martes, 5 de febrero de 2019

Philip Roth: Zuckerman desencadenado

Idioma original: inglés
Título original: Zuckerman unbound (*)
Año de publicación: 1981
Traducción: Ramón Buenaventura
Valoración: les explico

Quien esto escribe, saben, era, hace ya un cierto tiempo (más de dos años, pongamos) alguien a quien los lectores de este blog se dirigían en términos más o menos así: cómo lees tanto, menuda máquina, de dónde sacas tanto tiempo. Quizás en aquellos momentos no disponía de mucho más tiempo del que dispongo ahora para abordar lecturas, puede que me organizara mejor, puede que careciera de alguna de las preocupaciones que el paso del tiempo acarrea. 
Quizás sea demasiado fácil culpar al stress.
Pronúnciese la palabrita de marras con mucha énfasis en las "s", como pretendiendo dar miedo sin evitar que suene la cosa un poquito socarrona.
El stress es una cosa bastante mala. Puede uno combinarla con una serie de factores y el resultado suele ser letal, como mínimo desastroso o sumamente arriesgado. Sean bocadillos de chistorra, actividad sexual frenética, alteraciones del ritmo de descanso. Lo que a mí me sucedía, me repite mucho la chistorra y no suelo tener en la despensa, es que afectaba mucho mi capacidad de concentración. Y yo, que era capaz de capturar la esencia de un libro y transcribirla a unos cuantos párrafos, yo, ese mismo, ahora me desmoronaba apenas adentrado unas páginas en obras objetivamente inapelables. 

Hace poco tuve la oportunidad de hacer cola frente a un organismo oficial. Abrí este libro y me impresionó esa primera escena: Nathan Zuckerman reconocido por la gente como escritor de enorme éxito que se desplaza en transporte público, con los comentarios propios de una situación así, con la correspondiente variedad de estos ya se sabe, hasta que es asaltado por un tipo ávido de conversación que le suelta un rollo impresionante en el que Roth empieza a colar su prosa intensa y su penetrante análisis de la sociedad americana de finales de los 70, esa sociedad en evolución.

Al día siguiente me desplacé a recoger el teléfono móvil de mi hija, que estaba siendo reparado, esta juventud y su descuido con el trato de esos cacharros tan delicados. Me encontré con Álvaro Colomer e intercambiamos unas cuantas frases de forma precipitada, tenía algo más de prisa que yo el hombre pues iba a un taller de lectura y solo pudimos mostrarnos los libros que cada uno llevaba (él Caldwell y un Cormac McCarthy, yo, éste), en todo caso en el último momento acabamos comentando acerca del último de Houellebecq. Simpático este hombre. Colomer, digo. Acudí a la biblioteca a renovar esos préstamos de esos libros que esperan pacientes sobre la impresora de mi casa a ver si les llega su momento. Lluís el bibliotecario hizo mención a mi reseña de Donna Tartt y ya me fui a casa.

No saben cómo de cabrón es el tío este que coordina este blog. Si se tomara la molestia de leer todas las reseñas y no sobre todo las suyas, tendría cierta prudencia de decirlo de forma tan tajante. Pero qué va. Así que mi decisión sobre Zuckerman desencadenado ya está tomada de antemano.
Aún así, al día siguiente, mientras espero que me preparen unas hamburguesas, continúo leyendo, me resulta reconfortante constatar que el libro continúa en ese nivel inasequible a la mayoría de los que se dedican a esto de escribir. Auto-ficción: menudo pretexto para muchos meterse con este género, que me ha deparado unos cuantos de mis escritores favoritos. Quizás no los más favoritos, pero Cercas y Vila-Matas y, claro, Roth, están seguro entre mi top-20. Me pregunto si podría aplicar lo de auto-ficción a esto de las reseñas y vuelvo a pensar en el tipo este del blog y en mi tensa relación con él. A ver si lees esta frase certera y contundente, de aquellas que tanto gustaban. "Roth, escritor de poderoso estilo propio". Toma. Recuerdo algo sobre el encuentro con Colomer de ayer. Habría de cultivar algo de amistad con este hombre. Qué diálogos, dijo, los de Caldwell. Qué buena, dije, la novela de Roth. No debí empezar a leer a Roth con El lamento de Portnoy. Dice: no es el más adecuado. Vaya, las hamburguesas ya están. Yo ahí, concentrado en el capítulo, y ya he de irme.

Zuckerman desencadenado puede parecer una autoparodia, claro, la de un escritor judío nacido en Newark que escribe Carnovsky, una novela de enorme éxito que le ha convertido en una persona célebre a la par que enormemente controvertido en su relación con su pléyade de lectores: los que le idolatran y aquellos que, muchos de ellos confundiendo a autor y narrador, han empezado a atacarle porque interpretan que con su obra ha ofendido a la comunidad judía, que con su obra ha señalado a conocidos y familiares y los ha señalado. Y Zuckerman ya no puede viajar en autobús (impresionante puesta en escena en las primeras páginas) sin que su mera presencia allí, él que es célebre y rico, sea cuestionada. Sin que su vida sea alterada por los comentarios de la gente le afecten, sin recibir llamadas telefónicas o correspondencia. Puede que un subtítulo obvio para esta novela fuera El precio de la fama, pero Roth no era un escritor dado a las obviedades. La novela entera es una broma, una farsa con unos diálogos inverosímiles, como si Roth en algún momento hubiera tenido intención alguna de apelar al realismo... No, de ninguna manera; el escritor aprovecha cualquier resquicio para ser agudo, mordaz, con una acidez que filtra a la que se presenta la mínima oportunidad. Cada personaje esconde algo paradigmático y no se trata de arte figurativo sino de arte abstracto. Alvin Pepler, por ejemplo, poderoso secundario en manos de un célebre concursante de quiz shows venido a menos, dice, por una suerte de conspiración en manos de productores televisivos para que un w.a.s.p. obtuviera un gran premio que él decía merecer. El hermano de Zuckerman, Henry, hijo perfecto que ha seguido la tradición profesional paterna y que se presenta de madrugada en casa del hermano a volcar toda la frustración que esa elección le ha procurado. Toda esa familia que sufre en silencio su estupefacción ante la repercusión que el éxito de Carnovsky ha representado en sus vidas.
La fama, sí. En los Estados Unidos de los últimos años 70, heridas aún tiernas las de Vietnam y el feo asunto del Watergate, un escritor aún puede convertirse en una celebridad y ser asaltado con comentarios sobre su obra. Reírse de ello y crear un alter-ego que cree otro nuevo alter-ego. Menuda genialidad retratarlo de esta manera y escribirlo así.

Muy recomendable, cómo no.

(*) Publicada en español por Seix Barral, integrando, junto a la ya reseñada La visita al maestro, la trilogía Zuckerman encadenado.

Mucho Philip Roth reseñado ya en este blog: aquí

18 comentarios:

Juan G. B. dijo...

Je, je...qué pillo eres, Francesc... ; )

Un@ dijo...

Jajaja. Solo leí Elegía hace tropocientos siglos, y no me disgustó. El padre, el fondo, los recuerdos, y el duelo, bla, bla, bla. Este, parece ser, era uno de esos escritores que sonaban para el Nobel, pero al que la parca le impidió que pudiera llevarse el galardón. Cada vez leo más humor en las reseñas, algo de agradecer siempre. Cuando se trata de literatura —que no es lo mismo que de libros simplemente, ya que escribe hasta Belén Esteban— se corre el riesgo de no acertar la tecla; es fácil el exceso. O la reverencia/crítica pedante de los que se consideran letraheridos, o la exposición un tanto plasta del que quiere parecer aséptico en la opinión, como si eso fuera posible. Al final, el humor, siempre puede matizar ambas posturas extremas. Y lo consigue. Como decía aquel entrenador: ganar, ganar, ganar y volver a ganar. Pues parece que se trata también de eso: leer, leer, leer, y volver a leer. La reseña es muy divertida, y la referencia al dueño del blog también. Se presupone la complicidad de todos los reseñistas, incluido el mencionado dueño. Qué cada quien lea a su ritmo, y si al final de su vida, cada cual se lleva en la panza 50 libros, o 7000, lo verdaderamente importante es que los haya disfrutado. Como decía el chistoso: "no es por no leer, pero leer pa ná, es tontería"

Saludos

Dos dijo...

Por supuesto, lo de tropocientos años es una exageración, porque no hace tanto que se publicó el libro, pero a mi edad, un día es un siglo. Sin coñas. Ya lo iréis descubriendo, si los dioses os lo permiten.

++++ Saludos.

Anónimo dijo...

Hola Francesc: que buena reseña! Después de leerla me puse a pensar que esa confusión de los lectores con el narrador/autor que es parte de la novela de Roth también le pesa bastante a Houellebecq (a quien citas en la reseña).

Saludos

PD: Menos mal que el tipo que coordina el blog no sólo no lee las otras reseñas sino tampoco los comentarios ;)

Gabriel

lupita dijo...

Hola:
Yo que leo de forma convulsa, no he leído a Roth. No sé si esto me expulsa de ULAD automáticamente.

Muy buena reseña, Francesc. Cómo nos hacéis reir.

Saludos lectores

Anónimo dijo...

¡Oiga, pollo! (Anónimo Gabriel) la mayoría de blogs sobre libros —y hay unos cuantos— no tienen comentarios.

Rezan: No hay comentarios, 0 comentarios... y, los que los tienen, suelen ser del tipo: me ha gustado mucho, me apunto este autor, o lo tengo pendiente y bla, bla, bla...

Ignoro, y tampoco me interesa, el motivo porque esos blogueros habilitan los comentarios, si es con la finalidad de dar publicidad a los libros reseñados, porque al final la industria editorial está más interesada en vender que en culturizar a la gente, —aunque una cosa no deba excluir la otra— o si buscan la interacción, el lucimiento de pretendidos pedantes, o dos huevos duros.

Yo solo busco entretenimiento, y algunos reseñistas de este blog utilizan el humor, e incluso ironizan sobre como algunos comentaristas les han preguntado muchas veces como es posible que lean tanto como para reseñar un libro al día.

Los que yo considero libros de mi vida, ya los he leído, y me importa una higa si no son los libros de la vida de los demás.

Eso no excluye que me haga gracia, insisto, leer de vez en cuando estas reseñas, sobre todo por el sentido el humor. Incluso algún reseñista señaló, seguramente con acierto, que no se iba a meter entre pecho y espalda no sé cuántos versos para que luego los lectores del blog lean la reseña en diagonal y hagan 1 click.

Por mí, el dueño del blog, puede poner moderación o lo que le apetezca, que me dará lo mismo, pero me molestan los comentaristas sintéticos que no dicen nada, y se limitan a criticar a otros comentaristas, sin venir a cuento. Cuando se supone que a lo que deberían limitarse es a opinar sobre la reseña, máxime, cuando esos comentaristas no los mencionan a ellos nunca, pese a que la mayoría de sus comentarios les parezcan un churro, como ha sido su caso.

Ahora sí, pollo: bon vent i barca nova!

Anónimo dijo...

He leído el comentario tres veces y no logro entenderlo.....aunque hoy no es uno de mis mejores días. Admiro igualmente tomarse el tiempo para escribir algo tan largo.

Saludos

Gabriel

Anónimo dijo...

No se tome la molestia hombre, siga a lo suyo. Y a mí escribir algo tan largo me cuesta un suspiro. Limítese a la reseña y pase de los comentaristas que no se dirigen a usted, como yo no lo había hecho nunca hasta ahora. Y me da igual si utiliza la síntesis, los emoticonos, los bostezos, sirenas de ambulancia o el cuerno de la abundancia. Si se limitara a lo suyo en lugar de intentar burlarse de los demás, a lo mejor no tendría que entender nada.

Tal vez con un copy paste suyo: "PD: Menos mal que el tipo que coordina el blog no sólo no lee las otras reseñas sino tampoco los comentarios ;)"

Y si le parece lo dejamos aquí. ¡Con Dios!

Anónimo dijo...

No te enfades que no vale la pena.....si los comentarios te toman sólo un suspiro me temo que no suspiras muy bien.

Gabriel

Anónimo dijo...

Repita conmigo:

Don Gabriel quiere decir la última palabra.
Don Gabriel quiere decir la última palabra.
Don Gabriel quiere decir la última palabra.
Don Gabriel quiere decir la última palabra.
Don Gabriel quiere decir la última palabra.
Don Gabriel quiere decir la última palabra.
Don Gabriel quiere decir la última palabra.

No sabe argumentar, pero quiere decir la última palabra.

¡Así sea!

Emoticonos de muchas, muchas risas.

Anónimo dijo...

Pero si la última palabra la tienes tú! No faltaba más! Tus comentarios han sido iluminadores.

Gabriel

PD: Estimado firma tus comentarios así estamos en igualdad de condiciones. Sólo toma un segundo.....a no ser que tu nombre sea tan largo como tus suspiros!

Francesc Bon dijo...

Veamos: se trataba de hablar del libro o del autor, aunque fuera tangencialmente. Por supuesto que a los que escribimos el blog nos encantan y potenciamos los comentarios, y desde luego que aquellos comentarios más extensos dan pie a contestaciones más elaboradas y aquí nos pasaríamos la noche tan ricamente. No creo que haya que entrar en polémicas sobre esas cuestiones: hay quien prefiere dejar un leve rastro de su paso de forma discreta y comedida y hay quien opta por soltarse un poco más. De este pequeño rifirrafe que se ha producido y que me está sonando casi a alguien tomándome el pelo prefiero tomar esa lectura optimista y positiva: levantamos pasiones casi sin quererlo. Oh la la. Preferimos a nuestros fans sobreexcitados ante lo que podamos reseñar mañana.
Y por favor, no volvamos al tema del coordinador o al del propietario del blog. Deberíais verlos sentados en la terraza más pendientes de que el hielo del gin-tonic no se deshaga demasiado rápido mientras nos abruman con los plazos y nos recuerdan el acoso de los fondos buitre para hacerse con el control de todo este tinglado. Patético es decir poco.
Y gracias por TODOS los comentarios, pero el fantasma o el holograma o el espíritu de Roth acecha para que su libro vuelva a la palestra.

Anónimo dijo...

Solo decir que quien ha empezado a ofender ha sido el anónimo autodenominado Gabriel, como si un nombrecito puesto al final significara algo. Son ese tipo de personas los que fastidian. No la longitud de un comentario, que nadie está obligado a leerlo. Pero el tipo es de armas tomar, se cree que su síntesis hueca (al menos la que he leído hasta el momento) le da derecho a meterse con los demás. Me ha parecido lamentable.

Fdo. El Santo Job.

Diego dijo...

Hola.
La reseña me pareció fabulosa, Francesc. Toda ella.

Yo también conocí a este señor con el lamento de Portnoy y, por más que lo disfruté, creo que entiendo lo que te decía Colomer.
Hace dos semanas leí Patrimonio, no sé si es una obra menor o no, pero lo terminé subrayando que hay obras de auto ficción y hay obras de auto ficción. Y en cuanto a calidad puede haber un abismo entre ellas.
En patrimonio cuenta desde su punto de vista los últimos años de su padre. Y me encantó su manera de exorcizar todo lo vivido sin caer jamás en el dramón que uno podría esperar ante una trama real como esa.
No creo que eso esté al alcance de muchos.

Otra vez, felicitaciones por la reseña.

El Puma dijo...

Excelente reseña, Francesc.

Gracias a tu anterior entrada sobre Roth (La visita al maestro), decidì comenzar con la lectura de las cuatro novelas publicadas juntas bajo el tìtulo de Zuckerman desencadenado.

La segunda, que tu tan bien describes y cuyos personajes secundarios tan acertadamente destacas, es para mì sencillamente genial. Y aunque las otras dos, La lecciòn de anatomìa y La orgìa de Praga, no son tan logradas, el conjunto amerita para mì un Muy recomensable.

Tal es asì que a continuaciòn comencè Elegia, la ùltima novela de Roth, cuya lectura estoy promediando, a un ritmo muy cansino.

Como Diego, conocì a Philip Roth con El lamento de Portnoy. Me descostillè de la risa, pero no creo que sea la obra màs adecuada para adentrarse en la fascinante y monumental bibliografìa de este gran escritor americano del siglo XX.

El Puma dijo...

Fe de erratas: el conjunto de cuatro novelas se publica bajo el tìtulo Zuckerman encadenado

Pepe Pótamos dijo...

Hola El Puma, la última novela de Roth fue Némesis, lo recuerdo porque cuando la leí Roth ya había anunciado que se retiraba y que esta sería la última. Un triste y oscuro relato (supongo que) basado en recuerdos reales de lo que debía ser vivir siendo un niño con una epidemia de polio cuando no existía vacuna para ella. De lo que he leído de Roth posiblemente la que más me llegó (solo he leído un par de novelas más de él).

Saludos!

El Puma dijo...

Tienes razòn Pepe! Me confundí. Elegía la leí hace unos cuantos años, y me gustó mucho. Ahora estoy leyendo Nemesis. Es como tu dices, triste y oscura. Un digno final para Roth. Habiendo ya leído más de la mitad de su obra completa, una veintena de novelas.