Lo que no se ve agrupa seis relatos de Cristina Fernández Cubas, escritora española que suele bordear el género fantástico y es conocida por sus ficciones sutilmente inquietantes.
Aunque, a mi juicio, ninguna de las piezas de esta colección está a la altura de las obras maestras de la autora, todas son cuanto menos solventes, e incluso algunas ostentan una chispa. Las hermana su querencia por lo desasosegante, y, exceptuando a "¿De qué se habla en las fiestas?" y "La hermana china", la insinuación de que algo sobrenatural puede estar sucediendo.
Analicemos uno a uno los relatos de Lo que no se ve:
En "Tú Joan, yo Bette", dos hermanas ya ancianas juegan a representar su película favorita de juventud, atrayendo en el proceso a una presencia ominosa. Historia que tiene una escena espeluznante y un desenlace perturbador. A mi juicio, de lo mejor del conjunto.
En "¿De qué se habla en las fiestas?", una chica descubre su propia crueldad al analizar su relación con su compañera del instituto. Historia funcional, aunque demasiado simple.
En "Momonio", una mujer que evoca sus años universitarios recuerda cómo su grupo de amigos se desmanteló cuando intentaron invocar al Otro durante una borrachera. Quizá la historia que más me ha decepcionado del volumen, aunque admito que es porque pensaba que iba en una dirección y al final se acaba decantando por otra igual de válida pero que se antoja menos cruda y más formulaica.
En "La hermana china", dos hermanas con nombres de plantas ejercen la una sobre la otra un efecto harto curioso. Historia funcional, aunque demasiado simple.
En "Il Buco", un hombre maduro que ha viajado a una ciudad italiana para acompañar a su joven pareja accede a la zona en obras de una catedral, donde recibirá un mandato con consecuencias imprevistas. Historia que tiene una imaginería sugerente y unas implicaciones interesantes para el protagonista. A mi juicio, de lo mejor del conjunto.
En "Candela Viva", una mujer descubre, tras estar a punto de ser atropellada, que en su barrio hay un establecimiento muy singular. Efectivo, sobre todo en la creación de su atmósfera, aunque demasiado simple y lineal para mi gusto.
Resumiendo: los seis relatos de Lo que no se ve están bien. Sin embargo, palidecen al enfrentarlos a otros de Fernández Cubas, y sólo dos de ellos me parecen verdaderamente destacables.
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