegos narrativos, normalmente sugerentes, posmodernos, cautivadores, son aquí obvios, trillados (nada que Borges no haya inventado cincuenta años antes). La historia imaginaria no pasa de ser una distopía bastate manida; la parte real (Brill tendido en la cama por un accidente de coche, junto a su hija y a su nieta) no emociona, no cautiva, no sorprende como sorprendía la parte final de La noche del Oráculo: simplemente, aburre.

Me parece que sólo los muy fans de Auster disfrutarán de esta novela; los demás, se sentirán probablemente decepcionados. Como yo.

Otras obras de Paul Auster en ULAD: Aquí

jueves, 25 de septiembre de 2025

Paul Auster: La invención de la soledad

Idioma original: inglés
Título original: The Invention of Solitude
Traducción: Marc Rubió en catalán para Edicions 62 y M.ª Eugenia Ciocchini Suárez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 1982
Valoración: entre recomendable y está bien


A pesar de que Paul Auster es uno de mis autores de cabecera (no en vano es el autor del que más libros tengo en mi biblioteca personal), su prolífica trayectoria literaria siempre deja lugar a lecturas olvidadas y, por ser un gran admirador del autor, a su vez pendientes.

En este libro de marcado perfil autobiográfico, el autor construye dos partes claramente diferenciadas. En la primera de ellas, «Retrato de un hombre invisible», el autor nos narra cómo recibió la noticia de la muerte de su padre y el sentimiento de premura que sintió al saber que tenía que escribir sobre él antes de que fuera demasiado tarde, antes de que lo olvidara, pues su padre era de los que no dejaban huella en la vida de los demás, ya que, «en el sentido más profundo e inalterable, era un hombre invisible. Invisible para los demás, y muy probablemente también invisible para sí mismo. Si, mientras estaba vivo no dejé nunca de buscarlo, no dejé nunca de intentar encontrar un padre que no estaba, ahora que está muerto tengo la sensación de que todavía tengo que continuar buscándolo». Un padre ausente en su mayor tiempo, no físicamente, pero sí a nivel emocional, afectivo, más por su manera de ser que por intencionalidad, algo que el autor remarca al confesar que «pienso que para él el mundo era un lugar remoto, un lugar al cual nunca pudo acceder de verdad». Auster recuerda a su padre como una persona muy trabajadora, con gran afán de ganar dinero, pero de gastar poco, alguien que «a pesar de tener dinero, y poderse permitir todo lo que quería, parecía un pobre». Alguien que «lo que deseaba no era el dinero por si mismo, sino aquello que representaba (…) tener dinero no únicamente significa poder comprar cosas: significa que la necesidad del mundo no te afecta nunca». Para alguien así, Auster admite con pesar que probablemente para él «fui un mal hijo. O sino exactamente un mal hijo, al menos un desengaño, una fuente de confusión y tristeza. Para él no tenía sentido que le saliera un hijo poeta (…) mi padre creía que yo desaprovechaba mis dotes, que no quería crecer». A pesar de ello, «no estábamos unidos, pero no perdíamos el contacto». De igual modo, en esta parte autobiográfica, Auster también tiene un recuerdo de su abuela y nos relata como ella asesinó con una pistola a su abuelo esgrimiendo que este la maltrataba (motivo por el cual fue declarada a la postre inocente) así como el intento del hermano de este de vengar su muerte disparando a su vez a la mujer. Estos hechos debieron transformar a un niño que, por aquel entonces era todavía un crío.

En la segunda parte del libro, «El libro de la memoria», Auster nos devuelve a sus personajes recurrentes envueltos de azar en el que nos traslada y evoca momentos históricos como la ocupación nazi y Anna Frank, así como la tercera guerra mundial a partir de una serie de personajes coetáneos o incluso que nos llevan recuerdos por coincidencias temporales en lugares históricos. También, en este libro que hace un retrato de la soledad y la ausencia, Auster nos habla de la vida y la muerte y lo enlaza con el Pinocho de Collodi (con una gran comparación entre la versión literaria y la que mayoritariamente conocemos a través de Disney), así como también nos habla de Van Gogh o los cuentos de la mil y una noches.

En resumen, un libro menor dentro de la gran biografía del autor norteamericano, pero que, especialmente en su parte principal, nos ayuda a conocer mejor su pasado y su vida, origen y semilla de su gran y extensa obra literaria.

Otros libros de Paul Auster en ULAD aquí

martes, 21 de febrero de 2023

Paul Auster y Spencer Ostrander: Un país bañado en sangre

Idioma original: inglés
Título original: Bloodbath Nation
Traducción: Albert Nolla Cabellos (en catalán para Edicions 62) y Benito Gómez Ibáñez (en castellano para Seix Barral)
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y está bien


Bien es sabido que Paul Auster tiene una ideología progresista y de tendencia demócrata. Tal es así que en la última ocasión en la que tuve la oportunidad de asistir a la presentación de un libro suyo, mencionó a Trump no por su nombre sino por «cuarenta y cinco», el número de presidente que ocupa en la historia de los Estados Unidos de América. Y esta ideología progresista le ha llevado a escribir este ensayo sobre el uso de las armas (y sus consecuencias) en su país. 

Dice el autor justo al inicio del libro, que nunca ha tenido un arma. O, al menos, una de verdad porque sí es cierto que de pequeño, a mediados del siglo XX, tenía armas de juguete y como todos los niños de su edad jugaba con ellas. Era la época en la que la televisión irrumpió en los hogares de Norteamérica y con ella llegó el espíritu tejano de cowboys y lo difundió a lo largo del todo el país. Así, su historia es como la de muchos niños de su generación, una generación que nació entre películas y westerns, y como a menudo ocurre, los niños emulaban los “héroes” que salían en ellas, en unas historias en las que «todos llevaban un arma, tanto los buenos como los malos, pero solo el arma del protagonista era un instrumento de honor y justicia». Además, por si fuera poco, el padre de Auster tenía una tienda de electrodomésticos con lo que para él su visionado era algo cotidiano. De esta manera, rememorando su infancia, el autor nos cuenta la primera vez que disparó un arma, en ese caso un rifle, fue a los diez años haciendo prácticas en unos campamentos de verano y, reflexionando sobre ello, Auster le encontraba el sentido a hallar placer en aquella actividad, al igual que al lanzar una pelota de béisbol, pues «una sensación de conexión entre yo y alguien o algo que era lejos de mí (…) producía una profunda y radiante sensación de satisfacción y triunfo. Lo que contaba era la conexión, y daba igual si el instrumento de aquella conexión era una pelota como si era una bala, la sensación era la misma». Una sensación que permanecería años después, practicando el béisbol o el fútbol americano, pues «la conexión con alguien o algo que ataca muy lejos de mi seguía siendo la parte más reconfortante del juego». Pero, a pesar de ello, de esas prácticas iniciativas, Auster vivía en un entorno sin armas y reconoce que «si hubiera vivido en un entorno diferente, es muy posible que hubiera adoptado las armas como una parte integral de mi vida. Es el caso de decenas de millones de norteamericanos a lo largo del país». Sin embargo, la trágica historia familiar provocó que todos detestaran las armas, pues su padre presenció, siendo pequeño, como su madre disparaba a su padre hasta matarlo. Eso le causó un gran impacto a muchos niveles haciendo que aborreciera cualquier tipo de arma.

Una vez situado el contexto familiar, Auster continua el ensayo aportando datos que sirven de reflexión, pues afirma que «los norteamericanos tienen veinticinco veces más posibilidades de recibir un tiro que sus semejantes en otros países ricos u considerados avanzados, y con menos de la mitad de la población de estas dos docenas de otros países sumados, el 82% de los muertos por armas de fuego se producen aquí» y «según un cálculo reciente del instituto de investigación del Children’s Hospital de Filadelfia, actualmente hay 399 millones de armas que son propiedad de los ciudadanos de EE.UU., más de una arma de fuego por habitante. Cada año, aproximadamente cuarenta mil norteamericanos mueren por heridas de arma de fuego, aproximadamente el equivalente a la taza anual de muertes por accidente de tráfico y, de las cuarenta mil víctimas mortales, más de la mitad son suicidios, que a su vez representan la mitad de los suicidios totales en un año». Teniendo en cuenta que a los muertos hay que sumarle los heridos por armas de fuego, «el número de norteamericanos afectados directa o indirectamente por la violencia de armas de fuego cada año alcanza varios millones».

A nivel social, Auster reconoce que «los coches y las armas son los pilares básicos de nuestra mitología nacional más profunda, ya que tanto el coche como el arma representan la idea de libertad y emancipación individual, las formas más emocionantes de auto expresión que tenemos al alcance». La diferencia está en que «los coches son una necesidad de la vida civil en EE. UU. Las armas no, y a medida que más y más norteamericanos han entendido esto, el porcentaje de hogares con armas ha ido descendiendo de manera regular a lo largo de los últimos cincuenta años, desde la mitad hasta un tercio». A pesar de ello, «el número de armas que tienen hoy en día los norteamericanos es más alto que nunca, lo que significa que cada vez menos personas compran cada vez más armas».

Situando la evolución de las armas a nivel histórico, Auster hacer un repaso sobre los últimos trescientos años de la historia de EE.UU. para explicar de dónde procede esta generalización en el uso de las armas y las leyes que la han secundado y propulsado y, para explicar la pasión por la armas existente en EE.UU., el autor retrocede a su historia colonial que duró ciento ochenta años y en la que «la mayor parte de este caótico periodo de formación se vivió en un estado de conflicto permanente» y en la que «los colonos organizaron milicias formadas por todos los hombres sanos de más de dieciséis años» obligados a servir a la milicia y provistos todos ellos con un mosquete propio «convirtiendo así la posesión de armas no únicamente en un derecho, sino en una obligación, un deber cívico». Con ello, Auster nos sitúa en un contexto histórico en el que explica el porqué de la situación actual y de dónde proviene. 

En su análisis sobre la situación actual, Auster es claro en su posicionamiento: no puede prohibirse la tenencia y venta de armas en Estados Unidos porque causaría una situación parecida a la "ley seca" de 1919, y más aún ahora en una época donde las armas se pueden fabricar de manera casera a través de impresoras 3D o con la venta de armas ilegal en el mercado negro. Se cuestiona el autor que «si el problema es que hay demasiados hombres malos con armas, ¿no sería más prudente quitarles las armas en lugar de armar ellos supuestamente hombres buenos? » y afirma que «la paz sólo se conseguirá cuando ambos bandos la quieran, y para que esto ocurra, primero tendríamos que hacer una análisis honesta y dolorosa de quienes somos y qué queremos ser como pueblo con vistas al futuro». Una paz que parece más próxima cuando se producen tiroteos masivos pues, según afirma, los ciudadanos están más que acostumbrados a ver en la prensa que haya muertos por armas de fuego, a excepción de si se trata de un tiroteo masivo. Es estos casos «por un breve instante, todo el mundo parece unirse en este país aislado y fracturado, pero al cabo de poco los bandos favorables y los contrarios a las armas ya vuelven a la carga». Y esta unión instantánea y breve es debida a que «por muy horribles e impactantes que sean todos los asesinatos individuales por resentimiento, no nos provocan la misma confusión profunda, ya que todos entendemos la furia e incluso la rabia (…) Lo que no entendemos es la arbitrariedad de los asesinatos al azar» porque cada uno de nosotros podríamos ser también víctimas en algún momento.

El autor detalla con números las víctimas de algunos de estos asesinatos masivos y habla del asesino que los perpetró y, por ello, al texto lo acompañan las imágenes de Ostrander, imágenes realizadas en sitios en los que ha habido muertes y tiroteos pero hechas tiempo después y sin ninguna persona en la imagen, como ejemplo gráfico de que cualquier lugar, por tranquilo y plácido que parezca, puede ser escenario de masacres y asesinatos.

Este libro, muy ameno y de lectura muy accesible, se complementa perfectamente con «Un día más en la muerte de Estados Unidos» de Gary Younge, pero Auster ofrece una lectura más fácil que el libro de Younge, mucho más denso, elaborado y con mucho más aporte de datos e información (la prueba más evidente está en la prácticamente absoluta falta de bibliografía en el ensayo de Auster). De todos modos, no es algo que sorprenda pues Auster no acostumbra a publicar ensayos y en la mayoría de las veces en las que lo ha hecho han sido sobre diversos temas a modo recopilatorio (breves ensayos, autobiografía o epístolas). Es por ello por lo que, a pesar de aparente ligereza, su lectura es recomendable y su publicación es de agradecer, pues es posible que el renombre del autor acerque a muchos lectores una problemática que en el caso de tener un enfoque más profundo o elaborado les supondría un esfuerzo excesivo. Y es que a la hora de afrontar un problema de gran ámbito social como el de las armas en Estados Unidos de América, todos los acercamientos son necesarios y valiosos así como las diferentes maneras de abordar el problema, y cada uno de ellos tienen su público. Lo importante es llegar al máximo número posible de ciudadanos y revertir la situación.

Otras obras de Paul Auster reseñadas en ULAD: aquí

lunes, 18 de mayo de 2026

Siri Hustvedt: Historias de fantasmas

Idioma original: inglés
Título original: Ghost Stories
Traducción: Jordi Martín Lloret en catalán para Grup62 y Aurora Echevarría Pérez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable para fans


Hay maneras y maneras de empezar un relato personal, pero pocas son tan directas como la que expone Siri en este libro ya en su primera frase: «Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto». De esta manera, la autora deja claro de buen inicio que este libro tratará sobre ella, sobre él, sobre ellos dos.

Como algunos sabréis, Paul Auster murió de cáncer, el 30 de abril de 2024, poco menos de año y medio después de que le fuera diagnosticada esta terrible enfermedad. Ese momento trágico, el de la fatídica noticia, cae como una losa en la familia causando que tomen conciencia de cómo este hecho les puede cambiar la vida porque, tal y como ella le dice a su hija Sophie, «si tu padre muere (…) perderé mi día a día». Así que, para evitar esa pérdida absoluta, Siri escribe este relato que, tal y como afirma, «no es una biografía del abismo. Es sobre Paul y yo, y lo escribo por necesidad de hacer revivir en estas páginas alguna cosa del hombre que fue».

Dice David Foster Wallace en uno de sus relatos, que «todas las historias de amor son historias de fantasmas» y parece que aquí Siri Hustvedt retoma ese símbolo para narrarnos su particular historia de amor, una historia en la que mezcla pasado, presente y una proyección del futuro marcada por la ausencia de su marido, pero también por la esperanzadora e ilusionante vida de Miles, su nieto, nacido poco antes de la muerte de Paul. Ese contraste marca de manera clara el texto y el ánimo familiar y sirve a su vez como punto de amarre para transitar el duelo, largo, prolongado, presente y extenso. Pero, aún y así, el vacío que deja Paul en sus vidas es largo y profundo, convirtiendo su (in)existencia en un espíritu que ocupa cada una de las estancias de su domicilio y que la propia Siri Hustvedt reconoce al afirmar, de manera nítida y en clara referencia al título de este libro, que «vivo en una casa encantada, habitada por un fantasma que Paul y yo hicimos juntos, un ‘nosotros’, que ya no existe, al menos no el presente, pero que ha impregnado todas las habitaciones. Es una figura doble que abraza, toca, hace el amor, ríe, tranquiliza, discute y habla en voz baja, una figura doble del pasado, con unos chistes y unas referencias secretas que solo conocíamos ‘nosotros’».

Estructuralmente, el libro es altamente fragmentario pues, al igual que los recuerdos o las historias que cuenta, no vienen en un orden establecido, sino simplemente aparecen como momentos puntuales, ubicados sin ningún orden, pero que entre todos ellos conforman una vida compartida. Por ello, el texto está profusamente nutrido de nostalgia y remembranza, muchos momentos inolvidables y emotivos que sirven a Siri para revelar situaciones compartidas en vida, pero también muchas de ellas compartidas en pensamiento en aquellas cosas que antes hacían juntos y que ahora de una u otra manera siguen haciéndolo, aunque solo uno de los dos exista porque, incluso en la ausencia, de una forma u otra siguen conviniendo en el espacio emocional que sigue vivo y altamente presente. Aun así, hay mucha falta, mucho anhelo, muchos vacíos que nada ni tan siquiera el tiempo pueden rellenar, quizás únicamente el recuerdo de otras situaciones, esas sí, ya vividas. 

En contraste ante la tristeza, y es una elección muy acertada para romper el tono y abrir una ventana para que entre luz en sus vidas, el libro intercala durante el relato una serie de cartas que Paul escribió para su nieto Miles, recién nacido, con la intención de que las lea cuando se haga mayor, pues, por razones del azar (siempre presente en las novelas de Auster), la etapa final de su enfermedad coincide con el nacimiento de su nieto en una suerte de macabra coincidencia donde la cada vez más cercana aparición de la muerte se encuentra con el inminente inicio de una nueva vida brindándole, por un tiempo corto, el regalo de unas semanas de coincidencia, de disfrutar de su compañía en una constatación innegable del ciclo de la vida, de un renacimiento de ilusiones que se producen en otras formas, otros tiempos, otros cuerpos, y una pequeña brecha hacia el futuro familiar, que la propia Siri reconoce, asombrada, y a la que se aferra al cuestionarse si «¿es posible conservar burbujas de felicidad (…) mientras la tristeza te envuelve? Parece que hay que intentarlo». Es en esas cartas a Miles, donde encontramos fragmentos muy emotivos de la infancia de su hija Sophie, cartas en las que escribe anécdotas de cuando de pequeña, esas que todos guardamos en nuestro interior cuando nos hacemos mayores para poderlas explicar al envejecer. Paul sabía que no podría hacerlo, al menos en persona, así que lo hizo a través de misivas que, como bien sabemos, es algo que se le daba particularmente bien.

También, en otro eje narrativo, el libro contiene múltiples preferencias a sus obras precedentes, tanto de Siri como de Paul, y por tanto no deja de ser un homenaje a su obra literaria y una oportunidad para recuperar recuerdos y sensaciones a los lectores fervientes de ambos autores; un espacio literario que ambos compartían desde la ilusión, recordando que  «escribimos los sueños que soñábamos mientras escribíamos en nuestros escritorios, y nos leímos aquellos sueños uno al otro en las verdes sillas» desde el profundo respeto mutuo que Siri apuntala afirmando que «confiaba plenamente en el criterio de Paul, en lo que hacía referencia a la forma de un libro, pero también a la prosa, de la misma forma en que él confiaba en mí (…) no recuerdo ni una sola vez que ninguno de los dos rechazara la opinión del otro». 

Al igual que «Baumgartner» viene a ser una carta de amor a su mujer, Siri hace lo mismo con este libro, con un enfoque más personal, más racional (acorde al espíritu de la autora) pero a su vez muy emotivo al reflejar detalles y anécdotas de la vida que compartieron porque este es un retrato de tres vidas, la de Paul, la de Siri y la de ambos juntos. Porque al formarse cualquier pareja se crea una nueva vida, en paralelo, coincidente, y que transforma a su vez a las otras dos y, cuando esta falta, provoca una gran conmoción porque tal y como afirma Hustvedt: «sí, estoy llorando la muerte de Paul, pero la mayor parte del tiempo estoy llorando la muerte de Siri y Paul. Lloro por la muerte de y. Lloro por como la y me hacía sentir en el mundo. Aquella y en que él y yo nos superponíamos». Y eso es algo que, en cierta medida, podemos entender como lectores, pues es como si nos quitaran ese dulce placer de la simbiosis emocional que nos produce pensar en él escribiendo esas obras que tanto hemos disfrutado. Y es que cuando uno ha leído tantas obras de Siri y Paul (cerca de una cuarentena de libros), uno recorre las páginas de este libro con la misma familiaridad con la que pasearía por su propia casa, por ser terreno conocido, por ser un lugar confortable. Y justamente eso hace que, a esa "y" que conformaban entre ambos, también nosotros la echemos terriblemente de menos.

martes, 12 de septiembre de 2017

Paul Auster: 4 3 2 1

Idioma original: inglés
Título original: 4 3 2 1
Año de publicación: 2017
Valoración: muy recomendable

«Siento que me he estado preparando durante toda la vida para escribir esta novela»

De esta manera tan contundente nos presenta Auster su último libro, después de siete años sin publicar novelas de ficción. Con esta declaración, las expectativas de quién afronta la lectura de un libro que se acerca a las mil páginas son elevadas, o incluso muy elevadas. Y, aun así, el libro no defrauda, sino todo lo contrario.

Para empezar, la estructura del libro facilita su lectura, partiendo de un capítulo común a todos los personajes: el capítulo «1.0». En él conoceremos los orígenes de la familia donde nacerá Archie Ferguson, protagonista de la historia. A partir de su nacimiento, la novela se compone de capítulos con una numeración algo particular: «1.1» correspondiente al capítulo 1 de la «versión» 1 de Archie, «1.2» al capítulo 1 de la «versión» 2, y así sucesivamente. Además, en cada uno de ellos, el autor introduce hábilmente pinceladas que nos hacen recordar lo sucedido a ese Archie en cuestión. Este aspecto ayuda al seguimiento de la evolución del personaje (o personajes).

Explicado este aspecto más formal, creo que útil para orientar al lector, el libro nos explica cómo, partiendo de un mismo punto, un mismo momento y una misma persona, las cuestiones del azar pueden afectar a la vida de cada uno. No el azar relacionado con la suerte, sino con las casualidades, los sucesos espontáneos, aquellos acontecimientos que ocurren en la vida de una persona de forma fortuita, incontrolada. Las circunstancias que rodean la vida de cada uno afectan no únicamente al presente, sino también a aquello que nos ocurrirá; las decisiones tomadas por cada uno y por su entorno afectan a nuestro desarrollo como personas y a nuestras vidas. Este aspecto es el eje en torno al cual gira la novela y Auster utiliza hábilmente esta idea llevándola al extremo, ramificando la vida de una persona en cuatro; cuatro versiones, cuatro caminos, cuatro vidas que parten de en una sola.

De esta manera, la declaración del autor en la primera frase de esta reseña encaja perfectamente con lo que nos ofrece el libro, puesto que en él encontramos todos los puntos característicos de su obra: las cuestiones del azar, la familia y la relación con los padres, las relaciones sentimentales, la siempre incierta edad adolescente y la revisión del pasado (no es casual que Archie nazca en el mismo año que lo hizo el autor, que viva en los lugares donde también vivió él, ni que comparta sus aficiones como el deporte o la afición por escribir). Auster ha cogido todo aquello que aparece en sus novelas para tejer una obra magnífica, completa, probablemente su gran obra si tenemos en cuenta todo lo que en ella expone.

No es casualidad que gran parte del libro, y la más interesante, se desarrolle entre los seis años de Archie y su adolescencia. Ya en las últimas novelas de Auster nos encontramos una mirada al pasado, como vimos en «Diario de invierno» e «Informe del interior», ambas autobiográficas. También es habitual ver cómo la edad adolescente es tratada por el autor en muchas de sus obras; puede ser un síntoma de empezar ya a notar el paso de los años (curiosamente cuando uno va distanciándose de la adolescencia es cuando uno recuerda los momentos en los que la vida cambió, o pudo haber cambiado), puede que sea porque es en esas edades cuando uno traza el camino principal que le llevará donde se encuentra ahora. Auster lo sabe y juega con eso, y sus últimas novelas suponen echar la vista atrás para ver de dónde venimos y conseguir explicar, de esta manera, aquello que ahora somos.

Empezando la historia con un joven Archie, el autor demuestra una gran destreza al ponerse en la piel y la mentalidad de un niño; con maestría nos sumerge en su mundo lleno de ilusiones y sueños, aunque lleno también de dudas e incertezas. Auster sabe gestionar el ritmo narrativo, sabe introducir anécdotas y detalles sin que uno se dé cuenta, y las páginas pasan volando ante los ojos del ávido lector que quiere, casi necesita, saber más sobre Archie Ferguson. Así, sembrada la semilla de la curiosidad, se aprovecha la evolución del personaje a través de cada una de sus versiones, para potenciar más una parte de su carácter u otra. A pesar de que las diferentes versiones comparten elementos comunes (la familia, la afición al deporte, las ganas de escribir, y el sexo), así como también muchos de los personajes de su entorno, cada una de ellas difiere en parte de las demás ya que opta por una vertiente literaria diferente (periodismo, crítica, literatura) y cada uno de ellos experimenta una vida sentimental propia y distinta. Esta diferenciación de personalidades sirve para hablar de diferentes sucesos importantes que afectaron a la sociedad norteamericana del momento: retrata E.E.U.U. en clave política (la guerra del Vietnam, la lucha por derechos civiles, el asesinato de Kennedy, la lucha contra el racismo), el mundo literario (con referencias a múltiples escritores, no sólo americanos) y su pasión por el cine. Este hecho contribuye a engrandecer y ampliar la novela, dotándola de un fondo social y cultural que añade interés a la propia historia narrada.

De esta manera, la novela nos retrata un mundo de posibles, donde aquellas decisiones propias o ajenas marcan nuestro futuro, potenciando unos aspectos de nuestro carácter por encima de otros en función de lo que hemos vivido, experimentado, sufrido y soportado. La vida y los sucesos (fortuitos o no) dirigen nuestra vida hacia un camino u otro y es todo aquello que envuelve nuestro mundo el que conformará nuestra forma de ser y nuestro devenir. Juntando elementos relacionados con la familia y las aficiones con las consecuencias del azar, Auster elabora una novela ambiciosa, compleja, enredada en sí misma y, a través de ella, conforma un mapa vital donde cada una de las ramificaciones puede desembocar en las diferentes vidas posibles pero, siempre, en todas ellas, con un rasgo común que no varía en exceso: aquello que conforma nuestro núcleo más genuino de nuestra personalidad, manteniendo aquello con lo que hemos nacido, lo modificamos acorde a la vida que hemos tenido.

Sin embargo, siendo honesto, cabe decir que el último tercio del libro se hace algo denso, menos ágil y más reiterativo. En esta última parte abundan los párrafos largos y con exceso de detalle, algo que lastra el desarrollo del libro, haciéndose cuesta arriba en su último tramo. Quizá, siendo escrupuloso, con unas cien o doscientas páginas menos el resultado hubiera sido mejor. De todos modos, cuando uno ha disfrutado de más de setecientas páginas y nota que, aunque flojee algo la última parte, necesita saber cómo termina el libro y no puede parar de leerlo, es porque éste vale la pena, porque su recorrido por las casi mil páginas te dejan con ganas de más y porque el final, ¡qué gran final!, pone la mejor rúbrica posible a esta colosal obra.

En resumen, grandes sensaciones las que deja el libro. No aconsejaría a lectores que no conozcan al autor que empiecen por este libro. No porque no valga la pena, no porque no sea bueno (o muy bueno), no porque uno no goce leyéndolo, sino todo lo contrario. Es un libro tan completo que se disfruta especialmente cuando se reconoce en él aquello que Auster ha estado escribiendo a lo largo de su existencia. Es su mayor obra, es el resultado de todo aquello que ha estado creciendo interiormente a lo largo de su vida literaria, la culminación de su creación. Es puro Auster y eso, ya de por sí, es su mejor aval.

También de Paul Auster en ULAD aquí

viernes, 24 de marzo de 2017

Paul Auster: La música del azar

Resultado de imagen de la musica del azarIdioma original : inglés
Título original: The Music of Chance
Año de publicación: 1990
Valoración: Recomendable


Reconozco que esta novela me ha reconciliado un poco con Auster, un escritor –en mi opinión– amante de pirotecnias argumentales que parecen apuntar a algún propósito filosófico o simbólico y suelen quedarse en mera anécdota. Tampoco he visto por su parte (reconozco que no lo he leído todo) ningún alarde estructural ni estilístico. Hasta donde sé, se limita a presentarnos a tipos ensimismados y aturdidos que se aferran a una obsesión, con todas las consecuencias que esta le puede acarrear, tanto individualmente como en su interacción con otras personas. Sí, son planteamientos con gancho: atrapan, pero al no tener más que una cáscara –si no vacía del todo con muy poco contenido –se van desinflando a medida que avanza la trama dejando un regusto a desencanto, a posibilidades echadas a perder.
En esta ocasión, no obstante, los personajes que aborda son realmente multifacéticos y llenos de aristas, tan contradictorios como fieles a sí mismos, tan imprevisibles como fáciles de reconocer en su individualidad; la intriga  –excepto en algún punto concreto algo más allá de la mitad, donde parece encallarse en los detalles– no nos da tregua: si ha sido fácil empatizar con esos seres, si seguimos sus incidencias con verdadero interés, necesitamos que el desastre no llegue a producirse o, de hacerlo, no les provoque un gran daño. Empezando por Nashe, el protagonista, bombero por más señas y uno de los individuos perdidos de Auster, de él se vale para poner en marcha otro de sus peculiares tinglados, que lo sacará indemne de su particular atolladero o bien lo envolverá cada vez más en su propia madeja. En este caso, se trata de una herencia inesperada y con ella la ocasión de lograr una vida más holgada y libre. Pero ya sabemos que previsiones como esa no aciertan casi nunca y, por si no fuera suficiente con su propia torpeza, Nashe tiene la buena –o mala– suerte de tropezar con las dos caras de su espejo: el lado perdedor, Pozzi, que vive a salto de mata fiándolo todo al azar –un azar que se acaba convirtiendo en otro personaje– y el ganador, encarnado en el tándem Flower-Stone (reforzado con un par de secundarios que cobrarán progresiva importancia) que han sido capaces de adueñarse por completo de él.
Solo con esto, podemos intuir que lo que se narra va más allá de lo aparente, reconoceremos muchas actitudes y encrucijadas vitales en la trayectoria de cada uno de ellos y, si no nos sorprende el efecto acumulativo de las constantes meteduras de pata, lo harán las demenciales circunstancias que han de atravesar los personajes. Y, sin embargo, todo ello tiene un aire familiar, porque así es la vida, así es el ser humano, no lo podemos negar. Aquí va una muestra:
“… En lugar de intentar reconstruir el castillo, vamos a convertirlo en una obra de arte. En mi opinión, no hay nada más misterioso ni bello que un muro. Ya lo estoy viendo levantándose como una enorme barrera contra el tiempo. Será un monumento conmemorativo de sí mismo, caballeros, una sinfonía de piedras resucitadas, que cada día cantará una endecha por el pasado que llevamos en nuestro interior.“ *
Encontramos un poso de superstición implícito en cada personaje, incluso en cada pieza del juego de azar que es la novela. Sin él lo que se nos cuenta no tendría ningún sentido. Es lo que permite al autor presentar toda esa gama de estados de ánimo, lo que hace posible cada forma de evolucionar y superarse, la que da lugar a las relaciones de poder y dominación –incluso a la amistad estrecha–y el origen de esa radical soledad que envuelve a cada uno de los sujetos incluso cuando están acompañados.
Pero el resultado sigue siendo bastante más plano de lo que permitiría un argumento tan sugerente. Esto es así, supongo, porque Auster abusa del razonamiento, agota las explicaciones hasta eliminar gran parte del misterio, y esto hace perder al relato esa especie de magia que involucra al lector cuando se ha recreado un ambiente que le permite hacerse sus propias preguntas.

(*) Traducción: Maribel de Juan

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