Mostrando las entradas para la consulta J. G. Ballard ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta J. G. Ballard ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de enero de 2023

J. G. Ballard: Relatos, 1

Idioma original: Inglés 
Título original: The complete short stories. Volume I
Traducción: David Tejera Expósito
Año de publicación: 2001
Valoración: Muy recomendable

No es fácil reseñar un libro como este, que incluye 39 relatos publicados por J. G. Ballard entre 1956 y 1963. Creo que lo más cómodo y lo más representativo será ofrecer una serie de líneas generales sobre temáticas, estilo, puntos fuertes y puntos débiles porque dentro de esos 39 relatos hay de todo (obviamente): relatos magníficos de principio a fin, relatos que comienzan de manera deslumbrante y que se caen al final, relatos más o menos planos, relatos hasta cierto punto prescindibles, etc. Dicho esto, generalicemos y tiremos p'alante. 

Para empezar, situaremos los relatos de Ballard en lo genérico. Obviamente, la primera etiqueta será la de la ciencia-ficción, pero no esa de marcianitos, naves espaciales y demás parafernalia. Será, más bien, ficción especulativa utilizada como trasfondo para hablar de pasiones y pulsiones universales. Pero no solo de ciencia-ficción en sus más variadas formas vive Ballard. La distopía, ciertas formas de terror psicológico, lo absurdo y lo surreal e incluso lo gótico conviven a los largo de las 850 páginas de este tochazo en las que encontraremos ecos de Poe, de Kafka o de Orwell, por citar tres nombres.

Respecto a los temas ballardianos, cabe destacar que estamos ante un autor más de abstracciones que de concrecciones. Aún así, el tiempo y el espacio (y variaciones sobre los mismos), el poder, la idea de Dios, la soledad o los efectos que la "sobretecnologización" de la sociedad tienen sobre el individuo son algunas de las obsesiones que observamos en estos relatos.

En cuanto a lo estilístico, Ballard me parece un autor terriblemente pictórico. Muchos de sus relatos, especialmente en lo que a atmósferas y escenarios se refiere, poseen una potencia visual tremenda. A ello contribuyen sus estupendas descripciones y ambientaciones, lo que no excluye una cierta tendencia a la sobreadjetivación que no acaba de convencerme.

Pasemos ahora a los puntos fuertes de estos relatos. Serían su ya comentada potencia visual, la ya citada habilidad para las descripciones y sus premisas o puntos de partida, verdaderamente originales e inquietantes, pese a que algunas de ellas han podido quedar algo "desfasadas" debido al progreso tecnológico de las últimas décadas.

En cuanto a loa puntos más "flojos", además de la sobreadjetivación de la que hablaba, habría que citar el escaso desarrollo psicológico de algunos de los protagonistas de los relatos (Ballard es más un escritor de atmósferas que de personajes, lo que no significa que encontremos relatos en los que ambos aspectos casan a la perfección) y algunos de los finales, que no terminan de estar a la altura de la premisa inicial del relato.

Por último, citaré media docena de los relatos que más me han gustado, que serían:

  • La ciudad de Concentración, por la magnífica construcción de un universo distópico y opresivo caracterizado por un aberrante urbanismo.
  • Ahora: cero, un relato realista con trasfondo ci-fi que explora acertadamente la psicología de un personaje que detenta un poder omnímodo.
  • Cronópolis, relato orwelliano ambientado en una civilización derrumbada por el exceso de tecnología, la superpoblación, los recursos limitados, etc. Terrible y espero que errado en sus predicciones.
  • Trece a Centauri, texto que juega con la ingeniería social y que cuenta con una gran premisa, un interesante giro a mitad del relato y un mejor tratamiento psicológico de los personajes.
  • El hombre subliminal, distópico relato a medio camino entre la fábula y el realismo que habla de la manipulación mental en un mundo ultracapitalista de consumo desmesurado y ambiciones siempre insatisfechas.
  • Uno menos, texto situado entre Kafka y Poe, entre el absurdo y el surrealismo pese a su carácter más metafísico pero que con un toque final de lo más british. 
En fin, he escogido seis pero podrían ser más. El nivel medio es muy alto e incluso me atrevería a decir que me gusta más el Ballard cuentista que el Ballard novelista. ¿A vosotros?  

martes, 21 de abril de 2009

J. G. Ballard: El mundo de cristal

Idioma original: inglés
Título original:
The Crystal World
Fecha de publicación: 1966
Valoración: Está bien

Este domingo moría J. G. Ballard, un escritor británico independiente y original, conocido fundamentalmente por novelas como Crash -adaptada en una polémica película de David Cronenberg- o El Imperio del Sol -que llevó al cine Steven Spielberg, y que está basada en gran medida en las experiencias infantiles del propio Ballard durante la Segunda Guerra Mundial-. Sin embargo, el género que Ballard más cultivó es el de la ciencia ficción, aunque una ciencia ficción distinta a la de Asimov, Stanislaw Lem, Philip K. Dick, etc., que presenta fundamentalmente mundos distópicos en proceso de desintegración o transformación.

El mundo de cristal es un ejemplo de este segundo tipo de novelas: Edward Sanders, un médico británico, es enviado a una región de África de difícil acceso, para ayudar a combatir una variante de la lepra. En el camino, sin embargo, descubre que se está produciendo un extraño e inexplicable fenómeno: la selva ha comenzado a cristalizarse, al igual que todo lo que la selva pueda contener: plantas, animales o personas.

Más sorprendente todavía que este planteamiento inicial es el desarrollo que Ballard hace tomar a la novela, centrándose en las reacciones de los personajes ante el fenómeno, tanto o más que en el fenómeno en sí mismo. Un enfoque más hollywoodiense, por decirlo de alguna forma, habría llenado la novela de acción, giros sorprendentes, personajes planos. Ballard apunta en dirección contraria: crea un conjunto de personajes secundarios con historias y personalidades complejas, que les hacen encarar de maneras diversas la amenaza de la cristalización, insistiendo además en el carácter ambiguo de la plaga: mata, porque elimina la vida, pero también preserva, porque detiene el tiempo.

El conjunto es una novela verdaderamente fascinante: algo así como La vorágine de José Eustasio Ribera, pero con efectos especiales.

Otras obras de J.G. Ballard en ULAD: La exhibición de atrocidadesLa sequíaRascacielosCrash, Avió en vol ras

domingo, 17 de enero de 2010

J. G. Ballard: Rascacielos

Idioma original: inglés
Título original: High-rise
Año de publicación: 1975
Valoración: Muy recomendable

Es sorprendente, y al mismo tiempo comprensible, que Hollywood no haya recurrido a más novelas de J. G. Ballard para adaptarlas al cine (con la excepción de Crash y El Imperio del Sol). Sorprendente, porque muchas de estas novelas parten de ideas sencillas y originales y suelen estar protagonizadas por héroes muy al estilo de Hollywood: hombres blancos, machos, cultos, sofisticados, aventureros; pero al mismo tiempo, es comprensible, porque las novelas de Ballard son oscuras, violentas, tétricas, pesimistas, cargadas de sexualidad sin inhibiciones, y transmiten un mensaje negativo sobre la modernidad, el consumismo y la civilización occidental. Para poder "vender" este producto, Hollywood tendría que edulcorarlo hasta desfigurarlo completamente, y recortar muchas de sus escenas para producir una "versión Disney" de Ballard -o dirigirse a un público crítico y adulto, algo a lo que Hollywood ha renunciado hace tiempo.

Rascacielos, como otras novelas de Ballard, es una alegoría sobre los efectos de la inhumanidad de la vida moderna, centrada en este caso en un edificio de última tecnología y alto standing, en el que sus habitantes ceden a un proceso de animalización y primitivización progresiva, empezando por organizar fiestas más o menos inofensivas, pasando luego a ataques físicos entre grupos de vecinos y terminando en un estado de brutalidad absoluta.

Si nos ponemos finos, y no aceptamos el "pacto ficcional" que propone Ballard, la novela es un poco inverosímil: que uno de los más modernos y elegantes edificios de Londres degenere en batalla campal, orgía constante y masacre de animales y humanos, y nadie se entere, ni haga nada para evitarlo, resulta francamente increíble. Pero ahí es donde entra su aspecto alegórico, como mundo cerrado en el que (de manera a veces demasiado obvia) se reflejan los defectos y vicios ocultos de nuestra sociedad en general.

Para mi gusto, Rascacielos es una de las mejores novelas de Ballard, porque no se mete en retorcidas explicaciones físicas, psicológicas o sociológicas para explicar lo que está sucediendo (como sí hace en otras novelas), y en cambio deja que la novela sea eso, una novela, y muy entretenida además, y que sea el lector el que interprete lo que está pasando. Que tampoco es muy difícil, la verdad.

También de Ballard: El mundo de cristal, La sequía, CrashLa exhibición de atrocidades, Avió en vol ras

miércoles, 28 de octubre de 2009

J. G. Ballard: Crash

Idioma original: Inglés
Título original: Crash
Año de publicación: 1973
Valoración: Recomendable y asquerosa al mismo tiempo

De J. G. Ballard ya hemos comentado un par de novelas antes en este blog, que entraban dentro del género de la ciencia-ficción catastrofista (en La sequía se acaba el agua; en El mundo de cristal, como su título indica, el mundo se vuelve de cristal). De hecho, me había planteado hacer una reseña de El mundo sumergido, que se incluye en esa serie (solo que esta vez, en lugar de una sequía, hay una inundación que sumerge todo el planeta), pero al final he pensado que mejor no, mejor hablar de esta otra, que es distinta a las demás, y que probablemente sea su novela más conocida gracias a la adaptación cinematográfica de David Cronenberg de 1996 (junto con El Imperio del Sol, adaptada por Spielberg, claro).

A la hora de valorar la novela, creo que es necesario utilizar los dos adjetivos: recomendable y repugnante: si buscas emociones fuertes, una novela que te sacuda y te haga sentir (asco, miedo, repulsión), entonces esta es tu novela; si buscas una lectura fácil, entretenida, divertida incluso para una tarde de domingo o un viaje en tren, vade retro. Porque Crash es, probablemente, junto con Cacheo de Dennis Cooper, la novela que más asco físico me ha producido (lo que no quita para que sea una buena novela, a su manera).

Los que conozcan la película ya tendrán una idea de cuál es el argumento: trata de las relaciones entre un grupo de personas obsesionadas con los accidentes de tráfico, y para quienes coches, choques y sexo están inseparablemente unidos. Aunque el narrador de la novela es un tal James Ballard (que por supuesto no hay que confundir con el autor), en realidad el centro de la historia es Robert Vaugham, un ser misterioso, manipulador y seductor, que dedica su vida a perseguir y provocar accidentes para filmarlos y correrse en/con ellos, porque le excitan sexualmente. Su mayor fantasía es provocar un accidente que acabe con la vida de Elizabeth Taylor -y con la suya al mismo tiempo-.

La novela es verdaderamente desasosegante por momentos. Las cicatrices, las heridas abiertas, las amputaciones, la sangre, conviven con el sexo, el deseo, el semen. La palabra semen está presente en casi cada página. Todo está lleno de semen: los cuerpos, los pantalones, el volante, el salpicadero, los muñones de los heridos, las manos y las caras de los protagonistas... Como la máquina es el elemento común de atracción y deseo, los conceptos de homosexualidad y heterosexualidad dejan de tener sentido (en la línea del feminismo ciborg). Las escenas de sexo y accidentes de tráfico se suceden, se entremezclan y componen en realidad la práctica totalidad de la novela. Seguir leyendo es por lo tanto un acto de voluntad, o incluso un acto más de perversión (voyeur en este caso), en el que el lector se ve atrapado como se ven atrapados los personajes.

Como digo, la experiencia lectora que ofrece Crash la ofrecen pocas novelas. Más allá de la brutalidad y el morbo, Ballard teje relaciones complejas, enfermizas, indestructibles, y un conjunto de imágenes tétricamente hermosas a pesar de todo.

Otras obras de J.G. Ballard en ULAD: La exhibición de atrocidadesEl mundo de cristalLa sequíaRascacielos, Avió en vol ras

domingo, 5 de febrero de 2023

J. G. Ballard: Avió en vol ras

Idioma original: Inglés
Título original: Low-Flying Aircraft and Other Stories
Traducción (al catalán): Eduard Castaño
Año de publicación de este volumen: 2022
Valoración: Recomendable (especialmente para interesados)

Avió en vol ras compila una novela corta y ocho relatos de J. G. Ballard. Todos los textos rezuman personalidad literaria y factura artística; todos están atravesados por una serie de elementos comunes, que van desde los escenarios, caracterizaciones y temáticas afines hasta el estilo frío e inteligente de que hace gala el autor.

Mis favoritos son: 

  • "La ciutat darrera". Presenta un planeta cuyos recursos se han agotado. La humanidad ha formado plácidas comunidades en la periferia de las urbes, pero algunos individuos desean revivir el trajín urbano, la pulsión competitiva, el entramado económico, los vehículos motorizados y las luces de neón. 
  • "Avió en vol ras". Esboza un mundo en el que las mujeres son más fértiles que nunca, pero los bebés nacen deformes. ¿Quizá va siendo hora de que nos hagamos a un lado y dejemos que otros nos reemplazen? 
  • "L'astronauta mort". Un matrimonio se descompone (literal y figuradamente) cuando recupera los restos de un antiguo compañero de trabajo.
  • "El meu somni de volar a l'illa Wake". Prueba agridulce de que perseguir nuestros anhelos acarrea tanto recompensas como renuncias.

En fin: Avió en vol ras alberga textos sobresalientes. Curiosamente, los que a mi juicio son mejores se concentran en la primera mitad del volumen y bordean de forma explícita el género de la ciencia ficción. De estos destacaría "L'astronauta mort", un impactante ejercicio dramático que deja al lector sacar sus propias conclusiones. 

Por otro lado, "La vida i la mort de Déu", "L'espectacle televisiu més gran de la Terra", "Un lloc i un moment per morir", "Els àngels dels satèl·lits de comunicacions" y "Els assesins de la platja" exhiben premisas prometedoras, pero no las desarrollan de manera tan satisfactoria como sus predecesores.

Resumiendo: en estas páginas, señores, hay un banquete del mejor Ballard. Tenemos aquí a sus personajes obsesionados; sus trasfondos post-apocalípticos (que no necesariamente distópicos); su creación de paisajes totalmente trabajados, ya sea en su mero trazado descriptivo, ya sea en su devenir histórico, organización social, etc...; su fetichización de la tecnología, los productos de consumo y las grandes urbes; su inclinación por la sexualidad malrollera; sus relfexiones filosóficas. ¡Buen provecho!


martes, 25 de octubre de 2016

Semana del Libro de Culto: La exhibición de atrocidades, de J. G. Ballard

Idioma original: inglés
Título original: The Atrocity Exhibition
Año de publicación: 1969 (como libro)
Traducción: Marcelo Cohen y Francisco Abelenda
Valoración: yo diría que recomendable, pero por una vez... que cada palo aguante su vela

Imaginemos por un momento un campeonato de lucha entre libros "de culto" (sea lo que sea eso), una especie de Mortal Kombat gafapástico... ¿quien ganaría ese torneo del K.O. para culturetas? No lo sé, claro, pero seguro que podríamos contemplar peleas memorables, como el enfrentamiento de dos campeones pesados de sumo, como son Los reconocimientos y La broma infinita. O, mejor aún, peleas aparente y apasionadamente desiguales, como una que enfrentase a un samurai acorazado y armado con las más contundentes técnicas del bushido... por ejemplo, El arco iris de la gravedad, con un monje shaolin apenas ataviado con su túnica, pero maestro en los arcanos del wu-shu, como sería este La exhibición de atrocidades, de J. G. Ballard. Quizá más de uno de ustedes tendría claro por cual apostar, pero yo no daría por hecho el resultado: este pequeño volumen de menos de 200 páginas podría acabar con cualquier oponente con la ligereza del viento y la letalidad de la víbora. O como se diga.

La lectura de esta extraña ¿novela? no es fácil. O, mejor dicho, su lectura sí resulta engañosamente fácil -también algo cansina-, pero su interpretación no lo es. leyendo este libro nos adentramos en un mundo obsesivo, repetitivo, fluctuante entre el erotismo onírico y la pesadilla malsana. Una historia que parece navegar a la deriva hacia la entropía, una y mil veces rota la percepción que vamos recibiendo de los que se nos cuenta y luego mil veces reconstituida, como cuando giramos un caleidoscopio para componer una figura a costa de deshacer la anterior. Aún así, la experiencia de leerlo resulta altamente estimulante, a partir del momento en que se aceptan las reglas que nos impone. Si se consigue entonces un cierto relajamiento del neocórtex del cerebro o como demonios se llame su zona más racional, la sensación de estar ¿disfrutando? (no, no es la palabra adecuada...) de una obra literaria de lo más singular se vuelve incluso... ¿placentera? (no, desde luego, tampoco esta es la palabra).

Para empezar, la estructura del libro ya resulta bastante peculiar: dividido en quince capítulos en principio independientes -de hecho, algunos fueron publicados por separado en revistas a partir de 1966-, que se pueden considerar incluso "novelas condensadas" (al estilo del Reader's Digest, supongo), cada uno de éstos está a su vez compuesto por párrafos con su propio título cada uno, que parecen guardar una continuidad entre sí, al tiempo que la transgreden; es decir, cada uno de los párrafos se podría considerar como perteneciente a una historia diferente o bien todos a la misma historia, de alguna manera. Además de que los encabezamientos de los párrafos de algún capítulo conforman juntos un nuevo párrafo... El efecto de dislocación narrativa que producen es bastante desconcertante, e incluso perturbador, al no buscar la ruptura entre las distintas partes del relato, sino su interrelación, pero a través de la reiteración a lo largo de todo el libro, de una serie de elemnetos recurrentes. sexo, parafilias, sexo, accidentes de tráfico, sexo, geometrías insólitas, sexo, fetichismo, sexo, espacios desolados, sexo, estudios psicológicos, sexo, películas experimentales, sexo, enfermos mentales, sexo, geografías post-(o pre-)apocalípticas, sexo, celebridades de los sixties, sexo, guerra del Vietnam, sexo, muertes violentas de diverso tipo... ¿he mencionado ya que esto va de sexo? Con todos estos elementos y más, Ballard va construyendo una serie de variaciones sobre el mismo tema, hasta que el conjunto de ellas acaba conformando, de una manera extraña, una narración en la que podemos intuir cierto sentido. Algo parecido ocurre, por otra parte, con los personajes, algunos de los cuales aparecen a lo largo de todos los "capítulos": el doctor Nathan, la doctora Austin -aunque a veces es Claire y otras Elizabeth-, Karen Novotny -catalizadora del deseo sexual masculino-, el turbio Koestero Koster... otros, en cambio, van mutando de nombre, de rol y de posición a través de todo el libro; así ocurre con el "protagonista" (si se le puede considerar así), que siempre es un hombre, a veces casado, otras viudo o soltero, que ha sufrido algún tipo de trauma o está embebido en una indagación obsesiva y hermética: es Travis, Traven, Talbot, Trabert...

No menos obsesiva y recurrente es la mención a personajes o acontecimientos de aquella década de los 60: los Kennedy -Jack y Jackie-, Ralph Nader, Malcolm X, Lee Harvey Oswald, estrellas de cine como Elizabeth Taylor, Brigitte Bardot, Jeanne Moureau; Vietnam, el Congo... Incluso los títulos de los capítulos participan de ese festival sesentero: Por qué quiero joder a Ronald Reagan (a la sazón, gobernador de California) o El asesinato de John Fitzgerald Kennedy considerado como una carrera de Automóviles Cuesta Abajo. Todo muy moderno (para aquel entonces) y hasta muy pop, pero irónica, condenadamente perverso. También encontramos diversas referencias al arte pictórico y con cierta frecuencia a pintores surrealistas como Max Ernst. Referencia nada baladí porque toda la obra transmite un aire a escritura automática que no creo sea casual (hay otra conexión con el mundo del arte: al parecer en 1972 Ballard organizó una exposición de coches estrellados semejante a una que aparece en el libro y con consecuencias bastante en consonancia con los planteamientos de la novela).

Bien, y a todo esto... ¿por qué podemos considerar a este libro como "de culto") En primer lugar (y aunque no sea condición sine qua non, ayuda bastante) porque es más raro que un perro verde. Punto. Después, aquí encontramos la génesis de otra novela del mismo autor -de hecho, uno de los capítulos se titula precisamente así- que sí podemos considerar como "de culto": Crash (o al menos lo era; no creo que la peli de Cronenberg la acabara convirtiendo en mainstream... ¿o sí?). En tercer lugar, La exhibición de atrocidades también ha sido llevada al cine, por un tal Jonathan Weiss, en una película inencontrable pero, a tenor de las referencias, igual -o más- raruna que el libro. Y por último, porque esta extraña novela/libro de relatos sirvió de inspiración, allá por 1980, a los legendarios Joy Division. Que si eso no es ser de culto, yo ya no sé...


Otros libros de J. G. Ballard reseñados en Un Libro Al Día: RascacielosEl mundo de cristalLa sequíaCrash


martes, 9 de junio de 2009

J. G. Ballard: La sequía

Idioma original: inglés
Título original: The Drought
Fecha de publicación: 1979
Valoración: se deja leer

Bueno, tratándose de Ballard, el título no deja mucho lugar a la imaginación, ¿no? En efecto: un terrible futuro cercano en el que el planeta se rebela frente a las injerencias humanas en el medio ambiente y, sencillamente, corta el grifo de la lluvia. Siendo justos, Ballard se molesta en buscar una explicación verosímil (o que al menos lo parece) a su sequía: los vertidos tóxicos al mar acaban generando una fina pero muy resistente película sobre el agua que impide su evaporación. El resultado es un cielo inmaculadamente azul durante años.

La novela narra las consecuencias de la sequía sobre las condiciones de vida de los habitantes de Hamilton, un pueblecito a orillas de un lago que no tarda en secarse. Ante la falta de agua potable, el gobierno decide evacuar las ciudades, dirigiendo a la población hacia la costa, donde se construyen plantas desalinizadoras. El doctor Charles Ransom, tras la clausura del hospital donde trabajaba, no tiene ya nada que hacer en su casa y, sin embargo, parece resistirse a marcharse (lo que no acaba de entenderse del todo). La escena de una ciudad casi vacía, por la que pulula gente cada vez más desesperada, le atrae de alguna manera. Aún así, en poco tiempo se convence de que quedarse allí no puede depararle nada bueno: un excéntrico millonario planea incendiar la ciudad, un predicador fanático ve en la sequía una prueba divina y aparecen unos enigmáticos grupos de pescadores que reclutan gente, sin muchos miramientos, para buscar un improbable río en el interior del país.

Para cuando el protagonista se decide a viajar a la costa junto a otros desesperados de última hora, lo que se encuentra allí no es muy prometedor. Quizá uno de los mejores pasajes de la novela sea la descripción de los campamentos improvisados que cercan las playas, protegidas por el ejército. Ballard logra captar en un par de páginas la radical transformación de todos los hábitos sociales cuando de pronto se pone en cuestión lo que jamás se hubiera imaginado. En los campamentos todos desconfían, todos se ven como enemigos. A partir de ahí, la novela da un salto cronológico y se nos muestra la vida en las playas tras años de sequía. Han surgido nuevas formas sociales (o más bien han resucitado algunas ya viejas) y la gente parece haberse adaptado a la situación. Las montañas de sal que producen las plantas forman un paisaje desértico, salpicado por los restos inservibles de la antigua técnica. La novela acaba con el regreso de Ransom a su ciudad, donde encontrará insospechados supervivientes con un turbio modo de vida.

La verdad es que a mí la novela no me ha enganchado y, de hecho, me ha costado mucho resumir aquí el argumento, porque no me ha quedado ninguna imagen clara general de lo que se narra. Da la sensación de que Ballard hila una serie de peripecias que suceden a raíz de la falta de agua, pero sin que las acciones de los personajes lleguen a estar motivadas de verdad, ni a integrarse en un curso creíble. Ransom es un personaje apático hasta el extremo, al que parece darle igual deambular por una ciudad abandonada o pescar trabajosamente un par de peces para sobrevivir. Parece libre de todo afecto, de todo deseo, de todo odio. Y eso, aunque el autor nos aclara de vez en cuando que siente temor ante Quilter o cariño por Philip Jordan. Se dice, pero no se ve.

Esa sensación es recurrente en la novela: Ballard da pistas sobre lo que quiere decir, pero no consigue plasmarlo en lo que narra. Aquí y allá deja caer algo sobre cómo en una situación tan extrema y sin esperanza de cambio la gente parece perder su identidad. Una idea interesante que, sin embargo, no se acaba de ver en la novela. La falta de contornos de Ransom podría explicarse como consecuencia de la situación que vive, pero lo cierto es que ya desde el principio es un personaje casi robótico, con el que es imposible empatizar. El lector no entiende porqué decide quedarse más tiempo en la ciudad abandonada, ni porqué, de pronto, decide abandonar la comunidad de la costa. Ransom no pierde ninguna identidad, porque no llega a tenerla en ningún momento.

En general, parece que Ballard trata de transmitir ciertas tesis sobre la identidad personal y los vínculos sociales, y no consigue darles un auténtico cuerpo novelesco. Falta sustancia, credibilidad.

También de Ballard: El mundo de CristalLa exhibición de atrocidadesRascacielosCrash, Avió en vol ras

lunes, 18 de diciembre de 2023

2023 en libros. El único veredicto que vale

¡Pues sí, amigos! Llega el día en que todas las listas de "lo mejor de 2023" palidecen, pese al título de la entrada, ante la proverbial independencia, modestia y buen gusto de los reseñistas de ULAD. Porque no estamos ante la lista de los invitados a la boda del crítico de turno (no, Babelia y El Cultural, no estamos diciendo que vosotros hagáis eso) y porque no pretendemos sentar cátedra diciendo qué es lo mejor que se ha publicado en 2023 (¡coño, que hay tropecientas mil novedades y habremos leído un 0,0001%!). Esto solamente es, nada más y nada menos, lo mejor que hemos leído en 2023.

No podemos dar paso a la lista sin antes recordar lo que para nosotros ha sido la peor noticia que nos ha podido dejar este 2023: el fallecimiento, en el mes de agosto, de nuestro compañero Emilio. Las reseñas que dejó programadas y que hemos ido publicando estos últimos meses dan idea de lo que para Emilio fueron sus mejores lecturas del año.

Sin más, aquí tenéis nuestro dictamen

El veredicto de Koldo (por ahora):


La sentencia de Juan:

Palabra de Oriol:

La sentencia de Francesc:
 
      No muy bien habrá ido la cosa cuando he tenido que revisitar mis reseñas para poder componer esta lista. Así que
  • Recuerdos que prevalecen sin excesivo esfuerzo, o sea, MUY BIEN: Material de construcción de Eider Rodríguez, o cómo lidiar bien, literariamente, con la pérdida, y Les voltes del món de Tuli Márquez, a ver si el mundo editorial se entera del talento de este hombre y se le traduce al español.
  • Demasiados ensayos que se han quedado a medias o que me ha dado la impresión de que no conectan profundamente con la realidad, así que no los mencionaré. La realidad no lo pone fácil, cambiando cada dos por tres.
  • Alguna biografía musical que tiene más pulsación narrativa que mucha narrativa, como Bobby Gillespie en Un chaval del barrio o Jarvis Cocker en Buen Pop Mal Pop
  • Extraño reencuentro por partida doble con Houellebecq, del cual Unos meses de mi vida me ha mostrado una sorprendente actitud frágil y victimista. Curioso que su acercamiento a sí mismo le haya hecho desenfocar su aguda visión de la sociedad.
  • Y a ver si las cosas mejoran. O sea, que los tótems atinen o que las eternas promesas se consoliden. Ya, por favor.

El panegírico de Santi

En un año de bastantes pocas lecturas (una vez más), afortunadamente ha habido algunas buenas o muy buenas:

Resolución (recurrible) de Carlos

El dictamen de Marc:
  • Libro del año: «Un caballero en Moscú», de Amor Towles
  • Ensayo del año: «La supervivencia de los más ricos», de Douglas Rushkoff
  • Grandes consolidaciones en narrativa: Xavier Mas Craviotto, por «La pell del món»
  • Descubrimientos del año (autores): Byung-Chul Han con «La expulsión de lo distinto»
  • Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Amor Towles, Paul Auster
  • Propósitos para el 2024: más poesía, continuar con más ensayo y reencontrarme con la narrativa tras un año sin grandes lecturas

jueves, 14 de julio de 2011

Íñigo García Ureta: Éxito

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: está bien

Si esta gente de Trama Editorial sigue adelante con su colección Tipos Móviles, me temo que no podré pagar el alquiler: me interesan todos, pero son caros.

Después de varias biografías de editores y dos libros más sobre el futuro del sector del libro, leo ahora Éxito. Un libro sobre el rechazo editorial, del bilbaino Íñigo García Ureta, que es, además de autor, traductor y editor. Dieciocho eurazos, por si alguien quiere saber. Un poco exagerado para tener apenas 150 páginas, me parece a mí.

El libro no está mal: entretiene, alecciona y aporta un poco de luz sobre el ya manido tema de la relación entre el autor y el editor/casa editorial. Como me ha pasado otras veces, mis expectativas eran diferentes a lo que encontré entre sus páginas, debido posiblemente a la ausencia de reseñas interesantes sobre la obra en los medios españoles. Yo esperaba, tal vez, encontrar un anecdotario más extenso sobre casos concretos y un poco más de "violencia", pero no. Y eso que el libro se abre con varias citas estupendas, entre ellas esta perla:

"Para el autor de este libro toda ayuda psiquiátrica es poca" (de un informe de lectura a Crash, de J. G. Ballard)

García Ureta elige un tono coloquial para exponer sus reflexiones, algo que, sin duda, le viene muy bien al libro. Y digo reflexiones con conocimiento de causa: a pesar de centrarse específicamente en el rechazo editorial, sus tesis quieren llegar más lejos y hablar, de manera más abstracta, sobre el concepto de rechazo: tanto en el caso de quien rechaza como en el caso de quien es rechazado. En este sentido, ya desde el principio deja muy claro que, en el caso de tomar partido, él lo hace por el "equipo" del editor, y durante muchas páginas expone un argumentario de gran interés sobre este tema: las condiciones laborales, económicas, socio-políticas, personales e intelectuales que llevan a un editor a denegar la publicación de un manuscrito, los distintos filtros que participan en el proceso y todos los actores que intervienen en él. Aporta, también, multitud de ejemplos de informes de lectura de obras muy conocidas que fueron rechazadas:

Sobre una obra de Mary Higgins Clark: "su protagonista es tan aburrida como la encuentra su marido".
Sobre Moby Dich: "muy largo, como pasado de moda".
Sobre Bajo el volcán: "decididamente demasiado largo y abigarrado su contenido".
Sobre La conjura de los necios: "la novela no trata sobre nada en concreto".

García Ureta asume que los editores se equivocan, como cualquiera, pero no tanto como la gente cree: frente a algunos planteamientos que defienden un mundo literario castrado por la figura de editores cobardes obsesionados con los beneficios, el autor plantea que la labor de filtro que desarrolla un editor no solo es fundamental para autores y lectores, sino que favorece una cultura rica, variada y digna, y que ese mismo editor, en tanto que lector, desea como nadie publicar libros importantes, que aporten algo bueno a la sociedad (lo que tengan que aportar, según el género).

Como digo, es una lectura muy amena, con prosa fluida, que combina con inteligencia la reflexión con la anécdota (informes de lectura, casos de autores insoportables, citas memorables, sucesos con determinados manuscritos... y una encuesta de mucho interés a distintos profesionales del gremio: autores, editores, lectores, agentes, etc.), y que invita al lector, asumiendo que dicho lector es o ha sido un autor rechazado por editores, a seguir escribiendo: trabaja la obra, no te dejes vencer, reescribe. Como dice nada más empezar el libro, en palabras de Winston Churchill:

"El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo".

Pues eso.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Libros para el fin del mundo

Por algún motivo, la idea del "Fin del Mundo" parece atraer a la imaginación humana. Hoy, 21 de diciembre de 2012, es uno de esos días en los que dicen que vamos a dar nuestro último aliento, solo porque hace un porrón de años a los mayas se les acabó el espacio en la piedra para meter más años. Pero esta confusión anecdótica revela una atracción intemporal por el destino final de la humanidad, del planeta o del universo, que se presenta al mismo tiempo como un momento de destrucción, sufrimiento y caos, pero también como un restablecimiento del orden cósmico: el juicio final en el que la humanidad en su conjunto, y cada ser humano en particular, paga por sus pecados.

De hecho, los mitos sobre el fin del mundo (o "escatológicos") están presentes en todas las grandes religiones: el hinduísmo, por ejemplo, cree que estamos en la última fase del ciclo o Kali Yuga (la más impura e infiel de todas, faltaría más), después de la cual Vishna disolverá y regenerará el universo; el "sermón de los siete soles" de Buda describe la destrucción del universo, después, también, de una fase de decadencia, inmoralidad y crimen. En las religiones de la tradición judeo-cristiana e islámica, el fin del mundo toma la forma de "Juicio Final" en que Dios resucitará y juzgará a los muertos por sus actos; por supuesto, no podemos hablar del Apocalipsis sin hablar del Apocalipsis, el último libro de la Biblia y uno de los más poéticos y simbólicos.

Pero no solo los textos religiosos se han ocupado del "final de los tiempos": la literatura también, con especial recurrencia en los últimos doscientos años. De hecho, una de las primeras obras modernas en plantear la desaparición de la raza humana es El último hombre (1826) de Mary Shelley (sí, la autora de Frankenstein), en el que la culpa la tiene una enfermedad incurable que se extiende por el mundo. O cómo no, La máquina del tiempo (1895), de H. G. Wells, en que el viajero temporal termina cayendo en un futuro lejano en que la civilización ha desaparecido y la humanidad ha degenerado en dos especies distintas: los refinados Eloi y los brutales Morlocks (en otro salto hacia el futuro, el viajero temporal llegará a ver el momento de destrucción de la Tierra, a causa de un sol gigante y abrasador).

El siglo XX ha sido pródigo en ficciones apocalípticas, que han reflejado los sucesivos miedos dominantes: una epidemia incurable, la guerra nuclear, el calentamiento global... La ficción literaria o cinematográfica sobre la capacidad devastadora de las armas atómicas inundó la imaginación del siglo XX. Ray Bradbury, por ejemplo, incluyó en varios relatos de sus magistrales Crónicas marcianas (1950) un escenario de guerra nuclear de efectos devastadores sobre la Tierra.

En la rama epidémica se sitúa una de las novelas más influyentes del género, Soy leyenda de Richard Matheson (1954), que ha sido llevada al cine en varias ocasiones; aunque no es la primera: además de la obra de Shelley de la que ya hemos hablado, Jack London había escrito medio siglo antes una novela titulada La peste escarlata (1898) en que la humanidad es destruida por un virus. Una supergripe es también la causa del fin de la humanidad en Apocalipsis (título original, The Stand, 1990), de Stephen King.

Entre los relatos apocalípticos de origen ecológico se impone mencionar El rebaño ciego (1972) de John Brunner, una novela terible en que la polución y la sobreexplotación del planeta causan todos los males imaginables a los seres humanos. J. G. Ballard, otro autor clave del género de ciencia-ficción del siglo XX, jugó a imaginar distintos finales para el planeta tierra: el exceso de agua en El mundo sumergido (1962); la falta de agua en La sequía (1964), o un extraño fenómeno que transforma la materia en cristal en El mundo de cristal (1966). En Ciudad (1952) de Clifford D. Simak los humanos también son culpables de su propio final, pero por puro agotamiento y decadencia de sus estructuras sociales.

En otros casos, el origen del desastre proviene del espacio exterior: de nuestros amigos los marcianos. H. G. Wells, de nuevo, marcó la senda con su novela La guerra de los mundos (1898), creando una tradición que llega hasta el Mecanoscrito del segundo origen (1974) de Manuel de Pedrolo; mientras que en El día de los trífidos de John Wyndham, una extraña lluvia de meteoritos verdes y unas misteriosas plantas asesinas se reparten la destrucción del planeta. Philip Wylie y Edwin Balmer, por su parte, fueron pioneros al plantearse lo que ocurre Cuando chocan los mundos (1933), una novela que también ha sido adaptada varias veces adaptada al cine. La tierra también es destruida, por medios más burocráticos, en la Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams; pero ya sabéis, Don't panic.


El siglo XXI comenzó con su propio mito apocalíptico (el famoso "efecto 2000", que se suponía que iba a freír todos nuestros sistemas informáticos); así que no es de extrañar que la ficción (post)apocalíptica siga ocupando un lugar en nuestras librerías, televisiones y salas de cine: The Walking Dead, Los juegos del hambre, Soy leyenda, la saga Terminator... De hecho, la ficción distópica o post-apocalípstica ha atraído la atención de escritores consagrados como Cormac McCarthy (La carretera, 2006) o Margaret Atwood (Oryx y Crake, 2003).


No se prevé, por lo tanto, una falta de interés por el tema apocalíptico en un futuro cercano. Quiero decir, si es que hay futuro más allá del 21 de diciembre. Y si no lo hay, si al final resulta que las profecías tenían razón y hoy se acaba todo, por lo menos que el fin del mundo nos pille leyendo.


viernes, 12 de abril de 2013

Pierre Boule: El planeta de los simios

Idioma original: francés
Título original: Le planète des singes
Año de publicación: 1963
Valoración: recomendable

Este es uno de esos casos en los que es difícil leer el libro como si no supiéramos nada de él de antemano: leer El planeta de los simios como lo debieron leer sus primeros lectores en 1963, cuando todavía no existía la película de Charlton Heston ni, claro, sus posteriores secuelas, remakes y reboots. Muchas de las sorpresas que el autor había plantado en la novela para sorprender al lector ya no son tales sorpresas (y en la edición que he manejado de Plaza & Janés se cargan una de las pocas que quedaban en la contraportada).

Por si todavía queda alguien que no conozca el argumento, aquí va: una nave espacial en misión científica aterriza en un planeta cercano a la estrella Betelgeuse, aparentemente muy similar a la tierra. Pero pronto descubren que no todo es idéntico a la tierra: en este planeta los seres humanos son seres evolutvamente inferiores, dominados por los simios (chimpancés, gorilas y orangutanes), que han desarrollado una civilización avanzada. Capturado como cobaya para experimentos, el protagonista, Ulysse Mérou, deberá demostrar que está dotado de una inteligencia superior con la ayuda de la una chimpancé especialmente despierta: Zira.

Precisamente por ser una historia tan conocida, y por un cierto aire naif en las explicaciones científicas, El planeta de los simios resulta algo anticuada en comparación con la evolución posterior de la ciencia-ficción (sobre todo con la ciencia ficción hard core o con el cyberpunk). Casi podría compararse con obras como La máquina del tiempo o La isla del doctor Moreau de H. G. Wells, escritas más de medio siglo antes. Es muy evidente, por ejemplo, la influencia de las teorías darwinistas, del conductismo psicológico (el protagonista se ve sometido, entre otros, al experimento del perro de Pavlov) o de la idea del inconsciente colectivo, de Carl Jung; pero todas estas teorías aparecen en una versión masticada y domesticada, sin que dé la impresión de que Boule tuviera un conocimiento muy profundo de ninguna de ellas.


Como narración, la novela mantiene el interés, el ritmo y la tensión a través de la evolución del personaje principal, sus progresos y retrocesos, hasta las sorprendentes revelaciones de la tercera parte de la novela (que tampoco serán sorprendentes para quien conozca la película). También ayuda a mantener interesado al lector la relación entre Zira y Ulysses, una de las pocas historias de amor interspecies de la historia de la literatura; es en cierto modo divertido ver al protagonista dividido entre Nova, una bomba sexual humana con la inteligencia de un conguito, y Zira, la adorable chimpancé con la que comparte sus penas y miedos.

Nota curiosa: Pierre Boule es también el autor de El puente sobre el río Kwai, basada en sus experiencias como prisionero durante la Segunda Guerra Mundial; algo similar sucede con J. G. Ballard, autor de El imperio del sol sobre sus recuerdos en un centro de internamiento japonés (llevada al cine por Spielberg) pero también de numerosas novelas de ciencia ficción como El mundo de cristal o El mundo sumergido.

lunes, 19 de diciembre de 2016

ULAD: Lo mejor del 2016

Francesc Bon:
  • Libro del año: Pues para mí el libro del año ha sido Breve historia de siete asesinatos de Marlon James. No sé decir exactamente el motivo, pero al final me recuerdo acarreándolo, con su presencia imponente y su lomo amarillo, siguiendo andanzas de rastafaris y es una sensación demasiado imborrable. Quizás sea un libro cautivo de su componente visual, pero desde cuándo va a ser malo que una novela contemporánea te recuerde a una nueva temporada de The Wire. Con dos muy dignos contendientes: Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y Satin Island de Tom McCarthy, cuya importancia aún no soy capaz de calibrar.
  • Sorpresón postrero: el festín de Xavi Ayén en La vuelta al mundo en 80 autores.
  • Porquerías: En un año globalmente positivo: el incomprensible apoyo a algo tan vacuo como Érase una vez el fin, de Pablo Rivero, o la esperada constatación del timo de La chica del tren 
  • Caerá en 2017: Cualquier Saer que se ponga en medio.
  • No tocar ni con un palo: Zanón, Pérez Andújar, y todos aquellos que quieren apropiarse de la literatura de barrio. Por mediocres y por cansinos.
  • Los comentarios me han hecho salivar para el 2017: Vollmann y, dicen, el Ray Pollock que viene.

Juan G. B.:

Carlos Andia:
  • Volumen imponente del añoEl capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty -algunas claves que deberíamos conocer.
  • La relectura del añoCoronación, de José Donoso -buenas sensaciones después de muchos años
  • Libro de Historia del añoContinente salvaje, de Keith Lowe -una etapa muy especial de la Historia de Europa
  • Una joya a la que tenía muchas ganasLocus Solus, de Raymond Roussel -atrévase usted.
  • Clásico rescatadoReivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo -imprescindible con mayúsculas.
  • Obra de teatro del año: Calígula, de Albert Camus -todo intensidad
Y, si se me permite, porque obviamente es algo muy poco uladiano, pero muy especial para mi: 'Análisis de los fenómenos monetarios en España', de Florencio Salcedo -¡qué tío!


Koldo CF

Montuenga:
Santi:

Marc Peig:
  • Libro del año: El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer
  • Autobiografía del año: Instrumental, de James Rhodes
  • Tocholibrohistórico del año: Las benévolas, de Jonathan Littell
  • Tochonovela del año: La broma infinita, de David Foster Wallace
  • Ensayo del año: Esto es agua, de David Foster Wallace
  • Clásico que debería haber leído antes: La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
  • Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: En manos de las furias, de Lauren Groff
  • Decepción del año: Sueños de trenes, de Denis Johnson
  • No pasará un año más sin leer: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe
  • Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): Haruki Murakami
  • Caerán más libros de: Stefan Zweig
  • Ganas de que llegue el 2017 para lo nuevo de: Siri Hustvedt, Paul Auster y  Karl Ove Knausgaard


jueves, 14 de abril de 2022

Flor Canosa: Pulpa

Idioma original: Español  
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable (con matices)

Pulpa es un retorcido romance con trasfondo distópico. Narra la relación entre Irma, una joven masoquista, y Lunes, un ricachón sádico. Ambos personajes están alineados por una sociedad homogeneizada, de la cual intentarán emanciparse mediante el amor. 

«Porque la única forma de existir y lo único que nos justificaba como mamíferos, era la existencia del otro. El resto del tiempo era irreal, la vida proyectada en una pared oscura, donde los contornos no se distinguen y el audio es en un idioma extranjero. Queríamos vivir en las pausas de esas películas, en el espacio entre un plano y otro, en el microsegundo donde hay oscuridad porque en la retina no persiste la imagen.»

Llegados a este punto, querría listar las virtudes de Pulpa:

  • Su mezcla de géneros (ciencia ficción distópica, pornografía "weird", etc...). 
  • Su estructura fragmentaria. 
  • Los temas filosóficos que maneja.
  • Su "worldbuilding". No sólo es modestamente original, sino que también abunda en detalles y matices. Además, nos es comunicado mediante una labor de exposición satisfactoriamente orgánica. 
  • La potencia de ciertas escenas. Pienso, por ejemplo, en ésa en la que la protagonista descubre lo que es el dolor para, momentos después, tener la primera menstruación.  
  • Su humor negro.
  • Su parentesco con el erotismo malrollero y el "body horror" de autores como J. G. Ballard y David Cronenberg.

Por otro lado, los defectillos que le he encontrado a esta obra serían los siguientes:

  • Su tono puede antojarse pretencioso por momentos.
  • Aunque las voces de los tres narradores presentan sutiles diferencias, en general se parecen bastante las unas a las otras.
  • Comprime tantas cosas en apenas ciento veinte páginas que al argumento y las caracterizaciones le falta cocción.
  • Las personas con estómagos delicados no podrán apreciarla.
Ahora diseccionemos brevemente varias de las reflexiones que yo he extraído de Pulpa:
  • Los cambios sociopolíticos a peor no son, por paulatinos, menos alarmantes.
  • La libertad es una quimera inasumible. 
  • El diferente siempre será discriminado. 
  • El tabú tiene un encanto seductor. «Cualquier cosa que ames te mata, simplemente a veces se hace necesario elegir el verdugo con fe de fanático. Me llama la atención como el ser humano se las arregla para desviarse siempre, aunque sea unos metros, en una sociedad preocupada porque nada se salga de la ruta. Es una fase inherente a la raza. Todo lo que queremos es acercarnos a lo que está prohibido o, a lo sumo, transgredir dentro de la norma.»

En resumen: pese a que Pulpa se lee del tirón, consigue alojarse en tu cabeza cierto tiempo. Si bien se le puede reprochar que tiene más "worldbuilding" y trasfondo teórico que trama, goza de una ambientación, imágenes y cavilaciones de una potencia inusitada.

La argentina Flor Canosa se suma desde el vamos a la estela de escritoras perversas, lujuriosas y con mala leche a raudales que tan buenos ratos proporcionan a lectores como un servidor. ¡Bienvenida sea!

lunes, 7 de marzo de 2022

Reseña + Entrevista: Ruidos humanos de Carlos Pitillas Salvá

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable

Ruidos humanos es una antología que compila doce relatos. Doce relatos en los que se aprecia una querencia por lo oscuro, inquietante y extraño. 

Algo que valoro de estos cuentos es que, pese a las afinidades que los hermanan, son muy distintos los unos de los otros. Al fin y al cabo, exhiben tonos, registros y temáticas la mar de variados.

Me han gustado todos, pero querría destacar los que me parecieron más logrados. Aviso, eso sí, de que en una relectura podría decantarme por favoritos diferentes, porque la calidad general es tan uniforme que cuesta tener predilecciones individuales.

  • "Beber por fin de los charcos" inaugura esta colección y desde el vamos deja claro que hemos venido aquí a retozar en el barro de la miseria y la crueldad. ¡Contad conmigo! 
  • "La cosecha" emplea elementos fantásticos para reflexionar sobre el paso de la infancia al mundo adulto, los cambios que acarrea la pubertad y las desigualdades sociales. 
  • "Hilera de umbrales descendentes" es un magistral ejercicio de suspense, tensión y misterio cuyo cierre te deja con el culo torcido. 

Por ponerle alguna pega a las historias de Ruidos humanos, diría que a veces son excesivamente opacas y que su prosa poética no siempre funciona para comunicar ciertas cosas. Aunque debo recalcar que este par de defectillos son tan discretos, por puntuales e imperceptibles, que lejos están de lastrar al conjunto. 

En definitiva: Carlos Pitillas Salvá, psicólogo que hasta ahora sólo había publicado libros de no ficción, es un escritor a tener en cuenta. Su obra narrativa, tan personal y madura como imaginativa, hará las delicias de los amantes de la literatura siniestra e incómoda. También servirá para recordarnos una vez más que el terror es un género para nada reñido con la factura artística y el manejo de temas profundos.


***********************


A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Carlos ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Buenas, Carlos. Creo que los libros que has publicado ya dan una idea al respecto, pero te lo pregunto de todos modos: ¿qué clase de intereses literarios tienes?

C.P.S.: Me interesa cualquier tipo de literatura inquietante. Este es un término que me convence porque apunta hacia ese componente de extrañamiento y desviación que tienen algunas obras, pero que no es necesariamente fantástico. Por ejemplo, muchos de los relatos de Raymond Carver son literatura inquietante, a pesar de ser realistas. Lo mismo pasa con la literatura de Tobias Wolff o con algunos relatos de Hemigway. Creo que Julio Cortázar (que sí se movió en el territorio fantástico) fue una de mis primeras ventanas a esa literatura en que lo cotidiano se ve atravesado por algo "otro", una anomalía que revela aspectos no reconocidos de nuestra experiencia. Hay una serie de autores, muy diferentes, que para mí comparten algo de todo esto. Una lista incompleta de estas voces podría incluir a J.G. Ballard, Toni Morrison, Carmen María Machado, Anna Starobinets, Jon Bilbao, Mariana Enríquez, Nadia Bulkin, Shirley Jackson, Ryu Murakami o David Vann.  

ULAD: ¿Has notado diferencias al saltar de la no ficción a la narrativa?

C.P.S.: Sí, para mí son escenarios muy diferentes de escritura. Mi relación con el ensayo es siempre más fácil, porque me dedico a impartir clases. Casi todos los días estoy delante de alumnos a los que debo trasladar una información compleja en un formato accesible. Ese trabajo de síntesis y articulación se mueve con muchísima naturalidad hacia el ensayo, lo que hace que los "protocolos" de este género me pillen más cerca que los de la ficción. Escribir ficción, en mi caso, se parece mucho más a un parto prolongado (y a veces un poco más sanguinolento de lo que me gustaría).  

ULAD: Tengo la impresión de que, de un tiempo a esta parte, el género de terror coquetea con mayor frecuencia con lo "weird", lo insólito y lo extraño. Tú mismo recurres a esta clase de recursos. ¿Qué efectos crees que transmiten?  

C.P.S.: Estoy de acuerdo contigo, y creo que ese coqueteo del que hablas es una estupenda noticia, porque conecta al género con uno de los que probablemente fueron sus objetivos originales: sacar a luz los complejos, las heridas, los monstruos que se esconden tras el velo de racionalidad y de orden con el que vivimos cotidianamente. En el siglo XIX, en plena época de entusiasmo ilustrado, el terror vino a decirnos que el sueño de la razón tiene un envés monstruoso. Esa es una tesis que exploré hace poco en su ensayo coescrito junto con Ismael Martínez Biurrun; en dicho texto, investigamos la relación del fantasma y de otros monstruos del cine de terror contemporáneo con los traumas que no hemos sido capaces de procesar o las partes de nuestra identidad que reprimimos. Creo que el terror, lo insólito y lo extraño se encuentran y establecen una relación muy orgánica cuando coinciden en este proyecto de desvelamiento.

ULAD: El estilo de los relatos de Ruidos humanos es, cuanto menos, peculiar. ¿Bebe de fuentes concretas o surge espontáneamente?

C.P.S.: Creo que procede de las mismas fuentes de las me viene el interés por lo inquietante en la literatura. Los autores que he mencionado antes tienen todos una gran capacidad para escribir de una forma en la que se manifiesta eso que Mark Fisher describió, si no recuerdo mal, como "la ausencia de algo que debería estar ahí, o la presencia de algo que no debería estar ahí". El lenguaje, en esta literatura, va más allá de lo denotativo para encarnar esa extrañeza o esas desviaciones y, por eso, casi siempre es un lenguaje ligeramente "anómalo". No estoy seguro de haber logrado algo así con Ruidos humanos, pero sí tengo claro que me interesa ese fenómeno a través del cual la forma de contar algo es una herramienta para generar significado. 

ULAD: Me ha encantado cómo enfocas a los protagonistas de tus historias; ni los glorificas ni los demonizas. ¿Quizá tu visión del ser humano tiene algo que ver en el asunto? 

C.P.S.: Creo que sí, aunque nunca había pensado en esto. Los personajes tienden a dibujarse solos cuando escribo la historia, que es lo que suele exigirme un mayor esfuerzo consciente. Creo que muchos personajes de Ruidos humanos están tocados por alguna experiencia traumática, por alguna pérdida o alguna forma de desamparo, y eso es algo que se hace evidente en los cuentos. Bajo esa luz, supongo, incluso los personajes más indeseables tienen su herida y son víctimas de algo. Me alegra mucho que hayas tenido esta sensación al leer el libro. 

ULAD: ¿A día de hoy estás trabajando en otros proyectos? En caso afirmativo, ¿puedes darme detalles?

C.P.S.: Llevo algunos meses redactando trozos de un ensayo sobre psicoanálisis, y juntando piezas sueltas de un relato que me está quedando más largo de lo habitual. Pero aún es pronto para decir algo más concreto sobre cada uno de estos atisbos de proyecto.