Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable
Hace unos meses leí un algo espeso libro de ensayos titulado
CT o la cultura de la transición, en uno de cuyos artículos, firmado por Belén Gopegui (ejem, por lo que respecta a mi experiencia con esta escritora, diré que
quién fue a hablar) se tildaba a
Soldados de Salamina de libro
sentimentalizador de una reconciliación entre bandos. Lo cual implicaba, en mi opinión, considerar a Cercas como escritor
afín a un determinado tipo de cultura manipulada, sesgada ideológicamente en aras de una evitación de la confrontación, la de bandos respectivamente herederos de ganadores y perdedores, ya no de la Guerra Civil, sino de todo el período de la dictadura, viniendo a sugerirse que Cercas era un elemento más, estelar en su caso, de esa especie de
statu quo cultural controlado, poco beligerante, y críticamente tibio. Atado y bien atado.
Entre las treinta primeras líneas de
Las leyes de la frontera me encuentro este párrafo, en boca de un personaje:
"
- Cuénteme cuándo conoció al Zarco.
- A principios de verano del 78. Aquella era una época extraña. O yo la recuerdo así. Hacía tres años que Franco había muerto, pero el país continuaba gobernándose por leyes franquistas y oliendo exactamente lo mismo que olía el franquismo: a mierda"
Lo cual no sé si fue una reacción casual de Cercas o toda una contestación, una declaración de principios en toda regla. En todo caso, a mí me queda muy claro, y no sólo por esta frase, que Cercas no es un elemento controlado
escribiendo al servicio de un fin concreto. Me queda claro a través del conjunto de su obra, que con este
Las leyes de la frontera regresa a la ficción pura (ficción pura
a la Cercas, acotará alguno) tras su exitoso paso por el ensayo político en
Anatomía de un instante. Ensayo con el que esta magnífica novela comparte cierto espacio temporal, el del período de transición más reciente tras la muerte del dictador. Últimos 70, primeros 80.
Para empezar, ésta es una novela brillante, dinámica, que uno no puede parar de leer, con el estilo directo, confidente, rico, propio de Cercas. Cada capítulo es parte de una entrevista del narrador, que va cambiando de interlocutor, en la que los hechos iniciales se suceden, curiosamente, con una cierta sensación de novela juvenil de aventuras. Estamos en la época de los
quinquis, de las pandillas de delincuentes casi adolescentes de los extrarradios más duros de las ciudades, donde una juventud desorientada, presa de la miseria y la marginalidad, no encuentra otra salida que la delincuencia de poca monta. Para subsistir o para mantener hábitos o casi como mera diversión. Época en que esas pandillas pasan a ser el objeto de fascinación de muchos completamente ajenos a ellas, a la par que la máxima preocupación de las fuerzas de seguridad.
La frontera a que se refiere el título, concepto extraído de una serie televisiva de la época, es justo el límite físico que, entonces, se franqueaba entre los barrios normales de las ciudades y aquellos que hospedaban estas bolsas de delincuencia, delincuencia metida en una espiral de destrucción cuyos postreros colofones fueron las toxicomanías, y la devastación del SIDA. Ese límite es traspasado, por corto lapso, por Ignacio Cañas, hijo de familia de clase media, que se aventura ocasionalmente en una de esas bandas, por una serie de hechos casuales, y que logra salir indemne del paso. O eso es lo que él cree.
Las leyes de la frontera no es una novela de Cercas solamente por su estilo. Al tono confidencial que he mencionado, el autor aporta algunos de los rasgos presentes en sus novelas desde
Soldados de Salamina. Cierto guiño meta-literario en el que, si uno conoce aunque sea levemente las circunstancias personales de Cercas, la historia toma leves matices autobiográficos. Recurso con el que se afianza en complicidad y en credibilidad de la historia. También, cierta inclusión de circunstancias y opiniones propias de diverso calado, sobre las instituciones, sobre la influencia política, sobre la política penitenciaria, sobre el papel de los medios de comunicación en la generación de mitos y sus satélites. El entrevistador del libro, ese personaje que no llega a revelarse pues siempre está haciendo las preguntas, parece otro
alter ego, como si en esta novela el Cercas falso protagonista mutase hacia el Cercas falso narrador.
En el fondo,
Las leyes de la frontera podría resumirse como una historia triste y discontinua de amor adolescente, una especie de triángulo escaleno donde ninguno de los protagonistas acaba de sentirse, en su existencia posterior, más cómodo, o más feliz, o más seguro de sí mismo, que en esa conflictiva etapa, en esos hechos remotos, que parecen puros juegos de adolescentes, pero son el potente imán que mantiene a los protagonistas atrapados e hipnotizados, siempre pendientes, en su transitar por la vida, de poder regresar a ese momento culminante que, para ellos, fue demasiado pronto.
También de Javier Cercas en Un libro al día: Aquí