Título original: Collapse
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable por lo menos
En lo que concierne al futuro del planeta, la disponibilidad de recursos, el cambio climático, la inevitable globalidad de los problemas medioambientales y cuestiones similares parece que la opinión esta polarizada. El sector concienciado manifiesta su preocupación constantemente e intenta sensibilizar al resto.
Necesitamos saber a qué atenernos. En absoluto considero una exageración esas alarmas, pues están bien documentadas y proceden de fuentes fiables, pero incluso los que piensan que apenas tienen fundamento deberían salir de dudas de una vez. Colapso no es un texto de ficción ni un ensayo literario, se trata de una obra científica, extensa, y exhaustivamente documentada, imprescindible –junto a otras– para todo administrador público o para cualquiera que desee opinar con conocimiento de causa.
Su propósito es investigar las causas del colapso de algunas sociedades antiguas –la mayor parte de las cuales desapareció sin dejar rastro– comparándolas con las pautas que impulsaban la gestión medioambiental de las diversas regiones del planeta a mediados de la década anterior.
Diamond es doctor en fisiología y biofísica, ornitólogo, geógrafo, gran viajero, profesor universitario, promotor y colaborador en un sinfín de proyectos sobre el terreno relacionados con biología y geología, tiene en su haber obras divulgativas tan relevantes como Armas, gérmenes y acero (reseñado en este blog) que obtuvo el Pulitzer en 1998, y otras, como El mundo hasta ayer y Sociedades comparadas, a las que merece la pena acercarse antes de que queden obsoletas. Desde luego, no se le puede reprochar falta de rigor, desconocimiento de los asuntos que trata, carecer de una formación científica sólida, capacidad comunicativa o falta de entusiasmo. Al contrario, estamos ante un estudio profundo que contiene una ingente cantidad de apoyaturas científicas y datos de toda índole. Esto, que en absoluto es un defecto, puede pillar desprevenido al lector que esté buscando algo más ligero, pero yo aconsejaría que no se desanimen, no es preciso asumir una lectura exhaustiva de sus casi ochocientas páginas, al menos antes de saber hasta qué punto van a interesarnos. Un análisis de estas características, tan bien estructurado y con clasificaciones tan claras, se puede leer de muchas formas, desde la simple consulta hasta la habitual de principio a fin, pasando por saltarse párrafos o capítulos enteros eligiendo aquellos que más nos interesen.
Variedad hay de sobra. Tras una introducción en la que se analiza la situación actual de una zona muy concreta del estado de Montana (región que el autor tiene en gran estima y cuyos vertiginosos cambios, el enfrentamiento de pareceres entre vecinos que estos provocan y el delicado equilibrio ecológico a que todo ello ha dado lugar se utiliza como término de comparación con datos observados en otros territorios), emprendemos un viaje en el tiempo en una primera parte que repasa algunas sociedades tradicionales desaparecidas por causas diversas, dejando, eso sí, rastros inconfundibles –unas más y otras menos– de los que podemos aprender mucho si somos capaces de descifrarlos. Y si alguien sabe leer las señales que dejaron los antiguos es precisamente el autor.
Esta primera sección consta de cuatro capítulos y, para variar, en lo que respecta a la antigua civilización de la isla de Pascua recurre a indicadores y llega a conclusiones que no tienen nada que ver con los extraterrestres. Otros pueblos cuyos indicios se rastrean son: los mayas, los extinguidos vikingos de Groenlandia –en oposición a los inuits, que subsistieron gracias a la sostenibilidad de sus prácticas– o el Japón de la dinastía Tokugawa (s. XV a XVII) y su triunfo frente a la adversidad.
La tercera parte se enfrenta a la complejidad de algunas sociedades actuales: Ruanda y las causas (evidentes y ocultas) de sus conocidas tragedias, el radicalmente distinto abordaje de los problemas medioambientales dentro una misma isla (ejemplificado por los estados de República Dominicana y Haití), los errores cometidos por China y la celeridad con que se resuelven a veces, sin olvidar las dificultades endémicas de Australia y sus tentativas de un cambio de óptica que anuncian una etapa con bastantes probabilidades de éxito. Comparadas con el grupo anterior, se caracterizan por aportar muchos más datos sobre el presente pero más incertidumbre en relación al futuro. Por fortuna, no todas las amenazas de desastre llegan a consumarse, las sociedades remontan a veces, y al contrario: territorios que, se diría, cuentan con todos los requisitos para llevar una vida próspera van decayendo y acaban por desaparecer por no haber previsto que los recursos se consumen con el tiempo a no ser que se adopten medidas drásticas.
En los capítulos finales, el autor repasa la causas, tanto del colapso final como de los desastres ecológicos parciales –unas son atemporales (como la destrucción de recursos naturales, la superpoblación y la producción o traslado de agentes perjudiciales para un hábitat), otras recientes (la energía, el techo fotosintético, los cambios atmosféricos y la toxicidad de los productos)–, explica su estrecha interrelación, se pregunta si proceden de las dificultades inherentes a una zona concreta o más bien radican en conductas erróneas, extrae conclusiones para afrontar el futuro que le espera al conjunto de los seres humanos y, significativamente, acaba con el epígrafe Razones para la esperanza.
Un trabajo impecable, reconocido por profanos y especialistas, aunque se le ha reprochado cierto sesgo ideológico. Y, efectivamente, no se puede negar que, en lo relativo al presente, Diamond es de alguna forma juez y parte. Siempre que vuelve la vista atrás se muestra objetivo y desapasionado, interesándose solo por las prácticas que resultan beneficiosas o nefastas para el medio, en cambio, cuando se refiere a la actualidad encontramos afirmaciones como mínimo discutibles. Por ejemplo, teniendo en cuenta que la sostenibilidad del planeta tiene unos límites muy precisos, considera el afán de progreso de los países tercermundistas –tanto en su propio terreno como en la tendencia a la inmigración– una amenaza para el bienestar de los más prósperos; ni siquiera plantea una solución justa en forma de decrecimiento de unas zonas a favor del avance de otras. A destacar también su énfasis en la inevitabilidad de que las empresas extractivas prioricen el ánimo de lucro, justificándolo tanto por la necesidad de obtener beneficios como por sus legislaciones auto-protectoras, pero no encontramos la misma indulgencia respecto al conservadurismo medioambiental de los noruegos que se instalaron en Groenlandia hace siglos o hacia las costumbres religiosas que extinguieron en Pascua las reservas de piedra y madera.
Este tipo de estudios se desfasa a gran velocidad, como es lógico. Quiero pensar que Colapso, en su mayor parte, todavía está vigente; aún así, el lector no podrá dejar de preguntarse qué cambios se han producido en los once años transcurridos, en qué sentido, cuál habrá sido la causa y quienes los responsables.
Más obras de Diamond: Armas, gérmenes y acero



