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lunes, 19 de diciembre de 2016

ULAD: Lo mejor del 2016

Francesc Bon:
  • Libro del año: Pues para mí el libro del año ha sido Breve historia de siete asesinatos de Marlon James. No sé decir exactamente el motivo, pero al final me recuerdo acarreándolo, con su presencia imponente y su lomo amarillo, siguiendo andanzas de rastafaris y es una sensación demasiado imborrable. Quizás sea un libro cautivo de su componente visual, pero desde cuándo va a ser malo que una novela contemporánea te recuerde a una nueva temporada de The Wire. Con dos muy dignos contendientes: Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y Satin Island de Tom McCarthy, cuya importancia aún no soy capaz de calibrar.
  • Sorpresón postrero: el festín de Xavi Ayén en La vuelta al mundo en 80 autores.
  • Porquerías: En un año globalmente positivo: el incomprensible apoyo a algo tan vacuo como Érase una vez el fin, de Pablo Rivero, o la esperada constatación del timo de La chica del tren 
  • Caerá en 2017: Cualquier Saer que se ponga en medio.
  • No tocar ni con un palo: Zanón, Pérez Andújar, y todos aquellos que quieren apropiarse de la literatura de barrio. Por mediocres y por cansinos.
  • Los comentarios me han hecho salivar para el 2017: Vollmann y, dicen, el Ray Pollock que viene.

Juan G. B.:

Carlos Andia:
  • Volumen imponente del añoEl capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty -algunas claves que deberíamos conocer.
  • La relectura del añoCoronación, de José Donoso -buenas sensaciones después de muchos años
  • Libro de Historia del añoContinente salvaje, de Keith Lowe -una etapa muy especial de la Historia de Europa
  • Una joya a la que tenía muchas ganasLocus Solus, de Raymond Roussel -atrévase usted.
  • Clásico rescatadoReivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo -imprescindible con mayúsculas.
  • Obra de teatro del año: Calígula, de Albert Camus -todo intensidad
Y, si se me permite, porque obviamente es algo muy poco uladiano, pero muy especial para mi: 'Análisis de los fenómenos monetarios en España', de Florencio Salcedo -¡qué tío!


Koldo CF

Montuenga:
Santi:

Marc Peig:
  • Libro del año: El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer
  • Autobiografía del año: Instrumental, de James Rhodes
  • Tocholibrohistórico del año: Las benévolas, de Jonathan Littell
  • Tochonovela del año: La broma infinita, de David Foster Wallace
  • Ensayo del año: Esto es agua, de David Foster Wallace
  • Clásico que debería haber leído antes: La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
  • Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: En manos de las furias, de Lauren Groff
  • Decepción del año: Sueños de trenes, de Denis Johnson
  • No pasará un año más sin leer: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe
  • Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): Haruki Murakami
  • Caerán más libros de: Stefan Zweig
  • Ganas de que llegue el 2017 para lo nuevo de: Siri Hustvedt, Paul Auster y  Karl Ove Knausgaard


sábado, 18 de junio de 2016

T. C. Boyle: Música acuática

Idioma original: inglés
Título original: Water music
Año de publicación: 1981
Traducción: Manuel Pereira
Valoración: muy recomendable... e incluso imprescindible


Así entre nosotros, esto de las valoraciones es un fastidio -por no utilizar un término más enérgico-; vale que puede ser divertido sentirse como un diosecillo por un momento y relegar a un misericordioso "se deja leer" o a un inmisericorde "decepcionante" al último fenómenos del mundo de las letras o incluso a todo un premio Nobel, pero lo cierto es que lo más frecuente (al menos en mi caso) es que uno no sepa muy bien cómo acertar para ser justo con la obra reseñada y, al tiempo con los seguidores de ULAD, a quien tanto debemos y tanto merecen... Por ejemplo, pongamos por caso que lees una novela que te subyuga hasta el  entusiasmo y antes de llegar a la mitad de la misma, ya estás dispuesto a ponerle el "imprescindible"... pero, claro, antes de llegar a los tres cuartos tes das cuenta de que lo que muy bien te entusiasma a ti puede que no cause el mismo efecto en todos el mundo y además...caray, ¿le vamos a poner la misma valoración que, pongamos por caso, Madame Bovary...? Hombre, no sé, da cierto reparo... igual lo arreglamos con un "Muy recomendable" ¿no? Pues no, porque las ganas de ponerle el "imprescindible" te reconcomen hasta acabar el libro... y sin embargo... no acaba uno de decidirse.

Más aún cuando la novela es, como ésta, de lo más punki que uno pueda echarse al coleto. Y eso que lo que cuenta son las aventuras de un explorador del siglo XVIII, el celebérrimo Mungo Park -¿qué pasa?: os aseguro que en su momento no había nadie más famoso en el Reino Unido pre-Brexit-, el primer europeo que vio el legendario río Níger, se dio un chapuzón en él y volvió para contarlo. Pero la novela no deja de ser hija del año 81, una época grata para la iconoclastia y la heterodoxia; para que nos hagamos una idea, así comienza la novela de -el gran- T.C. Boyle:

"Mientras la mayoría de los jóvenes escoceses de su edad araban y sembraban con las faldas arremangadas, Mungo Park enseñaba las nalgas a Haj' Alí Fatoudi, emir de Ludamar." A partir de ahí -el gran- Boyle nos ofrece una narración apabullante, opulento en el relato de todas las miserias humanas que pueden concebirse, minucioso en los detalles más sórdidos y desesperanzadores, desapasionado como una miríada de insectos devorando un cadáver putrefacto, revelador de toda la hez que cabe en este mundo y en los mundos que hay dentro de cada mundo... tan escéptico sobre los hombres que casi es incapaz de despertar indignación alguna. Ante nuestros ojos pasarán viejas brujas purulentas, jerifaltes ensoberbecidos, ladrones de cadáveres, erotómanos pervertidos, sinvergüenzas de toda ralea y condición.... y eso sin apenas salir de Inglaterra; en los territorios africanos nos aguardan también moros crueles y fanáticos, mandingas avariciosos, caníbales sonrientes, fieras salvajes e inmisericordes, enfermedad y podredumbre sin mitigación posible. Y sobre todo, una Naturaleza avasalladora, asesina...

Tampoco es que Mungo Park no fuese el hombre indicado para domeñar a los elementos y sortear las trampas de la Fortuna... Bueno, en realidad no lo era, o por lo menos no es esa la visión de él que nos ofrece -el gran- Boyle: el héroe escocés se nos presenta como un joven intrépido y ambicioso, sí, pero como todos, sometido más a los designios del dios Azar que de la Fortuna, zarandeado y arrastrado como una ramita por el agua de un arroyo que desemboque en ese río que andaba buscando como un enajenado. y los demás personajes que le acompañan o que cruzan por esta novela tampoco parecen mucho más dueños de su propio destino que él: ni su guía el bibliófilo Johnson, ni su prometida Ailie, ni el prometido de su prometida (es una lega historia, George Gleg), ni su enemigo el bereber Dassoud; ni mucho menos el superviviente nato Ned Rise, ni su beodo amigo Boyles, ni su amor arrebatado Fanny Brunch... Ni el mismísimo rey de Inglaterra, más loco que una cabra, parece ser dueño de su destino. Ni el lector de la novela, que se deja, sin otra posibilidad, arrebatar por una historia que te lleva a lo largo de dos continentes, de un sinfín de penalidades y maravillas casi secretas, te deja exhausto ante el despliegue de crueldad de la que es capaz el ser humano, casi sin darse cuenta, como niños que juegan a verter agua hirviendo sobre un hormiguero. O dioses que se divierten contemplando cómo los hombres dan tumbos de aquí para allá, persiguiendo, con más o menos convicción, sus -nuestros-  sueños y sus infortunios, que nosotros confundimos con designios.

Y sobre todo, el lector -este lector- se queda maravillado por la prosa,  de -el gran- T. C. Boyle, capaz de la mayor precisión posible con una prosa sobria e impresionista, erudita pero no pedante, rica pero no grandilocuencia, sensible sin caer en la sensiblería... ¡qué narices, le voy a poner un "imprescindible"!