martes, 27 de septiembre de 2011
Agatha Christie: Noche eterna
Título original: Endless Night
Año de publicación: 1967
Valoración: Está bien
Los que lleven con nosotros aquí en ULAD algún tiempo, probablemente sepan ya de mi debilidad por la novela policiaca, uno de esos placeres culpables que uno asume y que no me avergüenzo de reconocer. Y dentro de esta perversión mía, últimamente he empezado a recuperar a Agatha Christie, una autora a la que leí batante en mi adolescencia y que había abandonado desde entonces (y que, por cierto, tuvo una vida de lo más interesante: hay por ahí dos autobiografías suyas que no estaría mal reseñar algún día).
La mayoría de los libros de Christie siguen el esquema típico de las novelas policiacas: planteamiento y presentación de personajes (que en Agatha Christie suele ser inusualmente extenso), crimen, investigación a cargo del detective de turno, resolución. Pero los dos últimos que he leído rompen ese esquema: Los elefantes pueden recordar, porque el crimen se produce doce años antes de la investigación; y Noche eterna porque, durante la casi totalidad de la novela, no hay crimen.
En realidad, Noche eterna es casi una novela gótica, o amaga con serlo, más que una novela policiaca. Cuenta, en primera persona, la historia de Michael Rogers, un joven vividor que se enamora de una señorita millonaria, y se traslada con ella al Campo del Gitano, un terreno supuestamente maldito. Pero que nadie espere tampoco una novela de casas encantadas: la mayor parte del texto se refiere a los asuntos familiares de los dos protagonistas, sus difíciles relaciones con madres, madrastras, tíos, nodrizas y demás. Muy poca acción, muchas insinuaciones, algunos indicios de lo sobrenatural, mucho enredo social.
Tanto Los elefantes pueden recordar como Noche eterna demuestran que, en el momento de escribirlas, Agatha Christie dominaba ya el género policiaco como nadie, y por eso mismo podía permitirse subvertirlo, hacerle modificaciones, jugar con él y hasta darle le vuelta como un calcetín. En este caso parece haberse metido en el traje de Patricia Highsmith (su Michael Rogers no está muy lejos del "talentoso Mr. Ripley", que seguro que Christie conocía), aunque da la impresión de que para que le termine de sentir bien el traje le falta un poco de mala leche o de mala entraña.
Vamos, que no está mal, pero yo me quedo con Agatha Christie cuando es más puramente Agatha Christie: cuando Poirot nos enseña su bigote y se pone manos a la obra.
También de Agatha Christie: Asesinato en el Orient Express, Misterio en el Caribe, Diez negritos
domingo, 9 de septiembre de 2012
Agatha Christie: Misterio en el Caribe
Título original: A Caribbean Mistery
Año de publicación: 1964
Valoración: está bien
Bueno, pues otra entrada ligera para este final del verano: una novela policiaca de la gran Dama del Misterio, Agatha Christie. No se trata de una de sus obras más conocidas, como Asesinato en el Orient Express o Muerte en el Nilo, aunque comparte con estas el situarse en un escenario exótico (en este caso, como su título indica, el Caribe).
Porque, aparte de este detalle geográfico, por lo demás esta es una novela bastante estándar dentro de las de Agatha Christie: tenemos a la "adorable" Miss Marple, siempre tejiendo y siempre fingiéndose más tonta de lo que es; un crimen anunciado, pero no por ello menos inevitable; muchos sospechosos con algo que ocultar (todos ellos de clase media-alta, aunque en este caso de diversas nacionalidades); muchas pistas falsas para despistar al lector, y un desenlace, en este caso, no tan sorprendente como uno esperaría en este tipo de novelas. Solo destaca la creación de un personaje que sirve de inesperado interlocutor de Miss Marple, el anciano millonario Mr. Rafiel, desagradable y misántropo, que volvería a aparecer en otra novela de Christie, Némesis.
Aunque, en realidad, esta novela sí es algo distinta a la mayoría de esta autora (por lo menos, las que yo recuerdo) porque la acción se describe desde la perspectiva de varios personajes. Eso quiere decir que el lector llega a saber cosas que la detective, Miss Marple, no sabe, lo que hace que, por una vez y sin que sirva de precedente, podamos ir incluso un paso por delante de ella y adivinar unas cuantas páginas antes el desenlace de la novela.
Como decía, esta no es una de las novelas más conocidas de Agatha Christie, probablemente porque, como digo, es bastante formulaica: pasa lo que pensamos que va a pasar, y lo que todo lector de novela policiaca espera que pase. Al final, los buenos triunfan, el criminal es detenido y el orden del mundo se reestablece.
También de Agatha Christie en ULAD: Asesinato en el Orient Express, Noche eterna, Diez negritos
lunes, 18 de agosto de 2014
Colaboración: Diez negritos de Agatha Christie
Idioma original: Inglés.
Título original: Ten Little Niggers
Año de publicación: 1939
Valoración: Está bien (mis disculpas a los adictos).
Ocho personas desconocidas entre sí son invitadas a pasar unos días en una minúscula isla privada, en la que hay un bonito caserón, dos sirvientes (que completan la decena de negritos) y una enorme roca que semeja la cabeza de un gigantesco indígena africano. Después de la cena, la voz procedente de una grabación los va culpando uno a uno de haber cometido un crimen que en el pasado quedó sin castigo. A renglón seguido, los invitados asisten atónitos a la muerte inexplicable del primero de los acusados. ¿Hay alguna novela que pueda sobrevivir a este poderoso inicio?
Les confesaré mi problema fundamental con Diez negritos, la narración de misterio más leída de la historia: ese principio tan avasallador, magistralmente planteado, incluyendo la exposición sucinta de cada personaje, integrándolo a la acción (la forma de presentarlos, todos ellos en movimiento hacia su destino, es un truco maestro para capturar la atención) debería tener mucho más recorrido que el de un problema aritmético, por muy ingeniosa que sea la solución. Agatha Christie mueve con elogiable carpintería narrativa los tipos y las situaciones, pero en definitiva –con algún matiz importante- confecciona un crucigrama de misterio, uno más, siendo así que en ese arranque se escondía el germen de una historia de terror puro.
De los libros de Dame Agatha que he leído, éste es el más arriesgado, el menos pudoroso…, y sin embargo sigue siendo demasiado pudoroso, literariamente hablando. Pónganse en el lugar de los invitados, que ven desaparecer a sus compañeros de mesa al compás de una macabra canción de cuna. ¿Ustedes se preocuparían por organizar el desayuno a falta de los criados? ¿Se retirarían a descansar a sus habitaciones individuales al final de un día cuyo balance se eleva a tres fiambres? ¿Prepararían el té? Y, como cuestión mayor, ¿pasarían el tiempo divagando sobre quién o qué provoca tal pandemia mortuoria en vez de concentrarse en, simplemente, salvar el pellejo? Comprendo lo que todo esto tiene de juego, y aún así, echo de menos una buena dosis de transgresión. El lector debería removerse en su sofá no por la inquietud que provoca el desafío algorítmico en los invitados, sino por lo que éstos –y el mismo lector- puedan descubrir acerca de sí mismos.
Esa es la razón por la que lo mejor de Diez negritos –al margen del formidable arranque- está en la parte final, cuando la autora se ha deshecho con precisión criminal de los personajes que le sobraban y puede concentrarse en los que le interesan. Aquí, el pudor se abandona felizmente para rozar y casi alcanzar la línea del horror.
La traducción de Orestes Llorens parece ser la única en español. A pesar de que en la prosa de Agatha Christie no suelen aparecer escollos semánticos, encuentro desconcertante toparme –aunque sea muy ocasionalmente- con términos como “chinchorrerías” o “cuchufletas”. En cambio “anfractuosidades” me pareció muy hermoso, pero confieso que tuve que consultar su significado en el diccionario. A pesar de todo, la versión posee ese aire anticuado propio para leer a Agatha Christie, imprescindible para escandalizarse porque unos educados huéspedes condenados a muerte se vean en la atroz obligación de comer su almuerzo directamente de la lata.
También de Agatha Christie en ULAD: Asesinato en el Orient Express, Noche eterna, Misterio en el Caribe,
viernes, 17 de abril de 2009
La literatura policiaca
Este es un breve repaso a algunos de los nombres fundamentales del género:
Los clásicos:
1.- Edgar Allan Poe: Aunque se le conoce fundamentamente como autor de cuentos de terror, para muchos es también el inventor del relato policiaco en su forma moderna con "Los crímenes de la Rue Morgue", en que aparece un detective intelectualmente superdotado (Chevalier Auguste Dupin), una habitación cerrada, un cadáver y muchas preguntas sin resolver. Dupin sólo volvió a aparecer en otras dos historias de Poe, "El misterio de Marie Rogêt" y "La carta robada", pero estos tres relatos fueron suficientes para dejar sentadas las bases del género.
2.- Arthur Conan Doyle: Y si se trata de encontrar los modelos fundacionales de la novela policiaca, cómo no referirse a Conan Doyle y su Sherlock Holmes. Desde su primera aparición en Estudio en escarlata hasta su desaparición en 1927 con El archivo de Sherlock Holmes (muerte y resurrección de por medio), Doyle marcó la pauta que luego seguirían muchos otros -hasta llegar a nuestro querido Dr. House. Su detective, dotado de una inteligencia sobrehumana aunque social y personalmente inestable, y su inseparable compañero, el Dr. Watson, se pasearon por 4 novelas y 56 historias cortas antes de desaparecer, dejando establecido el canon del género policiaco.
3.- Agatha Christie: El otro gran nombre del género, Agatha Christie escribió unas 80 obras del género policiaco, entre novelas y libros de relatos, y dio luz a dos detectives distintos pero igualmente memorables: el petulante y sofisticado Hércules Poirot, y la adorable pero terrible anciana Miss Marple. Las novelas de Christie suelen tener un desarrollo lento, largas presentaciones de situación y personajes, antes de que se produzca el crimen en cuestión, y suelen estar llenos de pistas falsas que hacen que el lector sospeche de todos los personajes salvo del propio detective. Algunas de las obras más conocidas de esta autora han sido llevadas al cine o al teatro, como Diez negritos, Muerte en el Nilo o Tres ratones ciegos -adaptada con el título de La ratonera-.
4.- Georges Simenon: Menos conocidos que los anteriores, pero quizás más literario que ellos en su estilo y sus intenciones, el belga Simenon es el creador del comisario Maigret, un detective parisino inteligente -pero no de una manera tan sobrehumana o abrumadora como sus predecesores- y humano, iniciando de alguna manera la tradición del "detective sufriente" que han prolongado varios escritores actuales. Las historias de Maigret suelen ser pausadas, casi estáticas, sin tantos giros sorprendentes o revelaciones cataclísmicas como las de Conan Doyle o Agatha Christie. Esto no quiere decir que sean aburridas, sino que su interés está en otra parte: en la presentación de los personajes y la sociedad que rodean al crimen.
5.- Gastón Leroux: A Leroux le corresponde, se puede decir, el honor de cerrar un subgénero que inició Poe con la Rue Morgue: el del "misterio de la habitación cerrada". El Misterio del Cuarto Amarillo está considerado por muchos como el modelo último y definitivo de este tipo de novela, en el que el crimen se ha cometido en una habitación cerrada a cal y canto, sin salidas posibles, y en la que aparentemente sólo se encontraba la víctima. Después de él se han escrito otras novelas similares -por ejemplo, El hombre vacío de John Dickson Carr-, pero no han logrado superar la complejidad o el ingenio de la de Leroux.
6.- Dashiell Hammett: Por terminar con los clásicos, citemos a Hammett, autor de novelas como Cosecha Roja o El halcón maltés, considerado como el iniciador o el maestro del subgénero del hard-boiled o "novela negra", en el que el detective no alcanza la solución del misterio necesariamente a través de la inteligencia, sino a través de la insistencia, la falta de escrúpulos y también, a veces, la violencia o la suerte. En sus novelas -como en las de Raymond Chandler, creador del detective Phillip Marlowe-, la ley y la moral no siempre van de la mano, y el resolver el crimen no siempre significa salir triunfador...
Los actuales:
1.- P.D. James: Creadora del detective-poeta Adam Dalgliesh, P.D. James podría considerarse como una continuadora de la obra de Agatha Christie, tanto por sus entornos ingleses como su detallada presentación de ambientes y personajes, aunque James quizás tenga un estilo algo más irónico que Christie, lo que hace su lectura más entretenida.
2.- Henning Mankell: El escritor sueco actual más conocido, con permiso de Stieg Larsson, es el creador de Kurt Wallander, un detective solitario, profesional pero un poco amargado. Sus novelas, generalmente muy bien escritas y planeadas (con la excepción de Firewall, que no me gustó nada), cuentan detalladamente todo el proceso policial -investigación, burocracia, interrogatorios...- desde que se produce el crimen hasta que se resuelve.
3.- Andrea Camillieri: Para muchos -entre los que me cuento-, el mejor escritor de novela policiaca contemporáneo. Basado -en el nombre y en su apetito voraz- en el inspector Carvalho de Vázquez Montalván, su inspector Salvo Montalbano, de Vigata, es un hombre inteligente, irónico, epicúreo, independiente y algo decadente, y las novelas de Camillieri están llenas de sentido del humor, de ligereza y de personajes grotescos. ¿Se casará algún día Montalbano con Livia?
4.- Michael Connelly: De los escritores actuales, y quizás por su origen estadounidense, Michael Connelly es el más cercano al género del hardboiled y a los tópicos hollywoodienses de la novela de detectives: su detective, Hieronymus 'Harry' Bosch es un tipo duro -pero con sentimientos-, enfrentado con la burocracia policial y con problemas personales y profesionales, que siempre resuelve los crímenes de una manera heroica y violenta, sin importarle las consecuencias.
5.- John Connolly: Sus obras suponen, cada vez más a medida que avanza su carrera, la mezcla de dos géneros: el policiaco y el de terror. Comenzó siendo un escritor de novela negra especialmente irónico y atrevido con Todo lo que muere, para ir dando paso a más elementos sobrenaturales. Lo mejor de sus novelas, más que el detective Charlie Parker, torturado por su pasado, son dos personajes secundarios: Angel y Louis, una pareja de asesinos gays que ayudan a Parker cuando este lo necesita. Cuando aparecen en acción, uno sabe que se lo va a pasar bien durante unas cuantas páginas.
6.- Ian Rankin: Escritor escocés, Rankin sitúa sus novelas policiacas en Edimburgo y sus alrededores. Su detective, el Inspector Rebus, se parece un poco al Harry Bosch de Michael Connelly: está al margen de las intrigas políticas de la policía, es independiente, algo violento y tiene un alto sentido de la moral y la responsabilidad. Probablemente no es el mejor de los escritores citados, pero sí es uno de los que más vende, sobre todo en Europa.
¿Me olvido de alguno? Me lo podéis recordar en los comentarios...
viernes, 14 de febrero de 2025
Agatha Christie: Asesinato en Mesopotamia
Título original: Murder in Mesopotamia
Traducción: Ángel Soler Crespo
Año de publicación: 1936
Valoración: Recomendable para fans
En estos tiempos en que estamos, cerca de un siglo desde sus primeras publicaciones, poco más se puede decir sobre Agatha Christie. Pocos autores habrá cuya obra sea tan conocida, tanto a través de sus libros como, sobre todo, creo yo, gracias a sus múltiples versiones cinematográficas. La autora británica es un poco el paradigma de la novela policiaca, con sus crímenes y sus misterios y, cómo no, con sus peculiares investigadores, ya sea Miss Marple o Hercule Poirot.
Asesinato en Mesopotamia es una obra bastante temprana, ambientada en Irak, una región que Christie conocía de primera mano tras su segundo matrimonio con un arqueólogo. En alguna de sus estancias en aquel país se le debió ocurrir la posibilidad de que ellos mismos, arqueólogo y novelista, pudieran ser los protagonistas de una de sus tramas. Efectivamente, el desencadenante de los hechos se localiza en unas excavaciones, donde el científico al mando y su esposa conviven con un equipo de trabajo más o menos convencional, hombres y mujeres cuyas peculiaridades iremos descubriendo a partir de un crimen.
El esquema no se aparta un milímetro del que podemos tener interiorizado: un asesinato sorprendente en un grupo humano de apariencia inocente, elucubraciones entre los presentes, aparición casual del astuto detective, en este caso Poirot, investigaciones y recopilación de datos que parecen banales, y finalmente la larga sesión de puesta en común en la que se hace la luz sobre asunto tan impenetrable, momento en el cual el criminal no tiene más remedio que admitir su culpa.
Realmente es admirable cómo Christie consigue hilvanar todos los detalles, más que la construcción de una novela es un ejercicio de ingenio puro, un trabajo de orfebrería en el que todo debe encajar exactamente en su lugar. Desde luego el objetivo lo alcanza de forma sobresaliente, y no es de extrañar que varias generaciones de lectores y espectadores hayan quedado admirados ante semejante perfección.
Encontraríamos también algunos otros elementos apreciables desde el punto de vista narrativo: el entorno, al que no se dedica mucha atención, pero resulta bien definido; el dibujo de personajes, que siempre sabe dejar una zona opaca para hacer dudar al lector; o la figura chocante del investigador, un tipo casi cómico este Poirot, que no obstante su origen belga parece el más británico de los personajes. Tampoco dejaré de comentar que hay en el texto un cierto deje de racismo, definiendo a los iraquíes como indígenas, subrayando su carácter perezoso y mostrando indignación por la suciedad, por ejemplo. En la época en que se escribe el libro a estas objeciones que hoy pueden parecer muy obvias no se les prestaba desde luego la misma atención, y esa visión un poco por encima del hombro resultaba bastante coherente en una región bajo dominio inglés.
Resulta difícil mantener el concepto de novela en relación con este tipo de relatos. Como casi todos los de esta autora hay un predominio casi absoluto del diálogo, y el libro podría sin ningún problema representarse como una obra de teatro, lo que seguramente se ha llevado a cabo en alguna ocasión. Desde este punto de vista, en tanto que obra narrativa, no puede decirse que tenga un gran valor. Su mérito reside en lo que realmente es: un entretenimiento, un juego si se quiere, construido con maestría, y que da al lector exactamente lo que va buscando, intriga, alguna sorpresa, y la invitación a cierto ejercicio intelectual en el que la autora, como es muy lógico, siempre lleva las de ganar.
También de Agatha Christie reseñado en ULAD: aquí
martes, 24 de diciembre de 2024
Agatha Christie: Navidades trágicas
Título original: Hercule Poirot's Christmas
Año de publicación: 1938
Traducción: J. Mallorquí Figuerola
Valoración: Está bien
¡Alegría, júbilo y cascabeles, amigos y amigas de ULAD, que esta noche es Nochebuena y mañana Navidad! Saca la bota, María, que me voy a emborrachar... Por fin llegaron estas fechas tan señaladas en las que familiares y amigos se reúnen en un ambiente de paz y amor, en las que los buenos sentimientos imperan por doquier, en las que mostramos al mundo lo mejor del ser humano... Bueno, vale, no: reconozcamos que lo más habitual es que te entren ganas de arrear un botellazo al pesao de tu cuñado o clavarle el cuchillo de trinchar el pavo a la pécora de la suegra... Es comprensible, después de todo, con el estrés que se genera en las cenas familiares, entre el tío abuelo fachorro y el primo creepy... (por no hablar de las tradicionales reuniones con los compañeros del cole, las cenas de empresa y demás eventos sacacuartos).
sábado, 21 de agosto de 2010
Agatha Christie: Asesinato en el Orient Express
Idioma original: inglésTítulo original: Murder on the Orient Express
Año de publicación: 1934
Valoración: está bien
También de Agatha Christie en ULAD: Noche eterna, Misterio en el Caribe, Diez negritos
miércoles, 1 de marzo de 2023
Agatha Christie: La casa torcida
Título original: Crooked House
Año de publicación: 1949
Traducción: Stella de Cal
Agatha Christie vuelve a estar de moda, si es que alguna vez dejó de estarlo. Quizá se deba a que en los últimos años se han vuelto a adaptar varias de sus novelas al cine -como la que ocupa esta reseña de hoy-. pero también han tenido éxito otras películas de whodunit como Puñales por la espalda (que, por otra parte, tiene bastante que ver con la novela reseñada hoy). Además, existe cierta fascinación por la desaparición voluntaria de esta escritora en 1926 y, por último, en esta época de justa reivindicación de las mujeres escritoras, su figura literaria ha cobrado nueva relevancia, más allá del favor popular, que nunca ha abandonado a sus libros.
Lo mismo ocurre con respecto a sus personajes habituales, como el peculiar Hercule Poirot o la entrañable, pero siempre certera, Miss Marple; aunque en el caso de esta novela el detective protagonista es otro: el joven diplomático Charles Hayward, hijo de un comisionado de Scotland Yard y novio de Sophia Leonides, la nieta del acaudalado y excéntrico Aristide Leonides. Cuando éste muere en circunstancias sospechosas, Charles acude junto a ella a la mansión familiar, Three Gables -la "casa torcida", literalmente, aunque el título también es una metáfora de la idiosincrasia de esa familia y la personalidad del patriarca-; allí conocerá al resto de la parentela y tratará de encontrar al culpable del asesinato de Leonides.
En fin, no voy a desvelar más de la trama, que justamente es la gracia principal de las novelas de Agatha Christie. también lo es el retrato, más o menos certero, pero siempre fascinante, de las clases alta y media británicas, con sus virtudes y, sobre todo, defectos; en este caso, su proverbial desconfianza e incluso desprecio hacia los extranjeros, por más que hayan demostrado su talento y valía. otro punto fuerte de sus novelas, y de ésta en particular, es la creación de personajes, un tanto acartonados, si se quiere, pero, sin duda, originales e interesantes, desde los rencorosos hijos de magnate difunto a la nueva y joven esposa Brenda, ex-cigarrera de cabaret o, sobre todo, su nieta pequeña, hermana de Sophia, la repelente Josephine.
Según las propias palabras de doña Agatha en el prólogo de alguna edición de esta novela, éste era uno de los libros de los que más orgullosa se sentía. También es una de mis favoritas de esta autora. Tal vez no tenga el renombre de Asesinato en Orient Express o El asesinato de Rogelio Ackroyd (no voy a decir Diez negritos... es decir Y no quedó ninguno, porque resulta un tema peliagudo), pero, sin duda, es de sus novelas más fascinantes, tanto por revelar los entresijos de la familia Leonides como por el escenario donde se desarrolla la historia, esa "casa torcida" tan expresiva y turbadora.
Más cosas de doña Agatha reseñadas: aquí
miércoles, 29 de mayo de 2024
Agatha Christie: El espejo se rajó de parte a parte
Título original: The Mirror Crack'd from Side to Side
Año de publicación: 1956
Traducción: María Dolores Raich de Ullán
Valoración: recomendable
Como muchos otros millones de personas (sé que no soy especial), durante mi adolescencia fui un lector voraz de las novelas de Agatha Christie y seguramente a ella debo en buena medida la persistencia ente vicio afición que me ha traído hasta aquí, a perpetrar reseñas de lo que leo, con más entusiasmo que acierto... Confieso, además, que de todas sus novelas, las que más me gustaban eran las protagonizadas por Miss Marple (Poirot me resultaba un tanto fatuo...aunque supongo que esa era la intención. pero es que, además, la señorita Jane Marple , aunque se tratara de una anciana, me parecía un modelo de detective más moderno e innovador), esa amable viejecita que resolvía crímenes mientras tomaba el té en su casa de St. Mary's Mead... qué menudo pueblo, por cierto, donde el índice de asesinatos por habitante debía de ser más alto que una favela de Rio de Janeiro.
En cualquier caso, en este libro, ambientado ya en los años 50 del siglo pasado, en St. Mary's Mead se han producido algunos cambios; ya no es ese pequeño villorrio típicamente inglés, cerrado sobre sí mismo, pues han llegado nuevos habitantes que rompen el status quo social, inquietando a los vecinos de siempre (¿de qué me sonará a mí esto?): jóvenes matrimonios provenientes de la ciudad han ido a vivir al nuevo barrio del Ensanche, donde los chavales tienen pinta de gamberretes... En fin, que ha llegado el siglo XX al mundo de las tacitas, por decirlo así. Por si fuera poco, la mansión de Gossington Hall ha sido adquirida por una estrella de Hollywood, aunque de origen británico, la actriz marina Gregg junto a su marido, el productor americano Jason Rudd. Este aporte de glamour (no es difícil pensar que se trata de un trasunto de Elizabeth Taylor, que a su vez fue quien interpretó al personaje cuando la novela se llevó al cine) gusta más a los vecinos/as de St. Mary's Mead, claro, hasta que resulta que una de ellas, la señora Badcock, muere envenenada durante la recepción que los nuevos dueños ofrecen en la mansión. Aunque, según apuntan todos los indicios, el objetivo del asesino o asesina no era esta buena señora, sino la misma Marina Gregg...
El misterio está servido. Y la señorita Marple acabará por resolverlo desde su casita, informada por los cotilleos que les cuentan las visitas y su joven asistenta Cherry. Con sus habilidades deductivas y, sobre todo, con su conocimiento de la naturaleza humana, sorteará pistas falsas e increíbles casualidades 8ay, doña Agatha...) hasta dar con la terrible verdad, como no podía ser de otra manera. También, no debo olvidarlo, con la inestimable ayuda de Alfred Tennyson, cuyos versos sobrevuelan toda la novela:
"Voló la telaraña y flotó lejos
El espejo se rajó de parte a parte;
-La maldición ha caído sobre mí- exclamó
La dama de Shalott"
(Una vez más, no me puedo resistir a poner una de las magníficas cubiertas de la editorial Molino para los libros de esta autora)
Más novelas de doña Agatha reseñadas: aquílunes, 24 de septiembre de 2012
Georges Simenon: El ahorcado de la iglesia
Título original: Le pendu de Saint-Pholien
Año de publicación: 1931
Valoración: está bien
Hace (demasiados) años, cuando en el colegio intentaban enseñarnos a "relacionarnos de una forma saludable con el alcohol" (sic) nos hablaban de usar "espaciadores": bebidas sin alcohol intercaladas en medio de las bebidas alcohólicas, para no terminar en coma etílico. No les hacíamos ni caso, claro, pero esa no es la cuestión: a lo que iba es a que yo ahora hago algo parecido, pero con novelas. Entre una novela exigente y otra, o en medio de una novela verdaderamente exigente, me meto con algo más ligero: una novela policiaca, o de terror, o de Terry Pratchett. La novela verdaderamente exigente, en este caso, es Contraluz, de Thomas Pynchon (habrá reseña); y el "espaciador", obviamente, Simenon y su comisario Maigret.
Simenon es casi contemporáneo de Agatha Christie, y sin embargo sus novelas tienen un aire muy distinto. No hay en las novelas del comisario Maigret (por las que Simenon es justamente famoso) no encontramos esos ambientes cerrados, llenos de secretos y sospechas que caracterizan las novelas de Hércules Poirot, por ejemplo. Maigret es un detective de la gran ciudad, París (aunque también viaje en muchas de sus novelas) y Simenon es un autor mucho más costumbrista que Christie, e interesado por ambientes mucho más diversos.
Esta obra en concreto, El ahorcado de la iglesia, es una de las primeras de la serie de Maigret. Quizás de ahí nazca su sencillez narrativa, y su estructura casi lineal. Comienza la novela con un misterio, como debe ser (un joven se suicida con un disparo en la boca después de que Maigret le "robe" una maleta sospechosa), y a partir de ese momento Maigret comenzará su resolución, acumulando pistas en diversas ciudades europeas y haciéndose cada vez más enemigos.
Sin llegar a ser en absoluto un héroe de novela hardboiled, como Philip Marlowe, Maigret es sin duda mucho menos cerebral y mucho más héroe de acción que los más famosos detectives que le preceden, y está más cerca de novelas actuales de tipo procedural (que muestran los procedimientos policiales con una técnica más realista) que de la inteligencia sobrehumana de Sherlock Holmes.
Esta novela, a lo mejor como decía por ser una de las primeras de la serie Maigret, no es nada del otro mundo: es una novela entretenida, poco más. En definitiva, el "espaciador" perfecto para poder seguir luego hincándole el diente a bueno de Pynchon.
Y a ello vamos...
Puede interesarte también: La literatura policiaca
También de Georges Simenon en ULAD: La viuda Couderc, La muerte de Belle
sábado, 25 de abril de 2015
José C. Vales: Cabaret Biarritz
Idioma: españolAño de publicación: 2015
Valoración: entre recomendable y está bien
jueves, 6 de marzo de 2014
Biografías lectoras: La lista de la compra
- Chuches, chocolatinas y pipas Facundo:
- Salsa de tomate y ketchup:
- Carne y pescado:
- Fruta y verdura:
- Vino y licores:
martes, 23 de agosto de 2016
Edgar Wallace: El hombre que no era nadie
Idioma original: inglésTítulo original: The Man Who Was Nobody
Año de publicación: 1927
Traducción: E. A. (para más datos, preguntar en la editorial Santillana)
Valoración: está bien
De acuerdo, también es verdad que, al menos la novela de la que hablamos hoy, no es que sea para tirar cohetes. Siguiendo la estructura al parecer típica de estos thrillers, se plantean, al principio de la novela, unas circunstancias misteriosas, vinculadas a un posible crimen, y luego el lector va asistiendo al desarrollo y posterior resolución de esos misterios, sin que ni él ni los personajes desde cuyo punto de vista se presenta la narración -en este cado, Marjorie Stedman, la joven y hermosa secretaria de un abogado- tengan del conjunto sino datos fragmentados y una visión del conjunto forzosamente parcial. No es, pues, una novela-problema o una narración de misterio al estilo clásico, por más que en ella aparezcan los mismos elementos que en las de Agatha Christie, sin ir más lejos: un pequeñopueblo de la campiña inglesa, nobles desaparecidos, fortunas forjadas en minas de oro del Kalahari, petimetres locales, damas que juegan al bridge y actrices de la escena teatral londinense. Además, claro, del "hombre que no era nadie", que responde al improbable nombre de Pretoria Smith (igual que, para el caso, podía haber sido Johannesburg Jones...).
Huelga decir que la novela no satisfará, pienso yo, ni a los amantes del policíaco más duro ni a los de los rompecabezas criminales, pero como baza cuenta con el encanto de los años veinte... y además, con apenas 170 páginas, capítulos cortos y abundante diálogo (precursor Wallace, por tanto, de las técnicas del best-seller), así que se lee en una tarde y aún sobra tiempo para merendar y salir a dar una vuelta. Veranito perfecto...
viernes, 2 de julio de 2010
Libros para el verano: El misterio del cuarto amarillo, de Gaston Leroux
Idioma original: francésTítulo original: Le Mystère de la Chambre Jaune
Fecha de publicación: 1908
Valoración: Recomendable
Cuando tenía once años me dio por leer de forma compulsiva todos los libros de Agatha Christie y Arthur Conan Doyle (uséase, Sherlock Holmes) que pillaba. Resultaba que servidor quería ser detective privado, y pensaba que leyendo a estos autores, estaría preparado para resolver futuros crímenes...Es que daba por hecho que en mi excitante trabajo todas las semanas tendría un asesinato que resolver, ya fuera en mansiones victorianas o viajes en tren, siempre con varios sospechosos y mucho seso requerido para dar con el asesino: qué realista era yo...
Pero lo cierto es que disfruté sobremanera con esta clase de lectura, lo que consideraba toda una proeza tras leerme la colección completa de "Elige tu propia aventura" y "Alfred Hitchcock y los tres investigadores".
Luego llegaron los años, años y más años..., crecí, y bueno, aparte de que me di cuenta de que en este mundo, el de la realidad, ser detective privado consiste, más bien, en perseguir sigilosamente a presuntos infieles o grabar conversaciones compremetedoras con aparatos a años luz de los de James Bond, pasé a otro tipo de lectura y me olvidé de los detectives repollos, los pastelitos de arsénico y los sospechosos interesantes.
Pero la vida es un eterno retorno, y resultó que durante un curso de francés en Niza, para mejorar la comprensión escrita, la profesora nos ofreció unos libros de lectura, entre ellos, El misterio del cuarto amarillo. Y lo elegí porque en cuanto leí la sinopsis en su contraportada, me pareció el más atractivo de todos.
El misterio del cuarto amarillo plantea un misterio que deja de piedra: en el castillo Glandier una joven, la señorita Matilde, hija de un científico llamado Stangerson, sufre un intento de asesinato en su habitación de paredes amarillas. Alguien la lanza al suelo e intenta encajarle un tiro, pero en el forcejeo los disparos se pierden en el aire, y el asesino desaparece mágicamente, ya que ningún habitante del castillo ve salir a nadie del cuarto. Para más inri, el habitáculo tenía su ventana cerrada por dentro. La única pista que encuentran en el cuarto es una pistola que pertenece, maldita sea, al mayordomo de los Stangerson. ¿Qué pasó...?
Para resolver el caso, el padre de Matilde contrata al gran Joseph Rouletabille, un tipo peculiar pero listísimo, mientras que la poli se decanta por Larsan, uno de los investigadores más celebrities de Inglaterra. Así que, el misterio y la rivalidad están servidas: ¿quién y por qué intentó matar a la pobre Matilde y cómo demonios entró en el intrigante cuarto amarillo? Hummm...Lean el libro y lo sabrán... Además, hoy tenemos cine. Hay varias películas sobre el libro...
Y bueno, pues creo que está claro por qué recomiendo esta obra para la estación más pegajosa y ruidosa del año: el tiempo libre y el presunto buen tiempo reclaman una lectura más ágil y emocionante de lo habitual, pero tampoco hace falta dejar en la nevera el cerebro. Rouletabille no les permitirá hacerse los tontos...
Feliz verano. Espero que sean más afortunados que el que firma esta reseña: me esperan tres meses de estío urbano entre los duros muros de un banco...
viernes, 19 de septiembre de 2014
Philip Kerr: Praga mortal
Idioma: inglésTítulo original: Prague fatale
Año de publicación: 2011
Traductor: Alberto Coscarelli
Valoración: Muy recomendable
Ahora bien, como contrapunto a este divertimento detectivesco, a esta especie de Cluedo en versión nazi (y como suele hacer en las novelas de Gunther), Philip Kerr nos reserva también un momento para la violencia más brutal e inclemente, como si quisiera recordarnos -o recordarse a sí mismo- que aunque ahora tomemos todo esto como un juego de soldados de plomo con vistosos uniformes y retórica pomposa, aquella fue una de las épocas más atroces y despiadadas que ha conocido la Humanidad, generadora de sufrimiento -al menos en términos cuantitativos- como ningún otro momento de la Historia.
Así, el regusto que nos deja la novela no puede sino ser amargo, pues resulta imposible olvidar las atrocidades cometidas en la realidad por esos personajes (y no sólo ellos, Y no sólo los de ese bando), por más que los hayamos convertido en meros figurantes de la Historia o, en este caso, la literatura. Igual que amarga es la conciencia del duro y sarcástico, pero aún más desdichado, Bernie Gunther, condenado a ser alemán en un momento en que su país parecía haberse convertido en una de las recámaras del Infierno. Y él mismo, en uno de los demonios.
jueves, 16 de mayo de 2019
Truman Capote: Música para camaleones
Título original: Music for Chameleons
Año de publicación: 1980
Traducción: Benito Gómez Ibáñez
Valoración: muy recomendable
Música para camaleones fue publicado en 1980, cuando Capote ya era una celebridad en la cultura americana y no deja de desprender un cierto aire a menú degustación. La estructura del libro así lo delata: un primer tercio dedicado a relatos situacionales, con ciertos aromas a Carver o incluso un aire naturalista muy lejanamente emparentado con el gótico sureño más asequible. Después, un relato, Ataúdes tallados a mano, acapara la parte central del libro. Ochenta páginas brillantes en su concepción pero algo irregulares en su desarrollo, apelando al Capote más periodístico pero con un aire policíaco algo confuso que a veces podría referir incluso a Agatha Christie. Y en su parte final, indudablemente la parte más brillante, recuperamos al escritor en su salsa, más reflexivo, más tendente a esa atractiva mezcla entre lo trascendente y lo frívolo, capaz de penetrar en la mente de uno de los componentes del clan Manson en el corredor de la muerte y, unos relatos más allá, mantener un diálogo ligero y casi inconexo, entre visitas al baño e ingestión de sustancias, con Marilyn Monroe, el icono americano por antonomasia, de la cual Capote, en su condición de incontestable celebridad, era amigo de aquellos con los que quedas y te tomas un café con leche que dura tres horas. En esa tercera parte Capote se abre de esa manera permeable y subliminal en que se abren los escritores confiados y confidentes. Y suelta esas cuatro frases que Beatriz Garza suele tuitear y se muestra - moriría solo cuatro años más tarde - desinhibido, cercano, como si su prosa fuera a la vez pregunta y respuesta. Capote escritor que ha entrado en cárceles y se ha quedado a solas con asesinos crueles y despiadados parece tener miedo a lo que ve frente a sí en el espejo. Atrás hemos dejado visitas a ancianas, amigos con tendencias malsanas, personajes casi casuales como los propietarios de las casas que limpia la protagonista de Un día de trabajo.
Quizás no un libro redondo, pero indudablemente contenedor de muchas partes que sí lo son de forma contundente.
Y tenía razón en esa cuarta frase escueta.
"Soy un genio"
sábado, 7 de febrero de 2015
E. F. Benson: Reina Lucía
Título original: Queen Lucia
Año de publicación: 1920
Traductor: José C. Vales
Valoración: entre recomendable y está bien










