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miércoles, 19 de marzo de 2025

Padres de libro: Yugoslavia, mi tierra de Goran Vojnovic

Idioma original: Esloveno
Título original: Jugoslavija, moja dezela
Año de publicación: 2012
Traducción: Simona Skrabec
Valoración: Bastante recomendable

No estoy descubriendo la pólvora si digo que la palabra "patria" procede del latín. Para ser exactos, procede de la forma femenina del adjetivo "patrius-a-um" (relativo a padre, también a "patres", que son los antepasados). Así que en esta semana había que traer un libro que hablara de ambos asuntos.

Ese libro es este Yugoslavia, mi tierra del joven escritor esloveno Goran Vojnovic quien, con apenas 32 años, ha logrado combinar registros y estilos con un notable acierto y ha construido una novela que bien podría ser la Patria balcánica, aunque sin (aparentes) simplificaciones. Pero dejémonos de best-sellers patrios y demos a este libro el espacio que merece y que creo no ha tenido en España.

Mi niñez terminó de golpe una mañana cualquiera a principios del verano de 1991 es la primera frase de la novela y supone el primer momento clave de la historia de Vladan Borojevic. Es el momento en el que se produce el traslado a Belgrado de Nedeljko Borojevic, padre de Vladan y miembro del Ejército Popular Yugoslavo, como consecuencia de la situación política en la República Socialista Federal de Yugoslavia; es el momento que marca un antes y un después en la vida familiar.

El segundo momento clave tiene lugar en 2007 cuando Vladan descubre que su padre no está muerto, como le dio a entender su madre años atrás, y que sigue vivo, aunque escondido ya que es buscado por el Tribunal de la Haya por crímenes de guerra. Esta revelación hace que Vladan emprenda la búsqueda de Nedeljko en un periplo por Croacia, Bosnia, Serbia y Eslovenia que tiene, en su primera parte, mucho de road movie.

En esta primera parte, Vojnovic intercala episodios separados por más de quince años de distancia (en ocasiones hasta más) y ofrece, con un ritmo frénetico un retrato duro, violento, irónico, crítico - los seres que habitan estas latitudes prefieren no darse cuenta de nada - y en ocasiones también melancólico de lo que fue y lo que es ahora el territorio de la antigua Yugoslavia, un retrato en el que culpa, memoria, o identidad juegan un papel primordial

A medida que avanzamos en la lectura, Vojnovic va cambiando de registro y nos ofrece una narración mucho más intimista, más "sentimental". Hay que reconocer al autor su ambición por construir una novela más "total", por tratar de no quedarse solo en la novela "de misterio" que podría haber sido si se hubiese centrado solo en la búsqueda de Nedeljko Borojevic, Así, el estudio de relaciones familiares y relaciones de pareja, miedos y errores repetidos, confesiones y justificaciones ganan peso y ofrecen mayor complejidad a la novela, aunque a cambio de la pérdida de algo de la fuerza inicial.

Aun así, ya digo que novela más que recomendable, ágil, compleja y con variadas lecturas a gusto del "consumidor".

martes, 23 de junio de 2020

Slavoj Žižek: Pandemia


Idioma original: inglés
Título original: Pandemic!
Año de publicación: 2020
Traducción: Damià Alou
Valoración: interesante

Cierto dicho proclama que "Nada hay más viejo que el periódico de ayer". Sin ser tan precisos, muchas opiniones vinculadas al mundo actual inciden en la saturación informativa, en la inmediatez de los medios, en las redes sociales ya no como altavoces o megáfonos sino en elementos clave en la configuración de ese mundo global y viral (va sin segundas) que estamos creando para las generaciones venideras, mundo en el que los acontecimientos se suceden a un ritmo que obliga a las grandes mentes a pronunciarse constantemente.

Y mientras escribo esto me pregunto si Zizek no tendrá ya algo en mente sobre la cuestión de Minneapolis, la Desescalada, la Nueva Normalidad o el Primer Rebrote.

Por tanto, y con Occidente sacando pecho de forma precipitada sobre la superación de la fase más grave de la pandemia (actualización 23/6, 11:07, la OMS alerta de la rapidez de extensión de la pandemia en el continente americano) con ese mismo Occidente más pendiente de si las fases de la desescalada serán o han sido así o asá, con ese magma informativo en constante update y mutación, las opiniones de Zizek parecen ya formar parte de un período reciente pero pasado, parecen ser como el disco de Kanye West que quedaba siempre en borrador mientras las canciones no acababan de tener su versión definitiva. No quiero decir que leer esto en seis meses pierda valor, el valor sólido y fijado de la reflexión inmediata al hecho, pero es que, señores, esto de la humanidad está resultando muy complicado y el mejor sitio del mundo es mi casa hasta que no me dejan salir de ella.

Lo cual no significa que Pandemia, menudo título descriptivo, se ha matado el tío, no sea una lectura extremadamente interesante; si bien Zizek más que emitir conclusiones (cuestión que apoya el hecho de que este libro, más que apelar a bibliografía, apela a links de artículos en la red) comenta situaciones que está viviendo y les aporta una sutil perspectiva propia, fresca y audaz, quizás algo consciente de que su opinión es tenida en cuenta y dispone de la consecuente difusión y resonancia. Y no intenta dogmatizar sino mostrar sus reflexiones, poner el foco en las diversas reacciones de gobernantes, líderes, sociedades ante el espectacular suceso (no sé llamarlo de otra manera) que se ha llevado a la humanidad por delante cuando todos pensábamos que iban a ser los marcianos, un asteroide despistado o los pirados que tienen acceso al botón nuclear. Por supuesto, hay que tomarse la molestia, el pequeño receso, de leer este texto, que se publica todo lo deprisa que se puede: el café de la realidad se enfría rápidamente y nunca vamos a tener ocasión de ver tan pronto cómo fracasa y cae en el olvido todo lo que se profetiza por ahí: que si seremos más buenos, más cohesionados, con un planeta más limpio, con mayor consciencia de sociedad. Por suerte, Zizek presenta hechos y opiniones sin más sesgo que el poco menospreciable de  presentar esta y no esta otra; por suerte, se abstiene de entrar en cábalas, de dogmatizar con conclusiones solemnes, y se limita a consignar cuestiones objetivas. Pone orden en esos pensamientos y los presenta en un texto en cuya lectura es bueno y muy aconsejable invertir tiempo. Para hacerse una idea, más o menos orientarse y reflexionar, cosa que parece que ya se ha acordado unánimemente en subcontratar.

Para lo otro, para refutar y contradecir toda barbaridad que cualquiera ahora mismo se ve autorizado a expresar, ya tenemos Twitter, ¿verdad?

Unas cuantas obras de Slavoj Žižek reseñadas en ULADaquí

miércoles, 18 de julio de 2018

Slavoj Žižek: Problemas en el paraíso

Idioma original: inglés
Título original: Trouble in Paradise. From the End of History to the End of Capitalism
Traducción: Damià Alou
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable

No tengo muy claro si don Francis Fukuyama registró adecuadamente sus derechos de autor sobre el  concepto de ‘fin de la Historia’ pero si lo hizo debe ser hoy un hombre rico, porque no hay artículo, tertulia o ensayo de carácter político, sociológico o histórico en el que no se cite alguna vez. Con lo cual, al final nos acabamos convenciendo de que estamos viviendo el fin de algo, o tal vez ya el principio de otra cosa. Finkielkraut lo había apuntado por el lado cultural unos años antes, y Baudrillard le puso de inmediato el tono ácido, pero todo hacía pensar en la terminación de un ciclo, situación en la que se conoce mejor lo que parece destinado a quedar borrado que lo que se va a escribir en adelante (y cómo).

Slavoj Žižek es uno de los pensadores más conocidos que circulan por ahí en los últimos años. Filósofo, psicoanalista y no sé qué cosas más, su (relativa) popularidad proviene, claro está, de su exposición en los medios a través de artículos y entrevistas, entre ellas una muy reciente cuyo enlace dejo aquí. Pero la fama le llega principalmente porque le encanta meterse en todos los charcos. Obviamente, Žižek no escribe artículos sobre el superego o las contradicciones entre Lenin y Stalin sobre el derecho de autodeterminación, y mucho menos le preguntan por ello en las entrevistas. Sus tomas de posición giran en torno al feminismo, el islamismo radical, los vientres de alquiler o la inmigración, y ahí es donde disfruta escandalizando con alguna frase hiriente, o provocando con su barroquismo intelectual.

Porque si algo tiene el autor esloveno es afición por la actualidad, para interpretarla o buscar en ella ocasión para la reflexión o la digresión, según. De manera que, en ese contexto de fin de la Historia que decía antes, Problemas en el paraíso se situaría precisamente en el arranque de la nueva etapa que todavía no tenemos bien definida. Aunque el título se remite a una vieja comedia norteamericana, Žižek lo adopta con destreza para plantear las grietas que se observan en ese inicio de siglo que parecía abrir la etapa del bienestar y la estabilidad definitivas, con el comunismo bien enterrado y el capitalismo triunfante en todos los frentes.

La modernización se ha extendido sin freno por este mundo globalizado, y aquellas culturas que no dispusieron de un periodo de adaptación, bien lo han asumido de la forma más salvaje (Corea del Sur es el ejemplo que toma Žižek), o han desplegado un escudo protector igual de radical (el fundamentalismo islámico, al que alude en varias ocasiones). Pero ese nuevo paraíso va dejando sus cadáveres por el camino: legiones de desempleados y excluidos del sistema, regiones enteras del planeta descolgadas del proceso, y el virus del individualismo empapando la vida política y social desde todos los frentes. El ciudadano se convierte en ‘su propio capitalista’, que debe gestionar (y pagar, a veces endeudándose) las necesidades de educación o sanidad que el Estado ya no quiere atender, al tiempo que es impelido a un examen de conciencia en torno a los valores que se alzan en el horizonte: ecología (¿reciclo lo suficiente?), corrección política (¿cómo trato al desigual?), solidaridad (¿coopero con causas justas?). Traslación de lo colectivo a lo particular en todas las esferas, que conduce a desviar el foco de cuestiones globales trascendentes, y en fin a desactivar o recanalizar los movimientos emancipadores que surgen.

A estos les dedica Žižek una segunda parte de sus reflexiones. La clave está en primer lugar en distinguir con claridad quiénes de verdad avanzan para poner en entredicho el sistema, y con ello no perdernos en luchas secundarias. Y en segundo lugar, cómo continuar esos movimientos que se han caracterizado por su espontaneidad, una vez agotado el entusiasmo inicial. Insiste el autor en varios momentos en la necesidad de liderazgos que encaucen y dirijan todo ese potencial ‘emancipador’ (se diría que rehuye el término ‘revolucionario’), con lo que entronca con el clásico principio comunista del centralismo democrático, que sin duda conoce en profundidad –aunque cuesta ver que lo distinga con suficiente nitidez de los populismos, en los que ese liderazgo decisivo es consustancial, y a los que apenas presta atención.

Bueno, todo esto parece bastante sencillo y espero que más o menos coherente, pero extraer este hilo del texto que nos ocupa no es tarea tan fácil. Lo de Žižek no es un discurso lineal ni un razonamiento teórico estructurado, sino más bien un cóctel de muchos ingredientes que hay que ir diferenciando y encajando en su sitio. Como es habitual en el autor, se arremolinan múltiples referencias a películas que se supone ilustran sus reflexiones (una docena de páginas sobre una de las de Batman, ufff), chistes, digresiones de corte psicoanalítico (omnipresente Lacan), infinidad de comentarios sobre todo tipo de acontecimientos actuales (Ucrania, la ‘primavera árabe’, Grecia, el fin del apartheid), y sobre todo, afirmaciones provocadoras, paradojas y polémicas con otros pensadores, donde se ve que Žižek goza de verdad. Si a todo esto le añadimos la querencia por retorcer los argumentos hasta hacerlos irreconocibles (retórica vs. acción, por ejemplo), y la oscilación entre momentos de altura intelectual inalcanzable y otros de sencillez sorprendente (interpretación de Piketty), la sensación que transmite es de vorágine, de ruido y hasta de cierta improvisación.

La tarea del lector es seguramente completar lo que el autor no hizo: dejar reposar todo ese caudal, filtrarlo y ordenarlo para obtener sus conclusiones. Si conseguimos hacerlo así veremos que Žižek nos ha dejado sobre todo una especie de surtido de KPIs, puntos sobre los que poner la lupa, elementos sobre los que reflexionar o motivos para ver las cosas con una perspectiva distinta a la que nos quieren presentar como única.

Otras obras de Žižek en ULAD: aquí

sábado, 14 de noviembre de 2015

Slavoj Zizek: Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales

Idioma original: inglés
Título original: Violence
Traductor: Antonio José Antón Fernández
Año de publicación: 2008
Valoración: interesante

Nota: Esta reseña estaba programada para el día de hoy antes de los atentados de ayer en París; hechos como estos hacen que reflexiones sobre la violencia como estas sean trágicamente necesarias.

En ULAD hemos reseñado ya varias obras de Zizek, el enfant terrible de la filosofía contemporánea, y las críticas han utilizado más o menos términos semejantes: provocador, ameno, denso, extravagante... Sus obras tienen la virtud de ser al mismo tiempo entretenidas y profundas, mezclando las citas de Marx o Lacan con chistes sobre Lenin y con el análisis de obras de la "cultura de masas" como El bosque de Shymalan, o con extravagancias como el "Masturbaraton" celebrado en Londres en 2006.

En este caso, esta peculiar técnica de pensamiento filosófico se aplica al tema de la violencia, de una forma oblicua, como dice el subtítulo, y como aclara el prólogo: pensar en actos concretos de violencia, dice Zizek (y se puede estar de acuerdo con él, o no), nos nubla la capacidad de raciocinio, porque nuestros instintos humanos nos llevan a apiadarnos de la víctima de la violencia y a sentir repugnancia por el agresor. El objetivo, por lo tanto, es reflexionar sobre la violencia desde una cierta distancia crítica, y en un nivel abstracto (aunque luego esta visión abstracta se aplique, efectivamente, a tres ejemplos recientes: los disturbios de los suburbios de París en 2005; los ataques terroristas del siglo XXI, y los incidentes que se produjeron después del paso del Katrina por Nueva Orleans.

Zizek parte de una distinción entre "violencia subjetiva" (lo que normalmente calificamos como "violencia" a secas: una agresión, una violación, un atentado, una guerra), y la "violencia sistémica", que es más difícil de percibir, pero que se manifiesta en la forma en la que millones de seres humanos sufren la miseria y mueren a causa de ella, sin que por ello nos rebelemos como nos rebelamos ante un atentado terrorista que produce muchas menos víctimas. Tenemos, dice Zizek, una ceguera selectiva que nos impide ver esta violencia sistémica, y que hace que no comprendamos determinados casos de "violencia subjetiva".

Pero hay aún un nivel superior de abstracción en el texto de Zizek: en el capítulo segundo (el más denso del libro) afirma, siguiendo a Lacan, pero también a Heidegger, que el lenguaje mismo incluye siempre una violencia contra la realidad, y si se aplica a los seres humanos, una violencia contra el prójimo. En el acto de nombrar, reducimos, simplificamos, cosificamos al otro. En el epílogo al libro, Zizek intenta dar una visión más favorable del problema, al afirmar que el lenguaje es al mismo tiempo una violencia contra el prójimo, y al mismo tiempo la forma de superar esa violencia, aunque ese elemento queda más eclipsado en el cuerpo del texto.

Desde luego, las propuestas de Zizek son provocadoras, y la distinción entre "violencia subjetiva" y "violencia sistémica" es extremamente útil para comprender muchos conflictos geopolíticos presentes y pasados; ahora bien, también me plantea algunos problemas. En primer lugar, al elevar el nivel de abstracción y decir, más o menos, que todo es violencia, o que hay violencia en todo, parece producirse una nivelación de todos los tipos y casos de violencia: tan terrible parece ser usar el lenguaje como poner una bomba. Esta visión puede ser ciertamente paralizante, porque impide reaccionar contra casos concretos de violencia (o si se quiere, "violencia subjetiva"), ya que siempre pueden ser resultado de una "violencia sistémica" anterior.

Y esa es, de hecho, la provocadora y algo paradójica conclusión a la que llega Zizek: que lo que tenemos que hacer ante la violencia es no actuar. En el mundo global todo el mundo parece tener la ansiedad de actuar constantemente, aunque sea de un modo tan fútil como un post en facebook o una firma en change.org. Según Zizek, frente a esta ansiedad de la sobreactuación, lo que hay que hacer es, como Lenin decía, "aprender, aprender y aprender". Y es casi imposible no estar de acuerdo con él en lo que dice respecto a un exceso de acción que evita cualquier reflexión previa, pero hay violencias ante las cuales es imposible permanecer impasible...

Otras obras de Zizek en ULADaquí

domingo, 18 de enero de 2015

VV.AA.: Zgodbe. Antología del nuevo cuento esloveno

Idioma original: esloveno
Año de publicación: 2009
Traducción: Simona Škravec
Valoración: recomendable

La literatura de Eslovenia es, lamentablemente (y si obviamos a autores como Slavoj Žižek o Aleš Šteger, las caras más internacionales del panorama literario (bueno, en el caso de Žižek, filosófico) esloveno), poco conocida en nuestro país. Para combatir esto, la editorial Páginas de espuma ha publicado Zgodbe. Antología del nuevo cuento esloveno, un compendio de ocho cuentos escritos por varios de los autores más respetados de la actualidad.

Como Simona Škravec se encarga de explicar en el prefacio, estos relatos han sido reunidos en este volumen porque no fueron entendidos en el momento de su publicación o porque supusieron un escándalo, y sobre todo porque muestran el cambio que se produjo en la forma de pensar de la población eslovena desde la Segunda Guerra Mundial hasta el presente. A partir de los años 90, los escritores eslovenos rompieron con el realismo socialista y se volcaron en escribir historias caracterizadas por un hiperrealismo que, al mismo tiempo, nos guían a través de los cambios que ha experimentado este país en los últimos cincuenta años. Estos relatos, por tanto, nos ofrecen una realidad triste y angustiosa, en la que nadie termina por saber cómo salir adelante en un mundo dominado por el constante cambio y la incertidumbre.

Ya sea para disfrutar de buena literatura o para aprender un poco acerca de una de las literaturas europeas menos conocidas, merece mucho la pena leer este libro. La única pega que le pongo (aunque quizá no lo sea) es que deja al lector con la miel en los labios, deseando conocer más sobre este país y sobre su legado literario.

miércoles, 9 de enero de 2013

Slavoj Zizek: En defensa de la intolerancia



Idioma original: alemán

Título original: Ein Plädoyer für die Intoleranz

Año de publicación: 1998

Valoración: Recomendable




De plena actualidad a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, este librito aborda, en menos de 130 páginas, cuestiones que aparecen en varias de las obras del autor. Zizek propone una nueva acepción del término política. Para él significa la asunción de voz y poder por parte de los excluidos hasta entonces (por ejemplo el demos de la antigua Grecia o el partido Solidaridad en la Polonia de los años 80). En contraposición, la postpolítica sería el discurso, tan extendido en las últimas décadas, que pretende que los conflictos ideológicos están ya superados con la finalidad de impedir que un nuevo grupo de silenciados pretendan hacerse con las riendas (lo que significaría el inicio de una nueva etapa política, según la terminología del autor). En nombre de esta distorsión (la afirmación genérica de que todo está en orden) se toleraría cualquier injusticia lo que generaría a veces explosiones aparentemente irracionales de violencia y que, en realidad, no serían sino la única forma de expresión de los que no tienen otro cauce.

La confusión deriva de que la postpolítica define la política como “el arte de lo posible” y según Zizek es “el arte de lo imposible”, justamente lo opuesto. Solo cuando se pretende transformar radicalmente algo que se considera inamovible – asegura – estaríamos haciendo política.

Por eso, desde su punto de vista , y sea quien sea la víctima, cualquier proteccionismo que no modifique las relaciones de poder sirve únicamente para mantener el status quo. Con esa estrategia, cada grupo continuará en el lugar de siempre mientras las supuestas medidas protectoras servirían para que, escudándose en atender sus justas reivindicaciones, nada cambie sustancialmente. Esta sería la astuta manera de superar la divisiones ideológicas haciendo creer a la opinión pública que llueve a gusto de todos, cuando lo que ocurre en realidad es que se están imponiendo, una vez más, los criterios del poder aunque disfrazándolos de objetividad científica. Según dice, los economistas y politólogos justifican así todos los desmanes económicos y consiguen convencer a la mayoría, aunque sea a regañadientes, de que están en posesión de la “única verdad”. Como ejemplo de este razonamiento, aporta el término “radical centre” (centro radical), término acuñado por Tony Blair para definir al partido laborista de la época. Lo que supone una incongruencia, ya que el centro es, precisamente, un concepto moderado, equidistante de radicalismos, cuya función es evitarlos posicionándose entre los extremismos de izquierda y derecha. Parece una forma muy burda de engañar a la opinión pública y, sin embargo, se consigue.

Siguiendo esa misma lógica, las posturas que tienen como objetivo la perpetuación del poder, la profundización de la brecha de las diferencias salariales y cualquier otro proyecto que sirva a los intereses de la gran economía se presentarían disfrazadas de eficacia.

Por otra parte, en el marco de la presente sociedad global, Zizek expone la controvertida afirmación de que el tolerante multiculturalismo actual no es más que una soterrada, astuta y diplomática forma de racismo. Afirma, además, que el reconocimiento de las diferencias culturales no hace sino esconder la verdadera y completa uniformidad que se ha extendido por el planeta y, de paso, desplazar la atención de la economía a la cultura. Y que sirve también como pretexto para tolerar conductas abusivas que se producen, – muchas veces desde el convencimiento más sincero –  apelando a la tradición.

Después de abordar asuntos de lo más diverso con argumentos, como mínimo, cuestionables, por ejemplo, su resuelta defensa de la clonación humana, realiza un (para mí) curioso análisis del tamagochi como función social y termina proclamando que la sociedad actual no ha dejado de ser represora aunque lo disimula valiéndose de argumentos científicos – como la locura – para condenar determinados actos. Algo parecido, sostiene, a lo que se acostumbraba en las sociedades soviéticas tachando de locos a los disidentes. Él aboga por el control de toda la sociedad mediante la colectivización de las decisiones económicas y por dejar de creer en la omnisciencia, inmutabilidad e inevitabilidad de las leyes del mercado.

Merece la pena revisar de vez en cuando nuestras certezas más arraigadas, lo que todo el mundo da por supuesto, Zizek es uno de esos autores que, aparte de la variedad de aspectos que analiza en sus obras y del rigor de algunos de sus análisis – por muy arbitrario que nos parezca a veces – posee la virtud de, cada vez que quiere, poner todo patas arriba.

Otras obras de Zizek en ULADaquí

sábado, 25 de junio de 2011

Aleš Šteger: Berlín


Idioma original: esloveno
Título original: Berlin
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable


No conocía a Aleš Šteger antes de leer este libro. No sabía de dónde era ni qué había escrito (ni si había escrito algo) antes. Y, de repente, encuentro Berlín, lo leo y me encanta. Y, al mismo tiempo, descubro que su autor, a pesar de no haber cumplido aún los 40, es uno de los escritores eslovenos mejor considerados actualmente. Y que decir "escritor" es quedarse corto. Porque Šteger es traductor, crítico literario, fotógrafo y organizador de diversos festivales y eventos literarios. Casi nada.

Para el autor, Berlín es una "ciudad-grieta" donde cada esquina desemboca en un lugar mágico en el que todo es posible. A lo largo de treinta pequeños ensayos llenos de poesía, el escritor describe a la comunidad turca, los monumentos, las calles, la sombra del muro, el tiempo, las viviendas, las costumbres... dibujando veladamente a los berlineses, "maestros", según afirma, "del vivir en el vacío".

Berlín es la ciudad donde se puede hacer de todo y donde al final descubre uno que en realidad no hace falta. Maltratada por el invierno y acariciada por el verano, Berlín es una infinidad de espejismos que cambian según quien mire, una red de calles en la que es tan fácil perderse como encontrarse, y donde existen lugares en los que uno, no sabe muy bien cómo, acaba descubriéndose una y otra vez.

Inspiradora y esquiva, la capital alemana es lo que cada uno quiere que sea. Y para Šteger es pura poesía.

viernes, 27 de mayo de 2011

Slavoj Zizek: El frágil absoluto

Idioma original: inglés
Título original: 2000
Fecha de publicación: The fragile absolute or, Why is the Christian legacy worth fighting for?
Valoración: recomendable

Hace más o menos diez años, sucedió algo curioso en el panorama de la filosofía contemporánea. En el ala, digamos, más radical y crítica del pensamiento actual, heredera de toda la (heterogénea) línea que va desde Marx a Derrida, pasando por Nietzsche, Lacan o Foucault, se dio una recuperación de temas cristianos tradicionales o, más aún, una defensa de la tradición cristiana misma. Alain Badiou publicó en 1998 San Pablo o la fundación del universalismo, en el que analiza toda la carga política del credo cristiano en su primera formulación coherente, la paulina. Dos años después aparecía El tiempo que resta, de Giorgio Agamben, con el subtítulo: Comentario a la Carta a los Romanos; todo el libro, por tanto, explícitamente dedicado a desentrañar las oscuras expresiones del que es quizá el escrito más relevante de San Pablo para la tradición exegética. Pues bien, ese mismo año publicó Zizek el libro del que hablamos hoy. Su subtítulo es también muy revelador: ¿Por qué merece la pena luchar por el legado cristiano?

Todos estos ensayos tienen un espíritu común, que consiste en reivindicar lo que la fe cristiana tiene de revolucionario, de subversivo, en sus planteamientos originales, para no abandonar ese legado (como había venido haciendo en gran parte el pensamiento de izquierdas) a una interpretación conservadora que lo neutralice. Algo interesante en los tres casos es que los autores no comparten la extendida ilusión que distingue el "cristianismo bueno" del propio Jesús de Nazaret y el "cristianismo malo" de sus seguidores, que sistematizaron el mensaje original en reglas, ritos e instituciones. Nietzsche, por ejemplo, alababa la figura histórica de Jesús y echaba pestes contra San Pablo, el "inventor" de la Iglesia cristiana. En el caso de estos autores sucede al revés: es a la interpretación de Pablo, precisamente, a la que atribuyen la mayor eficacia crítica.

Dicho esto, que Zizek deja claro desde el mismo prólogo a su libro, lo cierto es que en este caso hay que esperar bastante para que se vea por qué vía concreta va a rescatarse esta tradición paulina a la que me refiero. Hasta bien pasada la mitad del ensayo no empieza a contraponerse, por ejemplo, el exigente principio de caridad cristiana (el agápe de Pablo) a un cierto clima de tolerancia liberal, multicultural y New Age que irrita profundamente a Zizek. Tiene cierta miga cómo analiza la actual omnipresencia de los Derechos Humanos como una invitación a transgredir las normas del Decálogo: el derecho a la búsqueda de la felicidad a través de la propiedad privada como derecho a robar, el derecho a la libre expresión como derecho a mentir, el derecho a la intimidad como derecho al adulterio, etc. Según Zizek se percibiría aquí el vínculo entre la ley explícita y el deseo de transgredirla, cristalizado en lo que denomina un "suplemente fantasmal obsceno". La caridad cristiana trataría precisamente de romper ese vínculo.

El tono de Zizek es entretenido, mezclando todo tipo de referencias eruditas con ejemplos del cine comercial o, sin más, anécdotas y chistes. Ahora bien, las referencias eruditas giran casi en todo momento en torno a la obra de Lacan, de tal modo que se hace complicado seguir el discurso si no se conoce aquélla. Los abundantes destellos de genialidad, asegurados con Zizek, no acaban de impedir la impresión de que en sus manos las categorías de Lacan sirven prácticamente para justificar cualquier cosa. Uno acaba el libro con la sensación de haber asistido a una sesión de fuegos artificiales. Y ya se sabe que el humo se lo lleva el viento.

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