domingo, 30 de octubre de 2016

Semana del Libro de Culto. Robert M. Pirsig: Zen y el arte demantenimiento de la motocicleta


Idioma original: inglés
Título original: Zen and the Art of Motorcycle Maintenance. An Inquiry into Values.
Año de publicación: 1974
Traducción: Renato Valenzuela
Valoración: recomendable (consúmase con moderación)

Si esto no encaja, que me aspen. Dicen de este libro que es en realidad un libro de filosofía. Que el título era una réplica sarcástica a los de muchos libros de cuando en USA se descubrió eso del Zen y el budismo. Su autor (alusiones concretas a esa situación están por todas partes en el libro) fue internado en un psiquiátrico y sometido a electro-shock. Veterano de Corea. Y publica Sexto Piso: los de Gaddis, Barthelme, Von Rezzori y Barth. Vendió, dicen, millones, y su autor solo escribió un libro más, una secuela. Gente de ULAD, amable público, ¡si mi introducción a la semana de culto tiene casi cada requisito a medida para este libro!

Más, claro, algún detalle adicional. Zen... se compone de dos relatos en paralelo, conforme Pirsig (o su alter ego Fedro) van desarrollando. El mundano, pero no tanto, bitácora de ese viaje de padre e hijo (Chris, niño de once años) atravesando estados USA a lomos de una motocicleta, acompañados en un prolongado tramo por John y Sylvia Sutherland, pareja de amigos que van en otra moto: ésta mejor, más veloz. El otro relato es el filosófico, donde Pirsig/Fedro van aportando contrapuntos en clave de interpretaciones sobre los hechos y las reflexiones, todas ellas en clave de filosofía, con la introducción progresiva de conceptos que enlazan lo uno con lo otro: la chautauqua, la Calidad, el Brio, mythos... conceptos que a veces son más digeribles y a veces menos. Porque sí, lo de "Zen" parece una broma, al principio, pero resulta no serlo en absoluto. Y las dos partes del libro (entre las que se inserta como una cuña una tercera, la historia de Fedro como el alter-ego en el pasado de Pirsig, ese que el electroshock ha neutralizado pero que parece palpitar buscando una salida a la luz), se necesitan la una a la otra y no tienen explicación sin esa simbiosis. La cuestión es que la exigencia literaria que nos es propia aquí me haga decantarme a favor de la historia del viaje: del transcurrir de los kilómetros a través de bosques y pueblos, en lo que parece un reencuentro padre-hijo, una especie de reanudación de relación. Porque las digresiones filosóficas son necesarias, justifican el libro y lo complementan, y seguramente aporten un valor adicional que no voy a discutir. Pero en sus casi 500 páginas he notado muchas veces esa necesidad de tomar aire, de abandonar esa reflexión lúcida, pero empantanada a veces, e inasequible, también, para quienes no estén familiarizados con conceptos clásicos de la filosofía, ya no digamos con la incorporación de aspectos de las culturas orientales, tan en boga en los años 60-70 en que tanto los hechos descritos como este propio libro se gestan. Virtud y defecto: el paso de hablar de piezas, de soldaduras, de taqués (esto es un componente del motor de la motocicleta) a espesos conceptos resulta tan fascinante como, a veces, ininteligible. Y a la vez uno no concibe que el libro se decante en un solo sentido.
Otra gente puede hablar de cómo expandir el destino de la humanidad. Yo sólo quiero hablar de cómo reparar una motocicleta. Pienso que lo que tengo que decir tiene un valor más duradero.
Sí. Ese relato de viajes es vívido, fresco, estimulante. Con pueblos, restaurantes, desfiladeros, curvas, asfalto, situaciones que resolver con sentido práctico. Pero la cabeza del padre va avanzando, y su destino parece ser una especie de introspección regresiva.
Lo que ahora tengo en mente es un catálogo de "Trampas para el brío que he conocido". Quiero iniciar un nuevo campo académico, la briologia, en el cual estas trampas estén seleccionadas, clasificadas, estructuradas en jerarquías e interrelacionadas para beneficio de las futuras generaciones y de toda la humanidad.
Wow. No quiero ser malinterpretado. Zen... es complicado y exigente, y es difícil no decantarse por una de sus partes, y es posible que esa elección nos defina como lectores, pues raras veces llegan a combinarse: aparecen de repente en párrafos que van de un sitio a otro.
Está como antes de la llegada del hombre blanco -hermosos ríos de lava, árboles altos y delgados y no hay latas de cerveza tiradas por el suelo-, pero ahora que ha llegado, parece una falsificación. Quizá el Servicio Nacional de Parques debería poner un montón de latas de cerveza en medio de toda esa lava y todo volvería a la vida. La ausencia de latas es desconcertante.
Más que un loable aunque desigual intento de imbuir filosofía a sus lectores, el gran valor de este libro, concretamente de su parte más novelística, es esa indagación en la mente humana. La del narrador, el padre, el escritor, el mecánico, alumno aventajado y profesor rebelde, piloto, redactor y corrector de manuales técnicos, ex combatiente, víctima de pesadillas y recuerdos, hombre reseteado, desconocido íntimo tras casi 500 páginas. En algún momento parecemos ir a bordear la catástrofe, pero en todo momento su diálogo interno, su stream of consciousness, parece ir a imponerse ante cualquier tentación de sucumbir. Zen... (no olvidemos en qué semana estamos reseñándolo) puede no ser una lectura para todos los públicos ni para todos los momentos. Incluso recomendaría alternarla con cosas más "ligeras". Pero merece ser leída, aunque sea para ostentar una posición.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya un libro raruno jajaja

Francesc Bon dijo...

Hay que reconocer que es extraño pero que perdura y tiene partes muy notables.