sábado, 12 de septiembre de 2009

Margaret Atwood: Érase una vez

Idioma original: inglés
Título original: Dancing girls and other stories + Good Bones
Fecha de publicación: 1977 + 1992 (2007 en español)
Valoración: Muy recomendable

La escritora canadiense Margaret Atwood se ha convertido en una de las voces femeninas más autorizadas y respetadas del panorama internacional gracias no sólo a su incisivo punto de vista, sino sobre todo por una narrativa densa, compacta y sin concesiones. Novelas como La mujer comestible (1969) o El asesino ciego (2000) han logrado, además de importantes niveles de ventas en todo el mundo, la aclamación de la crítica. Érase una vez es una obra menor en ese conjunto, pero mantiene todas las claves de las obras extensas de su autora.

Érase una vez es el título castellano elegido por Lumen para publicar un volumen de relatos que se corresponde con dos obras distintas en su idioma original: Dancing girls and other stories (1977) y Good Bones (1992), reunificadas aquí para constituir una colección bastante compacta (quizás más que las originales) en la que la escritora profundiza con agudeza y agilidad en varios de sus temas habituales: la relación entre hombres y mujeres, la soledad, los celos, la infidelidad. De entre las historias que componen el cuerpo de este volumen, destaca “El resplandeciente quetzal”, en la que un matrimonio que lucha por superar la muerte de su primer hijo realiza un viaje turístico a México, donde un pozo de sacrificios rituales les obligará a enfrentarse a sus temores y a sus tentaciones.

Junto a este tipo de historias de relaciones personales conflictivas, siempre desde el punto de vista del lado femenino, los editores han incluido, a modo de forma pórtico y de conclusión, dos piezas en las que Atwood hace gala de su ironía en relación con la mujer y la literatura. La primera de ellas, titulada como el libro, “Érase una vez”, juega con los límites absurdos a los que está llegando la obsesión por lo políticamente correcto, cuando se aplica a la creación literaria; la última, titulada “A favor de las mujeres tontas”, satiriza el papel de este tipo de mujeres como personajes literarios. Sin ellas, dice, no habría historias que contar; por lo tanto, concluye, “Rompamos una lanza a favor de las mujeres tontas, que nos han dado la Literatura”.

Aunque a lo largo de las historias centrales de este libro el lector puede sentir una cierta sensación de monotonía, porque Margaret Atwood es una narradora con un estilo muy marcado y los temas son bastante recurrentes, lo cierto es que hay que admirar la maestría con la que la autora maneja los hilos de unas historias de un gran realismo, y en la que no hay espacio para los cambios de destino espectaculares: precisamente lo ordinario, lo cotidiano, es el medio en el que, como en una cárcel o en una jaula demasiado estrecha, se agitan muchos de sus personajes.

Otras obras de Margaret Atwood en ULAD: Oryx y CrakeEl asesino ciegoDoña Oráculo