miércoles, 9 de septiembre de 2009

J. M. Coetzee: Hombre lento

Idioma original: inglés
Título original: Slow Man
Fecha de publicación: 2005
Valoración: está bien

Si no creyera en el azar, debería empezar a preocuparme. Como recordaréis (o quizá no), el último libro que reseñé fue Misery, de Stephen King. Paul Sheldon, el protagonista, se pasa casi toda la novela postrado en cama y soportando unos terribles dolores, porque tiene las piernas destrozadas desde que sufrió un accidente en la carretera. Nada más acabar Misery, empecé a leer Hombre lento, cuyo protagonista, Paul Rayment, sufre un accidente en la carretera que le destroza una pierna y lo condena a una dolorosa convalecencia. Los dos personajes se ven sometidos a una amputación: Paul Sheldon de un pie y Paul Rayment de casi toda la pierna, por encima de la rodilla. (La sutil diferencia es que al segundo le ponen anestesia y no le cauterizan la herida con un soplete.) En fin, que no creo en las señales del destino, pero de todos modos me alegro de no llamarme Paul.

Hasta aquí tenemos la mitad de la situación de partida: Paul Rayment, fotógrafo australiano jubilado, pierde una pierna y comienza a depender de los demás para todas las actividades cotidianas. Paul está divorciado y no tiene hijos, así que en realidad de quien depende es de las enfermeras que le envía un servicio de asistencia social. Tras unas cuantas profesionales ineptas o medio lelas aparece la segunda mitad de la situación de partida: Marijana Jokic. Una fornida enfermera croata que habla un inglés bárbaro, pero, a cambio, tiene la empatía necesaria para darle a Paul el respeto que le estaba faltando. No lo trata como un niño, ni como un imbécil, sino como un hombre, y él no tarda en corresponderla pensando en ella, no como enfermera, sino como mujer.

De modo que tenemos un paciente mayor que se enamora de su joven enfermera, la cual está casada y tiene tres hijos. Las complicaciones que no es aventurado suponer a partir de aquí movilizan la trama del libro. Esto podría suceder de varias maneras, más o menos previsibles; sin embargo, Coetzee decide dar un giro radical a la novela introduciendo una tercera figura: Elizabeth Costello. Ya hemos hablado en el blog de esta escritora ficticia, cuando reseñamos el libro homónimo que le dedica Coetzee. En esta ocasión, la Costello aparece en la vida de Paul, decidida a saber qué dirección tomará la historia con su enfermera. Y esto, permitidme que lo diga, es muy pero que muy raro.

Paul Rayment y Elizabeth Costello no se conocen de nada; sin embargo, la segunda sabe quién es el primero, dónde vive y qué le ha ocurrido. Sabe de su amputación y de sus sentimientos hacia Marijana. En cuanto le aclara todo esto, para asombro de Paul, la Costello le anuncia que se quedará a vivir con él hasta que la situación tome un rumbo claro. Para poder seguir creyendo que hay algún orden en lo que lee, el lector necesita suponer que Paul es, de algún modo, un personaje de Costello (algo que el mismo Paul empieza a creer). Eso explica que ella sepa todo de él, mientras que él, en cambio, lo ignore todo sobre ella. Elizabeth Costello -como, presumiblemente, todo autor- estaría esperando a que su personaje se decida a hacer algo.

Esta explicación no deja de tener cierto atractivo. Presenta casi toda una teoría del autor, bien alejada de la omnipotencia que se le suele atribuir. La Costello no sabe cómo seguirá la trama y, además, siempre que trata de intervenir lo hace del modo más torpe que se pueda imaginar. El lector empieza a prever algo así como una meta-novela: una novela sobre cómo una escritora construye su novela, conviviendo imaginariamente con su protagonista. Pero Coetzee tampoco quiere dejarlo tan claro: por momentos Paul recobra fuerzas, echa a la Costello de su apartamento y retoma las riendas de su vida sin testigos impertinentes.

Más o menos desde la mitad del libro, parece como si estuviéramos oscilando todo el rato entre una versión simple (paciente-enfermera) y una complicada (escritora-personaje) de la misma novela. Sin embargo, no puede hablarse con propiedad de algo así como dos planos narrativos, ni siquiera de dos tramas. La sensación es más bien que Coetzee cojea, como su protagonista, entre dos novelas distintas, creando en el lector una ansiedad de decisión que se ve frustrada. ¿Quizá este ahí, precisamente, el punto de la novela? ¿En esa indecisión de Paul, el "hombre lento", que acaba inflitrándose en la narración misma? Pues podría ser, pero tanta sofisticación alegórica no acabaría de justificar los muchos flecos sueltos que deja la extraña presencia de Costello. Estaríamos entonces ante una novela escrita más para los críticos que para los lectores, y eso no suele funcionar.

También de Coetzee: Esperando a los bárbaros, Elizabeth Costello, Diario de un mal año.

13 comentarios:

Santi dijo...

Como tú dices, esta novela parece que son dos novelas, y el momento en que se produce la bifurcación es cuando entra en escena Elizabeth Costello, uno de los personajes más sabiondos, manipuladores y aborrecibles de la literatura universal.

Sinceramente, para mi gusto la aparición de la Costello se carga la novela, porque elimina toda posible naturalidad de la relación entre el "hombre lento" y su cuidadora, y a partir de ahí todo es demasiado forzado y hasta falso. Una pena, porque el argumento hasta ese punto prometía...

Ian Grecco dijo...

No he leído el libro, pero creo que en pos de la originalidad y las alabanzas en el mundo de la creación cada vez se hacen más locuras, no siempre con resultados satisfactorios.

Dirty Clothes dijo...

Pues el argumento me ha convencido y me dan ganas de leer la novela...

dirty saludos¡¡¡¡

Jaime dijo...

Vaya, Santi, tenía la esperanza de que me llevaras la contraria, ¡que luego dicen que no discutimos;)! Como me recomendabas Hombre lento en la reseña que hice de Elizabeth Costello... Pues tienes razón, esa señora me cayó bastante bien en la novela homónima, pero ahora le prendería fuego viva en cualquier auto de fe.

Allí se presenta más como una escritora abnegada que lucha, al final de su vida, por no ocupar la casilla que le quieren asignar en los libros de historia de la literatura (australiana) y por defender sus ideales, etc. En este, en cambio, es una bruja implacable que haría lo que fuera por llevar su novela a buen puerto.

Dicho lo cual, Dirty Clothes, tampoco quiero desalentarte. La novela tiene sus virtudes, claro (aunque una no sea la claridad de su intención). Y la escritura de Coetzee es tan precisa como siempre. Por cierto, que me ha picado tanto ese estilo suyo que me he puesto inmediatamente con Esperando a los bárbaros.

Santi dijo...

Ah, esa sí que es una gran novela... Y La Edad del Hierro... Terrible.

Santi dijo...

Terrible en el buen sentido, que conste.

Jaime dijo...

Vale, he tardado bastante en terminar Esperando a los bárbaros, pero sólo porque me dio por leerla en inglés, con lo que me daba mucho más pereza coger el libro... Me ha encantado. Me he perdido cosas por no andar todo el rato tirando de diccionario, pero aún así he disfrutado de ese estilo conciso de Coetzee. El personaje del magistrado me parece uno de los más convincentes que he conocido en mucho tiempo (y mira que tiene sus rarezas, el hombre).

Antonio García dijo...

No estoy muy de acuerdo con lo que aquí se dice, es cierto que la novela parecen dos novelas y que el realismo se ve de repente sobresaltado por la idea de la aparición de Costello, pero los aciertos de la novela son demasiado geniales como para ser pasados por alto. La forma en que transcurre el tiempo en la novela por ejemplo, que es un efecto muy conseguido, como si fuera una melaza que lo impregnara todo. Y la pintura maravillosa de los protagonistas, sobre todo la enfermera y el hombre lento, cuyua profundidad psicológica y ambiguedad es pintada con una sutilidad magistral.

Jaime dijo...

Sí, si en eso te doy toda la razón, Antonio. Y sólo narrando toda esa conflictiva relación entre paciente y enfermera, con la genialidad habitual de Coetzee, Hombre lento sería una novela increíble. El problema está en que toda esa solidez la rompe voluntariamente Coetzee metiendo de por medio a la figura de Costello. Inevitablemente el lector trata de explicarse esa extraña presencia en la novela y lo que creo es que Coetzee no da los elementos suficientes para construir una explicación satisfactoria e interesante. No sé si no le interesa atar flecos o, simplemente, no lo consigue. El caso es que el resultado es demasiado desconcertante y, desde mi punto de vista, hace que esos aciertos que señalas pasen a un segundo plano de atención.

madelen dijo...

Yo voy a ver a Elizabeth Costello de otra forma, como personaje real es insostenible, ya que Marianne; la dama de negro del ascensor, sólo ha estado en el pensamiento y en los sueños de Paul Rayment y ella no puede por tanto saber quien es,pero por otro lado parece ser que los demás pueden verla, por tanto no es una ficción de la soledad del fotógrafo. Así que me aventuro a creer o más bien me invento lo siguiente:
Paul no existe más que en la imaginación imaginaciónn de la escritora. La historia de principio a fin está inventada por ella quien hace experimentos continuos desde que aparece con el que creemos es nuestro personaje principal .

Jaime dijo...

Pues sí, supongo que bien podría ser.. Pero ¿no deberían quedar más claros entonces los dos planos (personajes / autora)? Si tu hipótesis es correcta, Coetzee los estaría mezclando continuamente de una manera bastante confusa..

christofer dijo...

Según una profesora de literatura la irrupción de Costello en la historia no afecta a la trama ni a la calidad de la novela. Al contrario, es una especie de matiz que ayuda a dar color o sabor a la historia principal.

María Corcione dijo...

Hola!! yo también pienso que sin Costello la novela no se afirmaría y sería muy predecible (la historia del enfermo que se enamora de su enfermera). Creo que la tensión radica justamente en la irrupción de lo no probable, de lo que puede lograr la ficción dentro de la ficción y Costello hace eso, deja la delgada duda de quién es el o la que lleva las riendas en la vida real. Una novela para reflexionar sobre la vejez y la metaliteratura. Me gustó muchísimo. Saludos a todos