martes, 9 de agosto de 2016

Günter Grass: El tambor de hojalata

Idioma original: alemán
Título original: Die Blechtrommel
Traductor: Carlos Gerhard
Año de publicación: 1959
Valoración: Pues qué quieres que te diga, decepcionante

Podía haber reseñado este libro para la semana de tochos que hicimos en abril, pero no se me ocurrió; y además, si lo hubiera hecho a lo mejor alguien me habría acusado de germanofobia, porque en aquella serie le metí caña a La montaña mágica de Thomas Mann y, bueno, ya puedo adelantar que El tambor de hojalata no va a salir mucho mejor parado. Creo que a las dos novelas les pesa demasiado el paso del tiempo, y eso que El tambor es solo del 59; y aun así, me parece que ya se ha quedado enormemente desfasada.

Dicho rápido y en pocas palabras: leer El tambor de hojalata ha sido como sacarme una muela. Como sacarme una muela durante varios días seguidos. Como sacarme una muela durante varios días seguidos y sin anestesia. (Ya preveo los comentarios: "Un gran libro no tiene por qué ser divertido; si lees por diversión, lee a Dan Brown o La chica del tren. No has entendido nada; no tienes nivel; eres un ignorante. Y además, feo. Y gordo). Vale.

Naturalmente hay cosas notables en El tambor de hojalata; sobre todo, su narrador y protagonista, Óscar (u Oskar), un hombrecillo que decidió dejar de crecer a los tres años; que tiene una obsesión por los tambores, y que puede emitir a voluntad un chillido estridente capaz de romper cristales. En la novela, Óscar, reculido en una institución psiquiátrica, cuenta su vida desde antes incluso de su nacimiento, concretamente desde que sus abuelos se conocieron, hasta el momento actual (o sea, hasta después de la Segunda Guerra Mundial), pasando por Polonia y Alemania y alternando la primera persona con la tercera, y cediendo incluso, muy ocasionalmente, la voz a su enfermero Bruno.

Como puede esperarse con un narrador así, la historia que se nos cuenta es una alucinación mitad novela picaresca y mitad novela carnavalesca. (Se ha hablado también de realismo mágico para caracterizar esta obra, pero no sé si me convence demasiado esta caracterización). A lo largo de la novela asistimos a encuentos sexuales inverosímiles, partos milagrosos, abortos, asesinatos, fecundaciones dudosas (Óscar cree tener dos "presuntos padres", y a su vez cree haber engendrado un "presunto hijo" con su amante María), y también a muchas aventuras, idas y venidas del protagonista con un sinfín de presonajes secundarios.

Y a pesar de que todas estas aventuras podrían haber dado para una especie de Soldado Svejk, la experienca de la lectura de la novela ha sido para mí, como digo, aburridísima. Como cuando alguien empieza a contar un chiste larguísimo al que no le ves la gracia, y te tienes que quedar ahí con una sonrisa tonta en la boca hasta que termina; solo que este chiste en concreto tiene 650 páginas. No sé si el problema es el estilo alambicado, o el que la novela se centre en las aventuras familiares y amorosas del protagonista con muy poco espacio para el contexto histórico y político de la acción; o si es que me faltan referentes reales que hacen que la lectura sea mucho más viva.

El caso es que solo me he acabado el libro para poder escribir esta reseña, y porque ya hace poco abandoné otra novela (El diluvio de Le Clezio) y no quería escribir dos "reseñas interruptus" en un mes.

Solo hay una sección que me ha parecido verdaderamente genial (y hasta me planteé escribir un "zoom" solo sobre ella): me refiero a la sección novena del libro primero, titulada "La tribuna". En esta sección Óscar interrumpe un mitin nazi con el sonido de su tambor, consiguiendo transformar lo que iba a ser una reunión política fascista en una danza dionisiaca caótica. La fuerza de la imagen, las reflexiones sobre los peligros de "las tribunas", y también sobre la facilidad con la que la gente se califica como "resistente" frente al poder (algo que Óscar no hace consigo mismo) hacen que esta sección merezca ser leída, aunque sea como separata del resto de la novela.

Pero claro, "La tribuna" ocupa menos de 20 páginas, difícilmente compensa la lectura tediosa de las otras 630.

15 comentarios:

Javier Ventura dijo...

Francamente, me sorprende mucho tu valoración. Para mí, "el tambor de hojalata", resultó una lectura deliciosa, tan magistral que muchas veces me maravillaba de su perfección. Una proeza de estilo, anticipándose al realismo mágico de "cien años de soledad" en casi una década. Ambas obras, igual que "Beloved" de Toni Morrison, e "Hijos de la medianoche" de Rushdie, también con esos tintes fantásticos tan originales, creo que conforman un conjunto de novelas "magicas" exquisitas. A mí no me resultó tediosa en absoluto, al contrario. Pero bueno, también es cierto que el momento que elegimos para leer una obra, a veces no es el propicio, y en ocasiones me ha ocurrido que una novela no me ha gustado porque no la he empezado con buen pie, o no era lo que en ese momento iba buscando! No descartes volver a leerla dentro de un tiempo! Me resulta extraño que un lector asiduo no disfrute al menos un poquito de esta portentosa novela! Aunque bueno, para gustos los colores y los libros! Un saludo!

Javier Ventura dijo...

Por cierto, que yo leí la traducción de Miguel Sáenz, y aunque no soy un entendido en el tema, ni me se me ha ocurrido nunca comparar traducciones, creo que también esto puede influir!!!

Caballero dijo...

Pues no me queda más que confesar que El tambor de hojalata pertenece a esa pequeñísima lista de libros que dejé sin terminar. La verdad es que las aventuras y desventuras del pequeño Oskar lejos de parecerme amenas me resultaron soporíferas. También es verdad que los autores alemanes suelen parecerme aburridos casi todos pero ¿qué le vamos a hacer? Será que tengo alma rusa.

Anónimo dijo...

Ufffffffff

La leí con 18 años (ahora tengo 41) y sin duda ha sido la novela con la que mas he sufrido. Tediosa a mas no poder la acabe a puro huevo por cabezonería (me cuesta dejar una lectura a medias). Acabe exhausto y con un marcado prejuicio hacia la literatura alemana que aun conservo. Traumita que me quedo.

Santi dijo...

¡Hola a todos! Muchas gracias por los comentarios. Con novelas como esta, tiendo a pensar que "algo tendrá el agua cuando la bendicen", o sea, que si se han convertido en clásicos alguna virtud tienen que tener. Solo que, como decía Javier, a lo mejor no la he cogido en el mejor momento, o a lo mejor la traducción no es la mejor...

Y que conste que hay otros "tochos" que me han encantado, como Bajo el volcán o incluso el Ulises. Imagino que hay libros para unas sensibilidades y momentos, y otros que no...

Javier Ventura dijo...

Pues mira tú por dónde, que todavía no me he animado a leer ninguno de esos dos. No pasa nada, la vida es larga y yo aún soy joven. Por lo que veo, no hay nadie aquí que le haya gustado ni siquiera un poquito "El tambor de hojalata". Lo que son las cosas...

El Puma dijo...

No leí el libro, pero aún recuerdo la impresión que me causó ver el filme de Volker Schlondorff basado en el mismo, ganador del Oscar a la mejor película extranjera de 1979.

Por entonces yo era un adolescente que finalizaba sus estudios de bachiller en tiempos de una feroz dictadura. Y la película me pareció un tremendo alegato contra el fascismo. Una bocanada de aire fresco en momentos que el cielo estaba gris oscuro y la atmósfera sumamente contaminada.

Por ello me resultó tan chocante que, hace algunos años, surgieran a la luz los tempranos vínculos de Gunther Grass con el nazismo.

Una apostilla para Koldo: Schlondorff dirigió en 1984 una película llamada El amor de Swann, protagonizada por Jeremy Irons y la bellísima Ornella Mutti, que recibió críticas muy poco halagadoras.

Anónimo dijo...

Güenas otra vez

Pues de los que dice Santi me leí el de Malcolm Lowry y también me resulto bastante difícil (aunque no tanto como el de Gunter Grass). Eso sí, la sensación de alucinación y delirium del prota esta muy conseguida sobretodo en el tramo final del libro. Del resto me acuerdo poco la verdad.

Decía Rafael Azcona que con los libros se aplicaba el mismo principio que con la comida en el sentido que no dudaba de lo excelso de muchas exquisiteces pero que el declinaba probar.

Cuestión de gustos supongo.

Con respecto a tochos que me hayan gustado yo diría el "Viaje al fin de la noche" de Celine (uno de mis favoritos), "Crimen y castigo" de Dostoievski, "Trampa 22" de Joseph Heller (hilarante) y, por supuesto, el Quijote (después de dos intentos frustrados lo leí y disfrute con más de 30 tacos).

Con el "Ulises" no me atrevo.

Saludos.

Manuel dijo...

Santi, siendo totalmente contrario a la valoración que has hecho de la novela, simplemente me parece muy valiente calificarla o valorarla como "decepcionante".

A mí me parece fantástica; como todas las novelas largas, algunas partes suprimiría (igual que haría con partes del Quijote, por citar alguna)pero hay otras que se me quedaron grabadas para siempre en la memoria (la escena en la juguetería, el desfile,...)

Como me pasó con "Franny y Zooey", tendré que darme un tiempo para entender la valoración que has hecho. De todos modos, lo dicho, alabo tu arrojo, ya que la valoración es igual que la que habéis hecho de libros infumables desde todos los puntos de vista.

Koldo CF dijo...

Veo dificilismo trasladar al cine cualquier libro de "En busca del tiempo perdido"

Anónimo dijo...

Mi muy querido Santi: He leído varios de tus comentarios y quiero felicitarte! Coincido contigo. No toda lectura y más viniendo de un Premio Nobel, lo debemos aplaudir. En gustos se rompe géneros.
Cuando te preguntan: recomiéndame un libro, sugerimos lo que a nosotros nos atrapó, intrigó, aportó ó nos dejó huella. Es por ello, que cada quien su lectura y cada quien su libro no?..Saludos

Marco Arias dijo...

Esto demuestra que en la literatura como en otros aspectos de la vida, no todos podemos coincidir en gustos, por eso resulta en una tarea imposible el de crear listas de valoración de los mejores 10 de lo que se imaginen; para mí, el Tambor de Hojalata fue una lectura que disfrute sobre manera, sorprendiéndome en muchos aspectos, al igual que el resto de la trilogía de Danzig, develándome nuevos estilos de narrativa entre otros muchos aspectos.

marie cz dijo...

Nunca un libro me había quitado tanto las ganas de leer como Él tambor de hojalata, coincido con la valoración.

Santi dijo...

Pues qué bien que esté habiendo comentarios tan variados, de personas que disfrutaron de la novela y también de otras que la sufrieron.

Respecto a la valoración de "decepcionante", no puedo hablar por el resto de miembros de ULAD, pero es una etiqueta que yo suelo reservar para libros en los que tenía depositada alguna esperanza, que no se ve satisfecha. No calificaría de "decepcionante" un libro de Dan Brown o de la saga Crepúsculo, porque antes de leerlo sé perfectamente lo que voy a leer, me guste más o menos. Para los libros que realmente no tienen por donde cogerlos está la etiqueta "repugnante" (y también creo que a veces hemos usado "infumable").

En fin, si de algo puede enorgullecerse este blog es de que somos honestos con nuestras opiniones, y si hay que decir que no nos ha gustado El tambor de hojalata o La montaña mágica o Ana Karenina, pues lo decimos.

FranMartinez dijo...

Magnífico libro, sin lugar a dudas. Una buena recomendación para los amantes de la buena literatura.