miércoles, 6 de febrero de 2019

Lolita Bosch: Tres historias europeas

Idioma original: catalán
Título original: Tres històries europees
Año de publicación: 2005
Valoración: Desconcertante-decepcionante

Quiero valorar el libro sin resultar hiriente, a ver cómo lo hago. Tres historias europeas es un libro que reúne justamente tres relatos, cuyo nexo en principio es que se desarrollan en Europa, aunque la verdad podrían situarse en cualquier otro lugar.  Quizá podríamos encontrar alguna otra conexión, aunque no en todos ellos, porque este libro es algo bastante raro, y voy a intentar explicarlo.

El primero de los relatos se titula Pingüinos. En plan sinopsis se puede decir que se trata de un médico eslovaco que vive en Budapest y que defiende algunas tesis algo heterodoxas, lo que provoca la repulsa de sus colegas de profesión. Tal vez por ello emigra un tiempo a un lugar indeterminado de las montañas del norte de su país, y regresa luego con un supuesto tratamiento para curar la ceguera. De alguna forma que tampoco conocemos tiene éxito con una única paciente, que recupera la vista. Y ya está. No hay más. Todo lo demás (unas 60 páginas) es dar muchas vueltas a lo mismo, del derecho y del revés, contando cosas por completo irrelevantes sobre los padres y abuelos del médico y su paciente, el hijo perdido por la mucama de esta última, una institución norteamericana para ciegos, el hombre que cazó el pato salvaje que la ciega degustó en cierta ocasión, el científico ruso que descubrió los síntomas de la pleuresía, su padre, su hermano. 

Acepto gustosamente que el autor de un libro prescinda de un patrón cronológico, que nos presente imágenes con una técnica de espejo roto, está bien forzar al lector a construirse la historia con materiales dispersos. Pero al menos hay que pedir que estos no sean absolutamente inanes, que tengan algún sentido, que le den cuerpo, color, ritmo, algo. En este caso, todo lo que cuenta Lolita Bosch es prescindible, uno pasa página tras página esperando que algo empiece a encajar, que avancemos hacia alguna parte, y solo se encuentra comentarios, retazos sueltos que no conducen a nada en absoluto. No nos interesa lo más mínimo el doctor Gladov-Klass ni sus padres, ni el hombre que cazó el pato, ni el doctor Svaty, ni su hija, la hermosa Mónica.

Porque esa es otra. La ciega que recuperó la vista no es Mónica, ni Mónica Svaty, ni la paciente, es siempre la hermosa Mónica. Una y otra vez. Como Bratislava es siempre Bratislava de Eslovaquia (¿), o los barrios originarios de Budapest son siempre –pero siempre, siempre- la bella Pest y la abandonada ciudad de Buda (¿?). Uno, que es generoso y además admira a quien es capaz de escribir un libro, intenta buscar en ese dudoso recurso estilístico una traza de cuento infantil, un artificio para obtener un efecto arcaizante (aquello de la Bella Isolda), o un truco para marcar un determinado ritmo. Pero sinceramente, a este bombardeo de repeticiones le encuentro más bien un cierto tono adolescente y, junto con la falta de algo coherente que contar, da lugar a una irritación creciente, sensación de estafa, tentación (pero muy fuerte) de hacer uno de esos interruptus que mis colegas practican con alguna soltura (me refiero a las reseñas, claro).

Afortunadamente llega el final, y pasamos al segundo relato: Una: Piiter y Py. Se ve que a Lolita Bosch le va lo de los títulos en clave y los nombrecitos complicados. Ahora se trata de que Piiter Wiesengrund (a quien alguna vez sí se cita sin el apellido, menos mal) vuelve de Estados Unidos para visitar el campo de concentración de Auschwitz por donde pasó de niño, y donde murieron sus padres. No ocurre casi nada más, pero es un relato bien narrado, envuelto en una atmósfera fría, brumosa e intimista en la que domina el silencio. Me gusta sobre todo la valentía de la autora a la hora de ir incluso más allá del narrador omniscente: se diría que vemos a Piiter moverse sobre un decorado en miniatura, siempre vemos más que él, y a veces hasta sabemos lo que va a ocurrir. Le observamos y atendemos las indicaciones del narrador que se dirige a nosotros, lectores. Interesante. Al mismo tiempo, juega con la identidad de los personajes diríamos secundarios (Una y Py), que se llegan a confundir con la del propio Piiter, cómo se disuelven y se reconstruyen los recuerdos, sin que el mismo protagonista llegue a saber hasta dónde son ciertos o falsos.

Este último aspecto –recuerdos de la infancia, muy poderosos pero de cuya veracidad se duda- reaparece en la tercera historia europea: Elisa Kiseljak. Sí amigos, nombre y apellido, siempre. El relato tiene unas treinta páginas, si en cada una se cita a esta chica (protagonista absoluta) pongamos cinco veces (que generalmente son más), tenemos que hemos leído Elisa Kiseljak unas ciento cincuenta veces en veinte o treinta minutos. Mucha tela. Y ¿para qué? Bueno, dejémoslo estar. Sobreponiéndonos a este terrible alambre de espino, diremos que esta última historia tiene como centro un caso de abuso sexual infantil. Siendo un asunto tan lacerante, hay que decir que la autora lo expone con la temperatura tan tibia y la distancia tan medida que, precisamente por despojarlo de todo desgarro, el relato resulta sobrecogedor. Especialmente la primera mitad me parece un texto soberbio, maduro, estremecedor. Más adelante adquiere sin embargo un tono excesivo, con un monólogo interior largo y redundante al que no parece que se le encuentre una salida. Pero en general el relato es bastante bueno: Elisa (Kiseljak) lucha contra el recuerdo, quiere deshacerse de él, pero al negarlo no le permite salir al exterior, y en esa lucha es su propia identidad la que se tambalea.

De modo que el escaso tiempo que dura la lectura es un carrusel de sensaciones contrapuestas, de ahí ese desconcertante que ponía arriba. Pero de alguna manera hay que valorar el libro, y me he decidido por el Decepcionante (podría haber sido peor) porque las cosas interesantes que he encontrado no pueden, desgraciadamente, borrar de ninguna manera lo que me parece por completo desechable, que es bastante. Como alguna vez he opinado, un libro es una unidad, para lo bueno y para lo malo. La verdad es que me quedo un poco con ganas de ver si Lolita Bosch apunta definitivamente hacia arriba o hacia abajo, debería darle otra oportunidad. Pero francamente, me da bastante miedo.

6 comentarios:

lupita dijo...

Hola, Carlos:

Conozco a Lolita Bosch como autora de literatura juvenil fundamentalmente. He leído "M" (muy famoso, por tratar el tema de la violencia familiar, creo que se usa en los institutos) y "La rabia", su último libro publicado en castellano. Digo esto porque creo que ha publicado algo después en catalán, pero no estoy segura.

Ambas lecturas me quedan un poco lejanas en el tiempo, pero recuerdo la sensación de estar ante algo que también me decepcionó. Los dos libros que he mencionado tienen en común algo: se consideran libros valientes, en los que importa mucho el tema tratado, pero que literariamente no destacan por nada en especial. La rabia, de 2015, habla sobre el bullying, el que ella sufrió y el que sufren ahora los adolescentes que el libro retrata. Fue una gran decepción; me lo compré y lo llevé a una tienda de segunda mano al poco tiempo.

Creo que también leí libros infantiles, pero no los recuerdo. No me parece una gran escritora, pero, claro, eso es algo personal. La sensación de decepción/desconcierto también la tuve yo, y en el caso de "La rabia", además, de rabia por el dinero gastado.

Saludos

Carlos Andia dijo...

Hola, Lupita.

Veo que el tema de las distintas formas de violencia contra menores es algo que está muy presente en esta autora, porque como indicaba en la reseña es el asunto sobre el que gira el último de los relatos. De todas formas, por no resultar tan negativo, y aun manteniendo que hay partes del libro intolerablemente malas, también quiero destacar que hay detalles, momentos, que me parece que tienen cierto nivel.

Sea como fuese, entre lo que tú apuntas y lo que yo he podido experimentar en persona, la cosa no tiene muy buena pinta que se diga. A ver si alguien nos convence de lo contrario.

Gracias como siempre por tus opiniones.

Beatriz Rodriguez Soto dijo...

No le des otra oportunidad, Carlos, por favor. Las librerías están llenas de libros que nunca deberían haber visto la luz.

Carlos Andia dijo...

Jajaja, tenía serias dudas, pero tú has terminado de decidirme.

Gracias y un saludo.

Oriol dijo...

Me quito el sombrero, Carlos. Has sido capaz de transmitir ideas muy abstractas sobre la estructura, el estilo y la prosa de estos relatos con elocuencia. ¡Eres grande!

Lo que dices de este libro de Lolita Bosch me ha recordado a una novela que leí hace algún tiempo, y que reseñé por aquí: "Segui vora el foc", de Jair Domínguez. Tenía hallazgos puntuales, pero el texto en general era flojo como poco.

Carlos Andia dijo...

Perdona hermano, que no había visto el comentario. Gracias por el elogio, pero pasa una cosa curiosa: a veces decimos que es fácil reseñar cuando el libro es muy bueno; pero también a veces es fácil cuando es... bueno, otra cosa diferente. Efectivamente, hay cosas que parecen interesantes, pero como bien decía Beatriz, igual es mejor dedicar el tiempo a otros autores.

Saludos!