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viernes, 9 de marzo de 2018

Mircea Cărtărescu: El ojo castaño de nuestro amor

Idioma original: Rumano
Título original: Ochiul căprui al dragostei noastre
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Año de publicación: 2015
Valoración: Bastante recomendable

Leo en una web científica que en el cerebro humano hay más de cien mil millones de neuronas, que todas están conectadas entre sí a través de una compleja red de procesos nerviosos, que el mensaje de una neurona a otra es transmitido a través de diferentes transmisores químicos y que la entrega de mensajes tiene lugar en puntos de contacto especiales entre neuronas, llamados sinapsis.

No sé, pero esto me trae a la cabeza la obra de Mircea Cărtărescu. Me resulta, después de haber leído ya unos cuantos libros del rumano, una imagen muy acertada para definirla. Y es que su obra, o buena parte de ella, podría ser un conjunto de neuronas interconectadas, con páginas o capítulos que vendrían a ser "sinapsis literarias". Me ocurrió cuando leí "Solenoide" y "Nostalgia", cuando leí "Lulu" y "Nostalgia" y lo mismo después de leer "El ojo castaño de nuestro amor", que vendría a ofrecer llaves de acceso a un mayor "uso y disfrute" de toda la obra cartaresquiana. 

Se trata éste de un libro en el que Cărtărescu reúne una veintena de textos, a medio camino entre el diario, el ensayo o el relato puro y duro, que muestran algunas de las claves o de los orígenes de las ya citadas obras.

Abre el libro "Ada-Kaleh", especie de paraíso perdido, que constituye uno de los más hermosos textos del volumen y uno de los más puramente "relatísticos". Pero, a medida que avanzamos en los textos, el tono de estos cambia, pasa a ser más "ensayístico", y Cărtărescu disecciona, entre otros temas, la literatura, la cultura o el pueblo rumano y la influencia que estos han ejercido sobre su tarea de escritor.
"He madurado entre ruinas, he estudiado entre ruinas, he amado entre ruinas, soy un constructor de ruinas"
Dentro de estas reflexiones acerca de la cultura rumana, llama especialmente la atención la desmitificación del desierto cultural de la Rumanía comunista, pese a dibujar una Rumanía lastrada por una violencia y una tristeza sin límites en los años 70 y 80. Nos cuenta Cărtărescu que la literatura de esa Rumanía que a él le tocó vivir estaba impregnada de todas las modernidades de su tiempo, influenciadas por la gran tradición europea, lo cual se puede apreciar en la obra del bueno de Mircea. Interesantes son también, en esta vertiente ensayística, las aportaciones del autor a la idea de Europa y el repaso que da al arte en general y a la literatura en particular.

En la parte más "personal" del libro, Cărtărescu vuelve sobre sus obsesiones personales, sobre los sueños que tanto le han marcado (buena muestra de ello son "Nostalgia" o "Solenoide"), nos recuerda sus inicios en la literatura, sus influencias (Proust, Kafka, Nabokov...), etc. Pero sobre todo, vuelve a mostrarnos potentes imágenes que poblarán toda su obra, con mención especial a esa primera infancia marcada por la relación con su madre y hermano (ay, ese situs inversus especular!).

Por todo lo anterior, creo que se trata de un libro que disfrutarán en mayor medida quienes ya se hayan acercado a la obra del rumano, lo que no quita que sea también una buena opción para quien quiera entrar en el universo de Cărtărescu, ya que este "El ojo castaño de nuestro amor" puede y ha de ser leído tanto como una pequeña mitología personal como un mapa de un tesoro aún por descubrir.

Muchos más libros de Mircea Cărtărescu en ULAD AQUÍ

lunes, 15 de septiembre de 2025

Mircea Cărtărescu: Theodoros

Idioma original: rumano

Título original: Theodoros

Traducción: Marian Ochoa de Eribe

Año de publicación: 2024

Valoración: Recomendable


No se puede negar que Mircea Cărtărescu tiene muy buen cartel en este blog, bastantes libros reseñados, valoraciones casi siempre muy positivas y hasta creo que apostamos en una ocasión por darle nuestro Nobel particular. Mi conocimiento de su obra se reduce a algunos relatos breves, así que no tengo una base precisamente sólida, y las opiniones que busco en torno a este libro, como siempre una vez terminado, tampoco aportan mucho más que los parabienes habituales. Encima, es un librote de presencia algo intimidante, como algo llamado a ser la gran obra del autor rumano, quizá lo que le lleve definitivamente a la fama y a ese Nobel de verdad para el que siempre parece estar nominado. Así que, como me siento con poco apoyo exterior, no me queda otra que tirar de mi propia experiencia como lector de Theodoros.

Ciertamente estamos ante una gran historia, algo que linda con la epopeya dándole una vuelta al concepto de novela histórica, porque en efecto existió un emperador de Etiopía llamado Theodoros o Tewodros II, que llegó al poder, como casi todos, tras liquidar enemigos rebeldes por aquí y por allá. El trono etíope estaba también emparentado, o quería estarlo (también como casi todos), con líneas dinásticas que supuestamente se remontaban hasta el rey Salomón, nada menos, y mantenía, o lo aparentaba, cierta conexión con la religión dominante en la región (otro ídem), en este caso la Iglesia ortodoxa tewahedo. 

Según explica Cărtărescu en una nota final, todo este relato histórico le atraía con fuerza, y siempre deseó escribir algo en torno a él, seguramente azuzado porque en algún momento a alguien se le ocurrió que el citado emperador podría ser un antiguo bandido valaco (rumano) con ambiciones de poder. Dicho y hecho, Cărtărescu se pone a elucubrar cómo ese posible compatriota, una especie de delincuente juvenil, después pirata, pudo llegar al trono de un país lejano.

Ahí cabe casi de todo. Se mezclan datos históricos con otros muchos ficticios, episodios propios de la novela de aventuras o el relato bélico, sueños y visiones surgidas del inconsciente o del consumo de sustancias, incursiones en los libros sagrados y en las tradiciones rumanas y griegas, intercambios de personalidad y, sobre todo, mucha sangre, violencia gratuita, empalamientos, cabezas que ruedan y extremidades cercenadas. Escenas bestiales que contrastan con las amorosas y tranquilizadoras cartas que Theodoros dirige a su madre, y con imágenes de enorme belleza como las miles de cometas sobrevolando la triste Bucarest, un collar extraído del tiempo, o la historia de Ingannamorte, el origen de todos los libros, el relato de un primer amor, o la muy borgiana visión infinita del Arca de la Alianza y sus réplicas.

Todo lo cual dice mucho de la calidad literaria que destila el autor, aunque en tantas páginas también hay sitio para cosas mucho menos atrayentes: el abuso de la enumeración, las repeticiones injustificadas y muy numerosas, la inserción de algunos relatos colaterales a veces gratuitos, a veces teñidos de un erotismo un poco pastelón, y una especie de fijación algo pueril por los órganos sexuales. A lo que habría que sumar un par de decisiones algo arriesgadas, como el uso de la prosa en segunda persona, algo que personalmente no me agrada casi nunca, y sobre todo, esa especie de deconstrucción de la historia que da lugar a que conozcamos su final prácticamente en la primera página y que el libro se construya a base de saltos temporales continuos. Sí, se consigue envolver al lector en una atmósfera confusa y algo inquietante, pero a cambio supone un obstáculo poco justificado para una lectura tan extensa y con tantos meandros.

Da quizá la impresión de apresuramiento, o de que el autor ha querido meter en un solo volumen lo que hubiera lucido mejor en relatos independientes, ámbito en el que por cierto Cărtărescu brilla especialmente. O puede que todo estuviese enfocado a evitar que el libro acabase siendo un mero culebrón o, peor aún, un tocho de ese tipo híbrido entre novela histórica y de intriga, que ustedes y yo sabemos de lo que estamos hablando.

Que no se le puede negar el aire grandioso ni un buen número de momentos deslumbrantes. Pero el conjunto me parece excesivamente irregular, como de algo a lo que le faltase una revisión profunda, pulir, recortar, encontrar equilibrios, reformular. Quién seré yo para enmendarle la plana a Cărtărescu, desde luego, pero personalmente Theodoros me ha dejado un poco a medias.

Bastantes obras de Mircea Cărtărescu reseñadas en ULADaquí


sábado, 27 de octubre de 2012

Mircea Cărtărescu: Nostalgia

Idioma original: rumano
Título original: Nostalgia
Año de publicación: 1993
Valoración: imprescindible


Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) es uno de los escritores más interesantes que he tenido la suerte de descubrir recientemente. Aunque ha trabajado también la poesía y el ensayo, es sobre todo conocido por sus obras en prosa, entre las que se encuentran Nostalgia, Lulú, Orbitor y La bella extranjera

Aunque la obra que hoy reseño ha sido definida por Cărtărescu como una novela, también se puede tomar como un libro de cuentos, pues las narraciones que la conforman pueden leerse como piezas independientes. Nostalgia, así, se abre con El Ruletista, la historia de un hombre cuya existencia ha estado siempre marcada por la mala suerte y que, sin embargo, logra amasar una fortuna jugándose la vida en la ruleta rusa. 

Entre esta pieza y El arquitecto, relato de carácter marcadamente kafkiano que sirve de epílogo al libro, Cărtărescu nos presenta El Mendébil, la crónica de un mesías impúber que convierte en acólitos a los niños de su barrio; Los gemelos, un inquietante estudio de la ira juvenil y, por fin, REM, la narración central del libro, cuyo punto de partida es la relación que se establece entre una mujer de mediana edad y un estudiante de instituto. 

Pero Nostalgia (y, sobre todo, REM) es mucho más de lo que yo pueda contar aquí. Es una obra redonda, en la que el autor se toma su tiempo para elaborar los personajes –jugando con el lector mientras hace un puzzle de géneros y narradores– y hacerlos vivir historias bizarras, complicadas, oníricas y al mismo tiempo completamente verosímiles, en las que el tiempo juega un papel fundamental.

Como ya he dicho, Mircea Cărtărescu es todo un descubrimiento y este libro, en concreto, una joya que no debería faltar en ninguna biblioteca.

Más de Mircea Cartarescu en ULAD: Aquí

sábado, 13 de octubre de 2018

Mircea Cărtărescu, Premio NOVEL ULAD 2018

COMUNICADO OFICIAL

Se informa a nuestros lectores que, tras el recuento de los votos recibidos hasta el 8 de Octubre de 2018, y computados igualmente los votos que, de forma secreta, los colaboradores de este blog han efectuado, el I Premio NOVEL ULAD correspondiente al año 2018 queda oficialmente otorgado a :




Mircea Cărtărescu

Que ha obtenido un total de 34 puntos según el sistema de votación establecido en las bases que se publicaron en la correspondiente convocatoria.
Los escritores que han ocupado el segundo y tercer lugar en esta votación, han sido, respectivamente, Philip Roth (R.I.P.), que obtuvo 28 puntos, y Margaret Atwood, que obtuvo 13 puntos. La votación ha registrado un total de 30 participantes, a los que hay añadir los votos de los colaboradores, que han votado sin opción a premio. Han sido 42 los escritores que han obtenido algún tipo de mención en las votaciones, y hasta el último momento se mantuvo la incerteza sobre el resultado final.

Nuestros lectores votantes han dicho de sus correspondientes elegidos: 

(por favor, queridas editoriales, dejad en paz estas frases en vuestras adoradas fajas.)

Mircea Cărtărescu: 

"porque es muy bueno, el nuevo enfant terrible de los Balcanes, Kafka reencarnado"
"Solenoide se constituye en un pilar del nuevo siglo. Tras 2666, se convierte en el nuevo gran eslabón del género de la novela."
"Esa mezcla de autobiografía, fantasía y onirismo me tiene atrapado. Me encanta su estilo. Mucho merito de eso también es de la traductora, Marian Ochoa de Eribe." 
"Sería una enorme sorpresa, pero creo que se lo merece. Renovador, arriesgado y excelente en todos los sentidos."
"Por la recreación de un universo interior repleto de fantasmas y reflexiones alucinatorias, reflejos de un exterior de decadencia y complejos, y explorar el alma humana en una obra que es tan onírica como realista."
"porque es uno de los escritores más en forma del panorama actual, con un universo literario propio y característico, cultivador de géneros variados, y sé que va a recibir muchos votos, y me apetece acertar la quiniela! (y además me gusta mucho, que conste)."
 "Por ser capaz de crear un universo diferente, entre lo real y lo onírico. Un descubrimiento reciente pero muy poderoso."
"a. La gran capacidad de configurar epopeyas personales y delirantes, siempre basadas en su propia identidad.
b. El delicado y elegante manejo de situaciones surrealistas."
"Porque significaría premiar la literatura de calidad y popularizar la literatura de este genio tan poco reivindicado. Su relativa juventud suma a favor, ya que el Novel daría un empujón a la carrera que le queda por delante."

Philip Roth:

"Eterno olvidado, con una extensísima carrera y con una obra de una magnitud enorme."
 "Norteamericano y blanco; suficientemente profundo y accesible para la mayoría."
"porque es el mejor escritor vivo que existe, que ha sido merecedor de todos los reconocimientos que existen, salvo el de la Academia Sueca. Y para reparar este terrible error, aquí estáis vosotros!"
"Por ser el único que, en mi opinión, sí que ha conseguido escribir “La Gran Novela Americana” (ese mantra tantas veces repetido) además de desnudar su alma, sus altas y bajas pasiones y de hacerme reír como pocos en su "Lamento"..."
"Por ser el más grande escritor norteamericano de la segunda mitad del siglo XX. Si a Nixon lo ridiculizó de manera magistral en Our Gang (La pandilla - Nuestra pandilla, según las ediciones de aquí) a saber que habría hecho con Trump..."
"aunque tarde, una obra tan profunda y extensa, con un sentido del humor tan especial, merecía ser reconocida con el máximo galardón."

Margaret Atwood:

"Munro y Alexievich deben tener una sucesora digna. Atwood, tras la muerte de Grace Paley, es una de ellas" 
"Por evidenciar el hecho de que la ideas son nuestra mejor arma contra los totalitarismos, y desinvisibilizar el control que el sociedad aun desea ejercer sobre las mujeres, haciendo de la distopia una forma de denuncia."
 "La gran señora de las distopías que te lleva a vivir, durante todo el tiempo que dura la lectura, a mundos mundo extrañísimos. Y te los crees."
 "Por escribir ciencia ficción de calidad y con humildad"
"Por su capacidad para hacer denuncia, concienciar y reivindicar derechos y luchas desde la creatividad."

De entre los votos recibidos, el premiado es Luismi, cuyo voto coincidió en orden con los dos primeros premiados, por lo cual será contactado por e-mail para hacerle llegar su reluciente y correspondiente premio.
Felicidades por su acierto y gracias a todos los participantes. 

ULAD ha cumplido todos los años que se lo ha propuesto. Los suecos no. Que no vaya a darnos ahora por fabricar muebles.

jueves, 3 de julio de 2014

Mircea Cărtărescu: Las bellas extranjeras

Idioma original: rumano
Título original: Frumoasele străine
Año de publicación: 2010
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Valoración: muy recomendable

No puedo evitar entrar un poco en terrenos, erm, pantanosos. Me pilla la lectura de este libro en plena publicación de los datos de desempleo concernientes al primer trimestre en el estado español. Con un crecimiento del empleo que, calculadora en mano, viene a representar que se tardarían unos cinco siglos en recuperar los cinco millones largos de empleos que hacen falta. 

Y las series españolas más rancias siguen riéndose de los rumanos que acuden a España a por trabajo.

Mircea Cărtărescu usa un espléndido sentido del humor para reflejar esa especie de acomplejamiento al que ciertos estados han sumido a los ciudadanos rumanos, y yo empiezo a albergar el convencimiento de que pronto serán los españoles los que acudan a Rumanía a emplearse en aquello que a los rumanos no les apetezca hacer. 

Pero centremos la cuestión. 

Si Las bellas extranjeras se separara de los otros dos relatos que le acompañan aquí, tendría, quizás, no una entidad de novela primordial, pero ahí andaría. Indudablemente Ántrax, primer relato, y El viaje del hambre, tercero y último, parecen hacer las veces de prólogo y epílogo de la prolongada pieza principal, que es la que titula el libro: 180 páginas de experiencias en París (con oportunas e inspiradas divagaciones por la rememoración de otras situaciones) en las que el escritor rumano se muestra en plenitud de forma. Lo cual es mucho decir: lo que manifiesta Cărtărescu a través de su escritura me resulta difícil definirlo como otra cosa que, parafraseando a Calamaro, Honestidad brutal. Es un escritor consciente de pertenecer a un mundo literario casi desconocido. De no ser retribuído como las grandes firmas que menciona como referencias. De ser juzgado por su aspecto: escasa estatura, frondosa melena negra en la que las canas no afloran, lo cual le frustra. Puesto en duda incluso por sus compatriotas. Pero su respuesta como escritor es: seguir escribiendo, con tesón, con convicción, sin recato ni pudor alguno (salvo la curiosa costumbre de no usar malsonancias, o disimularlas con el uso de los puntos suspensivos). Y esta condición se filtra en su obra, y no sé a qué lector no le producirá empatía esa manera jocosa de referirse a ella, de lamentarse de sus precarias condiciones económicas, de la escasa asistencia a esos actos que Las bellas extranjeras (engañoso nombre atribuido al grupo de doce escritores rumanos que se pasean por París, entre eventos literarios de poco renombre) protagonizan. A sus pírricos y platónicos triunfos con las contadas admiradoras femeninas. Cada uno de sus párrafos, cómo enumera sus andanzas, cómo se regodea en su insignificancia, solamente agranda su condición de brillante cronista. Muy a tener en cuenta.

Más de Mircea Cartarescu en ULAD: Aquí

martes, 17 de septiembre de 2013

Mircea Cărtărescu: Por qué nos gustan las mujeres

Idioma: rumano
Título original: De ce iubim femeile
Año de publicación: 2006
Traducción: Manuel Lobo
Valoración: recomendable


Mircea Cărtărescu (conocido por su labor como poeta, narrador, novelista, ensayista y crítico literario, entre otras cosas) es uno de esos escritores que puede gustar, no gustar, resultar increíblemente bueno o soporífero, pero sin duda no deja a nadie indiferente. 

A pesar de que, en general, su prosa podría catalogarse dentro de la literatura fantástica (especialmente, su relato REM), en Por qué nos gustan las mujeres abandona momentáneamente este género para ofrecer una serie de relatos que, vestidos de falsa autobiografía (aunque, como él mismo afirma en la nota final, muchos de los personajes que aparecen en este libro son personas reales –convenientemente "alteradas", eso sí–), le llevan a reflexionar acerca de las mujeres y, por tanto, a escribir sobre ellas.

Más allá de tomar a la mujer como objeto de deseo o como figura de la maternidad (que suele ser lo habitual, desgraciadamente), Cărtărescu habla de ella como persona, como ser humano mortal, y para ello nos ofrece esta colección de narraciones en las que aparecen un sinfín de mujeres que, a veces, como personajes principales; a veces, como secundarios; y, a veces, como presencia no del todo "presente", se muestran como son: como cualquier otro ser humano, imposible de ser catalogado y reducido únicamente según su género.

Más allá de esta reflexión (y de esa no-del-todo-verdadera-ni-del-todo-falsa-autobiografía), el autor nos ofrece una serie de textos en los que vuelve a dar muestra de su trabajado estilo y de su envolvente prosa, al tiempo que muestra una refinada ironía con la que aprovecha para no tomarse a sí mismo demasiado en serio.

La única pega que podría ponerle a esta obra es que, por una parte, como ocurre en cualquier otra compilación de textos, no siempre resultan ser todos de la misma calidad (o, al menos, no todos terminan por parecernos igual de interesantes); y, por otra parte, la edición de este libro que ha llegado a mis manos es una edición ilustrada y las ilustraciones en cuestión dejan muchísimo que desear, lo que hace que el lector no sólo frunza el ceño cada vez que termina de leer un relato y se encuentra con una página ilustrada, sino que además le hace preguntarse qué pintan ahí esas ilustraciones y lo distraen de lo que realmente importa: leer los textos.

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lunes, 20 de septiembre de 2021

Baudoin: Travesti, de Mircea Cărtărescu

Idioma original: francés

Título original: Travesti

Traducción: Lorenzo F. Díaz

Año de publicación: 2007

Valoración: Muy recomendable


Si les ha parecido turbadora esa imagen la cubierta (feto gestado o deglutido por una enorme araña negra) no les cuento lo que viene después... pero sí, porque para eso estamos aquí, se supone. En esta novela gráfica el ilustrador Edmond Baudoin pone imágenes, y tal vez reinterpreta, la novela que en España se tituló Lulu (Travesti en el original) de Mircea Cărtărescu. Como ni he leído el original ni he querido ver comentarios sobre él hasta terminar el libro, me siento en libertad total para valorarlo sin prejuicios. Pero lo que está claro es que no ha de ser una lectura amable, ni siquiera pacífica.

Victor es un adolescente diríamos rarito: le gusta leer (tiene unos poemas de Rilke, y por ahí asoman Kafka y Cioran, así que ya ven que amenaza tormenta), está convencido, como otros tantos a su edad, de que en un cierto plazo escribirá el libro definitivo, alcanzando quizá profundidades desconocidas de la mente humana, y naturalmente huye de la ordinariez de sus compañeros, rechaza su diversión vacía, rehúye (hasta cierto punto, y hasta un punto quizás poco sano) el flirteo con las chicas, intenta disfrutar el silencio y la soledad… todo ello en un campamento de verano donde, claro está, todas esas vulgaridades alcanzan proporciones colosales. El chico se aferra a sus obsesiones y alimenta un mundo propio en el que se funden con recuerdos y pesadillas que no acierta a definir como reales o soñadas. Acecha la locura, y la perspectiva de escribir no está claro si es liberadora o da nueva energía a los monstruos.

Menudo panorama. Pero esto no ha hecho más que empezar, porque nuestro amigo Baudoin parece haber entendido muy bien el horror que se cuece en el cerebro de Victor, y lo interpreta con fidelidad escalofriante. Nada mejor que un dibujo expresionista brutal, en riguroso blanco y negro, para ilustrar las amenazas, la oscuridad, el frío de la soledad llenando imágenes pobladas de insectos, de sombras, figuras grotescas (se diría que traídas de la serie negra de Goya), muñecas inquietantes, cráneos y espectros, una hermosa estatua que parece contener un soplo de vida de algún tipo. He leído que este dibujante emplea con frecuencia el pincel, y se aproxima entonces a la pintura más que al cómic para presentar con más crudeza la devastación que vive el protagonista.  Pero es también capaz de reflejar la serenidad en dibujos de línea fina, muy básicos, sobre un blanco virginal, algo que deja caer en muy contadas ocasiones como para mostrar el contraste con un mundo posible, si no luminoso, sí al menos claro y estático.

Ese entorno furioso (quizá simplemente la duda y los temores de la adolescencia multiplicados por una sensibilidad extrema) termina de implosionar con la aparición de Lulu, un muchacho vital y excesivo con quien Victor entra en contacto en la fiesta final del campamento. Es una experiencia muy breve, puede que ni siquiera realmente sexual, pero que se incrusta como una lanza en la mente del protagonista. O cataliza ese torrente de miedo y demencia que el muchacho siente sobre sí. Porque ahí se mezclan muchas cosas, y todas ellas perturbadoras, tanto para el chico como para el lector: el sexo, claro, pero también algo parecido a un desdoblamiento de personalidad en el que confluyen el propio Victor (o un Victor doble,  adolescente y adulto) y la imagen de una niña no identificada (o sí). Lulu, que seguramente no es sino otro simple adolescente más o menos descerebrado, enciende la mecha con aquel incidente, encarna de alguna manera los horrores que Victor siente sobre sí, y despierta recuerdos quizá enterrados en el subconsciente. 

Muchas interpretaciones posibles, todas ellas desasosegantes, que se nos enredan como los hilos de la araña que preside el panorama. Como también podemos poner el foco en los sueños del artista adolescente que se siente distinto a los demás, creador, capaz de hundirse en mundos que los demás ni siquiera imaginan y que, pasados los años, comprueba con la desolación prevista cómo sus compañeros se sumergen en la vida burguesa, abandonando las utopías que quizá soñaron, sumándose al carril de la sociedad del que Victor siempre sintió la necesidad de escapar.

En esa desesperación, además de machacar al lector con las terribles imágenes a las que me refería antes, no sé hasta qué punto Baudoin entra y sale del texto original del Cărtărescu, quizá fundiendo las experiencias de Victor con las suyas propias. Es, como se puede deducir, un relato duro, sin concesiones y sin tregua, en el que no estoy seguro de si esas imágenes refuerzan la crudeza de la historia o si, por macabras que sean, terminan por distraer del argumento y por tanto, paradójicamente, diluirlo. Para tenerlo claro tendría que leerme el Lulu del autor rumano, que veo que tantas alabanzas suscita, pero la huella que ha dejado este Travesti me parece suficientemente profunda como para hurgar todavía un poco más. Por ahora.

La reseña sobre el original de CărtărescuLulu

viernes, 16 de noviembre de 2018

Premiados con el NOVEL de ULAD, primer puesto: Mircea Cartarescu: Nimic

Idioma original: rumano
Idioma de la edición: Edición bilingüe rumano/catalán.
Título original: Nimic. Poeme
Traducción: Xavier Montoliu Pauli
Año de publicación: 2010
Valoración: muy recomendable

En esta recopilación de poesías del autor rumano, ganador del premio Novel de ULAD 2018 según votación de lectores y reseñistas, Cărtărescu destaca por hacer poesía de las pequeñas cosas, buscando el encanto de la cotidianidad, la belleza en esos pequeños detalles que abundan en la vida de cada uno, si se tienen los ojos preparados y receptivos para verlos. De igual manera que Williams Carlos Williams (por poner un ejemplo conocido, más aun después de la película Paterson), el autor rumano se centra en lo particular, en lo aparentemente común, para destacarlo y darle su justo valor, siempre bajo su mirada, interpretando y observando la vida bajo el prisma de su experiencia, sus miedos y sus deseos, realzando la realidad cotidiana con un estilo accesible para todos los lectores, aunque sin apartarse ni un milímetro de la alta calidad propia del autor.

Así, con esta intención, la poesía de Cărtărescu no está adornada en exceso de florituras, incluso diría que, a pesar de ser poesía, su estilo es incluso más accesible que su prosa, menos arriesgada, más sencilla en apariencia; tal es así, que encontramos a menudo referencias a marcas de ropa, de coches, o incluso centra un poema en torno a un amor imposible hacia Natalie Wood; también aparecen frecuentes referencias a la música, muy presente en la obra cuando menciona a The Beatles o a The Dire Straits, incluyendo en partes de sus poemas fragmentos de canciones, nutriéndolos de sus letras directamente en inglés. Así, acercando la poesía también al lector no acostumbrado a este estilo literario, el autor sabe crear el ambiente para sorprender con su poesía libre, trazando un esbozo de realidades escondidas tras los hábitos de la cotidianidad. Por eso su poesía es bella, pues no requiere de un esfuerzo para entenderla; en ella nos podemos sentir identificados y nos llega de manera natural, casi sin pretenderlo.

Además de lo expuesto, y ya entrando en profundidad y si se conoce la obra del autor, este libro se disfruta también a otro nivel, pues además de la belleza de sus poemas, uno goza enormemente viendo en él los rasgos del Cărtărescu que vendría después, pues ya asoman en sus poemas las tendencias hacia lo onírico y su interés por la anatomía, aspectos muy propios del autor. Así, vemos esos rasgos en algunos versos de sus poemas al decir «sol de invierno, aire limpio, nubes sin sistema nervioso» (siempre esas notas de anatomía, como canal a través del cual penetrar en los sentidos, como un camino que nos conduce a nuestro interior), en un fragmento que podemos encontrar en el poema «Sol de invierno». También aparecen los habituales insectos, como cuando dice «bajo el radiador, un gran escarabajo negro mueve la pata y una antena, como yace de espaldas, medio liquidado» (en «Me parece que vivo la vida») o también en «todo es romper el capullo, convirtiéndose en mariposa» en «Hacia el Mihai Viteazul», en una cita a Thomas Mann.

Viniendo del autor rumano, y como no puede ser de otro modo en él, las poesías giran, a menudo, en torno al amor y al desamor, y el autor nos las narra desde esos pequeños espacios en los que vive, y a los que nos tiene acostumbrados tras la lectura de Solenoide o Cegador. La tristeza que destila el estilo de Cărtărescu asoma en sus poemas, afirmando «Triste (porque ya no creo más en el amor, en la poesía…)» en «Hacia el Mihai Viteazul» o cuando afirma «enloquezco de tristeza, no hay nadie en mi vida» en «Hojas verdes, luces de tránsito»; y la habitual soledad que transmite la literatura del autor, al escribir «tanta soledad feliz me has dado, Dios mío», en el poema «Cuando nieva, cuando nieva y nieva...»), esa soledad que transmite encerrado en su diminuto hogar y, siempre, dirigiendo su poética mirada hacia las ventanas de su piso, esas ventanas a un mundo del que intenta atisbar su significado, buscando una salida, afirmando que «por la ventana veo otros bloques encogidos y mojados» (en «Estoy tan triste») o también «En la cortina de la ventana un rectángulo dorado — nada más que el sol al crepúsculo. Miro hacia fuera: el sol quema por encima de unos bloques…» (en «Impresión») o «he pegado la frente al cristal, como en la adolescencia, he mirado todo lo que podía ver desde aquí» (en «De repente el otoño»).

Así, desde esas ventanas, con sus vistas a Bucarest, entre la nostalgia y la esperanza, y cierta añoranza a una ciudad que le antoja triste, decadente, abatida, afirmando que «estoy desproveído del amor, de enamoramiento en las espléndida suciedad de la ciudad» (en «Tristeza idimenticable»), pero nunca olvidando su amada Bucarest, siempre presente en su obra, en una clara declaración de nostalgia al mencionar «agosto sobre Bucarest como la mantequilla sobre el pan, como el hombre encima de la mujer», en «Tristeza idimenticable».

En resumidas cuentas, un libro más que recomendable para los numerosos seguidores del autor rumano, pues en él verán muchos rasgos característicos de la obra del autor que potenciaría y sobre los que profundizaría en sus novelas posteriores; no en vano, fue después de los poemas incluidos en esta recopilación que el autor se volcaría definitivamente a la novela y a la prosa, con la publicación de Nostalgia en 1993, manteniendo en sus relatos prosísticos el tono poético que siempre le ha acompañado. Pero no se trata únicamente de un libro para los numerosos fans de Cărtărescu, sino también para aquellos que desconozcan la obra del autor, pues el libro también es recomendable por la calidad propia de su literatura, por la búsqueda y exploración de la proximidad de lo narrado, por la cercanía emocional que despiertan sus versos, y por la profundidad escondida bajo un manto de aparente sencillez. Un acierto de la pequeña editorial Lleonard Muntaner Editor que espero que tenga traducción al castellano algún día, pues los fans de Cărtărescu, y la literatura en general, se lo merecen.

También de Mircea Cărtărescu en ULADEl ojo castaño de nuestro amorSolenoideEl LevanteLas bellas extranjeras¿Por qué nos gustan las mujeres?LuluNostalgiaEl ruletista, El ala izquierda. Cegador I

viernes, 3 de octubre de 2025

Mircea Cărtărescu: Dietarios 1990-2017. Una selección

Idioma original: rumano
Título original: Jurnal. 1990-2017
Traducción: Xavier Montoliu Pauli (traducción al catalán para Lleonard Muntaner). Sin traducción al castellano hasta la fecha.
Año de publicación: 2024
Valoración: imprescindible para fans


Ardua empresa la que aquí se me presenta: reseñar un dietario ya es una tarea harto difícil, pues para conseguir algo de coherencia y sentido uno se debería meter en la piel (o la cabeza) del autor. Si ya esto, de por sí, supondría un reto ingente, hacerlo en el caso de mi admirado Mircea el desafío es colosal, pues si su obra es extremamente enrevesada y críptica, su cerebro (origen y manantial de su escritura) no lo es menos. Pero bueno, ya que aquí estamos, adentrémonos en el mundo onírico de Cărtărescu.

Afirma Sam Abrams en el prólogo que esta obra se trata de un ejemplar casi único pues su traducción al catalán es la única existente aparte de la traducción al sueco. Este dietario seleccionado y publicado consta de una recopilación (antología) de algunas de las entradas escritas entre 1990 y 2017. Así, Cărtărescu empezó este dietario el 17/9/73 cuando tenía diecisiete años y sigue escribiéndolo hoy en día de manera que ya tiene más de cincuenta años de recorrido y que solo finalizará con su muerte (o al menos esta es la intención). Ya el propio autor reconoce este dietario como su obra más importante, pues «se trata del punto de partida de todos mis escritos» y, por tanto, asevera que se trata de «mi obra más importante. Es extraordinariamente complicada. Es una auto entrevista hecha a lo largo de diecisiete años. Es el tronco de mi árbol. Mi obra son las ramas. Los diferentes libros son los frutos. Es fundamental para mi obra. Es el centro de mi escritura». Y, de hecho, una vez leído de forma íntegra constato que así es porque el eje central de su vida es su obra, pero más allá del proceso de escritura o de la temática: el centro nuclear del autor es cómo encara la creación, cómo toda su manera de vivir y pensar es plasmada posteriormente en sus libros. Así, sus delirios, sueños, ilusiones y episodios oníricos, sexuales, anatómicos y orgánicos son presentes también en sus propios sueños, en sus pensamientos, en su manera de ver y entender el mundo. Solo así, desde una mentalidad tan holística del mundo ilusorio se puede entender cómo un autor puede tejer una obra (en general) tan compleja y extensa, tan profunda e inquietante, pero a su vez tan rica y desbordante en calidad y en ambición.

Ya el autor confiesa y reconoce su talento y lo empareja con el deseo (casi necesidad) de trascender, pues ya en la primera entrada del diario, el 1 de enero de 1990, afirma que «el 1989 ha sido un fracaso en cuanto a lo que ha escrito (no me ha salido nada. Todo lo escrito está muerto)». En paralelo al análisis sobre sus textos, y de manera puntual y tangencial, Mircea también comenta a menudo la situación política y social del momento, como cuando afirma el 10/1/1990 que «ahora vemos que la destrucción del antiguo (aunque cercano en el tiempo) régimen ha sido la primera etapa, explosiva, de la revolución, y que ahora vivimos la Segunda, igual de peligrosa. La lucha tiene que ganarse por todos sitios y a todos los niveles, por gente honrada y competente».

El libro está repleto, como no puede ser de otra manera hablando de Cărtărescu, de frases ambiciosas, grandilocuentes, pero también derrotistas, pues su ambición y talento le exigen a menudo cotas muy elevadas de calidad literaria hasta el punto de abandonar trabajos ‘menores’ en aras de su proyecto vital, pues, tal y como asevera, «mi única razón de existir (y la única de ser feliz) es la escritura». Por ello, ya en 1990 el autor abandona su trabajo en una revista porque «mi objetivo no es la notoriedad ni tampoco la posición social, es la literatura. No tan solo sé de qué viviré. Alcanzaré a tocar de nuevo la pureza del artista verdadero, que evita el contacto con los otros, que se escucha y se comprende a sí mismo» siendo a su vez consciente de que el mercado literario rumano es limitado, conocido y ya explotado, así que marca claramente sus «dos objetivos con prioridad absoluta: 1. Escribir. 2. Publicar fuera. En el mundo literario de aquí ya no queda mucho por hacer».

Por todo ello, y a lo largo de sus casi quinientas páginas en letra pequeña, su lectura nos confirma que los dietarios de Cărtărescu son una lectura imprescindible para los amantes de la obra del autor rumano, pues en ellos uno se adentra en sus pensamientos más personales centrados a menudo sobre su creación (que comenta a medida que la va escribiendo compartiendo sus impresiones “en tiempo real”), pero especialmente para conocer lo que pasa por la mente de este genio, sus inquietudes, sus dudas como escritor y sobre su resultado, su gran ambición y la necesidad imperiosa de construir una obra inmensa, amplia y ambiciosa, que tropieza una y otra vez con una autoexigencia mayúscula que le impide avanzar, forzándole una y otra vez a demostrarse a sí mismo que es capaz de plasmar lo que su cerebro ve e imagina. Su colosal talento exuda en esta obra en la que se entrevé una personalidad crítica y autoexigente, pero de una capacidad literaria inusual y prodigiosa a la vez que compleja y de la que el autor es plenamente consciente cuando afirma, en pleno proceso de escritura de «Cegador» que «no hace ni tres años que estoy escribiendo esta locura y todavía no sé si es esquizofrenia hebefrenética, parafrenia o búsqueda de la belleza en la escritura», reconociendo a su vez que duda que alguien lea más allá del tercer volumen, por su complejidad y fragmentarismo o cuando, teniendo en la cabeza la idea de escribir un libro sobre Theodor desde los años noventa, tal es su obsesión y su ambición que le lleva treinta años ponerse a ello pero no cede en el empeño hasta publicarlo.

Ya para terminar, y tal y como afirma el autor: «no podemos descifrarnos a nosotros mismos, igual que un jeroglífico no puede leerse a sí mismo. Estamos hechos para ser leídos por alguien otro». Y justo ahí es donde entramos nosotros al tener en manos esta pequeña joya: la abertura a una de las mentes más prodigiosas del mundo literario a través de sus propias palabras y pensamientos. Una lectura que, no sé si conseguirá que descifremos su enigmática mente, pero sí que nos acercará como lectores a un ser que, como gran parte de su obra, parece de otro mundo.

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sábado, 11 de julio de 2015

Mircea Cărtărescu: El Levante

Idioma original: rumano
Título original: Levantul
Año de publicación: 1990
Valoración: Raro

Como llevo en este blog desde el principio, y ya debo de haber publicado algunos centenares de reseñas, me puedo permitir usar valoraciones que se salen de la escala "Imprescindible - Muy recomendable - Recomendable", etc. Porque, la verdad, El Levante de Mircea Cărtărescu me ha dejado una sensación parecida a la de algunas novelas de Pynchon: la de que he asistido a una broma privada que no he terminado de entender del todo, y puedo o bien quedarme sonriendo como un tonto, como si la hubiera entendido, o bien decir: "pues no lo pillo" y arriesgarme al ridículo y la humillación.

En realidad, no es que no entienda de qué va El Levante: es una especie de recreación posmoderna de las epopeyas clásicas, de las novelas bizantinas de aventuras o de los poemas épicos románticos, aplicados a la nación rumana en un momento en el que esta estaba todavía bajo el régimen de Ceaucescu y en la que una épica de liberación nacional tenía por lo tanto un significado añadido. Así, en El Levante tenemos un héroe, Manoil, que busca regresar a su patria, y que en el camino se encuentra con piratas, ladrones, gitanos, diosas aladas, esferas mágicas y multitud de aventuras contadas en prosa y en verso (al menos en la versión ahora publicada, en traducción de Marian Ochoa de Eribe, por Impedimenta).

Mi problema es que este argumento de aventuras bizantinas no ha conseguido atraparme, me ha resultado completamente ajeno, y aunque sé reconocer lo que tiene de magnífico ejercicio de libertad creativa y de imaginación deslumbrante, no le he terminado de entender la gracia. Quizás existan juegos literarios, poéticos, históricos que a mí se me escapan; tal y como está, confieso que algunas páginas las he leído por encima, y muchos de los poemas no he sabido apreciarlos, ni siquiera como posible parodia del estilo ampuloso de las épicas nacionales.

Así, las partes del libro que más me han gustado, y con las que me he sentido más identificado, han sido las más posmodernas: aquellas en las que el autor habla al lector, muestra la tramoya del proceso de escritura (su máquina de escribir Erika en la cocina del pequeño apartamento que comparte con su mujer); aquellas partes en las que juega con las referencias anacrónicas o hace que los propios personajes sean conscientes de su carácter ficticio... Toda esa autoconsciencia del texto, que está, claro, ausente de los modelos literarios que El Levante parodia, es lo que la hacen más valiosa a mi parecer.

En fin, no sé si recomendaría este libro. Es una rareza, una de las creaciones más originales que he leído en mucho tiempo, y estoy casi seguro de que nunca habría llegado a traducirse al español si no llega a ser por el éxito del resto de las obras de Cartarescu. Sugiero que lo compren los que ya hayan leído y admirado otras obras del autor rumano (como Las bellas extranjeras o Nostalgia, por ejemplo); o aquellos que aprecien las bromas literarias ligeramente pedantes, aunque no terminen de entenderlas.

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domingo, 6 de abril de 2014

Zoom: El Ruletista de Mircea Cărtărescu

Idioma original: rumano
Título original: Ruletistul
Año de publicación: 1993
Valoración: Muy recomendable

En realidad, con esta reseña estoy haciendo ligeramente trampa, porque Izas ya reseñó Nostalgia, el volumen de relatos en el que está incluido este del que vengo a hablar hoy; pero me decido a escribir este zoom por dos motivos: primero porque la reseña de Izas no hablaba en concreto sobre este cuento, que me ha parecido más que notable; y además porque Impedimenta, por motivos literarios y también quizás comerciales, ha decidido publicar "El Ruletista" separadamente, con un breve prefacio de la traductora, Marian Ochoa de Eribe. (Se puede alegar, en defensa de esta decisión mía y de Impedimenta, el que de hecho El Ruletista fue censurado por el régimen de Ceaucescu en la primera edición de Nostalgia, inicialmente titulado El Sueño, lo que hace que el relato gane una vida propia diferente de la del resto del volumen).

Confieso que en las primeras páginas del relato pensaba que me iba a decepcionar: el texto comienza con la presentador del narrador, un anciano amargado que reflexiona sobre la vida, la muerte, la vejez y la escritura. "Vaya", he pensado, "si esto es Memorias del subsuelo..." Estas primeras páginas incluyen también la transcripción de un sueño del narrador, algo que, según me entero gracias a la introducción del libro, es algo característico de Cărtărescu y de otros escritores de su generación. Vamos, que no me estaba enganchando demasiado, aunque se veía que lo mejor estaba por llegar

Y efectivamente el relato cambia radicalmente cuando entra en escena el Ruletista: un despojo más que un hombre, dispuesto a arriesgarse a perderlo todo cada noche, y capaz de ganar, siempre, cada noche, en su apuesta con el azar y el destino. A partir del momento en que se nos presenta el personaje principal, el relato se convierte en un crescendo magníficamente llevado, que atrapa y cautiva hasta el desenlace, tan inesperado como necesario, y que hace que las 56 páginas que tiene este librito se hagan cortas.

El narrador vuelve a primer plano en las últimas páginas, para dar todavía una vuelta de tuerca a sus reflexiones iniciales sobre la vida, la muerte, la vejez y la escritura, pero esta vez ya no resulta cansino sino pertinente. No sé si el relato habría sido mejor o peor con un narrador menos intrusivo que este; lo que sí sé es que tal y como está, el cuento resulta redondo.

Vamos, que los lectores tienen dos opciones: o comprarse este relato publicado independientemente, o, por un poco más, comprarse Nostalgia y leer todo el volumen; lo que está claro es que, de una forma o de otra, no deberían dejar de leer a Cărtărescu.
 
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domingo, 17 de febrero de 2013

Mircea Cărtărescu: Lulu

Idioma original: rumano
Título original: Travesti
Año de publicación: 1994
Valoración: imprescindible


Que nadie se fije en el título de este libro. Ni en el original (Travesti) ni en el que ha recibido la edición española (Lulu), no valen ninguno de los dos, pues cualquier cosa que nos inspire o que nos haga imaginar cualquiera de los títulos no tendrá nada que ver con la historia que se cuenta en este libro. O tal vez sea eso, precisamente, lo que pretende el autor: que iniciemos la lectura con una idea equivocada y así él pueda reventarla con la historia que realmente desea contar...

De cualquier manera, Lulu es un libro que no dejará indiferente a nadie. Es un texto extremo (o, como dice Carlos Pardo en su introducción, una "experiencia límite") y, por tanto, habrá quien lo adore y quien no lo soporte. Yo me incluyo en el primer grupo y no sólo puedo decir que ésta es una obra que me ha gustado, sino que la considero imprescindible en cualquier biblioteca y al mismo tiempo me arrepiento de haberla leído, porque voy a exigir a cualquier cosa escrita por Cărtărescu que lea a partir de ahora lo mismo que he experimentado en Lulu, y no sé si eso va a ser posible.

La historia que nos presenta Lulu es la de Victor, un adolescente solitario concentrado en leer y escribir, consciente de que un día sería escritor, de que escribiría la Gran Obra y de que, por tanto, estaba muy por encima de todo lo que parecía importar a sus compañeros de instituto (el sexo, el alcohol, fumar, drogarse, la música...). Claro que entre sus compañeros está Lulu, un chico que aparece y desaparece y que turba a nuestro protagonista hasta un punto que ni siquiera él puede soportar. Y también está el Victor adulto, un hombre de treinta y cuatro años, escritor conocido y respetado, que se ha encerrado a escribir qué pasó cuando tenía diecisiete años, qué hizo Lulu con él y por qué tiene que adentrarse en lo más profundo de su mente para descubrirlo y poder ser libre.

Por tanto, podemos decir que Lulu es, en realidad, un viaje a las profundidades de uno mismo, una experiencia en la que (como dijo Giorgio Manganelli en La ciénaga definitiva) uno sabe cómo entrar pero de la que no todos consiguen salir. Y Cărtărescu logra entrar y logra salir, y nos ofrece al final una obra tan onírica como realista, desasosegante, imaginativa y brutal, con una prosa absolutamente medida en cada término y cada giro, pero al mismo tiempo salvaje y sucia, que dibuja un texto en el que todo es posible y que obliga, en ocasiones, a releer para poder estar seguros de que no se nos ha pasado nada.

Y es que Lulu es también el retrato de una obsesión, del malditismo adolescente, de la aceptación de la madurez y de todo aquello que nos angustia cuando nos quedamos solos y no tenemos más remedio que enfrentarnos a lo que somos.

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lunes, 17 de septiembre de 2018

Mircea Cărtărescu: El ala izquierda. Cegador, I

Idioma original: Rumano
Título original: Orbitor. Aripa stângă
Año de publicación: 1996 (Rumanía) - 2018 (edición de esta reseña)
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Valoración: Imprescindible


La imagen de un adolescente enfermizo y ojeroso contemplando, "como un sarcopto que excava canales en su piel de luz antigua", su propio reflejo y la ciudad de Bucarest desde la ventana de su habitación abre este primer volumen de la monumental trilogía “Cegador” y da una idea general de lo que en el encontraremos.

Porque “El ala izquierda” es un libro que parte del extrañamiento de uno mismo, una especie de autobiografía mítica, una profunda indagación en la propia identidad en la que memoria, recuerdo y nostalgia juegan un papel fundamental. Es, además, un paseo por un laberinto de espejos en un continuo realidad-alucinación-sueño separadas por membranas permeables, un libro tremendamente metafórico, plagado de imágenes y símbolos, de miedos atávicos y ritos ancestrales.

También podríamos definir “El ala izquierda” como el intento desesperado de responder a una pregunta tan sencilla y tantas veces planteada como “¿qué demonios sucede?”. Para averiguar qué sucede, quiénes somos o cómo hemos llegado hasta aquí, se hace necesario excavar en el pasado porque “el pasado lo es todo, el futuro no es nada. No existe otro sentido del tiempo”.

En esta excavación (utilizo excavación porque me recuerda a esos insectos tan recurrentes en la narrativa de Cărtărescu), el autor se remonta a los orígenes familiares casi míticos, con la huida (con tintes bíblicos) de sus antepasados desde Bulgaria a Rumanía.

Esta crónica familiar se detiene, en la segunda parte del volumen, en la figura materna. Esta parte de la narración es, digamos, la más convencional. Estamos en la sombría Bucarest de la Segunda Guerra Mundial y de posguerra y podría leerse como una novela de formación en la que asistimos a episodios clave de la juventud de la madre; episodios marcados por la guerra (bombardeos), la muerte, la devastación y el sexo. No obstante, también esta parte tiene sus momentos oníricos, como la historia del negro Cedric en Nueva Orleans o el turbador encuentro con una mujer encerrada durante años en una cabina de ascensor (y hasta aquí puedo leer).

La tercera y última parte de “El ala izquierda” parte de un recorrido por la Bucarest de los años 80, un Bucarest que se asemeja por momentos a míticos territorios literarios, y se centra en la figura del solitario y melancólico Cărtărescu, quien vuelve a sus recuerdos de infancia y adolescencia, recuerdos marcados por el descubrimiento del sexo y de mundos ocultos y desconocidos, como el de la azotea de la casa de Stefan cel Mare, en permanente metamorfosis. 

Estamos, en resumen, ante un libro crepuscular, grotesco y fascinante como el universo y como la mente humana, a medio camino entre la lucidez y la perversidad, con terribles analogías entre lo individual y lo total. Como decía al comienzo de la reseña, se trata de un libro muy metafórico (mucho),  que deja abiertas multitud de preguntas, multitud de dudas, y que, pese a todo, se lee con "relativa" facilidad. Porque si algo caracteriza la prosa de Cartarescu, además de su capacidad para reflejar los miedos y deseos más profundos e inconfesables del ser humano de cualquier época y lugar (y aquí vienen a la mente nombres como el de Kafka, Borges o Proust), es el ritmo. Creo que Cartarescu es un autor muy marcado por el fondo de sus textos y se nos olvida valorar que, pese a la complejidad de los mismos, su escritura resulta terriblemente absorbente y ágil.

Un único pero: ¡tenemos que esperar un año y medio para la segunda parte de "Cegador"!

P.S.: Lo dije en la reseña de "Solenoide" y lo vuelvo a decir: es algo totalmente subjetivo, pero el trabajo de Marian Ochoa de Eribe me parece complicadísimo e impecable.

jueves, 2 de abril de 2020

Mircea Cărtărescu: El cuerpo. Cegador, II

Idioma original: Rumano
Título original: Orbitor, Corpul
Año de publicación: 2002
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Valoración: Muy recomendable

Decíamos en la reseña de El ala izquierda, primera parte de la trilogía Cegador, que “el pasado lo es todo, el futuro no es nada". No existe otro sentido del tiempo”. Tiempo, memoria, recuerdos y sueños son también el centro de El cuerpo, ligados (cómo no!) al cambio, ya sea individual o colectivo, y representados por la omnipresente mariposa, clara metáfora del mismo.

Tiempo, memoria, recuerdos y sueños que nos unen a otros seres (conocidos o desconocidos), a otros lugares (Nueva Orleans, Amsterdam, Tántava…), a otros tiempos (cien años atrás, quince años atrás, ayer, hoy…) y que forman, de manera a veces incomprensible para nuestro entendimiento, las sucesivas capas de nácar que nos componen a través de sueños ya soñados, de vidas ya vividas.

Así como en El ala izquierda el viaje nos trasladaba (en términos generales, eso sí) a la prehistoria de Mircea, autor de este libro ilegible (o, en palabras del narrador, un embrión engendrado en el útero triste de mi cráneo y de mi habitación y de mi mundo), y se centraba en la figura materna, en Cegador el viaje nos traslada principalmente a la infancia de Mircisor, a finales de la década de los 50 y principios de los 60 (aunque también con un pie en los años 80) en Bucarest, la ciudad más triste del mundo.

Pese a que en la primera de las tres partes de este El cuerpo reconocemos a Vasile Badislav, protagonista de la semibíblica huida de El ala izquierda o a Maria, también miembro de la tribu “primigenia” y protagonista de una bella y feérica historia, el núcleo central de El cuerpo reside en un Bucarest gris, absurdo y brutal, que es al mismo tiempo la puerta hacia otros posibles mundos, reales o imaginarios. Jugaremos aquí con la imagen de las alfombras tejidas por Maria, madre de Mircea, cuya capacidad de penetración le llevarán a un incidente descabellado con la Securitate. Y es que El cuerpo es una de esas alfombras capaces de contener todos los mundos y todos los cuentos y de ser para quien las teje una vía de escape de una realidad gris y deprimente. Encontramos en el una serie de historias, costumbristas y/o oníricas, y de personajes unidos por hilos tan tenues como los de las telarañas que pueblan las páginas del libro. Historias a medio camino entre lo costumbrista y lo onírico como la del fascinante e incongruente Herman, vecino vagabundo y clarividente de Mircea, o la de la artista de circo rusa llamada Katarina; historias puramente oníricas como la de Soile, niña delicada y carente de voluntad que nació con una tarántula por corazón, o la del también circense Vanaprashta Sannyasa; historias costumbristas, y por ello a medio camino entre el absurdo, la tristeza y el deslumbramiento / descubrimiento, como la de la Maria tejedora de alfombras, la del Mircisor pionero o la del securista Stanila.

Se cierra El Cuerpo con la que será una historia clave para la comprensión de El ala izquierda y El cuerpo (y supongo que para El ala derecha), una historia en la que vuelven a unirse lo costumbrista y lo onírico (con mayor peso de esto último). No doy más pistas.

Dicho todo esto, creo que quien no consiguiera entrar en su momento por el aro de Solenoide o de El ala izquierda tampoco lo hará con El cuerpo. Se trata de un libro con muchísimos elementos comunes a los dos anteriores, con buena parte de sus virtudes y con alguno de sus posibles “defectos” acentuados.

En cuanto a las virtudes, destacaría por encima de todos las siguientes:
  • El ritmo. Pese a la densidad de la escritura de Cartarescu, la narración fluye a un ritmo vertiginoso. Creo que Cartarescu es un magnífico contador de historias. Pero el mérito también ha de recaer, al menos en parte, en Marian Ochoa de Eribe, traductora habitual del bucarestino .
  • La parte “costumbrista”, historias magníficamente narradas que reflejan de forma al mismo nostálgica y desmitificadora el mundo perdido de la infancia.
  • La parte “filosófica”, esa en la que Cartarescu indaga sobre lo humano y lo divino
Y en cuanto a sus defectos, esta vez me ha dado la impresión de que alguna de las historias puramente oníricas estaban demasiado estiradas, que pecaban en cierto modo de reiterativas y que no aportaban demasiado al conjunto. Quizá esto último sea producto de la situación en la que nos encontramos, que le impide a uno concentrarse como es debido; quizá sea que he cometido la temeridad de releer antes El ala izquierda y casi 1000 páginas de Cartarescu “del tirón” sean “demasiado”. No lo sé, pero quizá no le hubiera sentado mal una pequeña poda a esa parte.

Pese a esto, las virtudes superan con creces a los posibles defectos y El cuerpo no decepcionará a los seguidores de Mircea, quien para mi es el mejor escritor vivo del mundo. He dicho.

lunes, 17 de diciembre de 2018

LO MEJOR DEL 2018, SEGÚN ULAD, MODESTIA APARTE

Juan G. B. dice: 

Oriol Vigil dice:

Koldo CF dice:
Ha sido, para mi, el año de los autores latinoamericanos. Aquí la lista:

Francesc Bon opina:
No ha sido un buen año. Mis preferencias siguen inamovibles y nadie les hace sombra y alguno ya debería. Y un desastre solo recordar leer autores españoles o estadounidenses. 
  • Mi mejor lectura del año: El viaje vertical, de Vila-Matas 
  • Novedades que salvo, y mucho: Las posesiones, de Llucia Ramis 
  • Te gustará si votaste o piensas votar a Vox: Ordesa de Manuel Vilas. (Esto es una broma muy del momento, ni siquiera comprendería que le gustara a alguien, y los que votan a Vox ni leen libros ni leen blogs literarios, seguro) 
  • Hartito de darles más oportunidades: Trueba, Amat, y otros involucrados en el socavón que se abre bajo lo que fue antes Anagrama. 
  • Propósitos de año nuevo que caerán seguro: Barth, Gaddis, Vollmann. Y ya que otros toman gustosos el relevo de la actualidad, re-lecturas a manta. 

Carlos Andia sentencia:
  • Lo mejor del año: las relecturas de Lorca (Bodas de Sangre / Yerma) y Carpentier (El siglo de las luces)
  • Narrativa: quizá Lectura insólita de 'El capital', de Raúl Guerra Garrido, porque el nivel, la verdad, no ha sido muy espectacular 
  • Descubrimientos: Antonio Di Benedetto (Zama), y la faceta literaria de Henri Michaux (Un bárbaro en Asia)
  • Reconciliación con, y por lo tanto reapertura de puertas a: Michel Houellebecq (gracias a El mapa y el territorio)
  • Ensayo: entre bastante igualdad, finalmente me decanto por Jean-Yves Jouannais (El uso de las ruinas, reseña dentro de poco) 
  • Clásico: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne 
  • Experimento: Me acuerdo, de Georges Perec (reseña también en unos días) 
  • Decepciones: varias, moderadas, quizá la más fastidiosa, por los elogios que arrastraba, Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón 
  • Intenciones: un hipertocho que llegará pronto, volver a Di Benedetto, quizá a Sabato, cosas interesantes... y, sí Koldo, Cartarescu también. 

Montuenga contribuye: 

Marc Peig opina:

Carlos Ciprés añade:
Y que en los próximos meses Ustedes gocen de sus lecturas. 

Beatriz Garza estima:
  • Autor descubrimiento del año: Margaret Atwood 
  • Novela(ZA) descubrimiento del año injustamente olvidada: Primera sangre de David Morrell 
  • Clásico del año: Marianela de Benito Pérez Galdós 
  • Novela (que como no podía ser de otra manera, supera a la película) del año: Tomates Verdes Fritos de Fannie Flagg 
  • Relectura provechosa del año: Las hermanas Grimes de Richard Yates 
  • Lectura LGTBI del año: La chica danesa de David Eberhoff 
  • Objetivos cumplidos del año: Lectura y reseña de novela gráfica 
  • Conceptos aprendidos del año: La diferencia entre "literatura" y "producto literario". El género del ciclo cuentístico
  • Objetivos para el año que viene: me abstengo, que luego me siento fatal. 

Santi concluye: