jueves, 1 de agosto de 2019

Karl Ove Knausgård: Fin

Idioma original: noruego
Título original: Min kamp. Sjette bok
Traducción: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable para fans

Bien es sabido que Karl Ove Knausgård es un autor que despierta grandes pasiones o enormes aversiones. Hay quien no entiende en absoluto su obra o el interés que pueda tener, y hay quien, como yo, encuentra que el autor noruego ha cambiado el panorama narrativo, ha sacudido el mundo literario al profundizar en la cotidianidad hasta un punto en el creo que todos podemos ver ciertas similitudes con nuestras propias vidas y arrastrarnos con él a la reflexión sobre nuestras propias miserias diarias.

Con «Fin» acaba la mastodóntica obra que inició con «La muerte del padre» y, más que un final, este libro nos narra la consecuencia de la publicación de la misma, pues el autor da un paso más en la narración de su propia vida y, ya en el mismo libro, describe sus recelos por la publicación del libro que nos ocupa. Porque de eso trata principalmente este volumen, de las consecuencias de su obra, del impacto que supondrá en su vida y en las de quienes participan en ella. Ese era el riesgo al escribirlo y publicarlo, ese era el dilema, y el autor, finalmente, se da cuenta de ello, aunque puede que algo tarde. También habla de Hitler, el nazismo y otras disertaciones ensayísticas, pero de eso casi ni hablaremos porque, personalmente, encuentro algo forzado que el autor se haya ido por esas ramas. Así que vayamos por partes, que las más de mil páginas de este volumen dan para mucho.

Empieza el libro y ves que quizá sí, que quizá hay un exceso de detalle, que quizá nuestros uladianos Santi o Koldo tienen algo de razón en que hay una desmesura descriptiva en la narración, pero es un efecto bastante efímero, porque una vez se avanza en la lectura, los recuerdos que tenemos de la calidad del autor vuelven, todas las sensaciones de lo anteriores libros retornan como si no hubieran pasado dos años desde la publicación del quinto volumen. Porque es Knausgård, y cuando entras en su mundo, no puedes volver atrás; él se queda ahí, en tu interior, esperando a sacar su espíritu crítico y contundente para hacerte reflexionar sobre los aspectos más ocultos de la vida interior. Siempre presente, siempre al acecho, siempre recordándote que no todo es bonito, que no todo es alegre, y que a veces conviene sacarlo fuera antes de que permanezca dentro y, finalmente, estalle.

Estructuralmente, el libro se divide en tres capítulos muy diferenciados. En el primero se centra principalmente en la desazón del autor ante la inminente publicación de su obra, por las consecuencias que pueda suponer en la relación con quienes aparecen en ella. Y el autor empieza a intuir el efecto de su obra cuando envía algunos ejemplares a sus allegados. En su narración, Knausgård nos trasmite los nervios, por aquello que ha escrito, por los efectos en aquellos sobre quienes ha escrito, porque saldrá a la luz lo que dice de ellos, de Linda, Yngve, Gunnar, Vidar, Tonje, Hanne, lo que piensa de ellos, lo que siente por ellos. Y eso es mucho, y no siempre es bueno. Los nervios se convierten en miedo, el miedo en indecisión, la indecisión en la duda, y tras la duda, la desconfianza y el cuestionamiento sobre la idoneidad de la publicación y la consecuencia para los que en ella salen y también para él mismo, en forma de la vergüenza. Knausgård nos habla de la culpa y de la dualidad entre el deseo de querer publicar el libro y la carga de consciencia que le acarrea saber el daño que hará a quienes salen en él. Y esa pena le carcome, le afecta, le ataca y permanece dentro de él, extendiéndose a lo largo de su cuerpo y más allá, a sus amigos, a su pareja a su familia. Y en contraposición, la opinión de su amigo Geir, que cuanto mayor escándalo más ventas, más fama, más dinero. Aunque sea a costa de los demás, o a costa de sí mismo.

Knausgård también utiliza esta primera parte para tratar hasta qué punto el relato es fiable, sometiendo su memoria a un juicio sobre la veracidad de lo sucedido, sobre cuánto hay de real y cuanto de invención. De esta manera, el propio autor ya se adelanta a lo que algunos críticos apuntarían una vez publicado: ¿hasta qué punto la autoficción debe narrar aquello sucedido realmente? ¿Es posible y legítimo añadir capas de ficción a lo que serían unas memorias? Así, Knausgård utiliza este último libro para autocuestionarse y nos habla también sobre el porqué de su enfoque sobre el libro y de su motivación para ello; él quería hablar sobre la realidad de la vida, «pero no de un modo general, porque lo general está emparentados con lo ideal, en realidad no existe, sólo existe lo particular, y como lo particular en este caso soy yo, eso fue sobre lo que escribí.» En este aspecto, este último volumen se aparta en momentos de la narrativa autobiográfica para acercarse al ensayo, a la reflexión sobre realidad y percepción.

Y en esta narración a medio camino entre narrativa y ensayo literario y filosófico, el autor empieza una digresión sobre el lenguaje y la sociedad, dedicando decenas de páginas al poema «Stretta» de Celan para, a continuación, seguir con su análisis hablando sobre Marx, sobre el trabajo y su exceso, sobre la identidad y cómo la conseguimos. También habla de la cultura y su singularidad, la originalidad y cómo afecta de manera diferente a cada individuo y, a partir de ahí, nos habla de la literatura del yo. Y aquí es donde el libro empieza a ponerse cuesta arriba, por caminos tortuosos y poco satisfactorios. Porque entramos en la segunda parte del libro y, a pesar que en la primera parte ya se intuía una cierta inclinación al ensayo, aquí Knausgård se deja ir y nos ofrece una disquisición de unas cuatrocientas páginas sobre Hitler, su vida y su obra, justificando este excurso en que ambas obras comparten el título de su biografía: «Mi lucha».

Lamentablemente, encuentro esta segunda parte sobrante y, a mi parecer, está totalmente desvinculada de toda «Mi lucha» siendo puramente un ejercicio literario ensayístico sobre Hitler, ni más ni menos, por mucho que el autor intente encontrar puntos de conexión a partir del lenguaje utilizado y su enfoque hacia el yo, el nosotros, el ellos... ¡Ah!, y habla también de la Biblia, de Leonardo Da Vinci, Shakespeare, El Quijote… un sinfín de ideas mezcladas que poco aportan al resto de la narración, por muy bien documentado que el autor noruego parezca estar sobre estos temas. Pero no, mi admirado Karl Ove, no hemos venido aquí a hablar de Hitler. Eso hubiera podido ir en un libro aparte, no como parte de tu biografía. Así que, amigos lectores, si queréis saltaros esta parte, no os perdéis nada, incluso saldréis ganando pues el libro os parecerá bastante mejor.

De todos modos, y afortunadamente, entramos en el tercer capítulo, el mejor de todos y la parte en la que Karl Ove nos devuelve esa ilusión por leer la historia que empezó con su primer libro. En este último capítulo el autor retoma las riendas que perdió en el capítulo anterior y nos ofrece, otra vez, su mejor literatura. Porque en esta parte, Knausgård sale de su universo personal en el que estaba encerrado en la primera parte (una parte con aún más detalle sobre la cotidianidad de lo que nos tenía acostumbrados) y cierra el abanico de sus problemas ciñéndose al ámbito estrechamente familiar: el de la pareja e hijos. En este último capítulo del libro (o su último tercio) el autor vuelve al nivel al que nos tenía acostumbrados, abandona el exceso de egocentrismo de la primera parte, deja de lado su ensayo sobre la biblia, Hitler, Celan, etc. y vuelve a hablar de su vida, de la familia, de sueños olvidados entre realidades obstinadas, de ilusiones perdidas entre escenas cotidianas, de remordimientos y lamentos entre destellos de alegría. Ahí sí vemos al Knausgård que nos ha atrapado en esta inmensa y titánica aventura que durante seis grandes volúmenes nos ha ido guiando por su vida, esperando encontrar en su camino las trazas de nuestra propia existencia. En este último tramo nos muestra otra vez esa soledad, esa lucha (aquí sí, aquí sí está su lucha real), una lucha que guarda relación a la lucha entre la vida que quiere y la que tiene, entre el sueño de ser escritor y una realidad que le ata a un presente del que no puede huir, que le traba en su intento de lograr ser quien quiere ser, que le limita y le absorbe sin dejar mucho lugar a que su yo aparezca y destelle. Y el autor, consciente de ello, lo expone claramente diciendo que «eso era lo que tiraba de mí. Se trataba de estar abierto ante el mundo, de dejar que ocurriera lo que tuviera que ocurrir y no permitir que estuviera dirigido por esas estructuras determinadas formadas por la educación, el trabajo, los niños y la casa».

Knausgård planea su lucha en un escenario donde la cotidianidad le arrastra de manera inexorable a la realidad, donde sus anhelos y su elevado sentido de la profundidad en la que se mueve una vida quedan absolutamente devastados por una rutina que le ata a la tierra, que le impide ser quien realmente querría ser. Pero también le sirve como excusa, pues se percibe cierta dejadez en las funciones, trasmite que, en parte, ya le va bien que le impidan ser quien querría, pues el esfuerzo y dedicación serían de titánicas dimensiones. Esa es otra de sus luchas, la lucha entre quien quiere ser y quien realmente es, la lucha entre un mundo que vive en su cabeza con su entorno real. Así, una vez terminado el libro, queda claro que mi lucha no es respecto a su padre, o a su familia, o incluso tampoco hacia su vida exterior, sino respecto a él mismo, una lucha respecto a su yo personal y su yo literario.  Y gana su parte artística, dejando a un lado, como víctima de su lucha como un cadáver sin posibilidad de redención, o tan siquiera perdón, todo el resto.

Con este libro Knausgård sitúa su obra en un lugar destacado junto a otros autores que han marcado precedentes y distancias en la literatura, por romper esquemas o cambiar el enfoque sobre lo tratado. Knausgård justifica su narración y la rodea de un relato analítico sobre el mundo que nos rodea, sobre el porqué de su intencionalidad, y escribe un libro sobre su propia obra, reafirmándose en la literatura del yo, ya no únicamente como auto ficción narrativa sino también como un ejercicio meta literario donde se cuestiona a la vez que se reafirma sobre la necesidad de publicar una obra que va más allá de sí mismo, nos interpela a todos. Ese es probablemente su mayor ambición, partir de uno mismo para llegar a cada uno de nosotros y vernos reflejados, desde lo plural a lo individual, desde lo genérico a la especifico, desde la sociedad a un mismo. Puede ser él, o cada uno de nosotros, pues esta obra es el espejo en el cual podemos contemplarnos a nosotros mismos, y calibrar en su reflejo cuánto hay de esa cruda realidad en nuestras propias vidas.

Terminado el libro, terminados sus seis volúmenes y más de 3.500 páginas, puedo discrepar con rotundidad con aquellos que cuestionan del por qué hay necesidad de tanto detalle sobre la vida cotidiana de una persona. La respuesta es clara: porque su vida al escribir la obra era como la de cualquier otro y su lucha también, una lucha consigo mismo, con su yo que tiene una familia, amigos y obligaciones y un yo más elevado, más aspiracional, más deseoso de querer conseguir alcanzar sus sueños. Knausgård sabe que ahí está la lucha verdadera, la que cada uno de nosotros libramos con nosotros mismos día a día, decepción a decepción y en contra de la rutina. Una lucha que determinará si nos sometemos a una vida acomodaticia o aspiramos a hacer aquello que realmente nos mueve y luchar contra todo si hace falta; contra uno mismo, también. Él ha librado su lucha, arriesgando su vida personal. El precio pagado es alto, pero, ¿cuál hubiera sido el precio personal en su consciencia en caso de no haberlo hecho?

También de Karl Ove Knausgård en ULAD: La muerte del padre (y su contrareseña aquí), Un hombre enamorado, Tiene que llover

7 comentarios:

Krust dijo...

Con la Biblia y con Hitler hemos topao… me temo que esa contradicción entre la vida que Knausgård quiere para sí mismo y la que realmente tiene, o el sueño de ser escritor como comentas en la reseña, le van a suponer encasillarse seriamente en el conjunto de los 6 volúmenes de esta, su obra, su lucha. Veremos como evoluciona su futuro como 'pluma consagrada'…

No sé si un día me atreveré a leer esas 3.500 páginas, pero si me gustaría sacar mis propias conclusiones con un acercamiento a la 1ªparte (joder, eso supondría invertir el tiempo que dediqué, algo más de un mes para cada novela, pongamos por caso, a 3 Masterpiece’s que igualarían este pagimetraje: “El día del Watusi” – Francisco Casavella, “2666” – Roberto Bolaño y “El maestro y Margarita” – Mijaíl Bulgákov…uff, ya sabes, queda tanto por leer!). Tengo una amiga que acaba de empezar esta 6ª entrega y me temo que, a tenor de lo que comentas, le va a resultar extremadamente densa, aunque digamos que su bagaje global con las lecturas anteriores es, así en general, satisfactorio. Esta es la 2ª reseña que leo sobre la obra de Knausgård, la anterior (supongo que conoces) es la de Marina Porras y la verdad, aquí incluyo también a mi amiga, me parece realmente meritorio que halláis llegado hasta este “Fin”, y es que como diría aquel: Que os quiten lo bailao!

*Buena reseña. Salut, Marc!

Marc Peig dijo...

Hola, Krust.
Es posible que ocurra lo que comentas, que esta autobiografía inmensa se convierta en un lastre muy grande para KOK, pues todo lo que publique a continuación se comparará con este libro y es difícil mantener el nivel. Además, por lo que me ha parecido ver, parece que sus próximas publicaciones andarán más en el campo del ensayo que en el de la ficción, con lo que habrá que ver cómo lo orienta, qué nivel de detalle quiere transmitir y cómo se desenvuelve en este aspecto. De momento, a tenor por lo leído en este último volumen, personalmente lo enfrontaré con ciertas reticencias que espero que mi admirado autor sepa superar.

Respecto a las 3500 páginas, sí, son muchas. Muchísimas. Creo que es bastante más fácil leyéndo los libros en diferentes momentos, no todos de un tirón porque puede ser excesivo. Y, sin conocer a la amiga que acaba de empezar este último volúmen, es muy que probable que le resulte extremadamente denso. Confieso que, para mí y a pesar de haberlo leído cada una de sus páginas, también me lo pareció (y eso que me léi las 1200 páginas de "Las benévolas" de Jonathan Littell, que también trata sobre el nazismo y reseñé en el blog). Y sobre la reseña de Marina Porras, qué voy a decir? mi admiración absoluta.

Resumiendo: he disfrutado como un enano con esta autobiografía y sí, que nos quiten lo leído ;-)

Sallut, i gràcies per comentar!

Marc

Koldo CF dijo...

Este 6º libro tendría que haberse titulado ¡(Por) Fin!.

Y ya bromas aparte, la literatura del yo (a menos, esa es mi interpretación) debe trasladarse, de alguna manera, al nosotros porque si no me parece que se queda en un "ejercicio masturbatorio". En el caso de KOK, no he conseguido ver esa traslación y de ahí mi fracaso con él.

En fin, que felicidades por la reseña (y por haberte leído las 1000 páginas!)

Buen verano, compañero

Marc Peig dijo...

Hola, Koldo.
Creo que ese es el tema, hay quien conecta con las escenas y reflexiones que KOK comparte en su obra, y hay quien no. A los que conectamos, nos apasiona su manera de narrarlas y profundizar sobre el más mínimo detalle; quien no conecta lo ve aburrido, insustancial,etc. Por eso entiendo perfectamente a los que discrepáis sobre su calidad... bueno, lo entiendo porque sois mayoría en ULAD y no quiero que me echéis... ;-)
Bromas parte, he disfrutado de esta obra a pesar de ese escollo hitleriano. Y, para mí, es un autor que ocupará un lugar destacado en mi biblioteca personal.
Saludos, y buen verano también para tí.
Marc

lhimbert dijo...


Ayer acabe de leer "Fin", y, como tú, he disfrutado de las 3500 páginas de esta "Mi lucha", la lucha de KOK. Comparto gran parte de tu análisis, efectivamente para disfrutar de su lectura hay que conseguir que te interpele de alguna manera. A mí me ha interesado mucho en este último libro la reflexión sobre su propia obra y sus consecuencias en sí mismo y en su entorno. Incluso he disfrutado con el intermedio ensayístico, aunque quizá demasiado extenso.

Felicidades por tus reseñas. Coincido muy a menudo con tus lecturas, y con tus reseñas.

Por cierto, recuerdos de mi marido, Carlos Ávila.

Marc Peig dijo...

Hola, lhimbert, veo que tú también te has apresurado a leer este sexto volumen, señal evidente que se trata de un autor del que esperamos como agua de mayo sus publicaciones.. Me alegro que sea así, y que hayas disfrutado de este volumen (incluso en su parte más ensayistica).
Creo que es un autor que ha marcado un antes y un después, y celebro encontrar otros lectores que también disfruten de su obra como yo.
Y más aún si se trata de la esposa de Carlos Ávila, gran lector y escritor de un blog que sigo muy habitualmente por sus reseñas y sus comentarios sobre política y series, y que, además, tiene la delicadeza y el buen hacer de mencionar este blog a menudo en sus reseñas. Dale recuerdos de mi parte.
Saludos, y gracias por comentar esta entrada.
Marc

Francesc Bon dijo...

Debo estar en el reducido grupo de los neutrales. Leí (y reseñé) el primer tomo, sin que llegara a disgustarme ni a indignarme lo que a otros el hecho de que KOK pensara que a mucha gente podían interesarle los pormenores de su existencia. Eso sí, descarté seguir por más tiempo pues era de prever que seis tomos iban a acabar con el autor metido en un laberinto de auto-complacencia o auto-algo. Lo cual quiere decir que acabo discrepando con todo el mundo: ni creo que Knausgard cambie nada en la literatura global más que un señor que regresa del psicoanalista y se excede con las anotaciones en su diario (él solamente ha contado con la ventaja de publicarlo) ni tampoco que sea más culpable que sus editores de haber vertido onanismo a destajo. Mira que odio la equidistancia y ahí estoy.