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viernes, 3 de julio de 2026

Tochoweek VI #5 Joe Abercrombie: Los diablos

Idioma original: inglés

Título original: The Devils

Año de publicación: 2025

Traducción: Manu Viciano

Valoración: sin duda, recomendable

Para quien no lo sepa y quizá le interese, el británico Joe Abercrombie es considerado el actual "rey del grimdark", que no es una desviación del black metal escandinavo (bueno, igual un poco sí), ni una práctica sexual extrema y esotérica (bueno, un poco también), sino el género de "Espada y Brujería" de toda la vida, pero en el que sus personajes se lanzan a rebozarse en las más bajas pasiones, tanto del alma como del cuerp (incluyendo aquellas funciones corporales cuya descripción o incluso mención suele evitarse en la ficción), el lenguaje poco apropiado para personas con cierta sensibilidad y, claro está, la violencia desatada y sin elipsis narrativas que valgan... Vamos, que se lo pasan pirata y más aún quién escribe tanto desafuero. En este caso, con un éxito considerable, además. A ver quién convence a Mr. Abercrombie de que deje de hacerlo...

El argumento de la novela, en todo caso, no resulta especialmente original en su planteamiento, aunque sí más en su desarrollo: en una suerte de Edad Media distópica -en la que, por ejemplo, los Santos Lugares han sido tomados por los elfos- es descubierta en las calles de la Ciudad Santa una pilluela que resulta ser la princesa Alexia, heredera del Trono Serpentino de Troya. Para que pueda desplazarse hasta allí y reclamarla, la papisa niña Benedicta la encomienda a la protección de la Capilla de la Santa Conveniencia, un heterogéneo grupo bajo el supuesto mando del bisoño hermano Díaz y que reúne a un guerrero inmortal, una aventurera impenitente, un nigromante jactancioso, un viejo barón vampiro, una elfa que puede hacerse. invisible y una vikinga licántropa. Por el camino, deberán enfrentarse a multitud de peligros, en forma sobre todo de mercenarios, engendros mutantes o poderosas hechiceras... En fin, lo normal.

Como se ve, el tropo es bastante habitual, aunque quizás más en el cine o el cómic que en la literatura: la reunión de un grupo de personajes de dudosa moralidad e incluso naturaleza, con el fin de llevar a término una misión más o menos honorable y de forma más o menos voluntaria (lo hemos visto desde en Los siete samuráis o Los siete magníficos a Los doce del patíbulo. Por no recordar La Liga de los Hombres Extraordinarios, El escuadrón suicida, etc.). La gracia consiste en juntar a personalidades diversas, que puedan chocar pero también forjar insólitas camaraderías, pese a sus diferencias y a la sevicia que se les supone a los miembros de la malhadada Capilla -y eso, por no hablar de romances no menos insólitos-; ése, sin duda, constituye uno de los puntos fuertes de la novela, las relaciones que se establecen entre los personajes y sus correspondientes dinámicas -básicamente, a base de bromas, pullas e indirectas-, aunque también, en algún momento, se pueden hacer un poco reiterativas y hasta innecesarias. El otro punto fuerte, además de la aventura en sí -bastante trepidante, por momentos- sería, como seguramente alguien haya adivinado ya, el sentido del humor, que recorre toda la narración de principio a fin y distingue sobremanera a esta novela de otras del subgénero grimdark


También, seguramente, habrá quien se haya dado cuenta a estas alturas: Los diablos resulta ser, básicamente, una versión más bien espuria de El Señor de los Anillos, sólo que aquí, en vez de tener que llevar el Anillo de Poder al Monte del Destino para destruirlo, la Compañía... es decir, la Capilla de la Santa Conveniencia ha de acompañar a una improbable princesa a conquistar el trono de un imperio. Y sus componentes son mucho más proclives al fornicio, claro (aunque a saber lo que no quiso contarnos Tolkien... que, después de todo, eso del segundo desayuno suena a que necesitaban recuperar energías por algún motivo) y a la efusión gore, más o menos justificada... La novela, en todo caso, resulta de lo más entretenida, por más que, en algún momento, un tanto previsible, También es menos oscura de lo que requieren los canones del grimdark; de hecho, los miembros y miembras del la capilla, por más que sean calificados -incluso por ellos mismos-, como "monstruos", acaban por resultar entrañables y parecen unos colegas bastante presentables, perfectos para ayudar en una mudanza o, yo qué sé, desmembrar a una partida de esbirros mutantes. El estilo, además, es bastante ágil y mundano, lleno de coloquialismos y chascarrillos que permiten que las ochocientas paginacas de que consta el tocho pasen en un santiamén (bueno, es un decir). Lectura perfecta, pues,  para disfrutar de ello en verano; huelga decir que siempre que el género sea del agrado del lector o lectora, claro.

¿La mayor pega? Que yo pensaba que era una sola novela y resulta que se trata de la primera parte de una trilogía -aunque autoconclusiva, al menos-; habrá que leerse las otras dos partes, cuando se publiquen. Tampoco es que vaya a ser un sacrificio hacerlo, en todo caso...

jueves, 2 de julio de 2026

Tochoweek VI #4 Daniel Kahneman: Pensar rápido, pensar despacio

Idioma original: inglés

Título original: : Thinking, Fast and Slow

Traducción: Joaquín Chamorro Mielcke

Año de publicación: 2011

Valoración: Imprescindible


Explica Daniel Kahneman nada más iniciarse el libro que el premio Nobel de Economía, que él recibió en 2002, es en realidad de un ámbito más amplio, un premio de las Ciencias Sociales, aunque se denomina ‘de Economía’ porque lo patrocina el Banco de Suecia. Esta curiosidad, que no sé hasta qué punto responde con exactitud a la realidad, explicaría en parte por qué le fue concedido a un psicólogo, aunque ciertamente Kahneman exploró dentro de su disciplina también en dirección a la Economía, lo que se refleja en este mismo libro.

Bajo un título de apariencia trivial el autor desarrolla algunas de las investigaciones llevadas a cabo junto con el fallecido Amos Tversky, otra figura fundamental en el mundo de la psicología cognitiva. A lo largo de sus cerca de setecientas páginas se van desgranando multitud de cuestiones acerca de los juicios y las decisiones en el ser humano, asuntos como la heurística del conocimiento, el efecto ancla, la cascada de disponibilidad, el priming, el efecto ‘lo que ves es lo que hay’, la regresión a la media, o la causalidad frente a la estadística. A Kahneman le mola poner nombre rápidamente a estos sesgos cognitivos, lo que es quizá un tic de investigador creativo, pero son conceptos que entendemos pronto y sin ninguna dificultad.

Esto es lo más llamativo del libro, la capacidad del autor para que todo lo que explica resulte atractivo, comprensible e interesante a partes iguales. Repleto de ejemplos y referencias a experimentos realizados, y con leves pizcas de humor de cuando en cuando, Kahneman consigue transmitir información, que pudo también haber seguido un rumbo más opaco y doctoral, de manera que el lector de a pie no solo capte el contenido sino que se sumerja con gusto en un terreno que enseguida resulta familiar, porque a fin de cuentas hablamos de la propia esencia del ser humano, las debilidades y sesgos que nos afectan al percibir cosas o al tomar decisiones. Especialmente interesante me parece el estudio sobre el ‘yo que experimenta’ y el ‘yo que recuerda’, o por qué las valoraciones que podemos hacer al cabo del tiempo difieren de las inmediatas.

Efectivamente, el autor se interna desde el campo de la psicología hacia materias diferentes, la estadística, el consumo, el juego, la demoscopia o los seguros, terrenos en algunos de los cuales detectamos fácilmente técnicas conocidas o intuidas en torno a trucos publicitarios (aquel viejo clásico de la 'publicidad subliminal') o al mensaje político sesgado, formas de manipulación de la opinión que tiene su raíz en los mecanismos psicológicos que explica Kahneman. 

También hay, como decía antes, una incursión destacada en el mundo de la Economía, en concreto en la toma de decisiones por parte de expertos, hacia los que el autor muestra una notoria desconfianza. En materia de inversiones o de operaciones financieras, dice, las emociones y el consiguiente desenfoque cognitivo condicionan la decisión como en cualquier otra actividad humana, y del texto se deja entrever que es mucho más fiable dejar estos asuntos en manos de sistemas lógicos o matemáticos preestablecidos que en la voluntad de un profesional. Aunque, si no estoy equivocado, la introducción de algoritmos por ejemplo en los mercados bursátiles es bastante anterior a los trabajos de Kahneman, a la vista de sus opiniones no me cabe duda de que el psicólogo israelí estará muy de acuerdo con el uso de estas herramientas.

Parece que, al menos en algunos campos, la objetividad de la máquina debe prevalecer sobre los juicios de los humanos, siempre mediatizados por las trampas o la insuficiencia de nuestra mente, tropiezos que el libro expone de forma clara y amena, limitaciones que en determinadas circunstancias pueden llevar a la decisión equivocada.

De manera que si nos interesa todo ese mundo de la percepción de lo que creemos real, sus condicionamientos y desviaciones, y la toma de decisiones en base a la información que recibimos, es un libro interesante y disfrutable a partes iguales, en los dos aspectos a un nivel muy alto.


sábado, 28 de septiembre de 2024

Contrarreseña + Entrevista: Ciudad en llamas de Garth Risk Hallberg

Idioma original: inglés

Título original: City on fire

Traducción: Cruz Rodríguez Juiz

Año de publicación: 2015

Valoración: muy recomendable 

Más que ser una contrarreseña, veo esto como un buen pretexto para retomar esta novela e indagar un poco en las ideas de su escritor, Garth Risk Hallberg. Tengo que decir que la reseña original de este libro me parece excelente y concuerdo en muchas de las opiniones (incluso me tome la licencia de elaborar algunas pregutnas para la entrevista usando puntos que se tocan en la reseña, gracias, Francesc), por lo que, para evitar ser redundante, me limitaré solo a hacer pequeños apuntes (además de aportar mi opinión sobre los comentarios en la reseña original).

Para muchos escritores, incluidos los mismos norteamericanos, la literatura que se produce actualmente por esos rumbos ha dejado de ser lo que fue durante aquella esplendorosa época del siglo XIX y principios del XX (en palabras del escritor americano Jesse Ball, entrevistado en este blog, la mayor parte de lo que se escribe en Estados Unidos es basura). Podemos llegar al extremo de algunos escritores, como Carlos Fuentes, que aseguraba que la literatura en lengua inglesa ha ido en decadencia desde Shakespeare, llegando en ese momento a alcanzar su máximo potencial en cuestiones formales y estéticas (ya para qué mencionar el fenómeno BookTok o Bookstagram).

Tal vez el ruido del alud de publicaciones corrompe cualquier obra que se publique, y la relación señal/ruido se hace cada día más insignificante. He aquí un gran reto para los lectores, si es que quieren disfrutar de vez en cuando de lecturas excepcionales. A mi parecer, este libro vale la pena, y mucho. Se nota el trabajo y cuidado que se requirieron al escribir esta gran novela, en ambición y extensión. Aunque estoy de acuerdo de que la primera tal vez no fue lograda del todo.

Hay ciertos pasajes que sirven exclusivamente para mostrarnos algunos ángulos ocultos de los personajes, que no son del todo relevantes para la trama, pero que nos ayudan a entender un poco mejor sus motivaciones y reacciones ante ciertos eventos. Por ejemplo, el reportaje de los pirotécnicos o un ejemplar del fanzine de Samantha. Para muchos son fragmentos prescindibles, y que debieron ser eliminados para la edición final, pero quizá sean estos capítulos los que aportan una mayor profundidad a los personajes y enriquecen el tejido narrativo de la novela.

City on Fire es en definitiva una obra ambiciosa (tal vez demasiado) que, a pesar de sus excesos, ofrece una visión rica y detallada de una ciudad en constante transformación (una ciudad que en realidad podría ser cualquier ciudad). Risk Hallberg logra capturar la esencia de una era tumultuosa, utilizando distintos elementos narrativos para construir un collage (o un fresco, en palabras del autor) detallado de una ciudad caótica. Para mi, la maestría de Hallberg reside en su capacidad para tejer múltiples tramas y personajes de manera coherente, tomando en cuanta que hay mínimo 6 o 7 personajes que tienen un papel fundamental.

Sin duda, una lectura que merece el tiempo y la atención de aquellos que buscan más que una simple historia, sino una experiencia literaria más allá de una trama entretenida.

Por cierto, en 2023 salió una serie de televisión basada en el libro. Háganse un favor y no vean ni el trailer antes de leer el libro, les va a arruinar todo. Está culerísima.



Pueden ver la reseña original aquí: TochoWeek #6. Garth Risk Hallberg: Ciudad en llamas


lunes, 1 de julio de 2024

Terry Hayes: Soy Pilgrim

 

Idioma original: inglés
Título original: I am Pilgrim
Traducción: Cristina Martín Sanz.
Año de publicación: 2014
Valoración: bastante recomendable

Territorio Best Seller, absolutamente. Y que conste que sé algo de este libro a raíz del revuelo reciente a cuenta de la nueva novela del autor, que está siendo debidamente promocionada, porque en su debido momento, debo ser refractario a tanta escandalera, ni me enteré de su enorme repercusión. 

Pongámonos en contexto, esto son ochocientas sesenta páginas (lágrima de contenida nostalgia de nuestras TochoWeek) de thriller geopolítico urdido con cierta gracia, aunque recurriendo uno tras otro a todos los clichés del género, incluyendo el obvio y poderoso componente audiovisual - el tal Hayes ha intervenido en no pocas producciones cinematográficas - que queda reflejado en la estructura de la novela: cuatro partes que confluyen, capítulos cortos (algunos de apenas tres páginas) que parecen escenas que persiguen una necesaria confluencia, un clímax y también en la escasa ambición lírica: no corrientes de conciencia, no especulación metafísica sobre la situación de la Humanidad que aboca a ciertos enfrentamientos, no cuestionamiento de cierto orden establecido.

Todo correcto, por lo cual no nos vamos a quejar ni del planteamiento algo simplista, ni del estilo literario, la prosa es dinámica y no se siente vergüenza ajena, por lo menos, aunque ciertas expresiones ("su droga era la inteligencia") pueden provocar cuadros pasajeros de leve rubor, en general el estereotipo se cumple, y capítulo tras capítulo hay ganchos que fuerzan una lectura ligera y relativamente excitante, en el sentido casto de la palabra, pues aunque nuestro héroe (Pilgrim, nombre que toma para la misión, pero a lo largo de su extensa carrera ha usado decenas de nombres con sus perfectos pasaportes falsos emitidos por oscuras agencias para-gubernamentales) tiene treinta y dos años, no está mucho para aventuras sentimentales o escarceos sexuales. A pesar de lo cual, todas las mujeres que pululan por estas páginas, sean afines o no, resultan ser auténticas bellezas. Problema endémico de estas novelas: estamos hablando de una clásica progresión de malo contra bueno en acrecamiento físico constante, donde héroe y antihéroe tienen claroscuros en sus pasados, sea uno sirviendo a una causa (Occidente) o a la otra (la Yihad). Hasta los nombres elegidos ya plantean esa dicotomía y prácticamente todo lo que pueda plantear más allá de una escueta sinopsis representa estropear su lectura. 

Pilgrim (Peregrino, mayor, sabio, entrañable) es la última guisa de un agente de un servicio ultrasecreto, naturalmente el mejor de su promoción, hasta el extremo de haber escrito un libro que es una oscura referencia para los aspirantes a ejecutores del crimen perfecto. El tío sabe de todo, desde análisis de comportamiento criminal hasta tendencias políticas, sustancias legales e ilegales, idiomas, armas... cosa que no impide que haya cometido alguna torpeza en el pasado que le haya llevado a ser expulsado (o apartado) hasta que surge un caso tan complicado que sólo él puede solucionar, incluso sus denodados esfuerzos por borrar cualquier rastro de existencia y experiencia pasada (¡mardito interné!) han resultado insuficientes y alguien ha conseguido contactarle. Se constituye el eje del bien para contrarrestar al del mal: el Sarraceno (taimado, oscuro, fanático) sufrió en sus carnes la arbitrariedad: su padre fue ejecutado por el régimen saudí y ha tenido que huir de su país y refugiarse mientras se ha radicalizado. También es un tipo joven, inteligente y brillante, cuenta con el respeto del Peregrino que lo respeta como enemigo a su altura, pero el antagonismo está servido y la progresión narrativa está servida. No hay que pedirle más a estos libros que eso. Salen los típicos enclaves: que si Jeddah, las montañas afganas, París, la casa Oval...

Estereotipos totalmente necesarios para estas lecturas, que no requieren más que una tumbona (a ser posible en rayas blancas y azules), brisa marina o arrullo de piscina, un refugio a la sombra, un silencio relativo pues tampoco hay mucha trama en que concentrarse ni mucho misterio por destripar. Ah! y un tamaño lo suficientemente contundente para durar lo que unas vacaciones. Tan fácil de leer como de olvidar, por eso.


domingo, 5 de diciembre de 2021

Tochoweek V: #7 Yukio Mishima: Caballos desbocados

Idioma original: Japonés
Título original: Honba
Año de publicación: 1969
Traducción: Pablo Mañé Garzón
Valoración: Imprescindible

Llegamos al final de esta quinta edición de la Tochoweek con la lengua fuera, lo que hace que terminemos con un libro que quizá no sea estrictamente un tocho (son 588 páginas en edición bolsillo) pero que forma parte de "El mar de la fertilidad", TOCHAZO en forma de tetralogía con la que Mishima puso punto final a su obra. 

Segunda parte de la citada tetralogía, "Caballos desbocados" se sitúa 18 años después de "Nieve de primavera", en un contexto político convulso que hace que la novela sea, pese a compartir ciertas obsesiones, muy diferente a esta. Si "Nieve de primavera" era una novela predominantemente lírica y tendente al folletín (Mishima fue un maestro en eso de combinar la "alta literatura" con lo "popular"), "Caballos desbocados" es una novela mucho más política. O al menos lo es en una primera lectura, porque esta RELECTURA (sí, estoy así de pirado) demuestra que se trata de una novela muchísimo más amplia y complicada.

El aspecto político de la novela es obvio. Japón se encuentra inmerso en una profunda crisis económica y el país sufre un período de cambios casi sin precedentes. Ante esto, el joven Isao Iinuma se siente impelido a actuar de una manera que prefigura la "performance" con la que Mishima acabó con su vida. Así, "Caballos desbocados" es el claro testamento ideológico del autor.

Pero más allá de lo anterior, la novela puede y debe ser leída de formas más diversas: como novela de formación, especialmente en el personaje de Isao; como novela psicológica, en uno de los registros que mejor manejaba el autor como es la evolución de los personajes, la afectación sobre ellos del pasado que vuelve, de los remordimientos, del entorno, de la vida; como novela sobre el final de la juventud y el paso a la edad adulta, las contradicciones que esto supone y el choque entre lo viejo y lo nuevo; como "thriller" político - judicial (aquí podéis poner todas las comillas del mundo), etc 

En este sentido, creo que se trata de una novela más compleja que "Nieve de primavera", con la que comparte aspectos tales como la fijación de autor por la pureza, el honor y la belleza, la crítica al acomodamiento y traición de unas clases dominantes caricaturizadas y vilipendiadas, la creación de imágenes hermosas y terribles al mismo tiempo, el lirismo a veces algo afectado de las descripciones de lugares y paisajes y el salvaje contraste entre este lirismo y ciertas escenas de una brutalidad no apta para todos los públicos. Y también es una novela más arriesgada en lo formal, con una gama de registros más variada, entre los que destaca el recurso al "libro dentro del libro" o la parte final en la que predominan los interrogatorios judiciales.

Dicho esto, alguno se preguntará si es necesario haber leído antes "Nieve de primavera" para disfrutar de "Caballos desbocados". Sí, por varios motivos: porque el personaje de Isao Iinuma no deja de ser una reencarnación (complementaria si se quiere) de Kiyoaki, porque es vital para entender el comportamiento de Shigekuni Honda, personaje conductor de la tetralogía, porque la gran mayoría de los secundarios ya aparecían en  "Nieve de primavera" y sus relaciones y acciones se ven afectadas por ese pasado del que no se puede huir, etc.

Así que probad con "Nieve de primavera" y seguid con "Caballos desbocados", novelón de oscura y turbia belleza. Después, solo quedará la ya reseñada por aquí "El templo del Alba", la más floja (o al menos la más complicada para el lector occidental) de la tetralogía y la final "La corrupción de un ángel", que en unos meses traeremos a este blog.

Un montón de libros de Yukio Mishima reseñados AQUÍ

sábado, 4 de diciembre de 2021

Tochoweek V #6. Simon Reynolds: Energy Flash

Idioma original: inglés

Título original: Energy Flash. A Journey through Rave Music and Dance Culture

Año de publicación: 1998, 2008, 2013 (ediciones sucesivamente ampliadas)

Traducción: Begoña Martínez, Gabriel Cereceda, Silvia Guiu

Valoración: muy recomendable

El papelón que me han dejado mis ilustres compañeros reseñando grandes libros de enormes autores en esta TochoWeek para ir yo y presentarme con lo que, el 99% de nuestro fiel público calificaría de forma contundente como "libro sobre música" pero yo, ojo con la etiqueta, llamo "ensayo" o incluso "crónica" y hasta el final de esta reseña defenderé tal calificativo.

Es obvio que esto es un "tocho" (casi 700 páginas en esta revisión del autor que incluye artículos adicionales e incluso una interesante entrevista) y es obvio que Simon Reynolds ha publicado, reseñé varios de sus libros hace unos meses, libros que podrían apelarse de estudios sobre movimientos musicales (el glam rock, el post punk) donde se enfatizaba por doquier sobre evolución sonora, escenas delimitadas geográficamente, aspectos técnicos que captan al interesado de forma inmediata, pero que pueden ser algo refractarios hacia el perfil lector no iniciado. 

Pero Energy Flash, y no negaré porque su extensión lo permite, es un caso muy diferente. Aquí Reynolds, sin duda alguna uno de los mejores periodistas sobre cultura contemporánea que uno puede leer, no se limita a abrumar con el goteo de nombres propio de su conocimiento exhaustivo. Se extiende en varios ámbitos que salen mucho de ese círculo. Escribe mucho sobre la sociedad que presencia la explosión del fenómeno rave y cómo los diversos estratos sociales asimilan ese hecho, desde la pose nihilista heredera del espíritu punk hasta cierta actitud estajanovista, cuando el trabajo duro a lo largo de la semana es retribuido con una dedicación igualmente entregada a la diversión. Escribe sobre el entorno político en que se desarrolla, en la absurda lucha de los gobernantes por contener, limitar, legislar y, tirada la toalla, prohibir los eventos cuando se asustan de su enorme repercusión y de su éxito abrumador. Pero para la multitud de jóvenes (y no tanto) que desfilaban por las carreteras inglesas (más tarde, por las de todo el mundo) en búsqueda de los eventos, con la única e incontestable reivindicación de la diversión por bandera, esa prohibición representó un estímulo, un acicate. 

Esa cultura rave Reynolds la reporta desde la tercera y la primera persona. Presencia y testifica e incluso traspasa esa barrera a lo gonzo. Muchas páginas de este libro hablan de las llamadas drogas recreativas y hablan desde la experiencia propia sin hacer proselitismo. Creo que es importante aseverarlo: Reynolds no juega a ser Escohotado (RIP), ni de sus páginas y la descripción de sus experiencias, lector alguno va a tomar la decisión de salir a la calle a buscar un camello y vivir nada en carne propia. Pero tampoco se va a poner en plan moralizante, y ese equilibrio es fascinante. Explica cómo esas sustancias (algunas de ellas clasificadas apenas unos años antes como medicamentos de diversa índole) permiten interactuar con la música y cómo cada una de las muchas corrientes que parten de la música electrónica encuentra un ajuste con uno u otro estupefaciente. Lo hace desde la constatación de que los jóvenes lo han incorporado como un elemento clave en la diversión. Millones de ellos. No se trata de apelar a la abrumadora mayoría para asentir como un borrego. Reynolds actúa como periodista y cronista y explica el resultado de aplicar su curiosidad. Se muestra crítico y se muestra observador. Toma postura en lo referente al adocenamiento del movimiento cuando se convierte en un negocio de cifras escandalosas. Conjuga saber canónico, el saber de quien ha escuchado y analizado todo aquello de que escribe, con postura escéptica respecto a la capacidad del capitalismo salvaje de envolverlo y etiquetarlo todo, y tanto o más con la pretenciosidad de quien se arremolina en torno a una pureza vanguardista que parece rechazar cualquier cosa que no sea lo minoritario.

Tres décadas más tarde, con la generación que convivió con ese movimiento (cualquiera que tuviera entre 14 y 30 años allá por 1988) asentada en el poder, en las direcciones de las empresas, Reynolds concluye que, a pesar de su obvia decadencia producto del agotamiento general, esa forma de disfrutar de la música, de dinamitar el fin de semana, de forzar el organismo, arraigó de tal manera que su influencia sigue presente. Y 700 páginas pueden parecer muchas, pero su desarrollo ameno, coherente y exhaustivo, lo convierten en toda una experiencia.


viernes, 3 de diciembre de 2021

Tochoweek V #5 Stephen King: Billy Summers

Idioma original: inglés
Título original: Billy Summers
Año de publicación: 2021
Traducción: Carlos Milla Soler
Valoración: recomendable (si no esperas una historia de terror)

Vale, ya sé lo que estaréis pensando: que mientras mis compañeros/eras del blog se dejaban las pestañas leyendo tochacos de mil páginas de autores que parecen haberlos escrito con el palo de la escoba metido por el de lo más sesudo y selecto del panorama literario, yo me lo he estado pasando chupete con un best-seller del Rey de los mismos y de Maine. Ante esa sospecha, sólo puede decir dos cosas. SÍ, eso he hecho; tenéis toda la razón. Y, en segundo lugar, señalar que reseñar cualquier libro del Rey no es sólo un placer, sino UN SERVICIO PÚBLICO. Más aún si se trata de su más reciente novela (que siempre puede ser la última, que el hombre tiene ya una edad, por el amor de Dios). Además, cualquier año de éstos los de la Academia Sueca entran en razón y le dan el Nobel, y ya veréis lo que vais a poder presumir de conocer al dedillo su obra, gracias a Un Libro Al Día (el auténtico, rechace imitaciones).

Dicho esto, y a pesar de que estamos hablando del escritor vivo, y posiblemente la persona sobre la faz de la Tierra, más guay que existe, lo cortés no quita lo valiente y la obligación de cualquier reseñista de ULAD es dar su sincera opinión sobre los libros hayamos sido o no sobornados por la editorial que los publica. En este caso, hay que dejar claro desde el principio que ésta no es una de las novelas de corte fantástico o de terror de Stephen King; pertenece, más bien a su vertiente "realista", si se puede considerar tal un noir -de aquella manera- sobre un asesino a sueldo que debe esperar a su víctima en un pequeña ciudad del Sur de EEUU; como no saben cuando deberá llevar a cabo el "trabajo", la excusa que se les ocurre a sus contratantes para justificar la estancia en la ciudad de Billy Summers -el killer- es que se trata de un escritor que necesita un lugar tranquilo para acabar su libro... Y aquí está la gracia de la historia, porque Billy, aunque por precaución intenta parecer más tonto de lo que es, en realidad resulta ser un avezado lector y toma esta coartada como una oportunidad para dar el salto a la escritura, comenzando a redactar su propia y dura autobiografía novelada.

Así pues, nos encontramos con dos novelas en una o, mejor dicho, una novela (incluso más) dentro de otra: por un lado , una novela negra, más Elmore Leonard que James Ellroy (quizás un poco Don Winslow, si se quiere), que en parte recuerda a la hipnótica minuciosidad de Chacal, pero que luego remite a una historia de venganza(s). O también de redención del protagonista, a partir de cierto acontecimiento inesperado... Por lo que respecta, a la "novela dentro de la novela", nos ofrece una historia de crecimiento de un chico de la "basura blanca" y también un relato bélico, en este caso de la guerra de Irak en 2004. Además, y aunque sea a través del protagonista-autor del mismo, King nos regala alguna que otra reflexión de lo más interesante sobre el acto de escribir, algunas perlas se diría que sacadas de su Mientras escribo.

Huelga decir que en esta novela encontramos la agilidad y el dominio narrativo que el Rey ha demostrado ya en multitud de ocasiones, así como la verosimilitud en los detalles que caracteriza a sus historias: los personajes compran en el Wal-Mart, comen en cadenas de hamburguesería y duermen en moteles baratos. Además, se incluyen referencias a películas bien conocidas, series de Netflix y libros -incluso, como suele hacer a veces King, a alguno de los suyos-; por no hablar de las referencias a la etapa trumpista en la que se desarrolla la acción. Aunque es cierto que la situación en sí no resulta demasiado realista , pero tampoco nos vamos a poner melindrosos a estas alturas con el autor de It, El misterio de Salem's Lot o La niebla... Tampoco resulta del todo verosímil el protagonista de la novela: aparte de ser un trasunto de otros "héroes tranquilos" habituales en las novelas de King, resulta ser un tío culto, empático y de lo más majete con niños y mayores que, sobre todo a partir de cierto momento, más que un encallecido asesino asueldo y veterano de guerra 8de una guerra de invasión, no lo olvidemos), se diría un caballero de brillante armadura, aun convenientemente camuflado para desenvolverse con naturalidad en la América Profunda...

Da igual, porque tampoco es que uno busque realismo a ultranza en las novelas de King, ni que fuera Zola, caramba...;) Incluso en una como ésta, en la que el punto sobrenatural -que lo hay- está reducido a una mínima expresión, no es eso lo que sus lectores pedimos; lo que buscamos es una lectura que nos atrape, nos arrebate y no nos suelte hasta que hayamos acabado de conocer lasa aventuras y desventuras de sus personajes, tan de carne y hueso, por otra parte... Y con ese Billy Summers el Rey lo consigue, una vez más.


Más libros de Su Majestad reseñados en Un Libro Al Día: here

jueves, 2 de diciembre de 2021

Tochoweek V #4 William T. Vollmann: La familia real

Idioma original: Inglés
Título original: The Royal Family
Traducción: José Luis Amores
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable (pero no para todos los públicos)

"...Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... Barrilete cósmico... ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 - Inglaterra 0..." narraba un enloquecido Víctor Hugo Morales en aquel lejano 1986 en el Estadio Azteca.

Algo así me viene a la cabeza tras la lectura de las 1052 páginas de "La familia real": ¿de qué planeta viniste, señor Vollmann, para escribir una novela tan brutal, tan enorme, tan excesiva en lo bueno y en lo malo, para descender a los infiernos y mostrarnos esa doble cara del sueño americano, para juntar en una sola novela lo que otro hubiera separado en 6 o 7 libros y que el conjunto no descarrile?

Porque "La familia real" y sus 1052 páginas es un texto que puede ser leído como novela negra, novela existencialista, crónica social, ensayo (sí, ensayo)..., una historia más o menos circular protagonizada por seres marcados por soledades en busca de alguna forma de redención, ya sea a través del amor, de la degradación o del martirio, una novela plagada de referencias bíblicas y dantescas (Caín y Abel, cielo, purgatorio e infierno, etc), una obra que remite, y no solo en su monumentalidad, a los clásicos rusos del XIX, al Solenoide o al Cegador de Cartarescu o a ciertas partes del 2666 de Bolaño.

Todo lo anterior para hablar de temas tan diversos como la soledad, la autoridad, el poder, la justicia, la violencia, el éxito y el fracaso, las relaciones familiares, etc. a través de personajes brutales y memorables (especialmente, los hermanos Brady) que malviven / sobreviven en el Tenderloin (los bajos fondos) de San Francisco o en su área de influencia. 

En cuanto al estilo de Vollmann, 1052 páginas dan para mucho y el autor opta por combinar también una narración más directa y cruda con una narración más elusiva y poética. Puestos a elegir, prefiero esa narración directa, sórdida y casi visceral tan próxima al realismo sucio que esa otra parte poética que se ve lastrada por el abuso por parte del autor de ciertas metáforas no demasiado logradas.

También merece la pena llamar la atención sobre la acertada conjunción de narrador omnisciente y narrador autoconsciente, lo que sirve para "cambiar un poco el paso" y aligerar una narración por momentos algo repetitiva.

Llegados a este punto os preguntaréis de qué carajo va "La familia real". Bueno, sería demasiado largo de contar y creo que las reseñas no deben prestar especial atención al argumento en sí. Lo contado debería ser suficiente para dar una idea general de las virtudes y defectos de la novela. Que os animéis o no a leerla debería depender más de esto. ¿O no? 

También de William T. Vollmann en ULAD: Historias del Arco IrisLa camisa de hielo, El Atlas 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Tochoweek V #3: Jaume Cabré: Yo confieso

 Idioma original: catalán

Año de publicación: 2011

Título original: Jo confesso

Valoración: Casi imprescindible 



Admiro la figura de esos escritores cuyo objetivo es explicarse a sí mismos (y a los demás, de paso) y para ello construyen un mundo propio, que acaba siendo un territorio confortable donde el lector se instala durante un periodo de su vida. O no tan confortable, porque las preguntas incómodas, la obsesión por analizar causas y efectos, de observar el lado oscuro de la realidad nos puede amargar más de una cena. Lo peor –o lo mejor, según se mire– es que cada vez escasean más estos creadores tan aguafiestas que se empeñan en buscar tres pies al gato hurgando en lo más hondo de nuestra forma de ser y de relacionarnos.

Acabo de terminar esta novela y les confieso que todavía estoy flotando entre el mundo real y el que allí se describe. Pero ¿qué es la realidad? Habrá que preguntarse si Cabré ha escrito una novela realista. Es un hecho que disecciona sin medias tintas la realidad de todos los tiempos, por tanto el contenido lo es sin ninguna duda. No lo son, en cambio, sus procedimientos, o no todos, y con esto me refiero a esos saltos espacio-temporales que afectan, no solo a la trama sino también ¡atención! al desenlace. Aunque el desenlace realista es anterior –ya hemos visto cómo acaba el protagonista– las últimas páginas son una pirueta estilística, un magnífico alarde de virtuosismo y, quizá, la insinuación de un silenciamiento preventivo, pero esto último no queda claro del todo. Y no puedo decir más, lo entenderán cuando estén a punto de concluir tantas páginas apasionantes (mil nada menos en números redondos) que, como en cualquier novelón que se precie, parecen demasiadas hasta que notamos que los personajes se han convertido en nuestra sombra. El autor lo explica refiriéndolo a la botella de Klein, teoría de un matemático alemán que no tiene relación con el argumento propiamente dicho, sino con su aspecto más literario, también con la idea, subyacente en todo el texto, de que la maldad humana es una corriente que atraviesa la historia y se repite a lo largo de los siglos aunque se oculte o se disfrace de acciones altruistas.

Y es que el mal es la gran obsesión de Adrià Ardevol (Jaume Cabré mediante) y por tanto el asunto central de la novela. Aunque, como en cualquier ficción larga, compleja y con análisis profundos, repasa los aspectos que nos conciernen a todos. ¿Cuántos filántropos conocidos se han hecho millonarios gracias a sus supuestas buenas acciones? Preguntas que surgen según vamos leyendo. Respuestas no hay, tal como el propio autor reconoce cuando habla de esta obra, pero ni falta que nos hace, las conclusiones ya las sacamos nosotros. Si además lo hacen disfrutando tanto como yo, a pesar de su dificultad de fondo y forma, la lectura será un largo y apasionante viaje a través de la Historia y las historias. Prepárense pues y, por si acaso, abróchense los cinturones.

El grueso del relato, o su línea principal, está escrito en segunda persona, ya que se trata de una carta, extensísima y muy densa, dirigida a uno de los personajes más relevantes, (no diré a quién porque este es un dato que no conoceremos hasta bien avanzada la narración). Pero esa línea se quiebra con abundantes interrupciones en tercera persona que narran hechos ambientados en épocas pasadas, algunas remotísimas. Se incluye también una supuesta transcripción de documentos, además de ese añadido final post-mortem (o su equivalente) en cursiva, y también en tercera persona, que trastoca casi todo lo que hasta entonces considerábamos inamovible. Y a pesar de toda esa minuciosidad quedan muchas preguntas en el aire (esa criatura que perdió Sara y cuyo retrato aparece por casualidad cuando ya queda poco que decir). Puede, incluso, que al cerrar el libro lo que nos quede sean más incertidumbres que certezas, pero en absoluto se debe a desaliño sino a una forma de narrar escrupulosamente calculada que imita a la vida lo más fielmente posible.

Tantas líneas argumentales y, sobre todo, tanto avance y retroceso por la historia, tal cantidad de personajes, personajes tan vivos, tantos argumentos y escenarios distintos, tanta erudición tienen, entre otros, un propósito meta-literario interesante pero supone un esfuerzo por parte del lector. Así que no esperen una lectura cómoda, aunque sí acción trepidante que engancha, una conexión entre sucesos a muchos años vista que da fe de que el ser humano es cómo es, tanto en sus facetas más perversas y egoístas como en las más generosas y heroicas, que así ha sido siempre y seguirá siéndolo. Maldad y bondad, perversidad e inocencia. En la Edad Media, en la época nazi, en la actualidad, entre eclesiásticos, políticos y gente de a pie, pobres y potentados, cultivados y analfabetos. Nadie se salva. Y en este caso, el mal se ejerce, no como parte de una larga cadena, sino a conciencia, por parte de personas con nombre propio (o con varios porque algunos tienen que esconderse y esto complica aún más el rompecabezas). Cabré no parece estar de acuerdo con la teoría de Hanna Arendt, aquí todos actúan por decisión personal, no son el eslabón de una cadena (eslabón cuyo objetivo fundamental era en apariencia mantener su posición social), tienen conexión directa con los crímenes o las desgracias personales, no parece haber banalidad ni obediencia debida. En definitiva, ninguno de esos sinvergüenzas es Eichmann -por más que la inocencia de este sea también más que discutible-, y aunque se consiga eludir a la justicia, las responsabilidades están claras, también los motivos, que se reducen a uno solo: la codicia entendida en su sentido más amplio.

«… pasamos a la banalidad del mal, porque hacía poco que había leído yo ávidamente a Arendt y me rondaban por la cabeza unas cuantas cosas a las que no sabía dar salida. “¿Por qué te preocupa?” – dijo Bernat. “Si el mal puede ser gratuito, estamos apañados”. “No entiendo”. “Si yo puedo hacer daño porque sí y no pasa nada, la humanidad no tiene futuro”. “Te refieres al crimen sin motivo, sin más ni más”. “Un crimen sin más ni más es la cosa más inhumana que puedas imaginarte. Veo a un hombre esperando el autobús y lo mato. Horrible”.»

Adrià Ardevol es un reconocido erudito cuya asombrosa capacidad intelectual le aporta tantas satisfacciones como fracasos. Conforme al tópico, carece de sentido práctico y está poco preparado para una vida convencional. Hijo único (sus padres, diseñados con esmero, no dejan huella solo en él), exclusivo en la amistad (un solo colega y para toda la vida) y en el amor (¿real o idealizado?) como el hombre concentrado en sí mismo que es, triunfa profesionalmente sin apenas esfuerzo y dedicándose a lo que le apasiona, pero no ha logrado el afecto que cree merecer. O no ha sabido valorarlo cuando lo tuvo y lo ha sobrevalorado cuando era más que discutible. Cada lector juzgará por sí mismo pero, repito, la partida no está jugada hasta que no sale la última carta, o la última página en este caso.

“En la residencia de Collserola, cerca de mi querida Barcelona, cuidarán de mi cuerpo cuando me haya ido a un mundo que no sé si es de tinieblas. Me aseguran que no echaré de menos la lectura. No deja de ser irónico que me haya pasado la vida procurando ser consciente de los pasos que daba, toda la vida cargando con mis culpas, que son muchas, y las de toda la humanidad, y al final me iré sin saber que me voy. Adiós, Adrià. Me lo digo ahora, por si acaso.”

Reflexionar mientras leemos es inevitable en un texto tan meditado, e inspirado en autores tan ilustres como Arendt, Isaiah Berlin, que aparece como un personaje más en algunos episodios, o Primo Levi –a veces citados de forma no explícita– pero además, e independientemente de la técnica que es original e impecable, el relato nos toca en lo más hondo. Por todo ello me parece que Yo confieso forma parte del contado número de novelas que merece la pena releer.

 

Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera

martes, 30 de noviembre de 2021

Tochoweek V #2 Jonathan Franzen: Encrucijadas

Idioma original: inglés
Título original: Crossroads
Traducción: Eugenia Vázquez Nacarino (edición en castellano) y Anna Llisterri Boix (edición en catalán)
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable

Una Tochoweek es la pesadilla de cualquier reseñista acostumbrado a extenderse en las reseñas. Pero este humilde lector no podía falta a la cita, y aquí estamos con el último libro publicado de uno de los grandes novelistas estadounidenses, uno de los autores que siempre constan en la lista de escritores de La Gran Novela Americana (ahí estarían Pynchon, también DeLillo y los ya fallecidos David Foster Wallace y Philip Roth, entre otros). Y es que ambición no le falta a Franzen (tampoco talento), pues este libro de aproximadamente setecientas páginas es el primero de una trilogía de nombre pomposo («A Key to All Mythologies», en referencia a Middlemarch) y que, partiendo de este libro situado en los años 70 le seguirán el segundo donde la acción tendrá lugar a finales de siglo XX para culminar la trilogía con el último volumen ambientado cerca de nuestros días. Pero vayamos a ello, que los temas que trata no son pocos.

Con esta ambiciosa novela, Jonathan Franzen arranca su tour de force sobre las mitologías entendiendo como tales las creencias irracionales con relación a la religión y las creencias personales. Franzen ubica a sus personajes en New Prospect, una pequeña comunidad del Medio Oeste donde Russ es el pastor. Así, la religión los envuelve a todos en su día a día y en sus principios morales, aunque de diferente manera y con diferente calado, pero es indudable que la religión y la ética en el comportamiento humano sobrevuela toda la narración y la engloba y la ciñe en su circunspección. Y el autor busca con ello la confrontación entre ideas y modos de vida descomponiendo su aproximación en los diferentes personajes que conforman la familia Hildebrandt, núcleo de la trama argumental de la novela: el padre, Russ, pastor de una iglesia protestante casado con Marion, pero que siente cierta atracción por Frances, una mujer recién enviudada de la congregación. También están los hijos: Clem, el hijo mayor que vuelve de la universidad, la popular Becky, capitana del equipo de animadoras y la niña de los ojos de su padre, Perry, el hijo postadolescente con gran intelecto pero también con tentaciones poco saludables y cierto aire nihilista y Judson, el pequeño y el gran olvidado. Y, por si personalidades tan dispares no fueran suficiente munición para la batalla ideológica y moral que plantea el autor, además añade a la «fiesta» un rival en la congregación de nombre Rick Ambrose y el ingreso a Encrucijadas (grupo dentro de la iglesia en el que acuden jóvenes) de Becky que coincidirá allí con su hermano Perry. Rick Ambrose con quien Russ choca de pleno, por un episodio pasado que marca su relación a pesar de que «las maneras de orientarse de cada uno se complementaban, las de Ambrose entraban más en el plano psicológico y de calle, las de Russ más en la política y con un sesgo más bíblico». Y claro, todo ello en vísperas de Navidad, en el 1971, en una época donde la moralidad y la ética debían medirse en un mundo poblado de drogas y una guerra del Vietnam que marcaba las vidas de toda una generación.

A partir de las diferencias entre las diferentes personalidades, aparecen las fricciones que dan peso al argumento de la novela, porque no es lo sucede o pasa, sino cómo sucede y cómo lo hace y encaja dentro de la manera de ser de cada uno. Porque Franzen se muestra cómodo en la incomodad de sus personajes, en sus crisis existenciales y personales que el autor va desgranando poco a poco. Así, el ingreso de Perry en el grupo Encrucijadas y su coincidencia con Becky da pie a un enfrentamiento dialéctico entre ambos en la que el autor encuentra perfectamente el tono, pues Perry y su visión nihilista y pesimista, alguien muy inteligente, que «podía ser igual o mejor que ellos. Nadie podría retener en los pulmones una calada más tiempo que él, nadie podía beber más sorbos de alcohol que él sin farfullar, nadie conocía más palabras en inglés»; Perry, con su visión crítica y cínica del mundo, que le lleva a cuestionarse si cuando alguien hace el bien en el fondo no lo hace por un acto de egoísmo pues al sentirse bien consigo mismo (o incluso buscando la vida eterna) obtiene un beneficio propio al hacerlo. Y ese espíritu crítico y directo choca de manera frontal con Becky, la líder, su atractiva hermana que todo el mundo conoce, pues «en New Prospect el nombre de Becky Hildebrandt era mágico en el sentido más estricto, mencionarla era la garantía de que la participación en una fiesta será máxima». Becky, que no soporta a su padre. Becky, que recela de su hermano y en el espacio de confianza y sinceridad que inunda el espíritu de Encrucijadas, un lugar donde se habla desde la sinceridad y el autoconocimiento, le espeta que utiliza a todo el mundo para sus necesidades, que los trata a todos con menosprecio, que «creo que no hay nadie que te conozca realmente. Creo que las personas que creen que te conocen se equivocan. Y tú sabes muy bien cómo utilizarlas». 

También está Clem, quien va a la universidad y sale con Sharon, que quiere ser escritora y tiene un hermano luchando en la guerra de Vietnam. Y echa de menos su casa, y especialmente a su hermana Becky con quien tiene una relación muy especial, porque «estar cerca de Becky no le molestaba nunca», porque como «Clem ya tenía a Becky, no se había esforzado mucho en hacer amigos en la escuela», porque Becky y Sharon competían por el mismo espacio en su corazón. Pero, a diferencia de Becky, Clem sí admira a su padre, por sus ideas y sus ideales, y «buscaba la aprobación de su padre, tanto por su ética de trabajo como por sus ideas políticas», pero a la vez compite con él por ella, pues a su padre «parecía que le diera rabia que Clem también fuera amigo especial de ella, que hubiera intentado separarlos y hubiera establecido una relación separada con cada uno de ellos» y siente cierta decepción por él «porque aprovechaba la buena educación de Becky para arrastrarla a pasea con él  los domingos, viendo como se separaba de su madre en las actividades de la iglesia y charlaba con las mujeres de otros hombres».

En la figura de Russ, Franzen explora y explota las contradicciones e inseguridades y abunda en el personaje adentrándose a través de sus miserias hasta explorar la condición humana más débil y temerosa. Así, en ciertos pasajes, en la manera de tratar a las mujeres y en la interpretación de las actitudes de ellas hacia su persona y su reacción ante ellas, uno recuerda de manera bastante clara a Hamsun por sus altibajos emocionales que yerran en cada una de las situaciones en las que están sometidos a tensión. Así, a medida que avanza el libro, vemos en Russ una actitud paranoide, hostil y que interpreta las situaciones desde la absoluta incomprensión de quien se ve cegado por el amor y la inseguridad en sí mismo. Justificación y rabia, amor y odio, deseo y hartazgo se funden en una misma relación, a menudo imaginaria, pero a todas luces real en su mente y que se resumen perfectamente al afirmar que «no fue hasta que ella se fue que conectó de nuevo con su deseo. De hecho, pensó, el encuentro difícilmente podría haber ido mejor. Fue una revelación la manera como respondía de forma positiva a su ira y negativa a sus súplicas. Había dado con la clave (…) pero no saber qué pensaba era una tortura». 

Todo avanza en un sentido y con cierto ritmo pausado, que va llenando el escenario de pequeñas pinceladas que van conformando el paisaje ideado por el autor hasta que llega Marion y su arrebatador pasado. Ahí algo implosiona y empieza a arrastrar al lector en una caída ininterrumpida hacia una espiral de decadencia moral. Porque claro, nos faltaba Marion con problemas de autoestima debido a un sobrepeso que intenta combatir y que va a terapia para sentirse mejor. Marion que tiene a una hermana llamada Shirley que fue la favorita de su padre, quien se suicidó tiempo atrás y creó en ella un vacío que llenó de rebeldía. Marion, un personaje completo que valdría ya por sí solo un libro entero, dedicado, exhaustivo, porque con Marion llega un retrato de la primera mitad del siglo XX perfectamente retratado entre vendedores de coches, ambiciones artísticas, deseo y aspiraciones, e infidelidades. Marion aporta a la novela desesperación, con un pasado de brotes psicóticos desencadenados tras su relación con un marido infiel pero cobarde, convirtiéndose en la esposa inocente y despechada, a la vez que una amante desesperada, llena de inseguridades y un eterno sentimiento de culpabilidad por todo lo que le sucede en la vida, exonerando a los demás por sus culpas (y pecados) y atribuyéndose a ella misma la causa (y merecimiento) de tales desventuras.

Franzen destaca en la construcción de los personajes, en cómo perfila sus caracteres y los contrapone y los confronta en inteligentes, agudos y mordaces diálogos que demuestran que el autor es bueno justamente en eso: en crear un escenario a partir de ellos, y no al revés. Son los personajes los que ocupan el primer plano y la historia se teje a partir de ellos; y, para que funcione, deben estar bien definidos, con luces y sombras, con defectos y aristas. Y esos choques suceden en múltiples capas, porque no solo se producen entre los diferentes personajes, Perry con Becky, Perry con Russ (pues ve a su padre con Frances y se da cuenta que «ha pillado al viejo en delito flagrante» justamente con la madre de su amigo Larry).

Estructuralmente el libro de divide en grandes capítulos cada uno de los cuales se centra en uno de los miembros de la familia. Así, el autor facilita la empatía del lector hacia sus personajes, pues se adentra en ellos y permite trasladar la visión y personalidad de cada uno de ellos en contraposición con el resto y hay que reconocer que Franzen es muy bueno en la creación de personajes, les otorga una personalidad compleja, con claroscuros e imperfecciones. En Franzen no hay buenos o malos, todos ellos tienen sus puntos fuertes y débiles, sus logros y fracasos y, a pesar de la singularidad y diferencia entre ellos, sí tienen algo en común: no hay malicia en sus acciones o, al menos, no de manera pretendida. Así, las Encrucijadas son aquellos momentos vitales en los que hay que tomar decisiones críticas, se encuentran no únicamente en los caminos que separan los territorios emocionales entre los personajes sino también dentro de uno mismo, donde cada acción, cada pensamiento, cada decisión, es sometida a un proceso interno en el que escoger un camino u otro no es tarea fácil y sí a veces definitiva. Franzen retrata las imperfecciones y contradicciones del ser humano y busca en los roces que generan las múltiples situaciones cotidianas para afilar las aristas que sobresalen y que hieren y lastiman a los demás, y a uno mismo. A través de sus personajes, Franzen toca diferentes temas como el suicidio, la ambición, las inseguridades, las dudas, las infidelidades, la decadencia, la decepción, el deseo… nos habla de drogas, de la religión y la ética y la moral y trata también sobre la culpa y la culpabilidad, sobre los sentimientos que albergamos y que, en ocasiones, hacen que nos creamos responsables y merecedores de lo que nos sucede, para bien o para mal.

Y, en esta extensa novela, Franzen retrata los personajes hasta límites que, en algunos casos, van mucho más allá de lo que la historia requiere. Así, cada uno de ellos podría, de manera individual, ser el protagonista absoluto de la novela. Esto crea un aura de novela completa, de novela perfecta, pero en parte se echa a perder por el exceso. Una novela de setecientas páginas que debe leerse con ritmo pausado para no perder detalle y que sitúa al lector ante un tour de force que en ocasiones le causa la duda de si vale la pena. Y claro, la vale porque Franzen escribe muy bien, pero uno se cuestiona si no hubiera sido mejor pegar algún tijeretazo y hacer una novela más compacta, más centrada, menos amplia y ambiciosa. Es posible que Franzen sea uno de los ultimas grandes novelistas americanos y da la sensación de que pretende demostrarlo en cada uno de sus libros.

Lamentablemente las últimas doscientas páginas del libro no están a la altura del resto, engrandecidas y desdibujadas en una excursión a territorio navajo donde se muestran los excesos de Franzen en ambición de alcance y en desmadre y descontrol. Ahí la novela se diluye entre recuerdos del pasado de Russ y drogas consumidas que en ocasiones parece propio de una novela como Transpotting. Es por ello por lo que la valoración no puede ser más positiva, aunque sí recomendable, pues el libro tiene muchos elementos de interés y el retrato que realiza Franzen de una familia desestructurada y la perfecta caracterización de sus miembros y la incidencia de la religión en todos ellos, merecen por si mismos una lectura que deberá ser, como el propio tamaño apunta, intensa y profunda y que abre boca para una segunda parte de la trilogía que auguro será prometedora e interesante.

También de Jonathan Franzen en ULAD:  Aquí

lunes, 29 de noviembre de 2021

Tochoweek V #1 George Eliot: Middlemarch

Idioma original: inglés

Título original: Middlemarch

Traducción: Jose Luis López Muñoz

Año de publicación: 1874 (antes, por entregas)

Valoración: Recomendable alto

Algunos de los elogios más sonoros que ha recibido Middlemarch vienen de autores sobresalientes en lengua inglesa, como Martin Amis o Virginia Woolf, si mal no recuerdo. El tocho, que ronda las mil páginas, se publicó inicialmente por entregas para editarse luego en un solo volumen, con gran aceptación popular. Todo ello bajo el seudónimo masculino de George Eliot, que esconde (pero no mucho) que su autora es Mary Ann Evans. Todo un signo de los tiempos, cuando un texto publicado por una mujer era, además de bastante insólito, garantía de fracaso editorial. Lo curioso del caso es que, más allá de la autoría nominal, cuando en el texto asoma la voz del autor –y lo hace esporádicamente pero con alguna frecuencia- en ningún momento esconde que es una mujer quien escribe.

Y como esto es todo tan larguísimo, me refugiaré en esos apartados tan socorridos que me permiten eludir un comentario más compacto:

Sinopsis

Middlemarch es una ciudad imaginaria de provincias en la que conviven distintos estratos sociales, como luego veremos. Los Brooke están en la cúspide local, aun sin exhibir títulos demasiados elevados, y entre ellos Dorothea destaca, además de por su atractivo, como joven idealista y con vocación benefactora. Se casará con un clérigo y erudito mucho mayor que ella, y esa decisión supondrá algunos problemas. El otro foco principal se encuentra en la familia del alcalde Vincy, en un escalón algo más bajo, que tiene por hijos a otra bellísima muchacha y un jovenzuelo bastante tarambana. Con todos ellos entra en contacto el médico Lydgate, recién llegado al pueblo con ambiciosas ideas para impulsar su profesión, y el banquero Bulstrode, el tipo de mercader enriquecido, a su vez dominado por una religiosidad radical.

Las distintas trayectorias de todos estos personajes (y unos cuantos más, claro) y sus interrelaciones dan lugar al esqueleto del argumento, con el que interfiere, aunque en un segundo plano, el momento histórico del país, con la sucesión de Jorge IV, los distintos proyectos reformistas o la aparición del ferrocarril.

Dentro del personaje

Quizá la cualidad más sobresaliente de la narración es la capacidad de la autora para escudriñar en el interior de cada personaje. Sin alardes de psicología ni necesidad de sumergirse en traumas o desgarros, en cada conversación –y las hay muchas- sabemos el porqué de cada gesto, de cada movimiento, el nerviosismo o la esperanza que siguen a una palabra, el recelo, la ira contenida, el agradecimiento, la perplejidad, todas las sensaciones que se experimentan en unos minutos  llegan al lector como si el cerebro o el corazón del personaje fueran transparentes, e inmediatamente los entendemos, sabemos por qué reaccionan así, qué sienten y qué desearían. Un grado de sensibilidad poco común que permite conocer a esos personajes sin necesidad de descripciones; los vemos, los oímos y sabemos lo que sienten al detalle. Más que análisis psicológico es conocer la naturaleza humana y ser capaz de transmitir esa visión.

Ironía made in England

La otra gran característica de Middlemarch es sin duda la ironía, una sorna extremadamente fina que sin duda tiene el sello british pero siempre envuelta en amabilidad (el sarcasmo más hiriente lo pone Mary Ann en boca de alguno de los personajes secundarios, como demostrando hasta dónde podría llegar su agudeza si quisiera). Mantenido a lo largo de tantas páginas, deja una sensación sumamente agradable, de discreción que no desdeña un toque divertido y que permite detectar el posicionamiento de la autora respecto de cada uno de sus personajes, siempre amable pero sin ocultar censura cuando lo considera oportuno. En todo caso, dentro del tono elegante que domina todo el texto, y con pequeñas y muy medidas invocaciones directas al lector que le dan frescura y cercanía al relato.

Un estudio de la vida de provincias

Ese es el subtítulo con que se presenta la obra. Suena algo frío y contrasta con la cercanía de la narración, pero sí que resulta descriptivo si observamos el libro como cuadro de personajes significativos de una pequeña ciudad provinciana. Sin pretender profundizar demasiado en este aspecto, queda clara la estratificación social propia de la época y el entorno: las familias nobles (una nobleza más o menos modesta) habitan fincas en los campos exteriores a la ciudad y mantienen cierta distancia con la burguesía (abogados, financieros, profesionales de distinto rango), y las líneas divisorias entre unos y otros, aunque invisibles, son muy nítidas. Hay una especie de pavor ante la posibilidad de descender en la rígida escala social, y un ansia obsesiva por buscar caminos para progresar en ella. Es en realidad el gran motor del relato, nada se mueve al margen de esta segmentación y las relaciones personales se ven condicionadas por ella. Ahí está la pugna entre el amor y los corsés sociales, una lucha que no será muy original, pero en este caso, estupendamente bien narrada.

También hay que decir que Mary Ann no toca ni con un palo las capas bajas de la sociedad, eso es cierto; pero bueno, el autor es libre para elegir sus personajes, faltaría más. Lo que sí deja ver, siempre con ironía y sutileza pero a veces con mucha claridad, es una crítica a la posición de la mujer en esa sociedad: un buen matrimonio es la meta final (y única), y en ninguna cabeza cabe que alguien se salte este principio. Bueno, en ninguna salvo, en algún caso, la de la propia interesada.

Con todo, tampoco quiero ignorar la posible opinión del lector que vea en este libro un larguísimo culebrón. No precisamente por abusar de una trama de enredos artificialmente barroca, sino sobre todo porque el relato se centra en las relaciones amorosas de varias parejas obligadas a superar dificultades de distinto tipo. Sin embargo, pienso que esto sería una lectura excesivamente superficial, porque los obstáculos a esas relaciones, lejos de ser meros trucos para estirar la historia, son el corazón mismo de la novela: sobre todo las diferencias sociales, pero también cierto convencionalismo hipócrita, los roles femeninos, la obsesión por guardar las formas o la peculiar psicología de esos personajes que la autora describe con tanto talento.

Como he comentado alguna vez a propósito de estos tochos que de vez en cuando traemos, entiendo que haya quien opte por escapar de semejantes volúmenes (hay por el contrario a quienes esto les encanta, no sé bien por qué). En este caso la magnitud es realmente apabullante, pero yo me atrevería a invitarles a internarse en ese mundo: seguro que pasadas las primeras decenas de páginas les será difícil dejarlo.

domingo, 26 de julio de 2020

Tochoweek IV #7 - José Luis Sampedro: La vieja sirena

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1990
Valoración: Recomendable

No suelo leer libros de más de trescientas páginas por lo que las setecientas de La vieja sirena son para mí un tocho de pleno derecho y, lo que de verdad importa, un tocho que vale la pena. La principal garantía reside en su autor, el ya desaparecido José Luis Sampedro, escritor maravilloso y humanista como pocos. A los que no le conozcan les invito a buscar alguna de las entrevistas que se le hicieron, sobre todo a raíz de la —otra— crisis económica; sus reflexiones poseen una insólita confluencia de inteligencia, sensibilidad, empatía y humildad. En fin, no es que siempre se vayan los mejores, es que cuando los mejores se van, se nota.

Resumen resumido: Alejandría, siglo III. Irenia (antes Nur y antes Killia), una esclava de insólita belleza que desconoce su propio origen, es comprada para servir en la casa del poderoso Ahram el Navegante. Su encuentro con él y con su fiel servidor Krito, la llevará no solo a recuperar la memoria de un pasado mítico si no que reafirmará en ella el único sentido de tener una vida mortal: vivir con plenitud.

De entrada, parecería que estamos ante una novela histórica más, sobre todo por el minucioso retrato de la exuberante y multicultural Alejandría y su papel como centro comercial y neurálgico. El autor explica sus fuentes de documentación al final del libro y pide disculpas por las incoherencias en las que haya podido incurrir. No obstante, aclara: 
«Nunca pretendí hacer historia, sino comprender mejor el amor y el poder, esas dos grandes pasiones de todos los tiempos.» 
Sampedro nunca se queda en lo superficial o en lo sencillo en cuanto a temática y subtexto y en La vieja sirena juega a la confluencia de dos conceptos —lo histórico y lo mágico— para elevar el relato hacia aquello que es el verdadero objetivo de esta obra: explorar algunos aspectos de la esencia humana. Para ello reinterpreta el mito de la sirena desde una perspectiva contemporánea en la decadente y rígida Alejandría con el único propósito de poner en crisis el orden establecido. Materializa el mito en una mujer que fascina desde su dualidad y su misterio; a partir de ella logra dar cabida a realidades insospechadas en la mentalidad antigua predominante.

Desde el punto de vista narrativo, el texto es minucioso, visual, lírico y transpira verosimilitud, no solo en la evocación de la bella y caleidoscópica Alejandría y de los hechos sociopolíticos que la rodean, si no por lo bien que se reflejan los conflictos de los personajes que intervienen. Hay un narrador en tercera persona que aporta la información más descriptiva o de marco histórico pero la mayoría de los pasajes transcurren mediante la técnica del monólogo interior, para el caso de Irenia/Glauka y de Ahram el Navegante. Alguno de estos pasajes no solo son de gran belleza si no que contribuyen enormemente a la construcción del personaje:
«Yo también amaba aquella barba en mi mejilla; la de mi padre. Primer recuerdo de mi piel, más fuerte que el de la teta de mi madre. Aquel pecho era tan suave como mi propia piel; la barba de mi padre era fuerza. Levantaba la manta de la puerta para entrar en nuestra tienda y se me acercaba como un gigante. Su voz recia frente a la de mi madre. Sonaba como el cuerno de carnero que congregaba a la tribu; la de mi madre era la flauta de nuestras danzas. Siempre les estoy viendo. Mi mundo era la tienda, dentro todo era eterno: las dos voces, el tapiz, los besos. Fuera todo cambiaba: las rocas, las arenas, el ganado que va y viene, el cielo que hiela o quema. El sol se iba y la luna venía. Todo girando alrededor de la tienda; dentro mi mundo siempre el mismo. Las barbas del gigante, las manos de mi madre. El gigante levantándome hasta el cielo antes de sentarme en su hombro; yo sentía su barba en mis muslos desnudos. Luego me dejaba resbalar despacio y la barba rozaba mi mejilla. Era la firmeza, me hacía invulnerable.»
En otras ocasiones, dichos pasajes están al servicio de la expresión de los requiebros y las exaltaciones románticas y amorosas; pasajes demasiado abundantes para mi gusto. Del mismo modo, aquellos en los que se explican las estrategias bélicas, políticas y económicas de Ahram también pueden resultar algo excesivos. En cualquier caso y teniendo en cuenta que el leitmotiv de la trama es el poder y el amor, tales pasajes serán excesivos o no pero, desde luego, son pertinentes.

Algo que también está muy presente en La vieja sirena es lo erótico y lo sensorial, todo lo relacionado con el cuerpo, con la piel. Irenia/Glauka habita su cuerpo con total libertad, asume el dolor y busca el placer como algo natural, sin ataduras de ningún tipo. Este aspecto inherente de su psicología es una reacción a un pasado inmortal en el que, según ella, no se vive si no que tan solo se existe. Para Irenia la condición efímera de los humanos es la cualidad necesaria para la vida, porque es el tiempo el que dota a los momentos de su valor y sin él no existen las emociones ni las sensaciones; y es en la posibilidad de buscar esas emociones y sensaciones en la que ella se siente libre, pese a ser una esclava. Esa idea es el germen de todo el ideario que subyace en la novela y que tiene que ver con la libertad, la tolerancia y el elogio a la diferencia.

Desde el punto de vista ideológico, La vieja sirena mueve el suelo de muchas de las creencias que conforman la base de nuestra ideología actual, empezando por el simple hecho de que la civilización de esa Alejandría del siglo III no es tan distinta a la nuestra: luchas de poder, manipulación de la opinión pública, guerras, clasismo, opresión… y por la parte positiva: pensamiento crítico, tecnología, valores, diversidad, etc. Los mensajes están por todas partes y hacen referencia a muchas de las lacras que, como decía, nos asolan también a día de hoy. A modo de ejemplo:
  • La mujer en la historia como elemento silenciado, relegado y/o malversado. 
«(…) que fue Adán, con su orgullo masculino tan impropio de la mujer, quien realmente desafió a Dios en el paraíso terrenal e hizo pecar a Eva; aunque luego los varones redactores del Génesis impusieran una versión enmendada, muy conveniente para ellos al justificar la ulterior sumisión de la mujer en la vida social.»
  • La tolerancia ante la diversidad. La aceptación de que el placer no es único y que cada uno tiene derecho a explorar el propio sin ser señalado por ello.
«Si fuese inútil no estaría vivo… ¿Monstruo? Nada de lo que es puede ser monstruoso: desde el momento en que la naturaleza lo ha creado es natural. La vida no produce monstruos; los producimos nosotros.»
  • Sobre la masculinidad mal entendida o tóxica (muy interesante la evolución del protagonista, Ahram).
«(…) lancé mi cabellera sobre su rostro al decir que sí, que lo más imbécil del mundo es un hombre educado para ser solo macho, cuándo se darán cuenta ellos de lo que en verdad nos importa a las mujeres, cuándo sabrán que el centro del amor no está en su miembro, afortunadamente me confiesa que ya no lo tiene todo tan claro...»
En resumen, una novela hermosa, entretenida, que da pie a la reflexión y que valoro con un Recomendable a pesar de que, como he dicho, me sobran algunos pasajes. Me impactó muchísimo más cuando la leí hace cosa de veinte años y por entonces le hubiera dado un Muy Recomendable. Lo achaco a que mi bagaje lector por entonces era más limitado y a que, para qué engañarnos, el cinismo que te dan los años hace que las historias de amor tan grandiosas en lugar de emocionarte te provoquen cierta pelusilla.

sábado, 25 de julio de 2020

Tochoweek IV #6 - Alexis de Tocqueville: La democracia en América

Título original: De la démocratie en Amérique
Idioma original: francés
Traducción: Raimundo Viejo Viñas
Año de publicación: 1835-1840
Valoración: Muy interesante

En 1831 Alexis de Tocqueville fue enviado a Estados Unidos para estudiar su sistema penitenciario. Permaneció allí solo nueve meses, pero fue tiempo suficiente para interesarse profundamente por aquel nuevo país. A su regreso continuó estudiando la cuestión, publicando en dos partes La democracia en América, un texto fundamental en las ciencias políticas, con múltiples conexiones con otras áreas, como el Derecho, la Historia o la sociología.

Estados Unidos era un país independiente desde hacía poco tiempo, y lo que encuentra Tocqueville es algo bastante insólito: un Estado democrático establecido sobre una tierra virgen de dimensiones todavía desconocidas y constituido por colonos, sin jerarquías ni clases sociales, o sea, algo tan radicalmente diferente de la vieja Europa que le mueve a intentar estudiarlo en su totalidad y deducir consecuencias. Por fijar los conceptos, hay que decir que lo que llama democracia no es exactamente lo mismo que nosotros entendemos hoy en día (una persona, un voto; un sistema representativo) sino, en términos generales, la igualdad de condiciones. Ese es justamente el corazón de la sociedad estadounidense, un colectivo de ciudadanos llegados de la metrópoli en busca de una vida mejor a la que todos tienen derecho por igual, y solo su capacidad determinará el éxito o fracaso. Se puede decir que el concepto de democracia es por tanto más sociológico que político o jurídico, y sobre ese enfoque construye Tocqueville la contraposición entre democracia y aristocracia que ocupa la mayor parte del libro. 

Ese pueblo de colonos se constituye en un régimen democrático y básicamente igualitario (luego hablamos de la esclavitud), formado por unidades territoriales más pequeñas (Estados, condados, comunas). En base a sus intereses comunes, los ciudadanos delegan en un poder central algunas competencias básicas, estructurándose un sistema complejo que Tocqueville analiza en la primera parte de la obra. Se definen los contrapesos entre los tres poderes (en principio, todos electivos) que ya había definido Montesquieu un siglo antes, y entre los distintos ámbitos territoriales, con la idea básica –que de alguna manera ha llegado hasta la actualidad- de una cesión de soberanía hacia el Estado que siempre es limitada, porque el ciudadano (no olvidemos que se trata de individuos que llegaron por su cuenta y riesgo a buscarse la vida) nunca está dispuesto a perder su parcela de decisión individual.

Es el gran rasgo definitorio de la sociedad norteamericana que Tocqueville –a falta de otros ejemplos similares-extiende a todo modelo democrático: el individualismo. Un individualismo feroz cuyo objetivo fundamental es la riqueza, el bienestar material, y que apenas se compensa con cierta tendencia al asociacionismo. Individualismo y materialismo (ya se pueden adivinar algunos rasgos de la sociedad norteamericana que persisten dos siglos después) dan lugar a la valoración del trabajo como una actividad honorable, frente al desprecio que la aristocrática Europa (Inglaterra sobre todo) muestra frente al desempeño de toda actividad productiva. Esa dicotomía Europa/América (Estados Unidos), o aristocracia/democracia se convierte en el método que sostiene la muy extensa exposición de Tocqueville. Buscando siempre ese contraste se explican las múltiples perspectivas de la sociedad americana: la religión, la filosofía, el lenguaje, el arte, el comercio, la familia… No negaré que llega a cansar un poco esa contraposición permanente, además de resultar claramente forzada en algunos casos, porque da la impresión de que se empieza por las conclusiones para después encajar los motivos.

En su búsqueda de dualidades, Tocqueville encuentra por supuesto la más evidente: la condición del hombre blanco frente a los indios nativos y los negros. Es un retrato durísimo y esclarecedor en el que se describe la absorción de los indígenas por los occidentales triunfantes, el proceso de desaparición de la esclavitud y las consecuencias de ambos. Es, al margen de las reflexiones en torno a la democracia, la parte más intensa del libro. El autor francés capta con una clarividencia brutal el cambio de concepto que se opera sobre el negro, que pasa a ser un hombre libre, pero llevará para siempre el estigma de su origen y su raza: ya no es tratado como esclavo, pero siempre seguirá siendo despreciado, incluso en los Estados no esclavistas. Por cierto, que también Tocqueville anticipa la posibilidad de una guerra civil por causa de la esclavitud, lo que ocurriría veinte años más tarde.

Hay que decirlo ya: Tocqueville, buscando una obra total, quiere explicarlo todo y encajar en sus categorías cada uno de los aspectos de esa sociedad que descubre entusiasmado. Aunque su estilo es limpio y neutro, es también prolijo, detallista hasta el extremo y también bastante repetitivo, lo cual no se puede negar que abruma en ciertos momentos de libro tan extenso. Pero es indudable que se trata de un texto excepcional. Por no alargarme demasiado, lo sintetizo en tres aspectos:
- La democracia: Tocqueville cree haber encontrado la materialización de este concepto jurídico-político en un país nuevo, lo examina, estudia sus mecanismos, se asombra de hallar una sociedad igualitaria y ve en ella el camino por el que hacer realidad lo que a mediados del siglo XIX parece todavía utópico
- El liberalismo: esa sociedad norteamericana parece el sustrato perfecto para ver crecer el mundo liberal que sueña Tocqueville. Por eso subraya una y otra vez los peligros que le acechan: el despotismo (dictadura de la mayoría), la centralización y el intervencionismo, es decir, todo lo que menoscabe la libertad y la iniciativa individual
- América (Estados Unidos): se ha dicho que La democracia en América es el libro definitivo sobre este país, aun cuando era todavía un recién nacido y apenas ocupase la mitad del territorio actual. Pero sí: es realmente una obra descomunal, la definición integral y profunda de un país como seguramente será difícil encontrar otra semejante.

Claro está que estamos en la Tochoweek, que aquí van muchos cientos de páginas que no es fácil digerir a no ser que nos interese mucho. Pero quizá merece la pena intentarlo: nos esperan ideas y conceptos fundamentales en la ciencia política de los últimos doscientos años, y aspectos muy interesantes, y algunos plenamente actuales, acerca de un país y una sociedad que, nos guste más o menos, ha sido y es determinante en todos los aspectos de nuestra Historia reciente.

viernes, 24 de julio de 2020

Tochoweek IV: #5 - Nassim Nicholas Taleb: El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable

Idioma original: inglés
Título original: The Black Swan. The Impact of the Highly Improbable
Año de publicación: 2007
Valoración: Recomendable



a)     nada puedo hacer respecto a que el sol salga mañana (por mucho que lo intente);
b)     nada puedo hacer sobre si hay o no otra vida:
c)     nada puedo hacer sobre la posibilidad de que los marcianos se adueñen de mi cerebro.
Pero tengo muchas formas de evitar ser imbécil. Es algo que solo requiere proponérselo.



Hará un par de meses, afirmaba el autor de este libro que la pandemia por Covid 19 que asola actualmente el planeta no puede considerarse un cisne negro. Y sería una osadía por mi parte llevar la contraria al inventor del término y desarrollador de una teoría compleja, aunque no tanto como puede parecer según nos vamos adentrando en su lectura. No obstante, lo primero que pensé en cuanto vi lo que nos venía encima fue que esta obra tenía que ponerse en el primer lugar de mi lista de pendientes porque su contenido no podía ser más oportuno, que teníamos el cisne negro aquí ¡vaya!
Perdón. Si no se están enterando de qué va la cosa es porque todavía no les he explicado el concepto. Un cisne negro se define como el acontecimiento inusual que nadie esperaba y solo nos parece posible una vez se ha producido en contra de todas las expectativas, igual que los cisnes habían sido blancos por norma hasta que se encontró el primer ejemplar negro, modificando radicalmente lo que la biología entendía por tal. Pero veamos qué requisitos debe cumplir en palabras de quién lo acuñó;

[Un cisne negro] “es una rareza, pues habita fuera del reino de las expectativas normales, porque nada del pasado puede apuntar de forma convincente a su posibilidad. Segundo, produce un impacto tremendo. Tercero, pese a su condición de rareza, la naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho, con lo que se hace explicable y predecible.”

 Bien, posiblemente la pandemia, hablando en sentido estricto, no lo sea ya que no cumple la primera condición. Es cierto que ha habido otras antes, pero desde un punto de vista subjetivo –y esto es una opinión personal– no me parece un disparate clasificarlo de ese modo para una gran parte de la población menos familiarizada con este tipo de asuntos. Y es que Nassim Nicolas Taleb –todo un personaje, como verán si se deciden a leer este tratado– lleva toda su vida estudiando probabilidades de riesgos, fortunas, catástrofes y demás giros que el azar o la ley de causa-efecto pueden depararnos. Un tipo curioso, que se esfuerza en caer simpático al lector y lo consigue, porque no incluir cierto gracejo en un texto de tamaño considerable repleto de conceptos estadísticos, sería una temeridad por parte de alguien que ha estudiado concienzudamente la manera de tener éxito en lo que haga y que de ningún modo va a conformarse con una discreta cifra de ventas. Yo lo definiría como un híbrido de científico y vividor que se pone el mundo por montera o aparenta hacerlo. Valga como ejemplo un comentario de su madre –nada original, por cierto – sobre lo afortunado que sería si se comprase a sí mismo por su valor real y se vendiese por el concepto que tiene de sí mismo.
Pero vayamos al contenido. Decía que su complejidad me ha parecido más aparente que real. Cierto que esa forma de ver las cosas resulta tan ingeniosa como práctica, que enmienda la plana –acertadamente o no– a inversores y demás profesionales relacionados con la Bolsa, a estadísticos, agentes de Seguros, propietarios de casinos etc. Pero tengo la impresión –y, naturalmente, puedo equivocarme– de que el buen Taleb ha diseñado una estructura deliberadamente farragosa para que sus reflexiones parezcan más enrevesadas de lo que son realmente. Se adjudica así un plus de complejidad, que no se le puede negar del todo ya que maneja conceptos matemáticos y estadísticos (explicados con sencillez, sin tecnicismos), pero que organizados de otra manera –en una secuencia conceptual más asequible, evitando repeticiones innecesarias y demás recursos que dificultan la comprensión y hacen la lectura algo tediosa – disfrutaríamos más y comprenderíamos mejor, aunque quizá no cayésemos rendidos de admiración a sus pies como parece que pretende. Todo esto a pesar de la cantidad y variedad de metáforas y ejemplos, de los retazos de vida que asoman aquí y allá y de la cercanía con el lector de que hace gala. Justo es reconocer que amenizan la lectura, aunque también la alargan innecesariamente y pueden suponer un obstáculo para la comprensión de los conceptos que maneja.
Para enunciarlo de la forma más simple, el mundo no es una plácida balsa de aceite, tal como queremos creer, sino una sucesión de cisnes negros que explicarían “casi todo, desde el éxito de las ideas y las religiones hasta la dinámica de los acontecimientos históricos y los elementos de nuestra propia vida.” Ejemplos de cisnes negros serían: la Primera Guerra Mundial, el nazismo y consiguiente estallido de la segunda, la caída de la Unión Soviética, el fundamentalismo islámico, Internet y un largo etcétera. Resulta paradójico, señala, que la humanidad avance o retroceda gracias (o a pesar) de estos fenómenos, y sin embargo no los tenga en cuenta en absoluto. La globalización, por ejemplo, bajo “la apariencia de estabilidad” “crea unos Cisnes Negros devastadores”, a causa de ella “tendremos menos crisis, pero serán mucho más graves”. El futuro es impredecible, pero el ser humano se comporta como si tuviese una hoja de ruta, basada en acontecimientos pasados, que lo dibujase sin apenas margen de error, y esto es muy peligroso, porque debido a esta ceguera los acontecimientos indeseados sucederán mucho más fácilmente.

Desde el punto de vista del pavo, el hecho de que el día mil uno no le den de comer es un Cisne Negro. Para el carnicero no, ya que no es algo inesperado. De modo que aquí podemos ver que el Cisne Negro es el problema del imbécil.”

Más imaginación y más pensamiento abstracto es lo que hace falta cuando la realidad se vuelve cada vez más compleja, afirma repetidamente. Para ilustrarlo nos sitúa en dos universos: Mediocristán y Extremistán. Al primero pertenecerían todos los fenómenos que no pueden apartarse mucho de un término medio, por ejemplo la estatura humana, al segundo los que pueden alcanzar cifras incomparables entre sí, como la riqueza que puede acumular una persona, cifras de ventas etc. Los cisnes negros solo pueden aparecer en este último. Pero hay que verlos, y la mente nos suele jugar malas pasadas, incluso los científicos, acostumbrados a filtrar los sesgos en su entorno laboral, caen en su vida cotidiana en trampas de este tipo. La predicción –siempre según Taleb –no es algo que esté a nuestro alcance: podemos hablar de lo que ha sucedido pero no del futuro, a no ser que en él no ocurriese nada imprevisible y se rigiera por lo que (erróneamente) consideramos reglas históricas. Pero los cisnes negros son inevitables –y más frecuentes de lo que pensamos– por eso, nos equivocamos en nuestros augurios una y otra vez y, lo que es peor, seguimos sin darnos cuenta. Y no es una forma de hablar: puesto que no somos omniscientes. la impredicibilidad es un elemento que hay que asumir, pero sus consecuencias serían mucho más leves si fuésemos conscientes de ella.

El modelo clásico de descubrimiento es el siguiente: se busca lo que se conoce (por ejemplo, una nueva ruta para llegar a las Indias) y se encuentra algo cuya existencia se ignoraba (América). Si cree el lector que los inventos que tenemos a nuestro alrededor proceden de alguien sentado en un cubículo que va mezclando elementos como nunca antes se habían mezclado y sigue un horario fijo, piense de nuevo: casi todo lo actual es fruto de la serendipidad, un hallazgo fortuito ocurrido mientras se iba en busca de otra cosa.”

Su consejo es que, ya que no podemos dejar de ser predictivos porque forma parte de nuestra naturaleza, ¡adelante! Hagamos previsiones, pero solo en cuestiones poco relevantes (una merienda por ej.), nunca en lo relacionado con las ciencias sociales o la economía, pues las consecuencias pueden ser nefastas. Y si alguna vez hay que escuchar a predictores institucionales, tengamos en cuenta que “su precisión se degrada con el paso del tiempo”. Nada nos hace inmunes a la aleatoriedad de la vida, solo hay un camino para minimizar los efectos del cisne negro: convertirlo en gris, es decir, como ha dicho y repetido mil veces, contar con su existencia. Ese es el motivo de que no catalogue como tal al Covid 19. 
No lo habrá sido para él, que vive en permanente estado de alerta, ni para algunos científicos que venían anunciando algo así, para el resto de la humanidad, creo yo, lo que está ocurriendo es un auténtico cisne negro sin ningún género de dudas.


Traducción: Roc Filella Montfort y Albino Santos Mosquera