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domingo, 24 de noviembre de 2024

Seishu Hase: El chico y el perro

Idioma original: japonés

Título original: Shonen to inu (少年と犬)

Traducción: Javier Álvarez

Año de publicación: 1939

Valoración: Está bien, pero decepcionante

Aunque la literatura japonesa es un círculo muy cerrado, Japón tiene un panorama literario bastante amplio. Es uno de los países con más publicaciones nuevas en el mundo, a pesar de que es el único donde se habla japonés. Hay una basta oferta de novedades editoriales, revistas especializadas, universidades de letras y, como cereza del pastel, una gran cantidad de premios literarios. Dentro de estos últimos, hay dos que comparten un gran prestigio: el premio Akutagawa y el Naoki. El primero se otorga a escritores noveles (más o menos jóvenes, en su mayoría), y el segundo está dirigido a escritores ya bien establecidos. Este último ha ido a parar a manos de escritores consagrados como Keigo Higashino, Mitsuyo Kakuta, Natsuo Kirino, Miyuki Miyabe, etc. Seishu Hase ganó el premio Naoki en el año 2020 con una novela que, a mi parecer, se queda corta.

El título del libro no tiene misterio. Trata de un perro en busca de su dueño. Tras la catástrofe producida por el terremoto y el tsunami en la costa noreste de Japón (recordada por todos por los daños a la central nuclear de Fukushima), muchas familias quedaron desintegradas, con sus miembros desperdigados, desaparecidos o muertos. Uno de esos afectados es el perro Tamón, que, atraído por una fuerza casi paranormal, recorre prácticamente la mitad del territorio nipón en busca de su dueño, un niño cuya familia tuvo que huir de la debacle nuclear. Aquí es donde la historia se torna cada vez más inverosímil. En su recorrido, conoce a personas que serán sus dueños temporales, hasta que el perro decida reiniciar su búsqueda. Todas ellas, al momento de encontrarse con el perro, se hayan en alguna encrucijada existencial, y el perro, cual ángel guardián, les ayuda a salir del bache. Obviamente, el libro tiene un final feliz.

Dentro de los puntos fuertes del libro está la facilidad de lectura. Es entretenido. Está dividido, cual serie de televisión, en capítulos semiautoconclusivos que hacen el libro muy llevadero. Es una novela ligera y reconfortante.

Lo malo. Para empezar, me parece muy manipulador. El autor hace uso de todas las armas necesarias para sacar lágrimas fáciles al lector: el desastre nuclear, los desahucios, los perritos solitarios, los encuentros emotivos, etc. Por otro lado, como mencioné anteriormente, la inverosimilitud del libro llega a un grado tal que parece por momentos un cuento para niños, lo cual no estaría mal si ese fuera el objetivo, pero se vende como una novela emotiva, desgarradora e inspiradora.

Si no fuera por lo hondo que caló el desastre en Fukushima, no sé si este libro hubiera atraído tal atención.


viernes, 22 de noviembre de 2019

Michel Pastoureau: Animales célebres

Idioma original: francés
Título original: Les animaux célèbres
Traducción: Laura Salas Rodríguez
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable 

No me hagan bromas sobre a quiénes podríamos llamar ‘animales célebres’, ya sabemos que hay mucha celebridad a la que se podría aplicar el sustantivo. No, en este caso hablamos de animales en sentido literal, y este buen señor oportunamente apellidado Pastoureau –historiador medievalista- nos ofrece una pequeña recopilación de aquellos que a lo largo de los siglos han adquirido una notoriedad especial, pasando en muchas ocasiones a formar parte de nuestro imaginario cultural.

En nuestra ‘casa de fieras’ tenemos, claro está, animales que existieron en carne y hueso, pero también animales mitológicos (el minotauro), bíblicos (la serpiente del Génesis o los pasajeros del Arca), de naturaleza fundacional (la loba romana) o marcadamente bélica (los elefantes de Aníbal), animales heráldicos (el leopardo inglés), posibles (el monstruo del lago Ness) o probables (la bestia de Gévaudan), de madera (el caballo de Troya), pintados (los bisontes de Lascaux), objeto de animación, convertidos en juguetes, enviados al espacio, navideños, asesinos, y así hasta conformar una nómina que se extiende más allá de las 200 páginas.

Cada apartado, de cinco o seis páginas, se compone de dos partes. La primera es una referencia histórica en la que se expone el contexto en que el animal hace su aparición, contado de forma simpática pero rigurosa; en la segunda reflexiona el autor en torno a la especie de que se trata, el concepto cambiante que la sociedad tiene de ella en esa época concreta, sus implicaciones psicológicas, económicas, culturales, el por qué ha sido ese animal y no otro el que protagoniza los acontecimientos. 

Todo ello hace que el lector se vaya formando una idea de cómo evoluciona su percepción acerca de las especies, cómo se van fraguando y alterándose las jerarquías según el entorno y el momento histórico. Vemos cómo el oso es el rey de los animales en la Europa septentrional hasta que poco a poco va siendo desplazado por el león, el cerdo pierde su protagonismo en favor de los ovinos según se va modificando la estructura ganadera, el impacto de la llegada de los grandes animales exóticos, o la progresiva pero lenta aceptación del perro como acompañante preferido del ser humano.

Hay algunos episodios menos sorprendentes por ser harto conocidos, otros realmente estremecedores, como el de la cerda de Falaise o el citado de la bestia de Gévaudan, donde la sangre y los estragos se multiplican sin freno, y también muy curiosos, como el origen de Teddy Bear y la dualidad sobre la que se edifica la moda de los osos de peluche. 

Como se ve, puede ser un tema que se preste a la ligereza, pero justamente el acierto del libro es haber encontrado, en mi opinión, un equilibrio admirable. Está bastante claro que para Pastoureau escribir este libro fue un pasatiempo, una forma de dar cauce a sus conocimientos en una dirección más amable, y pienso que con las dosis justas de humor y erudición, y una prosa ágil y diáfana, consigue el objetivo clásico de docere et delectare

Así que, instructivo y ameno al mismo tiempo, si tiene usted en mente regalar un libro y no tiene claros los gustos literarios del beneficiario, no se enrede eligiendo narrativa con la que puede columpiarse por exceso o por defecto: con este tiene el éxito garantizado.

martes, 20 de agosto de 2019

María Sánchez: Tierra de mujeres


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable

Cuando andamos por nuestro entorno, los urbanitas somos muy capaces de distinguir si un automóvil es gti o turbo o híbrido, si aquel vestido es verde manzana o verde melón o té verde, si aquel teléfono móvil es de cuarta o de quinta generación. A su vez, fuera del asfalto, somos en general absolutamente incapaces de llamar a un árbol por su nombre, de reconocer un animal –esos bichitos- por su especie, o de distinguir un pájaro por su canto –son pajarracos-. Dice George Steiner que lo que no se nombra no existe y da la sensación de que, en general, entre nosotros, se mantiene pujante la percepción que asocia lo rural, sus habitantes, con lo basto, lo ignorante, lo bruto y paleto. Ahora además también le atribuimos nuevas cualidades; baldío, vacío, condenado. Y, encima, la cobertura es pésima y falla de continuo.

Vacía. La España vacía, que depara crímenes desgarradores -Puerto Hurraco, Fago, Tor…-, visceralidad cañi, tedio tradicionalista y agonía productiva. Por eso, libros como Tierra de mujeres tienen el gran mérito de colocar al lector frente a la urgencia de repensar, reaprender a mirar, a sentir, a comprender, y a reciclar y reubicar la manera y la función a la que hemos relegado el medio rural en nuestro imaginario colectivo. 

María Sánchez (Córdoba, Andalucía, 1989) es, además de poeta, veterinaria. Y es de pueblo. Le gusta rescatar y insuflar nueva vida a palabras desgastadas, veladas por el olvido, en proyectos compartidos como Almáciga. Ejerce la misma profesión que su padre y su abuelo pero se sitúa en esa tradición de mujeres, madres, abuelas, bisabuelas, que se encargaban y podían con todo, que ante la presencia de extraños escondían las manos en los bolsillos de las batas para no sentir delatada su condición, su dedicación. Que además de cuidar de todo y de todos, aún echan una mano en las faenas del campo o con los animales, sin cotizar, ni cobrar, ni poseer la titularidad de los bienes.   

La España vacía no es tal, para María Sánchez. En todo caso, la España vaciada, pues esos pueblos y comarcas están llenos de historias, palabras, vidas, semillas, veredas, animales, vínculos, personas, proyectos, oficios y comunidades. Una densidad vital notable e innegable, al margen de estadísticas demográficas, que no precisa de una literatura que les denomine granjeros, ni de paternalismos, ni de reportajes superficiales en los suplementos dominicales a todo color de los diarios, ni ser reducidos a personajes de Los Santos Inocentes. Y que, como hace la propia naturaleza, intrinsecamente aferrada al instinto de supervivencia, necesita de su propia narrativa, de voces que se alcen frente a las dudas, la inseguridad, el miedo y los complejos porque, en palabras de Chimamanda Ngozi Adiche, “el silencio es un lujo que no podemos permitirnos”.

Así, María Sánchez propone una narrativa que germine y propague sin miedo nuevas palabras: cultura, agroecología, soberanía alimentaria, ganadería extensiva, territorio, feminismo plural y múltiple. Una narrativa invisible que brote de las obsesiones y de lo que conmueve, que sea tarea y cobijo, donde las palabras tiemblen para despejar las sombras y la polvareda con la que percibimos el medio rural y quienes lo habitan. Una literatura que, como el campo, no debería permitirse la inmediatez ni los destellos, elaborada con paciencia y calma, “que descanse en las huellas de todas esas que se rompieron las alpargatas pisando y trabajando”, para escribir sobre su propio mundo y enfrentar el ninguneo de quienes han pretendido describirles desde fuera. Toca no avergonzarse de las raíces, ni de las manchas y las carencias, pues “sólo cuando nos quitemos las máscaras, nos deshagamos de prejuicios y nos sentemos en la misma mesa, de tú a tú” seremos capaces de tener un futuro y un territorio viable, sostenible, común y compartido, “donde poder asentarnos todos y encontrar el idioma común, la mano que recoge semillas de un lado y las esparce en otro”.

viernes, 17 de mayo de 2019

Helen Pilcher: Que vuelva el rey

Idioma original: inglés
Título original: Bring Back the King
Traducción: Mariola Cortés-Cros
Año de publicación: 2017
Valoración: Recomendable (‘Muy’ para interesados en el tema)

Confieso que desde hace mucho ardo en deseos de utilizar esa fantástica etiqueta de Reseñas con las que me juego el cuello ¡Qué valentía! ¡Qué fortaleza de carácter! Bueno ¡y qué puntito de exhibicionismo tan encantador! Pues mira que me ha faltado poco para colocarla justamente en esta reseña, y es fácil de entender: fíjense en la cubierta, presten atención al título, y consideren el subtítulo La nueva ciencia de resucitar especies. O sea, todos los boletos para un artefacto pseudocientífico presentado seguramente por uno de esos divulgadores/as que escriben libritos para profanos, que acompañan al periódico dominical. Y encima, con un evidente tono relajado y bromista. ¿Todo eso merecía siquiera una reseña en ULAD, y además estaba tentado de ponerle un Muy recomendable? Pues sí.

Hace unas pocas semanas un estudio científico daba a conocer que en en los próximos años (no sé si era un siglo) habrán desaparecido de la Tierra un millón de especies. Bien, pues el término clave de este libro es precisamente desextinción, un palabro que bien hubiera podido servir de título, aunque pareciese una novela de ciencia-ficción serie B. La desextinción es obviamente la teórica posibilidad de retornar a la vida especies extinguidas por vía de la manipulación genética o la clonación de fósiles o ejemplares conservados de alguna forma. Es el concepto sobre el que gira todo el libro, y que Pilcher presenta mediante unos cuantos ejemplos, de forma amable y a veces entrando de lleno en lo humorístico, y siempre explicando, con el detalle posible en un texto divulgativo, las diferentes técnicas y sus dificultades.

Como, planteado el asunto, a todos nos viene de inmediato a la cabeza el Parque jurásico, Pilcher empieza justamente por ahí, por la posibilidad de desextinguir por ejemplo el T-rex. Pues bien, no era tan sencillo como sacarle la sangre deglutida al mosquito atrapado en el ámbar. Este primer supuesto sirve para exponer las que a grandes rasgos serían las dos vías para acometer la tarea: recuperar el ADN del bicho e implantarlo en un pariente cercano actual, o manipular el genoma de este último para crear algo con características parecidas al modelo (si alguien domina un poco estos temas, pido perdón por la explicación seguramente cutre). Estos dos son los caminos a seguir en todos los casos, y la autora descarta ambos de forma categórica en el caso de los dinosaurios, ya lo siento.

Se interna después el libro en casos digamos un poco menos extravagantes de especies extinguidas (o extintas?) más recientemente, algunas más reconocibles (el mamut lanudo, o el dodo), y otras de las que un servidor no había oído hablar jamás (la paloma pasajera americana, el tilacino de Tasmania o la rana de incubación gástrica. Bueno, esta última merece un comentario adicional, porque tiene la peculiaridad de vomitar a sus crías, a las que gesta en su sistema digestivo, que tiene guasa).  Y se detiene también en el único caso en que por lo visto llegó a prosperar uno de estos experimentos, el del bucardo, una especie de cabra de los Pirineos, que científicos españoles consiguieron reproducir… aunque su vida durase apenas unos minutos.

Pero el rey por cuyo regreso clama el título no era el emérito que todos conocemos, sino el del rock, Elvis, a quien Pilcher toma como sarcástico objeto de una posible ‘desextinción individual’ humana. O sea ¿se podría recuperar a un humano en concreto a partir de su ADN? Creo que esto ya se ha planteado en alguna otra obra de ficción, no recuerdo. Pero lo que parecería más chusco de todo el libro constituye en realidad su parte más interesante, porque por ahí se interna la autora en asuntos de mucho calado, no solo (o no tanto) científico, sino ético, y lo hace siempre de forma amena pero también muy clara y exponiendo opiniones de mucho peso.

La cuestión central es la individualidad genética. Cada ser humano se diferencia de cualquier otro sin parentesco directo en millones de variantes genéticas. Como el ADN de un ser sin vida siempre presenta errores o ‘huecos’ sin que se sepa cuáles de ellos son fundamentales, resultaría imposible clonar a un individuo concreto. Pero, aunque ese obstáculo fuese salvable, todavía sería necesario reproducir por entero el entorno (familia, educación, contexto social, etc.) y, aún así, sería completamente imposible evitar hechos fortuitos que alterasen el desarrollo del clon, y que de hecho van dejando huella en el propio ADN (epigenética). Explica Pilcher con detalle los bastante conocidos estudios realizados sobre gemelos genéticamente idénticos para ilustrar la importancia de lo adquirido, que no debe desconocerse frente a lo innato.

En mi opinión es, como decía, la parte más interesante del libro. Lo que importa no es ya el ejemplo humorístico de Elvis, ni siquiera la evidencia (tranquilizadora, creo yo) de que no se pueda copiar seres humanos determinados, sino cómo a lo largo de unas cuantas páginas vamos obteniendo información digamos autorizada sobre la individualidad, el carácter irrepetible de cada persona, con sus propios códigos, muchos heredados, de serie, y otros muchos grabados por el tiempo, por azar o por la interacción con otros. Impresiona un poco eso que podríamos llamar unicidad de cada ser humano, desde luego da que pensar y, coño, si ustedes me permiten, me parece hasta un poquito emocionante.

A lo largo del texto en distintas ocasiones se va preguntando la autora ‘si podemos hacerlo, ¿deberíamos hacerlo?‘ Es decir, volviendo al mundo animal, ¿se debería intervenir para recuperar a especies desaparecidas? ¿aún considerando los posibles riesgos, qué aportaría? Hay montones de argumentos, en mi opinión muy juiciosos, que se van desgranando respecto a cada una de las especies analizadas, y no se crea el lector que esta señora Pilcher defiende alegremente la aplicación de estos avances científicos. Al contrario, muestra mucha cautela y sentido común, y se puede decir que apenas se posiciona a favor en uno o dos de los casos expuestos (no, ni Elvis ni el T-rex). Aquí ya, por ir terminando, entran en juego por supuesto criterios científicos y ecológicos, pero también, entiendo yo, opiniones en el entorno de la ética o sobre la posición del ser humano en el planeta. Por mi parte, qué quieren que les diga: en general, creo que cuanto menos intervengamos en el trabajo de la naturaleza, mucho mejor. Pero eso ya que a la opinión de cada uno. Se puede discutir, si ustedes quieren.

sábado, 18 de junio de 2016

T. C. Boyle: Música acuática

Idioma original: inglés
Título original: Water music
Año de publicación: 1981
Traducción: Manuel Pereira
Valoración: muy recomendable... e incluso imprescindible


Así entre nosotros, esto de las valoraciones es un fastidio -por no utilizar un término más enérgico-; vale que puede ser divertido sentirse como un diosecillo por un momento y relegar a un misericordioso "se deja leer" o a un inmisericorde "decepcionante" al último fenómenos del mundo de las letras o incluso a todo un premio Nobel, pero lo cierto es que lo más frecuente (al menos en mi caso) es que uno no sepa muy bien cómo acertar para ser justo con la obra reseñada y, al tiempo con los seguidores de ULAD, a quien tanto debemos y tanto merecen... Por ejemplo, pongamos por caso que lees una novela que te subyuga hasta el  entusiasmo y antes de llegar a la mitad de la misma, ya estás dispuesto a ponerle el "imprescindible"... pero, claro, antes de llegar a los tres cuartos tes das cuenta de que lo que muy bien te entusiasma a ti puede que no cause el mismo efecto en todos el mundo y además...caray, ¿le vamos a poner la misma valoración que, pongamos por caso, Madame Bovary...? Hombre, no sé, da cierto reparo... igual lo arreglamos con un "Muy recomendable" ¿no? Pues no, porque las ganas de ponerle el "imprescindible" te reconcomen hasta acabar el libro... y sin embargo... no acaba uno de decidirse.

Más aún cuando la novela es, como ésta, de lo más punki que uno pueda echarse al coleto. Y eso que lo que cuenta son las aventuras de un explorador del siglo XVIII, el celebérrimo Mungo Park -¿qué pasa?: os aseguro que en su momento no había nadie más famoso en el Reino Unido pre-Brexit-, el primer europeo que vio el legendario río Níger, se dio un chapuzón en él y volvió para contarlo. Pero la novela no deja de ser hija del año 81, una época grata para la iconoclastia y la heterodoxia; para que nos hagamos una idea, así comienza la novela de -el gran- T.C. Boyle:

"Mientras la mayoría de los jóvenes escoceses de su edad araban y sembraban con las faldas arremangadas, Mungo Park enseñaba las nalgas a Haj' Alí Fatoudi, emir de Ludamar." A partir de ahí -el gran- Boyle nos ofrece una narración apabullante, opulento en el relato de todas las miserias humanas que pueden concebirse, minucioso en los detalles más sórdidos y desesperanzadores, desapasionado como una miríada de insectos devorando un cadáver putrefacto, revelador de toda la hez que cabe en este mundo y en los mundos que hay dentro de cada mundo... tan escéptico sobre los hombres que casi es incapaz de despertar indignación alguna. Ante nuestros ojos pasarán viejas brujas purulentas, jerifaltes ensoberbecidos, ladrones de cadáveres, erotómanos pervertidos, sinvergüenzas de toda ralea y condición.... y eso sin apenas salir de Inglaterra; en los territorios africanos nos aguardan también moros crueles y fanáticos, mandingas avariciosos, caníbales sonrientes, fieras salvajes e inmisericordes, enfermedad y podredumbre sin mitigación posible. Y sobre todo, una Naturaleza avasalladora, asesina...

Tampoco es que Mungo Park no fuese el hombre indicado para domeñar a los elementos y sortear las trampas de la Fortuna... Bueno, en realidad no lo era, o por lo menos no es esa la visión de él que nos ofrece -el gran- Boyle: el héroe escocés se nos presenta como un joven intrépido y ambicioso, sí, pero como todos, sometido más a los designios del dios Azar que de la Fortuna, zarandeado y arrastrado como una ramita por el agua de un arroyo que desemboque en ese río que andaba buscando como un enajenado. y los demás personajes que le acompañan o que cruzan por esta novela tampoco parecen mucho más dueños de su propio destino que él: ni su guía el bibliófilo Johnson, ni su prometida Ailie, ni el prometido de su prometida (es una lega historia, George Gleg), ni su enemigo el bereber Dassoud; ni mucho menos el superviviente nato Ned Rise, ni su beodo amigo Boyles, ni su amor arrebatado Fanny Brunch... Ni el mismísimo rey de Inglaterra, más loco que una cabra, parece ser dueño de su destino. Ni el lector de la novela, que se deja, sin otra posibilidad, arrebatar por una historia que te lleva a lo largo de dos continentes, de un sinfín de penalidades y maravillas casi secretas, te deja exhausto ante el despliegue de crueldad de la que es capaz el ser humano, casi sin darse cuenta, como niños que juegan a verter agua hirviendo sobre un hormiguero. O dioses que se divierten contemplando cómo los hombres dan tumbos de aquí para allá, persiguiendo, con más o menos convicción, sus -nuestros-  sueños y sus infortunios, que nosotros confundimos con designios.

Y sobre todo, el lector -este lector- se queda maravillado por la prosa,  de -el gran- T. C. Boyle, capaz de la mayor precisión posible con una prosa sobria e impresionista, erudita pero no pedante, rica pero no grandilocuencia, sensible sin caer en la sensiblería... ¡qué narices, le voy a poner un "imprescindible"!




lunes, 14 de diciembre de 2015

Zoom: Animales fantásticos y dónde encontrarlos de J.K. Rowling

Idioma original: inglés
Título original: Fantastic Beasts & Where to Find Them
Año de publicación: 2010
Traducción: Alicia Dellepiane
Valoración: Está bien, para muggles; pero imprescindible para magos y potterheads


¿Quién no ha querido tener de mascota a un puffskein?¿O ha soñado con poseer una capa de invisibilidad trenzada con pelo de demiguise?¿O ha tenido pesadillas por culpa de las agromántulas? ¿Cómo?; ¿que no les uena ninguno de esos animales?¿Qué hay, entonces, de las quimeras, los hipogrifos y centauros?; ¿gnomos, trolls, leprechaums, hadas...?¿Los yetis? Seguro que eso ya sí, ¿verdad? (por no hablar de los celebérrimos dragones)... animales fantásticos todos, como indica el título del libro. Aunque puede que lo sean para nosotros, los simples muggles -porque doy por hecho que la mayoría de los que leen este blog son también muggles, como un servidor-, pero no para los magos, que no sólo conviven con estos animales, sino que les protegen y ocultan de miradas profanas -aunque en más de un caso, también se ven obligados a protegerse ellos de los bichos... digo, bestias... bueno, lo que sean-; para conocerlos, en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería se estudia este libro, obra de Newt Scamander, funcionario del departamento de Regulación y Control de las criaturas Mágicas, del Ministerio de Magia.

Se trata de una obra eminentemente práctica, por tanto: aprenderemos aquí los hábitos del ashwinder, a defendernos de un pogrebin ruso y el curioso origen del quintaped. O a distinguir entre un Colacuerno húngaro o un Galés Verde común (aparte del color, se entiende). Pero también es un libro de lo más ameno y divertido, que encantará, sin duda, a los potterheads y no decepcionará a quien no lo sea, que puede estar seguro de que pasará un rato entretenido y hasta delicioso leyéndolo. Además, conviene estar al corriente del contenido de esta obrita, no sólo para evitar las travesuras de los duendecillos o las mordeduras de los plimpys de agua, sino, sobre todo, porque en ella se basa uno de los estrenos cinematográficos que podemos prever más publicitados del próximo 2016, primera parte, al parecer, de una nueva trilogía de la "saga Potter" (pero sin Harry, Ron Weasley o Hermione, me temo...). Cómo conseguirán sacar tres largometrajes basándose en un librito de poco más de 50 páginas es todo un misterio para mí, pero bueno, si se pudo hacer a partir de El hobbit, supongo que puede repetirse la jugada... Más aún si se trata, como es el caso, de cosa de magia.

O, mejor dicho, magia es lo que nos hará falta a nosotros para librarnos del asedio mediático, así que, para qué resistirnos: mejor relajarnos y disfrutar...



También de J. K. Rowling en Un Libro al DíaLa heptalogía de Harry Potter, Harry Potter y el legado maldito

miércoles, 12 de febrero de 2014

Philip Hoare: El mar interior

Idioma original: inglés
Título original: The Sea Inside
Fecha de publicación: 2013
Valoración: muy recomendable


Philip Hoare era un escritor desconocido para el público español hasta que en 2012 se publicó Leviatán o la ballena, un excelente ensayo acerca del universo marino (y de las ballenas, en particular). Apenas un año después llegó a nuestras manos El mar interior, un libro difícil de clasificar (pues es una mezcla de ensayo científico, autobiografía y diario de viaje) y que, si bien no puede calificarse de continuación del anterior, sí es un más que acertado complemento para el mismo, aunque también puede leerse de forma independiente.

Aunque Hoare vuelve a acercar la vida marina al lector, en esta ocasión no se centra sólo en cetáceos y peces, sino que presta también atención a los animales que, aun dependiendo del mar para vivir, viven también en tierra, como las aves (destaca, sobre todo, un interesantísimo pasaje dedicado a los cuervos) o las focas y leones marinos. 

Mientras narra sus experiencias en Inglaterra, Sri Lanka, Las Azores y Nueva Zelanda, el autor nos habla también de especies animales que se creen extintas (aunque siempre, afirma, hay un lugar para una mínima duda –o lo que es lo mismo, para un rayo de esperanza– al respecto) y de las poblaciones indígenas que el hombre moderno se ha encargado de eliminar (o casi), generalmente por una letal combinación de intereses económicos y políticos, de una gran ignorancia y de una absoluta falta de respeto hacia sus congéneres.

Uniendo la ciencia y la historia con el mito, Philip Hoare nos ofrece una cara de la naturaleza que no siempre somos capaces de ver y consigue fascinarnos y alimentar la curiosidad que continuamente se encarga de despertar con una gran cantidad de anécdotas, historias, curiosidades y otros detalles a cada cual más interesante.

El mar interior es un canto a la naturaleza que nos exhorta a valorar y proteger el maravilloso entorno en el que vivimos (y del que dependemos) y es, también, un viaje al interior de sí mismo, a conocer al animal que (nos guste o no) todos llevamos dentro.


También de Philip Hoare: Leviatán, o la ballena.