viernes, 6 de abril de 2018

Juan Benet: El aire de un crimen

Idioma original: español
Año de publicación: 1980
Valoración: Recomendable


No soy experto, ni siquiera entendido, en la obra de Juan Benet, pero sí entusiasta de su literatura en la parte que me es conocida. Benet resulta abrumador, desde luego, pero leerle es una experiencia única, un cóctel brutal de prosa elegante, exacta y excesiva, deliciosa y desasosegante al mismo tiempo. El autor madrileño rompió moldes dentro de la narrativa en castellano, la sacó de la postración del realismo y exploró nuevas formas de expresión. Como tantas veces ocurre, su nulo impacto a nivel popular contrasta con la veneración que suscitó entre muchos autores posteriores, para los que abrió caminos.

Benet se inventó un escenario en el que desarrolló todas sus obras –creo que sin excepción-, una comarca montañosa y oscura poblada por personajes encallecidos, por ecos de la guerra o por presencias que sólo se intuyen. Naturalmente, esto nos recuerda los escenarios ficticios de García Márquez y, sobre todo, de Faulkner; pero la Región de Benet adquirió tal grado de consistencia que, tirando de sus conocimientos de ingeniero, el autor llegó a levantar un mapa detalladísimo, que acompañaba a uno de los tomos de la crónica Herrumbrosas lanzas. En ese mismo escenario se desarrolla El aire de un crimen, y sin embargo es una obra que marca una discontinuidad muy importante en la obra de Benet. De hecho, parece ser que la escribió por una apuesta con unos amigos que pusieron en duda su capacidad para escribir algo ‘comprensible’. Efectivamente, le salió algo bastante diferente de lo habitual, aunque tampoco del todo ajeno.

Más o menos la primera mitad del relato sirve para introducirnos a los personajes y su entorno: los tipos responden desde luego al patrón regionato, son individuos que forman parte del paisaje y son, como aquel, duros de espíritu y llenos de grietas y secretos. Cuanto más los contemplamos más dudas le entran al lector, y sin embargo unos pocos apuntes sobre su figura, o ver lo que hacen durante algunos instantes, es suficiente para identificarlos con precisión. Por ahí desfilan el capitán Medina con su integridad ética y profesional; la Tacón, decidida a mover siempre los hilos desde su bar de carretera; Amaro, paisano irreductible al que es mejor no acercarse mucho; el tornadizo doctor Sebastián y el periodista Fayón, que amaga con destapar crímenes y tramas para quedarse a medio camino. Porque ese es otra de las señas definitorias de Benet, dejar cabos sueltos, historias a medio contar. Es algo que no se le debe reprochar, sino que hay que ser capaz de asumir: Benet presenta cosas, muchas, actuales y antiguas (en otros libros, hasta futuras), decisivas e irrelevantes, y el lector debe hacer el esfuerzo de cribarlas y, según avanza, ir sacando provecho de las que sean útiles y dejarse envolver por esa atmósfera cruda y tensa. También ocurre algo así en El aire de un crimen.

Solo que en este caso sí que nota uno que caminamos hacia un desenlace. En un acuartelamiento cercano se produce la fuga de dos reclutas, y el citado capitán (candidato frustrado a ser el héroe del relato) parte en su búsqueda. Las cosas se complican tanto para el perseguidor como para los perseguidos, y la narración, siempre fragmentaria, se acelera, perdiendo poco a poco la bruma característica de Benet y su Región, mientras parece adivinarse la voluntad de que la trama se haga más transparente y ágil. En esa fase sí que la novela se aproxima algo al género policiaco, y es entonces cuando –en mi opinión particular- pierde un tanto el nivel. Pero tampoco se crean que es todo tan lineal, nada nos va a ahorrar algunos saltos temporales y unos cuantos de aquellos cabos sueltos que decía antes, sin los que la prosa de Benet perdería parte de su personalidad.

De forma que no resulta sencillo calificar el libro, aunque ciertamente tiene momentos memorables, como el entierro de Tinacia, el pequeño monólogo de Sebastián sobre la soledad, o la leyenda de la 'cueva del indio'. Si nos ponemos exigentes, tal vez podría desilusionar tanto a los puristas benetianos como a los amantes de la novela de intriga, que en los dos casos disponen sin duda de obras mucho más valorables. Sin embargo, si en el término medio está la virtud, esta puede ser una buena opción para que los no habituados a este autor lo conozcan a través de un texto digamos más asequible.

Otras obras de Juan Benet en ULAD: Volverás a Región

2 comentarios:

ToniLV dijo...

No sé si tendrá algo que ver, pero hace un tiempo, zapeando, me enganché con un película algo antigüilla y un argumento similar. Me llamó la atención que se desarrollaba en una comarca imaginaria. El coronel del cuartel lo interpretaba Fco. Rabal, un jovencísimo Ramoncín el soldado evadido, etc. Posiblemente hubo una adaptación cinematográfica de la novela. Saludos.

Carlos Andia dijo...

Exactamente, a mi también me sorprendió encontrar en internet que existía una adaptación. En esta página https://www.filmaffinity.com/es/film820125.html se encuentra más información. Realmente, me entra curiosidad por ver cómo se ha traducido el libro a imágenes, aunque bien pensado la historia resulta bastante cinematográfica.

Gracias por tu comentario, Toni.