jueves, 27 de octubre de 2016

Semana del Libro de Culto: Los cantos de Maldoror, del Conde de Lautréamont

Idioma original: Francés
Título original: Les chants de Maldoror
Traducción: Manuel Serrat Crespo
Año de publicación: 1868
Valoración: Imprescindible (y raro. Abstenerse remilgados)

Tal como dice Francesc Bon en la presentación de esta semana temática, una de las posibilidades a la hora de considerar un libro como de culto es que se trate de "Obras oscuras de autores oscuros". Esa es la definición perfecta de "Los Cantos de Maldoror", del conde de Lautréamont.

Autor oscuro: Isidore-Lucien Ducasse, (falso) conde de Lautréamont, es un autor oscuro, tanto por su biografía como por su escasísima obra y su temprana muerte. Y me explico. Su identidad fue durante mucho tiempo un enigma, hasta que se descubrió que el pseudónimo "Conde de Lautréamont" fue el sobrenombre que utilizó Isidore Ducasse, nacido el 4 de abril de 1846 en Montevideo (Uruguay) e hijo Francois Ducasse, secretario del Consulado General de Francia en Uruguay, y de Célestine-Jacquette Davezac. Precisamente su madre, con su suicidio en presencia de Ducasse cuando este contaba con apenas dos años, marcará tremendamente la vida del escritor. E Isidore Ducasse, siguiendo los pasos de su madre, se suicidará en París en 1870, con apenas 24 años, lo que justifica la brevedad de su obra, que se reduce a "Los cantos de Maldoror" y algunos poemas aislados.

Vaya, un escritor "maldito" de manual.

Obra oscura: "Los cantos de Maldoror" es una obra oscura (por su temática) y difícil (por su estilo). 
Su oscuridad hizo que la obra fuese censurada en su momento y que tuviera durante décadas grandes dificultades para su publicación. Solo su reivindicación por parte de los surrealistas, encabezados por André Breton, posibilitó su recuperación y valoración en su justa medida.
Se trata "Los cantos de Maldoror" de un poema en prosa dividido en seis cantos, de los que cinco serían "el frontispicio de la obra, los cimientos de la construcción", mientras que el sexto sería su punto álgido. En estos seis cantos Lautréaumont - Maldoror (en ocasiones es uno y en ocasiones es otro quien actúa como narrador), que se autodefine como "un monstruo cuyo semblante me satisface no podáis percibir, aunque es menos horrible que su alma" o "el hermano de la sanguijuela", se enfrasca en la ardua tarea de subvertir los valores tradicionales, de oponerse al Estado, a la Razón y, sobre todo, a Dios y a los hombres, en la medida en que estos son una creación de Dios. Esta subversión y oposición se cimentan en su odio a Dios, al que llega a calificar de "horrendo Eterno de rostro de víbora" y en su perplejidad ante su crueldad. Y se manifiestan a través de la ridiculización de Dios y del crimen en sus más variadas formas: el asesinato, la violación, la pederastia, etc. 
A mi, a pesar de mis inmensas limitaciones en el campo de la filosofía, a medida que avanzaba en la lectura me venía a la cabeza con mayor frecuencia el concepto nietzscheano de "voluntad de poder". Los más expertos en la materia podrán juzgar mejor.

En cuanto a su dificultad, esta estriba en un estilo gradilocuente, sumamente alegórico, plagado de símbolos, de deformaciones y exageraciones grotescas de la realidad, de elementos autobiográficos y proféticos. Por momentos dará la sensación de estar ante los escritos de una mente enferma, esquizofrénica o paranoide. Otras veces, pensaremos en el como un hombre en pleno uso de sus facultades y con una lucidez que asusta.

Es, en resumen, "Maldoror" una lectura por momentos complicada pero siempre perturbadora, radical, sugerente y con un gran poder evocador.

Acercaos, por tanto, a Maldoror, espejo deformante de la realidad, criatura casi sobrenatural, lúcida y cruel. Pero no temáis. Lo peor que os puede ocurrir es que sus miasmas os hagan perder el conocimiento y este arcángel del mal os lleve, a lomos de su negro corcel, a territorios (aún) más sombríos e ignotos. ¿Os atrevéis?

3 comentarios:

Carlos Andia dijo...

Es de esos libros (pocos) que sacuden al lector: a veces genera incomodidad y otras sentimos estar ante algo muy potente, incluso muy hermoso. Para mi imprescindible sin duda

Koldo CF dijo...

¡Totalmente de acuerdo, Carlos!

Anna dijo...

Si se quiere leer en catalán, imprescindible la edición de Ricard Ripoll