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domingo, 6 de septiembre de 2015

Andrea Camilleri: La captura de Macalé

Idioma: italiano
Título original: La presa di Macallè
Año de publicación: 2003
Traducción: María Antonia Menini Pagès
Valoración: Imprescindible

¿A quién no le gustan las historias turbulentas, repletas de sexo y violencia? ¿Cuyos personajes, además, se ven agitados por las más bajas pasiones y oscuros fanatismos, mientras ocultan secretos inconfesables y aviesas intenciones? Todo ello, eso sí, visto a través de la mirada de un niño de seis años, el pequeño -no en todos los sentidos- Michilìno... lo que no significa que sea una mirada inocente, como puede adivinar cualquiera que ya conozca la narrativa de Andrea Camilleri; porque en la historia que aquí nos cuenta encontramos de todo -literalmente, de todo- menos inocencia... (o quizá sea al revés: ésta es una historia que trata precisamente sobre la inocencia, pero la de un ángel exterminador). Por no ser, no es inocente ni la época de la que nos habla: la de la Italia fascista, cuando bajo las arengas de Mussolini, sus soldados se lanzaron a la absurda tarea de conquistar un imperio en la lejana Abisinia (de ahí el título, pues Macalé fue una localidad tomada por las tropas transalpinas).

La misma época viscosa y exaltada en la que transcurrió la infancia del propio escritor, quien es más que probable que aprovechara para exorcizar aquí parte de sus demonios. Y el exorcismo practicado es, como poco, brutal: Camilleri dispara con bala -y acierta- no sólo contra los desvaríos fascistas, sino también contra la hipocresía de instituciones como la religión, la familia o la educación; contra conceptos tan arraigados en nuestra cultura como son la culpa y el pecado; contra la idea de la infancia como un territorio sin mácula y, sin embargo, que resulta tan corruptible -y corrompida-por todos. Ésta es una novela tremenda, inclemente, sin concesión alguna a la complacencia. Aunque sí que hay lugar, y mucho, para el humor y para el erotismo -por llamarlo de algún modo...-; quizás dibujados a veces con trazo grueso, pero hay que reconocer que si en algo es un maestro Camilleri es en plasmar de forma fluida y desenvuelta lo que en otros autores quedaría chabacano y soez. De hecho, aún no sé si me maravilla o me horroriza más pensar en lo que he disfrutado leyendo ciertas barbaridades... (un aparte: no entiendo cómo la Lolita de Nabokov sigue generando aún alguna polémica, mientras que este libro... en fin, supongo que debe de estar prohibido en varios estados de los USA, como mínimo). Ayuda también, claro, el excelente tono conseguido por el autor, que no pierde en ningún momento la perspectiva infantil... con lo que consigue que leamos la novela con más facilidad y hasta agrado, a pesar de que lo que nos cuenta resulta cada vez más descarnado.

Brutal, por tanto, tremenda, inclemente... podríamos añadir iconoclasta, incendiaria, demoledora, desaforada... pero también divertida, felliniana, conmovedora, lúcida... adjetivos todos que definen esta novela, aunque ninguno la abarque en su totalidad. Lo que no estoy seguro es que se pueda decir que es recomendable (desde luego, no para lectores sensibles e impresionables. Mucho menos para los temerosos de Dios...); pero sí, siempre, sin lugar a dudas, imprescindible.

Hoy, 6 de Septiembre, Andrea Camilleri cumple 90 años -nada menos-; cuando se publicó este libro tenía pues, 77. No sé, por tanto, si se le puede considerar un viejecito entrañable, aunque sí un escritor excelente, insobornable y corrosivo como pocos (por más que algunos sólo quieran ver en él a un autor de entretenidas novelas policíacas). Lo menos que podemos hacer desde aquí, aparte de desearle que cumpla muchos más años, es agradecerle a u dutture Camilleri la buena cantidad de estupendos libros que nos ha ofrecido a lo largo de su vida. Y también, quizás, que sólo haya escrito uno como La captura de Macalé. 

Muchos más libros de Andrea Camilleri reseñados en Un Libro al Día: aquí mismo.

viernes, 18 de abril de 2014

Camilo José Cela: La familia de Pascual Duarte

Idioma original: español
Año de publicación: 1942
Valoración: Muy recomendable

Hace poco, cuando preparaba mi biografía lectora, descubrí con cierto asombro que todavía, después de cinco años, no habíamos reseñado nada de Cela. Creo que esto es significativo; no sé exactamente de qué, pero es significativo. Once o doce personas a las que les encantan los libros y la literatura, y nadie ha sentido la necesidad de reseñar ninguna obra del último Premio Nobel español... Creo que puede haber varios motivos para esto: en primer lugar, la imagen pública de Cela, que en los últimos años se convirtió en una caricatura de sí mismo; también, su postura política: Cela fue censor y reconocido colaborador del régimen franquista; por último, tampoco ayuda el que sus obras sean casi siempre ásperas, oscuras y de lectura difícil.

Y sin embargo, si olvidamos al personaje y su significación política y nos centramos en la obra, Cela es un escritor notable, un innovador y un experimentador con una prosa muy personal. Que no enamore es otra cosa; pero su calidad es innegable.

La trayectoria novelística de Cela se abrió precisamente con esta novela, La familia de Pascual Duarte, una obra que ya ha pasado a ocupar un lugar central en el canon de la novela de posguerra como iniciadora del "tremendismo" (así lo dicen todos los manuales) y que tiene fuertes lazos con la tradición literaria española, en particular con la picaresca -Cela escribió, unos años después, una continuación del Lazarillo- e incluso del Quijote por su estructura estratificada de narradores y manuscritos.

El núcleo central de la novela está compuesto por la confesión de Pascual Duarte, escrita desde la prisión (o mejor dicho, las prisiones) en la que espera para ser ejecutado mediante garrote vil por sus múltiples crímenes. A través de esta confesión descubrimos a un ser embrutecido, condicionado por su origen y su ambiente (un planteamiento bastante naturalista) y dominado por sus instintos y una irracionalidad violenta. La miseria y la muerte dominan el texto desde la primera hasta la última página, y por la fecha en que se publicó, y el periodo en que transcurre la acción, no es difícil imaginar el trasfondo de la brutalidad de la Guerra Civil en la imaginación del autor, y de sus lectores.

Con todo, también hay tiempo en la novela para momentos más tiernos, más líricos, en los que Cela demuestra su capacidad para una escritura poética que no suele asociarse con su obra. Se trata, por ejemplo, de las páginas que describen el duelo por la muerte de Pascualillo, o los enamoramientos de Pascual por sus sucesivas esposas, tan apasionados como sus odios. (Si resulta coherente que un personaje semianalfabeto escriba como escribe Pascual Duarte, esa es otra cuestión; aunque a lo mejor sobre eso deberíamos preguntar al ficticio transcriptor, y no a Camilo José Cela...).

No puedo dejar de comentar, también, el elemento más moderno en una novela por lo demás muy clásica, incluso en el estilo: me refiero a los cortes -líneas de puntos suspensivos que atraviesan el texto, en algunos pasajes de manera casi continua-, y que el lector puede suponer que corresponden con aquellos momentos en que el transcriptor ha preferido ahorrarnos la lectura de pasajes poco edificantes o demasiado gráficos; así, aunque lo que se nos narra es a veces muy duro, se deja a la imaginación lo peor, lo que ni siquiera puede ser dicho.

No sé, sinceramente, si La familia de Pascual Duarte es la novela de un Premio Nobel. Me cuesta mucho juzgarla desprejuiciadamente, como si no supiera quién es Cela, como si no hubiera visto sus anuncios de la guía Campsa ni su entrevista con Mercedes Milá hablando de sorber agua por el recto. Ni su carta ofreciéndose para delatar a otros escritores. Pero lo que sí puedo decir es que, releyéndola ahora, después de muchos años, la he disfrutado, y hasta me ha sorprendido en algunos pasajes menos conocidos. Quizás con el paso del tiempo, cuando se borre la memoria de su autor, la obra de Camilo José Cela merezca ser rescatada...


Otros libros de Camilo José Cela reseñados en Un Libro Al DíaLa colmenaPabellón de reposo