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domingo, 25 de septiembre de 2016

James Ellroy: Perfidia

Idioma original: inglés
Título original: Perfidia
Año de publicación: 2014
Traducción: Carlos Milla
Valoración: Brutal y muy recomendable (o viceversa)

Pues no. Resulta que en este, por otra parte, inigualable y magnificiente blog de libros  no habíamos reseñado aún ninguno de don James Ellroy, quizás el más grande autor vivo de novela negra. Nunca. Asumo, pues, mi culpa en primer lugar y pido disculpas. El éxito y la vida muelle no pueden hacernos olvidar nuestro sagrado compromiso con los lectores; que ahora escribamos nuestras reseñas desde una lujosa mansión en una isla privada del Caribe no debe ser excusa. Así pues, amigas y amigos seguidoras y seguidores de Un Libro Al Día, aquí tienen por fin una reseña de James Ellroy, esquire de la ciudad de Nuestra Señora la Reina de Los Ángeles y doctor en asuntos sucios de toda índole:

Perfidia -el título original también es así, en castellano- es la última novela, hasta la fecha, de este escritor y la primera de lo que aspira a ser el "Segundo Cuarteto de Los Ángeles". Sus incondicionales seguidores ya lo sabrán, pero para quienes no lo sean -aún-, me explico: existe ya un "Primer Cuarteto de L. A.", que arranca con el caso de La dalia negra, en 1947. El segundo cuarteto, que comienza Perfidia, en realidad vendría a ser, en la ficción, anterior al primero, comenzando cronológicamente en 1941, por lo que ambos cuartetos, junto con la llamada "Trilogía Americana", constituirán al final (al menos tal es el objetivo) una serie de once novelas que abarcarán desde 1941 a 1972; es decir, un gran fresco de 31 años de Historia del crimen y la corrupción norteamericanas, contado con el mejor y más inclemente estilo posible hoy en día. Por supuesto, muchos de los personajes aparecen o aparecerán en ambos cuartetos e incluso en la trilogía. Amén  de los variopintos personajes reales que salen aquí o allá (y que, por cierto, no suelen ser los mejor tratados, precisamente).

¿Qué tal, resulta un poco lioso? Tranquilos, que no es para tanto. Menos aún si se empieza a leer la serie por esta Perfidia, en la que algunos de los más conspicuos personajes "ellroyanos" aparecen por primera vez (aunque, en realidad, no es la primera, sino que... vale,de acuerdo; no voy a reptir todo el rollo de nuevo). La acción de la novela transcurre en diciembre de 1941, cuando EEUU entra en la II Guerra Mundial. Un dí antes del ataque a Pearl Harbor aparecen destripados en su domicilio, en lo que parece un ritual seppuku, todos los miembros de una familia de origen japonés, los Watanabe y el Departamento de Policía de Los Ángeles se pone a investigar el posible crimen -o no crimen-, con la dificultad añadida que supone la entrada en la guerra al día siguiente y sus consecuencias directas en la ciudad: histeria antinipona, redadas en Little Tokyo, oscurecimientos para dificultas ataques enemigos, presencia de submarinos junto a la costa, conatos de revuelta... Además, como hablamos de una novela de Ellroy, las cosas no pueden ser tan simples como la investigación de un crimen, por enigmático o enrevesado que sea; aquí encontramos también policías corruptos y fascistas, políticos aún más corruptos y fascistas, criminales fascistas, espías fascistas, eugenistas fascistas, fascistas a sec... (¿¡pero bueno, en EEUU en 1941 eran todos fascistas, o qué!? Pues según parece, casi, menos Roosevelt y poco más). Vale, no es para tanto: también hay rojos quintacolumnistas, estrellas de cine de variado pelaje, bandas tong de chinos, mafiosos judíos y polis mexicanos... aunque he de reconocer que estos últimos también son bastante fascistas.

En mi opinión, lo mejor de esta novela, además de que Ellroy ha sabido dotarla de un ritmo endiablado, apabullante -casi se diría que uno la va leyendo dopado de benzedrinas, como alguno de los personajes- y del desacomplejadamente ágil dominio del estilo del que hace gala  (inteligente uso del stream of conciousness, por ejemplo, cuando le viene bien hacerlo), es que la indagación detectivesca no recae sólo en un investigador arquetípico, sino que son cuatro los protagonistas que se encargan de ello: Hideo Ashida, inteligente, minucioso y ambiguo criminólogo de origen japonés; la seductora Kay Lake, novia de un agente de policía e inquieta, quizá en demasía, por la necesidad de la aventura; William H. Parker, ambicioso y católico teniente de policía dividido entre sus escrúpulos y sus debilidades; Dudley Smith, sargento de policía irlandés y no menos católico que el anterior, pero casi absolutamente amoral. Encantador, brutal y expeditivo. Según he leído en alguna entrevista a James Ellroy, Dudley es su personaje favorito (y no me extraña, porque es un caramelo para un escritor), aunque yo diría que les trata a todos con el mismo cariño o falta del mismo... Estos cuatro personajes -y no sólo ellos, sino prácticamente todos los que aparecen en la novela-, haciendo honor al título de la misma, nos ofrecen todo un recital de traiciones, asechanzas, rivalidades y felonías de diverso tipo, aunque también, en cierto modo, guarden una cierta extraña lealtad entre ellos. Como copiosa guarnición para la historia, el autor nos ofrece todo un despliegue de violencia -mucha violencia-, sexo -bastante sexo-, alcohol -ídem- y drogas. No hay rock & roll porque en 1941 aún no se había inventado, que si no...

Por resumir la reseña de esta novela de alguna forma, recordaré que en una entrevista a un medio digital español Ellroy declaró: "Me lo he pasado de puta madre escribiendo esta mierda" (suena más fino en inglés, pero no lo es). Yo sólo puedo añadir que lo mismo que  un servidor leyéndola.

Nota: si no he valorado este libro como imprescindible, es solamente por el reparo que me produce su condición -o su pretensión- de ser una parte de un cuarteto, del que aún no sabemos el resultado global. Pero, desde luego, se trata de una novela mucho más que recomendable... Más bien está bordeando el imprescindible. Por no decir chapoteando dentro como un cochino en un lodazal.

jueves, 27 de febrero de 2020

James Ellroy: Esta tormenta

Idioma original: inglés
Título original: This Storm
Año de publicación: 2019
Traducción: Carlos Milla Soler
Valoración: bastante recomendable (y, sin duda, para los fans)

Última brutalidad, por el momento (*), perpetrada por el señor Ellroy, con todas esas cosas que tanto le gusta meter en sus novelas al viejo Demon Dog: violencia en plan burro, sexo desenfrenado -a veces también a lo burro-, alcohol y drogas por un tubo, polis corruptos a cascoporro, pirados de toda clase y muchos, muchos fascistas, fascistas a tutiplén... Coño, es que aquí hay más fascistas que en un mítin de VOX con barra libre; hasta los rojos que salen son bastante fascistas, no os digo más... También hay un mogollón de personajes -de hecho, el libro incluye al final una sección de Dramatis Personae para no perderse- que que se explayan a lo largo de casi 700 páginas de una trama que se enrosca y se desenrosca, que se ramifica y se poda a sí misma, a una velocidad extenuante. Porque esa es otra: la novela está escrita al ritmo del jazz más sincopado, con la cadencia de una metralleta Thompson que suelta una larga ráfaga de balas hasta que se agota todo el cargador. Pasan tantas cosas en cada uno de sus cortos capítulos que se hace imposible una sinopsis siquiera aproximada, menos aún en una modesta reseña...

Intentémoslo: la novela comienza en la tormentosa Nochevieja del año 41, poco después del ataque a Pearl Harbor -e inmediatamente después de la anterior novela de Ellroy, Perfidia- y la acción se extiende durante los primeros mese del año 42, cuando se temía un ataque japonés al sur de California y los nipones residentes en ese estado fueron recluidos en campos de concentración, por si las moscas. Crímenes que suceden esos primeros meses del nuevo año, más otros que vienen del pasado acaban convergiendo, en las mentes más perspicaces del departamento de Policía, en una trama inestable que arranca -o no- en el robo de un cargamento de oro en el año 31, y cristaliza de forma inaudita en el asesinato de unos polis de dudosa reputación en un tugurio de aún peor reputación en el barrio negro, pasando por el incendio de Griffith Park en 1933. Todo ello aderezado con los supuestos tejemanejes de los quintacolumnistas pronipones, pronazis o prosoviéticos, más la paranoia y la excitación de esos primeros momentos de la guerra en América. Y la presencia como guest stars de famosos de Hollywood como el afamado Orson Welles -éste no le cae muy bien a Ellroy- y Bárbara Stanwyck, entre otros...

¿Cómo maneja James Ellroy todo este quilombo? Pues al igual que hizo en Perfidia, repartiendo el peso de la investigación de los distintos sucesos, y de la propia narración de los mismos, entre varios personajes, en este caso un quinteto compuesto por:
  • Elmer Jackson: poli paleto y cafiche que busca a) desentrañar y si es necesario vengar la muerte de su hermano, delincuente ocasional no menos paleto y b) hacerle alguna jugarreta a Dudley Smith y protegerse por si éste se le adelanta.
  • Hideo Ashida: japo protegido del Departamento de Policía y de Dudley Smith en particular, por su habilidad como forensic. Busca impresionar a D. S.
  • Dudley Smith: poli irlandés corrupto y filofascista, macho alfa (o "chad", como dicen ahora los pobrecicos incels) favorito de Ellroy, se supone... Destinado como oficial del SIS a Baja California para detectar movimientos japoneses y quintacolumnista, allí entra en contacto con los sinarquistas mexicanos, tipejos aún más filofascistas que él, liderados por un tal Abascal (que también manda narices). Busca tenerlo TODO.
  • Joan Conville: oficial de la Marina que, de forma accidental, entra a trabajar para el departamento de Policía, donde subyuga a todo el mundo por su inteligencia, encanto y donosura de pelirroja del Medio Oeste. Busca venganza por la muerte de su padre en un incendio.
  • Kay Lake: abeja reina y metomentodo favorita de Ellroy (comprensible si pensamos que el personaje fue interpretado en el cine por Scarlett Johansson). Busca respuestas y salirse con la suya, básicamente.
Todo esto, ya digo, contado a un ritmo endiablado, absolutamente agotador, pero también electrizante: los capítulos que narran la "Batalla de Los Ángeles", por ejemplo, parecen coreografiar la música de una enloquecida Big Band. Frases cortas, casi telegráficas, en capítulos también cortos... pero que al cabo de unos cuantos, el lector siente como si un boxeador profesional le hubiese dado una paliza, cuando menos a los puntos.

Otro rasgo del estilo, además de esta velocidad y agilidad pasmosas, dignas de un practicante de parkour literario, es el empleo, en apariencia indiscriminado, de, por decirlo así, "términos políticamente incorrectos": aquí los afroamericanos son "charoles" y "tiznajos"; los mexicanos, "cholos", "frijoleros", "espaldas mojadas"; los homosexuales... ya os podéis imaginar. En principio, no deja de ser una forma de ambientar la novela en esos años 40 en los que los epítetos racistas, etc. se soltaban con naturalidad, más aún, es de suponer, por parte de los policías blancos... pero también cabe adivinar una cierta satisfacción en el autor por utilizar un lenguaje que escandalice a las mentes progres bienpensantes. Aunque al profundizar un poco en su narrativa, pronto se da uno cuenta de que su discurso -al menos, el subyacente- es mucho menos racista, menos derechista y machirulo de lo que parece. Ellroy podrá considerarse a sí mismo el último de los escritores "machos", el novelista cargado de testosterona y sin pelos en la lengua que se explaya en tal sentido en sus libros y entrevistas, pero al tiempo que representa ese papel, parece estar guiñando un ojo para avisarnos de que no va en serio. Bueno, sólo un poco...

(*) Aún quedan dos novelas más para completar el "Segundo Cuarteto de Los Ángeles", aunque cronológicamente, éste corresponda a una época anterior al "Primer Cuarteto de L. A.". Ambos, junto con la "Trilogía Americana", constituirán al final (esperemos) un ciclo de once novelas negras con personajes en común que saltan de unas a otras, que abarcarán desde 1941 a 1972 (he de decir, no obstante, que a diferencia de las series anteriores, en este Segundo Cuarteto sí que resulta conveniente haber leído el primer libro antes de acometer el segundo).

Otros libros del mismísimo Perro del Demonio reseñados en ULAD: Perfidia, La Dalia Negra, Mis rincones oscuros

jueves, 21 de agosto de 2025

James Ellroy: El gran desierto

Idioma original: Inglés

Título original: The Big Nowhere

Año de publicación: 1986

Traducción: Carlos Gardini d'Angelo

Valoración: Muy recomendable

«Todos los policías honestos se parecen unos a otros, pero cada policía corrupto lo es a su manera». Alain Ríos

La recomendación más concreta que puedo hacer sobre el segundo libro de El Cuarteto de Los Ángeles es la siguiente: si les gustó La dalia negra, El gran desierto les va a encantar.

Asesinatos, policías corruptos, mafiosos, judíos, femme fatales, comunistas, gais, jazz… No se puede pedir más. Una novela que lo tiene todo.

El epígrafe de esta reseña hace referencia a los tres protagonistas de esta historia: Danny Upshaw, un policía corrupto que investiga una serie de asesinatos grotescos; Malcolm "Mal" Considine, un policía aún más corrupto, encargado de infiltrar el movimiento comunista que ha impregnado Hollywood, mientras lidia con la batalla legal contra su esposa europea (a quien rescató de los nazis, detalle que da cuenta de la densidad de la novela) por la custodia de su hijo; y Turner "Buzz" Meeks, un expolicía convertido en esbirro de la mafia judía de Los Ángeles, quizá el más corrupto de todos. Como era de esperarse, las tres líneas narrativas se entrelazan de manera magistral.

Cuando leí el libro, era completamente ignorante de los hechos históricos que retrata la novela. En la mayoría de los casos, lo real aporta verosimilitud y crudeza a la ficción, algo que en ocasiones me parece una pequeña trampa por parte del escritor. En mi caso, incluso desconociendo la situación de los Estados Unidos de posguerra (sin saber siquiera que estaba basado en sucesos reales), los personajes y situaciones narrados por Ellroy me impresionaron por su autenticidad y complejidad.

Figuras como Mickey Cohen, el célebre gánster judío que controlaba el negocio del juego y la extorsión en Los Ángeles, o Jack Dragna, su contraparte ítalo-estadounidense, aparecen retratados con la crudeza característica de Ellroy: violentos, paranoicos y siempre al borde de la traición. 

Además, la novela se sumerge en las tensiones políticas de la época, en particular la cacería anticomunista que impregnó Hollywood durante los años cuarenta y cincuenta. Los comités de investigación, las listas negras y la paranoia generalizada forman parte del día a día de los protagonistas. Ellroy incorpora de manera orgánica episodios concretos como el caso de Sleepy Lagoon, donde un grupo de jóvenes méxico-americanos fue injustamente acusado de asesinato en un clima cargado de racismo, y los posteriores disturbios de los zoot suits. Estos hechos históricos revelan el ambiente de miedo, discriminación y persecución ideológica que convirtió a Los Ángeles en un hervidero de tensiones sociales y políticas, terreno fértil para la corrupción policial y la violencia que dominan la novela. 

Si en La dalia negra nos enfrentábamos al mito del crimen irresuelto, aquí el horror es colectivo: en Los Ángeles todos conspiran, todos traicionan y nadie queda limpio.

Otras obras de James Elroy en ULAD: La dalia negra, Perfidia, Esta tormenta, Mis rincones oscuros

viernes, 11 de marzo de 2016

Colaboración: El Idiota, de Fiódor Dostoyevski

Idioma original: Ruso
Título original: Идиот, Idiot
Año de publicación: en serie, entre 1868 y 1869
Valoración: Imprescindible

Imaginaos un bólido de extrema pureza colisionar de lleno ante las puertas del mismísimo infierno y ahí tendréis El Idiota. ¡Qué cosas no sucederán!

Dostoyevski junta en su protagonista todo lo que es noble en este mundo y cual muñequito anaranjado de Google Maps, le arroja sin dilaciones al vacío haciéndolo estrellarse en el San Petersburgo de mediados de siglo XIX, donde la perfidia, el vicio y los matrimonios de interés son pasto de todos los días.

La historia amanece cuando nuestro querido príncipe Myshki , último en su linaje, sin un kópec en el bolsillo y con un hatillo cargado al hombro, retorna a la Madre Rusia tras cuatro años de tratamiento a su idiocia en las montañas suizas. Su enfermedad de idiota, no obstante, remite parcialmente a lo que hoy en día calificaríamos de cuadro epiléptico de severidad media. La acepción moral del epíteto que titula la obra es sin duda lo que la convierte en imperecedera y en un clásico de la literatura universal.

¿Es un alma pura un idiota por antonomasia? ¿Es el destino irremediable de un Jesucristo que camina por la Tierra y fraterniza con la sociedad de su época, terminar clavado en la cruz?

El autor le dedica casi un tercio de este ladrillo literario (lectores de playa abstenerse, los rusos son raza misteriosa y escriben para ser efectivamente leídos) a las primeras veinticuatro horas de contacto de Myshkin con la humanidad. Luego, hecho el mundo, Fiodor se arremanga. Y es que Dostoyevski no es solamente el dueño del escalpelo más brillante en el arte de la disección del alma humana. Es además un carnicero.

Sin apremio por meros triángulos amorosos el autor erige colosales heptágonos desbordantes de locura, tragedia y pasión. Uno tras otro sus personajes son llevados al cadalso y encaramados al potro de la tortura emocional para luego después, palmaditas en la espalda mediante, apearlos a sus buenas suertes en el dichoso caso de supervivencia.

Los más avezados “intelectualoides literalitos” siguen insistiendo en discutir si el opus magnum de Dostoyevski es Crimen y castigo o Los hermanos Karamazov, pero yo coloco a El Idiota cuando menos a la par de estos dos gigantes. El sayo genial y hecho a medida de la omnipresencia psicológica permite que la historia fluya sin perder intensidad en ningún momento. Revolviéndose en la tormenta se intuye la pregunta fatal: ¿Somos dignos de Dios?

Otras obras de Fiódor Dostoievski en ULAD: Aquí

Firmado: Renzo Sclavo

jueves, 24 de enero de 2019

James Ellroy: Mis rincones oscuros


Idioma original: inglés
Título original: My Dark Places
Año de publicación: 1996
Traducción: Hernán Sabaté
Valoración: Out of order

Nota previa: No sé si esta reseña puede considerarse llena de spoilers o incluso un puro spoiler toda ella, puesto que no se trata de un libro de ficción, sino de unas memorias, pero, en todo caso, yo aviso.

Sobre la valoración: pongamos que uno de ustedes, de vosotros, es un un chaval de diez años cuyos padres están divorciados. Pasas los días de cole con tu pelirroja mamá, a la que odias y amas, mientras que los fines de semana te vas con tu padre, que viene a ser un simpático haragán. un domingo, al volver a casa te encuentras con que la noche anterior tu madre ha sido asesinada, posiblemente antes violada y su cuerpo arrojado a una acera del barrio. te vas a vivir con tu padre a tiempo completo; acabáis en la miseria. Dedicas tu adolescencia a llamar la atención soltando a diestro y siniestro majaderías nazis y a leer novelas policíacas; te obsesionas con la historia criminal de tu ciudad, con los casos que recuerdan al asesinato de tu madre. Tu padre muere antes de que llegues a la mayoría de edad. Te conviertes en alcohólico y drogadicto, en ratero, en un merodeador nocturno, en un mirón; en un sin techo ocasional. Acabas en la cárcel una y otra vez. Con 28 años, tras pasar por un psiquiátrico, te desintoxicas y empiezas a trabajar de caddy. También a escribir; consigues ser un novelista de éxito. Cuando tienes 47 años vuelves a investigar el asesinato de tu madre junto con un ex-policía: exploráis todas las pistas que permanecen, buscáis a todos los posibles testigos, seguís todas las huellas. Revivís juntos casos no menos pavorosos, con otras mujeres asesinadas. Y luego escribes un libro que es una confesión y una búsqueda, un abrirse en canal y una reconciliación con tu pasado y con tu madre. Además, un espejo en el que se refleja toda la violencia contra las mujeres que anida en esta sociedad, todo el rencor y la codicia sexual y la ferocidad de los hombres contra ellas. Y veintidós años después un panoli que escribe en un blog lee el libro y, anonadado, no sabe como valorarlo.

Nota posterior: abstenerse de leer este libro todo escritor que se haya dedicado o pretenda dedicarse a la llamada autoficción, porque le puede dar un pasmo. Yo aviso.

Otras barbaridades de libros de James Ellroy, reseñadas en Un Libro Al Día: Perfidia, La Dalia Negra

lunes, 7 de abril de 2014

Yasunari Kawabata: La casa de las bellas durmientes


Idioma original: japonés
Título original: 眠れる美女 (Nemureru bijo)
Año de publicación: 1961
Valoración: Muy recomendable


“Esta era una joven que, tanto dormida como despierta, incitaba al hombre con tal fuerza que si ahora Eguchi violaba la regla de la casa solo ella tendría la culpa del delito.”

Como delito estaría tipificada esta práctica en nuestras legislaciones actuales. Aclaro que el narrador habla de una chica muy joven (virgen por más señas) a quien el protagonista no ha visto nunca despierta. Ni ella a él.
Se trata de un una novela corta extraordinariamente bella –y es precisamente en su atractivo donde radica su perfidia– delicada en la forma (no en el contenido evidentemente) minuciosa, con una exquisita selección de términos y ángulos de visión, enormemente sensorial, centrada en los sentimientos de frustración del protagonista pero cuyas omisiones permiten adivinar enseguida que las chicas están allí, en parte por extrema necesidad, en parte por ignorancia de lo que ocurre. Como temas explícitos aparecen el paso del tiempo, la añoranza por la juventud perdida o la pérdida del vigor sexual, pero se plantean también sutiles dilemas éticos, la cuestión del continuo acecho de la muerte o el concepto de la mujer-objeto abordado de la forma más perversa.
La acción consiste en el desarrollo de un conjunto de escenas, muy similares entre sí, protagonizadas por varias muchachas jóvenes y por un hombre que no tardará mucho en cumplir los setenta. El ambiente es tan opresivo como inquietante y morboso, la cuidada descripción y la detallada recreación de actitudes permite que el lector pueda observar lugares y hechos como si formase parte del cuadro. Paralelamente, van desfilando pensamientos (retazos de una vida, el recuerdo de las tres hijas casadas hace tiempo) que revelan la mentalidad del autor, probablemente habitual en el Japón de hace medio siglo. Pero toda lectura supone una forma distinta de dar sentido al texto, y mi interpretación está a años luz de distancia de la mentalidad con que fue escrita.
(Kawabata nació en Osaka en la frontera entre dos siglos y fue el primer japonés en ganar el Nobel, en 1968. Tres años más tarde abandonó voluntariamente este mundo)
¿Es posible disfrutar de la lectura de un maravilloso producto narrativo mientras ardemos de indignación sin sospechar que el desenlace será más aberrante aún? Aún así me parece una obra magistral, incluso considero meritorio que consiga provocar reacciones tan intensas. Evidentemente, no siempre las mismas: aunque resulte difícil de creer, todavía queda gente que se identifica con Eguchi. La progresión del relato, la dosificación de los hechos, el manejo de la intriga son igualmente admirables. Está repleta de hermosas imágenes, reflexiones profundas, sabiduría de vida, sinceridad. Y, qué decir de la magnífica recreación ambiental, contraponiendo el opresivo e inquietante ambiente interior con ese presentido paisaje nocturno. También la elección del vocabulario es significativa: “usar a las mujeres como mujeres” por ejemplo, o las expresiones que muestran impulsos violentos, o las que dan por hecho que la víctima de una violación es quien ha de avergonzarse. Sin embargo, y exceptuando que forma parte de la situación que se describe, todo sucede en la mente del protagonista. Lo reprobable ya estaba en el ambiente.

jueves, 5 de octubre de 2017

James Ellroy: La Dalia Negra

Idioma original: inglés
Título original: The Black Dahlia
Año de publicación: 1986
Traducción: Albert Solé
Valoración: Muy, muy recomendable


Me voy a permitir comenzar con una boutade, que quizá no lo sea tanto: ojalá James Ellroy fuera vasco o español o al menos estuviese suficientemente interesado en el tema como para escribir una novela sobre el llamado "conflicto vasco" que nos espeluznara y maravillara por igual. Y, sobre todo, mandase a freír espárragos toda esa palabrería interesada y/o tramposa sobre la "batalla del relato".

Dicho esto, toca reconocer que tanto maravilla como repeluzno fue lo que consiguió el señor Ellroy hace treinta años con esta La Dalia Negra. Maravilla por lo bien escrita que está, claro; Ellroy consiguió con ésta una novela negra canónica, utilizando con maestría muchos elementos clásicos del género. El resultado, ya digo, es negro, negrísimo, como el culo de un chipirón... Pero espeluznante, además, porque a la tremenda escabrosidad de la historia que cuenta se le une el saber que está basada en un famosísimo caso real: el 15 de enero de 1947 apareció en un solar de Los Ángeles el cuerpo salvajemente torturado y despedazado de Elizabeth Short, una aspirante a actriz que la prensa bautizó como "La dalia negra". Pese a las muchas teorías y hasta curiosas atribuciones de culpabilidad, el caso sigue oficialmente sin estar resuelto y Ellroy lo aprovechó para construir a partir de él una de sus novelas sobre la culpa y el destino humanos, y sobre la culpa y el destino de su ciudad, (la irónicamente llamada) Los Ángeles. Quien se ocupa de la investigación en ella es Bucky Bleichert, un boxeador que entró en la policía huyendo de ser alistado para la guerra y que forma, junto a su compañero , el también ex-púgil Lee Blanchard y la pareja de éste, la fascinante Kay Lake, un triángulo sentimental que luego convierte en doble triángulo, trapecio o qué sé yo, que soy de letras...

Más allá de la trama detectivesca, sin embargo, La Dalia Negra es, sobre todo, la historia de una obsesión, personalizada en Bucky, pero a la que en su momento sucumbió toda la sociedad californiana y hasta estadounidense. También de la obsesión de James Ellroy, debido a su truculenta historia personal (quién no la conozca la puede leer en el apéndice de la edición de este mismo año de la novela o en otro libro, de título asaz significativo: Mis rincones oscuros). En su caso, pues, está claro que tiene la justificación suficiente e incluso la autoridad moral como para escribir sobre éste o cualquier otro crimen real que le dé la gana... La pregunta que me hago yo, supongo que por mi educación judeo-cristiana, es si como lector tengo derecho a disfrutar tanto de un libro que, después de todo, no habría sido posible sin el sufrimiento extremo de una persona, por más que ocurriese hace 70 años. Y como lector, la respuesta también no puede ser otra que sí: desde el momento en que un escritor se ha apropiado de la historia para elaborar una obra literaria, ésta pasa a ser dominio de la ficción y sólo a los dioses de la misma y a su escurridiza moralidad debemos rendir cuentas. 

En todo caso, si acabamos pagándolo en el Infierno, quizás sea con el señor Ellroy o, al menos, con sus libros (casi mejor).


Otros títulos de James Ellroy reseñados en Um Libro Al Día: Perfidia

lunes, 13 de enero de 2020

Malditas cubiertas: Mujeres Con Pamela

Existe un ámbito dentro de la literatura clásica en el que la mediocridad de las cubiertas en relación a la calidad literaria de las obras es prácticamente del 100%. O lo que es lo mismo: grandes novelas con cubiertas de pena como consecuencia de al menos una de estas tres injerencias editoriales:
 
Ignorancia
(no haberse leído la novela)
Estupidez 
(haberla leído y no haberla entendido) 
Desfachatez 
(importarle a uno tres pimientos lo que sea que esté ahí escrito)

Nos referimos sin duda a las novelas protagonizadas por ese colectivo de mujeres que no solo han coincidido en desarrollar sus conflictos en el mismo periodo histórico si no que, para mayor desconcierto, han decidido vestirse todas igual. 

El drama que concierne a todas esas damas de época, también conocidas como Mujeres Con Pamela (en adelante MCP) es que viven en la eterna dicotomía de considerarse a sí mismas únicas y efímeras como los copos de nieve cuando el resto del mundo las ve tan comunes y anodinas como los copos de avena. 


No hay más que ojear un puñado de esas cubiertas que tradicionalmente han monopolizado el mercado para hacerse una idea de la naturaleza de las MCP. La conclusión no será otra que —de ser cierto eso de que todas las mujeres son iguales—, entonces las MCP lo son todavía más. Tal afirmación está científicamente avalada, como no podía ser de otra manera, por las famosas 5 Grandes Leyes de las MCP: 

1. TODAS LAS MCP MIRAN IGUAL

a) A las musarañas 
b) Esperando taxi
c) De soslayo (porque son tímidas) 
d) De lejos (porque son tímidas pero padecen de las cervicales) 
e) De cerca (porque a pesar de todo lo anterior, también son miopes)
f) Y solo algunas miran con cierto hastío (se comprende que de tanto mirar). 

2. TODAS LAS MCP OCULTAN ALGO 

a) Por perfidia cochina, ya que una MCP que da la espalda es una MCP que está tramando algo.
b) Por economizar, ya que la visión parcial de la MCP remite automáticamente a su totalidad (como organismo simple que es junto con las estrellas de mar o las lagartijas). Del mismo modo que a partir de un miembro sano de MCP puede regenerarse la MCP entera. 

3. TODAS LAS MCP HACEN LAS MISMAS COSAS 

a) Coser, cuidar de la flora y de la fauna o mirar por la ventana en busca de más flora y de más fauna. 
b) Leer poemas de amor, cartas de amor y novelas de amor y, en su defecto, manuales de costura o para el cuidado de la flora y de la fauna. 
Visto así podría decirse que la vida de las MCP está exenta de conflictos pero esa sería una afirmación superficial que pasaría por alto su insatisfacción vital causada por la falta de autonomía o por el hecho de vivir en una sociedad que oprime sus deseos y limita sus horizontes. ¿Y qué deseos y horizontes son esos? los hombres, por supuesto. 

4. UNA MCP CON UN CONFLICTO ES UNA MCP CON UN HOMBRE CERCA 
Y de ahí que el fracaso en sus objetivos de conseguir o no al varón deseado impacte con suma virulencia en los delicados cuerpos y almas de las MCP. 

5. LA FRUSTRACIÓN ALTERA EL ADN DE LAS MCP

a) La acelga 
b) El cuervo 
c) La aspirante a novicia 
d) La hembra canina (o bitch) 
Cabe añadir que siempre hay excepciones a la regla y que un muy reducido grupo de MCP, en su afán por reivindicar su personalidad, han optado por suplantar personalidades ajenas: 1. Sara Montiel interpretando «La pulga maligna», 2. Chiquito de la Calzada con sus caminares ortopédicos, 3. Extras en «El cuento de la criada». 

Llegados a este punto, cabe entender la durísima disyuntiva a la que se enfrentan los editores cada vez que una novela de MCP cae sobre su mesa: 

a) Reiterarse en las mismas fórmulas aburridas, repetitivas, reiterativas, intercambiables, ajenas al conflicto particular de las protagonistas e inocuas. 

b) Explorar fórmulas nuevas con cubiertas que huyen de su esencia más intrínseca. He aquí una muestra de esas cubiertas distorsionadoras que lanzan mensajes confusos acerca de su contenido: 
1. Historia del ferrocarril, 2. Memorias de una florista, 3. Costura de supervivencia, 4. Oda a la dama que poseía una horrorosa caligrafía, 5. La exhibicionista: una biografía desatada, 6. Manual de urbanización del espacio público, 7. Tratado de ornitología exótica, 8. Accidentes en el ámbito doméstico (primer tomo de la colección «Por qué contratar un seguro del hogar»), 9. Excursionismo extremo, 10. El invitado no deseado (segundo tomo de la colección «Por qué contratar un seguro del hogar»). 
Una vez contrastadas empíricamente las determinaciones de las 5 GRANDES LEYES DE LAS MCP solo queda concluir que, efectivamente, todos aquellos editores que sostuvieron la teoría de que todas las mujeres de época son iguales y, por tanto, lo mismo da una cubierta que otra, TENÍAN RAZÓN. Por tanto, y en base al mismo argumentario, les animo a todos ellos a rebautizar automáticamente a sus perros (Boby, Toby, Kafka, Azucarillo...) para llamarlos simplemente «Perro». Y si eso les supone alguna dificultad para distinguirlos del resto, entonces les sugiero que le pongan una llamativa y frondosa pamela.

lunes, 19 de diciembre de 2016

ULAD: Lo mejor del 2016

Francesc Bon:
  • Libro del año: Pues para mí el libro del año ha sido Breve historia de siete asesinatos de Marlon James. No sé decir exactamente el motivo, pero al final me recuerdo acarreándolo, con su presencia imponente y su lomo amarillo, siguiendo andanzas de rastafaris y es una sensación demasiado imborrable. Quizás sea un libro cautivo de su componente visual, pero desde cuándo va a ser malo que una novela contemporánea te recuerde a una nueva temporada de The Wire. Con dos muy dignos contendientes: Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y Satin Island de Tom McCarthy, cuya importancia aún no soy capaz de calibrar.
  • Sorpresón postrero: el festín de Xavi Ayén en La vuelta al mundo en 80 autores.
  • Porquerías: En un año globalmente positivo: el incomprensible apoyo a algo tan vacuo como Érase una vez el fin, de Pablo Rivero, o la esperada constatación del timo de La chica del tren 
  • Caerá en 2017: Cualquier Saer que se ponga en medio.
  • No tocar ni con un palo: Zanón, Pérez Andújar, y todos aquellos que quieren apropiarse de la literatura de barrio. Por mediocres y por cansinos.
  • Los comentarios me han hecho salivar para el 2017: Vollmann y, dicen, el Ray Pollock que viene.

Juan G. B.:

Carlos Andia:
  • Volumen imponente del año: El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty -algunas claves que deberíamos conocer.
  • La relectura del año: Coronación, de José Donoso -buenas sensaciones después de muchos años
  • Libro de Historia del año: Continente salvaje, de Keith Lowe -una etapa muy especial de la Historia de Europa
  • Una joya a la que tenía muchas ganas: Locus Solus, de Raymond Roussel -atrévase usted.
  • Clásico rescatado: Reivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo -imprescindible con mayúsculas.
  • Obra de teatro del año: Calígula, de Albert Camus -todo intensidad
Y, si se me permite, porque obviamente es algo muy poco uladiano, pero muy especial para mi: 'Análisis de los fenómenos monetarios en España', de Florencio Salcedo -¡qué tío!


Koldo CF: 

Montuenga:
Santi:

Marc Peig:
  • Libro del año: El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer
  • Autobiografía del año: Instrumental, de James Rhodes
  • Tocholibrohistórico del año: Las benévolas, de Jonathan Littell
  • Tochonovela del año: La broma infinita, de David Foster Wallace
  • Ensayo del año: Esto es agua, de David Foster Wallace
  • Clásico que debería haber leído antes: La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
  • Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: En manos de las furias, de Lauren Groff
  • Decepción del año: Sueños de trenes, de Denis Johnson
  • No pasará un año más sin leer: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe
  • Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): Haruki Murakami
  • Caerán más libros de: Stefan Zweig
  • Ganas de que llegue el 2017 para lo nuevo de: Siri Hustvedt, Paul Auster y  Karl Ove Knausgaard