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martes, 8 de agosto de 2017

Jared Diamond: Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen

Resultado de imagen de colapso diamond amazonIdioma original: inglés
Título original: Collapse
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable por lo menos



En lo que concierne al futuro del planeta, la disponibilidad de recursos, el cambio climático, la inevitable globalidad de los problemas medioambientales y cuestiones similares parece que la opinión esta polarizada. El sector concienciado manifiesta su preocupación constantemente e intenta sensibilizar al resto.
Necesitamos saber a qué atenernos. En absoluto considero una exageración esas alarmas, pues están bien documentadas y proceden de fuentes fiables, pero incluso los que piensan que apenas tienen fundamento deberían salir de dudas de una vez. Colapso no es un texto de ficción ni un ensayo literario, se trata de una obra científica, extensa, y exhaustivamente documentada, imprescindible –junto a otras– para todo administrador público o para cualquiera que desee opinar con conocimiento de causa.
Su propósito es investigar las causas del colapso de algunas sociedades antiguas –la mayor parte de las cuales desapareció sin dejar rastro– comparándolas con las pautas que impulsaban la gestión medioambiental de las diversas regiones del planeta a mediados de la década anterior.
Diamond es doctor en fisiología y biofísica, ornitólogo, geógrafo, gran viajero, profesor universitario, promotor y colaborador en un sinfín de proyectos sobre el terreno relacionados con biología y geología, tiene en su haber obras divulgativas tan relevantes como Armas, gérmenes y acero (reseñado en este blog) que obtuvo el Pulitzer en 1998, y otras, como El mundo hasta ayer y Sociedades comparadas, a las que merece la pena acercarse antes de que queden obsoletas. Desde luego, no se le puede reprochar falta de rigor, desconocimiento de los asuntos que trata, carecer de una formación científica sólida, capacidad comunicativa o falta de entusiasmo. Al contrario, estamos ante un estudio profundo que contiene una ingente cantidad de apoyaturas científicas y datos de toda índole. Esto, que en absoluto es un defecto, puede pillar desprevenido al lector que esté buscando algo más ligero, pero yo aconsejaría que no se desanimen, no es preciso asumir una lectura exhaustiva de sus casi ochocientas páginas, al menos antes de saber hasta qué punto van a interesarnos. Un análisis de estas características, tan bien estructurado y con clasificaciones tan claras, se puede leer de muchas formas, desde la simple consulta hasta la habitual de principio a fin, pasando por saltarse párrafos o capítulos enteros eligiendo aquellos que más nos interesen.
Variedad hay de sobra. Tras una introducción en la que se analiza la situación actual de una zona muy concreta del estado de Montana (región que el autor tiene en gran estima y cuyos vertiginosos cambios, el enfrentamiento de pareceres entre vecinos que estos provocan y el delicado equilibrio ecológico a que todo ello ha dado lugar se utiliza como término de comparación con datos observados en otros territorios), emprendemos un viaje en el tiempo en una primera parte que repasa algunas sociedades tradicionales desaparecidas por causas diversas, dejando, eso sí, rastros inconfundibles –unas más y otras menos– de los que podemos aprender mucho si somos capaces de descifrarlos. Y si alguien sabe leer las señales que dejaron los antiguos es precisamente el autor.
Esta primera sección consta de cuatro capítulos y, para variar, en lo que respecta a la antigua civilización de la isla de Pascua recurre a indicadores y llega a conclusiones que no tienen nada que ver con los extraterrestres. Otros pueblos cuyos indicios se rastrean son: los mayas, los extinguidos vikingos de Groenlandia –en oposición a los inuits, que subsistieron gracias a la sostenibilidad de sus prácticas– o el Japón de la dinastía Tokugawa (s. XV a XVII) y su triunfo frente a la adversidad.
La tercera parte se enfrenta a la complejidad de algunas sociedades actuales: Ruanda y las causas (evidentes y ocultas) de sus conocidas tragedias, el radicalmente distinto abordaje de los problemas medioambientales dentro una misma isla (ejemplificado por los estados de República Dominicana y Haití), los errores cometidos por China y la celeridad con que se resuelven a veces, sin olvidar las dificultades endémicas de Australia y sus tentativas de un cambio de óptica que anuncian una etapa con bastantes probabilidades de éxito. Comparadas con el grupo anterior, se caracterizan por aportar muchos más datos sobre el presente pero más incertidumbre en relación al futuro. Por fortuna, no todas las amenazas de desastre llegan a consumarse, las sociedades remontan a veces, y al contrario: territorios que, se diría, cuentan con todos los requisitos para llevar una vida próspera van decayendo y acaban por desaparecer por no haber previsto que los recursos se consumen con el tiempo a no ser que se adopten medidas drásticas.
En los capítulos finales, el autor repasa la causas, tanto del colapso final como de los desastres ecológicos parciales –unas son atemporales (como la destrucción de recursos naturales, la superpoblación y la producción o traslado de agentes perjudiciales para un hábitat), otras recientes (la energía, el techo fotosintético, los cambios atmosféricos y la toxicidad de los productos)–, explica su estrecha interrelación, se pregunta si proceden de las dificultades inherentes a una zona concreta o más bien radican en conductas erróneas, extrae conclusiones para afrontar el futuro que le espera al conjunto de los seres humanos y, significativamente, acaba con el epígrafe Razones para la esperanza.
Un trabajo impecable, reconocido por profanos y especialistas, aunque se le ha reprochado cierto sesgo ideológico. Y, efectivamente, no se puede negar que, en lo relativo al presente, Diamond es de alguna forma juez y parte. Siempre que vuelve la vista atrás se muestra objetivo y desapasionado, interesándose solo por las prácticas que resultan beneficiosas o nefastas para el medio, en cambio, cuando se refiere a la actualidad encontramos afirmaciones como mínimo discutibles. Por ejemplo, teniendo en cuenta que la sostenibilidad del planeta tiene unos límites muy precisos, considera el afán de progreso de los países tercermundistas –tanto en su propio terreno como en la tendencia a la inmigración– una amenaza para el bienestar de los más prósperos; ni siquiera plantea una solución justa en forma de decrecimiento de unas zonas a favor del avance de otras. A destacar también su énfasis en la inevitabilidad de que las empresas extractivas prioricen el ánimo de lucro, justificándolo tanto por la necesidad de obtener beneficios como por sus legislaciones auto-protectoras, pero no encontramos la misma indulgencia respecto al conservadurismo medioambiental de los noruegos que se instalaron en Groenlandia hace siglos o hacia las costumbres religiosas que extinguieron en Pascua las reservas de piedra y madera.
Este tipo de estudios se desfasa a gran velocidad, como es lógico. Quiero pensar que Colapso, en su mayor parte, todavía está vigente; aún así, el lector no podrá dejar de preguntarse qué cambios se han producido en los once años transcurridos, en qué sentido, cuál habrá sido la causa y quienes los responsables.


Más obras de Diamond: Armas, gérmenes y acero

domingo, 19 de febrero de 2017

Jorge Riechmann: Peces fuera del agua

Idioma original: español
Año de publicación: 2.016
Valoración: Se deja leer (pero hay que ser un poco generoso)


Alguna vez habrá que escribir una metaentrada sobre cómo y por qué elegimos los libros que leemos (hasta es posible que ya lo hayamos hecho, pero la verdad, no me he molestado en indagar). En el caso particular, este libro estaba bien situado en un expositor donde suelen colocar títulos recientes e interesantes. Me fío bastante de ese expositor en concreto, me decidí a echarle un vistazo y, en efecto, lo que vi me resultó atractivo. Parecía un libro atípico: un señor que yo no conocía en absoluto escribía cosas en cortos párrafos separados por encabezamientos (no encabezados) en negrita y en minúsculas, en un vistazo muy rápido se veían comentarios acerca de la sociedad actual, el capitalismo, el medio ambiente. Tenía pinta de transgresor, de diferente.

Y la verdad es que esa impresión de la primera ojeada responde bastante a lo que uno se encuentra cuando lee, ya en casita y con más o menos tranquilidad, ‘Peces fuera del agua’. Nada más empezar nos encontramos con unas cuantas páginas con citas de intelectuales, activistas, eruditos, blogueros y articulistas sobre cosas muy actuales, algunas de cierto calado filosófico o sociológico, otras son más bien ocurrencias, reinterpretaciones, también algunos datos objetivos sobre nuestra civilización, un poco de todo.

Terminan las citas pero el esquema general continúa. Ahora es el propio Riechmann el que va tocando asuntos diversos, la mayor parte de las veces apoyado en textos o reflexiones de otros autores, algunos célebres (no sé, desde Tucídides o Max Weber, hasta Terry Eagleton o Lewis Mumford, a quien tendremos en ULAD dentro de poco), y otros perfectamente desconocidos para los que somos ajenos al mundillo del pensamiento. Las referencias son amplísimas, a veces de otros libros, revistas, mails privados, artículos de prensa, blogs, de todo. A veces parece que estemos leyendo un híbrido entre diario y libro de citas: hoy leo un libro y comento un párrafo, mañana es un correo que me manda un colega, otro día lanzo una idea que se me ocurre.

Bueno, y ¿de qué habla ‘Peces fuera del agua’? Pues, dado el formato, como digo, de casi todo lo divino y o humano. Si tomamos como idea principal del libro la que más se repite, diríamos que anuncia nada menos que el fin de la civilización, el ‘ecocidio’ y el genocidio que tendrán lugar en la segunda mitad del siglo XXI (‘el siglo de la Gran Prueba’), el colapso de la sociedad industrial, el agotamiento final de las fuentes de energía, todo ello causado por el ‘tanatocapitalismo’ global digital financiarizado -por resumir un poco. Esta línea de pensamiento se repite cada pocas páginas, a veces más enfocado desde el punto de vista ecológico, otras desde una perspectiva más política (Riechmann tampoco se corta definiéndose como anticapitalista, ecosocialista, ecofeminista y animalista). Ilustro la cuestión con un ejemplo que también se repite varias veces: cuenta el autor que –se supone que conceptualmente- el Titanic ya estaba hundido antes incluso de avistar el iceberg, y lo mismo nos pasa a nosotros: la catástrofe es ya inevitable, pero aun así debemos luchar por minimizar los daños en lo posible. Mucho, eh?

Alrededor de esta negra visión se arremolinan mil y un reflexiones sobre temas más o menos conexos: la degradación de la democracia, la tecnociencia, datos acerca de la destrucción de la naturaleza, la desigualdad, el consumismo. Vamos, que no rezuma optimismo la lectura, lo cual tiene bastante lógica si tenemos en cuenta que don Jorge considera al ser humano un ‘simio averiado’ –concepto también reiterado en unas cuantas ocasiones. En un tercer círculo encontramos a su vez reflexiones sobre temas digamos más habituales en el ámbito de la filosofía y el pensamiento: la razón, el autoengaño, el poder de la lucha… En esta zona, Riechmann se muestra más pausado, aunque sin abandonar una cierta acidez irónica que, a fuerza de impregnar todo el texto, acaba resultando un poco cansina.

Y la verdad es que entre esta acumulación de fragmentos de pensamiento y pequeñas explosiones pasadas por el tamiz del ingenio hay algunas cosas que no dejan de tener su interés, y hasta algunos pasajes brillantes (el valor de la poesía, o un divertido párrafo en el que reúne a Sade, Nietzsche y Rimbaud). Aunque también hallamos algunos comentarios que merecen calificarse directamente de majaderías. 

El problema es que las casi 350 páginas se convierten en un muestrario más o menos aleatorio de erudición –y que se note- mezclada con ocurrencias, aforismos y apuntes, un paisaje ideológico abierto y bastante deprimente que nunca termina de constituir un cuerpo teórico coherente. Seguramente, uno es demasiado clásico como para saber apreciar el valor de esta pléyade de sentencias dispersas, pero me da la impresión de que el libro, pese a recurrir a montones de argumentos de autoridad, acaba pareciendo una interminable sucesión de tuits: y con ese formato, pese a que entre ellos encontremos algunas ideas valiosas, el conjunto termina siendo perfectamente prescindible.


miércoles, 10 de febrero de 2016

Wilfrid Lupano & Grégory Panaccione: Un océano de amor

Idioma: ¿francés?
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable

Como dice Paco Roca en el prólogo de este libro, casi resulta sacrílego utilizar palabras para hablar sobre un cómic que no tiene ninguna en los diálogos. Ni siquiera onomatopeyas. Toda la narración se sustenta, pues en las imágenes, lo cual, sin duda, no ha resultado fácil para los autores, pero también requiere un cierto esfuerzo por parte del lector. Un esfuerzo muy llevadero y gozoso, hay que decir, y que incluso resulta bastante gratificante, cuando se le coge el tranquillo.

Bien, solventado ya el asunto, que en realidad es anecdótico de la peculiaridad expresiva de esta obra, vamos a lo que importa, que es su contenido: la historia que  nos cuenta, en una tono algo naïf y decididamente simpático, es la de un viejo pescador bretón que sale a faenar con su pequeño barco y, debido a unas peripecias que no desvelaré, para no destriparle la lectura a nadie, se ve perdido y arrastrado a una serie de aventuras, quizás menos inverosímiles de lo que pueda parecer. Entre tanto, su esposa que, al no volver él, está cada vez más preocupada, decide tomar la iniciativa y, en vez de quedarse esperándole, como la loca del muelle de San Blas, va a su encuentro o a lo que ella cree que lo es, viviendo unas peripecias no menos extravagantes y divertidas. Los protagonistas, pues, no son precisamente los típicos de las relatos de amor y aventuras: ni jóvenes, ni guapos, ni ricos... más  bien todo lo contrario, pero eso es lo que le da más encanto a su historia. Al tener que salir de su medio habitual, un pueblecito de la costa bretona, los dos tendrán que adaptarse a las nuevas circunstancias y adaptar sus capacidades, basadas en la tradición, a ese mundo moderno que parece habérseles echado encima. Para ellos, la aventura resulta doble, por tanto. El libro, en el que el mar es un tercer protagonista, que aparece en casi todas las viñetas, es también un toque de atención ecologista, sobre el estercolero en el que estamos convirtiendo los océanos. Eso sí, todo contado, denuncia y momentos azarosos incluidos, con un sentido del humor delicioso y vitalista. No quiero dejar de comentar que además nos encontramos en este cómic con  un "personaje invitado" de lo más inesperado... (no revelaré de quién se trata para no chafarle a nadie la sorpresa).


Se pueden buscar referencias, claro está, a esta entrañable historieta. La más obvia, quizás, en la aparte que atañe al pescador, sea la de la novela El viejo y el mar (recientemente reseñada en ULAD, por cierto); yo añadiría además la de la película La tormenta perfecta (basada en una novela homónima de Sebastian Junger, al parecer). Y, por lo que respecta a la historia de su esposa, me ha recordado, salvando las distancias, Largo domingo de noviazgo, aunque quizás más la película que la novela, pues los protagonistas de aquélla son también bretones, mientras que en el libro de Japrisot, al desaparecido Manex sus compañeros le creen bretón... porque es de Capbreton, en las Landas (dejando aparte, que el estilo del cómic y su humor, basado en los detalles y la reivindicación de las pequeñas cosas, así como cierto ternurismo, recuerda también el del cine de Jean-Pierre Jeunet, o parte de él: Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Amélie...).

En todo caso, sólo quiero reiterar que, más allá de la circunstancia anecdótica de que se trate de una narración "muda", nos encontramos ante una estupenda obra gráfica (magníficas las viñetas que reflejan la tormenta marina, por ejemplo) y una historia divertida y emocionante, de las que da lástima cuando se llega a la página final... Eso sí: abstenerse los alérgicos a las sardinas en lata; que conste que yo ya aviso...





viernes, 5 de junio de 2015

Henry David Thoreau: Un paseo invernal

Idioma original: inglés
Título original: A Winter Walk - Walking
Año de publicación: 
Traducción: Marcos Nava
Valoración: entre recomendable y está bien

Existe un género televisivo que es especialmente popular, al menos en España, el de los documentales sobre naturaleza, ésos que siempre dicen preferir los espectadores cuando se les pregunta por sus gustos... (!) Unos documentales que tratan sobre el comienzo de la floración en la tundra o la hibernación del lirón moteado, y cuya narración suele correr a cargo de unas voces de una  agradable calidez, de una suavidad monótona que nos incitan a seguir con atención el transcurrir de lazZzzzzzzzzz.... ¿Euh? Uy, perdón... Bien, imaginemos ahora una de esas envolventes voces recitando las siguientes palabras:

"Aún así, en medio de este día ártico, quizá podamos seguir al verano hasta su refugio y comprender un poco mejor la vida que allí crece. Si nos asomamos a los riachuelos que atraviesan las praderas heladas, puede que veamos los nidos submarinos de lo tricópteros, es decir, las larvas de las planipennia...

Podría dar el pego, ¿no? Pues así es Un paseo invernal, uno de los dos textos de Henry David Thoreau que conforman este delgado volumen: una descripción precisa y preciosa -exquisita, incluso- de lo que podía encontrar un paseante por los campos y bosques de Massachussets cualquier día helado de invierno (de hace 200 años, eso sí). Que nadie piense que Thoreau transmite sin embargo una visión desolada o yerma de la naturaleza; muy al contrario, el autor considera la invernal como una estación de máximo esplendor natural y le encanta todo lo que ve.

El otro texto que compone este volumen tan cucamente editado es Caminar, en principio una ardorosa defensas de esta sana actividad y sus beneficios -no exclusivamente físicos- por parte del autor, pero que pronto deriva hacia una nueva loa a las maravillas de la  naturaleza e incluso una cierta una apología de la vida salvaje, fuera de la "civilización" de los humanos: "La vida coincide con lo salvaje. lo más vivo es lo más salvaje" (...) "En una sola frase: todo lo bueno es salvaje y libre...". Más aún: una llamada a la rebeldía hacia ésta y sus constreñimientos ( "En cuanto a mi relación con la Naturaleza, tengo la impresión de vivir como una suerte de habitante fronterizo, en los confines de un mundo al que hago tan sólo incursiones efímeras y puntuales,y mi patriotismo y mi lealtad hacia el Estado a cuyos territorios parezco retirarme son los propios de un bandolero..."). No es de extrañar que Thoreau haya sido inspirador a pensamientos y movimientos tan dispares como el anarquista, el liberal, el ecologismo, el vegetarianismo, la objección de conciencia de todo tipo, el pacifismo, a los hippies... aunque también a los "patriotas" que se atrincheran en Montana con un arsenal de rifles de asalto. Cada cual puede encontrar en Thoreau lo que ande buscando... pero, sobre todo, encontrará un montón de páginas de una belleza cristalina, quizás de las mejores que se hayan escrito nunca sobre la Naturaleza y sus sutiles secretos. Para muestra, un botón:

"Mientras vagábamos, las nubes han vuelto a reunirse y algunos copos dispersos comienzan su descenso. Caen cada vez más rápido, y pronto dejan fuera de la vista los objetos distantes. La nieve se desploma suavemente sobre los bosques y los campos, sin olvidar ni una sola grieta, junto al río y el lago, sobre la montaña y el valle. Los mamíferos están ya recluidos en sus refugios y los pájaros encaramados a sus ramas. Todos los sonidos que escuchamos cuando hace buen tiempo se han fundido en el silencio, todas las laderas, las paredes rocosas y las cercas, el hielo lustroso y las hojas marchitas que hasta entonces no estaban enterradas, se ocultan ahora muda y gradualmente, y se pierden las huellas de los hombres y los animales. La naturaleza reafirma su dominio y borra los rastros humanos con muy poco esfuerzo..."

Un puro bálsamo.

jueves, 11 de agosto de 2011

Serge Latouche: Pequeño tratado del decrecimiento sereno

Idioma original: francés
Título original: Petit traité de la decroissance sereine
Fecha de publicación:
2007
Valoración: muy recomendable

Estos días parece que uno tiene que tener un máster en Economía financiera para leer el periódico. Vaya mesecito llevamos: que si los ataques a la deuda soberana, que si EEUU deja de ser un país sin riesgo para inversores, que si las bolsas se hunden, la economía se estanca y todo el tinglado se va a hacer gárgaras. Frente a todas estas calamidades, a veces difícilmente comprensibles para los profanos, aparece siempre una misma obsesión como bálsamo curalotodo: el crecimiento. Parece ser que (horror) el crecimiento económico se está desacelerando de nuevo y, frente a eso, todos debemos hacer un esfuerzo (trabajando más, cobrando menos y muchas gracias caballero vuelva cuando quiera), porque lo que importa, sobre todas las cosas, es que la economía crezca.

Pues bien, no sé si soy un bicho raro, o si alguien más comparte mis dudas, pero a mí siempre me ha chocado muchísimo esto de que la economía tenga que crecer constantemente para considerar que tiene buena salud. Si cada año hay que tener mayores beneficios y, por tanto, vender más, transportar más, producir más, ¿no parece evidente que toda esta danza infernal, a ritmo cada vez más rápido, nos llevará a estrellarnos contra la realidad de un planeta con recursos finitos? Bueno, pues esa es la tesis principal del libro de Latouche.

Este buen hombre es uno de los líderes de la corriente del decrecimiento, que tiene en Francia una presencia pública notable. Lo que sostiene, básicamente, es que el sistema económico actual, basado en el crecimiento constante, es un invento nefasto que nos hace más infelices, menos sanos y que, además, está condenado al colapso en pocos años. La solución no es un crecimiento "verde" o "sostenible", que no parecen más que coartadas para seguir con el mismo juego cambiando el color de las fichas. Lo que se necesita es un cambio radical en el imaginario colectivo, que derive en una nueva forma de economía, más local, más pausada, más consciente de los recursos que tenemos.

El diagnóstico que hace Latouche de la situación actual es inapelable, aunque no desconocido: para mantener las cotas de rentabilidad creciente debemos consumir cada vez más, y así ocurre que comemos más grasa, más sal y más azúcar de la que necesitamos, trabajamos más horas y con más estrés del que podemos soportar sin antidepresivos, y emitimos a la atmósfera mucho más CO2 de lo que ésta puede soportar. Esto sin contar la inestabilidad política y la precariedad de vida que nuestras compañías y gobiernos alientan en un buen número de países para proveernos de los recursos que necesitamos para seguir comiendo y comprando a un ritmo creciente. Lo nuevo es atreverse a formular una utopía económica y social concreta (en este tiempo descreído) y hacerlo, además, contra el credo que comparten universalmente todos los partidos de izquierda y derecha: crezamos y seremos felices.

Este libro en concreto es una versión abreviada de otro más amplio del mismo Latouche (La apuesta del decrecimiento), orientada a dar a conocer sus tesis de manera sencilla. Se lee fácil y del tirón, aunque es una pena que la traducción española flojee en bastantes ocasiones.

También de Serge Latouche en ULAD: Salir de la sociedad de consumo