lunes, 22 de agosto de 2016

Andrés Neuman: La vida en las ventanas

Idioma original: español
Año de publicación: 2002 (revisada en 2016)
Valoración: está bien

La vida en las ventanas es una novela epistolar para el siglo XXI: en vez de cartas, emails. Y dado que fue publicada originariamente en 2002 (yo tuve mi primera cuenta de email solo un año antes), debió de ser una de las primeras obras en usar ese recurso. Claro que eso no la convierte necesariamente en una gran novela, y el hecho de reeditarla ahora, aunque "adaptada", hace que se note todavía más lo rápido que se mueve el tiempo en el siglo XXI...

El protagonista de La vida en las ventanas es Net (sí, Net), un universitario veinteañero irónico y algo inmaduro, miembro de una familia que se quiere presentar como disfuncional (pero que en realidad no es demasiado diferente de muchas familias de clase media españolas) y que escribe obsesivamente emails sin respuesta a su ex-novia, Marina, mientras empieza una relación con otra chica, Cintia, contándole su vida y la de su hermana Paula, la de sus padres o la de su amigo Xavi, barman-literato (o literato-barman) en trayectoria descendente.

Y en realidad, eso es todo lo que hay: Net (sí, Net) hablando de sí mismo, de su familia y de sus amigos; paseando, saliendo de copas, emborrachándose, ligando, masturbándose, consiguiendo trabajos precarios, abandonando trabajos precarios, follando, aburriéndose, comiendo, viendo la tele. Como la vida misma. Personalmente esperaba que la novela fuese creciendo, hasta llegar a algún tipo de clímax, pero más allá de alguna revelación sobre la familia del protagonista, la novela se mantiene en un mismo tono hasta el final.

Así que casi podía hacer como ciertas revistas de cine cuando critican películas, y ponen un cuadradito con "lo mejor" y "lo peor" para lectores vagos que no tienen ganas de leerse la reseña entera:

Lo mejor: el sentido del humor y la ligereza con la que se cuenta la historia. Algunos hallazgos ingeniosos de estilo (antítesis, metáforas, repeticiones). Los personajes secundarios, como la hermana o el amigo.

Lo peor: Cuando el personaje (¿el autor?) quiere ponerse profundo sobre la vida, sobre la soledad o sobre la muerte, y no consigue elevarse más allá del tópico. La intrascendencia del conjunto.

No cabe duda de que Andrés Neuman tiene una pluma ágil y un sentido del humor afilado. Pero eso no es suficiente para escribir una gran novela, si no hay además una buena historia por detrás; y en este caso, la verdad, no la hay. Queda la anécdota de que sea (probablemente) una de las primeras novelas epistolares compuestas por emails, y las ganas de leer a Andrés Neuman escribiendo sobre algo con más "chicha". Pero eso tendrá que ser en otra novela...

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