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sábado, 14 de noviembre de 2015

Slavoj Zizek: Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales

Idioma original: inglés
Título original: Violence
Traductor: Antonio José Antón Fernández
Año de publicación: 2008
Valoración: interesante

Nota: Esta reseña estaba programada para el día de hoy antes de los atentados de ayer en París; hechos como estos hacen que reflexiones sobre la violencia como estas sean trágicamente necesarias.

En ULAD hemos reseñado ya varias obras de Zizek, el enfant terrible de la filosofía contemporánea, y las críticas han utilizado más o menos términos semejantes: provocador, ameno, denso, extravagante... Sus obras tienen la virtud de ser al mismo tiempo entretenidas y profundas, mezclando las citas de Marx o Lacan con chistes sobre Lenin y con el análisis de obras de la "cultura de masas" como El bosque de Shymalan, o con extravagancias como el "Masturbaraton" celebrado en Londres en 2006.

En este caso, esta peculiar técnica de pensamiento filosófico se aplica al tema de la violencia, de una forma oblicua, como dice el subtítulo, y como aclara el prólogo: pensar en actos concretos de violencia, dice Zizek (y se puede estar de acuerdo con él, o no), nos nubla la capacidad de raciocinio, porque nuestros instintos humanos nos llevan a apiadarnos de la víctima de la violencia y a sentir repugnancia por el agresor. El objetivo, por lo tanto, es reflexionar sobre la violencia desde una cierta distancia crítica, y en un nivel abstracto (aunque luego esta visión abstracta se aplique, efectivamente, a tres ejemplos recientes: los disturbios de los suburbios de París en 2005; los ataques terroristas del siglo XXI, y los incidentes que se produjeron después del paso del Katrina por Nueva Orleans.

Zizek parte de una distinción entre "violencia subjetiva" (lo que normalmente calificamos como "violencia" a secas: una agresión, una violación, un atentado, una guerra), y la "violencia sistémica", que es más difícil de percibir, pero que se manifiesta en la forma en la que millones de seres humanos sufren la miseria y mueren a causa de ella, sin que por ello nos rebelemos como nos rebelamos ante un atentado terrorista que produce muchas menos víctimas. Tenemos, dice Zizek, una ceguera selectiva que nos impide ver esta violencia sistémica, y que hace que no comprendamos determinados casos de "violencia subjetiva".

Pero hay aún un nivel superior de abstracción en el texto de Zizek: en el capítulo segundo (el más denso del libro) afirma, siguiendo a Lacan, pero también a Heidegger, que el lenguaje mismo incluye siempre una violencia contra la realidad, y si se aplica a los seres humanos, una violencia contra el prójimo. En el acto de nombrar, reducimos, simplificamos, cosificamos al otro. En el epílogo al libro, Zizek intenta dar una visión más favorable del problema, al afirmar que el lenguaje es al mismo tiempo una violencia contra el prójimo, y al mismo tiempo la forma de superar esa violencia, aunque ese elemento queda más eclipsado en el cuerpo del texto.

Desde luego, las propuestas de Zizek son provocadoras, y la distinción entre "violencia subjetiva" y "violencia sistémica" es extremamente útil para comprender muchos conflictos geopolíticos presentes y pasados; ahora bien, también me plantea algunos problemas. En primer lugar, al elevar el nivel de abstracción y decir, más o menos, que todo es violencia, o que hay violencia en todo, parece producirse una nivelación de todos los tipos y casos de violencia: tan terrible parece ser usar el lenguaje como poner una bomba. Esta visión puede ser ciertamente paralizante, porque impide reaccionar contra casos concretos de violencia (o si se quiere, "violencia subjetiva"), ya que siempre pueden ser resultado de una "violencia sistémica" anterior.

Y esa es, de hecho, la provocadora y algo paradójica conclusión a la que llega Zizek: que lo que tenemos que hacer ante la violencia es no actuar. En el mundo global todo el mundo parece tener la ansiedad de actuar constantemente, aunque sea de un modo tan fútil como un post en facebook o una firma en change.org. Según Zizek, frente a esta ansiedad de la sobreactuación, lo que hay que hacer es, como Lenin decía, "aprender, aprender y aprender". Y es casi imposible no estar de acuerdo con él en lo que dice respecto a un exceso de acción que evita cualquier reflexión previa, pero hay violencias ante las cuales es imposible permanecer impasible...

Otras obras de Zizek en ULADaquí

viernes, 27 de mayo de 2011

Slavoj Zizek: El frágil absoluto

Idioma original: inglés
Título original: 2000
Fecha de publicación: The fragile absolute or, Why is the Christian legacy worth fighting for?
Valoración: recomendable

Hace más o menos diez años, sucedió algo curioso en el panorama de la filosofía contemporánea. En el ala, digamos, más radical y crítica del pensamiento actual, heredera de toda la (heterogénea) línea que va desde Marx a Derrida, pasando por Nietzsche, Lacan o Foucault, se dio una recuperación de temas cristianos tradicionales o, más aún, una defensa de la tradición cristiana misma. Alain Badiou publicó en 1998 San Pablo o la fundación del universalismo, en el que analiza toda la carga política del credo cristiano en su primera formulación coherente, la paulina. Dos años después aparecía El tiempo que resta, de Giorgio Agamben, con el subtítulo: Comentario a la Carta a los Romanos; todo el libro, por tanto, explícitamente dedicado a desentrañar las oscuras expresiones del que es quizá el escrito más relevante de San Pablo para la tradición exegética. Pues bien, ese mismo año publicó Zizek el libro del que hablamos hoy. Su subtítulo es también muy revelador: ¿Por qué merece la pena luchar por el legado cristiano?

Todos estos ensayos tienen un espíritu común, que consiste en reivindicar lo que la fe cristiana tiene de revolucionario, de subversivo, en sus planteamientos originales, para no abandonar ese legado (como había venido haciendo en gran parte el pensamiento de izquierdas) a una interpretación conservadora que lo neutralice. Algo interesante en los tres casos es que los autores no comparten la extendida ilusión que distingue el "cristianismo bueno" del propio Jesús de Nazaret y el "cristianismo malo" de sus seguidores, que sistematizaron el mensaje original en reglas, ritos e instituciones. Nietzsche, por ejemplo, alababa la figura histórica de Jesús y echaba pestes contra San Pablo, el "inventor" de la Iglesia cristiana. En el caso de estos autores sucede al revés: es a la interpretación de Pablo, precisamente, a la que atribuyen la mayor eficacia crítica.

Dicho esto, que Zizek deja claro desde el mismo prólogo a su libro, lo cierto es que en este caso hay que esperar bastante para que se vea por qué vía concreta va a rescatarse esta tradición paulina a la que me refiero. Hasta bien pasada la mitad del ensayo no empieza a contraponerse, por ejemplo, el exigente principio de caridad cristiana (el agápe de Pablo) a un cierto clima de tolerancia liberal, multicultural y New Age que irrita profundamente a Zizek. Tiene cierta miga cómo analiza la actual omnipresencia de los Derechos Humanos como una invitación a transgredir las normas del Decálogo: el derecho a la búsqueda de la felicidad a través de la propiedad privada como derecho a robar, el derecho a la libre expresión como derecho a mentir, el derecho a la intimidad como derecho al adulterio, etc. Según Zizek se percibiría aquí el vínculo entre la ley explícita y el deseo de transgredirla, cristalizado en lo que denomina un "suplemente fantasmal obsceno". La caridad cristiana trataría precisamente de romper ese vínculo.

El tono de Zizek es entretenido, mezclando todo tipo de referencias eruditas con ejemplos del cine comercial o, sin más, anécdotas y chistes. Ahora bien, las referencias eruditas giran casi en todo momento en torno a la obra de Lacan, de tal modo que se hace complicado seguir el discurso si no se conoce aquélla. Los abundantes destellos de genialidad, asegurados con Zizek, no acaban de impedir la impresión de que en sus manos las categorías de Lacan sirven prácticamente para justificar cualquier cosa. Uno acaba el libro con la sensación de haber asistido a una sesión de fuegos artificiales. Y ya se sabe que el humo se lo lleva el viento.

Otras obras de Zizek en ULADArte, ideologia y capitalismoSobre la violenciaEn defensa de la intoleranciaProblemas en el paraíso

miércoles, 9 de enero de 2013

Slavoj Zizek: En defensa de la intolerancia



Idioma original: alemán

Título original: Ein Plädoyer für die Intoleranz

Año de publicación: 1998

Valoración: Recomendable




De plena actualidad a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, este librito aborda, en menos de 130 páginas, cuestiones que aparecen en varias de las obras del autor. Zizek propone una nueva acepción del término política. Para él significa la asunción de voz y poder por parte de los excluidos hasta entonces (por ejemplo el demos de la antigua Grecia o el partido Solidaridad en la Polonia de los años 80). En contraposición, la postpolítica sería el discurso, tan extendido en las últimas décadas, que pretende que los conflictos ideológicos están ya superados con la finalidad de impedir que un nuevo grupo de silenciados pretendan hacerse con las riendas (lo que significaría el inicio de una nueva etapa política, según la terminología del autor). En nombre de esta distorsión (la afirmación genérica de que todo está en orden) se toleraría cualquier injusticia lo que generaría a veces explosiones aparentemente irracionales de violencia y que, en realidad, no serían sino la única forma de expresión de los que no tienen otro cauce.

La confusión deriva de que la postpolítica define la política como “el arte de lo posible” y según Zizek es “el arte de lo imposible”, justamente lo opuesto. Solo cuando se pretende transformar radicalmente algo que se considera inamovible – asegura – estaríamos haciendo política.

Por eso, desde su punto de vista , y sea quien sea la víctima, cualquier proteccionismo que no modifique las relaciones de poder sirve únicamente para mantener el status quo. Con esa estrategia, cada grupo continuará en el lugar de siempre mientras las supuestas medidas protectoras servirían para que, escudándose en atender sus justas reivindicaciones, nada cambie sustancialmente. Esta sería la astuta manera de superar la divisiones ideológicas haciendo creer a la opinión pública que llueve a gusto de todos, cuando lo que ocurre en realidad es que se están imponiendo, una vez más, los criterios del poder aunque disfrazándolos de objetividad científica. Según dice, los economistas y politólogos justifican así todos los desmanes económicos y consiguen convencer a la mayoría, aunque sea a regañadientes, de que están en posesión de la “única verdad”. Como ejemplo de este razonamiento, aporta el término “radical centre” (centro radical), término acuñado por Tony Blair para definir al partido laborista de la época. Lo que supone una incongruencia, ya que el centro es, precisamente, un concepto moderado, equidistante de radicalismos, cuya función es evitarlos posicionándose entre los extremismos de izquierda y derecha. Parece una forma muy burda de engañar a la opinión pública y, sin embargo, se consigue.

Siguiendo esa misma lógica, las posturas que tienen como objetivo la perpetuación del poder, la profundización de la brecha de las diferencias salariales y cualquier otro proyecto que sirva a los intereses de la gran economía se presentarían disfrazadas de eficacia.

Por otra parte, en el marco de la presente sociedad global, Zizek expone la controvertida afirmación de que el tolerante multiculturalismo actual no es más que una soterrada, astuta y diplomática forma de racismo. Afirma, además, que el reconocimiento de las diferencias culturales no hace sino esconder la verdadera y completa uniformidad que se ha extendido por el planeta y, de paso, desplazar la atención de la economía a la cultura. Y que sirve también como pretexto para tolerar conductas abusivas que se producen, – muchas veces desde el convencimiento más sincero –  apelando a la tradición.

Después de abordar asuntos de lo más diverso con argumentos, como mínimo, cuestionables, por ejemplo, su resuelta defensa de la clonación humana, realiza un (para mí) curioso análisis del tamagochi como función social y termina proclamando que la sociedad actual no ha dejado de ser represora aunque lo disimula valiéndose de argumentos científicos – como la locura – para condenar determinados actos. Algo parecido, sostiene, a lo que se acostumbraba en las sociedades soviéticas tachando de locos a los disidentes. Él aboga por el control de toda la sociedad mediante la colectivización de las decisiones económicas y por dejar de creer en la omnisciencia, inmutabilidad e inevitabilidad de las leyes del mercado.

Merece la pena revisar de vez en cuando nuestras certezas más arraigadas, lo que todo el mundo da por supuesto, Zizek es uno de esos autores que, aparte de la variedad de aspectos que analiza en sus obras y del rigor de algunos de sus análisis – por muy arbitrario que nos parezca a veces – posee la virtud de, cada vez que quiere, poner todo patas arriba.

Otras obras de Zizek en ULADaquí

martes, 23 de junio de 2020

Slavoj Žižek: Pandemia


Idioma original: inglés
Título original: Pandemic!
Año de publicación: 2020
Traducción: Damià Alou
Valoración: interesante

Cierto dicho proclama que "Nada hay más viejo que el periódico de ayer". Sin ser tan precisos, muchas opiniones vinculadas al mundo actual inciden en la saturación informativa, en la inmediatez de los medios, en las redes sociales ya no como altavoces o megáfonos sino en elementos clave en la configuración de ese mundo global y viral (va sin segundas) que estamos creando para las generaciones venideras, mundo en el que los acontecimientos se suceden a un ritmo que obliga a las grandes mentes a pronunciarse constantemente.

Y mientras escribo esto me pregunto si Zizek no tendrá ya algo en mente sobre la cuestión de Minneapolis, la Desescalada, la Nueva Normalidad o el Primer Rebrote.

Por tanto, y con Occidente sacando pecho de forma precipitada sobre la superación de la fase más grave de la pandemia (actualización 23/6, 11:07, la OMS alerta de la rapidez de extensión de la pandemia en el continente americano) con ese mismo Occidente más pendiente de si las fases de la desescalada serán o han sido así o asá, con ese magma informativo en constante update y mutación, las opiniones de Zizek parecen ya formar parte de un período reciente pero pasado, parecen ser como el disco de Kanye West que quedaba siempre en borrador mientras las canciones no acababan de tener su versión definitiva. No quiero decir que leer esto en seis meses pierda valor, el valor sólido y fijado de la reflexión inmediata al hecho, pero es que, señores, esto de la humanidad está resultando muy complicado y el mejor sitio del mundo es mi casa hasta que no me dejan salir de ella.

Lo cual no significa que Pandemia, menudo título descriptivo, se ha matado el tío, no sea una lectura extremadamente interesante; si bien Zizek más que emitir conclusiones (cuestión que apoya el hecho de que este libro, más que apelar a bibliografía, apela a links de artículos en la red) comenta situaciones que está viviendo y les aporta una sutil perspectiva propia, fresca y audaz, quizás algo consciente de que su opinión es tenida en cuenta y dispone de la consecuente difusión y resonancia. Y no intenta dogmatizar sino mostrar sus reflexiones, poner el foco en las diversas reacciones de gobernantes, líderes, sociedades ante el espectacular suceso (no sé llamarlo de otra manera) que se ha llevado a la humanidad por delante cuando todos pensábamos que iban a ser los marcianos, un asteroide despistado o los pirados que tienen acceso al botón nuclear. Por supuesto, hay que tomarse la molestia, el pequeño receso, de leer este texto, que se publica todo lo deprisa que se puede: el café de la realidad se enfría rápidamente y nunca vamos a tener ocasión de ver tan pronto cómo fracasa y cae en el olvido todo lo que se profetiza por ahí: que si seremos más buenos, más cohesionados, con un planeta más limpio, con mayor consciencia de sociedad. Por suerte, Zizek presenta hechos y opiniones sin más sesgo que el poco menospreciable de  presentar esta y no esta otra; por suerte, se abstiene de entrar en cábalas, de dogmatizar con conclusiones solemnes, y se limita a consignar cuestiones objetivas. Pone orden en esos pensamientos y los presenta en un texto en cuya lectura es bueno y muy aconsejable invertir tiempo. Para hacerse una idea, más o menos orientarse y reflexionar, cosa que parece que ya se ha acordado unánimemente en subcontratar.

Para lo otro, para refutar y contradecir toda barbaridad que cualquiera ahora mismo se ve autorizado a expresar, ya tenemos Twitter, ¿verdad?

Unas cuantas obras de Slavoj Žižek reseñadas en ULADaquí

jueves, 17 de marzo de 2011

VV.AA.: Arte, ideología y capitalismo

Idioma: castellano
Fecha de publicación: 2008
Valoración: está bien

Decíamos ayer que las transcripciones de conferencias no acaban de convencerme. Creo que voy a tener que retractarme. Está claro que todo buen conferenciante domina algunos trucos retóricos que en vivo sirven para meterse al público en el bolsillo y transcritos se desinflan sin remedio. Además, una ponencia está sujeta a circunstancias del momento (o incluso del espacio) y soporta por lo general argumentos menos exhaustivos y prolijos que un ensayo. Sin embargo -o quizá por eso mismo-, una conferencia transcrita tiene una gran ventaja frente a un texto concebido desde el principio como tal: la frescura. Un autor se atreverá a decir cosas que se pensaría mucho antes de poner por escrito. Quien la transcribe y publica comete, en este sentido, una traición; pero una traición que ofrece jugosas sorpresas.

En este caso el responsable de la elogiable traición es el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que desde hace varios años edita una colección de libritos con las intervenciones de las muy autorizadas voces que por allí pasan. Quienes no vivimos en Madrid no podemos más que agradecerles la idea. El libro del que hablo surge de una visita de Slavoj Zizek (en realidad no se escribe así, pero quien sepa poner sobre las zetas un acento circunflejo invertido que tire la primera piedra). Para quien no le suene, este señor es probablemente el filósofo más polémico sobre la faz del planeta. Abundan sus intervenciones en youtube, que no suelen aburrir. Por citar dos que recuerde: una disquisición sobre las diferencias entre los váteres alemanes y franceses, y la demostración inapelable de que Sonrisas y lágrimas es un film propagandístico pro-nazi.

Dicho esto, podéis suponer que merece la pena leer lo que el bueno de Zizek tiene que decir acerca de varias películas, entre ellas Titanic, Los pájaros, El código Da Vinci o El perfume. En estos y otros especímenes ejercita su agudísima capacidad de análisis, deudora de Marx y Lacan, levantando las máscaras de los más renombrados productos ideológicos del capitalismo actual. Sus comentarios se ilustran con fotogramas de las películas, lo que resulta muy útil para no perderse. También resulta útil tener ciertas nociones de Filosofía y Psicoanálisis, no lo vamos a negar.

Se completa el libro con dos intervenciones más, de Jorge Alemán y César Renduelles, que abundan en los mismos temas. La primera, sinceramente, me dejó bastante frío. Será que no entiendo a Lacan lo suficiente para apreciar su posible aportación a una nueva renovación de la izquierda política. En cuanto a la segunda, Renduelles demuestra con admirable rigor cómo gran parte del cine actual comulga de un sueño de redención violenta que nos salve a todos del ciclo de consumo desbocado que nos engulle. El club de la lucha, por ejemplo. Lo curioso, dice (y concuerdo), es que estos sueños no hacen sino reforzar, al nivel más profundo, la lógica que pretenden criticar, olvidando "que el consumismo es un epifenómeno material de un sistema social monstruosamente espiritual".

Se trata, en fin, de un librito que no te cambiará la vida, pero sí te deparará unos cuantos golpes de genio y unos cuantos destellos de lucidez sobre las apariencias cotidianas que nos rodean. Y eso no es poco, ¿no?

lunes, 21 de junio de 2021

Jorge Carrión: Lo viral


Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: bastante recomendable


Pues me ha gustado mucho este Lo viral de Jorge Carrión. Y que no os suene tibia la valoración: bastante recomendable se queda muy cerca del muy recomendable simplemente porque me ha parecido que a Carrión le ha faltado un punto de ambición (quizás otro formato, unas decenas más de páginas) para coronar a este libro entre sus mejores ensayos o lo que sea, y puede que ese sacrificio lo haya hecho en aras de la inmediatez, que no en vano (igual que Zizek con Pandemia!) los libros que han situado la situación del COVID-19 en el centro de sus temáticas lo han hecho muy conscientes de que (entre oleadas, toques de queda y ritmos de vacunación) la actualidad mutaba constantemente y cualquier texto corría el riesgo de quedar obsoleto en apenas unas semanas. Y Carrión, casi siempre un narrador/cronista/ensayista dado a la contundencia en sus afirmaciones (que aquí también se halla presente, y yo le he obedecido leyendo y reseñando Aqui) se muestra vulnerable, no quizás frágil o timorato sino más bien acojonado por el devenir de los hechos. 

Estructurado como un diario sumamente ágil e interesante, le agradezco a Carrión que su obsesión reflejada en Contra Amazon se limite aquí a unas ligeras reverberaciones y que haya centrado el texto en su experiencia personal: el 13 de Marzo de 2020, día en que se decreta el Estado de Alarma en el estado español, a partir del cual la población empezará a incorporar a velocidad de vértigo todo tipo de conceptos relacionados con la epidemiología hace las veces, hacia la mitad del texto, de punto de inflexión entre un texto premonitorio, cuajado de experiencias previas en el ámbito cultural, donde se aborda el concepto antiguamente conocido como viralidad (sobredivulgación, usualmente vía Internet y RRSS de algún tipo de hecho informativo, muy habitualmente sesgado o directamente falso) a través de un nutrido reguero de recomendaciones y comentarios. Un diario que Carrión declara no haberse iniciado con la misma intención con la que acabó. Porque Carrión, uno (se me ocurren pocos más, no me obstino en nombrarlos) de los culos más inquietos del panorama cultural peninsular, cambia el tono, ya lo había cambiado a finales de febrero a medida que las noticias se hacían inquietantes, y se convierte, como muchos de nosotros, en una persona (en su caso, siendo capaz de transmitirlo en sus textos) agobiada y superada por una realidad que va a dejar, a parte del trágico balance de víctimas, poco más en la humanidad que una experiencia que explicar y que acumular. Por hastío, por rebeldía, por necesidad de recuperar ese ¿equilibrio? anterior, la sociedad corre a recuperar su existencia anterior en la medida de lo posible, y, lamentémonos si queremos, pero es así, tomando cada centímetro que se cede de las libertades cercenadas. Horarios, aforos, asistencia a lugares y eventos, progresivo decaimiento de prohibiciones y limitaciones.

Carrión no llega hasta tan lejos. El diario se corta y se publica hasta mayo de 2020, fecha en que se acuña un nuevo y pomposo concepto (la Nueva Normalidad) y en el que Carrión da por concluida la fase dura del proceso. Quedan fuera, y he de decir que no me importaría nada asistir a un Lo viral 2.0, toda la esperanzadora cuestión de las vacunas, el toque de queda, las oleadas tras el verano... Pero Carrión encaja el golpe de y testifica la adaptación forzada de los hábitos de consumo cultural, el ingenio de algunos creadores, la alternativa del hogar confinado como centro de producción, y de todo ello, intercalando experiencia personal desacomplejada y análisis cultural de alto calado, extrae un texto exógeno, dinámico, esperanzado y despojado de obsesiones. Y tan logrado que, a diferencia de Zizek, me niego a otorgarle fecha de caducidad.


lunes, 6 de enero de 2014

John Brunner: Todos sobre Zanzíbar

Idioma original: inglés
Título original: Stand on Zanzibar
Año de publicación: 1968
Valoración: está bien

De John Brunner, uno de los autores referentes de la New Wave de la ciencia-ficción británica, reseñamos ya hace un tiempo El rebaño ciego, una novela apocalíptica con un trasfondo ecologista. Las similitudes entre esta novela y Todos sobre Zanzíbar son bastante evidentes: novela coral, técnica fragmentaria, preocupaciones socio-políticas que caracterizan de hecho a casi toda la New Wave... Pero si El rebaño ciego es una novela sobre la destrucción de la naturaleza a manos de las grandes corporaciones, Todos sobre Zanzíbar trata sobre todo de las consecuencias geopolíticas, filosóficas y sociales de la proliferación tecnológica y del capitalismo extremo en el año (futuro) de 2010.

Es difícil resumir el argumento de una novela tan compleja como Todos sobre Zanzíbar. Hay, fundamentalmente, dos personajes principales, asociados con dos líneas argumentales lejanamente interrelacionadas: Donald Hogan, un inteligente estudiante que ha sido "captado" como espía por la Inteligencia estadounidense; y Norman House, un ambicioso ejecutivo de General Technics, una empresa tan poderosa que se a veces es indistinguible del propio Estado. El primero será enviado a Yatakang (un ficticio país del Sureste de Asia) para investigar un supuesto avance revolucionario en el campo de la eugenesia; el segundo, a Beninia, un país del África subsahariana que puede convertirse en una pieza clave de las relaciones políticas y económicas internacionales.

Pero tan importantes como estas dos tramas, que ocupan los capítulos titulados "Continuidad", son los fragmentos dedicados a crear un mundo (distópico) alrededor de ellas: se trata de los capítulos titulados "Viendo primeros planos", "Las cosas que pasan" o "Contexto". Los primeros son viñetas individuales de personajes secundarios, algunos de los cuales no vuelven a aparecer en la novela: pequeños relatos o microrrelatos de hechos simbólicos o significativos del estado del mundo. "Cosas que pasan" son recopilaciones de noticias breves, eslóganes, panfletos, todo tipo de textos sobre la actualidad (del mundo de ficción, claro). Los capítulos titulados "Contexto" ofrecen fragmentos y reflexiones extraídas en su mayor parte de los libros del ficticio escritor Chad Mulligan (no muy distinto de Slavoj Zizek, aunque Zizek era todavía un chaval cuando se escribió la novela).

Aunque Brunner es, por cronología y por inquietudes, un escritor de la "Nueva Ola" de la ciencia-ficción, sus obras anteceden también, en cierto modo, a las novelas del cyberpunk creado por William Gibson, sobre todo en su concepción del mundo distópico: ciudades cubiertas por cúpulas, brutales desigualdades sociales, cuerpos modificados por la ingeniería o la genética, poderosas empresas multinacionales que controlan la política y la economía global... En la novela de Brunner no faltan tampoco las preocupaciones por el control de la información y la manipulación de la opinión pública, con resonancias de los métodos del Gran Hermano en 1984.

No cabe duda de la maestría técnica y narrativa de Brunner, que en esta novela, como en El rebaño ciego, consigue no solo sostener en el aire varias tramas y conjuntos de personajes simultáneamente, sino también construir todo un mundo narrativo y ficcional cargado de significación y de advertencias sobre nuestro futuro. El mayor problema que tiene la novela, sin embargo, es su (en mi opinión) excesiva extensión y la larga espera hasta que las dos tramas principales entran en juego. La novela tiene casi setecientas páginas, pero hasta la página trescientos, aproximadamente, uno no tiene muy claro de qué va. Y esto puede ser excesivo; yo mismo, si no existiera ULAD y me sintiera obligado a terminarla para escribir esta reseña, no sé si habría seguido leyendo hasta el final...

Todos sobre Zanzíbar es una novela compleja, ambiciosa, visionaria, abrumadora. Pero corre el peligro de perder algunos de sus lectores a medio camino, y es una pena, porque el final consigue cerrar los hilos que las seiscientas páginas anteriores habían dejado abiertos.

También de John Brunner en ULAD: El rebaño ciego

domingo, 21 de agosto de 2016

Alberto Santamaría: Paradojas de lo Cool

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Paradojas de lo Cool está constituido por nueve artículos (uno de ellos le aporta título) más una introducción. Artículos que han sido editados, dice la contratapa, algunos de ellos, supongo que para pulirlos o para, integrados ya en un texto de mayor extensión y ambición, aportarles un toque unitario. Si le añadimos una curiosa maquetación (con el texto más legible, descentrado siempre hacia el exterior de la encuadernación) que le aporta un aspecto más alineado con el amateurismo (porque dudo que nadie lea esto sepa que era aquello del ciclostyl), y algún pequeño detalle (el libro se incluye dentro de una colección denominada Textos (In)Surgentes) pronto comprendemos que nos encontramos ante eso que se llama cultura alternativa
Todo correcto. La cosa se confirma más. Menciones a Walter Benjamin. a Rancière, Tresell o Zizek, a varias obras del muy interesante catálogo de Capitán Swing, alinean claramente estos artículos en su aspecto ideológico. Demasiado claramente, diría. No me toméis por un quejica. El proselitismo a través de los textos es completamente legítimo, faltaría. Pero quizás, sugiero, la sutileza resulta efectiva cuando se trata de (iba, ugh, a decir "captar adeptos") obtener apoyos. Paradojas de lo Cool, con sus numerosos ejemplos y referencias, con sus razonamientos algo cargados y alambicados, de conceptos polisílabos (desidentificación, plurivocidad, indiscernibilidad, fantasmática, esto, ¿alguien ahí sabe qué quiere decir "gnoseológicamente"?), acaba haciendo una, a mi gusto, excesiva concesión hacia epatar en lo intelectual en vez de explicar en lo mundano. Quiero decir, Santamaría arrastra cierta tendencia a convencer a quien ya está convencido. No me malinterpretéis. YO estoy ya convencido. 
De que las grandes editoriales (incluidas muchas de las que reseñamos aquí libros que nos gustan muchísmo) pertenecientes a grupos de comunicación tejen finas telarañas generadoras de opinión política. 
De que los intereses capitalistas toman disfraces aparentemente inocuos y atractivos (calidad, creatividad) para, a la postre, servir a sus únicas y últimas finalidades (generar provecho económico). De que los mecenazgos tienen siempre algún objetivo oculto (fiscal, social, político). 
De prácticamente todo lo que explica y da ejemplos Santamaría ya estamos informados o alertados y ya barruntábamos que algo sucio andaba por ahí. No digo que textos así no sean necesarios, y que su publicación dentro de canales alternativos no sea la mejor manera de demostrar compromiso con sus propios contenidos. Pero, y ya que uno de los textos menciona la figura del caballo de Troya, ¿no sería mejor, si de alcanzar al público que duda se trata, intentar una estrategia menos frontal, más sibilina?
Total, "los otros" ya sabemos que andan mucho tiempo haciéndolo.

jueves, 12 de junio de 2025

Colaboración: El diablo en la cruz, de Ngugi wa Thiong’o

Idioma original: Kikuyu o gikuyu

Título original: Caitaani mũtharaba-Inĩ

Traducción (del inglés): Alfonso Ormaetxea

Año de publicación: 1980

Valoración: Tendría que ser kikuyu originario para poder hacer una valoración justa.


El diablo en la cruz es un libro muy especial, algo totalmente inesperado en Europa y en el resto de lo conocido como mundo occidental. Fue el primer libro que Ngugi wa Thiong’o escribió en su lengua materna, en kikuyu o gikuyu. Lo escribió para los pueblos de su cultura natal, sin importarle que pudiera tener otros posibles lectores. Eso hace que toda su primera parte nos desconcierte a quienes no somos nativos de la cultura kikuyu. Además lo escribió pensando en los que no saben o no quieren leer en inglés y para aquellos a quienes recomienda que lean y escriban en su idioma materno. Tal vez eran muy pocos los que 1980, año de su primera edición, sabían leer kikuyu ¿Cuántos libros escritos en ese idioma existirían por entonces? Según nos cuenta el mismo Thiong’o, en la escuelas de Kenia, cuando él estudió en ellas, se prohibía hablar kikuyu; educar era enseñar a hablar, leer y escribir en inglés.

En algunas de sus obras escritas en el idioma de los colonizadores, libros que le dieron una muy merecida fama, Ngugi propone Descolonizar la mente y escribe una tesis para impulsar la escritura en las lenguas de los habitantes originarios de Kenia. Aquí, en El diablo en la cruz, Thiong’o no propone, lo hace y elige atinadamente personajes y costumbres sumamente populares para demostrar a su pueblo lo que considera de primordial importancia: con los colonizadores llegó a Kenia un sistema hecho para robar y depredar, que logró instalarse manejado por quienes quedaron al frente del país, al servicio de los antiguos colonizadores, después de la independencia política.

A nosotros, los “occidentales”, la primera parte de la novela nos parece no solo una ironía, más bien la vemos como una burla grotesca del sistema económico en que vivimos. Desde nuestro rincón cultural, preferimos leer, para criticar al sistema, a sesudos pensadores: Marx, Arendt, Althusser, Habermas, Zizek. Y los comentaristas damos maromas para defender a un gran literato que escribió, para hablar del sistema económico imperante, lo que dicen los choferes ilegales del transporte público más usado en nuestros barrios marginales. Definitivamente Thiong’o no escribió El diablo en la cruz para nosotros ¿Cómo juzgar desde nuestra cultura egocéntrica a quien escribe para una cultura que podría salvarnos de devorar nosotros mismos nuestra biósfera?

Intrigado, todavía sin entender y molesto por lo grotesco de las burlas, seguí leyendo la novela hasta el final y apareció, no podía ser de otra forma, la magia de Ngugi, con la que, a una de las protagonistas, una mujer del pueblo, la convierte, sin alardes, con una enorme sencillez, en símbolo del pueblo kikuyu: hermosa, que luce con orgullo su atuendo tradicional que la embellece aún más, segura de sí misma, que asume su pasado donde fue mancillada sin negarlo, amando a la hija de ese pasado y firme en la defensa de un futuro de cuya construcción se hará responsable, superando cualquier dificultad: Wariinga, la mujer kikuyu que representa a todo su pueblo natal, por arte mágico de Nugi wa Thiong’o.

Firmado: David Batista

Más reseñas de Ngugi wa Thiong’o en ULADaquí

domingo, 7 de febrero de 2016

César Rendueles: Capitalismo canalla


Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable, incluso para discrepantes ideológicos (o no)

Desde que estalló la crisis económica en 2008 y, sobre todo, desde las protestas de mayo de 2011, han proliferado en España los libros que tratan de explicar dicha crisis y sus consecuencias; y más aún, cuestionar el sistema socioeconómico que la ha sustentado, el turbocapitalismo de la sociedad de libre mercado (que algunos de estos libros sean editados por grandes corporaciones editoriales, incluso transnacionales, no deja de resultar curioso... pero supongo que sólo supondrá cierta incoherencia para quien quiera verlo como tal).          

Capitalismo canalla, como puede suponer cualquiera, ya tan sólo a partir del título, es uno de estos libros que critica sin ambages el sistema económico imperante y su avance triunfante a lo largo de los últimos 500 años, hasta su hegemonía actual. Según Rendueles, este sistema de organización económica y, sobre todo, de división del trabajo, corresponde a una etapa transitoria en la Historia de la humanidad; los propios orígenes del comercio serían éticamente dudosos (ligados a la piratería y el pillaje) y el capitalismo naciente usó el esclavismo como banco de pruebas para el imperialismo colonialista del XIX, mientras que la utilización de ingentes cantidades de mano de obra barata en los países industrializados se basaba en la privación de sus modos de vida tradicionales. El hiperconsumismo y la ofensiva neoliberal de los 80 acabaron con la solidaridad entre la clase trabajadora y el contrato social que regulaba la economía, consecuente del New Deal y la II Guerra Mundial, hasta derivar en la actual mercantilización extrema no sólo de las actividades económicas, sino las de todo tipo realizadas por los humanos, cuya única premisa parece ser el individualismo egoísta y vacío. Las condiciones de trabajo -que parece ser el verdadero asunto del que trata el libro-, en consecuencia, han ido degradándose hacia la precariedad, la alienación y la frustración, incluso en los países más desarrollados. La solución a esta dislocación económica y laboral pasa, por lo que sugiere el autor del libro, por recuperar el espíritu de la organización del trabajo de las economías preindustriales y fomentar la solidaridad entre trabajadores a partir de la reivindicación de actividades que hasta ahora se han tenido menos en cuenta, e incluso desdeñado, como es la del cuidado entre personas.

Bien, uno podrá estar de acuerdo o discrepar de las ideas de Rendueles, pero no se puede negar que las defiende de forma elocuente y sorprendentemente amena. Y -lo que más nos puede interesar a los librópatas- para hacerlo echa mano de una enorme cantidad de referentes literarios, que utiliza a modo de ejemplos, pero también como proposiciones del hilo argumental que trata de explicar (menos efectivas, en cambio, resultan las anécdotas y ejemplos sacadas de su propia experiencia vital... rozando el sonrojo del lector, en algún caso). No se trata de una lista exhaustiva sacada de algún canon literario; como reza el subtítulo del libro, éste pretende ser Una historia personal del capitalismo a través de la literatura, así que el autor ha echado mano de las lecturas que le han influido a lo largo de su vida. Aún así, la relación de escritores y obras citadas es apabullante; mencionando solamente a los más conocidos (por un servidor), nos encontramos con: Georges Perec, Daniel Defoe, Bern Traven, Melville, Tomás Moro, Roald Dahl, Antonio Gamoneda, Jim Thompson, Steinbeck, el Lazarillo de Tormes, Dickens, Wordsworth, Von Kleist, Carlo Levi, Olbracht, Rimbaud, Bertold Brecht, Platónov, Leopardi, Dostoievski, Coetzee, George Elliot, Hesíodo, Julio Llamazares, Delibes, William Blake, Lod Byron, Percy y Mary Shelley, Kipling, Joseph Conrad, Céline, Yeats, Auden, Stephan Zweig, Jünger, Horace McCoy, Kerouac, Anthony Burgess, Primo Levi, Pasolini, Chimamanda Ngozi Adichie, Sue Townsend, Brett Easton Ellis, John Cheever, Borges, Zizek, George Saunders, Goethe, Doris Lessing, Isaac Rosa, Erri de Luca, San Juan de la Cruz, Agustín García Calvo y Gloria Fuertes. Y, por supuesto Marx y Engels (y aún hay más que no menciono).

Como bien puede suponer cualquier lector, el autor del libro ofrece una visión propia y no convencional -desde el punto de vista de la hegemonía político-económica actual- de las relaciones económicas y laborales, sino también de muchas de estad obras literarias. Por poner un ejemplo: para Rendueles, Moby Dick sería "básicamente la historia de un emprendedor enloquecido, el capitán Ahab, que construye una mitología nihilista en torno a un proyecto de exportaciones extractivas y arrastra en su caída a una a una plantilla de trabajadores migrantes precarios"... (aunque, si no recuerdo mal, los tripulantes del Pequod eran más bien socios del capitán, pues se llevaban una parte de las ganancias). O en el caso de En el camino, la interpretación habitual -una novela sobre el ansia la libertad, la contracultura, la experiencia interior...- estaría ocultando su verdadero significado, que es el de un "reduccionismo psicológico profundamente anticipador", cuya radicalidad "es un síntoma de la progresiva normalización de los procesos de ruptura social" tras la II G. M. Una novela en la que "Kerouac consigue convertir en una sensación privada de intensificación subjetiva lo que, en realidad, es una derrota política colectiva en toda regla"...

En fin, "la verdad os hará libres", dice el Evangelio. Yo no sé si eso es cierto, ni dónde está esa verdad (ni mucho menos propugno que sea este en este libro). Pero lo que sí pienso es que buscarla y, sobre todo, reflexionar sobre lo que encontremos, puede parecerse mucho a esa anhelada libertad. A ello, pues...

domingo, 29 de noviembre de 2020

Jia Tolentino: Falso espejo

Idioma original: inglés

Título original: Trick Mirror

Año de publicación: 2020

Traducción: Juan Trejo

Valoración: casi imprescindible

Podría pasarme media reseña justificando ese "casi", así que empiezo zanjando la cuestión: a una escritora de 32 años, teniendo en cuenta que una carrera "literaria" suele contar con una curva de evolución ascendente, siempre se le puede exigir algo más, y quizás ello pase porque una excesiva celebración inicial pudiera empujar a un cierto relajamiento.

(Como si Jia Tolentino fuera a leer esto).

Por todo lo demás, dejad que os explique en someras líneas iniciales que la autora es plantilla del New Yorker y que ya cuenta con experiencia previa como editora en varias publicaciones estadounidenses, a pesar de su juventud y bla bla bla.

Aterrizando en lo concreto que nos trae aquí, a nosotros, implacables opinadores, y a vosotros, curiosos y a veces ácidos lectores, os diré, primera frase de impacto y esto no es un clickbait, que los ensayos de Jia Tolentino han sido, de lo que he leído, lo más cercano de estar al nivel de los de David Foster Wallace. Sí, aquellos sobre la industria del porno, sobre ferias de ganado, etc. Es decir, ensayos de tal poderío narrativo que son capaces de hacerte olvidar, valgan los ejemplos, que no tenías, inicialmente, interés alguno sobre el temita de marras. Y aunque uno esté mediatizado por ciertos comentarios sobre el libro en cuestión, aunque uno reconozca cierta predisposición previa o curiosidad por esos apelativos de primera gran escritora millenial, damas y caballeros, esto no es Tao Lin, y ni Tolentino escribe textos como si fueran mensajes de Whatsapp, ni elige temas para hacerse la freakie.

Porque encima, escribe sobre cuestiones de alto calado y de gran actualidad y lo hace despojada de la solemnidad, de la consciencia de ocupar un púlpito, que pudiera esperarse, por ejemplo, de Zizek. Muchas veces escribe desde la experiencia propia y muchas desde el colosal bagaje de sus lecturas, o de información variada y contrastada, y no veo indicio alguno de estar impostando en momento alguno sobre ese abrumador caudal. Diréis que en estos tiempos todo es posible, pero no veo a Tolentino como un hype sino como una fresca y esperanzadora realidad, y regreso a ese "casi" para confirmar que pueda parecer demasiado perfecta para ser real, y que ello pueda generar ciertas suspicacias o reticencias. Olvidaos de eso, hacedme (haceros) el favor.

Falso espejo recorre desde experiencias propias con drogas sintéticas (sin que ello suene a proselitismo) hasta extensos ensayos con aluvión de referencias (curioso, a diferencia de DFW no hay uso ni abuso de nota al pie, sí una excitante bibliografía al final del tomo a la que habrá que hacer mucho caso) sobre el tratamiento de la literatura a las llamadas heroínas y cómo se ha reflejado en los personajes literarios la necesaria evolución del feminismo. Habla de redes sociales, del progresivo crecimiento del endeudamiento de la generación universitaria estadounidense (jóvenes que deben años de salarios por sus estudios antes de haber obtenido un contrato laboral), del progreso de la industria relacionada con las bodas, habla del papel de la mujer en la sociedad actual, y todo tema del que escribe atrapa, todo ensayo (o reportaje o crónica) acaba tomando un ritmo narrativo casi novelesco, como si Tolentino diseñara esos textos con una tensión, con una necesidad de desenlace. 

Tolentino escribe con una firmeza y una convicción que nunca alcanzan la arrogancia. No me importaría, aclaro, que así fuera, dados los resultados. Traza un claro perfil feminista no porque la lógica evolución de la sociedad así lo establezca: es más líder que seguidora, como cuando en uno de sus artículos ha de denunciar la omertá vigente, con la complicidad de medios y cierto poder en la sombra, en la Universidad de Virginia, en que estudió, en lo concerniente a agresiones sexuales efectuadas en hermandades masculinas. Su tesón en estas cuestiones no es que sea encomiable, sino más bien necesario, casi obligatorio, aunque haya que comprender que sus referencias cercanas sean las cercanas, las del universo USA en lo político, en lo social, en lo cultural. Y voy a resistirme a la tentación de comentar esos textos en función de un par de sentencias que los resuman. Nada de eso. Son textos (pienso hacerme con el libro ya que el ejemplar leído es de la biblioteca) que reclaman relecturas, consultas posteriores, cotejo de referencias, nada de quedarse en el estante, más bien conservarlo una temporada en la mesita (si el Tsundoku lo permite, claro). 

Así que, con las precauciones propias de los tiempos que corren, porque siempre puedo uno acabar desperdiciando talento firmando un contrato de muchos ceros como asesor cultural y quemando  horas en un despacho en vez de regalar textos casi siempre gloriosos, dinámicos, modernos, subjetivos (tiene una experiencia, tiene una opinión, ¿qué esperáis?) brillantes y rebosantes de agudeza, de humor, un espléndido libro de una autora a la que habrá que tener en cuenta, no sea que hablemos un día de la voz de una generación y alguien por aquí se piense que hablamos de un reality show.

Luego no digáis que no avisé.

lunes, 16 de marzo de 2026

Jorge Dioni López: Pornocracia


Idioma original:
español

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable

Uy. Hasta el título podría sonar a clickbait y no hace mucho (el tema acapara mi atención, jeje) que escribía aquí sobre otro libro que ponía la cuestión sobre el tapete, quizás de una manera más general. Eso sí, despachado en apenas una centena de páginas y aquí tenemos más de trescientas, encabezadas por un algo extenso prólogo que ya de por sí contendría tanto texto como el de Julia Bell. Pornocracia, por eso, justifica esas páginas y se encuadraría (si el tiempo o la evolución de la tecnología no lo convierte en obsoleto en cinco, diez años) en una referencia casi necesaria no solo para comprender sino incluso para especular sobre esa espiral - adjetívela usted mismo - que ha convertido internet en el conocimiento global. Sí, algo disperso, sí, algo a veces como forzado, pero el ensayo de Jorge Dioni consigue una extrapolación, un análisis basado en la proyección más ambiciosa - de la habitación cerrada a la política de las grandes compañías tecnológicas - sobre el mundo actual, ese que incluso ya ha franqueado ciertas barreras. Los problemas del mundo occidental ya han alcanzado, por polarización, a esa minúscula célula de occidente que cabe en la pantalla que sostiene alguien con conexión a Internet).

Por supuesto, un libro que acumula en su texto y al final montones de referencias. Es un estudio que no cualquiera puede abordar. No se salta de la redacción de Sport a atesorar tanto conocimiento y tan dispar a base de darle al scroll en el TikTok. Lo de Dioni es ambicioso, quizás a veces sea atropellado y un punto osado en su elucubración, y hay quien diría que partir del porno - de esa máquina del porno, como denominaba un laptop el hermano de Earl - y de su evolución e influencia en las prácticas y hábitos de sus usuarios - para trazar especulaciones de cierto alcance es apuntar muy alto.

Pero lo que es cierto es que el mundo actual está anegado de intereses que prefieren a la gente observando desde la barrera, impertérrita hacia las amenazas que se arrastran hacia su mentalidad, hacia su opinión, hacia su bolsillo. Que esos intereses suelen obedecer a la persistente espiral hacia la concentración de poder, de influencia, cuyo sumidero siempre es el interés económico, la desigualdad en la distribución de la riqueza. No son los tiempos salvajes de la canción de Weyes Blood, no vamos a ser bombardeados ni atacados mañana o pasado, no van a aparecer los tanques en las avenidas de las grandes ciudades, porque ya no son necesarios. Pornocracia no es un texto que pretenda imponer una teoría conspiranoica - de hecho, apela tanto a productos prácticamente alternativos (como la curiosa serie Autodefensa) como a clásicos del pensamiento moderno como Zizek - sino más bien una reflexión abierta sobre como hasta la experiencia más íntima y furtiva se ha acabado convirtiendo en un microcosmos, en el origen del fractal que es la civilización de hoy en día.

Reseñado de este autor en ULAD: aquí

miércoles, 27 de febrero de 2019

Santiago Gerchunoff: Ironía On

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: interesante

Acierta de pleno, en mi opinión, la editorial Anagrama con su colección Nuevos Cuadernos Anagrama, un serie de libritos a un precio módico en donde disertan sobre temas diversos escritores como Houellebecq, Marta Sanz o Sara Mesa o filósofos: Marina Garcés, Zizek, Santiago Gerchunoff... Éste último, por si no lo conocen, es un filósofo argentino residente en España, librero y tuitero impenitente que dedica al análisis y reivindicación de la ironía este su ensayo, el número 13 de esta colección (no sé si la coincidencia con este número de nefasta fama se podrá considerar irónica o no).

Sí, lo sé... El combo argentino+filósofo sólo suena un punto menos temible que el de argentino+psicólogo o... glups, el de argentino+entrenador de fútbol (es broma; no se me enfaden, amigos de la orilla occidental del Río de la Plata... Bueno y tampoco los de la oriental, por si acaso). Pero Gerchunoff, con buen criterio e impelido por la brevedad del formato -unas 70 páginas- mantiene alejada la proverbial verborrea locuacidad y además, expresa sus reflexiones con un lenguaje claro y comprensible para cualquiera, sin caer en el abuso del metalenguaje que tan caro les es a los filósofos, puesto que constituye una buena parte -por no decir la mayor- de su materia.

He comentado que el autor del libro es un contumaz tuitero y eso es algo que, en este caso, trasciende la simple anécdota, puesto que, por una parte, el título del libro proviene del socorrido hashtag #IroniaOn, empleado para señalar que el tweet se debe interpretar como tal. Y por otro lado, a este título le sigue el epígrafe Una defensa de la conversación pública de masas, que para Gerchunoff es la que, hoy en día, se produce a través de las redes sociales y que por ello es de verdad democrática. Porque una de las características de la ironía, según Gerchunoff, es que tiene un carácter eminentemente político, al tratarse de una conversación permanente en la que toman parte todos los ciudadanos que lo deseen, no sólo una élite. Otra característica de la ironía, según el autor es la humildad, puesto que parte de una posición de debilidad frente al fuerte o el discurso del poder. La ironía, además, es reaccionaria -en el sentido de "reactiva"-; no puede fundar ni afirmar ningún mensaje, sólo teaccionar ante un poder ya fundado. En este sentido, Gerchunoff emparenta la ironía con el liberalismo -que según Carl Schmitt, es reaccionario-, la ideología fundamental en la representación política moderna, que tampoco afirma (como hacen otras ideologías), sino que limita.

En realidad, todo este discurso se entiende mejor atendiendo al origen del propio término "ironía": en la antigua comedia griega, era lo que hacía el eiron, un personaje que acompañaba al alazon, charlatán sabio y poderoso, y limitaba su fatuidad con comentarios mordaces. La alusión a la Grecia Antigua no es sólo etimológica, sino que también se toma como primera referencia la figura del ironista #1 de la filosofía, el socarrón hasta la muerte de Sócrates, pero también las obras de Kierkegaard -De los papeles de alguien que todavía vive. Sobre el concepto de ironía- y del sin par David Foster Wallace -en este caso, como representante egregio de los "nuevos conservadores" (la etiqueta no se refiere al posicionamiento político) que se quejan del exceso de ironía en el discurso público y en la sociedad contemporánea, en general-; asimismo, se hace mención a otros autores menos conocidos por el gran público (es decir, por mí), como Michael Oakeshott o Richard Rorty...

En cualquier caso, a pesar de tan sesudas referencias, ya digo que el librito se lee con facilidad y deja bastante clara la postura del autor -a favor de la ironía, en general, y sobre todo la inherente a la conversación en las redes sociales-; lo peor que se puede decir de él es que sabe a poco y, aunque hay un último capítulo, Antídoto y paradigma,  a modo de recapitulación, algunos conceptos y disquisiciones pedirían un mayor desarrollo. Quizás para cuando hagan Ironía On. La película... ; )

miércoles, 16 de abril de 2014

Biografías lectoras: ganadores (y 3)

Disclaimer: algunos títulos han sido mínimamente modificados (artículos o número) para lograr coherencia gramatical, pero son fácilmente reconocibles. El lenguaje soez es una exigencia del guión.


Aunque a los 25 años probablemente haya más pretenciosidad que sabiduría real, un cuarto de siglo es un tiempo decente para hacer cuentas de lo crecido. Si físicamente somos lo que comemos, intelectualmente somos lo que leemos.


Lo primero que nos mueve a descubrir nuestro entorno es la fantasía, los orcos y los hobbits de El señor de los anillos (Tolkien) y los magos de Harry Potter (J. K. Rowling) me trasladaron desde pequeño a ese mundo imaginario. Pero a medida que nos enfrentamos al mundo descubrimos que la realidad está muy lejos de esa fantasía y necesitamos nuevas herramientas para interpretar esa realidad que nos abruma. Descubrimos poco a poco la incompetencia de algunos Estúpidos hombres blancos (Michael Moore) y nos preguntamos ¿Qué han hecho con mi país, tío? (ídem). Te vas dando cuenta poco a poco del Desprestige (Catalán Deus) de muchos políticos y no queda más remedio que oponer Resistencia (Rosa Aneiros) llevando siempre A estrela na palabra (X. M. Beiras). A veces es necesario posicionarse En defensa de la intolerancia (Slavoj Zizek) para combatir los sofismas que se nos presentan como Los diez mandamientos del siglo XXI (Fernando Sabater). Y así, cuando estás Bajo el culo del sapo [expresión húngara: “estar jodido”] (Tibor Fisher) te das cuenta de que rebelarse es una obligación.


Y aunque a los 25 años parece que O sol do verán (Carlos Casares) empieza a ponerse y quedan atrás los tiempos en que capeábamos con entusiasmo La sombra del viento (Carlos Ruiz Zafón), siempre quedará alguna Lolita (Nabokov) en el recuerdo que nos despertará una pícara sonrisa. Recordaremos con rubor las Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones (Bukowski) que todos tuvimos. Y aunque no soy una Máquina de follar (ídem) puedo decir que quise a algunas Mujeres (ídem). Hay una edad en la que todo está por descubrir, en la que solo queremos unas eternas vacaciones en Lanzarote (Houellebecq), hacer todas las locuras que queramos, y Que nos juzguen los perros, si pueden (Paul M. Marchand).


Pero la vida no es una eterna Esmorga [“juerga” en gallego] (Blanco Amor). Existen demasiadas Ciudades de la alegría (Dominique Lapierre) donde ésta solo se encuentra escondida tras la miseria. Es imprescindible escuchar esas Voces robadas (Zlata Filipovic et al.) que Cuando un árbol cae (Isabel Núñez) se quedan en silencio o, mejor dicho, silenciadas. Es necesario leer esas Postales que desde la tumba (Emir Suljagic) nos envían desesperadamente los olvidados. Lugares donde se ha producido La destrucción del alma (Janja Bec) aunque aparentemente los verdugos No matarían ni una mosca (Slavenka Drakulic). Todas esas personas que vagaron Sin destino (Imre Kertész), y cuyo objetivo en esta tierra fue Vivir para contarla (Primo Levi), que lucharon, para quién sabe si encontrar, al final de su vida, la Liberación (Sándor Márai).

Pero en El país de las últimas cosas (Auster), siempre encontraremos alguna Tentación (Janos Székely) en la que caer, algún Tokio Blues (Murakami) que nos acaricie el alma o Ciento volando de catorce (Sabina) sonetos que nos escupan sus agridulces verdades a la cara.


Y aunque probablemente queden muchas letras en el tintero, y aunque no están todos los que son, sí son todos los que están. Perdónenme los eruditos por obviar a Shakespeare o Cervantes, quien esté en desacuerdo, que venga a corregirme de Oxford, amén (Carlos Reigosa).