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viernes, 8 de mayo de 2015

Evelyn Waugh: ¡Noticia bomba!

Idioma original: inglés
Título original: Scoop
Año de publicación: 1938
Traducción: Antonio Mauri
Valoración: recomendable

Que Evelyn Waugh fue un caballero con gran sentido del humor lo señala el hecho de que su primera esposa también se llamaba Evelyn (cabe suponer, que, de hecho, esta jocosa coincidencia y las hilarantes situaciones que conllevó  tuvieron bastante que ver con la celebración de tal matrimonio, pues éste tuvo una duración de poco más de un año...quizás hasta que el chiste dejó de tener gracia). Pero además, como escritor nos dejó un buen puñado de libros que atestiguan, por si hubiera dudas, este encomiable rasgo de su personalidad (aunque también escribió otros de carácter más serio, como la celebérrima novela Retorno a Brideshead). Una de ellas es esta ¡Noticia Bomba!, subtitulada en su primera edición en inglés y en la traducción al castellano Novela de periodistas.

En esta novela, Waugh aprovechó su experiencia como corresponsal en Abisinia para crear un ácida sátira -aunque no exenta de cierto cariño, quizá nostálgico- sobre las prácticas y miserias del llamado "Cuarto Poder", pero también sobre las realidades de la política internacional y, más concretamente, sobre las relaciones exteriores de su propia nación. La historia en sí ya parte de un divertido malentendido: el periódico Daily Beast, del grupo Megalopolitan (propiedad de Lord Copper, una especie de Randolph Hearst británico o de Murdoch de entreguerras) envía a la supuesta guerra civil que se está produciendo en el africano estado de Ismailía -una mezcla, según el propio Evelyn Waugh, de la guerra de Abisinia y la de España, en curso en ese momento- al reportero más improbable, William Boot, un joven que hasta entonces escribía una columna quincenal sobre la vida campestre en la contraportada del diario. Como es de suponer, Boot lo ignora todo sobre el oficio periodístico y sobre la política internacional, circunstancias que aprovecha el autor para criticar si piedad alguna este oficio y sus costumbres (invención de noticias, ignorancia del tema del que se ocupa, jugarretas entre colegas, borracheras constantes...), pero también de las ideologías extremas (el fascismo de los "Camisas Blancas" ismailíes y el supuesto comunismo prosoviético de sus rivales), la injerencia interesada de los poderes económicos, el cinismo de la diplomacia británica... De hecho, aprovecha para disparar a todo lo que se mueve -persona, cosa o animal- y no dejar títere con cabeza. Incluso si a algún lector -o lectora, claro- más puntilloso percibe un tono demasiado displicente hacia los indígenas de este supuesto y pintoresco país (una suerte de Ruritania africana que bien hubiera podio merecer la mirada de Santi), enseguida se dará cuenta de que Waugh es aún más inclemente hacia los blancos, y no digamos ya hacia sus paisanos, nativos de la exótica Inglaterra: de sus dardos no se libran ni los miembros más influyentes de la clase alta, ni la gentry -la familia del bueno de Boot es todo un caso...o varios, de excentricidad british-, ni las clases populares... 

Ahora bien, si la sátira de Evelyn Waugh no perdona a nadie, no por ello es desdeñosa o ajena a lo que cuenta; en todo momento el autor parece ser consciente de que él mismo forma parte, en mayor o menor mediada, del chiflado mundo que nos describe y de que tan sólo a partir de esa premisa podemos tratar de encauzar sus sinsentidos hacia una realidad algo más razonable.

Claro que, como diría Mr. Salter, el jefe de Boot, hasta cierto punto...



Otros libros de Evelyn Waugh reseñados en Un Libro Al Día: Merienda de negrosRetorno a Brideshead

jueves, 1 de octubre de 2015

Evelyn Waugh: Retorno a Brideshead

Idioma: inglés
Título original: Brideshead revisited
Año de publicación: 1945
Traducción: Caroline Phipps
Valoración: Muy recomendable

Evelyn Waugh destacó como escritor de entretenidos libros de viaje y, sobre todo, divertidas novelas satíricas, pero también sabía ponerse serio (si es que no consideramos como tal escribir libros de humor) y mostrar todas sus capacidades como novelista, como hizo en esta célebre -y hace cosa de 30 años, celebérrima- Retorno a Brideshead, escrita durante una convalecencia, en plena guerra mundial. La novela cuenta la relación del narrador, el joven Charles Ryder, con la noble familia Flyte (o Marchmain o Brideshead... no sé cómo debe decirse, pero es que yo sólo soy un pobre plebeyo, y dago, por añadidura): primero, con el disoluto Sebastian y luego con su hermana Julia, aunque en realidad, todos los componentes de la peculiar familia pasan bajo la mirada escrutadora de tan privilegiado observador, que va componiendo para nosotros todo un cuadro -más aún, porque Ryder es pintor- en el que contemplamos la fragmentación y decadencia de esta familia, se supone que además reflejo de la decadencia y final de toda una época, la del máximo esplendor del Imperio Británico.
Crónica familiar, pues, retrato de lo que hoy en día llamamos una familia "desestructurada" (aunque tampoco es para tanto: la propia familia del narrador lo es más aún, por casi inexistente. Dejando aparte que ciertas cosas ocurren en los mejores hogares... si no, que se lo cuenten a la familia Real española... y ahí siguen, tan panchos). Familia singular, además, porque a su condición de nobles, ricachos y decadentes, se une la de católicos, que en la Gran Bretaña de aquellos años -los del período de entreguerras- era aún una circunstancia peculiar y hasta delicada. De hecho, suele remarcarse la intensa presencia de la religión católica en esta novela. Es cierto, sobre todo a partir de un determinado momento, pero casi se diría que, en la mayoría de las ocasiones, Waugh, que pertenece al curioso y selecto grupo de escritores británicos convertidos al catolicismo (integrado también nada menos que por ChestertonGraham Greene y Muriel Spark, que yo conozca), aprovechó la ocasión para ajustar cuentas y señalar las contradicciones y sinsentidos de la religión que había abrazado (de hecho, las páginas más abiertamente jocosas de la novela son las de la conversión del inexpugnable Rex). Claro, que también puede tratarse de una treta del viejo y astuto Evelyn: deja en evidencia él mismo los aspectos más endebles de su fe para que así resalten con más fuerza y autenticidad aquellos que le parecen esenciales.
Algo parecido ocurre respecto a la relación homoerótico-sentimental entre Charles y Sebastian -no sé si resulta afinado calificarla de homosexual-, apenas disimulada por la figura de su hermana Julia: está latente, por no decir "implícitamente explícita", en buena parte del libro, pero de una manera tal que uno sospecha que los pensamientos de Waugh fueron: "como ya sé que de todos modos vais a pensar que aquí hay tomate, os lo voy a dejar claro como el agua, pero insinuándolo lo justo para que os penséis que se os ha ocurrido a vosotros". En suma, es otro señuelo.
El verdadero tema de la novela, creo yo, es el de la felicidad o, mejor dicho, la imposibilidad de alcanzarla pese a contar con todas las condiciones favorables para ello (el propio Waugh, en un prólogo de 1959 lo explicaba de una forma algo más jesuítica, aunque socarrona: "El tema -la influencia de la gracia divina en un grupo de personajes muy diferentes entre sí, aunque estrechamente relacionados- era quizá de una ambición inmoderada, pero no voy a pedir disculpas por ello"): todos los personajes principales son desgraciados, de una u otra forma. El propio Charles, que es el único que parece conocer la dicha en algún momento, nos describe ese estado a través del ejercicio de la nostalgia, con lo que nos deja en la duda  de si era el recuerdo de algo real o estaba modificado por alguno de los personajillos que habitan dentro de nuestros cereb... uy, lo siento, es que he visto hace poco Inside Out... je.
No puedo acabar esta ya demasiado larga reseña sin mencionar la excelente calidad de la prosa de Evelyn Waugh: La novela resulta ser una exquisitez, no sólo por los refinados ambientes y personajes que aparecen (como es de suponer, se desenvuelve en un mundo bastante pijo, me temo, aunque el peor de todos, en mi opinión, es el esteta Charles): lo que produce esa sensación es la maestría y, sobre todo, inteligencia -e ironía- con que está escrita.
Aún así, me resisto un poco a otorgarle ese preciado galardón que es un "imprescindible" de ULAD. Quizá sea un prejuicio mío, pero cuando un libro parece destinado a tal valoración desde la primera página, me cuesta dársela; me gusta que me sorprendan. Y eso que Retorno a Brideshead está muy cerca, sin duda, de ser una novela imprescindible. Al borde, pero que muy al borde... a falta tan sólo de un empujoncito...


Otros libros de Evelyn Waugh reseñados en Un Libro Al Día: Merienda de negros¡Noticia bomba!


sábado, 3 de agosto de 2013

Evelyn Waugh: Merienda de negros

Idioma original: inglés
Título original: Black Mischief
Año de publicación: 1932
Traducción: Juan García Puente
Valoración: muy recomendable

Famoso por Brideshead Revisited, Evelyn Waugh es uno de esos escritores de época que aparece con posado serio en fotografías en blanco y negro. Con una pluma en la mano y un enorme cigarro puro en la otra. Cuestión estética, claro, pero resulta que Merienda de negros acaba siendo algo de lo que la pose de su autor sugiere. Una especie de mezcla entre farsa colonial, novela de dictador y comedia decididamente macabra. Inspirada, dicen, por la situación de Etiopía y la figura de Haile Selassie (igual que la esplendorosa El Emperador, de Ryszard Kapuscisnki), la novela rápidamente nos coloca en situaciones de la picaresca a las que inducen la miseria y el miedo. Un funcionario intenta colocar, a elevado precio, plazas en una lancha para huir de una ciudad que cede al asedio de los rebeldes. El más alto mandatario es engañado por todo el mundo que le rodea, a la par que por sí mismo. Los acólitos empiezan a moverse entre la confusión para salvar el pellejo, o incluso, en un salto mortal sin red, resituarse en el mando rival. Comedia macabra, dije: poca broma cuando interviene situación confusa y gatillo fácil (o soga, o machete), aunque al principio se apodere cierta sensación de que el autor está optando por cierta pre-concepción con algo de superioridad: como un observador colonial que presencia las tropelías de los bárbaros. Pero el tercer capítulo se encarga de acabar con eso. No suelo destacar pasajes, pero ese tercer capítulo es un auténtico hito narrativo. Todo un paseo por la alta sociedad londinense, todo un prodigio en el que se esboza, con trazo tenue pero claro, el mapa social del que Basil, pomposo Ministro de Modernización de Azania, surge, y el momento justo en que el lector repara en que la novela va muy en serio. Bueno, todo lo en serio que puede ir una obra así.
De ahí en adelante asistimos al previsible devenir de los hechos: los europeos que transitan escandalizados por un país que consideran ora una oportunidad de negocio ora un lugar de vacaciones, la estupefacción de los nativos, la enorme distancia entre las civilizaciones y sus puntos de roce. No es un libro para partirse de risa, es simplemente una gran sátira que hace pensar, un espléndido retrato y, aunque tenga trazos estilísticos de su época, Merienda de negros resulta ser una novela muy moderna. No es que sea más moderna que los libros de su época: es que es más moderna que muchos libros que se publicarán de aquí a veinte años. Waugh, qué envidia, tenía 29 años cuando publicó esta novela, en 1932, período entre guerras. Que más de 80 años aún seamos capaces de situar personajes muy parecidos en escenarios casi idénticos solo es un síntoma más de la contemporaneidad de su premisa. También lo es, tristemente, de que ciertas partes del mundo no hayan cambiado. Colonización política, militar o económica aún existe. Que la crítica hacia las situaciones que genera surja en un Tweet, en un documental (como el excelente La pesadilla de Darwin) o en magníficas novelas como ésta, eso es solo consecuencia de los tiempos.

Otros libros de Evelyn Waugh reseñados en Un Libro Al Día: ¡Noticia bomba!Retorno a Brideshead

sábado, 7 de febrero de 2015

E. F. Benson: Reina Lucía

Idioma original: inglés
Título original: Queen Lucia
Año de publicación: 1920
Traductor: José C. Vales
Valoración: entre recomendable y está bien

En los últimos tiempos, ha adquirido cierto auge y fortuna, al menos en España, la recuperación (en nuestro caso, casi sería más exacto decir descubrimiento) de un tipo de literatura británica de la época de entreguerras, de carácter humorístico-costumbrista, más allá de los clásicos Wodehouse y Evelyn Waugh. Me refiero a autoras como Nancy Mitford, Stella Gibbons, D.E. Stevenson o el que nos ocupa en esta reseña, Edward Frederick Benson. Escritor peculiar, este Benson: nacido y criado durante la época victoriana en una familia culta de clase alta -su padre llegó a ser Arzobispo de Canterbury-, se dedicó sobre todo a la creación de relatos de terror, sección fantasmas, pero alcanzó la celebridad -y el reconocimiento de la posteridad- gracias a una serie de novelas de lo que se puede llamar "comedia social inglesa", conocida como Mapp & Lucia, por su personajes principales. La primera de esas novelas, de 1920, es esta Reina Lucía.

Esta "reina" resulta ser la -aparentemente- culta y refinada señora Emmeline Lucas (que en su italofilia se hace llamar "Lucía" y a su marido, "Pepino") y su reino es el encantador pueblo inglés de Riseholme, donde los miembros de la burguesía local se cultivan, divierten y chismorrean de acuerdo con los designios de esta autoproclamada monarca... Ella es la que dirige la vida social y cultural de la localidad, hacia un estilo pedantemente clásico y con unas rígidas -aun con apariencia de desenfado- normas. Pero sin olvidar ciertas modas en boga en ese momento entre las las clases medias británicas: el yoga, el Cristianismo científico, el espiritismo... modas que Lucía, en principio, desdeña. El despotismo ilustrado del que hace gala la reina hacia sus súbditos, no obstante, no acaba de reprimir ciertas tendencias subterráneas revolucionarias o incluso "bolcheviques" (recordemos que la novela es de 1920) que aspiran a derrocarla... El equilibrado statu quo de su reinado comenzará a trastocarse con la llegada al pueblo de nuevos personajes como cierto gurú indio o, sobre todo, la afamada cantante de ópera Olga Bracely, que la reina percibirá como una amenaza...

Aparte de los principales personajes -Lucía, su cavaliere servente Georgie Pillson, la cantante Olga Bracely-, nos encontramos toda una serie de pintorescos secundarios que contribuyen a darle color y humor a la historia (a mí me encantan las hermanas de Georgie: Hermy y Ursy). En realidad, se podría decir que esta novela es una sátira de cierto tipo de clase social, la burguesía rentista con ciertas ínfulas y la gentry (cualquier lector de Agatha Christie reconocerá de inmediato los tipos humanos aquí retratados), pero creo que la ironía de Benson, si bien recorre toda la novela desde la primera a la última página, se queda un paso por detrás de la sátira y no digamos ya del sarcasmo, resultando casi siempre amable y hasta comprensiva con los personajes. Incluso, en algún momento, la elegante sutileza de esta ironía devalúa un poco la intención cómica de la historia: se echa de menos alguna situación desbocada, que mueva a la franca carcajada y no sólo a la sonrisa, que, eso sí, no se borra nunca de la boca del lector. Por buscarle algún pero, se podría decir que la historia trasluce a veces  un cierto aire de suficiencia, como el de un hipster de ciudad que se burla del modernete de pueblo, o un pseudointelectual de la capital que desdeñe al "cultureta" de provincias... pero no obstante, como ya he mencionado, la bonhomía y la comprensión dominan el tono general de la novela. Benson no trataba de hacer sangre.

Hay que mencionar que la edición, como suele ocurrir con las de Impedimenta, es exquisita y la traducción a cargo de José C. Vales (último premio Nadal), estupenda y de lo más competente, con una serie de notas aclaratorias que ayudan sin abrumar. Buen trabajo.



miércoles, 18 de noviembre de 2015

Muriel Spark: La abadesa de Crewe

Idioma: inglés
Título original: The Abbess of Crewe
Año de publicación: 1974
Traducción: Pepa Linares
Valoración: entre recomendable y está bien

Feliz y para mí reciente descubrimiento -gracias a ULAD- de la escritora británica Muriel Spark, así que, con permiso, aquí va otra reseña de un libro suyo: en esta ocasión, se trata de una breve novela cuya acción se sitúa en un convento de monjas,  en el corazón de Inglaterra. A la muerte de la abadesa Hildegarde se desata una lucha sucesoria, más o menos soterrada -pues las monjas pueden elegir a la nueva abadesa, pero no pedir el voto por ninguna-, entre la hermana Alexandra, inteligente, culta y distinguida, devota del Niño Jesús de Praga y de los poetas ingleses contemporáneos, y la hermana Felicity, por otro lado, de aire más plebeyo -aunque origen no menos aristocrático-, partidaria de la renovación de la regla monástica y aficionada, en su caso, a la costura y a los encuentros nocturnos con el padre Thomas, jesuita. Felicity cuenta con el apoyo de las sediciosas monjas del taller de costura, mientras que Alexandra dispone de la lealtad incondicional de sus acólitas Walburga, Mildred y Winifrede, así como con la ayuda de un sistema de escuchas electrónicas que han escondido por todo el convento. Completa el panorama de la abadía la ausente hermana Gertrude, siempre en alguna misión por distintos lugares del mundo y que, por línea telefónica,  parece aportar la cordura -aunque sea desde el hartazgo-, frente a las intrigas y desvaríos de sus compañeras. 

La novela -no hace falta ni decirlo- tiene un marcado tono humorístico y aun paródico: no olvidemos que se publicó en 1974, en pleno auge del escándalo Watergate, del que en ese momento resultaba imposible sustraerse. No obstante, hoy en día, cuando aquel affaire no es sino parte de la Historia, el libro sigue funcionando a la perfección como una sátira del poder político (aunque no sólo político), de sus operaciones y triquiñuelas,  de los juegos de información y desinformación a los que acostumbra (y recordemos a este respecto que Muriel Spark perteneció durante la II G.M. al servicio de contraespionaje británico, donde se hizo amiga de Graham Greene, otro que tal...), del cínico maquiavelismo -la referencia no es gratuita- de quien considera que el fin está por encima de los medios empleados y que, a poco que se descuide y pierda la perspectiva, acaba conducido al delirio y de ahí,  al ridículo.

También es evidente la crítica a las dinámicas internas de la Iglesia Católica, a las diatribas  de sus distintas facciones y la absurdez de ciertas prácticas (curiosa crítica,  puesto que Muriel Spark se había convertido, ya en la edad bien adulta, al catolicismo. Aunque es verdad que otro converso, como era Evelyn Waugh, también soltaba alguna que otra andanada en sus libros).  Es cierto, por otra parte, que el tema monjil siempre ha dado mucho juego para la ficción; muy en especial, cuando se trata de monjas de clausura (no puedo dejar de recordar aquella divertida película del primer Almodóvar, Entre tinieblas). Supongo que ciertas elucubraciones son inevitables cuando hablamos de recluir juntas a un montón de personas del mismo sexo y especialmente sensibles a su condición de pecadoras; más aún si los únicos entretenimientos que les son permitidos se resumen en el Ora et labora...

Por último -tranquilos, que ya acabo-, también se puede ver en el libro una crítica al archiconocido clasismo británico, al parecer aún bastante vigente en aquella época ( no sé si sigue estándolo todavía, pero es que yo, con ciertas sutilezas, me pierdo); sor Alexandra, en concreto, parece ver en la abadía, más que un espacio consagrado a a mayor gloria del Señor,  uno que lo esté a la preservación de un sistema de castas y regido por una élite más preparada y exquisita -ella misma, básicamente-; una especie de reducto o reserva de los valores propios del Antiguo Régimen... aunque sin desdeñar para su preservación los más modernos métodos de espionaje y control, claro, que una cosa no quita la otra... (¡Caramba!... a ver si va a resultar que estamos todos metidos en la abadía de Crewe, sin saberlo).

Portada deliciosamente ácida de Sara Morante, por cierto.


Más libros de Muriel Spark reseñados en Un Libro al DíaMemento MoriLos solterosEl asiento del conductorLa plenitud de la señorita Brodie

domingo, 4 de febrero de 2018

John Banville: Regreso a Birchwood

Idioma original: inglés
Título original: Birchwood
Traducción: Damià Alou
Año de publicación: 2017 en castellano (en inglés, 1973)
Valoración: Está bien


En noviembre pasado se publicó por primera vez en castellano ‘Regreso a Birchwood’, que es sin embargo la primera novela de Banville –parece que escribió otra anterior, pero abominó de ella de tal forma que hay consenso en no contabilizarla. Hay mucho Banville en ULAD, no hay más que mirar en los enlaces de ahí abajo, así que, como parece que todo el mundo lo conoce bien y yo no, expondré mi opinión sobre el libro y luego la contrastaré con lo que de este autor se ha dicho, a ver qué pasa.

Ya sé que siempre me fijo en el título. Puede parecer infantil pero, oiga, es lo primero que uno ve de un libro y por tanto tiene su importancia, puede actuar como reclamo o abrir expectativas que luego se cumplen o no. Y no me dirán que este título –en su versión española- no evoca inmediatamente el célebre 'Retorno a Brideshead'. Tampoco es solo coincidencia porque, tal y como sospechamos, la primera parte del libro muestra un cuadro bastante similar al de la novela de Evelyn Waugh: mansión en la campiña, en este caso irlandesa, familia de clase alta en decadencia, secretos y enfrentamientos antiguos pero siempre vigentes. Es la historia del derrumbe material y moral de los Godkin, algo previsible por ya conocido, pero que nos deja sobre todo algunos personajes notables. Desde luego la abuela, matriarca implacable que parece que nunca fuese a morir. El padre, que encarna el proceso mismo de descomposición familiar y ruina económica sin caer en el estereotipo, un personaje poliédrico muy bien construido. La tía Martha, rebelde y un poco histérica, con su misterioso hijo pelirrojo. Y naturalmente Gabriel, el unigénito y narrador que cuenta la historia años después, viendo por los ojos del niño que presenció el declive. Al margen del interés de estas figuras, el relato está llevado con la destreza y el trazo fino de un autor que maneja admirablemente el lenguaje –aunque abuse un tanto de las descripciones florales y meteorológicas, seguramente un pecadillo de juventud.

Mediante un corte bastante radical nos adentramos en una segunda parte. Gabriel Godkin, todavía un jovenzuelo, aparece enrolado en un circo ambulante (no desvelo nada, aparece en la contraportada). Hombre, el giro resulta bastante insólito, pero nos lo creemos. Esta nueva etapa del relato le sirve a Banville para dos cosas. Por una parte, para presentar una nueva galería de personajes que, como en el anterior álbum familiar, son complejos e interesantes, con personalidades que siempre albergan algo oblicuo que impiden catalogarlos con ligereza. Gabriel intuye en esa caravana la presencia de un algo tenuemente malévolo que es incapaz de definir, y ello mantiene al lector alerta. La artística singladura es también el vehículo para conocer, aunque sea un poco de pasada, el episodio histórico de la hambruna de la patata, que a mediados del XIX provocó en Irlanda millones de muertos y emigrados, hasta reducir la población en un tercio o más, y a su vez agitó ciertos movimientos nacionalistas de los que tendremos también algunas noticias puntuales. Está bien conseguido el ambiente oscuro del momento, aunque tenemos la sensación de que, como le ocurre al propio circo, al relato no se le ve un rumbo ni medianamente claro.

Tras un extraño episodio intermedio, volvemos al punto en el que el protagonista desempolva sus recuerdos, de nuevo en la casa familiar, y en una tercera parte muy breve, Banville despacha el desenlace de forma un tanto efectista y no muy convincente, atando unos cuantos cabos, y dejando otros tantos sueltos.

Es un poco la constante que encontramos en el libro: talento en el manejo del lenguaje y en la definición de personajes de considerable calado, pero a la hora de construir la historia los elementos parecen poco ensamblados, algunos resultan gratuitos y las situaciones se resuelven a veces tirando de algo parecido al realismo mágico, y otras de manera forzada y no muy creíble.  Cabía estructurar un relato troncal único y más sólido, o bien optar por una narración atomizada y trenzada de forma sutil. Pero finalmente lo que tenemos son bandazos entre una y otra opción, tal vez el deseo de contar demasiadas cosas, y bastante lagunas.

No diré que es una mala novela, me quedo con esa serie de personajes potentes y bien dibujados y con la indudable capacidad técnica de Banville para modelar el lenguaje y crear determinadas atmósferas. 

Y ahora sí, ¿Qué vieron en este autor quienes le reseñaron antes?
Estilista – personajes – elegancia – análisis psicológico – bajos fondos – técnica – inconsistencia narrativa – descripciones impecables – relación pasado/presente – fantasmas del pasado – pedante

Bien, vaya una de prolepsis: admito que tiene algo de ventajista sintetizar opiniones ajenas, una vez elaborada la mía. Pero no me negarán que algunas, bastantes, muchas de las cosas de este Banville primerizo parecen haber seguido brotando en su obra posterior.

P.S. ¿A que nadie se ha fijado que el traductor es el mismo de la reseña de ayer? Coincidencias.


También de John Banville en ULAD: aquí

miércoles, 11 de febrero de 2026

Megan Nolan: Flaquezas normales y corrientes (del ser humano)


Idioma original: Inglés
Título original: Ordinary human failings
Año de publicación: 2023
Traducción: Eduardo Iriarte
Valoración: Recomendable

Esta novela comienza con la desaparición de una niña de 3 años, con el descubrimiento de su cadáver y con la incógnita de quién ha podido ser culpable de los hechos, pero no es una novela negra. O, al menos, no del todo.

Esta novela continúa con la aparición de un periodista de pocos escrúpulos que trata de obtener información (o "información") de cualquier manera, pero no es una sátira del periodismo como puede ser ¡Noticia bomba! de Evelyn Waugh. O, al menos, no del todo.

Esta novela también toca de forma tangencial el desprecio hacia la "clase baja extranjera" por parte de la "clase baja autóctona", algo que está, por desgracia, de plena actualidad, pero no es un texto al estilo Chavs, la demonización de la clase obrera.

(...) esa niña era de una familia de degenerados irlandeses misántropos que, cabía suponer con bastante seguridad, vivían al menos en parte gracias al estado del bienestar social y no habían aportado más que consumo de carácter parasitario (y ahora un crimen horrendo) a la gran nación británica en la que habían creído apropiado asentarse

Por lo tanto, pese a que la novela apunta en su parte inicial en varias direcciones, y para ello mezcla narración pura con interrogatorios policiales, editoriales periodísticos o grabaciones callejeras, finalmente toma una vía más convencional e introspectiva para hablarnos de miedos, errores, silencios, relaciones familiares y soledades que acaban destruyendo (o construyendo, aunque sea de aquella manera) vidas.

Será a través de varios flashbacks como Nolan nos explique el pasado de los diferentes miembros de la familia Green (Carmel, Richie, John, la omnipresente Rose), lo que nos llevará a la pacata Irlanda de finales de los 70 en la que Carmel y Richie verán cómo sus sueños / oportunidades / etc se verán desbaratadas por un cúmulo de decisiones erróneas y un contexto sociocultural que determinará, quieran ellos o no, sus decisiones.

A través de esos largos capítulos, Nolan irá construyendo dos magníficos personajes (Carmel y Richie) e irá hablando sobre dos temas "peliagudos" (aborto y alcoholismo) con delicadeza pero sin caer en discursitos morales ni estereotipos. Estos serían, para mi, las dos principales virtudes del texto, además de un final que... Bueno, digamos que deja una profunda tristeza.

¿Y entonces por qué no una valoración algo más generosa? Pues quizá por las expectativas que me genera la primera parte del libro, por esa "renuncia" al riesgo formal en pos de una novela más convencional, por el desaprovechamiento de un personaje tan antipático como Tom (el periodista sin escrúpulos) o por rebajar de alguna manera el tono político de la novela.

Aún así, la impresión general es más que positiva y la valoración, por tanto, de la novela ha de ser un recomendable. No está nada mal, no?

miércoles, 24 de febrero de 2016

D. E. Stevenson: El libro de la señorita Buncle

Idioma original: inglés
Título original: Miss Buncle's Book
Año de publicación: 1934
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Valoración: entre recomendable y está bien

¿Quién no ha jugado alguna vez al Candy Crush? (excluyo de la pregunta a doña Celia Villalobos, porque ya sé la respuesta y además, no creo que frecuente este blog) ¿A qué mola cuando vas eliminando chuches y pasando pantallas y una voz inefable dice "DELICIOUS"? Pues exactamente esa palabra, dicha con esa misma voz, es la que se oye en la cabeza del lector (bueno, en la mía... junto con otras muchas que me ordenan cometer actos apocalípticos, pero... ejem, esa es otra historia) al leer esta novela; es deliciosa. Ahora bien, deliciosa como puede serlo las chuches o golosinas, precisamente: agradables, apetecibles, divertidas, pero quizás en exceso azucaradas y que, en caso de abuso, pueden llegar a empachar.

Esta novela, escrita por la escocesa Dorothy Emily Stevenson (por si alguien se lo pregunta: sí, era pariente del gran Robert Louis), se desarrolla, sin embargo en un ambiente típico -y tópico- inglés: un pequeño pueblecito de la campiña, como hemos conocido en tantas novelas de la misma época de entreguerras que ésta, de tono también humorístico-costumbrista, y escritas por E. F. BensonNancy Mitford, y por supuesto, Wodehouse o Evelyn Waugh. Ambiente inmortalizado también en muchas novelas de Agatha Christie, que tuvo la genial idea de utilizarlo como escenario de intrigantes crímenes y la aún más genial de poner a resolverlos a una apacible ancianita... En esta novela de Stevenson aparecen también los personajes habituales en estas novelas: el vicario, el médico rural, las solteronas, las criadas... y también un misterio se abate sobre el pueblo -llamado Silverstream, en este caso-; pero no es un asesinato, sino el libro que un tal John Smith ha escrito y que se titula, acertadamente, El pertubardor de la paz. Esta novela  ha sido escrita, en realidad , por uno de los habitantes de Silverstream, la muy discreta señorita Barbara Buncle (supongo que nadie considerará esta revelación como un spoiler, teniendo en cuenta el título...), y puesto que, como ella siempre asegura "carece de imaginación", se ha basado en sus propios vecinos para dar forma a los personajes del libro, revelando debilidades y secretillos que sus dueños hubieran preferido que no saliesen a la luz.

La aparición de El perturbador de la paz hace precisamente eso, pues: perturbar la paz del pueblo y saca a relucir lo mejor y lo peor de cada afectado. También, hay que decirlo, sirve de inspiración a alguno que otro... Esto, en realidad, es lo más interesante de la novela de Stevenson: se establece una especie de juego de espejos metaliterario  -o incluso de muñecas rusas- entre la realidad -es decir, la ficción que estamos leyendo nosotros- y la ficción -esto es, la que leen los personajes de la ficción que leemos nosotros-; vamos, que si esto se le llega a ocurrir a un escritor con más renombre literario y/o intelectual (una cosa no conlleva la otra, me temo), se hubiese considerado la caraba y aún se harían tesis doctorales sobre la obra (no me digáis que a Cervantes ya se le había ocurrido algo así, que ésa es otra liga...). La novela -las dos, en realidad, o incluso las tres... y no digo más- también puede promover una interesante reflexión sobre la naturaleza de la ficción literaria, las características de la hoy llamada "autoficción" y sus peligros, que en el libro son reales y nada metafísicos. La novela como es de suponer está escrito en un tono distendido y aun humorístico; de hecho, más de una vez da la impresión de que su autora -me refiero a D.E. Stevenson, no a Miss Buncle- podría haber afilado bastante más su ironía, pero parece que se contuvo  y no quiso hacer sangre con sus personajes. Para el disfrute del lector puede resultar una lástima, claro, pero, por otra parte, también es de agradecer a veces la empatía de los autores hacia sus criaturas. Otro detalle de estilo, al menos de algunos diálogos, es un tono más bien machista que hoy día nos puede chocar - no sé si a todo el mundo, me temo-, pero que supongo era el habitual en 1934... sin descartar que también se debiera a la sutil ironía de la autora.

En todo caso, una novela esta que sin duda hará disfrutar a quien se decida a leerla... a pesar del azúcar. Y si alguien es especialmente goloso, aviso de que existe dos novelas más protagonizados por la encantadora señorita Buncle. Siempre será mejor leerlas que jugar al Candy Crush, desde luego...