viernes, 18 de septiembre de 2009

Javier García Sánchez: Ella, Drácula

Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable

Mi amiga Leire, sabedora de mi fascinación por el lado oscuro de la naturaleza humana, me prestó el libro que hoy protagoniza mi post.

Cuando me lo trajo (metido en una elegante bolsita de cartón blanca y negra de una boutique con nombre italiano, aunque no sé por qué lo menciono, quizás para causar contraste entre el continente y el contenido…) me advirtió de lo “difícil” de leer que era, ya que estaba plagado de escenas moral y éticamente obscenas, colmado de aberraciones y torturas que dejaban como simples aficionados a los soldados tarugos de la base estadounidense de Guantánamo.

Pero yo me hice el tipo duro, ¡buah!, mira que tratar de herirme la sensibilidad a mí, que me vi enterita y sin cerrar los ojos ni una sola vez Saló o los 120 día de Sodoma de Pier Paolo Passolini… Y una buena noche, un poco a regañadientes (porque aquello olía a best-seller, el horror-el horror) saqué de la primorosa bolsita de boutique el libro de mi amiga y comencé a leer la historia de esa condesa húngara pirada del siglo XVI, Erzsébet Báthory, de la que hasta hacía poco no sabía mucho, sólo que era un especie de draculina con tendencias lésbicas aficionada a darse baños de sangre de doncellas vírgenes. Vamos, una Vlad Tepes al uso, una noble rica, aburrida y locuela (a causa, quizás, de la espesa sangre endogámica que corría por sus venas), que en vez de matar malditos e infieles turcos como hacían los varones de su entorno, obedecía a sus instintos infrahumanos martirizando a jóvenes sirvientas.

Pero una cosa era quedarse con la idea general de semejante señora, y otra, ahondar en la bestia…Y con la obra de García Sánchez, créanme que lo hice…

Ella, Drácula cuenta la vida de la que fue la materia prima perfecta con la que Bram Stoker podría haber modelado a su monstruo, uno de los titanes no sólo de la literatura de horror, sino de la literatura universal: el atormentado y violento conde Drácula; aunque la versión oficial dice que el tipo con colmillos y aficionado a la sangría tuvo como fuente de inspiración directa al ya citado malandrín de Vlad Tepes, llamado el Empalador (adivinen por qué…).

El libro está narrado desde el punto de vista de un personaje ficticio, un cura que en su infancia vivió en el castillo de Erzsébet Báthory, ya que su madre era lavandera allí. Así, el pequeño que luego se convertiría en religioso, vio con sus propios ojos lo que las sencillas gentes de la zona rumoreaban: que las decenas y decenas de jovencitas que iban a servir a la condesa (y que jamás volvían o morían en bloque, de extrañas enfermedades) eran en realidad objeto de las mayores vejaciones y torturas inimaginables por parte de la monstruosa aristócrata, madre de cuatro hijos a los que prácticamente no veía y viuda joven de un mata-turcos excepcional que se pasaba el día batallando.

No voy a describir aquí (es duro, muy duro) qué es lo que les hacía exactamente a sus víctimas la Drácula ésta, al parecer, una dama bellísima, amante de los trajes de terciopelo y los corsés, y muy culta, pero también una desequilibrada morbosamente atraída por el esoterismo y la brujería desde muy joven. Se cuenta que su obsesión por bañarse en sangre de muchachas fue a causa de un accidente: una de sus criadas, al cepillarle su larga melena oscura, le dio sin querer un tirón; la condesa la golpeó hasta hacerla sangrar; la sangre de la chica le salpicó la mano, y cuando se limpió la mano creyó comprobar cómo la piel que había entrado en contacto con la sangre había milagrosamente rejuvenecido. Así empezó todo.

El libro, por tanto, cuenta, desde el punto de vista del chiquillo/cura la sanguinaria senda existencial de la Báthory, siempre ocupada en recolectar jovencitas de familia humilde a las que apresaba en sus castillos para torturarlas y arrebatarles lo que ella consideraba el secreto de la belleza y juventud eternas. El problema de la criminal, siempre ayudada por un séquito de colaboradores necesarios que incluía un jorobado de pesadilla y un par de brujas, fue que su cada vez más desatada locura le hizo cometer un error inexcusable: empezar a buscar sus víctimas entre jóvenes de mayor posición social. Los nobles no perdonaron sus vilezas, y acabó siendo condenada a vivir hasta el fin de sus días confinada en su cuarto, empaladas la puerta de entrada y las ventanas, con lo que su único contacto con el exterior era una rendija encima de su cabeza y el huequito por el que le pasaban comida y agua cada quince días.

Cuatro años después de su encierro y la ejecución de sus colaboradores, la encontraron muerta entre alimañas de toda clase, especialmente de murciélagos, vestida de negro y con su sempiterno cuello alzado... ¿Bram Stoker se inspiró en Vlad qué…?

Por otra parte (morbo aparte, quiero decir), este libro es buena prueba de la excelente labor de documentación e información realizada por el autor, ya que el lector puede conocer mejor el contexto político y bélico de la época, y además, García Sánchez utiliza un lenguaje, unas expresiones y unos símiles poco usados actualmente, de tipo romántico y gótico pero nunca pretencioso, que le da a uno la sensación de estar leyendo una fábula cruel y violenta, en la línea de los cuentos de hadas originales (vamos: antes de ser corrompidos por Walt Disney): cuentos en los que los lobos eran corruptores de menores y las hermanastras feas se rebanaban los talones con el cuchillo más afilado de la cocina con tal de que les cupiera el zapatito de cristal y pudieran llevarse al altar al príncipe más azul del reino. Colorín colorado, cómo nos han engañado...

PD: ¡Películas recientes sobre la Báthory! Una checa de 2008 (con Anna Friel), y la última, de 2009, dirigida e interpretada por la francesa Julie Delpy, y con Daniel Brühl y William Hurt. A ver cuándo estrenan ésta...

4 comentarios:

Jaime dijo...

Estremecedor. Y más áun pensar que las peores pesadillas literarias deberían adscribirse a la escuela realista. Aunque a veces hay duda de dónde está el original y dónde la copia.

El último psicópata que arrestaron en EEUU, aquel que había raptado una niña de 11 años y la había retenido no sé cuántos, violándola a cada rato, añadió un elemento nuevo a la horrible historia ya repetida varias veces: oía unas voces divinas. Es decir, puro Stephen King. Y la duda: la figura del psicópata-fanático, ¿preexiste a la literatura de King y contribuye a su génesis, o es más bien su perversa realización en el mundo? ¿Acaso las muchas adaptaciones cinematográficas de sus novelas, que alcanzan un público masivo, no pueden dar cauce y forma a los siniestros reflejos que aniden en algunos trastornados espectadores?

Y otra inquietante sugerencia: hoy en día se ha democratizado (en Occidente) el modo de vida fácil y muelle que antes fue propio de la aristocracia. ¿No estamos heredando también su fatal tedio y sus extravagantes métodos para combatirlo? El mal, visto de cerca, quizá no sea más que capricho sacado de quicio. ¿Es esa una explicación, por ejemplo, para la extensión de la pornografía infantil?

Como ves, Ian, tu reseña me ha provocado bastantes interrogantes. Interesante elección.

Paula dijo...

Sí, qué curioso... Qué miedo, qué asco y qué morbosas ganas de leer dan. Creo que esperaré a ver la película (la Delpy me encanta, y qué decir de los otros dos actores)... Visualmente soporto la sangre bastante bien, pero imaginármela me suele aterrorizar considerablemente...

Ian Grecco dijo...

Pues la verdad es que sí que es interesante todo esto de la génesis del Mal...¿los monstruos nacen malos o se hacen malos? ¿Hasta qué punto la educación puede reprimir tendencias malignas? ¿Y por qué hay tantos Malos con poder?

Porque si pensamos un poco, comprobaremos que muchos de los monstruos que ha dado la historia de la civilización humana han ostentado importantes cargos, es decir: los Malos suelen ser hombres y mujeres con mucho poder, y no sólo por herencia (como la Báthory) sino porque el pueblo les vota y les alaba. ¿El deseo de tener un poder infinito implica necesariamente tener la ética y la empatía por los suelos?

Si la Báthory sólo hubiera sido una pobre campesina, quizás ni siquiera se le hubiera pasado por la cabeza hacer daño a un animalillo...Pero tenía poder, tiempo libre y todos los medios inimaginables para salirse de rositas...

Anónimo dijo...

Lo acabo de leer. Me ha sobrecogido,es durísimo. Muy bien escrito, coincido con la reseña.