lunes, 16 de septiembre de 2019

William H. Gass: La suerte de Omensetter

Idioma original: Inglés
Título original: Omensetter´s luck
Traducción: Ce Santiago
Año de publicación: 1966
Valoración: Muy recomendable

La publicación en España de la obra de William Gass ha sido un tanto “guadianesca”. Publicado por primera (y efímera) vez por Alfaguara en el año 1985, han tenido que pasar más de treinta años para que podamos ver de nuevo, gracias a La Navaja Suiza, su obra en nuestras estanterías. Así, ya son tres la referencias de William Gass en su joven catálogo: “En el corazón del corazón del país”, “Sobre lo azul” y este “La suerte de Omensetter”.

Quizá no haya que romperse demasiado la cabeza buscando los posibles motivos de esa larga espera. Gass es un escritor “complicado” que requiere un cierto esfuerzo por parte del lector y que difícilmente figurará en las listas de “Lo más vendido”, pero su indudable calidad literaria compensa con creces cualquier otra consideración.

Me centro. “La suerte de Omensetter” fue la primera novela de Gass (ojo a la novelesca historia de su reescritura, explicada por el propio autor en una apostilla final) y trae ecos de Faulkner (¡cómo me recuerda este libro a “El ruido y la furia”!) o de Joyce. Y es que Gass es uno de esos autores en los que la forma es casi tan importante como el fondo.

El fondo es la llegada de Brackett Omensetter y su familia a la localidad de Gilean en la última década del siglo XIX. Es, resumiendo muy mucho, la narración de los efectos que la llegada de un elemento extraño y las acciones que este realiza provocan en la comunidad. Elemento extraño en un doble sentido: el de persona venida de lejos sin que se conozca nada de su pasado y el de persona fuera de los usos y costumbres de la comunidad, hasta el punto de que Omensetter puede ser considerado, al mismo tiempo, un nuevo profeta o un brujo, un ser puro, un idiota o un cabrón,  un contemplativo, un ser confiado en su destino, un ser sin conciencia o un indiferente. Clave en esta parte son las referencias religiosas: desde el propio apellido del protagonista (Omensetter = el que fija los presagios) hasta las continuas referencias al paraíso, pasando por los incendiarios sermones y reflexiones de Jethro Furber.

La forma, tan importante como el fondo, se puede resumir en el uso de tres personajes / narradores, además de un narrador “externo”. Curiosa resulta la elección de los tres personajes / narradores por parte del autor. Ninguno de ellos es el propio Omensetter, al contrario de lo que podría sugerir el título de la obra. La visión que de él tenemos es la que nos ofrecen tres narradores que tienen una credibilidad digamos que limitada.

El primero de los narradores es Israbestis Tott. Pese a ser testigo y en parte protagonista de los acontecimientos, la visión que nos ofrece se aleja en el tiempo de los mismos. Se trata de una visión marcada por la vejez, la enfermedad y las figuraciones y es utilizada por el autor para presentar a algunos de los personajes clave de la novela.

El segundo de los narradores es Henry Pimber. Su entrada en contacto con ese ser extraño y peculiar que es Omensetter le pondrá frente a un espejo en el que resultará terrible mirarse, lo que dará pie a uno de los hechos fundamentales de la novela.

El tercer y principal narrador y protagonista de la novela será el reverendo Jethro Furber. La llegada de Omensetter y el miedo a lo diferente le harán entrar en una espiral obsesiva en la que la culpa, el sexo y un fuerte sentimiento de extrañeidad o exilio interior jugarán un papel preponderante.

Fruto de los estados mentales de los tres narradores será la propia estructura de la novela. Así, estamos ante una narración fragmentaria y confusa en la que la voz narrativa y los tiempos se alternan sin aparente orden ni concierto y en la que diálogos, descripciones, deslavazados monólogos interiores (el Benjy de "El ruido y la furia" parece sobrevolar el texto), realidad y visiones, terrible lucidez y absoluta enajenación mental hacen que el lector haya de permanecer atento.

Como podéis imaginar, esta no es una novela fácil ni “tradicional”. La ausencia de linealidad, las diferentes voces narrativas utilizadas, el continuado uso de metáforas y la multiplicidad de posibles lecturas (por momentos hasta me venía a la cabeza la tremenda “La cinta blanca” de Michael Haneke) ligan el texto a la vanguardia y a la experimentación. Eso sí, más allá de las innovadoras formas, el fondo es absolutamente universal y atemporal. Ahí reside su principal valor.

También de William Gass en ULAD: En el corazón del corazón del país

3 comentarios:

Gabriel Diz dijo...

Gran reseña Koldo. Cuando leí Gass no tuve dudas que era tuya.

Saludos

Koldo CF dijo...

Gracias, amigo. Ahora a ver si se animan a publicar "The tunnel" y tardan menos de lo que tardó Gass en escribirla.

Abrazo!

Unknown dijo...

Gracias koldo por la reseña. Mayor Thompson