Mostrando las entradas para la consulta Elena Ferrante ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Elena Ferrante ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Elena Ferrante: La Frantumaglia

Idioma original: italiano
Título original: La frantumaglia
Traducción: Celia Filipetto Isicato
Año de publicación: 2017
Valoración: interesante

Hace más de veinte años que Elena Ferrante escribe con notable éxito y sin embargo es bien poco lo que sabemos de ella. Los medios de comunicación la han acosado hasta la saciedad y al final no les ha quedado otra que entrevistarla por escrito y a través de sus editores que siempre han contribuido celosamente a salvaguardar su privacidad. 

Las preguntas formuladas en dichas entrevistas en diferido se dividen en dos grupos: las que inquieren directamente y sin complejos acerca de su vida personal (y que ella despacha de un plumazo) y las que indagan en su mirada y en su obra con un calado y una concreción tan abrumadora que no puedo evitar sospechar si no pretenderán aturdirla para que se le acabe escapando algún dato personal del estilo «por eso la protagonista de mi novela es rubia como yo». Pero Elena Ferrante se enfrenta a todas esas preguntas con tanta implicación que algunas de sus respuestas adquieren la envergadura y la profundidad de auténticos tratados y es entonces cuando sus editores dicen: vaya, vaya (che sorpresa, en italiano) ¡si con esto hay material para un libro!. Era el año 2003 en Italia y Ferrante ya contaba con sus dos primeras obras publicadas, consagradas y con sendas adaptaciones cinematográficas. A partir de ahí publicó varias obras más (entre ellas la tetralogía Dos amigas que acabó por catapultar a la autora al éxito internacional); las peticiones de entrevistas se incrementaron y Elena Ferrante siguió respondiendo con sus elaboradísimas reflexiones hasta que en 2015, che sorpresa, ya era posible una reedición de La Frantumaglia versión extendida y, esta vez, también para el público hispanohablante. En palabras de su editora, Sandra Ozzola Ferri:

(…) el proyecto de La Frantumaglia consistió siempre en dar a todos sus lectores, desde El amor molesto hasta hoy, con la tetralogía Dos amigas, una escritura que sin demasiados velos, a través de fragmentos varios, apuntes, puntualizaciones, incluso contradicciones, sostuviera las obras de ficción como solo puede hacerlo un libro que acompaña a otros libros.
¿Estoy sugiriendo que la oportunidad hizo al libro? Sí, pero no por eso se le puede negar su interés, que lo tiene. Desde mi punto de vista hay dos maneras de disfrutar la lectura de esta obra:
  • El lector habitual de la obra de Ferrante, probablemente leerá este libro como si cayera en una especie de maravillosa ensoñación en el que la autora desgrana todos y cada uno de los elementos que caracterizan su obra, con esa voz segura y convincente (que no soberbia).
  • El lector accidental o primerizo experimentará su entrada en el mundo literario de una autora muy sólida y con una mirada y una voz realmente poderosas. En este caso, la reiteración de algunas cuestiones concretas que tienen que ver con alguna de sus obras puede llegar a ser algo aburrido pero si nos acogemos a los grandes temas: el abandono, la mujer antigua y la mujer moderna, el cuerpo de la mujer, la violencia... y llegamos a entender los mecanismos mediante los cuales la autora ha llegado a las conclusiones que ha llegado, resulta una lectura muy interesante. Pero tal vez sea por el hecho de que no soy muy conocedora de la obra de Ferrante que el pasaje que más me ha gustado de todo el libro es el que lleva precisamente el título de La Frantumaglia. Ese capítulo es el único con una carga autobiográfica considerable pero hace gala de una capacidad de introspección como no había visto antes y resulta un texto intensísimo a la par que bello.
Pero seamos más o menos incondicionales de esta autora, la lectura de sus entrevistas y de sus reflexiones ya nos pueden facilitar una idea muy clara de la magnitud del monstruo literario que tenemos delante: su pensamiento humanista, su compromiso absoluto con lo que escribe, el temperamento aguerrido y severo con el que aborda los conflictos que quiere transmitir; su gran capacidad introspectiva (e inconformista) y la habilidad para darle traslado a sus personajes, su mirada femenina moderna y, a la vez, bien conocedora de lo que conlleva su legado. 

En resumen, y más allá del oportunismo que mencionaba, este primer acercamiento a Elena Ferrante me ha dejado profundamente impresionada y para evitar un mayor desparrame de elogios concluiré con un sencillo y contundente Elena Ferrante pilota bastante. De ahí mi valoración de interesante con la puntualización de imprescincible para aquellos que ya son lectores devotos.

En relación al título, en el libro se hacen tantas alusiones y con tantas metáforas que acaba resultando confuso. En realidad, el libro de La Frantumaglia es un compendio o recopilatorio de material alrededor de la obra de la autora y frantumi significa algo así como fragmentos o trocitos, por lo que doy por zanjado el enigma. 

Y ya para terminar, bonus track navideño en forma de banal cotilleo: hará cosa de un año un periódico italiano invirtió una cantidad nada desdeñable de sus recursos para desenmascarar a la escurridiza Elena Ferrante y, al parecer, lo consiguió. Libres sois de activar o no este link. (Y qué buena noticia sería que se emplearan la mitad de esfuerzos para desenmascarar y encarcelar a tanto corrupto que anda suelto).

Otras obras de Elena Ferrante reseñadas en ULAD: La amiga estupenda, Las deudas del cuerpo, Un mal nombre

lunes, 18 de mayo de 2015

Elena Ferrante: La amiga estupenda

Idioma original: italiano
Tïtulo original: L'Amica Geniale
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable

Elena Ferrante es un fenómeno curioso: una autora de la cual no se sabe casi nada (salvo que no se llama Elena Ferrante) y que se ha convertido en un fenómeno internacional con una decena de novelas, dos de las cuales han sido llevadas al cine. Esta que reseño hoy, La amiga estupenda (que, la verdad, me habría gustado más que mantuvieran el original, "la amiga genial", por su ambigüedad) es la primera parte de una tetralogía completada por Storia del nuovo cognome, Storia di chi fugge e di chi resta y Storia della bambina perduta, que están siendo publicadas por Lumen con títulos cada vez más alejados de los originales (Un mal nombre y Las deudas del cuerpo).

Las protagonistas de la saga son dos chicas napolitanas, Elena (la narradora) y Lila, que comparten una amistad compleja, cargada de competitividad, cariño, recelo, complicidad. Elena es la hija de un portero del ayuntamiento de Nápoles; Lila es hija de un zapatero. Las dos son inteligentes; Lila lo es todavía más, aunque es mucho menos aplicada que Elena, y tiene, también, muchos menos medios y apoyos para seguir estudiando. Con el paso de los años, las niñas dejan de ser niñas y dejan de jugar con muñecas para vivir rodeadas de hombres y preocuparse por cosas de adulto. El entorno de pasiones y violencia que los rodea, incomprensible cuando eran niñas, comienza a cobrar nuevos significados y a exigir nuevas decisiones.

La escritura de Elena Ferrante es densa, de una densidad que solo se me ocurre comparar con la de las novelas de Philip Roth, cuando Philip Roth está en su momento más inspirado. No solo me refiero al universo de personajes que crea alrededor de las dos protagonistas (sus familias, sus amigos, sus profesores, el resto de habitantes del barrio, con sus odios y sus rencillas que se remontan a tiempos de la guerra o incluso antes); sino también a la profundidad psicológica de que los dota, haciéndolos tridimensionales y humanos. Es, sobre todo, el caso de Elena y de Lila, a las que vemos pasar por evoluciones a veces paralelas y a veces contrarias, influyéndose mutuamente a través de la amistad, de la rivalidad, de la envidia.

Confieso que durante el segundo capítulo, dedicado a la adolescencia de las protagonistas, la lectura se me ha hecho larga, quizás también por estar leyendo la novela en portugués y no en español (ni en italiano, claro). Confieso también que el final, que no es conclusivo -porque como decía esta es solo la primera parte de una tetralogía- me ha dejado algo insatisfecho. Pero al mismo tiempo es innegable que en Elena Ferrante hay una narradora descomunal, digna de la fama que ha conseguido y que por ahroa ha despreciado. Quizás lea, con tiempo, los restantes volúmenes de la tetralogía; lo que haré seguro será buscar alguna de sus novelas independientes, como Los días del abandono o El amor molesto, a ver qué tal. Y, claro, #HabráReseña.

jueves, 16 de junio de 2022

Elena Ferrante: La hija oscura

Idioma original: italiano

Título original: La figlia oscura

Año de publicación: 2006 (En España: 2021)

Valoración: Se deja leer


¿Quién es Elena Ferrante? Habrán oído esa pregunta a menudo, sobre todo si son lectores de sus obras. La respuesta sigue en el aire aunque en algún momento pareció que la cuestión quedaba zanjada, pero todo fue un invento, como alguien confesaría tiempo después. No sabemos si la auténtica Ferrante alimenta estos dimes y diretes. Desde luego la intriga suele ser muy rentable, algo a tener en cuenta cuando el sospechoso (él o ella) insiste en que no se le interrogue, ya que, como todo buen periodista sabe de sobra, esa clase de secretismos no suelen aplacar la curiosidad  del público sino todo lo contrario. Y es que, según parece, la clave está en el matrimonio formado por Anita Raja y Domenico Starnone, pero no se sabe de cuál de los dos se trata. ¿Y si forman un equipo? ¿O se alternan? ¿O están cubriendo al verdadero autor? ¿O no tienen nada que ver con todo esto? 

A mí, particularmente, las sensaciones que describe de embarazo y maternidad me parecen falsamente vividas. Toda esa introspección sobre experiencias genuinamente femeninas no me convence en absoluto, es más, me parece de cartón piedra. Pero las impresiones suelen ser muy subjetivas y habría que saber qué piensan quienes han pasado por las mismas experiencias que Leda. Un personaje que tampoco me convence mucho. Estereotipado sería la palabra. Aunque el remordimiento por el abandono temporal sí me parece convincente, pero se parece a cualquier otro, no encuentro rasgos específicamente maternos. También está muy bien reflejado el complejo de la impostora, esa convicción tan extendida de haber llegado a algo gracias a la ayuda masculina, pero esa es una idea generalizada no hace falta ser mujer para pensarlo. En cuanto al grupo de napolitanos, esos que le fascinan, y desprecia a la vez, tampoco van más allá de un puñado de tópicos. Sin embargo, tal como se refleja en ese desenlace que sin duda es lo más interesante de todo, el auténtico conflicto lo vive Nina, el otro personaje atrapado en la maternidad, pero ella no sale de un segundo plano hasta las últimas páginas.

¿Y qué decir de los diálogos? (“-Cómo está Elena –Resfriada -¿Tiene fiebre? -Un poco -¿Y Nina? -Nina está con su hija, como debe ser”). Más vacíos imposible, una forma de rellenar espacio rápidamente sus romperse mucho la cabeza. Por cierto, si la relación con esa familia resulta absurda y poco creíble, incluido el demencial episodio de la muñeca –otra forma de rellenar espacio con poca o ninguna sustancia–, los flas back se  quedan en los márgenes de los hechos y abundan, repito, en análisis bastante inverosímiles de sentimientos hacia sus hijas, desde antes de haber nacido hasta el momento presente. La relación con el marido se elude, del amante solo se intuye lo que apunto más arriba, el motivo de la frialdad materno-filial se nos escapa, pero especula sin parar sobre personas a las que conoce de vista y que parecen servirle de comparación con su propia vida. Yo no encuentro ninguna similitud, salvo que, como ellos, también procede de Nápoles. Así que, o bien los simbolismos se me escapan o bien no existe tal cosa y la relación entre ambas realidades es sencillamente aleatoria.

Ocurre lo mismo en la exagerada valoración que se ha hecho de su trayectoria literaria, que quizá tenga su razón de ser y sea yo quien no sepa ver la maravilla que se esconde tras sus textos. Porque en mi opinión se esconde tanto que no llega a estar visible, pero probablemente he tenido mala suerte al escoger una obra suya, la última que yo sepa, y tengo que ampliar el panorama. Lo haré, prometo solemnemente leer este verano las novelas más elogiadas de Elena Ferrante.

En cierto modo, y salvando las distancias, la novela me recuerda a Buenos días tristeza. Por el tono intimista, por su naturalidad y por esa forma de narrar en primera persona los sucesos cotidianos según van ocurriendo. Pero Sagan es mucho más trascendente. Mientras aquí se muestran banalidades –pensadas, sentidas o vividas– como si fuesen hechos de primera magnitud, la francesa lanza una mirada aparentemente frívola y consigue dar en el blanco poniéndonos los pelos de punta. Prefiero, cada vez más la contención, la sobriedad en las confidencias, me gusta que el personaje me permita deducir lo que siente antes que esa verborrea exhibicionista que  no suele aportar nada nuevo. Yo diría que para retratar a un personaje obsesivo no hace falta insistir tanto. Quizá la clave este ahí, en la insistencia, tanto en eso como en todo lo demás; pienso que el mismo material podría haber servido para un relato de dos o tres decenas de páginas  y su innecesario alargamiento es lo que le resta interés. 

Otras obras de Elena Ferrante; Aquí

jueves, 26 de enero de 2017

Elena Ferrante: Las deudas del cuerpo

Idioma original: italiano
Título original: Storia di chi fugge e di chi resta
Año de publicación: 2013
Traducción: Celia Filipetto Isicato
Este texto es una creación de Devoradora de libros y no está permitida su copia.Celia

Valoración: Muy recomendable

Antes de pasar a hablar de la novela en sí, un inciso: qué manía la de los editores españoles de cambiar los títulos de los volúmenes de la serie de Elena Ferrante:
  1. L'amica geniale > La amiga estupenda (bueno, no cambia tanto)
  2. Istoria del nuovo cognome > Un mal nombre (aquí ya la cosa tiene más calado, porque el original dice "apellido" y no dice que sea malo ni bueno)
  3. Storia di chi fugge e di chi resta > Las deudas del cuerpo (y esto ya me parece peor, porque es verdad que el sexo ocupa un lugar muy importante en la novela, pero hay muchos otros elementos que quedan ensombrecidos por ese título, y el original creo que trata mejor la tensión entre Lenú, que huye del barrio y de su pasado, y Lina, que se queda y hasta vuelve voluntariamente a él).
En fin, que probablemente detrás de este cambio e título hay criterios editoriales o comerciales que se me escapan, pero no me convencen. 

Y dicho esto, vamos al lío: tenemos entre manos el tercer volumen de la tetralogía, o de la novela en cuatro volúmenes, Dos amigas, de Elena Ferrante. En los dos volúmenes anteriores habíamos visto a las dos protagonistas pasar la infancia juntas, convertirse en adolescentes y dar sus primeros pasos en la edad adulta, con el descubrimiento del sexo, el matrimonio, la maternidad y el ascenso (y descenso) social. Al comienzo de este tercer volumen Lenú ya es Elena Greco, autora de una novela breve exitosa y algo escandalosa, a punto de casarse con un reputado académico florentino, mientras que Lina (o Lila) trabaja en una fábrica de embutidos en condiciones degradantes y convive con un hombre que no es su marido y con un hijo que no es de ninguno de los dos.

Como decía antes, el sexo ocupa efectivamente un lugar importante en la trama: estamos en la altura de mayo del 68, y Lenú (más que Lina) se replantea su forma de vivir la sexualidad, con su marido y con otros hombres; pero como también decía, hay otros elementos igualmente importantes, por ejemplo la política: son los anni di piombo en que los enfrentamientos entre comunistas y fascistas se recrudecen por momentos, y las dos protagonistas, cada una desde su posición vital, deben adoptar una posición al respecto.

De hecho, la tensión fundamental del libro creo que es la que plantea el título original: la que se crea entre quien consigue escapar, abrirse camino en el ámbito literario y ascender socialmente, y quien queda (hasta cierto punto voluntariamente) enredada en la vida brutal del barrio. Pero no se trata de una oposición binaria ni simple (positivo / negativo), porque ese ascenso de Lenú no es inocente ni definitivo: le provoca dudas sobre su propia valía; sensación de desarraigo y de inestabilidad por no pertenecer ni a un mundo ni a otro; culpabilidad por haber dejado atrás a su familia y amigos de la infancia; y un conflicto constante entre las expectativas generadas, y la realidad de un progreso que parece irse estancando.

Las deudas del cuerpo, como toda la serie, es un universo complejísimo de personajes que aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer, tanto que a veces uno se pierde y tiene que pararse a pensar quién es quién; pero sin duda los dos personajes centrales, y la extraordinaria relación que las une (en la que hay amistad y admiración mutua, pero también envidia y recelo) la que soporta la narración. Como en el volumen anterior, quizás exista cierta repetición de temas y situaciones (personalmente, estoy de Nino hasta las narices, y quien haya leído las novelas quizás comparta este sentimiento conmigo), pero hay en cualquier caso una progresión o un adensamento de la trama y de los personajes que hace que se mantenga siempre la tensión y el interés.

Ya solo falta un volumen por leer para acabar la serie; esperemos que esté a la altura.
Este texto es una creación de Devoradora de libros y no está permitida su copia.

martes, 6 de septiembre de 2016

Elena Ferrante: Un mal nombre

Idioma original: italiano
Tïtulo original: Storia del nuovo cognome
Traductora: Celia Filipetto
Año de publicación: 2012
Valoración: Recomendable

Quien no conozca todavía a Elena Ferrante puede empezar por leer la reseña que hice hace unos meses del primer volumen de la serie Dos amigas: La amiga estupenda: autora de identidad desconocida, fenómeno editorial mundial, tetralogía de novelas traducidas a una decena de lenguas... Un mal nombre (una traducción otra vez inexacta, como en el primer volumen, del título original, "historia del nuevo nombre") continúa la historia de las dos amigas protagonistas, Elena 'Lenú' Greco y Raffaella 'Lila' o 'Lina' Cerullo, en el punto en el que se interrumpía el anterior volumen.

De hecho, el arco temporal de la novela (o de esta parte de la novela, si consideramos Dos amigas como un solo texto) está dominado por el cambio de nombre de Lina: casada con Stefano Carracci al final de la primera parte, pasa a ser la "señora Carracci" y a involucrarse en los negocios familiares: las charcuterías de los Carracci y la tienda de zapatos abierta con los Solara, sus anteriores archienemigos. Para el final del volumen, sin embargo, el matrimonio se ha deshecho y Lina recupera su anterior nombre, "señora Cerullo", simbolizando así una vuelta a la independencia (y a la pobreza).
No creo estar haciendo un gran spoiler al contar esto: quien haya leído la primera novela y se haya familiarizado mínimamente con los personajes, ya debe imaginar que el carácter rebelde de Lina no podía aguantar mucho tiempo atada a Stefano.

Además de la historia de este matrimonio fallido, Un mal nombre también es el volumen en el que las dos protagonistas llegan a la edad adulta, no solo porque cumplen dieciocho años, sino porque conocen por primera vez el sexo, la separación de la familia, el matrimonio o la maternidad. Es, sobre todo, el momento en el que toman cuenta de su destino y escogen el camino que deben seguir; es también el momento en el que, de forma imagino que definitiva, las vidas de Lenú y Lina se separan: Lenú comienza a cumplir las expectativas que estaban depositadas en ella, con una carrera universitaria y como escritora, mientras que Lina se ve enredada en la vida brutal del barrio, de palizas, celos, infidelidades y traiciones.

Como sucedía en La amiga genial, también en Un mal nombre impresiona la intensidad de la narración, la capacidad para construir un universo de personajes tridimensionales y con historias propias, y sobre todo la profundidad de la construcción de las dos protagonistas y su relación, llena de recovecos, cambiante y compleja. El motivo por el que le doy a este segundo volumen una nota algo inferior al anterior es porque ciertas situaciones y motivos me han resultado demasiado repetitivos: los amores y desamores de ambas con Stefano, Antonio, Nino o Enzo, la timidez de Lenú frente a la insolencia de Lina o las sucesivas huidas hacia delante de esta última, por dar algunos ejemplos. A veces también me parece que se hace trampas con el punto de vista de la narradora, que cuenta cosas sucedidas en Nápoles en el tiempo que ella estaba en Pisa con un detalle y una viveza que resultan inverosímiles (y no, los cuadernos que Lina le entrega con anotaciones tampoco sirven para justificarlo completamente).

Voy a seguir leyendo la serie, no tengo dudas. Me han hablado muy bien del tercer volumen, y no tanto del cuarto. En cualquier caso, está claro que Dos amigas, como conjunto, es una obra magna, aunque no sea necesariamente una obra muy de nuestro tiempo.

lunes, 19 de diciembre de 2016

ULAD: Lo mejor del 2016

Francesc Bon:
  • Libro del año: Pues para mí el libro del año ha sido Breve historia de siete asesinatos de Marlon James. No sé decir exactamente el motivo, pero al final me recuerdo acarreándolo, con su presencia imponente y su lomo amarillo, siguiendo andanzas de rastafaris y es una sensación demasiado imborrable. Quizás sea un libro cautivo de su componente visual, pero desde cuándo va a ser malo que una novela contemporánea te recuerde a una nueva temporada de The Wire. Con dos muy dignos contendientes: Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y Satin Island de Tom McCarthy, cuya importancia aún no soy capaz de calibrar.
  • Sorpresón postrero: el festín de Xavi Ayén en La vuelta al mundo en 80 autores.
  • Porquerías: En un año globalmente positivo: el incomprensible apoyo a algo tan vacuo como Érase una vez el fin, de Pablo Rivero, o la esperada constatación del timo de La chica del tren 
  • Caerá en 2017: Cualquier Saer que se ponga en medio.
  • No tocar ni con un palo: Zanón, Pérez Andújar, y todos aquellos que quieren apropiarse de la literatura de barrio. Por mediocres y por cansinos.
  • Los comentarios me han hecho salivar para el 2017: Vollmann y, dicen, el Ray Pollock que viene.

Juan G. B.:

Carlos Andia:
  • Volumen imponente del añoEl capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty -algunas claves que deberíamos conocer.
  • La relectura del añoCoronación, de José Donoso -buenas sensaciones después de muchos años
  • Libro de Historia del añoContinente salvaje, de Keith Lowe -una etapa muy especial de la Historia de Europa
  • Una joya a la que tenía muchas ganasLocus Solus, de Raymond Roussel -atrévase usted.
  • Clásico rescatadoReivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo -imprescindible con mayúsculas.
  • Obra de teatro del año: Calígula, de Albert Camus -todo intensidad
Y, si se me permite, porque obviamente es algo muy poco uladiano, pero muy especial para mi: 'Análisis de los fenómenos monetarios en España', de Florencio Salcedo -¡qué tío!


Koldo CF

Montuenga:
Santi:

Marc Peig:
  • Libro del año: El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer
  • Autobiografía del año: Instrumental, de James Rhodes
  • Tocholibrohistórico del año: Las benévolas, de Jonathan Littell
  • Tochonovela del año: La broma infinita, de David Foster Wallace
  • Ensayo del año: Esto es agua, de David Foster Wallace
  • Clásico que debería haber leído antes: La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
  • Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: En manos de las furias, de Lauren Groff
  • Decepción del año: Sueños de trenes, de Denis Johnson
  • No pasará un año más sin leer: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe
  • Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): Haruki Murakami
  • Caerán más libros de: Stefan Zweig
  • Ganas de que llegue el 2017 para lo nuevo de: Siri Hustvedt, Paul Auster y  Karl Ove Knausgaard


jueves, 11 de junio de 2020

Lana Bastašić: Atrapa la liebre

Idioma original: serbocroata
Título original: Uhvati zeca
Traducción: Pau Sanchis Ferrer
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable

Hay novelas que, a pesar de una aparente sencillez, contienen una amplitud temática y enfoque que hacen que destaquen por encima del resto o de la propia línea argumental. Porque el argumento de esta novela de Lana Bastašić puede inducir a una lectura rápida y superficial, pero sin duda se disfruta y se construye en la mente del lector de manera mucho más profunda de lo que aparenta. Porque siendo presentada bajo el reclamo de «Lewis Carroll y Elena Ferrante en un País de las Maravillas balcanizado» uno puede creer que estamos delante de una mezcla de altas pretensiones y difícil encaje. Y podría tener razón. Pero no si hablamos de Bastašić, pues la novela, en líneas generales, acopla los distintos elementos de manera orgánicamente cohesionada.

La historia empieza con un inicio intrigante, pues la protagonista, Sara, empieza a esbozar la relación de amistad que tuvo con Lejla; una relación forjada en la infancia que se antojaba infranqueable pero que, por motivos que se desconocen al inicio, se truncó hace doce años creando un absoluto vacío comunicativo. Hasta que una llamada de Lejla desde Mostar a Sara, informando que su hermano está en Viena y que tiene que acompañarla para verle, parece estrechar, no los lazos que las unían, pero sí el tiempo que las distanció. Este inicio es de los que enganchan de manera irremediable al lector, manteniendo un clímax altísimo para sostener un suspense que se sitúa en el centro de la narración y ejerce de polo magnético con el que atrapa al lector ya desde su comienzo.

Estructuralmente, la historia narrada por Sara en primera persona alterna el presente con el pasado y nos cuenta la evolución de la amistad entre Lejla y Sara; una amistad desigual, con Sara a remolque del fuerte carácter de Lejla, cegada por una idolatría hacia su amiga en quien ve alguien especial, alguien sobre quien Sara afirma que «pensé, con miedo, que siempre iría detrás de ti para intentar crecer de alguna manera, para conseguir alguna sabiduría intangible». Aquí se encuentra uno de los ejes de la novela, la relación desigual entre dos caracteres en apariencia antagónicos, que recuerda en gran parte a Ferrante y su «Amiga estupenda». Así, la narración en dos líneas temporales devuelve a Sara a su pasado, a pesar de todo, a pesar de casi no quererlo, pues como ella misma afirma «puede ser que para mí los recuerdos sean como un lago helado —turbio y resbaladizo—, pero de vez en cuando aparece una hendidura en la superficie por dónde meter la mano y aferrar un detalle, un recuerdo en el agua helada. Asimismo, los lagos son engañosos. A veces coges un pez, otras caes y te ahogas. Por experiencia sé que casi todos los recuerdos con ella son de este tipo. Por eso me esforcé durante doce años a no recordarlos». Estas dos líneas temporales convergen en un personaje común, que conecta pasado y presente, el causante del viaje que supone este relato: Armin, el hermano de Lejla, que despareció en medio de la guerra y que irrumpe de nuevo en la escena muchos años después. Él es el enlace entre ambas, el nexo de unión entre las dos, también tiempo después de su distanciamiento; es la tercera pata del triángulo que mantiene la estabilidad entre ambas, su punto común como afirma la propia Sara al decir que «él era la conexión indestructible que había entre nosotras, nuestra contraseña secreta que hacía que todo el resto (…) pareciese banal».

Con el objetivo inicial de encontrar al hermano de Lejla, Bastašić ha escrito una novela que se convierte de inmediato en un road trip de varios planos entremezclados, pues es un viaje vital al pasado de una vida y de una relación, pero también al pasado de una época y un territorio. Un viaje que empieza desde Mostar en una llegada densa y oscura, abrupta, en la que la propia protagonista se siente sorprendida cuando a las tres de la tarde ya es oscuro, empieza el viaje físico y vital. Una oscuridad que las acompañará, a nivel emocional a lo largo del viaje, en clara consonancia con la oscuridad propia de una tierra marcada por la guerra y que deja huella en sus habitantes. De esta manera, el trayecto que emprenden ambas amigas de relación tensa y cortante las acerca e intentar reconstruir, a través de diálogos y paisajes (terrenales pero también vitales), una vida, más que anterior, pasada, como si fuera otra vida, como si aquella tierra que tras años de olvido parecía casi un sueño, volviera de nuevo para penetrar en los poros de Sara e intentar hacerla comprender que los recuerdos son volátiles y cambiantes, que la visión de una niña o incluso una adolescente puede diferir si se analiza desde fuera, o desde la distancia que siembran los años. Y esta reconstrucción del pasado, que uno no sabe hasta qué punto es fiable, somete a Sara a un cuestionamiento sobre lo sucedido, sobre su versión del pasado, sobre su propia verdad.

No únicamente los recuerdos y la memoria son tratados en este libro, pues el peso de la guerra en la novela también es fuerte, incide en la identidad y carga el aire denso de un viaje en coche, porque la personalidad se forja a lo largo del tiempo, pero también se hiere, con recuerdos, con la lengua de una época que parecía olvidada y que ensucia el aire al utilizarla («miro el árbol y respiro poco a poco; no confío en el aire. Lo he ensuciado con mi lengua»). Así, con simplemente oír o pronunciar de nuevo su antigua lengua, Sara se transforma, recupera y rememora la chica que era hace años, en un acto reflejo inconsciente pero inevitable, en el que su personalidad se asocia a una lengua y a una tierra. Una guerra que para Lejla causa cambios de nombre, para pasar desapercibida, para aparentar lo que no se es, para tapar orígenes y esconder pasados. Y para Sara, cambiando de ciudad, de vida, para cambiar de identidad, para dejar atrás aquello que no se sabe asimilar, para reconstruirse partiendo de cero.

De esta manera, la llamada inesperada de Lejla ejerce de espoleta para iniciar esta historia de búsqueda, no únicamente del hermano, sino de una amistad, de una tierra, de un pasado; una búsqueda que las lleva a explorar su vida, recorriendo un tiempo y una tierra como cavando un túnel en la «madriguera» del conejo Carrolliano, sumergiendo la protagonista en un pozo oscuro que la llevará a explorar y redescubrir de nuevo su pasado. El ejercicio literario realizado por Bastašić es de una gran complejidad, pues utilizando elementos de la obra de Carroll (desde utilizar exactamente los mismos capítulos a sus múltiples referencias metafóricas e incluso textuales a «Alicia en el país de las maravillas») los utiliza para narrar su historia, una historia de dos amigas, pero también la historia de una tierra en un momento temporal realmente importante. Así hay varias capas de lectura que enriquecen el texto: guerra, identidad, amistad, recuerdos y memoria. Es, por tanto, un texto que requiere afrontarlo con la intención de explorarlo, para así poder cubrir todos estos aspectos.

Llegados a este punto es posible que penséis: con todo lo que contiene el libro en profundidad, en capas, en referencias, en estructura y planteamiento, ¿por qué no una mejor valoración? La respuesta es clara para mí, pero altamente subjetiva y radica en dos aspectos principales: la frágil sintonización con los personajes y el desarrollo de la trama. Y este último aspecto es, para mí, su principal punto débil: lo que en inicio es una virtud (la gran variedad temática que la autora pretende abordar) se puede convertir en un escollo si los temas que la autora quiere tratar pasan al primer plano y se deja algo de lado el mantener el interés por su línea argumental. Esta sensación se arrastra desde la mitad del libro y va in crescendo y a veces lo que se quiere explicar en capas más profundas no se sostienen plenamente en la capa argumental.

En cualquier caso, Bastašić ha escrito una interesante y profunda novela donde el territorio es más que un escenario, es el hogar (en su más profundo significado), el terreno donde Sara se pierde en más de una vez, como se pierde también en el camino que recorre a través de su memoria intentando encontrar las claves que den un sentido a un pasado que se hace cada vez más confuso a medida que avanza, intentando reconstruir un bildungsroman partiendo de una infancia, sobrevolando una adolescencia compartida y aterrizando en una edad adulta que comparte un poso de tristeza por la infancia desaprovechada, incompleta, perdida.

Hay que destacar el mérito de Lana Bastašić en escribir una novela que abre tantos frentes, plantea tantas capas de reflexión y establece paralelismos con otras obras, pues más allá de ciertas discrepancias, nos deja una novela que contiene mucho más de lo que una primera lectura puede sugerir y que reconozco haber estado tentado de empezarla de nuevo justo al terminarla para volver a sumergirme, como la propia Alicia, en las profundidades del mundo que contiene y conseguir así atrapar la liebre que se esconde, de manera escurridiza, en los recuerdos que albergamos.

También de Lana Bastašić en ULAD: Dientes de leche

martes, 17 de junio de 2025

Tom Sharpe: La gran pesquisa

Idioma original: inglés

Título original: The Great Pursuit

Año de publicación: 1977

Traducción: Mónica Martín Berdagué

Valoración: recomendable 

Por lo general, trato de huir de las novelas protagonizadas por escritores (propósito harto difícil de cumplir, pues muchos autores/as parecen pensar que no existe otro oficio digno de reflejarse en la ficción); ahora bien, otra cosa son los libros que hablan del mundillo literario -editores, agentes, e incluso la crítica-, que suelen resultar de lo más divertido, al tratarse de un tema bastante proclive al humor y la ironía... por no decir la sátira, como es el caso (1).

Este libro del gran Tom Sharpe, de hecho, trata del periplo de otra novela titulada, de forma digamos que un tanto grandilocuente, Deteneos, oh hombres, ante la virgen, que un buen día llega a la londinense agencia literaria Frensic & Futtle, remitida por un abogado de Oxford, ya que su autor o autora desea  permanecer en el más estricto anonimato, presumiblemente por el carácter escandaloso del libro, que narra el romance y, con particular detenimiento, las relaciones sexuales entre un adolescente y una señora octogenaria... Es decir, que se trata de una novela con unas extraordinarias posibilidades comerciales (en los años 70, cuando se publicó La gran pesquisa, la literatura con sexo en grandes cantidades y, a ser posible, algo escabroso, era la que más vendía... quiero pensar que es algo que ya no sucede), así que el agente literario Frederick Frensic monta toda una estrategia para conseguir sacar un pastizal por ella a la editorial americana Hutchmeyer. Con el pequeño inconveniente, claro está, que debe presentar a un autor que la firme y ponga la cara, por lo que Frensic echa mano de Peter Piper, un pobre letraherido al que lleva años representando -o, mejor dicho, no representando, puesto que no hay forma de colocar su novela autoficcional-, llegando a embarcarlo hacia EE.UU. junto a su socia, Sonia Futtle, para hacer la obligada promoción. Y aquí es cuando las cosas se comienzan a torcer de manera incontrolable y, más aún, imprevista, sobre todo cuando entra en escena la recauchutada, a la par que desquiciada, Baby, la esposa de Hutchmeyer. 

No voy a contar nada más, primero, porque no quiero hacer espoilers, pero, sobre todo, porque la trama de la novela se vuelve tan enrevesada y delirante que me resulta imposible resumirla. De todos modos, para quien le parezca todo un argumento inverosímil, recordemos recientes casos de escritores/as que han utilizado con éxito seudónimos para permanecer en la sombra, como Elena Ferrante o incluso quienes han sido representados en público por sosías, como ocurrió en la igualmente increíble, pero cierta, historia de J.T. LeRoy. Por lo que se refiere a la trama de esta novela, su premisa podría ser perfectamente plausible, aunque Sharpe, fiel a su estilo, la lleve hacia el más desaforado delirio humorístico, si bien es cierto, creo yo, que tampoco se trata del libro más desopilante de este autor. No obstante, posee la suficiente carga de humor y mala leche como para provocar no ya la sonrisa, sino más de una carcajada -en especial, al menos según mi opinión, los capítulos que se desarrollan en Bibliopolis, Alabama, villorrio de irónicamente apropiado nombre-; cierto es que se trata de un humor hoy en día un pelín incorrecto (o, en cambio,  correctísimo, tal y como pintan las cosas en el mundo, últimamente) y. así, encontramos ciertas dosis de lo que habrá quien considere homo y transfobia, rechufla hacia los pueblos oprimidos, bodyshaming -en especial, gordofobia, o como se diga-, recurrente edadismo y hasta burla a los sentimientos religiosos (2). No lo voy a negar, pero hay que tener en cuenta que se trata de una novela humorística de hace casi medio siglo y, sobre todo, de Tom Sharpe. Y a los libros de Tom Sharpe, ya se sabe, hay que venir llorado, meado y cagado. No queda otra.

En cualquier caso, lo más interesante de La gran pesquisa es que, además de ser una ácida sátira sobre el mundillo literario -repito: escritores, editores, agentes y hasta la crítica (3)- en ella encontramos también todo un juego metaliterario sobre la propia naturaleza de la literatura y su creación, hacia dónde debe encaminarse y por qué, etc. Que estemos ante una novela de humor de hace tanto tiempo no cambia las cosas, porque, de hecho, las cosas apenas han cambiado en todo este tiempo.

(1) Más aún ahora que estamos en plena temporada de Ferias del libro y eventos por el estilo, en las que al interés mercantil y político se une la egolatría de los juntaletras escritores /as, como bien se comenta en este vídeo que podéis ver en nuestro estupendérrimo canal de YouTube (sí, también tenemos uno, ¿qué os creíais?) 

(2) De racismo, en cambio, no hay trazas, quizás porque, como es bien sabido, Sharpe fue educado, durante su niñez y adolescencia, en las ideas nazis, que luego rechazó en su edad adulta, sobre todo tras emigrar por un tiempo a Sudáfrica... Lástima que no ocurra lo mismo con todos los personajes públicos provenientes de ese país, y no estoy pensando en nadie (o sí).

(3) Hoy en día habría añadido, supongo, a booktubers e influencers, con un especial hincapié en la obsesión por los likes y el número de seguidores en las redes, que determina muchas veces a quién se publica y a quién no.

Otras novelas del gran Tom Sharpe reseñadas en Un Libro Al Día: WiltLos GropeBecas flacasLo peor de cada casa

martes, 22 de diciembre de 2015

ULAD: Nuestros libros del 2015

Montuenga

Mejor novela del s. XX: Los reconocimientos, de William Gaddis
Mejor novela del s. XXI: Abril rojo, de Santiago Rocangliolo
Mejor thriller: Vestido de novia, de Pierre Lemaitre
Mejor novela iniciática: Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil
Mi gran descubrimiento: La escritura peligrosa de Tom Spanbauer en El hombre que se enamoró de la luna 
Mejor ensayo: La insensatez de los necios, de Robert Trivers
Mejor volumen de relatos: Extinción, de David Foster Wallace
Peor novela: 1914. El asesinato de Sarajevo, de Eladi Romero García
No he pasado de la cuarta página en: El día en que Nietzsche lloróde Irvin D. Yalom

Juan G. B. 

Novelón del año (en todos los sentidos): Los reconocimientos, de William Gaddis.
Sorpresa (se entiende que agradable): Londres después de medianoche, de Augusto Cruz.
Novela negra para-disfrutar-más-que-un-cochino-en-un-lodazal: Lennox, de Craig Russell.
Libros que me removieron las entretelas (y algo más): Poeta muerta, de Patricia Heras y La captura de Macalé, de Andrea Camilleri.
Mejor carta de navegación por los procelosos piélagos de nuestra época: La piel de la frontera, de Francesc Serés
Escollos evitados a tiempo: Lección de anatomía, de Marta Sanz y Un mal año para Miki, de José Ovejero.
Libros más preciosamente ilustrados: La vida de las paredes de Sara Morante e Ilustre Ruritania ilustrada de Ainize Santos y Santi Pérez Isasi (lástima de texto, en este caso).
Novela gráfica del año: Yo, asesino de Antonio Altarriba y Keko.
Publicación y recopilación del año (y obra maestra): Torpedo 1936 (integral), de Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet.

Santi
Novela española del año: Cicatriz de Sara Mesa
Novelón del año: El museo de la inocencia de Ohran Pamuk
Clásico del año: Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell
Descubrimiento del año: Anna Starobinets, en particular sus relatos.
Autor al que ya no daré más oportunidades: Patrick Modiano
Fenómeno literario del año: Elena Ferrante y su serie de novelas sobre Dos Amigas
Fenómeno literario que no entiendo: la seride de novelas Mi lucha Karl Öve Náusea 
Curiosidades literarias: En Nadar-dos-pájaros de Flann O'Brien y Viaje alrededor de mi cuarto de Xavier de Mestre 
Literatura y/o periodismo, a quién le importa: La agonía de Francia de Chaves Nogales y El fin del 'homo sovieticus' de Svetlana Aleksievich

Carlos Andia
Libro de viajes del año: En mares salvajes, de Javier Reverte
Novela apetecible 2015: Siete casas en Francia, de Bernardo Atxaga
Decepciones de mayor o menor rango: En la orillade Rafael Chirbes, y Retrato de un hombre inmaduro, de Luis Landero
Para sumergirse en la Historia: Los Austriasde John Lynch
Clásico recuperado (y con mucho gusto): Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán
Tocho superlativo del año: Las mil y una noches (la reseña, antes de fin de año)

Francesc Bon 

Un año en que publican dos de mis autores favoritos no debería ser malo. Aunque lo hagan con obras que quizás, no sean sus mejores. Pero si bien a Houellebecq todos los acontecimientos ajenos han contribuido a que Sumisión gane en relevancia, crezca en trascendencia y rabie de actualidad y, por lo tanto, sea indiscutiblemente la novela más importante del año y su lectura obligatoria. A su lado, y no por deméritos, Pureza palidece, aunque crece en el recuerdo, lo cual no está nada mal. No suelo ponerme al lado de los vilipendiados por el mero hecho de serlo, pero ¿Franzen? El mejor de los que lo despedazan, que escriba un párrafo como el peor de los incluidos en Las correcciones y entonces hablamos.
Un autor con el que repetiré: aparte de decenas de clásicos, creo que volveré a probar a DeLillo para ver si el brutal desequilibrio entre Ruido de fondo y Cosmópolis tiene algún matiz. Y caerá algún Faulkner más, supongo. 
De este año no pasa: que encuentre unas semanas para apartarme del mundo y lea El día del Watusi de Francisco Casavella.
El libro que marcó mi añoSumisión, y aún podría exponer una docena de nuevos motivos por los que seguiré defendiendo esta novela.
El accésitaunque plantee dudas sobre si son puntos de partida de una carrera o no, libros como Nuevo destino son auténticos ganchos en la quijada.
Una apuesta personalSantiago Lorenzo cambiando de registro o Jenn Díaz poniendo su brillante prosa al servicio de asuntos más carnales. Peligro de que estilo, por brillante y solvente que este sea, devenga encasillamiento, amigos.
Frustrado: por no poder aportar mucho nuevo aquí ya que prácticamente todo lo que he leído ha caído en ULAD. Sí que he reconocer que este año ha sido para mí más un año de editoriales que de autores. Cualquier cosa de Sajalín, muchísimas cosas de Malpaso y bastantes de Blackie Books y Asteroide,
Incomprensible: Anagrama convirtiendo en emblemas de su producción dos naderías como Blitz y También esto pasará.

Y, como siempre, emplazar a nuestros lectores a que aprovechen los comentarios para dejarnos sus listas, sus sugerencias, preferencias, filias y fobias. Que ya tardabais.

sábado, 30 de marzo de 2019

Ryan Roberts: Conversaciones con Ian McEwan

Idioma original: inglés
Título originalConversations with Ian McEwan
Traducción: María Antonia de Miquel
Año: 2019 
Valoración: Interesante

Antes de nada, debo advertir acerca de mi alto riesgo de subjetividad a la hora de hablar de Ian McEwan —ya que su escritura y su forma de mirar el mundo resuenan en mí de un modo especial— y, especialmente, a la hora de hablar de este libro —ya que tengo el placer de conocer a la traductora, María Antonia de Miquel—. Aun así, voy a tratar de aportar una visión lo más crítica posible. 

Resumen resumido: catorce entrevistas realizadas a Ian McEwan por diferentes personalidades del mundo de la literatura y la cultura (periodistas, escritores, etc…) en diferentes momentos a lo largo de cuarenta años de profesión. En ellas se tratan todos los temas que han marcado su obra literaria y su manera de entender el oficio de la escritura.

En general, tengo la opinión de que las recopilaciones de entrevistas a escritores más o menos consagrados se enfrentan a dos perfiles de lector: 
  1. El que NO tiene el menor interés por el autor o su obra y que, por tanto, no va a invertir su tiempo en leer ni una sola entrevista por mucho que alguien —en este caso, yo— se enteste en recomendarla. 
  2. El que SÍ tiene interés o curiosidad por el autor o su obra y que el único modo de que la lectura le decepcione es que las entrevistas sean previsibles, que el autor no se implique o que el editor no haya seleccionado el material adecuadamente. 
Y por todo lo que alegaba al principio, era altamente probable que Conversaciones con Ian McEwan no lograra saciar toda mi hambre de conocimiento, pero sí he disfrutado de su lectura. La entrega y la solvencia de Ian McEwan en calidad de entrevistado es indiscutible; al parecer concede muy pocas entrevistas pero en ellas se trasluce su enorme cultura y su curiosidad hacia el mundo que le rodea: la música, la ciencia, la geopolítica y, cómo no, la literatura: 
«(…) si algo hemos aprendido acerca de la literatura contemporánea es que no hay normas; no hay normas de gusto común. En una misma habitación puedes encontrarte con dos personas perfectamente inteligentes y cultas que hayan leído el mismo libro, y uno pensará que es un desastre de principio a fin, mientras que el otro opinará que es una obra maestra. ¿Cómo es posible que ni siquiera tengamos una opinión común de cómo ha de ser una frase bien hecha? No hay nada, no tenemos nada en que apoyarnos, y no sirve de nada intentar solucionarlo votando ese tipo de listas que sale en los periódicos.» 
Recuerdo lo abrumada que me sentí cuando leí La Frantumaglia, por el desarrollo y profundidad que Elena Ferrante le daba a todas y cada una de sus respuestas, pero se trataba de entrevistas realizadas por escrito. No es este el caso en el que, aunque hay una labor —necesaria— de edición, Ian McEwan expone unos argumentos de calado con una gran capacidad de comunicación y muchísima soltura. Y además, no tiene pelos en la lengua: 
«Pienso que la insistencia de los hombres por mantenerse en el poder, tanto en el ámbito de las relaciones sentimentales como en el social, está basada en el miedo, en un miedo a ser fagocitados, en un miedo que tal vez hunda sus raíces en haber dependido de una mujer cuando eran niños. No me explico qué otra cosa puede producir tantas violaciones, tanta violencia, si no es que hay algo en las mujeres que los hombres identifican como una amenaza a su existencia (…)» 
Por otra parte, Conversaciones con Ian McEwan me ha ayudado a comprender cómo alguien que escribe ese par de maravillas tan distintas que son Expiación (nota mental: no hay reseña de Expiación en ULAD) o Chesil Beach (imprescindible, contra lo que opinó en su momento mi colega Francesc), es capaz de escribir después otras de peor calidad y que, en general, se han considerado desacertadas. Y es que la trayectoria literaria de Ian McEwan suele generar controversia; los adjetivos se superponen —se dice de él que es «irregular» o que es un «artesano»– haciendo todavía más compleja su catalogación, si es que tal catalogación es posible. 

Mi conclusión tras leer estas entrevistas es que Ian McEwan es un escritor mucho más intuitivo de lo que parece, al menos en sus primeros pasos con cada obra, tal como describe su proceso creativo muestra una gran seguridad en esa brújula interior de la que tantos escritores hablan. Y a eso hay que sumarle que, a diferencia de otros, no repite una fórmula por muy bien que le haya funcionado, si no que está en continua evolución, en busca de nuevas formas de abordar lo que más le interesa: los conflictos en las relaciones personales, desde la escala más íntima de una pareja hasta la escala global de una guerra mundial. Que realice experimentos fallidos forma parte de su trabajo, como del de cualquier otro creador; quizá el problema esté en que dichos experimentos acaben publicados. 

Pero a pesar de todo lo dicho, hay una serie de aspectos en Conversaciones con Ian McEwan que me han resultado más flojos: 
  • Las entrevistas (incluso las más recientes) hacen en general más hincapié en las obras de los primeros años porque eran las, aparentemente, más controvertidas. En mi caso, por ejemplo, estoy más interesada en las obras más recientes que se mencionan mucho menos.
  • Algunos entrevistadores —escritores— plantean la entrevista como un tú a tú en el que ellos y sus experiencias tienen casi tanto protagonismo como el entrevistado.
  • Las disertaciones alrededor de los grandes temas (como la ciencia o la religión, por poner algunos ejemplos) están muy bien pero me ha faltado un poco más de concreción a la hora de vincularlos a la obra del autor.
  • Me hubiera gustado que alguien le preguntara a Ian McEwan a qué atribuía él las malas críticas recibidas por Cáscara de nuez, por ejemplo. Creo que las entrevistas cordiales también tienen que poder tratar las cuestiones menos cómodas y tengo que decir que eso no se produce en ningún pasaje de este libro.
Y no obstante, me reitero en mi valoración de interesante, creo que la mente de un buen escritor que se toma en serio su oficio siempre es un lugar digno de conocer, aunque sea de visita. 

jueves, 30 de julio de 2020

Andrea Abreu: Panza de burro

Idioma original: español (canario)
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy recomendable

Si despojásemos a Panza de burro de su ropaje de palabras (como si eso fuera posible) y la dejásemos en el esqueleto narrativo desnudo, correríamos el riesgo de subestimar esta novela. Decir, por ejemplo, que en realidad no cuenta casi nada: las pequeñas aventuras cotidianas de dos amigas (la narradora, de nombre desconocido, e Isora), en un barrio rural del norte de la isla de Tenerife a lo largo de un verano. Podríamos comparar la relación entre las dos amigas (la narradora, más tímida y parada; Isora, un torrente de energía y voluntad aunque con una corriente profunda de rebeldía y tristeza) con la creada por Elena Ferrante en su serie de novelas Dos amigas, por ejemplo; podríamos recordar otras muchas obras, películas o series que se desarrollan a lo largo de un verano y terminan cuando llega septiembre, u otras muchísimas que describen el final de la infancia, la pérdida de la inocencia, el despertar a la complejidad del mundo y a la sexualidad. Incluso podríamos hacer una referencia al (neo-)realismo o al naturalismo por el retrato del ambiente de pobreza en que se mueven los personajes, cierta tendencia a lo escatológico, o incluso por la reproducción del lenguaje coloquial y vulgar.

Pero nada de esto valdría de nada, porque, claro, es imposible e inútil separar una obra de su ropaje de palabras, y porque a partir de esos mimbres conocidos, Panza de burro se eleva (más allá de esas nubes bajas que aplastan a los personajes, se podría decir) hasta convertirse en una novela especial, cargada de belleza y sensibilidad, y sobre todo escrita con una voz narrativa particular y propia, brillante y luminosa.

Lo primero es la sensibilidad con la que el libro está escrito: resulta conmovedora la capacidad para crear poesía hasta en medio de, literalmente, la mierda; para indagar con delicadeza pero sin eufemismos en los pliegues de una amistad compleja y desigual, en el despertar a la sexualidad de las protagonistas (el deseo, la masturbación, las primeras experiencias compartidas) o en las desigualdades económicas y sociales del barrio y de la isla (el Sur como Eldorado al que vienen los turistas a dejar dinero y trabajo, las casas rurales para "estraneros"). Algunos capítulos de la novela, como "comerme a Isora" o "lo último que le queda a una" son pura poesía desatada, aunque en prosa; pero la misma poesía, mezclada con el humor y con la narración cruda aparece en todos los capítulos y en todas las frases del libro.

Un pequeño fragmento del capítulo "comerme a isora":
isora tenía los ojos verdes como un verdino verde como una mosca en agosto sobre el bocadillo de salpicón de atún en la playa de teno como una botella de vino vaciada la abuela de isora se enfadaba y le decía te vacio por dentro te vacio hoy bebo sangre tuya cachoputa isora tenía las tetas redondas y se le reventaron como la tierra cuando escupe una flor que primero pequeño luego grande la tierra de su pecho seca luego estrías la teta no le cabía en la piel y lloraba isora tenía pelos en el pepe y a veces se los afeitaba todos hasta el güeco del culo y le picaba el culo isora tenía un pelo negro tieso tupido como el cespe de mentira de las casas rurales en el pepe el pelo de isora olía a molino de gofio a almendras tostadas a pan bizcochado ver a isora llegar me hacía sentir tranquila como cuando escuchaba el potaje hirviendo a las doce y media [...]
Y luego, el aspecto más comentado sobre la novela, su lenguaje, o mejor, su lengua, su dialecto, su habla: el español de Canarias, del norte de Tenerife, de dos niñas millenials que viven en un barrio del norte de Tenerife. Una voz libre, fresca y creíble que escribe como habla, con una oralidad que no suena impostada o artificial, que se nutre de la onomatopeya, del localismo, de las deformaciones fonéticas ("Sinson" por "Simpson", "méssinye" por "Messenger"), de los préstamos del inglés como shit o bitch, o de referencias culturales como las telenovelas, Corazón corazón o el grupo Aventura (que yo, como buen abuelete desfasado, no conocía). Es un lenguaje crudo y de apariencia espontánea (que sin duda tiene una buena carga de trabajo detrás), pero de una belleza y una fuerza innegables. Una voz tan original que a mí, como a la editora Sabina Urraca, también me ha dado envidia al leerla: me gustaría saber escribir así.

Otro fragmento, para dar idea del tono y el lenguaje del libro:
Doña Carmen, usté hace la sopa magi, la de sobre?, le dijo Isora a la vieja. No, miniña, por qué? Dice mi abuela que la sopa magi es sopa de putas. Ah miniña, pues no sé. Yo la sopa que hago la hago de las gallinas que yo tengo. Doña Carmen estaba virada de la cabeza pero era buena. Casi todo el mundo la despreciaba, porque, como decía la abuela, tenía cosas de guárdame un cachorro. Doña Carmen se olvidaba de casi todas las cosas, pasaba largas horas caminando y repitiendo rezados que nadie conocía, tenía un perro con los dientes de abajo salidos pafuera, salidos pafuera como los de un camello. Perro sato, perro sato, jala y que te cargue el diablo, le decía. A veces le posaba la mano sobre la cabeza con cariño, otras le gritaba juite, perro, juite, perro del demonio. Doña Carmen lo olvidaba casi todo pero era una mujer generosa. Le gustaba que Isora la visitara.


Como la propia autora ha dicho en algunas entrevistas, escoger esta voz también es un acto político, quizás no tan explosivo o tan corrosivo como las novelas y las entrevistas de Cristina Morales, pero también decidido y reflexionado: escribir desde el margen, desde fuera de lo canónico o lo estandarizado; desde la periferia de una periferia: no solo afincando la voz en las Islas Canarias, siempre fuera de todos los mapas, sino desde un barrio rural y pobre en una colina alejada de los centros turísticos del Sur de Tenerife. También es política la forma como se presenta la presión que se ejerce sobre las dos chicas (y también sobre chicos que no se adecúan a lo esperable de su género, como es el caso de Juanita Banana), para que adapten y modifiquen su lenguaje, su comportamiento y su cuerpo para ser aceptadas. No es casualidad que comer, cagar y vomitar ocupen tanto espacio en el texto: las niñas piensan constantemente en lo que comen, y en lo que evacúan (por un lado o por otro), y en cómo eso afecta a su imagen y a su encaje en la familia y en la sociedad.

Ahora que se recrudece la polémica porque a los actores andaluces o canarios les piden (exigen) que oculten su acento, pienso que en la literatura española, de formas más sutiles, también los escritores en general han (hemos) borrado nuestros acentos, no solo en sentido geográfico / dialectal, sino en un sentido más general. Escribimos como si nuestros padres o nuestros profesores nos mirasen por encima del hombro, haciendo tschk, tschk, tschk con la lengua cuando nos salimos del renglón. Hemos aprendido, con el peso insistente de la tradición y de la crítica, lo que significa "escribir bien" (usar muchos adjetivos, una cierta distancia irónica, frases con muchas subordinadas, yo qué sé) y ahora todos "escribimos bien" (unos más que otros, claro), y es raro encontrar quien se salga del patrón o, mejor, quien mande el patrón a tomar viento y escriba como si no existieran ni la tradición ni la crítica.

No me extraña por eso que los referentes que Andrea Abreu menciona sean latinoamericanos (Rita Indiana, Pilar Quintana, María Fernanda Ampuero, Aurora Venturini, Leila Guerriero), todas ellas escritoras: no solo por la posición geopolítica y geocultural de Canarias como puente entre España e Hispanoamérica, sino también porque la tradición literaria hispanoamericana han experimentado mucho más con las voces y las lenguas que componen el lenguaje oral del continente (mientras leía Panza de burro me acordaba por ejemplo Junot Díaz y su Oscar Wao); y porque las mujeres, tantas veces subordinadas o subalternizadas en el canon y la historia literaria, también han tenido que encontrar una voz propia, que no clonase la voz que los escritores hombres, y los críticos hombres, decían que era la forma correcta de escribir. (Recuerdo una reflexión de Aixa de la Cruz en este sentido en Cambiar de idea, que espero no estar malinterpretando).

Eso es lo que ha hecho Andrea Abreu en Panza de burro: borrar o ignorar la forma como se debe escribir literatura española, y escribir como si la lengua hubiera nacido ayer y estuviera todo por descubrir y por escribir. Como si no hubiera nadie mirando por encima del hombro. Por eso he disfrutado con su lectura como si estuviera descubriendo un lenguaje nuevo (y quizás es eso exactamente lo que estaba pasando). Porque es diferente, y rompe y refresca. Y porque da envidia y ganas de escribir.

martes, 15 de diciembre de 2020

Igort: 5 es el número perfecto

 Idioma original: italiano

Título original: 5 è il numero perfetto

Año de publicación: 2002

Traducción: Carlos Mayor

Valoración: recomendable


Hace poco escribí en este blog la reseña de una novela gráfica, Sordo, que recientemente se ha convertido en película. Pues bien, es el mismo caso de ésta otra, del italiano Igort, publicada allá por el 2002, aunque con la curiosidad de que es su mismo autor quien dirigió la adaptación cinematográfica en 2019. Ahora, con motivo del estreno de la misma en una plataforma audiovisual, el libro se ha vuelto a reeditar en España en este singular 2020.


La trama de 5 es el número perfecto se desarrolla en el Nápoles de 1970, y cuenta una historia de venganza y redención protagonizada por un sicario de la Camorra retirado, Peppino lo Cicero (interpretado en la película, al parecer, por el gran Toni Servillo), que recorre la ciudad -una Nápoles insólitamente lluviosa y desierta- repartiendo muerte cual un Clint Eastwood de spaguetti-western o un rōnin traicionado por su antiguo señor... -la mención a este último arquetipo no es gratuita, pues Igort comenzó este libro cuando vivía en Japóny, como explica en una entrvista añadida en esta nueva edición, las novelas gráficas aún eran una modalidad incipiente en el mundo de la historieta; más todavía en los fumetti italianos-; aunque para ser fiel a la verdad, hay que señalar que peppi lo Cicero sí cuenta con alguna ayuda en su peripecia: la de un viejo camarada camorrista, Salvatore, la de Rita, un antiguo amor que lleva veinte años esperándole, la de un matasanos de la Camorra y la de Ciro, un amigo de su hijo... Un grupo de cienco outsiders, si se quiere, aunque no sea a ese 5 al que se refiere el título (o quizá, también).

La historia que nos cuenta esta novela gráfica sería pues un noir (o giallo, en este caso)"crepuscular", por emplear el tópico... Pero, aun si obviar su evidente interés en este sentido, lo más destacable, en mi opinión, es el aspecto gráfico de la misma; no tanto en lo que respecta al dibujo en sí, de aspecto, en general, que parecentan sólo abocetado -curiosamente, los bocetos a lápiz que se incluyen en el contenido extra  resultan más pulidos que la historieta acabada-, sino a la composición de la página, los encuadres de cada plano... es decir, viñeta y, sobre todo, el dramatismo conseguido por medio del empleo de tan sólo tres tintas, o, mejor dicho, dos: negra y azul, junto con el blanco, que contribuye a crear decisivos efectos lumínicos. Aunque lo más interesante quizá sea el escenario donde se desarrolla la acción: como ya he mencionado, una Nápoles azotada por la lluvia y casi desierta, extraña para quien no conocemos la ciudad y la recreamos desde el tópico; la ciudad se convierte aasí en un escenario con aire de "pintura metafísica" donde evolucionan los actores del drama, sin perder, de todos modos su idiosincarsia peculiar, la de la ciudad omnívora y cruel, pero también vibrante y generosa que tantas obras y autores han querido y sabido plasmar, desde Anna María Ortese a la actual Elena Ferrante, pasando, cómo no, por Roberto Saviano, un escritor que bien podía haber firmado el guión de esta historieta... aunque quien sabe si ésta no sería también uno de los acicates que le impulsaron a escribir su estremecedora Gomorra.



Otros títulos de este autor reseñados en Un Libro Al Día: Cuadernos rusosCuadernos ucranianos 

viernes, 18 de mayo de 2018

"Los antepasados" de Mary Ann Clark Bremer: Misterio + Reseña

Idioma original: inglés
Título original: Notebook III - The Ancestors
Traductor: Hugo Bachelli
Año de publicación: ???
Valoración: recomendable


EL MISTERIO

Compro este libro en uno de mis viajes a Bilbao, porque es cortito y porque parece interesante. Lo leo unos meses después; me gusta, aunque con algunos altibajos (de los que hablaré luego). Empiezo a pensar en la reseña para ULAD, busco información sobre la autora en Google, y no encuentro nada. Y cuando digo nada, digo absolutamente nada. La única información que existe sobre esta autora es la que ofrece la propia editorial Periférica.

Mary Ann Clark Bremer no tiene página en ninguna Wikipedia. En páginas como WorldCat, Google Books o Amazon los únicos resultados relevantes que aparecen son los referentes a las ediciones españolas de sus obras, en Periférica. Hago diferentes búsquedas, con comillas, sin comillas, solo los apellidos, busco el supuesto título original, con comillas, sin comillas, con números romanos y arábigos. Nada.

Ante este vacío absoluto de información en los tiempos de la sobreinformación, es fácil pensar que estamos ante un nuevo caso "Elena Ferrante", o por decirlo con más propiedad, ante un nuevo "Ossian", que está intentando hacer pasar por traducciones obras en realidad originales. No soy el primero en pesarlo: Hilaro J. Rodríguez en un artículo en El Cuaderno ya apunta esa posibilidad. Tendría gracia si fuera así, y desde luego habría que elogiar la capacidad creativa de quien ha inventado una escritora judía-americana de mediados del siglo XX y una obra autobiográfica cada vez más extensa.

Sin embargo, desde la editorial Periférica me confirman, por email, que Mary Ann Clark Bremer es real; que lo que dice la solapa del libro es verdad: que se trata de una escritora "secreta", que en vida publicó bajo diversos seudónimos, y cuya obra autobiográfica inédita, organizada en forma de diarios o cuadernos, llegó a las manos de los editores de Periférica de forma casi accidental. Tanto la autora como los herederos son muy pudorosos en relación con estas obras, que hablan de aspectos íntimos y familiares, de ahí que solo se pueda publicar una pequeña parte del legado de la escritora. De ser así, el misterio no sería tan misterioso, aunque sí es una pena que una escritora de una sensibilidad indudable haya pasado tan desapercibida.


LA RESEÑA

Periférica ha ido publicando las novelas cortas (entre 60 y 90 páginas cada una) de Mary Ann Bremer (Una biblioteca de verano, Cuando acabe el invierno, El librero de París y la princesa rusa y Una pasión parecida al miedo), reunidas posteriormente en el volumen Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos. Los antepasados, como explicaba en el párrafo anterior, es uno de los "cuadernos" de memorias o diarios de la escritora, que en este caso se dedica a sus antecedentes familiares, con especial atención a las mujeres que la precedieron (y en este sentido, el masculino genérico del título, "antepasados", resulta algo traidor).

A pesar de su brevedad, creo que la obra puede dividirse en tres partes: en la primera (secciones "Cantar" y "Josephine y las lamentaciones"), la escritora se remonta a la historia de sus bisabuelos, Ann y "el Ruso", y de su tía abuela Josephine, sensible, sufragista y suicida. Estas secciones, en las que se cuenta en capítulos brevísimos y con una delicadeza maravillosa la historia de unas personas cubiertas de preguntas quizás sin respuesta, son las mejores del libro, en mi opinión.

La segunda parte, ocupada por las secciones "Declaración de sentimientos", "Musicalische Sterbens-Gedancken" y "Polifonía (Eclesiastés)", cambian el foco, que pasa a centrarse en la propia escritora durante su estancia en Suiza: sus rutinas y entretenimientos, las cartas intercambiadas con familiares de Estados Unidos, su dolor por la pérdida de su esposo Saul, sus reflexiones sobre la vida y la muerte... El diálogo con los antepasados (las antepasadas) no está completamente ausente, pero es mucho más marginal que en la primera parte, y por eso también esta segunda parte me ha interesado menos.

La tercera parte, más breve, titulada como el libro, "Los antepasados", recupera los personajes del principio (el bisabuelo Ruso, la bisabuela Ann, Josephine...), e intenta explicar alguno de los misterios que habían quedado abiertos. Cierra así, de forma circular, muchos de los temas abiertos al inicio. Siendo mucho más breve, esta sección es un cierre perfecto para el libro.

Esta obrita tan corta (78 páginas, unas cuantas de ellas ocupadas por títulos de sección) es una lectura perfecta para una tarde de descanso, para un viaje no demasiado largo, para llevar encima y leer en el metro, a tragos cortos. La prosa de Mary Ann Clark Bremer es poética y sencilla, muy influida por las lecturas de la Biblia (en este caso, el Cantar de los Cantares y el Eclesiastés), sensible sin ser melodramática. La parte intermedia del libro, que entraría en el género tan traído y llevado de la "narrativa del yo", me ha interesado algo menos, me ha parecido menos original, pero en cambio la primera y la tercera partes me han atrapado y encantado.

Creo que habrá que seguir atentos a Periférica, a ver qué otras joyas consiguen sacar del baúl de los herederos de Clark Bremer. Y si algún día descubrimos que era mentira, que Clark Bremer no existe, o que en realidad es un señor gordo y barbudo de Motilla del Palancar, en el fondo no pasará nada, porque lo que hayamos disfrutado leyendo sus obras no nos lo quita nadie.