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sábado, 26 de octubre de 2024

Georges Bataille: Madame Edwarda

Idioma original: francés

Título original: Madame Edwarda

Traducción: Salvador Elizondo

Año de publicación: 1937

Valoración: Rarito, curioso


Mira que en general me gustan los libros raros, me atraen, y en este blog hay algunos ejemplos, cosas que se han escrito para romper moldes, buscar caminos sin explorar. Pues puedo afirmar que este Madame Edwarda podría entrar en el top 10 de los textos más extraños que he leído nunca.

Es raro mi ejemplar, el libro físico (aclaro que no es el de la imagen), comprado a un vendedor de viejo . Edición mexicana de 1977, tiene setenta y una páginas, de las que treinta y siete las ocupan un prólogo de Salvador Elizondo, siempre metido en estas movidas, y un prefacio del propio Bataille dirigido a Pierre Angélique, el seudónimo que utilizó para esquivar la polémica en las primeras ediciones. Es decir, quedan para el relato apenas treinta y cuatro páginas, ninguna de las cuales llegará a quedar ocupada siquiera en su mitad. Por si fuera poco, cuenta mi pequeño volumen con un exlibris del puño y letra del pintor Vicente Roscubas, aunque le faltan, ya sería la leche, los varios grabados que nada menos que René Magritte elaboró para este texto.

Extraño es también el autor, Georges Bataille, de cuya filosofía dice Elizondo que es imposible una exposición razonada, lo cual es algo tranquilizador, aunque se esfuerza el escritor mexicano en aportar algunas ideas. Bataille es uno de esos tipos de principios del siglo XX que tocaba los asuntos más sensibles, o mejor, los destripaba sin cortarse ni un poco: el misticismo, el sexo y la muerte iban en el mismo lote, y hasta parece que quiso fundar una especie de secta en la que se pretendían ofrecer sacrificios humanos. La verdad es que estos tres campos, aunque en una medida algo más civilizada, también los vemos relacionados en algunos otros autores, desde el marqués de Sade hasta gente mucho más moderna pero, visto el panorama, tampoco creo que sea cuestión de intentar profundizar más por ese camino.

Con estos antecedentes, el texto en sí de Madame Edwarda tampoco le va a la zaga en materia de rareza. Con esas treintaypocas páginas mediadas podríamos hablar de un relato corto, pero es más bien un esbozo, que el mismo narrador duda de si tendrá continuidad. La madame que aporta el título regenta un prostíbulo y el narrador es su cliente, que le elige entre la oferta disponible. El tipo parece en principio algo descolocado aunque es evidente que visita con frecuencia locales parecidos. Tras alguna escena de sexo explícito más bien turbio, identifica a Edwarda con Dios, no se sabe si movido por el éxtasis o por algún tipo de mortificación, pero en todo caso parece que bastante en línea con algunas de las ideas erótico-místicas que profesa el autor. 

Si me extiendo un poco más acabaría reproduciendo el contenido completo, porque tampoco hay mucho más, aparte de una escena final algo más larga y también de alto voltaje sobre la que, si no tenemos nada mejor que hacer, se podría elucubrar un rato. Naturalmente, no es una narración normal, sino una sucesión de flashes, alguno de los cuales, no muchos, pueden sonarnos a surrealismo, ideas a medio formular sobre el placer y el dolor, e imágenes a veces sugerentes, a veces brutales, en las que la temperatura se mantiene siempre en el nivel de ebullición. 

No sé si esto es un juego o la representación plástica de la peculiar filosofía del señor Bataille, y tengo la duda, que espero que Oriol me pueda aclarar, de si esto puede considerarse bizarro en sentido literario. Es extraño, es diferente, puede hacer reír o dar cierto repelús, son unos minutos de inmersión en el mundo de este autor, que perfectamente se puede calificar de sórdido, pero al que también se le pueden encontrar algunas lecturas más. Pero ojo, veamos la advertencia inicial, algo que podría ser una poesía, una amenaza o una broma:

‘Si tienes miedo de todo, lee este libro, pero, antes que nada, escúchame: si ríes, es que tienes miedo. Te parece que un libro es una cosa inerte. Es posible. ¿Y sin embargo, como suele suceder, tú no sabes leer? ¿Deberías temer…? ¿Estás solo? ¿tienes frío? ¿sabes hasta qué punto el hombre es ‘tu mismo’? ¿imbécil? ¿y desnudo?'

Se podrían dedicar horas a pensar, debatir y escribir muchas cosas sobre lo que Bataille esconde tras el pequeño disparate de este librito, probablemente haya quien lo ha hecho. Por mi parte me limitaré a dejar constancia de que existe y de que también es bueno echar de vez en cuando un vistazo a cosas que se salen de lo normal.

Ah, y acabo de enterarme de que allá por los 80 hubo un grupo japonés que rulaba bajo este nombre, Madame Edwarda, en plan after-punk o cosa parecida, bastante en la línea.

También de Georges Bataille en ULADHistoria del ojo

viernes, 20 de octubre de 2023

Gary J. Shipley: Los inamovibles y otros relatos de atrocidad, deformidad, horror y depresión

Idioma original: Inglés
Traducción: Federico Fernández Giordano
Año de publicación original de los relatos: 2015, 2017, 2018, 2019
Valoración: Recomendable para raritos

La editorial Holobionte incluye, en un volumen recopilatorio, la novela corta Los inamovibles (2017), dos piezas experimentales y dos relatos. Ninguno de estos textos de Gary J. Shipley se habían traducido al español hasta ahora.

Los inamovibles trata de una familia que encuentra, de la noche a la mañana, a la «madre-esposa» petrificada. ¿Está muerta? ¿Por qué sirve de fuente de nutrición de los suyos? Esta ficción, extraña como pocas, combina lo insólito con el terror existencial y el body-horror. 

A nivel conceptual me ha encantado. Aunque podríamos encasillarla dentro del terror absurdo y el bizarro más extravagantes, tiene trasfondo. Habla, entre otras cosas, del luto, la dependencia emocional, la soledad, el tedio de la existencia, la adicción (a sustancias, a internet…) o la fama. Lástima que no se decante por ninguno de estos temas en concreto y, por tanto, no profundice en ellos.

En cuanto a lo formal, le veo algunas pegas a la novela. Por ejemplo, que rompa sólo en un par de ocasiones su estructura sin motivo aparente; puesto que el texto entero está compuesto por párrafos aislados, no entiendo por qué se hace una excepción en un par de páginas.

Su prosa tampoco está libre de reproches, pues se antoja forzada, incluso pretenciosa. Y es que no se justifica en ningún momento la voz del narrador en primera persona; a eso hay que añadir que el tono filosófico del conjunto anega a la acción en ciertos pasajes. 

A su vez, los personajes que habitan estas páginas son bastante planos, aunque entiendo que lo importante no eran ellos, sino lo que les sucede y las ideas que ello suscita.

En todo caso, insisto en que Los inamovibles es interesante, al menos conceptualmente hablando. También como ficción subversiva, rara y gore tiene su encanto.

Más conseguidas a nivel global me parecen el resto de piezas incluidas en esta antología, pues su fondo y forma harmonizan mejor que los de su predecesora, y su vocación filosófica no opaca tanto la historia relatada.

"Apuntes para una poética futura de la impossibilia: atrocidad, deformidad, horror y depresión" (2017) es una delirante lista de consejos de índole creativa que resuena más de lo que debiera. Por otro lado, "Aftermath" (2015), "Escucha, querida hermana, escucha" (2018) y "Todas las cosas horribles: una entrevista" (2019) son ¿cuentos? que dan un mal rollo increíble. El primero es una suerte de ¿distopía post-apocalíptica? requete-turbia; el segundo, tan críptico como fascinante; el tercero, un diálogo espeluznante que nos mantiene enganchados de principio a fin.

Resumiendo: Gary J. Shipley no escribe una obra que gustará a todo el mundo. Sin embargo, ésta tiene su atractivo para raritos como un servidor, y el volumen de la editorial Holobionte que hoy traigo a colación es, sin duda, idóneo para iniciarse con tan inclasificable autor. 

jueves, 26 de agosto de 2021

Perejaume: Sacar a una Virgen a bailar

Idioma original: catalán

Título original: Treure una marededéu a ballar

Traducción: Lucas Villavecchia

Año de publicación: 2020

Valoración: Raro, a ratos interesante


Allá por 2010, qué tiempos, sin cuarentenas ni cierres perimetrales, el artista Perejaume hizo algo verdaderamente extraño: tomó prestada (prestada, no piensen otra cosa, con contrato y seguro) la talla de una Virgen del siglo XIII, la metió en una mochila, debidamente protegida, y se lanzó con ella a una caminata de unos cuantos días por varias comarcas en los alrededores de Barcelona, pasando por algunos lugares emblemáticos, significativamente los museos que atesoran mayor número de representaciones románicas y góticas de la región. Se ve que ni el mismo Perejaume tiene muy claro el objetivo de la acción, es un acto abierto a sus propias consecuencias, en plan cojo una Virgen, echo a andar y a ver qué sale de todo esto.

Por lo poco que he podido saber, este caballero es un artista bastante polifacético, que cultiva distintas artes plásticas y tiene también su vena literaria, diríamos el tipo de creador inquieto que busca caminos de expresión según le va sugiriendo la intuición. Es también, al parecer, un tipo muy vinculado a la tierra, que ha vivido siempre en su pequeño pueblo de origen y da muestra de conocer a fondo la cultura y tradiciones de la zona. Todo esto tiene un buen reflejo en el libro porque, digámoslo ya, es un híbrido de ensayo sobre arte, poemario en prosa, cuaderno de viaje, diario personal y puede que alguna cosa más no tan fácil de identificar. 

Perejaume inicia su itinerario y es muy consciente de lo que transporta. La Virgen, que va envuelta en papel burbuja, neopreno y otras protecciones, ‘parece una larva’, y su presencia hace brotar numerosas reflexiones que ponen de manifiesto el profundo conocimiento del autor sobre la imaginería religiosa y la tradición de las Vírgenes encontradas. En primerísimo plano encontramos la vinculación de la imagen con el lugar de la aparición, algo que irá surgiendo de forma recurrente a lo largo del libro, y que tiene sus implicaciones: la aparición y sus circunstancias sirve para cohesionar a las comunidades en que se encuentra, la propia Virgen adquiere facultades paisajísticas, la multiplicidad de apariciones termina por formar toda una trama de figuras que vertebra el territorio. Desde el punto de vista museológico es también interesante la disyuntiva entre las posibles clasificaciones, cronológica o territorial, de las tallas, subrayando su vinculación bien con el tiempo, bien con el espacio. O las distintas manifestaciones de las figuras, su porte sedente, el significado de sus vestidos o la diversidad de las huellas supuestamente conservadas. En fin, reflexiones en torno a lo que el artista lleva en la mochila y su relación con su propia realidad y el entorno que recorre.

El pequeño viaje continúa y el lector no consigue captar hacia dónde camina el relato, porque el propio autor tampoco parece saberlo. Entreveradas con algunas de las ideas ya indicadas en torno a las Vírgenes ganan terreno pensamientos erráticos relacionados con el paisaje, singularmente los árboles, materia originaria de las propias tallas, elucubraciones sobre el lugar en que enraíza el artista –el medieval y el actual, el mismo Perejaume-, como si el autor pugnase, sin conseguirlo, por justificarse a sí mismo ese anclaje en la tierra que parece tan poderoso. A ratos parece tomar el mando cierta inclinación hacia lo poético, otras veces vuelven aquellas reflexiones sobre el arte (sin duda lo más interesante del libro) y, progresivamente, da la impresión de que el autor va perdiendo el rumbo, no ya de su itinerario sino del texto mismo, que poco a poco va adquiriendo el carácter de algo inorgánico y pastoso. Parece consciente Perejaume de estar sumergiéndose en un pequeño caos, asfixiado por las notas que va tomando, por lo visto numerosísimas y por ello mismo ingobernables.

De manera que el libro, más que un libro es una especie de performance, una acción artística que nace sin un objetivo claro, que estaba llamada a encontrarlo sobre la marcha, a autoalimentarse con la presencia de la Virgen larvada, de los bosques y los caminos que aportan significado a aquella imagen. Y sin embargo, se queda un poco en eso, en intención muy libre, tal vez demasiado abierta, quizá con un exceso de confianza del autor en las posibilidades del acto o en las suyas propias como narrador. Porque realmente a Perejaume se le ve ese ramalazo poético que asoma con frecuencia pero no llega a cuajar del todo, y el conjunto, pues sí, puede tener el valor de la experimentación, de esa vocación de integrar cosas diversas, las artes, la tierra, la Historia, el pensamiento íntimo, pero es inevitable que deje la sensación de un batiburrillo algo repetitivo del que el lector, con toda probabilidad, solo va a ser capaz de extraer algunas ideas, a veces concretas y otras muy vagas, y eso por sí solo resulta bastante escaso para mantener en pie un libro.

P.S. Tengo curiosidad por saber si el juego del complemento directo y la mayúscula de Virgen son un pequeño truco del traductor (o de la Editorial), o pesan más mis ganas de sacarle punta a todo. 


lunes, 5 de abril de 2021

Juan Benet: En el estado

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1977

Valoración: Raro


No sé si con Juan Benet estoy empezando a deslizarme hacia el completismo, eso de leerse cualquier cosa que haya escrito un cierto autor, y que es algo que en realidad me repele un poco. Y eso que ni mucho menos he leído todo (ni casi todo) lo publicado por el autor madrileño, pero me he sentido en riesgo de caer en ese vicio al toparme con esta novela, que es sin duda una obra menor, y además extraña a lo que yo consideraba el mundo literario de Benet, incluso a su estilo, sus personajes, sus atmósferas.

La verdad es que llegué a esta novela (por llamarla de alguna manera) de forma casual, y me llamó la atención porque nunca había oído hablar de ella y por ese título que, si nos olvidamos de la minúscula, parece más propio de un ensayo político (me recordó al difícil Jellinek). Pero no, es una especie de novela corta que, como decía, se aleja por completo de todo lo que conocía de este autor. En el estado es una narración algo caótica, con un tono sarcástico y desinhibido, que cuenta (es un decir) el encuentro de tres personajes que paran en una especie de mesón tras un viaje en autobús. Es en principio el clásico escenario de los viajeros que matan el tiempo de parada contándose cosas, aunque en realidad es la mujer prácticamente la única que refiere algunas historias personales. Relatos claro está completamente disparatados, casi siempre de índole sexual, que se sirven entremezclados con cosas sin conexión aparente, como largas exposiciones, algunas dramatizadas, sobre extrañas estrategias bélicas en la guerra franco-prusiana, complicadas digresiones filosóficas, o una hábil parodia sobre la creación literaria en la que medio mundo queda paralizado en la búsqueda de una única palabra que un misterioso autor necesita para continuar su obra.

Y como esto, todo lo que vamos descubriendo tiene tintes de farsa: el mismo ambiente y algunos personajes informes hacen pensar en el esperpento de Valle-Inclán, pasajes de apariencia onírica tienen ecos surrealistas, la estaticidad y el sinsentido de los protagonistas y sus diálogos recuerdan a Beckett, y hasta hay un par de pasajes en que Benet parece parodiarse a sí mismo. Todo ello, eso sí, sin perder en ningún momento de vista esa prosa compleja pero en mi opinión especialmente brillante, capaz de emocionar con la sola mención de un árbol solitario o de arrastrar al lector a una ciénaga de sensaciones contradictorias. O de conseguir esta imagen lúbrica nada menos que del mar Mediterráneo:

'Ese aparentemente apacible pero inquieto, tortuoso y multiforme mar interior, esa líquida lengua que al penetrar, invadir y sellar las profundas invaginaciones a que diera lugar la separación de los tres continentes históricos engendrará en las interioridades de cada seno y de cada golfo, las más delicadas, perversas, sugerentes y nocivas delicias de que puede presumir nuestra moribunda civilización'

No solo la forma, también la capacidad narrativa de Benet tiene destellos extraordinarios cuando relata una absurda guerra en la que el enemigo nunca se defiende, de forma que el invasor avanza en busca de algún contendiente encontrando pueblos cada vez más lejanos y extraños, toda una demostración de que cuando quiere también sabe narrar de una forma nítida y lineal. Sin olvidar tampoco esos crípticos pero geniales juegos de palabras, como el del mismo título (una acepción en desuso de estado es la de un figón o posada), o el más increíble de uno de los capítulos, Fármaco con olor a vid, que es en realidad un ingenioso anagrama de la frase Cómo olvidar a Franco. Y seguramente descubriríamos mil juegos, alusiones y equívocos más si fuéramos capaces de (y tuviéramos humor y conocimientos para) desentrañar el texto completo.

Yo creo que está bastante claro que este libro fue un simple entretenimiento, el pasatiempo de un escritor enorme que por ese tiempo debía estar sumergido en la redacción de Saúl ante Samuel, puede que su obra más compleja, que ya es decir, publicada un par de años después. Y puede que en el fondo  se encuentre también aquella reflexión que exponía en La inspiración y el estilo, según la cual (cito de memoria y aprox.) una vez conseguido un estilo personal, el autor puede librarse de la atadura del componente informativo del relato (argumento, desarrollo, desenlace) o, lo que es lo mismo o se parece bastante, tiene licencia para desparramar y lanzarse en varias direcciones sin importarle demasiado lo que piense el lector. O así lo interpreto yo al menos.  Así que el libro es un poco como el pintor que se distrae improvisando una cosa ligera con sus pinceles usados, se libera la mente y disfruta un rato de total libertad, lo que crea es algo muy diferente de aquello a lo que dedica su trabajo, pero no por eso deja de tener su sello personal.

Así que tenemos varias perspectivas. Si pensamos en un lector digamos normal, puede tener cierto interés si lo que busca es algo un poco loco, fuera de los cánones aunque bien escrito. Si por el contrario es usted fan declarado de Benet, adicto a la severidad y los misterios de Región e incondicional de esa atmósfera donde el tiempo pierde su secuencia lógica, sin muchas ganas de reírle las gracias al genio cuando le da por ponerse chistoso, igual mejor que no lo intente.


Otras obras de Juan Benet en ULAD: Volverás a RegiónNunca llegarás a nadaEl aire de un crimenSub rosaEn la penumbraOtoño en Madrid hacia 1950


domingo, 26 de abril de 2020

Luis Sagasti: Leyden Ltd.

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable (y raro)

La ciudad holandesa de Leyden (además de ser muy muy bonita) es famosa por tres motivos. A saber: por ser la ciudad natal de Rembrandt, por poseer la más antigua de las Universidades holandesas y por ser sede, desde 1917, del movimiento y revista De Stijl, en los que arquitectos, pintores, etc buscaron una expresión de la estructura matemática del universo y de la armonía universal de la naturaleza. Pero quizá esto no tenga nada que ver con Leyden Ltd. (o quizá sí).

Por otra parte, Ltd. es la abreviatura inglesa para Sociedad Limitada. Ya sabéis, ese tipo de sociedad en la que la responsabilidad de los socios se limita al capital aportado. Pero quizá esto no tenga nada que ver con Leyden Ltd. (o quizá sí).

Muchos quizás, muchas dudas, muchas sospechas y muchas preguntas en este artefacto literario del bahiense Luis Sagasti. Identidades falsas, ocultas o inventadas, personajes que desaparecieron abruptamente sin dejar rastro, sociedades secretas y/o utópicas, transfiguraciones, suplantaciones de identidad, coincidencias y casualidades son la base fundamental de un continuo juego de sombras y espejos "gracias" al cual asistimos a la reconstrucción de lo que pudo ser (o tal vez no) la historia y acciones de un colectivo utópico / artístico al estilo Pussy Riot o Luther Blissett y de alguno de sus posibles (o no) componentes.

Pero más allá de lo anterior, Leyden Ltd. es un más que interesante "tratado" sobre arte, poder y política. Tratado breve y fragmentario, eso sí, ya que son apenas 105 páginas (con alguna que otra fotografía) compuestas única y exclusivamente (chúpate esa, David Foster Wallace) por notas al pie, como si Sagasti diera a entender que lo fundamental, como tantas veces, permanece oculto y que lo realmente importante es dejar rastros fidedignos para no ser hallado. Notas al pie o rastros que, por separado, pueden ser leídas como aforismos, sentencias humorísticas o críticas, catálogo de referencias musicales y curiosidades histórico-geográficas y que, en conjunto, forman una maraña que tendremos que intentar desentrañar. 

En resumidas cuentas, un libro muy curioso, casi una performance, de un autor que parece hacer del riesgo una de sus señas de identidad (ese es, también, el recuerdo que conservo de Maelstrom, leído ya hace unos años). 

jueves, 27 de octubre de 2016

Semana del Libro de Culto: Los cantos de Maldoror, del Conde de Lautréamont

Idioma original: Francés
Título original: Les chants de Maldoror
Traducción: Manuel Serrat Crespo
Año de publicación: 1868
Valoración: Imprescindible (y raro. Abstenerse remilgados)

Tal como dice Francesc Bon en la presentación de esta semana temática, una de las posibilidades a la hora de considerar un libro como de culto es que se trate de "Obras oscuras de autores oscuros". Esa es la definición perfecta de "Los Cantos de Maldoror", del conde de Lautréamont.

Autor oscuro: Isidore-Lucien Ducasse, (falso) conde de Lautréamont, es un autor oscuro, tanto por su biografía como por su escasísima obra y su temprana muerte. Y me explico. Su identidad fue durante mucho tiempo un enigma, hasta que se descubrió que el pseudónimo "Conde de Lautréamont" fue el sobrenombre que utilizó Isidore Ducasse, nacido el 4 de abril de 1846 en Montevideo (Uruguay) e hijo Francois Ducasse, secretario del Consulado General de Francia en Uruguay, y de Célestine-Jacquette Davezac. Precisamente su madre, con su suicidio en presencia de Ducasse cuando este contaba con apenas dos años, marcará tremendamente la vida del escritor. E Isidore Ducasse, siguiendo los pasos de su madre, se suicidará en París en 1870, con apenas 24 años, lo que justifica la brevedad de su obra, que se reduce a "Los cantos de Maldoror" y algunos poemas aislados.

Vaya, un escritor "maldito" de manual.

Obra oscura: "Los cantos de Maldoror" es una obra oscura (por su temática) y difícil (por su estilo). 
Su oscuridad hizo que la obra fuese censurada en su momento y que tuviera durante décadas grandes dificultades para su publicación. Solo su reivindicación por parte de los surrealistas, encabezados por André Breton, posibilitó su recuperación y valoración en su justa medida.
Se trata "Los cantos de Maldoror" de un poema en prosa dividido en seis cantos, de los que cinco serían "el frontispicio de la obra, los cimientos de la construcción", mientras que el sexto sería su punto álgido. En estos seis cantos Lautréaumont - Maldoror (en ocasiones es uno y en ocasiones es otro quien actúa como narrador), que se autodefine como "un monstruo cuyo semblante me satisface no podáis percibir, aunque es menos horrible que su alma" o "el hermano de la sanguijuela", se enfrasca en la ardua tarea de subvertir los valores tradicionales, de oponerse al Estado, a la Razón y, sobre todo, a Dios y a los hombres, en la medida en que estos son una creación de Dios. Esta subversión y oposición se cimentan en su odio a Dios, al que llega a calificar de "horrendo Eterno de rostro de víbora" y en su perplejidad ante su crueldad. Y se manifiestan a través de la ridiculización de Dios y del crimen en sus más variadas formas: el asesinato, la violación, la pederastia, etc. 
A mi, a pesar de mis inmensas limitaciones en el campo de la filosofía, a medida que avanzaba en la lectura me venía a la cabeza con mayor frecuencia el concepto nietzscheano de "voluntad de poder". Los más expertos en la materia podrán juzgar mejor.

En cuanto a su dificultad, esta estriba en un estilo gradilocuente, sumamente alegórico, plagado de símbolos, de deformaciones y exageraciones grotescas de la realidad, de elementos autobiográficos y proféticos. Por momentos dará la sensación de estar ante los escritos de una mente enferma, esquizofrénica o paranoide. Otras veces, pensaremos en el como un hombre en pleno uso de sus facultades y con una lucidez que asusta.

Es, en resumen, "Maldoror" una lectura por momentos complicada pero siempre perturbadora, radical, sugerente y con un gran poder evocador.

Acercaos, por tanto, a Maldoror, espejo deformante de la realidad, criatura casi sobrenatural, lúcida y cruel. Pero no temáis. Lo peor que os puede ocurrir es que sus miasmas os hagan perder el conocimiento y este arcángel del mal os lleve, a lomos de su negro corcel, a territorios (aún) más sombríos e ignotos. ¿Os atrevéis?

sábado, 11 de julio de 2015

Mircea Cărtărescu: El Levante

Idioma original: rumano
Título original: Levantul
Año de publicación: 1990
Valoración: Raro

Como llevo en este blog desde el principio, y ya debo de haber publicado algunos centenares de reseñas, me puedo permitir usar valoraciones que se salen de la escala "Imprescindible - Muy recomendable - Recomendable", etc. Porque, la verdad, El Levante de Mircea Cărtărescu me ha dejado una sensación parecida a la de algunas novelas de Pynchon: la de que he asistido a una broma privada que no he terminado de entender del todo, y puedo o bien quedarme sonriendo como un tonto, como si la hubiera entendido, o bien decir: "pues no lo pillo" y arriesgarme al ridículo y la humillación.

En realidad, no es que no entienda de qué va El Levante: es una especie de recreación posmoderna de las epopeyas clásicas, de las novelas bizantinas de aventuras o de los poemas épicos románticos, aplicados a la nación rumana en un momento en el que esta estaba todavía bajo el régimen de Ceaucescu y en la que una épica de liberación nacional tenía por lo tanto un significado añadido. Así, en El Levante tenemos un héroe, Manoil, que busca regresar a su patria, y que en el camino se encuentra con piratas, ladrones, gitanos, diosas aladas, esferas mágicas y multitud de aventuras contadas en prosa y en verso (al menos en la versión ahora publicada, en traducción de Marian Ochoa de Eribe, por Impedimenta).

Mi problema es que este argumento de aventuras bizantinas no ha conseguido atraparme, me ha resultado completamente ajeno, y aunque sé reconocer lo que tiene de magnífico ejercicio de libertad creativa y de imaginación deslumbrante, no le he terminado de entender la gracia. Quizás existan juegos literarios, poéticos, históricos que a mí se me escapan; tal y como está, confieso que algunas páginas las he leído por encima, y muchos de los poemas no he sabido apreciarlos, ni siquiera como posible parodia del estilo ampuloso de las épicas nacionales.

Así, las partes del libro que más me han gustado, y con las que me he sentido más identificado, han sido las más posmodernas: aquellas en las que el autor habla al lector, muestra la tramoya del proceso de escritura (su máquina de escribir Erika en la cocina del pequeño apartamento que comparte con su mujer); aquellas partes en las que juega con las referencias anacrónicas o hace que los propios personajes sean conscientes de su carácter ficticio... Toda esa autoconsciencia del texto, que está, claro, ausente de los modelos literarios que El Levante parodia, es lo que la hacen más valiosa a mi parecer.

En fin, no sé si recomendaría este libro. Es una rareza, una de las creaciones más originales que he leído en mucho tiempo, y estoy casi seguro de que nunca habría llegado a traducirse al español si no llega a ser por el éxito del resto de las obras de Cartarescu. Sugiero que lo compren los que ya hayan leído y admirado otras obras del autor rumano (como Las bellas extranjeras o Nostalgia, por ejemplo); o aquellos que aprecien las bromas literarias ligeramente pedantes, aunque no terminen de entenderlas.

Más de Mircea Cartarescu en ULAD: Aquí