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sábado, 15 de octubre de 2022

Cal Flyn: Islas del abandono. La vida en los paisajes posthumanos

Idioma original: Inglés
Título original: Islands of abandonment: life in the post-human lanscape
Traducción: Laura Barahona
Año de publicación: 2021
Valoración: Está muy bien

Una lectura superficial de Islas del abandono nos llevaría a decir que este es un libro de viajes y un libro sobre naturaleza, pero una lectura más "atenta" obliga a decir que se trata de un libro mucho más completo porque en él se tocan aspectos tales como Historia, Geología, Sociología, Economía, Colonialismo, etc.

Porque Islas del abandono es un recorrido por doce lugares en los que diferentes motivos, la mayoría de ellos ligados con la actividad más bien tirando a autodestructiva del ser humano, han creado paisajes casi apocalípticos y cómo la naturaleza y nuevas o diferentes formas de vida han ido abriéndose camino. Pero tan importante como lo anterior es el viaje "previo", conocer qué provoca el desastre y los efectos de este sobre el ser humano.

Esto último hace que la mirada de Flyn me recuerde mucho a la de gran Alexievich. Detrás de cada lugar hay individuos que sufren, que malviven, que sobreviven entre los restos de un naufragio que sirve tanto de prisión como de refugio. Su testimonio y el papel que la autora le otorga en el relato es clave para hacer de este algo profundamente humano.

Más cosas a destacar: me gustan esos ensayos que me aportan algo "diferente", algún tipo de conocimiento que no tengo, nuevas preguntas en vez de la confirmación de mis certezas. En el caso que hoy nos ocupa, la parte de "aprendizaje" viene de la Historia de ciertos lugares, de conceptos vinculados a la biología / ecología como transición forestal, selección antinatural o invasión exótica, de la importancia de ecosistemas y lugares aparentemente "feos" o "vacíos"; la parte de "cuestionamiento" procede de la puesta en entredicho de algunas verdades que tenía asumidas y que quizá deban ser matizadas (en parte).

Todo lo anterior, además, con una clara voluntad literaria. No estamos ante un mero recuento de sucesos. Hay una estructura muy clara, voluntad de estilo en las descripciones y cierta variedad en los textos que van desde el reportaje periodístico al relato casi distópico.

En fin, un libro divulgativo, entretenido y bien escrito a partes iguales que no tengo ni idea de cómo envejecerá pero que sí que tengo claro, apenas 3 días después de haberlo terminado, de que será uno de mis libros del año.

jueves, 28 de marzo de 2019

Arthur Koestler: El Ártico desde la ventana de un zepelín

Idioma original: alemán
Título original: publicado dentro del libro Von weissen Nächten und roten Tagen
Año de publicación: 1931, como artículos en el diario Vossische Zeitung de Berlín; 1934, dentro del libro Von weissen Nächten und roten Tagen
Traducción: Francisco Uzcanga Meinecke
Valoración: está muy bien y, desde luego, de los más recomendable para amantes de las expediciones polares y /o los zepelines

Creo que no le estropearé a nadie la lectura de este libro si cuento de qué va, habida cuenta de que el spoiler, de haberlo, se encuentra ya en su propio título: en efecto, lo que cuenta este librito es una exploración del Ártico llevada a cabo desde un zepelín -en concreto el célebre y magnífico Graf Zeppelin LZ 127-, que tuvo lugar en 1931 y que contó entre sus miembros con el no menos célebre, al menos en tiempos posteriores periodista Arthur Koestler, como corresponsal del reputado diario berlinés Vossische Zeitung. La expedición, organizada por la asociación exploradora alemana Aeroartic, constituía un curioso ejemplo de acuerdo que quizá no pudiese darse en ninguna otra época: su principal financiadora era la Unión Soviética, pero también un millonario estadounidense aficionado a los vuelos polares y la Sociedad Filatélica Germana... (de todos modos, la idea original era aún más bizarra, pues fue cosa del magnate de la prensa Hearst, quien pretendía un encuentro en el Polo Norte entre el capitán Eckener, sucesor del conde Zeppelin, que comandaría el dirigible y un nieto de Julio Verne, que viajaría hasta allí en un submarino convenientemente rebautizado como Nautilus). Al final este curioso viaje -tampoco era el primero en este tipo de nave por el Círculo Polar Ártico- no llegaría más allá del paralelo 82 y su carácter sería eminentemente científico, sobre todo en los campos de la cartografía y la metereología, pero también contaría entre sus miembros con cameramen de cine y con el periodista Arthur Koestler, dispuesto a retransmitir a sus lectores las sensaciones y avatares de tan espectacular travesía. Koestler, a partir de sus artículos, recrearía el periplo en algunos capítulos de su libro De noches blancas y días rojos, los cuales ahora ha publicado en español Libros del K.O. como un volumen aparte.

Cabe decir que Koestler da cumplida cuenta de todo el viaje- en realidad, de poco más de una semana-, sobre todo teniendo en cuenta sus a la fuerza limitados conocimientos científicos. pero se defiende bastante bien con vívidas descripciones del paisaje y amenas explanaciones acerca de los progresos de la técnica y, de vez en cuando, sobre las ventajas y logros de la sociedad soviética, pues por entonces este periodista y escritor era un comunista convencido, igual que había sido un sionista entusiasta (luego dejaría de ser tanto una cosa como la otra). Al comienzo de su relato del viaje, de hecho, lanza algunas pullas ideológicas contra el doctor de la expedición, cuya querencia, al parecer iba más por la exaltación del volkgeist, la Heimat y esas cosas...(ya nos entendemos). Koestler, en origen Köstzler, era un húngaro de familia judía alemana.

Estas ironías, no obstante, son bastante inofensivas y hasta ingenuas, teniendo en cuenta el devenir político posterior en la vida de Koestler... De este libro queda sobre todo una imagen amable: un zeppelin sobrevolando en silencio la banquisa, llevando en su seno una variopinta tripulación de alemanes, rusos y norteamericanos, con un judío húngaro como testigo y cronista. Una imagen de un tiempo en apariencia más amable que el actual -enseguida se vería que aquella era sólo una apariencia-, que sugiere una suspensión del tiempo y la vulgaridad del mundo, como en una peli de Wes Anderson.

Para concluir este librito, y enlazando con el final de la crónica de Koestler, que hace unas sarcásticas observaciones sobre la "zepelinomanía" que acometió a la Alemania del periodo de entreguerras, que tomó a estos artefactos como uno de sus símbolos patrióticos -"El cigarro plateado se convirtió para el pequeñoburgués alemán en el cuerno mágico de la saga; lo hechizó para obligarle a elevar los ojos y la nariz hacia el cielo de tal modo que, en su ufana embriaguez, ni veía ni olía lo que pasaba abajo..."-, el traductor al castellano, Francisco Uzcanga Meinecke se extiende en un último y delicioso capítulo titulado justamente Zepelinada sobre la historia de los dirigibles rígidos en Alemania.

Porque  estos chismes serían en gran medida objeto de la propaganda nacionalista alemana e incluso quizás, aunque no fuera culpa suya, símbolos de la época del ascenso nazi al poder y su descenso hacia la locura bélica, lo sé, pero qué queréis que os diga: molan un montón, ¿o no? (aunque reconozco que siento una pizca de remordimiento: quizás debí dejar la reseña de este libro a mi compañero Koldo, que es a quien le pirra esto de expediciones polares y demás... Por otro lado, a mí me encantan los zepelines, así que la cosa está empatada. Y una reseña es una reseña... Lo siento, Koldo, pero #NoMercy!). Como decía uno de los poemas de un concurso convocado para exaltar la figura del conde Ferdinand von Zeppelin: "Cada niño, incluso el más pequeñín/ balbucea ya el nombre de Zeppelin". Pues eso.





Otros títulos de Mr. Koestler reseñados en Un Libro Al Día: El cero y el infinito, Llegada y salida

sábado, 10 de noviembre de 2018

Tayyeb Saleh: Época de migración al Norte


 Idioma original: Árabe
Título original: موسم الهجرة إلى الشمال
Año de publicación: 1969
Traducción: María Luisa Cavero
Valoración: Muy recomendable

Que bien. De nuevo una de esas novelas que empiezas por curiosidad, sin ninguna expectativa, y que a la treintena de páginas ya te dices aquí va a haber tela, en la sesentena estás disfrutando como un poseso y en la centena empiezas a pensar en ir frenando el ritmo de lectura por que temes que se acabe y no quieres y al mismo tiempo necesitas seguir leyendo por que la narración te tiene absolutamente capturado, fascinado. Y he escrito “de nuevo” aunque realmente esta dichosa sensación tampoco es tan frecuente. ¡Pero que grande cuando aparece! Así que, como decía mi abuela, es de bien nacido ser agradecido, mi gratitud al Club de lecturas Africanistas de la Biblioteca pública de son Gotleu, en Palma. ¡Mil gracias por la sugerencia y por vuestra labor!

Publicada inicialmente en el diario Hiwar de Beirut, Época de migración al Norte  está narrada por la voz de un joven que tras siete años de estancia en una universidad inglesa regresa a Wad Hamid, su pueblo a orillas del Nilo en el norte de Sudán. Regresa a sus raíces, a su mundo campesino y tradicional, pero efectivamente en su cabeza la perspectiva ha cambiado. Lo cual no le supone conflicto ninguno; los juicios de valor, la tesis que subyace no es una dicotomía ni un choque sino más bien el fluir, veraz y poético, de una comunidad aferrada a la supervivencia en un territorio duro y arduo, siempre pendiente de las aguas que trae el Nilo, de sus crecidas devastadoras y fértiles, donde lo normal se convierte en extraordinario y donde lo nunca visto acaba formando parte de la vida cotidiana.

Por supuesto que las preguntas, los detalles, los por qué y los cómo que el narrador va sembrando por estas páginas están impregnados de su nueva perspectiva, condicionan la mirada recién adquirida: “Para el mundo industrializado europeo, nosotros somos unos pobres campesinos, pero, al abrazar a mi abuelo, me siento rico, como si fuera un latido del corazón del Universo. No es un roble, alto y frondoso, que crece en una tierra fértil y lluviosa, sino como los cactus del desierto del Sudán, de gruesa corteza y agudas espinas, que vencen a la muerte porque piden muy poco a la vida”. En esos años de ausencia se ha instalado en el pueblo un extraño, Mustafa Said, de quien apenas se sabe que es de Jartum, la capital. Esa falta de referencias acerca de Mustafa Said dispara el interés del narrador, y ahí empieza a desvelarse la vida de este personaje, su brillante inteligencia y sus miserias emocionales, su poderosa capacidad de seducción e, inevitablemente, de destrucción: “Su curiosidad se transformó en alegría y la alegría en simpatía y, cuando yo removiera las aguas tranquilas del algo de sus entrañas, la simpatía se transformaría en deseo, un deseo cuyas tensas cuerdas yo tañería a mi placer”.

Y así, con un ritmo ágil y constante, con un estilo luminoso y directo, van fluyendo acontecimientos y razones y el mundo, ese mundo, que parecía en una infancia permanente, enloquece y se precipita fuera de la calma, de la tradición y de la previsible cadencia de las estaciones y los años. Y medio siglo después, llega este lector desavisado y cae de bruces en ese mundo lejano y desconocido pero universal y reconocible. Y, desde luego, se despierta el apetito por devorar más historias de Tayyeb Saleh, nacido en Karmakol, en el norte de Sudán, en 1929 y fallecido ochenta años después en Londres 2009, y uno piensa –sí, que bien- quedan todavía tantas lecturas maravillosas por descubrir…


viernes, 5 de junio de 2015

Henry David Thoreau: Un paseo invernal

Idioma original: inglés
Título original: A Winter Walk - Walking
Año de publicación: 
Traducción: Marcos Nava
Valoración: entre recomendable y está bien

Existe un género televisivo que es especialmente popular, al menos en España, el de los documentales sobre naturaleza, ésos que siempre dicen preferir los espectadores cuando se les pregunta por sus gustos... (!) Unos documentales que tratan sobre el comienzo de la floración en la tundra o la hibernación del lirón moteado, y cuya narración suele correr a cargo de unas voces de una  agradable calidez, de una suavidad monótona que nos incitan a seguir con atención el transcurrir de lazZzzzzzzzzz.... ¿Euh? Uy, perdón... Bien, imaginemos ahora una de esas envolventes voces recitando las siguientes palabras:

"Aún así, en medio de este día ártico, quizá podamos seguir al verano hasta su refugio y comprender un poco mejor la vida que allí crece. Si nos asomamos a los riachuelos que atraviesan las praderas heladas, puede que veamos los nidos submarinos de lo tricópteros, es decir, las larvas de las planipennia..." 

Podría dar el pego, ¿no? Pues así es Un paseo invernal, uno de los dos textos de Henry David Thoreau que conforman este delgado volumen: una descripción precisa y preciosa -exquisita, incluso- de lo que podía encontrar un paseante por los campos y bosques de Massachussets cualquier día helado de invierno (de hace 200 años, eso sí). Que nadie piense que Thoreau transmite sin embargo una visión desolada o yerma de la naturaleza; muy al contrario, el autor considera la invernal como una estación de máximo esplendor natural y le encanta todo lo que ve.

El otro texto que compone este volumen tan cucamente editado es Caminar, en principio una ardorosa defensas de esta sana actividad y sus beneficios -no exclusivamente físicos- por parte del autor, pero que pronto deriva hacia una nueva loa a las maravillas de la  naturaleza e incluso una cierta una apología de la vida salvaje, fuera de la "civilización" de los humanos: "La vida coincide con lo salvaje. lo más vivo es lo más salvaje" (...) "En una sola frase: todo lo bueno es salvaje y libre...". Más aún: una llamada a la rebeldía hacia ésta y sus constreñimientos ( "En cuanto a mi relación con la Naturaleza, tengo la impresión de vivir como una suerte de habitante fronterizo, en los confines de un mundo al que hago tan sólo incursiones efímeras y puntuales,y mi patriotismo y mi lealtad hacia el Estado a cuyos territorios parezco retirarme son los propios de un bandolero..."). No es de extrañar que Thoreau haya sido inspirador a pensamientos y movimientos tan dispares como el anarquista, el liberal, el ecologismo, el vegetarianismo, la objección de conciencia de todo tipo, el pacifismo, a los hippies... aunque también a los "patriotas" que se atrincheran en Montana con un arsenal de rifles de asalto. Cada cual puede encontrar en Thoreau lo que ande buscando... pero, sobre todo, encontrará un montón de páginas de una belleza cristalina, quizás de las mejores que se hayan escrito nunca sobre la Naturaleza y sus sutiles secretos. Para muestra, un botón:

"Mientras vagábamos, las nubes han vuelto a reunirse y algunos copos dispersos comienzan su descenso. Caen cada vez más rápido, y pronto dejan fuera de la vista los objetos distantes. La nieve se desploma suavemente sobre los bosques y los campos, sin olvidar ni una sola grieta, junto al río y el lago, sobre la montaña y el valle. Los mamíferos están ya recluidos en sus refugios y los pájaros encaramados a sus ramas. Todos los sonidos que escuchamos cuando hace buen tiempo se han fundido en el silencio, todas las laderas, las paredes rocosas y las cercas, el hielo lustroso y las hojas marchitas que hasta entonces no estaban enterradas, se ocultan ahora muda y gradualmente, y se pierden las huellas de los hombres y los animales. La naturaleza reafirma su dominio y borra los rastros humanos con muy poco esfuerzo..."

Un puro bálsamo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Philip Hoare: El mar interior

Idioma original: inglés
Título original: The Sea Inside
Fecha de publicación: 2013
Valoración: muy recomendable


Philip Hoare era un escritor desconocido para el público español hasta que en 2012 se publicó Leviatán o la ballena, un excelente ensayo acerca del universo marino (y de las ballenas, en particular). Apenas un año después llegó a nuestras manos El mar interior, un libro difícil de clasificar (pues es una mezcla de ensayo científico, autobiografía y diario de viaje) y que, si bien no puede calificarse de continuación del anterior, sí es un más que acertado complemento para el mismo, aunque también puede leerse de forma independiente.

Aunque Hoare vuelve a acercar la vida marina al lector, en esta ocasión no se centra sólo en cetáceos y peces, sino que presta también atención a los animales que, aun dependiendo del mar para vivir, viven también en tierra, como las aves (destaca, sobre todo, un interesantísimo pasaje dedicado a los cuervos) o las focas y leones marinos. 

Mientras narra sus experiencias en Inglaterra, Sri Lanka, Las Azores y Nueva Zelanda, el autor nos habla también de especies animales que se creen extintas (aunque siempre, afirma, hay un lugar para una mínima duda –o lo que es lo mismo, para un rayo de esperanza– al respecto) y de las poblaciones indígenas que el hombre moderno se ha encargado de eliminar (o casi), generalmente por una letal combinación de intereses económicos y políticos, de una gran ignorancia y de una absoluta falta de respeto hacia sus congéneres.

Uniendo la ciencia y la historia con el mito, Philip Hoare nos ofrece una cara de la naturaleza que no siempre somos capaces de ver y consigue fascinarnos y alimentar la curiosidad que continuamente se encarga de despertar con una gran cantidad de anécdotas, historias, curiosidades y otros detalles a cada cual más interesante.

El mar interior es un canto a la naturaleza que nos exhorta a valorar y proteger el maravilloso entorno en el que vivimos (y del que dependemos) y es, también, un viaje al interior de sí mismo, a conocer al animal que (nos guste o no) todos llevamos dentro.


También de Philip Hoare: Leviatán, o la ballena.