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viernes, 26 de diciembre de 2014

Javier Cercas: El impostor

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Pre: Que me dé por encargar este libro en la biblioteca un 20 de noviembre tiene su miga. Metido en medio de toda la confusa campaña mediática que rodea a Cercas y a sus opiniones políticas comúnmente acusadas de ser tibias, timoratas, complacientes con el statu quo, evitando la confrontación, el escritor extremeño afincado en Catalunya parece cómodo en ese rol de rebeldía consustancial a los tiempos que nos toca vivir. Si hace siete u ocho años ser llamado el cronista de la transición acarreaba algún matiz de elogio, hoy ese mismo apelativo le otorga una recriminación implícita: como si fuera un cómplice o un colaborador necesario en todo el sistema político corrupto basado en el bipartidismo.
Pero él sigue remando contracorriente, y eso a mí me gusta. Por mucho que sus opiniones políticas no coincidan con las mías, considero a Cercas un muy buen escritor. Y desde luego no se trata de un delator colaboracionista de una dictadura golpista, como aquel otro con el que comparte letras iniciales de apellido.
Más pre: como los blogs no solemos acceder a copias de pre-estreno de los libros, yo ya he consultado por ahí: los medios parecen coincidir en que éste no es el mejor Cercas posible. De hecho, me parece que para un escritor de su alcance, los dos años justitos transcurridos desde Las leyes de la frontera son un periodo corto. De hecho, cuando veo que son más de cuatrocientas las páginas dedicadas, me asusto un poquitín. Y pienso en la brevedad de Vila-Matas en Impostura.
El nudo argumental: Enric Marco tuvo engañado a medio planeta y llegó a ser presidente de la Amical de Mauthausen, asociación de víctimas del nazismo, cuando en su vida pisó un campo de concentración, cosa que afirmó y documentó con profusión de falsos detalles. Se presentó ya no como víctima, sino como víctima emblemática y carismática, cuando todo era un puro y absoluto fraude. Un fraude basado en una mentira repugnante que le procuraba el reconocimiento objetivamente más puro que existe: el de la compasión y la empatía masiva por las víctimas inocentes de la injusticia del poder. Ahí es nada, el caramelo.
Y Marco degustó el caramelo años y años, recreándose en ello y, borracho de euforia, rellenando a cada paso todos los huecos de su historia personal a base de hechos que alimentaran esa leyenda, que la enriquecieran y le aportaran credibilidad. Que si militante antifascista, que si héroe trufado de valor y coherencia.

Pero Marco, error garrafal que él pensó (cosa que niega, pero es que este hombre miente muy a menudo) que sería oportunidad de rehabilitación, accedió a explicárselo a Cercas en la serie de entrevistas que permitieron la confección de este libro. Y sí, eran una sarta de mentiras, Entonces, ¿para qué había que decir que eran otra cosa? Cercas ha sido criticado por Marco, orgulloso y narcisista al cual el tiro le había salido por la culata, y Cercas ha rozado la crueldad al referirse a él. Aunque en todo caso no le niega en momento alguno una gran capacidad de seducción, una evidente habilidad para la alteración de la realidad para sus propósitos. Pero son los riesgos de tejer una existencia en torno a una máscara colosal: la vergüenza y el descrédito a los que uno que se expone cuando esta máscara es retirada. Porque en El impostor no se trata de dirimir sobre si Marco es o no un ser perverso. Desde el propio título queda claro que no es ningún angelito, y Cercas dedica 400 páginas a demostrar que las alas las tiene de ser un buen pájaro. Quizás haya muchas páginas y quizás Cercas se extienda en exceso en sus disquisiciones acerca de la oportunidad o no de contarlo. Pero sigue habiendo mucho, muchísimo y muy aprovechable aquí. Desde esa fascinante historia inventada hasta su reflejo en la vida real, exenta de interés aparente, pero primorosamente explicada. Y, parafraseando cierto chascarrillo empresarial, si sobran la mitad de las páginas, yo soy incapaz de decir qué mitad.
Post: resumiendo, que ya toca. A pesar de obvios trucos, tanto propios del autor (los constantes equívocos a que induce en lo relativo a la gestación de la novela) como prestados de otros (el tono ya sea íntimo como en El adversario de Carrère, que Cercas menciona, ya sea el periodístico de El marqués y la esvástica), El impostor es, otra vez, y van cinco seguidas, un Cercas que se disfruta con gran placer. Su pose polémica, su condición de autor abanderado de esa especie de prensa del establishment conservasocialista, no deberían enturbiar su condición de excelente escritor, de esos que obtienen con su obra una cercanía con el lector que, al menos a mi juicio, no es algo tan frecuente hoy en día.

También de Javier Cercas en UnLibroAlDía: Aquí

martes, 6 de noviembre de 2012

Javier Cercas: Las leyes de la frontera

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

Hace unos meses leí un algo espeso libro de ensayos titulado CT o la cultura de la transición, en uno de cuyos artículos, firmado por Belén Gopegui (ejem, por lo que respecta a mi experiencia con esta escritora, diré que quién fue a hablar) se tildaba a Soldados de Salamina de libro sentimentalizador de una reconciliación entre bandos. Lo cual implicaba, en mi opinión, considerar a Cercas como escritor afín a un determinado tipo de cultura manipulada, sesgada ideológicamente en aras de una evitación de la confrontación, la de bandos respectivamente herederos de ganadores y perdedores, ya no de la Guerra Civil, sino de todo el período de la dictadura, viniendo a sugerirse que Cercas era un elemento más, estelar en su caso, de esa especie de statu quo cultural controlado, poco beligerante, y críticamente tibio. Atado y bien atado.

Entre las treinta primeras líneas de Las leyes de la frontera me encuentro este párrafo, en boca de un personaje:

"- Cuénteme cuándo conoció al Zarco.
- A principios de verano del 78. Aquella era una época extraña. O yo la recuerdo así. Hacía tres años que Franco había muerto, pero el país continuaba gobernándose por leyes franquistas y oliendo exactamente lo mismo que olía el franquismo: a mierda"

Lo cual no sé si fue una reacción casual de Cercas o toda una contestación, una declaración de principios en toda regla. En todo caso, a mí me queda muy claro, y no sólo por esta frase, que Cercas no es un elemento controlado escribiendo al servicio de un fin concreto. Me queda claro a través del conjunto de su obra, que con este Las leyes de la frontera regresa a la ficción pura (ficción pura a la Cercas, acotará alguno) tras su exitoso paso por el ensayo político en Anatomía de un instante. Ensayo con el que esta magnífica novela comparte cierto espacio temporal, el del período de transición más reciente tras la muerte del dictador. Últimos 70, primeros 80.

Para empezar, ésta es una novela brillante, dinámica, que uno no puede parar de leer, con el estilo directo, confidente, rico, propio de Cercas. Cada capítulo es parte de una entrevista del narrador, que va cambiando de interlocutor, en la que los hechos iniciales se suceden, curiosamente, con una cierta sensación de novela juvenil de aventuras. Estamos en la época de los quinquis, de las pandillas de delincuentes casi adolescentes de los extrarradios más duros de las ciudades, donde una juventud desorientada, presa de la miseria y la marginalidad, no encuentra otra salida que la delincuencia de poca monta. Para subsistir o para mantener hábitos o casi como mera diversión. Época en que esas pandillas pasan a ser el objeto de fascinación de muchos completamente ajenos a ellas, a la par que la máxima preocupación de las fuerzas de seguridad.  La frontera a que se refiere el título, concepto extraído de una serie televisiva de la época, es justo el límite físico que, entonces, se franqueaba entre los barrios normales de las ciudades y aquellos que hospedaban estas bolsas de delincuencia, delincuencia metida en una espiral de destrucción cuyos postreros colofones fueron las toxicomanías, y la devastación del SIDA. Ese límite es traspasado, por corto lapso, por Ignacio Cañas, hijo de familia de clase media, que se aventura ocasionalmente en una de esas bandas, por una serie de hechos casuales, y que logra salir indemne del paso. O eso es lo que él cree.
Las leyes de la frontera no es una novela de Cercas solamente por su estilo. Al tono confidencial que he mencionado, el autor aporta algunos de los rasgos presentes en sus novelas desde Soldados de Salamina. Cierto guiño meta-literario en el que, si uno conoce aunque sea levemente las circunstancias personales de Cercas, la historia toma leves matices autobiográficos. Recurso con el que se afianza en complicidad y en credibilidad de la historia. También, cierta inclusión de circunstancias y opiniones propias de diverso calado, sobre las instituciones, sobre la influencia política, sobre la política penitenciaria, sobre el papel de los medios de comunicación en la generación de mitos y sus satélites. El entrevistador del libro, ese personaje que no llega a revelarse pues siempre está haciendo las preguntas, parece otro alter ego, como si en esta novela el Cercas falso protagonista mutase hacia el Cercas falso narrador.
En el fondo, Las leyes de la frontera podría resumirse como una historia triste y discontinua de amor adolescente, una especie de triángulo escaleno donde ninguno de los protagonistas acaba de sentirse, en su existencia posterior, más cómodo, o más feliz,  o más seguro de sí mismo, que en esa conflictiva etapa, en esos hechos remotos, que parecen puros juegos de adolescentes, pero son el potente imán que mantiene a los protagonistas atrapados e hipnotizados, siempre pendientes, en su transitar por la vida, de poder regresar a ese momento culminante que, para ellos, fue demasiado pronto.


También de Javier Cercas en Un libro al día: Aquí

sábado, 4 de junio de 2016

Javier Cercas: El punto ciego

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Ya no me extrañaría que el próximo libro de Javier Cercas empezara reivindicando que El punto ciego no es un ensayo sino una novela. Y que el escritor hablando de editar un ciclo de conferencias no es tal: es otro escritor llamado también, casualidades, Javier Cercas, explicando desde el punto de vista del personaje y usando algo ciertas experiencias personales. El juego de Cercas resulta atractivo, si bien puede comprenderse la impaciencia de quienes sean ajenos a él. Sus opiniones políticas tampoco ayudan a no granjearse enemigos y, aunque no debería ser así, a veces la opinión sobre el escritor como persona condiciona cómo se aprecia su obra.

Si me pareció que publicaba pronto El impostor, otra vez me sorprende su regreso a las mesas de novedades, aunque El punto ciego tenga toda la pinta de constituir una obra menor, su planteamiento dista mucho de ser timorato o modesto. No solo porque se trata del primer ensayo abiertamente literario de Cercas, sino (al margen del mensaje en el fajín) por ciertas ideas que el propio Cercas expone sobre su propia obra, la cual dice presentar "con la máxima humildad, pero con la máxima ambición".

Me olvidaba. El punto ciego es la adaptación de una serie de conferencias que Cercas dio en 2015 para la cátedra Weidenfeld de la Universidad de Oxford. Su traducción del inglés se nos presenta como una obra íntegra que gira en torno a ese concepto del punto ciego: un lugar indefinido y vacío que la novela moderna deja para que el lector lo rellene. Una duda que conforma el enigma final que está en toda gran obra, una elección del lector que ha de suscitar polémica y cuya resolución justifica la existencia de la novela. Cercas centra sus referencias en tres autores inapelablemente clásicos: Cervantes, Kafka y Melville, y aunque menciones a otros muchos son constantes (Kundera, Foster Wallace, Vargas Llosa), Cercas basa su discurso sobre todo en ellos. En este sentido, El punto ciego vuelve a ser muy representativo en lo que concierne al estilo del escritor extremeño: una idea o un concepto, al que se vuelve con insistencia y cierto ritmo, es el que conduce el libro. Sobre él construye su teoría sobre las dos grandes épocas de la novela, aprovechando para mostrar su extrañeza ante el hecho de que, constituyendo el Quijote un hecho pivotal en la narrativa moderna (no escatima elogios hacia el clásico de Cervantes), la narrativa en español tuviera que dejar transcurrir más de tres siglos hasta, con el boom, tomar otra vez las riendas a nivel global. El enfoque de Cercas no es crítico ni recriminatorio: por ahí asoman las entretelas de su oficio de profesor universitario y su talante es constructivo, condición que también se manifiesta en ese recurso habitual, el del regreso (los detractores dirán "reiteración") a ideas principales que el desarrollo de sus razonamientos constata y recuerda una vez y otra. 
Sorprende que en las alusiones a sus propias obras que entreveran los discursos se omita una novela magnífica como es La velocidad de la luz, si bien se justifica que sea (aunque sea la más metaliteraria) la más ajena a los muy frecuentados aledaños del periodo de la transición. En cualquier caso, aunque El punto ciego, por su naturaleza, no parezca destinada a plantear cuestiones definitivas sobre la situación de la narrativa, ni a abanderar futuras corrientes de opinión defendiendo o negando sus planteamientos, sí contiene suficientes estímulos (entre ellos, la cita de decenas de interesantes referencias) para merecer mucho la atención que se le quiera prestar.

Otras obras de Javier Cercas en ULAD: Aquí

sábado, 26 de junio de 2010

Javier Cercas: Anatomía de un instante

Idioma original: español
Año de publicación: 2009
Valoración: Muy recomendable

Desde que publicó Soldados de Salamina (una novela notable, como ya dejamos dicho aquí, más o menos...), todo lo que hace o dice Cercas es noticia. Sus novelas, sus relatos, pero también sus declaraciones, en ocasiones polémicas, sobre la Guerra Civil, la Transición o la Ley de Memoria Histórica. Precisamente sobre el tema de la memoria trataba, en cierto modo, Soldados de Salamina, y también un ejercicio de memoria crítica es Anatomía de un instante, en el que aplica el bisturí al golpe de estado del 23-F, y a sus principales protagonistas, ofreciendo una visión muy alejada de la glorificación habitual (triunfo de la democracia, éxito de la transición, hazaña del Rey).

El libro nace de un instante congelado en el tiempo: ése en el que, tras los gritos de Tejero y los disparos en el Hemiciclo, Adolfo Suárez, aparentemente impasible, vuelve a sentarse en su escaño (mientras los demás diputados se protegían rápidamente bajo los suyos). Tomando ese instante como punto de partida y como centro, Cercas se propone revisar quiénes fuerons los principales protagonistas del golpe (Suárez, Carrillo y el general Gutiérrez-Mellado, por un lado; Tejero, Armada y Milans del Bosch, por otro), y cómo llegaron todos ellos a la situación a la que llegaron el 23-F.

Dicen que los libreros han tenido serios problemas para situar Anatomía de un instante en sus estanterías. Por su tema, debería encontrarse en la sección de historia, junto a los demás libros que analizan el antes, el durante y el después del golpe de estado; pero porque su autor es un novelista (no un historiador) y porque sus métodos tienen tanto de fantasía como de documentación, algunos se han visto tentados a considerarlo meramente como literatura. En realidad, ni una cosa, ni otra; o las dos cosas a la vez. Ya en el prólogo el propio Cercas juega con la idea de la ficcionalidad del 23-F (que él achaca a su exhibición televisiva, aunque igual de ficticio habría sido, probablemente, una vez narrativizado en novelas y libros de historia); y en efecto, en el discurrir de la obra Cercas se permite (porque puede) ir mucho más allá de lo que lo haría un historiador, planteando posibles alternativas en el discurrir del golpe, o metiéndose en la mente de los protagonistas para describirnos sus pensamientos, sus intenciones o sus motivaciones. Tengo la suposición de que con este libro, Cercas ha intentado hacer con el 23-F lo que Truman Capote hizo con un crimen real en A sangre fría: una "novela no-ficcional".

Porque como reconstrucción histórico-literaria del 23-F, Anatomía de un instante es prácticamente insuperable (lo que no quiere decir, por supuesto, que no se hayan escrito ni se puedan escribir análisis más sólidos, mejor documentados, menos personalistas). Sólo cabe ponerle algunos pocos peros: por ejemplo, es para mi gusto excesivamente repetitiva, algo normal, teniendo en cuenta que traza círculos concéntricos en torno al 23-F, pero que no explica por ejemplo por qué se vuelve una y otra vez a la posible participación del CESID en el golpe, o por qué se dedican tantísimas páginas a presentar la soledad de Suárez, y tan pocas, tan poquísimas, a otros aspectos esenciales de aquel día. Además, Cercas disfruta demasiado con los paralelismos y las simetrías, algo que, aunque sin duda embellece la obra como objeto literario, siembra ciertas dudas sobre su veracidad como documento histórico.

Lo mejor, en cambio, es el estilo de Cercas, ese estilo dubitativo y autoconsciente, que parece corregirse a sí mismo mientras se escribe, mostrándonos la trama de la escritura (o del pensamiento) en tiempo real -algo que, qué duda cabe, es otra nueva ficción-. Gracias a este estilo tentativo, recursivo y autocrítico, Cercas es capaz de reconstruir la personalidad de seis antihéroes (porque "nadie fue un héroe el 23-F", nos dice) hasta elevarlos -o denigrarlos- hasta la categoría de personajes.

Otras obras de Javier Cercas en ULAD: Aquí

domingo, 12 de septiembre de 2021

Javier Cercas: Independencia

Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: previsible

El escritor ante la página (la pantalla).en blanco. Dicen algunos que es una sensación que puede resultar terrorífica. No sé si eso lo definiría. 

Pero, primero, aclararé que he leído mucho a Cercas. Siete de sus últimos nueve libros. Seis de ellos conforme se publicaron. Pero, como alguno diría, perdí la fe. Fue después de constatar, con El impostor, que el escritor empezaba a repetirse en sus recursos narrativos, a abusar de algunos de sus hallazgos, a ser previsible en la secuencia tanto de su trazo estilístico como de la estructura de sus escritos.

No leí El monarca de las sombras,  ni mucho menos Terra Alta, por la que obtuvo - por delante de Vilas y su sonrojante Alegría, no es que sea mucho mérito- el prestigioso premio Planeta, novela que representó su primera incursión en el género policiaco, género con el que podríamos decir que siempre había coqueteado en su obra, y parece que Cercas está muy orgulloso de ella pues no hay pocas menciones (siempre en el entorno meta-ficcional) en esta teórica segunda parte, Independencia, que demuestra que el escritor parece iniciar una especie de serie, y que pretende que Melchor Marín (policía catalán que se ha erigido en héroe al abatir a los terroristas del atentado de Las Ramblas) se constituya en su Pepe Carvalho, en su Montalbano. 

Pero el problema es que Cercas ha intentado adaptarse al género a través de varios pasos. Desprenderse, por ejemplo, de su prosa percusiva e insistente, que era eficaz en muchas de sus novelas anteriores, e incorporar de forma descarada y muchas veces sin venir al caso, el componente ideológico que suele mostrar en sus artículos en prensa, son los dos cambios más destacados. Pero en ese tránsito digamos que ha perdido su esencia literaria, o mucha parte de ella. Cercas escribiendo novela policiaca está más desorientado que Bertín Osborne cantando rancheras. Escribe forzado en el peor sentido, con diálogos inverosímiles, tramas de sencilla resolución, y situaciones y lugares comunes a mansalva. O no me diréis si situar una novela en la Barcelona de esta década (de hecho, la novela se sitúa unos años más allá, como en 2025) y apelar a las escuelas de negocios del Upper Diagonal, a las famosas familias que dominan la sociedad catalana, a los locutorios y tiendas de reparaciones de móviles de  pakis ubicados en el Raval, a prostitutas, a yonkies, a policías con un pasado, no es una acumulación de tópicos.

Entonces la trama, a la medida para verter sus opiniones políticas, que en el caso de Cercas incluyen desvergonzadas genuflexiones ante el poder,  casi es lo de menos, absoluto sacrilegio para el género. Ni suspense ni misterio: el policía de marras acude a Barcelona y es designado para un caso de ramificaciones políticas. La alcaldesa de Barcelona (no Ada Colau, se supone que su sucesora sin una filiación política clara) es chantajeada con la publicación de un video de contenido sexual y hay que descubrir quiénes están ejerciendo esa presión. Contando que el vídeo era tomado y protagonizado por un trío de amigos (dos de clase alta, un tercero retratado como un advenedizo sin pedigree) y que entre ellos están un ex-marido y algún compañero en el ruedo político municipal, y que los vídeos de sus episodios de abusos, con otras mujeres, ninguna tan célebre, que captaban en una discoteca, eran siempre grabados por uno de ellos (fallecido) y que la posesión de esos vídeos constituían la herencia, el plan de jubilación de quien los tuviera, pues qué queréis que os diga, solo resta saber en qué momento descubriremos que el asesino era el mayordomo, que dice aquél. Lo cual me ha hecho, conforme he digerido la novela, enfadarme cada vez más. 

Cercas tenía muchas ganas de propinarle diatribas al procés independentista, a las élites gobernantes y económicas, que son lo mismo, a los centros privados elitistas de educación, a las intrigas políticas y a los cambios de camisa con tal de mantenerse en el poder. Esa, incluyendo el título algo provocativo, parece ser la intención, o el pretexto, de la novela, y ese es su lastre, pues parece haber prescindido incluso de sus señas de identidad para presentar una obra gris, aburrida y mediocre. Eso sí, ni una duda de que os la encontraréis en ciertas listas de lo mejor del año, las de los de siempre. Faltaría.

miércoles, 28 de mayo de 2025

Colaboración: El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas

Idioma original: Español

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien (por lo tanto, decepcionante)


No he leído las demás obras de Javier Cercas. Me acerqué a este libro no tanto por el autor, al que tenía ganas de leer hace rato, sino por el tema en sí: la travesía de un escritor al que el Vaticano abre las puertas para realizar una crónica de un viaje papal, concretamente del viaje a Mongolia del Papa Francisco en 2023.

Podría decirse que estoy más cerca de Javier Cercas en cuanto a su postura anticlerical y firme en su ateísmo, hasta podría decirse que me resulta difícil no salir del encasillamiento racional a la hora de analizar los diversos cuestionamientos y respuestas que pone en boca de curas y otros cargos pertenecientes a la jerarquía del Vaticano. Y con todo, me es difícil no pensar en que este libro hubiese sido una novela más profunda e interesante en manos de otro escritor, ya fuera de convicciones ateas o religiosas.

Me explico: el libro se divide en tres partes, En busca de Bergoglio, Los soldados de Bergoglio y El secreto de Bergoglio. A riesgo de revelar las situaciones claves, pasaré directamente a detallar lo que creo que son las deficiencias de las obras.

Para empezar, hay una excesiva reiteración de su condición de ateo militante. Por supuesto que Cercas intenta establecer el tono de la obra, el punto de vista con el que va a encarar la insólita propuesta, su reticencia inicial y su aceptación posterior en base a la promesa a su madre enferma de Alzheimer (que por otro lado, para el lector esta cuestión pasa a un segundo plano rápidamente, a pesar de que en la primera parte cierra casi cada capítulo con una frase al estilo: “para preguntarle al loco de Dios sobre la resurrección de la carne y la vida eterna y contárselo a mi madre”), pero la insistencia con que lo hace, su desconfianza a que el lector no intuya o comprenda la trascendencia del viaje, termina por aburrir al darlo todo masticado. Ni siquiera el primer encuentro con Francisco revela un manejo literario de la situación, apenas un informe frío.

A Cercas le ha quedado una mezcla extraña entre querer poner el foco de atención en la figura del Papa y su recorrido histórico y personal y la intromisión de su narrador como alguien atormentado por el divorcio de su herencia católica, por no hablar de los excesivos diálogos que coronan cada capítulo con diversos personajes que se van olvidando uno tras otro y que simplemente sirven para repetir lo mismo, con leves variaciones, acerca del papel de Francisco en la Iglesia y de sus virtudes y defectos.

El libro mejora con el viaje a Mongolia, dándole frescura hasta cierto punto, porque luego vuelve a incurrir en los mismos errores (esquematización de diálogos e incluso acartonamiento de personajes que, por sus caracteres, deberían ser potentísimos: la incredulidad y admiración que todos sentiríamos por los misioneros se ve opacada justamente por la incredulidad y admiración del narrador, que se siente artificial y reiterativa). La única parte que justifica el libro es cuando el narrador se encuentra con el Papa para consultar sobre lo que le aqueja, porque ahí es cuando se expone de verdad a una descripción certera de un personaje histórico y no una semblanza superficial. La pregunta en sí carece de importancia; de hecho, uno puede intuir lo que ha contestado el Papa, y la necesidad de esconderlo hasta el final de la historia revela una falta de tensión alarmante en un texto de estas características.

No puedo decir que no sea un libro que se lea rápido, que infunda conocimiento al lector de los mecanismos internos de cónclaves y sínodos y otras parafernalias, pero todo termina por ser tan insulso, todas las reflexiones del narrador parecen ser básicas (incluso la revelación de haber discernido a la persona que es Jorge Bergoglio y a su puesto como Papa Francisco es corta de alcance y profundidad), casi como un deber a ser formuladas porque son obvias, que la sensación al cerrar el libro es la que mencioné al principio: que ojalá otro escritor hubiese tenido el encargo (y el encumbramiento de la novela no sé si habla peor de Cercas o del Vaticano) de realizar una crónica y poder hablar con el Papa, que, guste o no su figura y la institución a la que representó, ha sido un personaje clave en estos últimos años.

Firmado: Félix

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sábado, 23 de mayo de 2009

Javier Cercas: Soldados de Salamina

Idioma original: español
Año de publicación: 2001
Valoración: Muy recomendable / Muy cuestionable

MR: Soldados de Salamina, de Javier Cercas, es sin duda una de las novelas más interesantes que se han publicado en los últimos diez años en España.

MC: Tonterías. ¿Cómo puedes decir eso?

MR: Pues mira, porque para empezar Javier Cercas ha conseguido introducir en España un género que está en boga en todo el mundo, pero en especial en el mundo anglosajón: el de la autoficción, mezclado además con el de la novela histórica, creando un mundo confuso en el que no se sabe qué es verdad histórica y qué es verdad novelesca.

MC: Pues sí que, ni que hubiera descubierto América: ¿es que no conoces la Vida de Torres Villarroel, por ejemplo? Y esa no es precisamente una novedad de antes de ayer...

MR: Sí, bueno, pero lo que ha escrito Cercas es distinto, es una novela perfectamente construida, bien desarrollada, bien escrita, que mantiene la tensión narrativa desde el principio hasta el final, gracias a un argumento cuasi-policial: la búsqueda que realiza el propio Cercas (personaje) del soldado republicano que perdonó la vida al falangista Sánchez-Mazas.

MC: Sí, sí, si eso está muy bien, yo eso no lo niego. Yo le pongo sobre todo dos pegas: la primera, que es una de tantas novelas que han venido a aprovechar el tirón de la recuperación narrativa de la Guerra Civil...

MR: ...una de las primeras, que conste...

MC: ...bueno... Y lo segundo, me parece muy cuestionable la ambigüedad moral e ideológica del desenlace.

MR: ¿Por qué, porque no presenta a Sánchez Mazas como un personaje abominable? No todos los falangistas tenían cuernos y rabo, sabes, ¿no?

MC: Eso, pero también por el personaje del republicano, que renuncia a la memoria, que prefiere enterrar el pasado, "enterrar a los héroes". ¿Después de cuarenta años de franquismo, nos viene este pollo a decir que no tenemos que recordar a los héroes que lucharon por la democracia en la Guerra Civil? ¿Que hay que pasar página, todos hermanos, y aquí paz y después gloria?

MR: Ah, pero es que eso es un juicio idológico, y aquí no estamos para hacer juicios ideológicos, sino estéticos...

MC: ¿Ah, sí? ¿O sea que tú recomendarías una novela que estuviera maravillosamente escrita que defendiese la aniquilación de los judíos?

MR: Ya se cumplió la Ley de Godwin.

MC: ...

MR: ...

MC: Por cierto, hicieron una película hace unos años.

MR: ¿Ah, sí? ¿Y qué tal es?

MR: No sé, no la he visto.

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sábado, 27 de noviembre de 2010

Javier Cercas: La velocidad de la luz


Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: Recomendable

Con una obra narrativa no demasiado extensa (cinco novelas y algún volumen de relatos), Javier Cercas se ha convertido en uno de los escritores fundamentales de la literatura española de comienzos del siglo XXI, sobre todo porque ha sabido conectar con algunas de las líneas dominantes de la novelística actual: la autoficción y la memoria histórica. La velocidad de la luz, como Soldados de Salamina, combina un poco de las dos, aunque más de la primera que de la segunda.

En efecto, el primer capítulo de la novela recuerda un poco a Todas las almas, de Javier Marías, porque, como se dice en el propio texto, está protagonizada por alguien que "es como yo, pero no soy yo": un personaje sin nombre que, como Javier Cercas, estudió en Barcelona, vivió en Gerona y trabajó temporalmente en la Universidad de Urbana, en Estados Unidos. Allí es donde el narrador conoce al personaje que originará la trama principal: Rodney Falk, un veterano de la guerra de Vietnam reconvertido en profesor de español y perseguido por el fantasma de la culpa.

Lo mejor de la novela es esta primera parte: la creación de un ambiente y unos personajes con un estilo que es a la vez claro y trabajado, sin aspecto de serlo. A partir de la segunda mitad, en cambio (y quizás esto sea solo una apreciación personal), me parece que la novela decae: que se interna en terrenos más tópicos y trillados e incluso en el melodrama. Y ese paralelismo final (quien haya leído la novela supongo que sabe a qué me refiero) es demasiado forzado, demasiado perfecto -algo que también le han reprochado a Cercas, por cierto, en relación con su última novela-ensayo, Anatomía de un instante-.

No quiero decir que La velocidad de la luz no me haya gustado, ni que no la considere una buena novela. Lo es, pero no es tan original ni está tan bien cerrada como Soldados de Salamina. En todo caso, este humilde lector concuerda con el veredicto casi unánime de la crítica: Javier Cercas es uno de los nombres fundamentales de la novelística española actual.

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domingo, 23 de agosto de 2009

Javier Cercas: El móvil

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2003
Valoración: muy recomendable

Este librito recoge al único superviviente de un volumen de relatos que Javier Cercas publicó en 1987. No sé cómo serían las demás, pero no me extraña que esta historia resistiera la crítica del propio autor, hecha ya desde la madurez. Yo la he leído en unas cuantas horas, y no sólo por su corta extensión, sino sobre todo por su estructura narrativa, que es al mismo tiempo reflexiva y eficaz, dos propiedades que rara vez se encuentran juntas. La impresión que me ha quedado nada más terminar su lectura es la de haber sostenido en mis manos, durante un tiempo, algún pequeño artilugio de prestidigitador, hecho de espejos y de resortes secretos.

Es difícil resumir el argumento sin desvelar algunos elementos que sostienen gran parte del disfrute del lector. Un escritor (Álvaro) trata de crear la novela definitiva. Se obliga a una disciplina de acero y se pertrecha con sólidos fundamentos teóricos. Concibe la historia de un crimen y elige entre sus vecinos los modelos para sus personajes. A medida que avanza la redacción de la novela, el escritor va construyendo a su alrededor una densa maraña de relaciones entre la realidad y la ficción, que no tardará en escapar a su dominio.

O tal vez no escape tanto como parece a primera vista; mejor dicho, en un primer nivel. Porque El móvil es una novela que narra un crimen pero, más exactamente, es una novela sobre una novela que narra un crimen. Está estructurada, por tanto, en distintos niveles de realidad. Álvaro escribe una novela sobre un escritor -cuyo nombre ignoramos- que escribe una novela. Así pues, tenemos tres niveles y tres novelas: el libro que tiene el lector entre sus manos (El móvil), el libro que escribe Álvaro y el libro que escribe el personaje sin nombre inventado por Álvaro. Este escritor anónimo (el tercero) concibe la historia de un crimen y elige entre sus vecinos los modelos para sus personajes.

Sí, no es una errata: el argumento de las tres novelas es, con decreciente complejidad, el mismo. Se cumple, en principio, una convención clásica, que ya funciona por ejemplo en Hamlet: siempre que se introduce una obra literaria dentro del argumento de otra obra literaria, debe atribuirse a la primera un menor grado de realidad. El espectador debe suspender su incredulidad ante Hamlet, y creer que el hombre sobre el escenario es en verdad un príncipe danés, pero debe ser bien consciente de que la pieza a la que asiste Hamlet en el acto III está representada por actores (es decir, por actores que hacen de actores). Así se reafirma, por contraste, la fe del espectador (o del lector) en la realidad de la obra a la que asiste (o que está leyendo).

Digo que en principio se cumple esta convención, porque el argumento de El móvil es más complejo que el de la novela que escribe Álvaro, y éste lo es más que el de la novela que escribe su personaje anónimo. También los autores gozan de niveles decrecientes de realidad. A Javier Cercas le supone el lector la misma realidad que a sí mismo, a Álvaro le atribuye la de un personaje de ficción, mientras que el personaje creado por este último ni siquiera tiene ya nombre. El problema viene cuando el lector empieza a comprender que estos diversos niveles quizá no están tan desconectados como parece y que tiene buenas razones para suponer que el libro que escribe Álvaro no es otro que El móvil. Las sólidas jerarquías literarias y metafísicas que le habían guiado hasta entonces parecen desmoronarse. El vértigo está asegurado.

Otras obras de Javier Cercas en ULAD: Aquí

jueves, 29 de octubre de 2015

Ignacio Martínez de Pisón: La buena reputación

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable

Con los premios literarios (me refiero a los que quieren mantener cierto prestigio y rigor crítico, no a iniciativas de autopromoción comercial como el Planeta) ya se sabe lo que pasa: unas veces aciertan y otras veces dan la nota de mala manera. Que valga lo mismo el Premio Nobel de Coetzee que el de Modiano es algo que no se termina de entender, y si algún día se lo dan a Murakami... Pero bueno, hoy hablamos de un Premio Nacional de Narrativa, y los Premios Nacionales de Narrativa suelen ser bastante fiables, por no decir que, por lo general, apuestan sobre seguro. Si vemos la lista de los últimos premiados, casi parece que estamos a leer el canon de Los Consagrados de la literatura española actual: Cercas, Marías, Chirbes... (Ninguna mujer en los últimos veinte años, por cierto...)

El premio a La buena reputación de Ignacio Martínez de Pisón está en esa misma línea de apostar por un valor seguro, no porque Martínez de Pisón esté a la altura de canonización casi unánime de Marías o Cercas, sino porque se trata de una novela clásica, muy clásica, lo que no quiere decir que sea una mala novela. De hecho, esa es la mayor crítica que se le puede hacer a la obra y a su autor (y a los que la han premiado): que se trata de una novela mucho más moderna que posmoderna; casi decimonónica, como han dicho ya otros críticos, por su objeto, por su técnica, incluso por su extensión.

Para empezar, La buena reputación cuenta la historia de tres generaciones de una misma familia. ¿Qué puede haber más decimonónico que contar la historia de tres generaciones de la misma familia? (Sí, Kirmen Uribe también hacía lo mismo en Bilbao-New York-Bilbao, pero con una técnica completamente diferente y mucho más actual). En este caso se trata de una familia de origen judío que reside en Melilla: los padres, Samuel y Mercedes; las dos hijas, Miriam y Sara, y más adelante, los nietos, Elías y Daniel. A cada uno de estos personajes (salvo Sara, por algún motivo) se dedica una de las secciones del libro,: "La novela de Samuel", "La novela de Mercedes", "La novela de Miriam, etc.

Quizás el tema más recurrente en el texto sea el de los orígenes y su relación con la identidad: Samuel es un judío muy poco apegado a su religión, pero aun así arriesgará su vida, su dinero y su salud para salvar a los que intentan huir de Marruecos; Mercedes hace todo lo posible por volver a Zaragoza, como Miriam, años después, hará todo lo posible por volver a Melilla. También la culpa, el remordimiento, la inocencia y la redención son cuestiones que parecen transmitirse de generación en generación, infectando a todos los miembros de la familia.

Quizás sea porque el exotismo los hace más atractivos, o porque tienen mayor carga épica, pero los capítulos que más enganchan son los dedicados a la estancia de la familia en Melilla, hasta que por miedo a una posible anexión a Marruecos deciden trasladarse a Málaga, y poco después a Zaragoza. A partir de ese momento, la familia se vuelve más anodina, los personajes más planos (salvo el tremendo personaje de Felisa, la criada, que sobresale como si tuviera más dimensiones que el resto) y el interés de la acción decae levemente. Técnicamente, no hay diferencia entre unas novelas y otras, más allá del cambio del cambio de foco de unos personajes a otros: la historia siempre nos es presentada por un narrador omnisciente levemente irónico pero en general poco interventivo, y con un estilo cuidado y libre de clichés, pero sin ornamentos de excesivos.

Por eso, nadie podrá decir que darle un premio a La buena reputación sea un error: es una buena novela, un novelon decimonónico en pleno inicio del siglo XXI, bien documentado, bien escrito, bien construido, que juega con un inteligente perspectivismo que no intenta ser efectista sino eficiente. (Samuel es un héroe en su propia novela; lo es mucho menos en la novela de su mujer). Lo que tampoco podrá decir nadie es que Martínez de Pisón haya revolucionado la novela española con esta obra; tampoco se lo proponía, seguramente.

También de Ignacio Martínez de Pisón: Enterrar a los muertosDerecho natural

lunes, 28 de marzo de 2022

Enrique Vila-Matas: Chet Baker piensa en su arte


Idioma original: español

Año de publicación: 2011

Valoración: recomendable

Con Marsé fallecido y Cercas empeñado en convertir su obra en un panfleto, Vila-Matas pasaría por ser mi escritor vivo favorito de los que escriben en español y residen en la península. Y esa opinión personal me la viene a corroborar la profundización en su obra, que pasa ineludiblemente por el acceso a sus obras "menores", aunque su ritmo de publicación es muy apreciable y ello puede implicar los lógicos deslices que otros dirán altibajos para luego poder justificar retornos a la forma, concepto este último poco agradecido para una faja, casi siempre más proclive a ser usado por el crítico exigente de impertérrita ceja elevada a perpetuidad.

Sé, no hay que buscar muy lejos, que a muchos Vila-Matas les acaba empalagando cuando se excede en sazonar sus textos con algunos de sus cócteles de especias. La auto-ficción o lo meta-literario, por ejemplo, y en ese último concepto podría insertarse cierta querencia, que podría culminar en una cierta erudición, algo aburguesada, por demostrar en sus escritos su escandaloso bagaje cultural. Es una línea, roja por supuesto, que sus enemigos pueden recriminar. No poco del material que esta selección de relatos puede adolecer de esta condición. En especial, el relato que le da título, casi una centena de páginas entregadas al eterno devaneo entre - ganas me dan de escribirlo en mayúsculas - cómo debe ser la literatura genéticamente perfecta. Usando dos polos opuestos como son dos novelas, una de Simenon, cuyo título obviaré pues - efectos de esta lectura - voy a leer y reseñar en cuanto pueda, la otra el archi conocido Finnegans Wake de James Joyce, que pasaría, no voy a alimentar más eternas discusiones, por ser el summum del esteticismo literario, a espaldas de comprensión y/o coherencia. Ese relato justifica el libro y contiene no poco material, Vila-Matas parece jugar con el lector con su goteo de nombres, de ese que sobreexcita a la vez que da que pensar si ese bagaje no contiene un cierto porcentaje de farol. 

En todo caso, me resulta curiosa la omisión o salto temporal; no hay relatos entre los primeros años de los 90 y la primera década de este siglo, supongo que por los años Anagrama, y eso permite visualizar de un modo abrupto la evolución del escritor, que pasa del relato incidental, casi siempre en el contexto de un viaje o una ausencia, de apenas diez páginas, a esos ejercicios de estilo que superan las cincuenta, con el escritor ya envalentonado y consciente de su inapelable estilo depurado, haciendo gala de no pocos aspectos exquisitos en sus gustos (no solo literarios, también musicales, y no deja de sorprender que conozca a Bauhaus, a Nouvelle Vague, a The National), cosa que permite apreciar más su contemporaneidad. Esa aportación de heterogeneidad da riqueza al texto en su conjunto. Aunque inferior a su mayestático Dietario Voluble, leer este Chet Baker piensa en su arte constituye un magnífico ejemplo de su narrativa en formato corto, la que se entrevera en su obra novelística, y no diría que es un texto complementario a esta sino una pura constatación de que Vila-Matas, tomaré un aforismo prestado, es escritor porque no puede no escribir.

Muchas obras de Enrique Vila-Matas reseñadas en ULADaquí

lunes, 12 de noviembre de 2012

Colaboración: HHhH de Laurent Binet

Idioma original: francés
Título original: HHhH
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable


En esta su primera novela, Laurent Binet cuenta una historia que escuchaba de niño. La hazaña de dos hombres, Jozef Gabčík y Jan Kubiš, uno checo, el otro eslovaco, que apoyados por los gobiernos británico y checo (en el exilio) llevaron a cabo la “Operación Antropoide”, un atentado contra Reinhard Heydrich, cuando comandaba la ocupación alemana de Bohemia y Moravia en 1942.

Heydrich era uno de los oficiales favoritos de Hitler. Eficaz, despiadado, leal. Binet logra retratarlo a la perfección en la primera parte de la novela, partiendo de una perspectiva insegura, de la voz de un escritor que se sabe dueño de una información valiosa, casi testigo de la historia, pero que se niega a contarla como ficción. Recuerda un poco el problema que confiesa haber tenido Javier Cercas con la primera versión de Anatomía de un instante al creer que no funcionaría como novela.

Binet duda constantemente, pero su duda no es contemplativa, es una duda narrada que aparece entre los pasos de sus héroes y las decisiones de su villano. Una duda que crea una atmósfera de guerra sin recurrir a las bombas y a los fusiles. Su temor consiste en no hacerle justicia a la historia, en permitir que estos héroes terminen convertidos en simples personajes.

Y es que, cuesta creer que estos dos hombres hayan logrado internarse en territorio ocupado, prácticamente sin levantar sospechas. Investigaron la rutina de su víctima y decidieron el mejor momento para atacarlo. Todo esto a pesar del férreo control que mantenían el propio Heydrich y sus oficiales.

Capítulos cortos, imágenes claras, frases certeras, van marcando el camino hasta el día del atentado y los siguientes, que ocupan la segunda parte del libro. Entonces Binet se enfrenta con los baches de su investigación, sabe que le faltan detalles pero no pierde el impulso, en este punto el libro se va pareciendo cada vez menos a una novela y se convierte en un rompecabezas que nos empeñamos en completar.

Firmado: M.C.

domingo, 29 de marzo de 2015

Alberto Olmos: Vida y opiniones de Juan Mal-herido

Idioma: español
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable... según gustos

Peliaguda esta tarea autoimpuesta (porque sepan ustedes que en este bienaventurado blog gozamos de libertad absoluta y no existe ningún tipo de coacción... si obviamos el látigo de siete colas que acaricia de cuando en cuando nuestras espaldas, claro... ¡ay!): reseñar en un blog literario un libro compuesto de... reseñas aparecidas en un blog literario. Y no uno cualquiera, además: probablemente el más conocido y polémico -aunque sea en el limitado mundo de la letraheridez española- de los últimos años de la, por otra parte, también limitada Historia de la "blogosfera": el del Lector Mal-herido, a.k.a. Alberto Olmos.

Antecedentes de este libro, hasta donde llegan mis conocimientos: el tal Lector Mal-herido (Juan de nombre de pila, aunque juro que no es pariente mío) apareció como comentarista en otro blog de reseñas literarias, escritas por un "Lector Ileso" -de ahí lo de "Mal-herido", después- a.k.a. Roberto Enríquez, a.k.a. Bob Pop (sí, el de la tele). Al cabo de un tiempo, Mal-herido se independizó y se dedicó a reseñar sin piedad ni arrepentimiento los libros que le caían entre manos, ya fueran clásicos o novedades, con la aparente inconsciencia de un mono con una metralleta. Las reseñas resultaban refrescantemente faltonas -fórmula mágica:  mucho humor, muchos tacos y muchas, muchas, muchas alusiones sexuales- y el tal Juan Mal-herido se fue convirtiendo en un personaje excesivo: narcisista, insultante, machista, chovinista, catalanófobo, racista e incluso filonazi (tuvo una etapa, según creo recordar, bastante pesada, en la que no hacía más que mencionar a Hitler y Mein Kampf... en fin, las chiquilladas de costumbre); es decir, en un compendio de todo lo "políticamente incorrecto" o lo que si nos ponemos finos, podríamos llamar las boutades de un enfant terrible. O de un Torrente de las letras, vaya (y no me refiero a Torrente Ballester...). Las fotos subiditas de tono que acompañaban las reseñas no hicieron más que aumentar la popularidad del blog... ejem, eso me han dicho...

Hace cosa de un año, el blog del lector Mal-herido pasó a convertirse en un blog de pago, accesible sólo a suscriptores -no lo critico, que conste. Es más: dejo aquí el enlace para quien esté interesado: http://www.malherido.com/ -, pero ya antes, Alberto Olmos decidió rentabilizar en algo su popularidad y publicó en papel una serie de reseñas, seleccionadas ignoro con qué criterio (por entonces, Olmos aún pretendía hacer creer que él no era quien escribía el blog... o pretendía hacer creer que pretendía hacer creer, etc... de modo  que en el libro figura como responsable de la edición y prologuista). Así que nos encontramos con este libro estupendamente editado -y con un formato de bolsillo muy divertido, pues realmente cabe en un bolsillo- en el que podemos disfrutar de toda una serie de reseñas "malheridas" de los más variado: desde filósofos asentados como Stoderlijk a pensadoras feministas de lo menos ortodoxo como Virginie Despentes; novelistas reconocidos y/o clásicos (Javier Marías, Mme. De Lafayette) junto a otros poco conocidos, primerizos... ensayos más o menos rigurosos (Cercas, Anna Caballé)... y sobre todo, memorias y diarios de todo tipo de escritores, -empezando por Dalí, por ejemplo-, que parece ser lo que más le gusta al Mal-herido. A destacar, además, las jocosas entrevistas que mantiene con diferentes personajes del mundo de las letras (Vila-Matas, Sánchez-Dragó) o del mundo, así en general... (el 30% de Dios).

Creo que se pueden extraer varias conclusiones de la lectura de este libro, a saber:

1-Mal-herido/Olmos no es tan fiero como lo pintan... una vez despojado de su anti-camuflaje soez y malhablado, de su pose de malote, aparece un lector con opiniones interesantes y bien asentadas, a tener en cuenta , en cualquier caso... Y no todo es zurrar la badana al personal: cuando la obra de un escritor le gusta (Greene, ChandlerKristof) lo señala con respeto y hasta con unción.

2-De la misma forma, la misoginia y chulería de la que hace gala el personaje en todo momento es puro postureo, que diríamos ahora. De hecho, buena parte de las reseñas están dedicadas a escritoras y, sobre todo, a cómo retratan estas autoras a sus congéneres en sus libros. Y cómo debería hacerse. Otra cosa es que estemos más o menos de acuerdo con las opiniones que expone luego al respecto el propio Olmos/Malherido, pero está claro que el tema le interesa.

3-Igualmente, le interesa y mucho, lo que tiene que ver con el acto de escribir ("Leer no es la droga; la droga es escribir", dice), la voluntad de hacerlo y, aún más, la de convertirse en escritor (en escritor que escribe, se entiende, no en la figura pública que representa ese papel)... de hecho, junto con lo que piensan y sienten las mujeres, parece ser el asunto que más le interesa a este tipo.

4-Éste es un librito con el que te lo pasas francamente bien -yo, al menos, me he carcajeado varias veces-, siempre que no se tengan muchos prejuicios con el lenguaje y se acepte una mirada gamberra sobre lo que se habla (repito: los libros, el sexo, la escritura, el sexo, las mujeres, el sexo, la celebridad, el sexo, el sexo, el sexo...). No dudo en recomendarlo, desde luego, aunque quizá no sea plato para todos los gustos. Lástima,  eso sí,  que en el libro no aparezcan las fotos del blog...

Y ya está.

Otros libros de Alberto Olmos reseñados en Un Libro Al Día: Ejército enemigoAlabanzaTrenes hacia Tokio

viernes, 15 de junio de 2018

Patti Smith: M Train

Idioma original: inglés
Título original: M Train
Año de publicación: 2015
Traducción: Aurora Echevarría
Valoración: muy recomendable

Pues no: ni es domingo ni en Un disco a la semana os vais a encontrar reseñado Horses o Radio Ethiopia. De hecho, debo confesar que Patti Smith nunca ha sido una artista que haya venerado en exceso. De hecho siempre recuerdo que su canción más célebre (Because the night) ni siquiera era su composición, sino la de Bruce Springsteen.
Pero insisto: tampoco busquéis una etiqueta de esas que suelo poner para horror de muchos. Libros sobre música. No. Tampoco. De hecho, las palabras canción y disco y guitarra y concierto ni siquiera aparecen en momentos memorables de este libro. Uno sabe que la autora es una artista conocida y una musa del rock'n'roll porque es algo que todos sabemos y porque existen las radios y porque en un párrafo del libro habla de un par de cheques de royalties como contenido del buzón que un día mira y quizás porque tenga curiosidad por saber cómo una persona que viaja tanto por el mundo se gana la vida. Sí, esa es la eximia mención que Patti Smith se permite a la profesión o forma de vida que la ha hecho famosa. Puedes preguntarte si sin ese sustento y esa celebridad Patti Smith hubiera publicado sus libros o no y si el discurrir de su existencia, de haber sido otra, una oficinista o una enfermera o una abogada, hubiera dado para generar estos textos.
Puedes preguntarte eso y responderte con cualquier cosa.
Pero que no te haga ignorar este texto. Porque Patti Smith hace buena una frase que he leído hace apenas unas horas, y que creo (pero no voy a buscar ese Tweet) que ha pronunciado Javier Cercas (al que admiro tanto como a veces disiento): Nadie lee tantos libros si no piensa escribir uno. Touché. Patti Smith es, entonces, se yergue en función de lo que aquí he experimentado, tan escritora como músico. Como mínimo, y teniendo en cuenta que también hay que contar con las letras de sus canciones y eso haría decantar la balanza (un poquito: tampoco le darán el Nobel como a Dylan, aunque ahora yo prefiero los Novel).
Entonces eso: Patti Smith escribe y este libro es un fragmento de sus memorias y aquí ya he tenido estos días alguna polémica más o menos encendida sobre el tema de la literatura del yo, cuando resulta que yo sí me esperaba un libro sobre música y sí tenía en mente (de hecho, llevo unos días escuchando Horses) emparentar libro y disco Y NO.
¿Por qué no? Pues, mal que me pese, porque ello sería limitarlo. Los valores de la Smith (ya no Patti) como escritora tienen bastante sustento, por sí solos. Ni idea de si lo suficiente para convencer a un editor sin el background que la avala, porque esto de los editores ya he renunciado a entenderlo del todo. Pero que como lector he disfrutado. Pues sí. No le hace falta demasiado ruido para ello. Aquí no hay lamentaciones ni nostalgia ni literatura del yo-rica (perdón, es que yo sin chistes malos es que no puedo), ni panegíricos de miles de palabras sobre lo bueno que era este o el otro y yo traidora de mí sigo en este mundo. Lo que hay son dos o tres hechos u objetos inconexos que son el armazón de una narración muy solvente y muy honesta. Un café ('Ino) en NY que cierra y al que acude cada día a escribir en una especie de mesa arrinconada que acaba considerando suya (tan suya que acaban regalándosela). Una casa desvencijada en una población costera que decide adquirir como una suerte de guiño del destino. Un viejo abrigo que ha recibido de un amigo.
Y el telón de fondo: una mujer que toma todas esas decisiones y lleva a cabo todos esos actos en medio de una soledad cómoda, nada impostada. Fred "Sonic" Smith, guitarrista de los MC5 y marido de la escritora, fallecido en 1994 y presencia tenue en la narración, como un espíritu agradable y hasta tierno que guía a su esposa, que sigue por aquí, que viaja a muchos lugares empujada por los mundos que los libros que lee le evocan. Punto fundamental de este estupendo libro. Smith es una lectora contumaz y entusiasta, peor (mejor) aún, una relectora en profundidad, la clase de persona que se sumerge de tal manera en los autores que necesita visitar los entornos que han creado en sus obras, los entornos en los que los han creado, como a la búsqueda de eso que queda en el aire y un fanático necesita respirar. Es una lectora contumaz desde antes de ser una cantante de éxito y lo ha seguido siendo, y es de esa estirpe freak que tan bien comprendemos por aquí: necesita ver el escritorio y la silla y los paisajes que sus escritores favoritos veían. Una de las principales temáticas de M Train es esa: Smith fascinada por Bolaño y por Murakami y por Sebald y por Jean Genet y visitando hasta sus tumbas y encargándose de ellas. Una veneración sincera y razonada, y mientras tanto nos cuenta su vida y sus andanzas y todo eso está tan bien escrito y suena tan veraz y poco aparatoso que ya paro: la lista de advenedizos que habrían de palidecer al leer estas páginas se haría demasiado extensa.

jueves, 30 de octubre de 2025

Colaboración: A la intemperie, de Roberto Bolaño

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Interesante (para completistas)


Seguramente pensarían ustedes que ya no quedaba ningún escrito de Roberto Bolaño por publicar. Craso error. Debolsillo, dado el seguimiento que tienen las novelas del escritor chileno en nuestro país, se ha preocupado de saciar las necesidades de los “bolañistas” publicando un volumen titulado A la intemperie. 

En este caso, no nos encontramos con una nueva novela inédita, puesto que a estas alturas los baúles están vacíos. Se trata de un volumen que recopila los artículos, columnas y reseñas que publicó Bolaño desde los años 70 hasta poco antes de su muerte. También se recogen prólogos a obras de otros autores y algunas conferencias y discursos.

Con estos antecedentes, como ustedes fácilmente comprenderán, el interés que pueda suscitar esta obra es muy relativo. La temática es muy dispersa y el estilo varía mucho entre los distintos escritos puesto que pertenecen a épocas muy dispares, por lo que la coherencia general de la obra brilla por su ausencia. 

En este sentido, quizás no resultan especialmente atractivos tantos relatos sobre ambientes y personajes de Blanes, su lugar de residencia, ni tampoco los numerosísimos artículos dedicados a autores chilenos que no son conocidos por estos pagos, pero lógicamente hay que situarlos en el contexto de los medios informativos, especialmente el Diari de Girona y Las Últimas noticias de Chile, en que fueron publicados. 

Mucho más interesantes son los artículos en los que habla de literatura. Aunque debe quedar claro que no son críticas literarias ni artículos de opinión. Bolaño introduce sus valoraciones, principal aunque no exclusivamente, de escritores españoles e hispanoamericanos, donde desgrana sus filias y fobias personales, con las que el lector podrá estar o no de acuerdo. El autor chileno ensalza entre los autores españoles a Javier Cercas, Javier Marías o Vila-Matas y nos recomienda encarecidamente que si nos gustan los cuentos “un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Lo repito una vez más, por si no ha quedado claro, a Cela y Umbral ni en pintura”. Y poco más adelante concluye que como cuentista “con Poe tendríamos de sobra”. No creo que Harold Bloom estuviera de acuerdo.

En cuanto a la literatura hispanoamericana deja claramente de manifiesto su predilección por los autores argentinos, especialmente Borges y Cortázar, y en cuanto a la literatura chilena, sobre todo destaca a Huidobro y Nicanor Parra, a los que dedica varios artículos. En cuanto a fobias, aquí queda su valoración de Isabel Allende: “su literatura es mala, viva, pero mala”.

En fin, un volumen que puede resultar útil para completistas a los que les guste coleccionar todo lo publicado por Bolaño, pero prescindible para todos los demás.

Firmado: José Miguel Martínez

Otras muchas obras de Roberto Bolaño reseñadas en ULADaquí


jueves, 13 de julio de 2017

Marta Sanz: Clavícula

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

No tengo ninguna duda de que algún día los manuales de nuestros nietos hablarán de la "literatura del yo" como una de las tendencias dominantes de este comienzo del siglo XXI. Ahí se incluirán las memorias, los diarios, las autobiografías, y también la mal llamada "autoficción", que incluye desde la Trilogía de Nueva York de Auster hasta los Soldados de Salamina de Javier Cercas o toda la obra reciente de Vila-Matas. Confieso que mi tendencia sobre este tipo de narrativa ha ido cambiando: cuando leí los primeros experimentos de este tipo me encantaron; llegó luego un momento de cierta saturación, en que me pareció que el modelo estaba ya agotándose; últimamente, no la soporto, como dejé claro en una famosa (o infame) no-reseña de los libros de Knausgard.

De ahí que tenga que preguntarme por qué este libro, a diferencia de los de KOK, sí que me ha gustado, y me ha gustado bastante, de hecho. Clavícula es una novela (¿autobiografía, diario, memorias, obra híbrida?) tan egocéntrica como Mi lucha: cuenta la obsesión de una escritora, la propia Marta Sanz, con un misterioso dolor que le nace en la escotadura supraesternal, el espacio entre el esternón y la garganta donde acaba la clavícula derecha; un dolor para el que los médicos no tiene solución, y que contamina cada momento de vida y consciencia de la escritora. Un monumento al solipsismo y la autocontemplación que podía haberme provocado el mismo rechazo que los de KOK, pero no. Así pues, ¿qué lo hace diferente y mucho más llevadero, más allá de que sean solo 200 páginas y no 7 volúmenes de 600 cada uno?

Después de mucho pensarlo, creo que la diferencia está en dos elementos: el humor y el formato fragmentario.

Marta Sanz habla en esta obra de dolores reales e imaginarios; de la menstruación, los calmantes, las pruebas médicas, la autocompasión o la relación con su marido. De las enfermedades y molestias físicas propias y ajenas, más o menos graves, más o menos humillantes. Y de todas ellas habla con una cierta distancia irónica, que le permite verse a sí misma como una digna sufridora y como una burguesa llorica, al mismo tiempo. Habla sin pudor de las dolencias del cuerpo y del alma, pero también habla, al mismo tiempo, de esa falta de pudor y de las consecuencias que tiene. Es muy consciente de lo que está haciendo, y lo que está haciendo le parece al mismo tiempo noble y ridículo.

La otra clave para que me haya gustado esta obra es que Marta Sanz, a diferencia de KOK, no decide contarlo todo, sino que selecciona aquello que se refiere (más o menos vagamente) al tema principal del libro, que es el dolor, y lo dispone en fragmentos de entre un párrafo y cinco o seis páginas, dando lugar a una indagación (tal como el propio texto dice) que renuncia a lo extenso para profundizar en lo intenso. El carácter híbrido del texto (las reflexiones de la autora, que dominan la obra, se mezclan con emails, relatos y poemas) es también mucho más "posmoderno" (si es que esta palabra todavía significa algo) que las larguísimas divagaciones de un hombre blanco heterosexual de clase media.

Porque Clavícula es, también, una obra muy marcada por el género de su autora: es una obra que habla de un cuerpo, y el cuerpo del que habla es el de una mujer, con su endometrio, su menopausia, sus hormonas y sus estrías. Habla de sus problemas y de los de sus amigas y conocidas (cánceres, catarros, fisuras anales, infartos). En un momento del texto, Marta Sanz se compara con Elvira Navarro, que habla de cosas parecidas en La trabajadora:
"Recogemos una inquietud de época y escribimos estas cosas porque algo nos duele, porque somos mujeres, porque tenemos o no tenemos pareja, escribimos, tenemos y no tenemos trabajo, somos españolas y blancas, posiblemente feministas, posiblemente de izquierdas. Pero nuestros libros no están escritos con las mismas palabras y, en consecuencia, no, no son iguales. 'C'est dans l'air du temps'".
Quizás lo que menos me haya gustado de Clavícula sea su final: después de doscientas páginas de dar vueltas en torno a unos cuantos temas comunes (el dolor, sobre todo, pero también el miedo, la enfermedad, la incomprensión), de pronto se introduce un punto de fuga, un crucero con sus padres, y la obra termina, sin que dé la impresión de haberse cerrado de ninguna forma. Quizás esto mismo sea un elemento posmoderno: la obra abierta y todas esas cosas. Pero incluso en el siglo XXI tanta abertura parece excesiva y deja alguna insatisfacción en el lector.