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domingo, 30 de diciembre de 2018

Colaboración. Virginie Despentes: Vernon Subutex 3

Idioma original: Francés
Título original: Vernon Subutex 3
Año de publicación: 2018
Traducción: Noemí Sobregues
Valoración: Decepcionante

La trilogía Vernon Subutex, de Virginie Despentes, no es una trilogía, a pesar de la contradicción que esa frase encierra. Es, en realidad, un único libro que ha sido dividido en tres partes por, me aventuro a decir, criterios no literarios, sino (probablemente) comerciales. Pero en fin, dado que reseñé la segunda parte, cuya primera parte fue reseñada en su día por Francesc Bon, he creído conveniente hacer una no tan pequeña crítica de la tercera parte, así que vamos allá.

Si en algo estoy de acuerdo con las distintas reseñas que he encontrado sobre este libro es en que es la novela más floja de las tres, y teniendo en cuenta que ninguna de las anteriores me pareció gran cosa, me temo que eso no deja mucho lugar al optimismo. Y si en algo estoy en desacuerdo, es en que es una gran novela, y algún día habrá que hablar de lo que cuesta encontrar una crítica literaria negativa en la prensa "oficial", a diferencia de lo que ocurre con el cine, donde los críticos parecen tener mayor libertad (entren en Rotten Tomatoes y echen un ojo, por ejemplo). Quizá tenga que ver con el potencial de una y otra industria, o la estrecha relación entre las cabeceras de prensa y las grandes editoriales, pero no lo sé. Algún día.

Pasando a la novela, les hago un pequeño resumen introductorio. Vernon Subutex es un tipo entrado en años, expropietario de una tienda de discos que tuvo que cerrar, desahuciado figurada y literalmente, que a lo largo de los volúmenes anteriores ha ido juntado a su alrededor a toda una amplia caterva de personas/personajes de toda clase y condición que viven en plan comuna (cuya descripción a modo de recordatorio para el lector que vienen del anterior volumen inaugura el libro), erigiéndose en una especie de gurú-DJ gracias a mezclas electrónicas semi-hipnóticas. Hay alguna trama secundaria, pero no se crean que a pesar de las novecientas y pico páginas, hay mucho más. 

Por desgracia, Despentes arrastra muchos de los problemas que ya presentaba en el anterior volumen, incluyendo alguno más. 

Para empezar, en la mayor parte del libro, Despentes no muestra, sino que cuenta. Cualquiera que haya ojeado alguna vez un manual de escritura sabe que este es uno de los principales aspectos a cuidar. Es mejor decirle al lector que fulanito le ha escupido a un negro que decirle que fulanito es un racista o que opina que hay demasiada inmigración. Evidentemente, hay que alcanzar un equilibrio (o los libros se harían eternos y llenos de irrelevancias), pero Despentes no se acerca ni de lejos. En una abrumadora mayoría de situaciones, la autora nos dice qué piensa o cómo se siente este o aquella, lo cual hace que la narración carezca de toda fuerza.

Otro problema es el de los personajes. Con veintidós personajes en la trilogía, es difícil, yo diría que imposible, darle una voz auténtica a cada uno, pero Despentes lo consigue en muy pocos casos, y por aspectos más vinculados a la situación vital o aspecto que a la personalidad. En general, muchos de ellos aparecen como entidades intercambiables, y es prácticamente imposible decir si fulanito piensa esto o aquello, más que en ocasiones muy puntuales. Una consecuencia (o una causa) es que Despentes sigue hablando a través de ellos, sin que exista en muchos casos ("siempre" es una palabra muy grande) una mínima membrana entre la entidad ficcional y la autora. Casi siempre que aparece una opinión sobre feminismo, política, la burguesía, el proletariado, la inmigración, etc. (y toca todos los palos y desde muchos puntos de vista), tienes la certeza casi absoluta de que es algo que ella (y no el personaje) está diciendo. De hecho, hay segmentos del libro que podrían ser presentados como un ensayo, y no desentonarían lo más mínimo. En otras palabras, no hay el menor atisbo de subtexto en toda la obra; está todo a la luz, tan obvio como en una entrevista con la autora, y eso resulta decepcionante.

Decía en la anterior reseña que el ritmo de la narración es lento, y en este volumen esa velocidad es aun menor. Casi me atrevo a afirmar que hasta las últimas 100 páginas apenas sucede nada de relevancia, y los capítulos de las anteriores páginas se basan en buena parte en descripciones (a veces desde la tercera persona, a veces desde la primera) de las vidas y opiniones de los personajes. Una de las causas es quizá la enorme escasez de diálogo directo en el texto. En general, aparece como diálogo indirecto y tampoco muy abundante (y a veces, puntuado de manera harto extraña, más que experimental). Todo esto es difícil separarlo de los puntos anteriores (y es probable que se note mi incapacidad para aislar unos problemas de otros). Las opiniones se cuentan, no se muestran, y casi siempre al lector le da igual de quién esté hablando, porque gran parte de la información es estéril para la narración. Menganita puede ser una feminista de tomo y lomo, pero si ya desde el principio es claro que eso no tiene ningún impacto en la trama, que ni siquiera genera una subtrama, es difícil ver su utilidad y prestarle atención. Dicho de otra forma, sabes que hay un personaje que es una feminista, porque Despentes quiere hablar del papel del feminismo en la época actual, pero que se llame Marie o Stephania u Olga acaba siendo irrelevante.

Al igual que en el volumen anterior, acabé este libro pidiendo la hora, y la impresión que me llevé es que no era el único. Durante muchas hojas, tuve la sensación de que Despentes estaba aburrida, cansada, pero sentía la obligación de desarrollar mínimamente el montón de individuos que había metido en la trilogía y acabar de una vez por todas. Hay más cosas que señalar, como la abundancia de referencias musicales o lo forzado que parece el atentado de la sala Bataclan o la muerte de Bowie (que incomprensiblemente es uno de los hechos que se mencionan en la contraportada como reclamo), pero esta reseña ya ha quedado demasiado larga. 

Resumiendo, Despentes ha escrito tres novelas inseparables (las tramas no son independientes) con las que ha pretendido radiografiar la sociedad francesa (y occidental, en su mayor parte) actual, pero fracasa en su mayor parte al intentar hacerlo a través de una obra de ficción. La narración carece de fuerza incluso en las escenas que teóricamente se prestan más a ello, mostrando en algunos casos carencias importantes para crear la emoción necesaria en el lector, no sé si fruto del cansancio o de las capacidades de la autora. Tengo la impresión de que haber optado por un formato de ensayo habría sido un enfoque más sincero y (quizá) de mayor calidad, en el que Despentes podría haber desplegado los recursos de análisis sociológico y el conocimiento que sin duda posee (los conocimientos al menos), pero qué duda cabe que habría sido mucho menos rentable para todos.

Firmado: MBt

sábado, 15 de octubre de 2016

Virginie Despentes: Vernon Subutex 1

Idioma original: francés
Título original: Vernon Subutex 1
Año de publicación: 2015
Traducción: Noemí Sobregues
Valoración: está bien

Hoy me dirijo a los redactores de los fajines. Concretamente al subconjunto dedicado a los libros franceses escritos por autores contemporáneos: cuidado con las menciones. Sobre todo de según qué autores sagrados. Porque a veces acudir a ese recurso necesario, la comparación. la referencia, supone un lastre para una novela. Un engorro o un inconveniente, una corriente contra la que remontar. Y 337 páginas son muchas, más cuando la de Despentes es una novela que tarda muy poco en mostrar sus bazas, que son básicamente cuatro. Crisis. Sexo. Drogas. Rock'n'roll. 
Ah. Os suenan las tres últimas. Y la primera. Oh la primera. Novelas de la crisis están saliendo y van a salir, y a medida que la crisis (uh, siento estar mencionándola tanto) se alargue, cuando la gente se dé cuenta de que no es una situación excepcional sino una nueva realidad, puede que llegue un día en que todas las novelas que se publiquen sean en la o sobre la... ya sabéis.
Planteamiento: Vernon Subutex, protagonista absoluto, afronta uno de esos momentos definitorios de la existencia. Ha tenido que cerrar su tienda de discos y desde entonces su vida ha ido hundiéndose. Alex Bleach, estrella de la música a la que le une suficiente amistad para que éste haya decidido costear el alquiler de su piso, acaba de morir, de una sobredosis. Bleach vivía de las rentas de su carrera musical, pero ya estaba en plena curva descendente también: últimamente dejó de componer y andaba hablando de no sé qué ondas: paranoias de creador. Y su muerte es un punto más en el declive de Subutex. Otros han ayudado: funcionarios capaces de esbozar una sonrisa de complicidad mientras redactan escritos que harán que pierda subsidios. La maquinaria administrativa no quiere nada con un cincuentón de buen ver que acumula experiencias vitales pero que ya no tiene emplazamiento en una sociedad corroída y competitiva. Las etapas se suceden de forma inexorable, y la próxima será el desahucio. Subutex activará sus amistades en redes sociales y, más o menos, se lo montará: va recibiendo invitaciones para pernoctar en casas de amigas y parece seguir adelante. Cuenta, piensa (fantasea) con una baza secreta: entre sus pertenencias hay unas cintas donde Bleach hace una serie de confesiones. Piensa que eso puede representar un salvavidas. Se equivoca. Las amistades van desfilando, pero Subutex cada vez está peor, en una situación más precaria. 
Despentes: escritora de estilo directo y procaz, sin contemplaciones para regodearse en la obscenidad si ello es necesario, o cuando sea. Fille terrible que intercala constantes referencias a la cultura contemporánea: discos (lógicamente, muchos), numeritos sexuales extraídos del porno on-line (unos cuantos) películas y libros (no tantos), deslenguada y desinhibida como corresponde al perfil urbano parisien: una auténtica esponja de influencias a la que no se le puede recriminar que no sea capaz de ponerse en la piel de su protagonista. El problema (y recordad el "1" al lado del título) es que Despentes se pasa el libro telegrafiando sus intenciones: cada escena parece anunciarse en la anterior. No digo que no pueda disfrutarse, pero en una novela de este tipo, basada en el exceso, el efecto sorpresa es bienvenido. Así que Despentes se queda demasiado a menudo en territorios ya muy conocidos: Auster, Welsh, Hornby, Palahniuk, Easton Ellis han estado ahí, hace décadas.
Despojada de todas esas circunstancias contemporáneas y coyunturales, la de Vernon Subutex es una sencilla historia de mala suerte, de decadencia empujada por las circunstancias y por lo injusto que es el mundo y bla bla bla. Y Subutex a veces parece el anti-héroe simpático al que todos acogeríamos y a veces un remedo del Lazarillo. Y esa desnudez deja una carcasa demasiado liviana: alguna reflexión sobre el conservadurismo de la juventud, sobre la compleja nueva realidad social y política de Francia, sobre el devastado panorama cultural, y poco más, aderezan una novela simplemente correcta que tanto puede entusiasmar a los acólitos de la resabida trilogía (sex'n'drugs'n'rock'n'roll, Ian Dury dixit) como repeler a los demás.

También de Virginie Despentes en ULAD: Teoría King Kong, Vernon Subutex 2

martes, 16 de mayo de 2017

Colaboración. Vernon Subutex 2 de Virginie Despentes

Idioma original: Francés
Título original: Vernon Subutex 2
Año de publicación: 2017
Valoración: Decepcionante

Si han leído la primera parte de la última obra de Despentes, Vernon Subutex 1, recordarán que acaba con el protagonista en caída libre hacia el sinhogarismo, tras un largo periplo por las casas de amigos, amigas, ex amantes y varios personajes más que no recuerdo, en una historia con poca trama y muchos personajes, unos imprescindibles, otros prescindibles y otros innecesarios. Pues bien, me temo (y ese verbo lo anticipa todo) que la tónica continúa en esta segunda parte, donde el argumento avanza con una lentitud agotadora en algunos momentos, y los personajes continúan saliendo de debajo de las piedras. Vernon sigue siendo un sintecho, pero de la desesperanza de la primera parte pasa poco a poco a adoptar un papel casi mesiánico, en torno al cual se concentran (literal y figuradamente) los personajes ya vistos y algunos nuevos.

Sí, algunos asuntos van resolviéndose, gracias a Dios, pero a una velocidad insuficiente para un libro de más de 300 páginas (y al que le sigue una tercera y última parte). He de admitir que terminé el libro pidiendo la hora, y no sé si influenciado por ello, tengo la impresión de que la autora también lo acabó con prisas. El problema radica es que todo lo que comenzó a no gustarme en la primera parte, se muestra sin pudor en esta segunda parte. Les cuento.

Empezamos con los personajes. Si al acabar la primera parte se quedaron con la impresión de que había muchos, tengo una sorpresa: al acabar la segunda parte hay más. Y no es que la abundancia de personajes sea un defecto en sí mismo, pero sí lo es cuando muchos de ellos parecen existir con el único propósito de servir de vehículo para que la autora nos dé un punto de vista sobre el racismo, la derecha, las drogas, la burguesía, la izquierda, la religión, el feminismo, los pijos o cualquier otro tema que se les ocurra, y no siempre de manera disimulada. Es como si Despentes hubiese escrito la trilogía con el firme propósito de tocar todos los palos desde todos los puntos de vista. Y desgraciadamente, eso lastra todo el argumento, porque la historia se detiene con demasiada frecuencia en detalles de la vida de los personajes que son accesorios para el lector, hasta el punto de que en cierto punto del libro te parece estar asistiendo a un desfile de biografías, una tras otra, muchas irrelevantes, y en las que, por una cuestión de economía, se cuenta mucho y se muestra poco, lo que le resta todavía más agilidad al desarrollo.

El segundo problema del libro son las referencias, que aunque puedan parecer accesorias, no creo que lo sean (y su número apoya mi argumento). Por un lado, las musicales, y por otro las geográficas. Para las primeras voy a recurrir a un ejemplo. Aquellas personas que lo hayan leído, recordarán que en American Psycho hay párrafos extensos con divagaciones sobre Genesis o New Order. Te podía gustar más o menos, lo podías leer o no, pero sentías que era algo que emanaba de Patrick Bateman, que encajaba en su personalidad psicopática y obsesiva, como sus conversaciones sobre la calidad del papel de las tarjetas de visita. Era Patrick el que hablaba, no Bret Easton Ellis. Sin embargo, en Vernon Subutex no pasa eso. Y no lo hace porque el narrador es tan omnisciente y cambia tanto de punto de vista que cuando aparece una referencia musical, sabes que es Despentes, y no Vernon, quien está incrustando en el texto los nombres de los grupos. Y no cuela, porque parece estar dando lecciones de sabiduría musical (tan legítimas como innecesarias). Por otro lado, están las referencias geográficas. Las páginas, yo diría más que en el primer volumen, están plagadas de calles y localizaciones de París, que a los que no somos de la capital francesa nos cuesta retener y ubicar. No estoy pidiendo que Despentes sitúe la historia en un lugar indeterminado, pero tengo la sensación de que tanta concreción dificulta la inmersión o desde luego, no la favorece. 

En mi opinión, lo que Despentes trata de hacer con Vernon Subutex 2 es continuar con su radiografía más o menos realista de la sociedad francesa, y para ello utiliza los dos pilares vistos: los personajes y las referencias. Las referencias como recurso para dotar de realismo a la narración: ubicar al lector en un marco temporal y espacial concreto, y la variedad de tipos de personajes como un intento de abarcar un gran número de grupos sociales, es decir: posiciones sociales y políticas. La multiplicación de personajes puede tener una segunda interpretación, y es que el lector perciba a Vernon y sus acólitos no como un conjunto de individuos con nombre, sino como una masa colectiva que es en realidad la que protagoniza el segundo libro, pero esa es una especulación mía que veremos si se cumple en la tercera parte. 

Y aunque el intento es loable, como ya he anticipado, el resultado no funciona. Por un lado, las referencias no consiguen su propósito, en mi caso principalmente porque no conozco la música o los lugares que menciona, pero también porque a diferencia de la primera, la segunda parte introduce en algunos momentos un componente místico en torno a Vernon que resta parte de esa verosimilitud que busca. Por otro lado, para "colgar" los personajes hace falta algo, y ahí es donde entra la trama de Alex Bleach, sus cintas y las circunstancias de Vernon, que actúan de excusa narrativa en la que encajar lo que la autora nos quiere transmitir, de manera en ocasiones poco sutil. No obstante, el problema con el que nos encontramos es que Despentes no le presta la suficiente atención como para que la trama pueda sostener por sí sola todo lo demás, y acaba siendo un hilo demasiado fino para mantener la atención del lector.

Quizá alguien piense que estoy siendo un poco duro con la valoración de "Decepcionante", pero dadas las expectativas con las que enfrentaba el libro y a esta autora, para mí está más cerca de eso que de "Se deja leer". Pero en fin, ya saben lo que se dice de las opiniones.

Firmado: MBt

También de Virginie Despentes en ULAD: Teoría King KongVernon Subutex 1

jueves, 26 de julio de 2018

Rebecca Solnit: Los hombres me explican cosas

Idioma original: inglés
Título original: Men explain things to me
Traducción: Paula Martín Ponz (edición en castellano), Marina Espasa (edición en catalán)
Año de publicación: 2014
Valoración: bastante recomendable

Para aquellos que desconocen la trayectoria profesional de la autora, podríamos resumirlo diciendo que Rebecca Solnit es una de las voces activistas que más relevancia tienen en el panorama mundial. Así, escribe de manera frecuente en The Guardian y Harper's Magazine, y parte del contenido de sus artículos de denuncia son la base de sus libros.

En «Los hombres me explican cosas», la autora parte de una anécdota personal en la que una figura masculina de alto cargo explica a Solnit el contenido de un libro que estaba teniendo mucho renombre en ese momento, sin saber que era ella quien lo había escrito. Y aún después de que ella se lo hiciera notar, él siguió intentando explicarle el contenido del libro. Esta situación podría ser una divertida anécdota, a menos que vayamos a lo que implica realmente: un mundo donde los hombres son quienes realmente saben las cosas, quienes tienen la "facultad" de explicar lo que sucede, quienes con su autoimpuesta seguridad menoscaban la voz de las mujeres. Matiz importante: antes de que alguien se siente ofendido por el título genérico, la autora ya indica que el libro no va dirigido a todos los hombres sino a aquellos que pretenden explicar cosas que una ya sabe y que lo hacen presuponiendo un desconocimiento de la interlocutora por el hecho de ser una mujer.

De esta manera, Solnit escribe este ensayo donde denuncia la dificultad de las mujeres, no únicamente en ser escuchadas, sino en que los hombres valoren la calidad de sus aportaciones. El título del libro ya lo indica de forma clara y hace referencia al famoso concepto de mansplanning. Partiendo de esa curiosa anécdota, pone de relieve un mundo donde las mujeres deben luchar, no únicamente por conocer y explicar los hechos, sino también por librar una batalla que va más allá del propio conocimiento sobre un tema: deben luchar también para que su voz sea reconocida y válida. Así, a lo largo de los nueve capítulos que contiene el libro, la autora trata diferentes hechos y situaciones donde la mujer está relegada a un segundo plano, donde el poder del hombre en un mundo construido a su medida intenta imponerse a la libertad y al derecho de la mujer a ocupar ese mismo espacio.

La autora nos expone datos sobre violencia hacia las mujeres, y como esta es una herramienta de control. Por este motivo tantos asesinatos a mujeres son por parte de sus parejas al decidir ellas romper la relación. Y al hablar del control, habla sobre la errónea interpretación sobre el hecho que la liberación femenina intenta robar el poder de los hombres, como si solo pudiera tenerlo uno de los sexos. Aquí la autora es clara: «Somos libres juntos o somos esclavos juntos». Y hablando sobre el poder, lo hace también sobre su ejercicio en la práctica: el control. Un control que se manifiesta en los diferentes apartados del libro, como cuando habla de Dominic Strauss-Kahn (con críticas que extiende hacia el FMI y el capitalismo, como estructuras que ejercen el poder, fomentan la individualidad, la competitividad y un consumismo sin límites), también cuando denuncia la invisibilidad que se da a las mujeres a través de la religión (el velo), el matrimonio (pérdida del apellido en la descendencia), menciones a Virginia Woolf y a la esperanza en la oscuridad (capítulo que dará pie a otro libro publicado por la autora en 2016 y que reseñaré en breve) y la necesidad imperiosa de avanzar hacia caminos de destino incierto pero necesarios. Igualmente, con una mirada retrospectiva, la autora menciona los cambios en la sociedad que supuso la aceptación del matrimonio formado por dos seres iguales y denuncia las desigualdades existentes antiguamente dentro de un matrimonio formado por hombre y mujer. La aprobación del matrimonio entre seres del mismo sexo permitió la revisión de los conceptos sobre igualdad entre miembros y supuso un cambio a la hora de establecer el poder dentro de una relación.

La autora también habla sobre la acusación y presunción de culpabilidad que se otorga a las mujeres, y la falta de credibilidad cuando ellas acusan a los hombres de abusos. Habla de las violaciones y el silencio que hay en cada una de esas situaciones, un silencio de la víctima. Habla sobre los cambios a raíz de los movimientos feministas en los años setenta y posteriores. Y habla, en el caso de las violaciones, del intento de callar a la víctima y si es posible, atacar a su credibilidad; pero la autora no lanza la toalla y sí lanza un mensaje optimista: «La lucha ha sido larga y dura, y lo seguirá siendo; a veces se pondrá fea y las reacciones contra el feminismo continuaran siendo salvajes, fuertes y omnipresentes, pero no están ganando

Este aspecto último aspecto ya lo vimos en «Teoría King Kong», de Virginie Despentes, pero en este caso Solnit se desmarca del enfoque de Despentes y hace mención al movimiento YesAllWomen como respuesta al NotAllMen.  La autora critica el movimiento NotAllMen, porque aunque es cierto que no todos los hombres cometen abusos, sí todas las mujeres los sufren, de ahí su YesAllWomen. Y aprovecho para lanzar un aviso: aquellos (y aquellas, aunque menos) que os echasteis las manos a la cabeza con Virginie Despentes y su «Teoría King Kong», no os alarméis. Porque el estilo de Solnit es totalmente diferente, y su enfoque no parte tanto de la crítica ácida y mordaz, casi desafiante e incluso agresiva de Despentes, sino que lo centra en algo más constructivo. Y sí, claro que habla del concepto NotAllMen y lo critica poniéndolo en frente del más que acertado YesAllWomen, pero ya la misma autora reitera en varias ocasiones que muchos hombres se han unido al feminismo, en una causa que no pretende menospreciar o reducir la capacidad de los hombres, sino una causa que lo que pretende es liberarnos a todos. Igual que el racismo no debe combatirse solo por parte de las víctimas (o personas afectadas), tampoco el feminismo. Así, este relato es más inclusivo, más esperanzador, más optimista, porque hay razones para creer que se avanza, de manera más lenta o más rápida, a veces de forma acelerada y otras con muchísimos obstáculos, pero se avanza.

Y esta vez terminaré la reseña con una cita de la autora, que resume perfectamente el por qué debemos afrontar y combatir la situación actual: «Es una cuestión de derechos humanos, es el problema de todos, no está aislado y nunca más será aceptable. Tiene que cambiar. Es vuestro trabajo cambiarlo, y mío, y nuestro

También de Rebecca Solnit en ULAD: Esperanza en la oscuridad, Una guía sobre el arte de perderse, Recuerdos de mi inexistenciaEl camino inesperado

jueves, 8 de febrero de 2018

Virginie Despentes: Teoría King Kong

Idioma original: francés
Título original: King Kong Théorie
Traducción: Paul B. Preciado
Año de publicación: 2006
Valoración: muy recomendable

Fiel a su actitud luchadora e inconformista, mostrada ampliamente a lo largo de su trayectoria artística y vital, Despentes decidió en 2006 escribir un libro irreverente, mordaz, provocador y desafiante sobre el feminismo, dirigido a las mujeres, pero también a los hombres, o al menos a aquellos hombres abiertos a cambiar las cosas en favor de la igualdad entre géneros.

Con este propósito, la autora parte de su propia experiencia para denunciar, a partir de sus propias vivencias, las condiciones sociales, políticas, culturales y económicas que relegan a la mujer a un segundo plano. Así, en este ensayo duro, crítico y crudo, la autora es honesta en la exposición de su punto de vista, puesto que la visceralidad con la que vive su experiencia es la misma que muestra sin filtros al lector; sin tapujos y sin ningún intento de pretender suavizar sus opiniones, Despentes nos las transmite, casi diría que nos las lanza a la cara, para despertarnos del dócil letargo en el que se encuentra la sociedad en cuanto al feminismo se refiere. Y lo consigue.

Con la intención de provocar una reacción, de despertar a la sociedad, de encender los ánimos para promover una revolución, la autora defiende la figura de la mujer y reivindica sus derechos a la vez que critica la lentitud en los avances en favor de la igualdad. De esta manera, aunque reconoce los logros conseguidos por el movimiento feminista de los años setenta, también lo critica al afirmar que si bien es cierto que consiguieron que la mujer luchara por tener un trabajo, autonomía y empoderamiento, esto no vino de la mano de una mayor equidad en el reparto de las tareas domésticas, en la responsabilidad sobre la educación de los hijos. Política y económicamente no ocuparon el espacio público, que se mantuvo en poder de los hombres. Esta parcela siempre habitada, gestionada y dominada por los hombres quedó inmune a los cambios, pues la revolución no pudo alcanzar esta parte. Analizando las causas de la diferencia en los roles, la autora critica abiertamente la educación tradicional a la que las mujeres de han visto sometidas y también la destinada a los hombres, una educación donde se premia y valora la rigidez, la ocultación de sentimientos, la competitividad, la agresividad.

Encontramos episodios más duros por su visceralidad en los expuestos hacia la mitad del libro, donde trata el tema de la mujer, no en cuanto a roles en la sociedad, sino en cuanto a su cuerpo, y al uso y abuso del mismo. Así, la autora, víctima de una violación, hace hincapié y denuncia lo que hemos visto y oído muchas veces en estos casos: que la víctima no se defendió, que no opuso suficiente resistencia, las típicas excusas para convertir a la víctima en cómplice, o incluso en provocadora si su apariencia física o vestimenta no se ajusta a los límites de lo recatado. Como si una mujer no pudiera ir vestida como le viniera en gana. Episodios durísimos cuando habla de la violación, de cómo afecta al pensamiento de la víctima, cómo condiciona su conducta, pero especialmente lo que la sociedad espera de ella; después de una violación la única actitud tolerada es la violencia contra una misma porque la respuesta que se espera de la víctima es el abandono de su personalidad, de su manera de ser, de su vida anterior. Como si tuviera que engordar veinte quilos o salir del mercado sexual por ser mercancía defectuosa (en palabras de la autora). No se le permite salir adelante si no quiere que se cuestione lo sucedido. La autora recrimina a una sociedad que critica a las mujeres por querer salir de estas situaciones de injusticia, por negarse a ser derrotadas, por revelar y denunciar las condiciones de desigualdad. Es durísimo, por cierto y por veraz; porque lo hemos visto últimamente en casos recientes de violaciones en grupo. Y leerlo a través de la experiencia de la propia autora es muy duro, es horrible, es impactante y altamente sobrecogedor.

De esta manera, sin tapujos ni pelos en la lengua, la autora habla también de la pornografía y su significado para quién la consume, de la prostitución (etapa por la que pasó hace tiempo) y de aquello que implica para quien la ejerce (pero también para quien la solicita). Ampliando el retrato social, extiende la intencionalidad que hay detrás de la prostitución (dinero a cambio de sexo) a las parejas con grandes desigualdades en cuestiones de poder. Ahí la autora es atrevida, nuevamente, al hacer un símil con las mujeres que se casan con hombres por su dinero, por sus regalos o por la comodidad económica que hay detrás de un matrimonio; parejas que no se soportarían sin el sustento o la motivación económica. La desigualdad en los roles existe, y siguen siendo los hombres quienes pretenden dictaminar el camino a emprender por parte de la sociedad, y son ellos quienes lideran, quienes mandan, quienes dictan las normas y quienes gestionan, principalmente para ellos, en una especie de coto cerrado.

La amplitud de temas tratados por la autora hace que este libro sea de gran interés y más aun teniendo en cuenta que, pasados más de diez años, sigue vigente. Pero me gustaría creer que, en el tiempo que ha pasado desde que la autora escribió el libro, la sociedad ha cambiado la mentalidad, o ha iniciado el cambio. Me gustaría pensar que nos planteamos la educación de nuestros hijos de manera más igualitaria, que ya no educamos a nuestras hijas como personas dóciles, coquetas y sumisas y a los hombres como seres agresivos, exigentes y creyendo que el mundo es suyo, que son ellos quienes deciden. Me gustaría creer que se hacen pasos en la dirección correcta, a pesar que muchos episodios y casos en la actualidad no inviten a tales reflexiones. Me gustaría creer que, a pesar de su actual vigencia, este libro quedará obsoleto algún día y que su lectura servirá no ya como revulsivo sino como un recuerdo de una época en la que la sociedad estaba equivocada. Eso es lo que espero, y para conseguir este propósito sirven lecturas como esta. Toca reflexionar y corregir. Queda camino por recorrer.

También de Virginie Despentes en ULAD: Vernon Subutex 1, Vernon Subutex 2

domingo, 29 de marzo de 2015

Alberto Olmos: Vida y opiniones de Juan Mal-herido

Idioma: español
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable... según gustos

Peliaguda esta tarea autoimpuesta (porque sepan ustedes que en este bienaventurado blog gozamos de libertad absoluta y no existe ningún tipo de coacción... si obviamos el látigo de siete colas que acaricia de cuando en cuando nuestras espaldas, claro... ¡ay!): reseñar en un blog literario un libro compuesto de... reseñas aparecidas en un blog literario. Y no uno cualquiera, además: probablemente el más conocido y polémico -aunque sea en el limitado mundo de la letraheridez española- de los últimos años de la, por otra parte, también limitada Historia de la "blogosfera": el del Lector Mal-herido, a.k.a. Alberto Olmos.

Antecedentes de este libro, hasta donde llegan mis conocimientos: el tal Lector Mal-herido (Juan de nombre de pila, aunque juro que no es pariente mío) apareció como comentarista en otro blog de reseñas literarias, escritas por un "Lector Ileso" -de ahí lo de "Mal-herido", después- a.k.a. Roberto Enríquez, a.k.a. Bob Pop (sí, el de la tele). Al cabo de un tiempo, Mal-herido se independizó y se dedicó a reseñar sin piedad ni arrepentimiento los libros que le caían entre manos, ya fueran clásicos o novedades, con la aparente inconsciencia de un mono con una metralleta. Las reseñas resultaban refrescantemente faltonas -fórmula mágica:  mucho humor, muchos tacos y muchas, muchas, muchas alusiones sexuales- y el tal Juan Mal-herido se fue convirtiendo en un personaje excesivo: narcisista, insultante, machista, chovinista, catalanófobo, racista e incluso filonazi (tuvo una etapa, según creo recordar, bastante pesada, en la que no hacía más que mencionar a Hitler y Mein Kampf... en fin, las chiquilladas de costumbre); es decir, en un compendio de todo lo "políticamente incorrecto" o lo que si nos ponemos finos, podríamos llamar las boutades de un enfant terrible. O de un Torrente de las letras, vaya (y no me refiero a Torrente Ballester...). Las fotos subiditas de tono que acompañaban las reseñas no hicieron más que aumentar la popularidad del blog... ejem, eso me han dicho...

Hace cosa de un año, el blog del lector Mal-herido pasó a convertirse en un blog de pago, accesible sólo a suscriptores -no lo critico, que conste. Es más: dejo aquí el enlace para quien esté interesado: http://www.malherido.com/ -, pero ya antes, Alberto Olmos decidió rentabilizar en algo su popularidad y publicó en papel una serie de reseñas, seleccionadas ignoro con qué criterio (por entonces, Olmos aún pretendía hacer creer que él no era quien escribía el blog... o pretendía hacer creer que pretendía hacer creer, etc... de modo  que en el libro figura como responsable de la edición y prologuista). Así que nos encontramos con este libro estupendamente editado -y con un formato de bolsillo muy divertido, pues realmente cabe en un bolsillo- en el que podemos disfrutar de toda una serie de reseñas "malheridas" de los más variado: desde filósofos asentados como Stoderlijk a pensadoras feministas de lo menos ortodoxo como Virginie Despentes; novelistas reconocidos y/o clásicos (Javier Marías, Mme. De Lafayette) junto a otros poco conocidos, primerizos... ensayos más o menos rigurosos (Cercas, Anna Caballé)... y sobre todo, memorias y diarios de todo tipo de escritores, -empezando por Dalí, por ejemplo-, que parece ser lo que más le gusta al Mal-herido. A destacar, además, las jocosas entrevistas que mantiene con diferentes personajes del mundo de las letras (Vila-Matas, Sánchez-Dragó) o del mundo, así en general... (el 30% de Dios).

Creo que se pueden extraer varias conclusiones de la lectura de este libro, a saber:

1-Mal-herido/Olmos no es tan fiero como lo pintan... una vez despojado de su anti-camuflaje soez y malhablado, de su pose de malote, aparece un lector con opiniones interesantes y bien asentadas, a tener en cuenta , en cualquier caso... Y no todo es zurrar la badana al personal: cuando la obra de un escritor le gusta (Greene, ChandlerKristof) lo señala con respeto y hasta con unción.

2-De la misma forma, la misoginia y chulería de la que hace gala el personaje en todo momento es puro postureo, que diríamos ahora. De hecho, buena parte de las reseñas están dedicadas a escritoras y, sobre todo, a cómo retratan estas autoras a sus congéneres en sus libros. Y cómo debería hacerse. Otra cosa es que estemos más o menos de acuerdo con las opiniones que expone luego al respecto el propio Olmos/Malherido, pero está claro que el tema le interesa.

3-Igualmente, le interesa y mucho, lo que tiene que ver con el acto de escribir ("Leer no es la droga; la droga es escribir", dice), la voluntad de hacerlo y, aún más, la de convertirse en escritor (en escritor que escribe, se entiende, no en la figura pública que representa ese papel)... de hecho, junto con lo que piensan y sienten las mujeres, parece ser el asunto que más le interesa a este tipo.

4-Éste es un librito con el que te lo pasas francamente bien -yo, al menos, me he carcajeado varias veces-, siempre que no se tengan muchos prejuicios con el lenguaje y se acepte una mirada gamberra sobre lo que se habla (repito: los libros, el sexo, la escritura, el sexo, las mujeres, el sexo, la celebridad, el sexo, el sexo, el sexo...). No dudo en recomendarlo, desde luego, aunque quizá no sea plato para todos los gustos. Lástima,  eso sí,  que en el libro no aparezcan las fotos del blog...

Y ya está.

Otros libros de Alberto Olmos reseñados en Un Libro Al Día: Ejército enemigoAlabanzaTrenes hacia Tokio

viernes, 30 de septiembre de 2022

Gabrielle Wittkop. El necrófilo

Idioma: francés

Título: Le nécrophile

Año de publicación: 1972

Traducción: Lydia Vázquez Jiménez

Valoración: repugnante (a ser posible, pronúnciese a la manera gallega: "repunante")

Hay en el mundo literario francés toda una tradición, ejercida con mayor o menor fortuna y por voluntariosos enfants terribles (o no tan enfants), de épater les bourgeoises (en los últimos años, más bien, épater les progressistes). Algo menos evidente, pero quizás más interesante sea toda una corriente, o quizás tan sólo un hilo, a través del tiempo, de escritoras francesas que han escandalizado a la sociedad bienpensante con sus narraciones o incluso autoficciones en la que el tema sexual no sólo resulta explícito, sino que se lleva a extremos que pocos de su colegas varones han tocado. A bote pronto, se me ocurren los nombres de Anaïs Nin, Marguerite Duras, Catherine Millet, Marie Darrieusecq, Anne Serre, Virginie Despentes... (tal vez debería empezar por Colette, pero a estas alturas resulta de lo más pudorosa) y seguro que hay muchas más.  A pesar de que alguna de éstas ha escrito libros de agárrate que vienen curvas, ninguna ha llegado, creo, a traspasar la frontera de  uno de los comportamientos más execrados por la sociedad, bien pensante o no, como Gabrielle Wittkop en esta novela, que, sin más artificio, cuenta la historia de un necrófilo; es decir, alguien que se pone verraco se excita sexualmente con los cadáveres.  

En este caso, se trata de un anticuario parisino llamado Lucien, que se dedica a profanar tumbas recientes en diversos cementerios de la ciudad para llevarse los cuerpos a su apartamento -suena harto complicado, lo sé- y allí hacer guarrerías disponer de ellos a su antojo y satisfacción... Un asco, sí, y más aún cuanto que madame Wittkop no nos ahorra detalles sobre las maniobras que ejecuta el susodicho Lucien ni sobre la evolución natural de los cuerpos en descomposición, que como todo el mundo sabe, no permanecen precisamente inalterados a temperatura ambiente... (y no sigo, porque me están dando arcadas al acordarme). Todo ello envuelto en el delirio en el que vive este hombre, aparentemente un tipo tranquilo y educado, pero en su interior como las maracas de Machín. A través de su diario, que es la forma en que está conformada la novela, nos enteramos de sus cuitas para conseguir "amantes", aquéllas y aquéllos que le han dejado un recuerdo más imperecedero, de dónde le viene tan morbosa querencia por la carne muerta... en fin, toda una serie de pormenores de los que casi mejor hubiera sido no saber nada, por más que se trate de una ficción. Ojo, que tampoco digo que éste sea un mal libro, ni mucho menos; de hecho, cuenta con páginas bellísimamente escritas, con ese estilo suntuoso y alambicado, pero fascinante y que no pierde el nervio narrativo, que tan bien les sale a los literatos/as franceses (a algunos/as, por lo menos). Atendiendo a este aspecto (y como pasa, por ejemplo, con ¡Ponte, mesita!, de Serre), la novelita sería, sin duda, recomendable... si obviáramos todo lo demás. Porque, así como otras reseñas que califican a su libro reseñado como "repugnante" parecen utilizar este calificativo en el sentido de "muy malo", "inadecuado" o incluso "inmoral", yo lo he usado aquí de acuerdo con su más estricto significado: "repugnante" quiere decir que da mucho repelús, carallo...

¿Qué le pudo inducir a una señora en apariencia tan reflexiva, culta y distinguida como era Gabrielle Wittkop (recomiendo a todo el mundo que vea la entrevista que concedió en un programa de Bernard Pivot y que se puede enlazar desde la página web de la editorial Cabaret Voltaire) a escribir una novela tan escabrosa como ésta, descartada, creo yo, la motivación de épater, etc.? Puede que, como declara ella en esa entrevista, la idea de que las mujeres no han de ponerse límites, tampoco en literatura. O su ansia y voluntad de libertad en todos los ámbitos, como se puede deducir a tenor de la muy interesante biografía de esta escritora (por lo demás, discípula declarada del marqués de Sade, según ella)... pero yo tengo la sospecha que quizá esta idea de ir más allá de cualquier límite permisible o al menos permitido (se entiende que en la ficción) venga del acicate que supuso, en su momento, el éxito de la Lolita de Nabokov y que pudo hacerle pensar: "Si tú te has atrevido a contar una historia desde el punto de vista de un pederasta, yo voy a ir más allá, viejo ruso de los co..." Dicho de otro modo. un "sujétame el cubata" en toda regla. O quizás simplemente lo hizo porque pudo y porque quiso, como otro marqués, el del Viso, qué sé yo. En todo caso, advierto a quien se plantee leer esta corta (afortunadamente) novela: por utilizar el argot taurino, aténse los machos y que Dios reparta suerte... La van a necesitar.

Nota final: por un momento pensé en programar esta reseña el día 31 de octubre o el 1 de noviembre, pero, visto lo visto, hubiese resultado de pésimo gusto hasta para mí...

jueves, 30 de enero de 2020

Semana del cine #4: Maquiavelo frente a la gran pantalla de Pablo Iglesias Turrión

Idioma: español
Año de publicación: 2013
Valoración: interesante e incluso recomendable para fans

Pues sí, amigos: el autor de este ensayo no es sino Pablo Iglesias Turrión, flamante Vicepresidente del Gobierno del Reino de España, fundador y líder del partido Podemos, profesor de Ciencias Políticas en excedencia, ex-tertuliano y ex-presentador televisivo, también conocido por PIT, el Coletas, Pablemos, Pablenin, el marqués de Galapagar, el Ceacescu de Villatinaja, etc.* ; en fin, lo que prefiera cada cual... Y sí, a ULAD, o al menos a este siempre solícito reseñista, no le duelen prendas en inclinar la cerviz ante el PODER, disponiendo sus humildes recursos dialécticos al servicio de uno de sus más conspicuos detentadores... Aunque, un momento: resulta que este libro fue publicado en 2013, cuando el ilustre PIT no era sino un voluntarioso y soñador enseñante que redondeaba sus magros emolumentos con apariciones en shows políticos de la tele y algún que otro libro, para sacarse unos eurillos... ¡Albricias, que entonces no hemos manchado la inmaculada reputación de independencia de este blog  con la adulación y el pasteleo (de momento)! Podemos, pues, hablar de este libro, sea de un preclaro salvador de la Patria y la Democracia o de un demonio bolivariano comeniños, a elegir.

Pero abreviando, que es gerundio: este libro que don PIT escribió en aquella candorosa época pre-asalto a los Cielos trata de -en sus palabras- "llevar al primer plano del análisis político el cine, entendido como productor de imaginarios y consensos hegemónicos, como revelador privilegiado de verdades políticas y como fuente de conocimiento teórico". Hummm, no está mal, pero no se vayan todavía que aún hay más: "queremos investigar las condiciones de producción de la política como conflicto, como lucha por los significados (...), para cartografiar las relaciones de poder que van más allá de los intercambios entre instituciones (estados, organizaciones, colectivos, etc.) y que se encuentran en los espacios delimitados por la subsunción de la cultura y el "bios" en la lógica de la acumulación y su institucionalización hegemónica a través de roles sociales". Clarinete, ¿no? En fin, quiero ser justo:  aunque sí buena parte de él, no todo el libro está trenzado a base de este metalenguaje intelectual, propio de las ciencias sociales, más un montón de referencias a pensadores de relumbrón (al menos por aquellos años: Žižek, Laclau, Agamben, Butler...**). Seamos comprensivos, además: esto es lo que debe hacer un profe de Políticas de la Complu, no vaya a venir un Errejón cualquiera y trate de quitarle el puesto...

Al lío: el primer capítulo viene a funcionar como un segundo prólogo, que el autor aprovecha para tomar como punto de partida al Gramsci -que es viejuno pero molón- de la "crítica de la cultura de las ideologías dominantes". De la mano del siempre jubiloso Žižek, se dedica en los capítulos siguientes a analizar la "función mitificadora del cine de memoria histórica", de tal forma que la película Katyn', de Andrzej Wajda, le parece un excelente ejemplo de cómo "apuntalar una identidad polaca muy específica" (por más que nacionalista, conservadora y católica). Las películas sobre la Guerra Civil española, en cambio, no han servido para tal función en cuanto a una memoria histórica progresista y democrática, sino para perpetuar "los discursos reconciliadores del silencio, derivados del espíritu de la Transición , en el mejor de los casos (...)". Los ejemplos que pone no dejan de ser curiosos: Ispansi -puagh***- y Balada triste de trompeta -pschaá, al menos le divierte-; a otras que menciona, como La vaquilla o Soldados de Salamina, las aprueba con reticencias.

En el siguiente capítulo, quizás el más interesante del libro, PIT expone los conceptos de Giorgio Agamben de homo sacer, bios y zoe (wikipedia, tetes, como he hecho yo) y su planteamiento sobre la excepcionalidad soberana como espacio de decisión política, ejemplificándolos -quizá de forma algo traída por los pelos-, con las películas Algunos hombres buenos (el código rojo y toda esa mandanga) y Dogville, de Lars Von Trier. Son ideas que, creo yo, merecen una mayor atención.

Quinto y sexto capítulos están dedicados a dos grandes películas sobre conflictos anticoloniales y revolucionarios -aquí el guía es Frantz Fanon-; anque para PIT, Apocalypse Now, por buena que sea, no va más allá de un psicoanálisis del colonizador/soldado occidental, pues no concede voz al "otro", al colonizado, mientras que en La batalla de Argel, sí que se le dignifica y dota de una posición de poder, derivada de la lucha armada contra el ocupante colonial (quiero pensar que sería igual si el FLN hubiera perdido...). Ésta le gusta mucho.

También Amores perros, que según el autor del ensayo, retrata las relaciones sociales de la posmodernidad capitalista dentro de una ciudad -mundo. Y ahora, agarrarsus que vienen curvas: PIT dedica el penúltimo capítulo a explicar, utilizando ciertos argumentos de teóricas/os/es queer -Judith Butler, Paul B. Preciado- y no sé si tan queer -Virginie Despentes- que Lolita, -la de la película de Kubrick, no de la novela- no es una infeliz niña que sufre los abusos de un pederasta, sino una adolescente, pero ya arquetipo de la femineidad, que utiliza las armas a su alcance -su belleza y juventud- para empoderarse frente a los adultos, esto es, su madre y Humbert Humbert... ¡Ostras, Pablo, menos mal que el facherío lee poco y menos aún tus libros, que si no te aplicaban el PIN parental por la vía rápida, te lo digo yo! En todo caso, repito que PIT insiste varias veces que se refiere a la Lolita de la película, no a la niña del libro de Nabokov.

Por fin, cuando ya la cosa parecía más tranquilita, con un último capítulo donde el autor nos recuerda que debemos mantener una mirada crítica para resistir las representaciones hegemónicas en el cine (yo esta noche volveré a ver Sharknado y ya os contaré), aún nos espera un fin de fiesta, con un epílogo en el que se alude a ciertas declaraciones de Felipe González**** y, enlazándolas con el capítulo de La batalla de Argel, PIT saca la conclusión de que con ellas lo que hizo fue concederle el estatus de beligerante al adversario, al reconocer la entidad del otro, es decir, de ETA (glups)...  ¡Hombre, señor Vicepresidente segundo, con lo que le ha costado llegar al cargo... a ver si se va a enfadar el Padrino ex-Presidente González, con el aprecio que le tiene a usted! Háganos caso y llame ahora mismo al CNI, usted que tiene el teléfono y que destruyan toda la tirada de este libro, por si acaso. Por nuestra parte, estamos dispuestos a borrar esta reseña, por responsabilidad de Estado y también si nos gestiona usted alguna subvencioncita o algo, claro, que la vida está mu achuchá... ¿hace?

* O cualquier otro apodo cariñoso que se le ocurra a ese elfo doméstico gran comunicador turolense que es Federico Jiménez Losantos, siempre ejemplo de profesionalidad, mesura y cualidades éticas.
** Maquiavelo, me temo, poco aparece en este libro, aparte de en título y prólogo. Digamos que se le menciona como padre fundador o santo patrón de la Ciencia Política moderna.
*** Sintetizadas, vienen a ser las opiniones de PIT sobre estas películas, no las mías.
**** Dijo en una entrevista de 2010 que a principios de los 90 pudo ordenar volar a toda la cúpula de ETA y no quiso. No sé si pretendía insinuar que nunca antes se había visto en otra parecida o que sí...