Mostrando las entradas para la consulta Lolita ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Lolita ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de octubre de 2009

Vladimir Nabokov: Lolita

Idioma original: inglés
Título original: Lolita
Fecha de publicación: 1955
Valoración: Muy recomendable

Vale, hoy me voy a poner con Dolores Haze, más conocida como Lolita...Ya me ha costado.

La verdad es que es una tarea harto difícil hablar de un libro que no es sólo una obra maestra de la literatura universal, sino que fue todo un escándalo en su época, y mucho me temo que en estos tiempos que corren (cuando la barrera que separa la requete-reivindicada Libertad y lo Intolerable es cada vez más anoréxica) tampoco pasaría precisamente desapercibido.
Sin ir más lejos, una amiga me ha advertido de que uno de los "Temas relacionados" que apunta la Wikipedia en su página sobre Lolita dice "Pedofilia". Sin palabras...

Además, la presuntamente lasciva niña de Nabokov tiene el dudoso honor de haber bautizado a todo un género femenino (en mi opinión, existente en el subconsciente erótico masculino que no en el mundo real): el de las lolitas, chicas pre-adolescentes con maneras y encantos más propios de veinteañeras; sugerentes criaturas (nínfulas las llama el autor ruso) que se dedican, de forma aparentemente inconsciente pero pérfidamente dolosa, a despertar la líbido de los machos maduros que las rodean.

Me explico, ¿no? Hablo de las lolitas de toda la vida, vamos. Aquí van unas cuantas concedidas por el cine: Jodie Foster en Taxi Driver, Brooke Shields en la terrible La pequeña (oda a la pederastia pese a que en teoría sea una "crítica a"), Natalie Portman en Beautiful Girls...Sin embargo, las dos genuinas Lolitas que nos ha regalado la pantalla en las adaptaciones de la novela que hoy me ocupa, me han resultado dos sendos fracasos: Sue Lyon y Dominique Swain. Qué manía con no respertar las descripciones físicas de los libros, ¿tanto cuesta dejar a Lolita castaña de ojos grises?

Y bueno, para los que aún no lo sepan: Lolita va de un viejo que se lía con una cría de doce años...No, en serio, no vayamos a la banalidad, aunque muchos harían una sinopsis así...

El atormentado profesor Humbert Humbert se encapricha perdidamente (ojo, digo "encapricha" que no "enamora") de una cría de doce años sin padre, la hija de la señora de la casa donde se aloja. La niña, extraordinariamente incitante, provocadora y precoz (según él), le recuerda a una novia que tuvo de joven y que murió, Annabel (bravo por el homenaje a la Annabel Lee de Poe).

Su obsesión por la nínfula hará a Humbert casarse con la madre de Lolita, cargársela después, y ya libre, llevarse a la niña por ahí en plan padre/amante, de hotel en hotel primero, hasta ubicarse de forma más o menos estable en ciertos lugares "civilizados", donde Lolita estudiará en el colegio por las mañanas y se acostará con su falso padre por las noches. Y todo, sin haber cumplido los dieciocho. Pero los problemas no tardarán en llegar...Les dejo la sorpresa.

Escándalo, esto es un escándalo..., dirían los primeros que leyeron esta novela. Y vamos, que sí: que Nabokov, el ruso que escribía en inglés, armó la marimorena con esta historia pero, al parecer, no le fue tan mal, ¿no?

La mejor reacción ante los que pusieron a caldo el libro fue la del propio autor.
A los que le acusaban de justificar la pedofilia (que lea esto Polanski si en la cárcel tiene Internet y se mete en unlibroaldia), Nabokov les contestó algo así como: "No han entendido nada. Lolita sólo es una pobre niña". O sea, lo que yo me imaginaba: Lolita no es una cría "sucia", "sucio" y paranoico y asesino es Humbert Humbert por mucho que sea profesor y amara a una musa de Poe.

Análisis de este turbio tipo aparte, Lolita es un gran libro narrado en primera persona, desde el punto de vista de Humbert, con un lenguaja intimista y poético (que hace las escenas eróticas con una imberbe más llevaderas), un ritmo perfecto en el que la trama sigue su curso natural sin quedarse corta ni larga, y un manojo de descripciones de tipos humanos francamente loables.

Un buen libro que merece la pena leer.

Ah: y Dolores viene del dolor que provoca, al parecer, el amor. Y Haze es bruma, neblina, más propio de una idealización romántica que de terrenal y cálida carne. Ahí, Nabokov se fue por las nubes...

También de Nabokov en ULADPninEl original de Laura

lunes, 25 de febrero de 2019

Malditas cubiertas: «Lolita» de Vladimir Nabokov

Sesenta años después de su publicación, Lolita sigue generando controversia. Si a eso le sumamos que en 2.018 (el año del #MeToo) Anagrama reeditó su «biblioteca Nabokov» y puso en crisis sus propias cubiertas de este clásico indiscutible, el resultado es que las redes están on fire y que no se puede añadir nada que no se haya dicho ya. Pero en ULAD somos como somos, el próximo 1 de marzo celebramos nuestro décimo aniversario y además, siempre intentamos darles a nuestros lectores una visión genuina sobre cualquier cuestión relacionada con libros o literatura. Por lo que aquí va otra entrega de nuestra serie MALDITAS CUBIERTAS.

Así como la profusión de cubiertas fallidas de Marianela estaba propiciada por haber faltado a la condición necesaria de leer la novela, las cubiertas de Lolita nos ponen frente al dilema de dilucidar qué es más grave: si el hecho de no leer (por ignorancia o por desidia) o el hecho de sí leer pero no enterarse de un carajo. Por ello, las cubiertas de Lolita recopiladas a continuación se agrupan según lo que cada editorial debió entender en su momento sobre la historia y su protagonista.

1. PELIGRO: FINCA VIGILADA POR NÍNFULAS
Todavía hay quien tiene serias dudas a día de hoy de que Humbert Humbert fuera realmente un puto pederasta de mierda (en adelante, PPM) y no un pobre hombre con una digamos— alta sensibilidad hacia la belleza femenina en fase infantil, enamorado sin remedio de una nínfula lúbrica y manipuladora. Y tal vez por eso, el mercado está saturado de ediciones de Lolita que muestran todo el abanico de actitudes que, efectivamente, adoptan las niñas cuando se encuentran a solas con un hombre adulto al que apenas conocen.

a) Las que sonríen complacidas al sentirse observadas o sostienen la mirada con coquetería.
b) Las que se exhiben abiertamente.
c) Las que adoptan la actitud de una mujer adulta que ha pasado demasiado rato sentada junto al brasero.
Viendo esto, podría pensarse que, de ser más explícitos, Lolita acabaría en los estantes de «revistas para adultos», sin embargo…

d) …la industria editorial no pudo resistirse ante semejante nicho de mercado y además ¿Quién dice que el gremio del transporte pesado por carretera no lee? 

2. CUANDO UN DEDO APUNTA AL CIELO... 
Como algunas voces argumentaron que las Lolitas lúbricas no reflejaban en absoluto el verdadero conflicto de la protagonista, las editoriales pusieron a trabajar a sus departamentos de I+D. Estos concluyeron que el conflicto de Lolita no era otro que el de una pobre niña víctima de sus propias hormonas de crecimiento. Porque, como todo el mundo sabe, cuando una se halla en esa frontera incierta donde la niñez da sus últimos coletazos, el cuerpo cambia a tal velocidad que obliga a enfrentar auténticas situaciones límite.:

a) Creces tan rápido que te ves obligada a hidratarte los labios constantemente para que no se te queden como una mandarina pelada.
b) Creces tan rápido que tu ropa encoje, ya no sabes ni el pie que calzas y a veces hasta tienes que recurrir al armario (y las pelucas) de tu vecina, la artista de variedades. 
c) Creces tan rápido que necesitas ingerir grandes cantidades de azúcar (desnuda) para que no te dé una hipoglucemia. 

Por incomprensible que parezca, muchas de estas ediciones fueron igualmente a parar a los estantes de «revistas para adultos».

3. PELIGRO: FINCA VIGILADA POR METÁFORAS 
En vista de los problemas suscitados con la representación del personaje de Lolita, algunos equipos creativos optaron por evitarla valiéndose de metáforas visuales: 
Por lo que se puede observar, Lolita es una bella mariposa que vuela (ejem) libremente y para la que la vida está pintada de color (ejem) rosa. Un día se va a Pachá y toma algo que no le sienta demasiado bien y empieza a tener visiones de fresones —unos enteros y otros partidos— que revolotean a su alrededor por lo que decide comprarse un refresco en una máquina de autovending pero, sin saber muy bien cómo, acaba (desnuda) dentro de la máquina. Enigma resuelto.

4. LO-LI-TA 
Tras la crisis de las Lolitas lúbricas y de las metáforas visuales, la desesperación llevó a alguien a utilizar una ouija para pedirle a Nabokov su sabio consejo. La respuesta resultó reveladora: «Leed la primera página, zánganos».

5. DOS PIERNAS
La vida editorial de las cubiertas «LOLITA» fue bastante corta porque, como dijo algún editor: la gente no se compra una novela para que esté toda llena de letras. Y se decidió que la mejor manera de mostrar a Lolita sin asumir riesgos era mostrando únicamente sus dos piernas. Porque, como todo el mundo sabe, la vida de una niña no da un vuelco atroz porque su madre se case con un PPM, si no por la maldita desgracia de haber nacido con dos piernas y de insistir constantemente en llamar la atención con ellas. 
Es por eso que Spiderman no se cansa de advertirles a todas las niñas con dos piernas que tener dos piernas implica una gran responsabilidad.

6. QUE ALGUIEN LLAME A LA IMPRENTA 
Ya hemos comentado este fenómeno en otra ocasión, y si una editorial puede cometer el despiste de publicar una porquería de novela y dejar en el cajón una potencial joya de la literatura, ¿por qué no puede publicar una novela con la portada de cualquier otra obra? 
1. Los chicos del maíz (Stephen King) 
2. Desayuno con diamantes (Truman Capote) 
3. Descalzos por el parque (Neil Simon) 
4. 50 sombras… 1, 2 y 3 (E.L. James) 
5. ¿Mujer raruna en atmósfera onírica? Algo de Murakami. 
6. Cualquier novedad chick-lit que te hará recobrar tu fe en el amor. 

7. DE PASTA DE BONIATO ME DEJAS, NABOKOV 
Porque Nabokov siempre sostuvo que Lolita era una pobre niña inocente que actúa sin imaginar que está siendo acechada por un PPM. Pero la opinión de Nabokov resultó ser tan poco relevante que llegó un momento (coincidente con el de su muerte) en que él mismo dejó de insistir en el asunto. Aún así llegaron al mercado algunas ediciones con cubiertas de niñas abstraídas en sus cosas de niña:
Sin embargo, estas estampas de infancia anodina no contentaban a aquellos que insistían en ver algo «feo» en la historia de la dulce Lolita, así que la industria editorial puso en el mercado unas cubiertas algo más incisivas, con la esperanza de congraciarse con dicho colectivo de titiriteros alborotadores: 
1. La ninfa mitológica que toca la flauta sin saber que en cualquier momento aparecerá Zeus disfrazado de toro o de cisne o de pizza-pepperoni con el objetivo de «raptarla».
2. La muñeca sin voluntad ni albedrío.
3. El rostro de una niña que apela al lector con su mirada triste. 
4. Una flor deshojada. Reconozco que es una metáfora muy manida pero hay que ver lo bien que se ajusta al caso. 
5. El encierro en una habitación rosa / Unas braguitas y dos piernas.

Y, ya para terminar, están esas cubiertas que no se andan con sutilezas y que no hace falta que nadie explique: 

La conclusión final no puede ser otra que la de culpar a Nabokov de tanta confusión. Nabokov y esa manía de escritor por seguir a rajatabla la norma narrativa que afirma: no lo digas, muéstralo. Porque si Nabokov hubiera dicho textualmente en sus páginas que Humbert Humbert era un PPM, nadie se habría quedado con la duda. Eso sí, Lolita tampoco sería un clásico indiscutible de la literatura tal como hoy la conocemos.

(Nota 1) Aunque no lo parezca, no podría haber escrito tantas tonterías juntas sin haberme documentado antes y por eso he leído CASI TODO lo que se había publicado en la red. Para ello he contado con la gran ayuda de una amiga documentalista (A. Cornet) que se mueve por internet con una gracia y una eficiencia que quitan verdaderamente el «sentío»
(Nota 2) La mayoría de las cubiertas que aparecen en el post están recogidas en esta página web. En ella figura el país, la editorial y el año de edición de cada una. 

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Sara Mesa: Cara de pan

Idioma original: español
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

Campaña mediática. 
Reconozco que empecé a leer Cara de pan con alguna prevención: durante las semanas (incluso meses) previos a que la novela se publicase, proliferaron tanto los mensajes en las redes sociales y en los medios afirmando que era el libro del año, de la década, ¡del siglo!, que me pareció que estábamos ante una campaña de marketing orquestada por la editorial con la complicidad de sus amigotes. La última vez que vi una campaña semejante para una novela española fue con Intemperie, de Jesús Carrasco, que parecía que iba a inventar la literatura, y que, sin ser una mala novela, sobre todo como ejercicio de estilo, no era para nada la maravilla del toreo que nos habían vendido.

O sea, que estaba con la mosca detrás de la oreja. ¿Estábamos todos siendo víctimas de una campaña publicitaria brutal? ¿El capital económico intentaba hacerse pasar por capital simbólico? ¿Un producto comercial por un producto artístico? Lo mejor para responder a esas preguntas era leer la novela, y eso he hecho, y la respuesta es que no: independientemente de la campaña de marketing, Cara de pan es una gran novela.

Lolita.
La figura de Lolita (casi tanto o más que la novela de Nabokov a la que da título) ha ocupado un lugar relevante en el imaginario y en el debate feminista de los últimos años. Desde aquel artículo de Laura Freixas, que fue tan mal leído y entendido por algunos como la propia novela de Nabokov por otros, el personaje de Lolita ha dado título a artículos, debates, mesas redondas, e incluso a la primera novela de Luna Miguel. Esto viene a cuento porque la idea de Lolita, o mejor, de la lolita con minúscula (la nínfula que se relaciona con un hombre mucho mayor que ella) está también en la base de Cara de pan: en ella una niña, Casi, conoce en un parque a un hombre, el Viejo, y comparte con él conversaciones sobre pájaros, sobre Nina Simone, y poco a poco sobre otros temas más privados, hasta crearse entre ellos una complicidad frágil y extraña.

No quiero decir que Cara de pan sea una consecuencia directa de estos debates sobre Lolita; la propia autora aclara que el germen de la novela está en un relato anterior, "A contrapelo", publicado en la antología Riesgo (2017), pero se podría rastrear incluso más allá: ya en Un incendio invisible, primera novela de la autora, la relación entre el protagonista Tejada y la niña que se hace llamar Miguel podría considerarse un esbozo o borrador del tema de esta novela.

En cualquier caso, hay una diferencia fundamental entre Lolita y Cara de pan: mientras que la novela de Nabokov es moralmente transparente (Humbert Humbert, por mucho que se intente justificar ante el lector, es un  violador, un pervertido egocéntrico y manipulador), Cara de pan es moralmente ambigua, o quizás sería mejor decir: amoral. No se plantea la relación entre Casi y el Viejo en función de lo bueo o lo malo, lo socialmente aceptable o lo políticamente correcto, sino en función de la psicología de dos personajes que intentan escapar de sus respectivas soledades y se encuentran en un refugio vegetal, un paraíso siempre en peligro de ser invadido por la realidad.

Fluir.
Dos personajes, un espacio (casi) cerrado, las conversaciones entre esos dos personajes, la evolución de su relación. Conseguir sostener una novela, aunque sea una novela relativamente breve como esta, con tan pocos elementos, no está al alcance de cualquiera. En la literatura española reciente, creo que solo Iván Repila consiguió algo parecido en El niño que robó el caballo de Atila. Lo cierto es que, aunque en la segunda parte de la novela se rompa ligeramente esta burbuja con la aparición de nuevos personajes, nuevos espacios y nuevas situaciones, la novela consigue crear un microcosmos narrativo alrededor de los dos protagonistas y su improbable relación.

Y otra cosa que consigue Sara Mesa es que la novela fluya de forma natural, con una gradación obviamente muy trabajada y meditada. Quizás sea un poco artificial, y también un poco tópica, la progresiva revelación del pasado del Viejo, o de las circunstancias vitales de Casi, pero al mismo tiempo es una forma de mantener la tensión narrativa y el interés del lector en un relato en el que no sobra la acción.

La novela fluye, el argumento fluye, el estilo, sin ser lo más importante (como pasa siempre en las novelas de Sara Mesa) funciona con este fluir de la novela. Y también fluye la carrera de Sara Mesa, que ya se ha colocado entre las primeras, o la primera, representante de su generación. Que tenga el apoyo mediático y comercial de Anagrama sin duda no la perjudica, pero tampoco hace de ella un simple producto. No sé lo que la historia literaria, con el paso del tiempo - de las décadas o los siglos - dirá de la literatura española de estos años, pero parece que Sara Mesa, como Elvira Navarro, Belén Gopegui o Marta Sanz, tendrán derecho a un capítulo en esa historia.

Otros libros de Sara Mesa en Un libro al día.

viernes, 19 de junio de 2009

Azar Nafisi: Leer Lolita en Teherán

Idioma original: inglésReading Lolita in Tehran

Título original:

Fecha de publicación: 2003
Valoración:
Está bien

Ahora que Irán vuelve a estar tristemente de actualidad por las revueltas que han seguido a la (discutida) victoria en las urnas de Mahmud Ahmadineyad, parece aconsejable informarse, aunque sea superficialmente, de cómo hemos llegado hasta aquí, y para eso quizás nada mejor que leer algunos de los libros que han narrado la complicada historia del Irán moderno en los últimos años. Entre ellos están la famosa novela gráfica Persépolis, de Marjane Satrapi (de ella hemos reseñado aquí Pollo con ciruelas) o esta novela, Leer Lolita en Teherán, que nos acercan a la época de la Revolución iraní de 1979, la guerra Iraq-Irán y la instauración de la República Islámica actual.

Leer Lolita en Teherán es, como Persépolis, una historia autobiográfica escrita por una mujer, en este caso Azar Nafisi, una profesora de literatura inglesa de la Universidad de Teherán que actualmente reside en Estados Unidos. Ilusionada inicialmente por la Revolución, que anunciaba tiempos de libertad y apertura, Nafisi pronto se vio decepcionada por el giro islamista y autoritario del régimen, bajo el ayatollah Jomeini, y en 1981 tuvo que abandonar sus clases en la Universidad por negarse a llevar velo. Es entonces cuando decide montar un "club de lectura" con siete de sus mejores alumnas, con las que comentará las obras de Scott Fitzgerald, Henry James, Nabokov o Jane Austen que sirven de contrapunto e hilo conductor de la narración.

Lo más interesante de Leer Lolita no es, por lo menos para mi gusto personal, la anécdota individual de la autora, sino la ambientación histórica, la presentación de los conflictos de las mujeres y los jóvenes protagonistas en la República Islámica. A ratos, el libro resulta algo lento, y al comienzo recuerdo que me costó engancharme, pero la descripción de la revolución, la guerra y la instauración de la República Islámica me parecieron apasionantes.

Naturalmente, tratando de un tema tan candente, la obra de Nafisi no ha escapado a la polémica. De hecho, ha sido acusada de ser una obra colonialista (aunque de origen iraní, como Pastrani, Nafisi estudió en el extranjero, concretamente en Reino Unido y Estados Unidos, antes de volver a Irán) y neoconservadora. Incluso, un furibundo crítico de la Universidad de Columbia la acusó de ser un instrumento de propaganda de la administración Bush en preparación para su invasión de Irán. Estas críticas, que en mi opinión son exageradas e injustas, sí encierran en cambio una verdad: el que la novela estuviera durante más de 100 semanas (casi dos años) en la lista de los más vendidos del New York Times se debe sin duda, al menos en parte, al hecho de que la novela -escrita originalmente en inglés, por cierto- ofrece una visión que encaja perfectamente con la concepción occidental del régimen de Ahmadineyad en concreto, y del islamismo radical en su conjunto.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Lolita Bosch: Tres historias europeas

Idioma original: catalán
Título original: Tres històries europees
Año de publicación: 2005
Valoración: Desconcertante-decepcionante

Quiero valorar el libro sin resultar hiriente, a ver cómo lo hago. Tres historias europeas es un libro que reúne justamente tres relatos, cuyo nexo en principio es que se desarrollan en Europa, aunque la verdad podrían situarse en cualquier otro lugar.  Quizá podríamos encontrar alguna otra conexión, aunque no en todos ellos, porque este libro es algo bastante raro, y voy a intentar explicarlo.

El primero de los relatos se titula Pingüinos. En plan sinopsis se puede decir que se trata de un médico eslovaco que vive en Budapest y que defiende algunas tesis algo heterodoxas, lo que provoca la repulsa de sus colegas de profesión. Tal vez por ello emigra un tiempo a un lugar indeterminado de las montañas del norte de su país, y regresa luego con un supuesto tratamiento para curar la ceguera. De alguna forma que tampoco conocemos tiene éxito con una única paciente, que recupera la vista. Y ya está. No hay más. Todo lo demás (unas 60 páginas) es dar muchas vueltas a lo mismo, del derecho y del revés, contando cosas por completo irrelevantes sobre los padres y abuelos del médico y su paciente, el hijo perdido por la mucama de esta última, una institución norteamericana para ciegos, el hombre que cazó el pato salvaje que la ciega degustó en cierta ocasión, el científico ruso que descubrió los síntomas de la pleuresía, su padre, su hermano. 

Acepto gustosamente que el autor de un libro prescinda de un patrón cronológico, que nos presente imágenes con una técnica de espejo roto, está bien forzar al lector a construirse la historia con materiales dispersos. Pero al menos hay que pedir que estos no sean absolutamente inanes, que tengan algún sentido, que le den cuerpo, color, ritmo, algo. En este caso, todo lo que cuenta Lolita Bosch es prescindible, uno pasa página tras página esperando que algo empiece a encajar, que avancemos hacia alguna parte, y solo se encuentra comentarios, retazos sueltos que no conducen a nada en absoluto. No nos interesa lo más mínimo el doctor Gladov-Klass ni sus padres, ni el hombre que cazó el pato, ni el doctor Svaty, ni su hija, la hermosa Mónica.

Porque esa es otra. La ciega que recuperó la vista no es Mónica, ni Mónica Svaty, ni la paciente, es siempre la hermosa Mónica. Una y otra vez. Como Bratislava es siempre Bratislava de Eslovaquia (¿), o los barrios originarios de Budapest son siempre –pero siempre, siempre- la bella Pest y la abandonada ciudad de Buda (¿?). Uno, que es generoso y además admira a quien es capaz de escribir un libro, intenta buscar en ese dudoso recurso estilístico una traza de cuento infantil, un artificio para obtener un efecto arcaizante (aquello de la Bella Isolda), o un truco para marcar un determinado ritmo. Pero sinceramente, a este bombardeo de repeticiones le encuentro más bien un cierto tono adolescente y, junto con la falta de algo coherente que contar, da lugar a una irritación creciente, sensación de estafa, tentación (pero muy fuerte) de hacer uno de esos interruptus que mis colegas practican con alguna soltura (me refiero a las reseñas, claro).

Afortunadamente llega el final, y pasamos al segundo relato: Una: Piiter y Py. Se ve que a Lolita Bosch le va lo de los títulos en clave y los nombrecitos complicados. Ahora se trata de que Piiter Wiesengrund (a quien alguna vez sí se cita sin el apellido, menos mal) vuelve de Estados Unidos para visitar el campo de concentración de Auschwitz por donde pasó de niño, y donde murieron sus padres. No ocurre casi nada más, pero es un relato bien narrado, envuelto en una atmósfera fría, brumosa e intimista en la que domina el silencio. Me gusta sobre todo la valentía de la autora a la hora de ir incluso más allá del narrador omniscente: se diría que vemos a Piiter moverse sobre un decorado en miniatura, siempre vemos más que él, y a veces hasta sabemos lo que va a ocurrir. Le observamos y atendemos las indicaciones del narrador que se dirige a nosotros, lectores. Interesante. Al mismo tiempo, juega con la identidad de los personajes diríamos secundarios (Una y Py), que se llegan a confundir con la del propio Piiter, cómo se disuelven y se reconstruyen los recuerdos, sin que el mismo protagonista llegue a saber hasta dónde son ciertos o falsos.

Este último aspecto –recuerdos de la infancia, muy poderosos pero de cuya veracidad se duda- reaparece en la tercera historia europea: Elisa Kiseljak. Sí amigos, nombre y apellido, siempre. El relato tiene unas treinta páginas, si en cada una se cita a esta chica (protagonista absoluta) pongamos cinco veces (que generalmente son más), tenemos que hemos leído Elisa Kiseljak unas ciento cincuenta veces en veinte o treinta minutos. Mucha tela. Y ¿para qué? Bueno, dejémoslo estar. Sobreponiéndonos a este terrible alambre de espino, diremos que esta última historia tiene como centro un caso de abuso sexual infantil. Siendo un asunto tan lacerante, hay que decir que la autora lo expone con la temperatura tan tibia y la distancia tan medida que, precisamente por despojarlo de todo desgarro, el relato resulta sobrecogedor. Especialmente la primera mitad me parece un texto soberbio, maduro, estremecedor. Más adelante adquiere sin embargo un tono excesivo, con un monólogo interior largo y redundante al que no parece que se le encuentre una salida. Pero en general el relato es bastante bueno: Elisa (Kiseljak) lucha contra el recuerdo, quiere deshacerse de él, pero al negarlo no le permite salir al exterior, y en esa lucha es su propia identidad la que se tambalea.

De modo que el escaso tiempo que dura la lectura es un carrusel de sensaciones contrapuestas, de ahí ese desconcertante que ponía arriba. Pero de alguna manera hay que valorar el libro, y me he decidido por el Decepcionante (podría haber sido peor) porque las cosas interesantes que he encontrado no pueden, desgraciadamente, borrar de ninguna manera lo que me parece por completo desechable, que es bastante. Como alguna vez he opinado, un libro es una unidad, para lo bueno y para lo malo. La verdad es que me quedo un poco con ganas de ver si Lolita Bosch apunta definitivamente hacia arriba o hacia abajo, debería darle otra oportunidad. Pero francamente, me da bastante miedo.

jueves, 24 de junio de 2010

Vladimir Nabokov: El original de Laura

Idioma original: inglés
Título original: The Original of Laura
Fecha de publicación: 2009
Valoración: Muy recomendable

Nos encontramos ante una pequeña locura maravillosa e inconclusa, lo cual, qué quieren que les diga, no hace sino aumentar la ya de por sí extraña esencia que destila esta obra.
El original de Laura es un libro que Vladimir Nabokov, un ruso que escribía en inglés, no pudo terminar: lady Muerte le enganchó de las barbas y se lo llevó antes de que lo terminara.
Se cuenta que el talentoso moribundo, viendo que no acabaría su novela antes de hacer ese viaje para el que todos nacemos con el billete de ida, le pidió su esposa Véra que, por favor de los favores, no lo hiciera publicar tras su marcha. Después de la muerte de la señora de Nabokov, la decisión de incumplir la voluntad del malogrado autor recayó sobre su hijo Dimitri. Y bueno, está claro lo que decidió finalmente el chaval...

Así es como hoy podemos leer El original de Laura, un libro dentro de un libro sin una voz concreta que lo narre. El libro "encerrado" habla de la bella libidinosa Laura, inspirada en Flora, una Lolita de veinticuatro años casada con el señor Wird, un excéntrico y brillante neurólogo que ha descubierto cómo lograr que el cuerpo humano vaya extinguiéndose pasito a pasito pero cuyo proceso de desaparición es reversible. Una locura, n'est pas?

El libro se lee rápido porque no es más de lo que ya nos advierten en la contraportada: "una obra maestra embrionaria cuyos capullos de genio empiezan a transformarse en crisálidas aquí y allá sobre sus omnipresentes fichas". Vamos, que son unas cuantas piezas extrañas; ordenadas cronológicamente, sí, pero confusas y mal ensambladas, como toda novela que está en proceso de gestación...

Pero el lenguaje levemente poético, el tono irónico y descreído, y la fascinación por las mujeres de belleza aniñada y malévolas intenciones emparejadas con viejos carcamales intelectuales, todas ellas marcas de Chez Nabokov, no dejan lugar a dudas: ante el padre de Lolita Haze nos encontramos.

También de Nabokov en ULADPninLolita

viernes, 21 de febrero de 2014

Lolita Bosch: El niño que quería matar

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: está bien/ recomendable


Otro premio para la escritora catalana Lolita Bosch. Esta vez, el XXXII premio  Guillem Cifre de Colonya, Mallorca, 2013 para su novela  El niño que quería matar, editada por La Galera.

La voz poética que se desplegaba ya en La persona que fuimos (Mondadori, 2006) o que caracterizaba el ensayo o la autobiografía fragmentada Ahora, escribo (Periférica, 2011), una de las mejores obras de Lolita Bosch, vuelve ahora en esta novela juvenil de la mano de Max, un chaval de catorce años que narra en primera persona el miedo que experimenta cada vez que su cabeza se va sola y ya es demasiado tarde como para detenerla. Es entonces cuando se le ocurren cosas muy extrañas y despierta el deseo que más lo preocupa; el deseo de matar. 

Una voz narrativa que retoma una técnica típica en Bosch y que consiste en avanzar, ir dando pequeñas dosis de información, mediante la reescritura de un mismo pensamiento o suceso. Se crea así una atmósfera un tanto cerrada en la que se vuelve una y otra vez sobre lo mismo; el deseo de matar animales, la incapacidad de relacionarse con el resto, el sentirse observado por el resto, el silencio, la presión social ejercida por los comentarios y las miradas de los compañeros de instituto (no sabemos hasta qué punto reales, hasta qué punto inventadas por un protagonista adolescente que sufre un brote psicótico), la esperanza infundida por los progenitores y el cariño y la paciencia como único camino para salir, o intentar hacerlo al menos, del atolladero.  

Estamos ante un estilo pulido en el que el monólogo interior de Max resulta creíble en todo momento (entramos en el juego, imaginamos  con facilidad a un adolescente hablando así) e hipnotiza, de manera que somos conducidos a su infierno, a su desamparo cotidiano. Observamos así cómo va perdiendo muchos puntos de agarre (la rutina diaria, el instituto, la confianza en las personas que lo rodean...), cómo va perdiéndose él para reaparecer más tarde convertido en otro. Con escasos monólogos que se muestran sólo de vez en cuando para brindarnos el contrapunto de la voz adulta encarnada en la figura del padre, del médico, pero sobre todo de la madre. El mayor acierto de la novela es esa voz que nos recuerda un poco al adolescente perdido que fuimos o recuerda la extrañeza con la que mirábamos a algún compañero un tanto rarito (todos cómplices, todos apenas algo malvados en la casa sin tejado que es, para algunos, la adolescencia).

Para un lector que no conozca los mexicanismos, como es el caso, pueden resultar llamativos los casos de queísmo que se aprecian por ejemplo en las páginas 10 y 12, sin embargo, tras contrastarlo con la autora, observamos que se trata simplemente de un caso de desconocimiento total de la lengua mexicana por nuestra parte (¡hay que informarse mejor antes de hablar!).

Por último, teniendo en cuenta el gancho que suponen para un adolescente un título y una portada como la de esta novela  y un punto de arranque redondo como "Me llamo Max, tengo catorce años y paso mucho más miedo que los otros niños. Porque a veces se me ocurren unas cosas muy extrañas que no sé qué son, no sé de dónde vienen ni sé para qué sirven. Si es que acaso sirven para algo. Y entonces tengo la sensación de que los demás se dan cuenta de que no soy como ellos y que por eso me tienen miedo. Tienen miedo de mí. Y eso es exactamente lo que me asusta tanto: que los demás tengan miedo de mí. Porque lo que a mí me gustaría es ser como ellos. Pensar en las mismas cosas que piensan los otros niños.", con un arranque redondo como ese, decía, es posible que un lector adulto se lleve una pequeña decepción al leer el desenlace. No se trata de destripar aquí toda la novela y de romper la magia de la lectura, por lo que no explicaré qué sucede al final. Sin embargo, mencionaré que echo en falta, por un lado, un mayor desarrollo de la historia, puesto que la idea me parece muy buena y he disfrutado de la lectura, y, por otro, teniendo en cuenta las posibilidades de maldad, inocencia, falta de moral, escrúpulos, etc. propias de la adolescencia en las que la escritura puede indagar, la novela me sabe a poco. Me quedo con ganas de seguir leyendo. Eso sí, esta valoración la realizo desde la perspectiva de una lectora adulta, es evidente que, para un público adolescente, que fue realmente para el que El niño que quería matar fue ideada, se trata de una lectura recomendable.




jueves, 18 de abril de 2013

Semana de literatura colombiana: Historia secreta de Costaguana de Juan Gabriel Vásquez

Idioma original: español
Año de publicación: 2007
Valoración: Imprescindible

"¡Hala, imprescindible! ¡Cómo te pasas! ¡Exagerao!" Pues sí, puede que parezca exagerado calificar de "Imprescindible" a esta novela, si se define "imprescindible" como "este libro debería estar en cualquier biblioteca que se precie"; pero me decido por esta valoración por varios motivos: a) porque hace ya demasiado que no pongo un imprescindible, lo que me hace pensar que me estoy amargando como crítico; b) porque esta me ha parecido una muy buena novela, o mejor, una muy muy buena novela; c) porque Vásquez usa técnicas narrativas que me resultan especialmente interesantes; d) porque a Delirio le di un "Muy interesante" y esta novela me ha gustado más; e) porque uno de los personajes de la novela se llama Santiago Pérez, como yo; y f) porque puedo.

Pero vamos ya con la novela: Historia secreta de Costaguana es la narración autobiográfica de José Altamirano, un pobre desgraciado en quien, según su propia versión de los hechos, Joseph Conrad se inspiró para escribir su novela Nostromo (situada en el imaginario país de Costaguana). Altamirano se remonta a antes de su nacimiento (antes de su concepción, de hecho) y cuenta sus desventuras en busca de su padre; los sucesivos intentos de construir un Canal que uniera los dos Océanos, y los turbulentos procesos que llevaron a la (forzada) independencia de Panamá.

Por eso, Historia secreta de Costaguana es una novela histórica en el mejor sentido del término: porque reconstruye una época en sus múltiples facetas, de lo más pequeño a lo más grande. Pero también es una especie de autobiografía picaresca, y una sátira sobre la confianza ciega en el progreso. La historia, para el narrador como para el autor, tiene más de farsa o de vodevil que de tragedia, y los seres humanos se ven arrastrados y aplastados por fuerzas que no pueden controlar ni comprender. Frente al racionalismo francés, se imponen la fiebre amarilla, los terremotos, las lluvias torrenciales, las guerras inacabables. Tampoco Colombia, ni sus habitantes, salen precisamente favorecidos en la foto.

Joseph Conrad, como decía, es uno de los personajes clave de la novela; sin embargo, Vásquez parece haber aprendido más sobre el arte de narrar de otro escritor que también adoptó el inglés como lengua literaria: Vladimir Nabokov (el de Lolita, pero también el de Ada o el ardor): encontramos, aquí, como en Lolita un narrador que se dirige al público y lo trata como Jurado de sus actos; un narrador que sabe que es narrador y que, por lo tanto, controla la narración (lo que oculta, lo que cuenta, lo que inventa, el modo en que dispone los hechos); y encontramos, como en Nabokov, mucho sentido del humor, aunque sea un sentido del humor bastante desesperanzado.

Solo le pongo dos reparos a la novela. (Y habrá quien diga: "Si le pones reparos no deberías haberla calificado de Imprescindible"; a lo que yo respondo: "meh"). El primer reparo es que a veces, sobre todo en la última parte, le puede al autor -da la impresión- la tentación de embutir en el texto lo más relevante de la historia de Colombia en el cambio de siglo; y no solo se pierde un poco el hilo de la historia, sino que (lo que es más grave) se pierde también un poco el tono general del texto. El segundo reparo es que el (segundo) encuentro con Conrad aparezca tan tarde en la novela: cuando uno está leyendo una novela en que aparece uno de los grandes escritores del siglo XX, uno quiere verlo aparecer lo más posible, casi convertirse en protagonista, como en Gringo viejo o El maestro de San Petersburgo.

Pero bueno, esta no es realmente una novela sobre Conrad: es una novela sobre Colombia, y sobre Panamá y su Canal, y sobre ese espejismo positivista llamado progreso... y sobre un pobre hombre al que le robaron hasta la historia que tenía para contar.

También de Juan Gabriel Vásquez en ULAD: Historia secreta de Costaguana

domingo, 25 de enero de 2026

Joyce Carol Oates: Fox

Idioma original: Inglés
Título original: Fox
Año de publicación: 2025
Traducción (al catalán): Núria Busquet Molist
Valoración: Recomendable (con matices)

Soy un gran admirador de la obra de Joyce Carol Oates. No ha habido un solo libro suyo que no me haya parecido, cuanto menos, solvente. Fox, novela de la autora con la friolera de setecientas páginas, también es solvente (incluso es, en momentos puntuales, brillante). Sin embargo, aunque he apreciado sus cualidades literarias y admito que es sumamente entretenida, me ha parecido excesivamente larga y, en ocasiones, algo reiterativa.

Pero vayamos por partes: Fox es una novela de suspense con un gran énfasis en la narrativa coral y la psicología de los personajes. Trata sobre un atractivo, encantador y carismático profesor de lengua que, recién llegado a la prestigiosa Academia Langhorne, logra cautivar a la mayoría de alumnos, padres y docentes. Lo que las personas de la comunidad de Wieland ignoran es que, además de ser un experto manipulador capaz de condicionar una opinión favorable en los demás, siente atracción por las prepubescentes y no titubea a la hora de abusar de su poder para satisfacer sus fantasías.

Desde el inicio de la novela sabemos que el coche de Fox está medio hundido en un torrente y que el cadáver de un varón todavía sin identificar ha sido esparcido por el bosque por los animales salvajes. A medida que el argumento avanza, ya sea saltando de un personaje a otro, ya sea plantándose en el pasado o regresando al presente, debemos descubir si ese cuerpo pertenece realmente al profesor y si su muerte se debe a un accidente, un suicidio o un homicidio. La tensión y el suspense se espesan, los habitantes de Wieland se van relacionando los unos con los otros, la ausencia del desaparecido profesor afecta a sus allegados y los papeles de víctima y victimario se desdibujan.

Oates dota de una gran personalidad a todo el elenco de Fox, aunque es el protagonista indiscutible de la novela quien se roba el protagonismo. Y es que la caracterización del profesor pedófilo es magnética: nos asomamos tras su fachada afable, educada y pulcra y vemos sus contradicciones y defectos (que con tanta habilidad oculta a los demás), así como su retorcido imaginario erótico.

Resulta pertinente analizar dicho imaginario erótico. Y es que si bien Oates lo nutre de referentes algo previsibles (el matrimonio de Poe con su prima de trece años, las novelas Lolita y La casa de las bellas durmientes, la mención al personaje de Alicia en el país de las maravillas, las pinturas de Balthus...), consigue relacionarlo estrechamente con el pensamiento y modus operandi (enamorar a sus víctimas y, una vez en su despacho, drogarlas y abusar de ellas) de Fox. 

Y es que al profesor pedófilo, por ejemplo, le asquea la vulgaridad pornográfica e inverosímil de Lolita (¡aparentemente, las relaciones sexuales entre un hombre de cuarenta años y una niña de once son anatómicamente imposibles!). En cambio, le obesiona la (según él hermosa) relación de Poe con su prima y le fascina el erotismo de las pinturas de Balthus o de La casa de las bellas durmientes.

De «Las chicas soñadoras de los cuadros de Balthus» le gusta que sean «pálidas, con los párpados adormilados, incapaces de alejar a un amante ardiente y depredador». (pg. 531) Y a Kawabata le reconoce que «sabía lo que Nabókov era demasiado estúpido para entender: las quieres en coma, mudas, con los ojos cerrados y la boca en silencio, los cerebros como colmenas calientes apagadas. Bestias salvajes que hay que domesticar». (pg. 376) 

En resumen: Fox es una buena novela, como no podía ser de otro modo viniendo de una autora con la solvencia de Oates. Quizá su desenlace no sea el más sorprendente posible, y puede que sea demasiado larga y en ocasiones peque de reiterativa. No obstante, mantiene en gran medida el interés del lector. Sin duda, conviene leerla con tal de permearse de la belleza puntual de la prosa, experimentar todas las perspectivas involucradas, resolver el misterio planteado y, sobre todo, alcanzar el cameo metaliterario final de la propia escritora.


También de Joyce Carol Oates en ULAD: Aquí

lunes, 5 de diciembre de 2022

Fight Combo: Megatiburón contra Crocosaurio

Vale, amigues, antes de que se me eche todo el mundo encima por el título de esta entrada (sí, esto es lo que se llama un clickbait), hablemos un momento sobre los monstruos, esas criaturas pavorosas, aunque fascinantes, que ocupan nuestras pesadillas, pero también parte, en mayor o menor medida, de nuestro tiempo de ocio. Como resulta obvio, no me refiero a los especímenes mutantes de las películas de serie B que ponen en la tele los sábados por la tarde, sino también a los mucho más frecuentes monstruos humanos que pueden vivir entre nosotros sin hacerse notar... ¿Y quiénes son esos monstruos que ocupan la parte alta del ránking en nuestras sociedades occidentales del siglo XXI? Pues, por ejemplo, los siempre cinematográficos asesinos en serie. Los terroristas, claro... (bueno, si sus ideas coinciden con las nuestras, no tanto). Y, cómo no, los violadores pedófilos. Que es, y nunca pensé que escribiría esta frase, adónde quería yo llegar... Como todo el mundo sabe, en la Historia de la literatura la figura del pederasta tiene un nombre y un libro: el Humbert Humbert de Lolita. De hecho, desde que apareció esta novela de Nabokov, hay que tenerlos muy bien puestos (lo que sea) para escribir otra sobre estos tipos y, más aún, que recoja, siquiera en parte, su punto de vista. Pues bien, en tiempos más o menos recientes dos escritoras latinoamericanas lo han hecho y sin arredrarse ante tal reto, Como también es obvio, los resultados no podían ser tan brillantes como el caso de Lolita, pero tampoco resultan desdeñables, en absoluto. Y, aunque, por supuesto, no se trata de comparar dos libros de dos escritoras diferentes (eso está un poco feo), aquí hemos venido a jugar, así que veamos al menos cual de los dos monstruos causa más repeluzno:


Idioma: español

Año de publicación: 2016

Valoración: entre recomendable (para quien se atreva) y está bien

El pederasta/monstruo pentápodo -huelgan las explicaciones sobre el título- de la mexicana Liliana Blum no es aquí un distinguido emigré europeo, sino un pequeño constructor de la ciudad de Durango (no me refiero a la vasca, huelga también decirlo), llamado Raymundo Betancur, un hombre trabajador, formal y afable... todo un pilar de la sociedad,  que se sirve de su tranquilizadora presencia, sus dotes organizativas y su destacable astucia para secuestrar niñas  de las que abusa en el sótano de sus casa. Una joyita, vaya.

La historia se nos cuenta desde el punto de vista de Cinthia, la última niña secuestrada, su desesperada madre, del propio pederasta -de quien conocemos así la naturaleza de sus apetitos, sin que ello lo haga menos repugnante- y, por último, de un cuarto personaje especialmente interesante: Aimée, una mujer con acondroplastia que es su novia y cómplice y que le escribe después acerca de todo lo sucedido... Que un pederasta tenga una novia enana puede parecer tan sólo una ocurrencia, una humorada de la autora del libro, pero lo cierto es que resulta un personaje clave en esta novela, y quien la dota no sólo de más facetas, sino también de una mayor profundidad. Dejando aparte a la niña y su madre, claro está, Aimée es el personaje más trágico de la novela, al tiempo que quien humaniza una historia que, en otro caso, no dejaría de ser una versión más cruda de la de Caperucita y el lobo. Pero Aimée es la abuelita y el cazador a la vez, víctima, cómplice y verdugo del monstruo, del Barbazul que esclaviza a las niñas. Un acierto de Liliana Blum, este personaje, que ayuda a digerir una historia difícil de leer, por lo que cuenta, pese a la impecable factura de esta novela.


Idioma: español

Año de publicación: 2019

Valoración: está bien

El tono de Degenerado, de la argentina residente en Francia Ariana Harwicz es bastante diferente; en esta novela es tan sólo el propio pederasta asesino quien se dirige a nosotros, o más bien lo hace a sus conciudadanos, a la jueza, a sus padres y, sobre todo, a sí mismo, en un incesante torrente de pensamientos y palabras que le sale a borbotones, un verdadero "chorro de conciencia"  que no pretende ser coherente -y parte de la gracia de la novela consiste en tratar de averiguar hasta qué punto lo es o no-, ni tampoco una confesión de su crimen. De hecho, el degenerado del título, de quien ignoramos nombre y edad exacta, -aunque parece ser un hombre mayor, parece que judío y tal vez de origen lituano o ruso, aunque viva en un pequeño pueblo de Francia (como la autora)- proclama en ocasiones su inocencia, aunque en otros momentos sí queda más claro que es culpable de haber violado y asesinado a una niña. Tampoco es que la claridad sea lo que parece preocupar más a la autora, por otra parte.

De todos modos, hay que señalar que en este chorro de palabras y pensamientos del tipo entra de todo, menos, casi, el propio crimen: va relatando -de aquella manera- su detención y procesamiento, las declaraciones del tribunal y de los testigos, sus propias refutaciones... pero, además, de forma harto confusa, episodios de su infancia -seguramente mixtificados-, recuerdos sobre la relación con sus padres y entre ellos, sus opiniones sobre la sociedad y su hipocresía, etc. En fin, un totum revolutum que resulta interesante e incluso creíble como expresión de una mente atormentada y/o desquiciada, pero más complicado de seguir como hilo narrativo por el que guiarse. Lo mejor, creo yo, es surfear por encima de toda la palabrería y quedarse más con la impresión general que con el sentido, al pie de la letra, de cada frase o párrafo.

Resulta difícil empatizar o siquiera comprender al protagonista, aunque no tanto, que también, porque haya cometido un crimen execrable, como por su carácter caótico, agrio y misántropo. Ni tampoco con los argumentos, un poco tópicos, de su autodefensa, que se resumen en: 

  1. Lo que en unas sociedades y/o épocas es admisible, en otras se persigue.
  2. Todo el mundo es un "degenerado" en la intimidad, porque el que no hace unas cochinadas, hace otras.
  3. Soy un chivo expiatorio de la hipocresía social.
Digamos que trata de resultar "celinesco" y se queda en una imitación de los personajes "houllebecquianos", ya de por sí no demasiado atrayentes. Quizás haya sido esta la intención de la escritora, a quien, al parecer, le gusta resultar heterodoxa y polémica, y en tal caso, lo ha conseguido. Otra cosa es que pueda resultar cautivadora o rompedora esta novela, cuya lectura es interesante, sin duda tanto conceptualmente como en lo  que se refiere a la técnica narrativa resultante, pero que no sé si se recordará con agrado (o desagrado, que tanto da) por quienes la lean. Como "monstruo", pues, al degenerado en cuestión le sobra verborrea y le falta cierta consistencia.

sábado, 26 de junio de 2021

Vladimir Nabokov: Rey, dama, valet

Idioma original: ruso

Título original: Король, дама, валет

Año de publicación: 1927-28

Valoración: Muy recomendable



Tras estos tres enigmáticos nombres se encuentran los protagonistas de una novela que, aunque escrita al inicio de su carrera literaria, demuestra con creces las excepcionales dotes de su autor y la convierten en precursora del virtuosismo que demuestra Lolita y de los alardes experimentales de Ada o el ardor, entre otras. Habida cuenta de que en ella aparecen muy fugazmente tanto las volátiles mariposas que tanto le apasionaron y a las que estudió con tanto interés como jugadores anónimos que se inclinan sobre el tablero de ajedrez, otra de sus grandes pasiones, me pregunto si este valet –infante en la baraja francesa y sota en la española– no representa en realidad al alfil de dicho juego. Y es que la novela refleja, a grandes rasgos, una prolongada partida donde los jugadores son también piezas de carne y hueso que avanzan, retroceden, cubren o traicionan a sus contrarios y, finalmente, se convierten en los ganadores o perdedores de esa trascendente partida vital. A partir de cierto momento, el éxito o fracaso de uno u otro equipo constituirá uno de los grandes alicientes de nuestra lectura, sin olvidar la sutileza psicológica, el esmerado retrato ambiental y el firme pulso con que Nabokov nos conduce por los enrevesados recovecos de la trama.

A primera vista podría parecer una intrascendente novela de adulterio femenino –subgénero que unas cuantas décadas atrás, justo cuando se hallaba en la cima, tan excelsos títulos dejó a las generaciones futuras y que en esa época estaba ya muy trillado– pero según avanzamos por ella la vemos convertirse en un derivado de este al estilo de Thérèse Raquin (1868) o de la posterior El cartero siempre llama dos veces (1934). Pero, tras ese planteamiento, el ingenio de su autor se aparta de cualquier modelo y, tras varios giros –inesperados pero escrupulosamente coherentes–, cierra la apasionante historia con un giro final que nos deja boquiabiertos. La coherencia de la que hablo se manifiesta particularmente en discretos toques de atención que comienzan, justamente, cuando se ha llegado a los dos tercios del texto –he hecho la cuenta– para advertir al lector entregado que se inicia un decisivo cambio de talante en uno de los tres protagonistas. Para compensar, incluye también algunos datos confusos que impiden hasta al más perspicaz adivinar las intenciones del novelista. Intenciones siempre aviesas, por supuesto.

Franz, un joven de familia modesta y sin ninguna habilidad destacable, es decir, sin futuro, es enviado por su madre a Berlín para que su acaudalado primo Dreyer –en apariencia, un bromista con suerte pero en realidad, un lince para los negocios– le busque acomodo en una de las  empresas que regenta. Tras visitarle en su mansión, Franz alquila un sórdido cuchitril no lejos de esta y se le contrata en los Grandes Almacenes de su tío. Pronto se convierte en un asiduo de aquella casa, en la que Dreyer no suele pasar mucho tiempo y donde la ambiciosa e intrigante cónyuge, claramente más joven que el marido, se aburre de lo lindo rodeada de lujos sin alma.

“Y en realidad, Martha creía que su  matrimonio no era distinto de los otros, que siempre reina la discordia, que la esposa lucha con el marido, contra sus peculiaridades, contra sus desvíos a las reglas establecidas y que todo esto componía una pareja feliz. Solo es desgraciado un matrimonio cuando el marido es pobre o lo han encarcelado por algún negocio turbio o derrocha el dinero con otras mujeres.”

El tono de la narración es más bien sombrío, pero el rostro de Nabokov mientras discurre o escribe –y que cualquiera con un poco de imaginación puede vislumbrar a través de los renglones que va leyendo– es de pura guasa. Le vemos desorientar a sus lectores a conciencia, vapulear a los personajes cebándose sin piedad con cualquiera de los tres y disfrutar a base de bien haciéndolos sufrir. Cualquier atisbo de felicidad es el preludio de nuevas angustias o quebraderos de cabeza, son como tres ratoncillos zarandeados por un enorme gato tan malvado como lleno de recursos. Aún así, tras terminar la lectura, encuentro un claro favorito y otro al que parece detestar más de la cuenta. También resulta destacable a pesar de su rol, muy secundario, el viejo Enricht, dueño de la casa donde se hospeda Franz, una personalidad siniestra, misteriosa y voluble, cuyos rasgos, aunque con más años a cuestas, podrían recordar al Norman Bates de Psicosis, y al que nos hubiera gustado conocer más a fondo.


También de Vladimir Nabokov: Lolita, Pnin, El original de Laura,

Sobre Vladimir Nabokov: Un revolver para salir de noche

jueves, 30 de enero de 2020

Semana del cine #4: Maquiavelo frente a la gran pantalla de Pablo Iglesias Turrión

Idioma: español
Año de publicación: 2013
Valoración: interesante e incluso recomendable para fans

Pues sí, amigos: el autor de este ensayo no es sino Pablo Iglesias Turrión, flamante Vicepresidente del Gobierno del Reino de España, fundador y líder del partido Podemos, profesor de Ciencias Políticas en excedencia, ex-tertuliano y ex-presentador televisivo, también conocido por PIT, el Coletas, Pablemos, Pablenin, el marqués de Galapagar, el Ceacescu de Villatinaja, etc.* ; en fin, lo que prefiera cada cual... Y sí, a ULAD, o al menos a este siempre solícito reseñista, no le duelen prendas en inclinar la cerviz ante el PODER, disponiendo sus humildes recursos dialécticos al servicio de uno de sus más conspicuos detentadores... Aunque, un momento: resulta que este libro fue publicado en 2013, cuando el ilustre PIT no era sino un voluntarioso y soñador enseñante que redondeaba sus magros emolumentos con apariciones en shows políticos de la tele y algún que otro libro, para sacarse unos eurillos... ¡Albricias, que entonces no hemos manchado la inmaculada reputación de independencia de este blog  con la adulación y el pasteleo (de momento)! Podemos, pues, hablar de este libro, sea de un preclaro salvador de la Patria y la Democracia o de un demonio bolivariano comeniños, a elegir.

Pero abreviando, que es gerundio: este libro que don PIT escribió en aquella candorosa época pre-asalto a los Cielos trata de -en sus palabras- "llevar al primer plano del análisis político el cine, entendido como productor de imaginarios y consensos hegemónicos, como revelador privilegiado de verdades políticas y como fuente de conocimiento teórico". Hummm, no está mal, pero no se vayan todavía que aún hay más: "queremos investigar las condiciones de producción de la política como conflicto, como lucha por los significados (...), para cartografiar las relaciones de poder que van más allá de los intercambios entre instituciones (estados, organizaciones, colectivos, etc.) y que se encuentran en los espacios delimitados por la subsunción de la cultura y el "bios" en la lógica de la acumulación y su institucionalización hegemónica a través de roles sociales". Clarinete, ¿no? En fin, quiero ser justo:  aunque sí buena parte de él, no todo el libro está trenzado a base de este metalenguaje intelectual, propio de las ciencias sociales, más un montón de referencias a pensadores de relumbrón (al menos por aquellos años: Žižek, Laclau, Agamben, Butler...**). Seamos comprensivos, además: esto es lo que debe hacer un profe de Políticas de la Complu, no vaya a venir un Errejón cualquiera y trate de quitarle el puesto...

Al lío: el primer capítulo viene a funcionar como un segundo prólogo, que el autor aprovecha para tomar como punto de partida al Gramsci -que es viejuno pero molón- de la "crítica de la cultura de las ideologías dominantes". De la mano del siempre jubiloso Žižek, se dedica en los capítulos siguientes a analizar la "función mitificadora del cine de memoria histórica", de tal forma que la película Katyn', de Andrzej Wajda, le parece un excelente ejemplo de cómo "apuntalar una identidad polaca muy específica" (por más que nacionalista, conservadora y católica). Las películas sobre la Guerra Civil española, en cambio, no han servido para tal función en cuanto a una memoria histórica progresista y democrática, sino para perpetuar "los discursos reconciliadores del silencio, derivados del espíritu de la Transición , en el mejor de los casos (...)". Los ejemplos que pone no dejan de ser curiosos: Ispansi -puagh***- y Balada triste de trompeta -pschaá, al menos le divierte-; a otras que menciona, como La vaquilla o Soldados de Salamina, las aprueba con reticencias.

En el siguiente capítulo, quizás el más interesante del libro, PIT expone los conceptos de Giorgio Agamben de homo sacer, bios y zoe (wikipedia, tetes, como he hecho yo) y su planteamiento sobre la excepcionalidad soberana como espacio de decisión política, ejemplificándolos -quizá de forma algo traída por los pelos-, con las películas Algunos hombres buenos (el código rojo y toda esa mandanga) y Dogville, de Lars Von Trier. Son ideas que, creo yo, merecen una mayor atención.

Quinto y sexto capítulos están dedicados a dos grandes películas sobre conflictos anticoloniales y revolucionarios -aquí el guía es Frantz Fanon-; anque para PIT, Apocalypse Now, por buena que sea, no va más allá de un psicoanálisis del colonizador/soldado occidental, pues no concede voz al "otro", al colonizado, mientras que en La batalla de Argel, sí que se le dignifica y dota de una posición de poder, derivada de la lucha armada contra el ocupante colonial (quiero pensar que sería igual si el FLN hubiera perdido...). Ésta le gusta mucho.

También Amores perros, que según el autor del ensayo, retrata las relaciones sociales de la posmodernidad capitalista dentro de una ciudad -mundo. Y ahora, agarrarsus que vienen curvas: PIT dedica el penúltimo capítulo a explicar, utilizando ciertos argumentos de teóricas/os/es queer -Judith Butler, Paul B. Preciado- y no sé si tan queer -Virginie Despentes- que Lolita, -la de la película de Kubrick, no de la novela- no es una infeliz niña que sufre los abusos de un pederasta, sino una adolescente, pero ya arquetipo de la femineidad, que utiliza las armas a su alcance -su belleza y juventud- para empoderarse frente a los adultos, esto es, su madre y Humbert Humbert... ¡Ostras, Pablo, menos mal que el facherío lee poco y menos aún tus libros, que si no te aplicaban el PIN parental por la vía rápida, te lo digo yo! En todo caso, repito que PIT insiste varias veces que se refiere a la Lolita de la película, no a la niña del libro de Nabokov.

Por fin, cuando ya la cosa parecía más tranquilita, con un último capítulo donde el autor nos recuerda que debemos mantener una mirada crítica para resistir las representaciones hegemónicas en el cine (yo esta noche volveré a ver Sharknado y ya os contaré), aún nos espera un fin de fiesta, con un epílogo en el que se alude a ciertas declaraciones de Felipe González**** y, enlazándolas con el capítulo de La batalla de Argel, PIT saca la conclusión de que con ellas lo que hizo fue concederle el estatus de beligerante al adversario, al reconocer la entidad del otro, es decir, de ETA (glups)...  ¡Hombre, señor Vicepresidente segundo, con lo que le ha costado llegar al cargo... a ver si se va a enfadar el Padrino ex-Presidente González, con el aprecio que le tiene a usted! Háganos caso y llame ahora mismo al CNI, usted que tiene el teléfono y que destruyan toda la tirada de este libro, por si acaso. Por nuestra parte, estamos dispuestos a borrar esta reseña, por responsabilidad de Estado y también si nos gestiona usted alguna subvencioncita o algo, claro, que la vida está mu achuchá... ¿hace?

* O cualquier otro apodo cariñoso que se le ocurra a ese elfo doméstico gran comunicador turolense que es Federico Jiménez Losantos, siempre ejemplo de profesionalidad, mesura y cualidades éticas.
** Maquiavelo, me temo, poco aparece en este libro, aparte de en título y prólogo. Digamos que se le menciona como padre fundador o santo patrón de la Ciencia Política moderna.
*** Sintetizadas, vienen a ser las opiniones de PIT sobre estas películas, no las mías.
**** Dijo en una entrevista de 2010 que a principios de los 90 pudo ordenar volar a toda la cúpula de ETA y no quiso. No sé si pretendía insinuar que nunca antes se había visto en otra parecida o que sí... 

miércoles, 26 de mayo de 2021

Rebecca Solnit: La madre de todas las preguntas

Idioma original: Inglés
Título original: The mother of all questions
Año de publicación: 2021
Traducción: Lucía Barahona
Valoración: Muy recomendable


Rebecca Solnit no es una autora desconocida en este blog, donde ya se han reseñado otras obras suyas como Una guía sobre el arte de desaparecer, Recuerdos de mi inexistencia y la más famosa tal vez, Los hombres me explican cosas que sirvió para acuñar el término mansplaining que el diccionario Oxford recogió hace ya algunos años.

Pero para todo el que no haya oído hablar de ella, Solnit ha consolidado una sólida carrera como ensayista y pensadora muy interesada en la reflexión introspectiva siempre desde una óptica —¡oh, no!— feminista. Oh, sí. Su discurso es sólido y contundente en su contenido a pesar de su tono sosegado e irónico, lo que curiosamente ha llevado a algunos lectores en un primer —y prejuicioso— vistazo a pensar que sus libros son de auto ayuda. Rotundamente NO. La obra de Rebecca Solnit tiene de auto ayuda lo que yo pueda tener de piloto comercial y que su prosa no resulte agresiva (¿por qué debería serlo?) no significa que no deje títere con cabeza:
«En la trilogía original de La guerra de las galaxias, mujeres que no sean la princesa Leia hablan un total de sesenta y tres segundos en los 386 minutos de las películas (…). Sin embargo, estas películas no se describen como películas para niños u hombres, sino películas para todos nosotros, mientras que las películas con una cantidad de tiempo similarmente desigual asignado a mujeres se considerarían sí o sí películas para niñas o mujeres.»
Porque los temas que trata son de primero de sociedad igualitaria y civilizada, y porque tras sus argumentos hay un arduo trabajo de investigación muy bien documentada con HECHOS que trasciende con creces los discursos simplistas que todos leemos continuamente en redes sociales.

Aprovecho para lanzar una reflexión personal sobre el uso tan manoseado del comodín de la libertad de expresión: una cosa es que uno tenga el pleno derecho para decir lo que opina y la otra es que, a pesar de disponer de información fiable y verificada de naturaleza científica o jurídica sobre una cuestión concreta, uno prefiera ignorarla deliberadamente para seguir intoxicando el discurso y desviando el foco, lo que generalmente repercute de forma lesiva sobre los derechos de los colectivos más vulnerables. Lo estamos viendo demasiadas veces últimamente y parece que no aprendemos.

Resumen resumido: Recopilatorio de doce artículos ensayísticos que abordan, desde diferentes puntos de partida u ópticas, en los orígenes de la aún tan velada cuestión de la violencia estructural hacia las mujeres, así como en los mecanismos políticos y sociales que a día de hoy siguen apuntalando todos los mitos que la sustentan.

Y este conjunto de ensayos ¿qué resortes apunta como parte de esa violencia estructural contra las mujeres?
  • La maternidad como requisito para pertenecer a la categoría mujer. Esta es la cuestión que da título al libro aunque solo sea uno de los aspectos que se tratan y que aprovecha para desmontar también el falso mito de la felicidad que rige el mundo capitalista.
  • El silencio y a quién beneficia. Conjunto de artículos que desgranan con detalle y audacia todas las facetas del silencio, los actores que lo promueven y lo sufren y, sobre todo, las profundas repercusiones en el individuo y en la sociedad en general, centrado desde la óptica del silenciamiento de las mujeres.
«A veces tan solo el simple hecho de ser capaz de hablar, de ser escuchado, de ser creído, es parte fundamental de la pertenencia a una familia, una comunidad, una sociedad.»
  • La cultura de la violación, los chistes sobre violaciones, etc…
«El lenguaje es importante. Hemos librado una importante batalla sobre la cuestión del lenguaje de las violaciones para que la gente deje de culpabilizar a las víctimas. El epíteto que mejor lo resume es: los violadores provocan violaciones.»
  • La construcción histórica de la mujer: bulos y falsos mitos.
«Necesitamos dejar de contar la historia de la mujer que se quedó en casa, pasiva y dependiente, esperando a su hombre. Ella no estaba sentada a la espera. Estaba ocupada. Y todavía lo está.»
  • La construcción literaria de la mujer (su invisibilización), tomando como punto de partida la publicación por parte de la revista Esquire de una infumable lista titulada Los 80 libros que todo hombre debe leer.
«Analizar la lista, que incluye muchos de los libros más varoniles de la historia, libros sobre guerra, donde solo hay uno escrito por un hombre homosexual, me recordó que, aunque es duro ser mujer, en muchos sentidos es mucho más duro ser un hombre, ese género que se supone que ha de ser defendido y demostrado incesantemente a través de actos de hombría.»
Aquí no puedo evitar añadir que la cuestión de la invisibilización de las escritoras a lo largo de la historia ya se ha tratado una o dos veces en este blog, así como también hemos puesto la lupa sobre la profusión de lo que Rebecca Solnit denomina «todos esos libros lujuriosos sobre crímenes violentos contra las mujeres».

Pero sin duda, el artículo en el que Solnit despliega toda su mordacidad es en El caso del agresor desaparecido, un texto impagable, plagado de ironía, que desmonta magistralmente todos los eufemismos y los falsos mitos alrededor del alcohol, las mujeres y el sexo no deseado. Solo por este artículo, el libro ya vale la pena. También muy recomendable, ya solo por su planteamiento inicial, el artículo titulado Los hombres me explican Lolita. También hemos hablado bastante de Lolita en este blog y en cómo se ha malinterpretado interesada y patriarcalmente la esencia del personaje para legitimar esa arraigada fantasía masculina de tener sexo con niñas. Y por lo que Solnit explica, todavía queda mucho trabajo por hacer.

Así que Muy recomendable para cualquier mujer y, en general, para cualquier mente abierta al siglo XXI. Ya sé que en esta reseña he abusado de las citas más que nunca pero para qué voy a tratar de explicar lo que dice Rebecca Solnit si ella misma lo dice tan y tan bien.

PD: todo aquel que tras leer la reseña necesite invocar el socorrido #notallmen, le recomiendo que primero lea este magnífico ensayo en el que la autora también indaga en la génesis del hashtag y lo desactiva rigurosamente y con argumentos. Si es que ya está todo dicho, lo que hace falta es escuchar.