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sábado, 20 de noviembre de 2021

Charles Baudelaire: La Fanfarlo

Idioma original: Francés
Título original: La Fanfarlo
Traducción: ¿?
Año de publicación (volumen): 2021
Valoración: Entre recomendable y está bien

La editorial Montesinos compila en un solo libro titulado La Fanfarlo tres textos breves relacionados con Charles Baudelaire (1821-1867). 

Empezamos con el relato que le da nombre al conjunto. Está protagonizado por Samuel Cramer, un alter ego del autor la mar de contradictorio y nada edificante. El resto de personajes con quienes interactúa Cramer son igual de detestables. Y ahí radica la gracia de esta primera historia: su amoralidad. A eso súmale que está cargada de una satisfactoria mala leche (el rapapolvo que se lleva el pobre Walter Scott es legendario) y queda claro que estamos frente a una deliciosa canallada cuyos defectos no impiden que se lea con inmenso placer, ni le restan el más mínimo carisma a la idea general.  

Por otro lado, "El joven encantador" siempre se había atribuido a Baudelaire, pero recientemente se ha descubierto que éste sólo lo tradujo del inglés. Aun así, se incluye en este volumen, dado su interés. Personalmente, no me ha gustado ni la mitad que su predecesor, pues adolece de una prosa ampulosa, diálogos teatrales, escenarios recargados y referencias eruditas. 

A modo de cierre tenemos "Consejos a los jóvenes literatos", una serie de preceptos empañados de «ternura completamente fraternal» en los que Baudelaire echa mano de su experiencia, sentido común, pragmatismo e incluso (por qué engañarnos) misoginia. En muchos casos, dichos preceptos siguen siendo tan vigentes como la poesía y la narrativa que ayudaron a crear.

viernes, 15 de agosto de 2014

Gonzalo Garrido: Las flores de Baudelaire

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2012
Valoración: Está bien

En Las flores de Baudelaire pasa esto: en el Bilbao de 1917 una pobre niñita con retraso mental es asesinada de forma salvaje en su casa. Se da la circunstancia de que la cría es hija de un rico industrial de origen alemán con un lado más que oscuro, y casi sin quererlo ni beberlo, Alfredo Maldonado, fotógrafo de profesión pero detective privado por vocación, se verá inmerso en la investigación del caso, en el que se darán cita un buen puñado de personajes algo siniestros y serán revelados ciertos secretos del pasado, indispensables para saber por qué la pobre cría acabó así.

A grandes rasgos, éste es el asunto.

Dos cosas me atrajeron inmediatamente de esta novela en cuanto empecé a oír hablar de ella. La primera, que está ambientada en la Noble Villa de Bilbao, ciudad donde se puede decir que resido desde hace bastantes años y que me conozco como la palma de mi mano maltesa. La segunda, y sin ir demasiado lejos, su título, que hace alusión a uno de los libros más alucinantes e indescriptibles que he tenido el honor de leer, Las flores del mal de Charles Baudelaire. Y eso que hablamos de poesía, género que apenas ocupa lugar en mis horas consagradas a la lectura. 

Pero en Las flores de Baudelaire, primera novela del bilbaíno Gonzalo Garrido, hay poca poesía. Diré desde ya que se trata de una novela negra de manual. No por nada, Garrido es autor de un blog de crítica literaria, y bueno, aunque no sea una consecuencia natural de dedicarse a semejante actividad, no creo que sea descabellado afirmar que las aptitudes literarias de una persona acostumbrada a leer y analizar todo tipo de libros y a intercambiar opiniones e impresiones sobre estos, pueden verse gratamente recompensadas si a la hora de escribir no se olvidan las buenas lecciones aprendidas.

Por eso, en su primera novela, Garrido hace un buen trabajo. Aunque eso sí, el aroma a déjà-un millón de veces- vu no lo pierde en ningún momento, y aunque se trate de una historia en la que los personajes se presentan y se mueven a merced de una trama, de la resolución de un asesinato en este caso, creo que se hubieran merecido un poco más de trabajo, más matices, más información, más diálogo..., qué sé yo: más chicha. Por ejemplo, nos cuentan que la esposa de Maldonado prácticamente sueña con verle muerto y que sus tres hijas están de su parte, y ahí queda la cosa... Tampoco sabemos mucho de su amante, una Marilyn desdibujada e insulsa que casi ni aparece, ni de la exquisita señora, madre de la muerta, que despierta un amor más platónico que nada al prota. Por no hablar de sus caricaturescos ayudantes o el típico poli (malas)pulgoso que por ahí también circulan. 

En fin, que la historia está bien escrita, se lee con interés desde el primer momento, invita a ser leída a un ritmo más bien ligero (sus capítulos cortos tienen la longitud idónea para lo que pretende), y bueno, su desenlace, sin ser el final de Lost o, en su extremo, el de un clásico Disney, es bastante satisfactorio. Pero el tenebroso temita que da explicación a todo el tinglado me parece demasiado turbio como para despacharlo con tanta velocidad como es despachado.Vamos, que al conjunto resultante le falta esa garra, ese encanto, esa mala uva, ese tufo, que podría haber convertido la novela en una pieza pequeña pero potente, oscura en su esencia pese a la pulcritud de su forma. 

Veremos si en sus siguientes trabajos Garrido se desmelena y dejar un poco de lado esa tensión y esa preocupación por recibir buenas críticas que muchas veces resta naturalidad y salvajismo a los escritores. 



viernes, 10 de noviembre de 2017

Nuestros autores olvidados #5: Gaspar de la nuit, de Aloysius Bertrand


Idioma original: Francés 
Título original: Gaspard de la nuit  
Traductora: Emma Calatayud 
Año de publicación: 1836. Bruguera hace la recopilación el 1983
Valoración: Muy recomendable 

 Descubrí esta joya en un mercadillo de segunda mano hará siete años. Había una oferta que te permitía llevarte cuatro libros (a extraer de un abarrotada caja) por un euro. La mayoría de esos libros no valían ni la mitad, evidentemente, pero si escarbabas bien podías encontrar alguno más que decente: una recopilación de relatos de Poe, aunque de esas ediciones tan poco atractivas que sacan a veces los periódicos; La perla, de Steinbeck; El mecanoscrito del segundo origen, de Manuel de Pedrolo; incluso algún bestseller ya olvidado cuya historia no es memorable, pero sí entretenida. Y entre todos esos libros estaba Gaspar de la nuit. Escrito por Aloysius (Louis) Bertrand. Yo no sabía quién era este hombre, pero, según aseguraba la contracubierta, Baudelaire y André Breton sí. Con esas referencias me bastó para decidirme a darle una oportunidad. Ahora celebro esa decisión. 

 Este es, de lejos, el libro que más veces he leído. La asiduidad con que lo disfruto (podría decir, incluso, con que lo consulto) se debe a que su fondo me encanta, pero también a otros aspectos. Para empezar, no es muy extenso, por lo que me puedo permitir esas repetitivas incursiones sin sacrificar otras lecturas. Y, por si fuera poco, me permite desintoxicarme de la cada vez más frecuente sobredosis de literatura que encadena a la imaginación, pues su estilo, lírico y sugerente, convierte al lector en coartífice de la obra, en el responsable de decorar las ambigüedades con su propia imaginación. 

 Gaspar de la nuit abre su magistral contenido con diversas misivas. Dichas cartas aportan un marco general en el que encuadrar a Aloysius Bertrand, detallan aspectos biográficos del miserable poeta. Primero le tenemos haciendo todo lo que se atribuye a los artistas: estar enfermo, pedir dinero, entregado (según sus propias palabras) a la vida contemplativa. Sé que el inicio puede sonar algo caricaturesco, sobre todo teniendo en cuenta el barroco y extravagante lenguaje que en él se usa. Pero creedme cuando os digo que no es así. El pobre está muriendo, llamando desde su lecho de muerte a un amigo que no le oye. Y vaya si nos conmueve. Cuando ya está enterrado toma el relevo el amigo, David d’Angers. Llegó a pasar la víspera de la muerte de Bertrand con él. Le escuchó hablar confusamente sobre Gaspar de la Nuit, que por entonces estaba pendiente de publicación. Al día siguiente, d’Angers va al hospital, donde le es anunciada la defunción del joven. Sus palabras al rememorar todas estas situaciones están cargadas de sentimiento.

 Tras este prolegómeno empieza el inclasificable Gaspard de la Nuit, con una introducción del autor, un prefacio y una dedicación a Victor Hugo, partes todas ellas tan cuidadas como el resto del libro. Gaspard de la Nuit, está subdividido en seis capítulos. Algunos están más encaminados al retrato costumbrista, otros a la especulación sobre lo exótico; asimismo, los hay que coquetean con la nostalgia histórica. El "Libro tercero" es el que más me gusta. Se titula "La noche y sus prestigios" y las once narraciones breves que recopila son las más oníricas y fantasiosas de todo el recopilatorio. Solamente por este exquisito pasaje la lectura del mismo ya valdría la pena. Aprovecharé para citar otros dos capítulos que también me gustan mucho: "La escuela flamenca" y "Las crónicas".  

 En resumen: no es extraño encontrar este tipo de material en una obra seguidora de la estela romántica. Pero esas características comunes con el movimiento no convierten a Gaspard de la nuit en un libro más de todos los que se encuadran en ese estilo. Prueba de ello es cómo reaccionan ciertas personas ante élBaudelaire, por ejemplo. A Baudelaire le sorprende gratamente algo: que exista prosa-lírica de este tipo, antes del advenimiento de la poesía moderna. Y Bretón también alucina al encontrarse con un surrealista siglos antes de que el movimiento se hubiera formado siquiera. Es triste ver a Bertrand condenado a manuales de literatura, sin interacción real con el público, teniendo en cuenta lo vasta que ha sido su influencia. Mi pregunta es: una vez reivindicada su figura, ¿quién más y cómo va a reaccionar a ella?

lunes, 16 de agosto de 2010

Charles Baudelaire: Las flores del mal

Idioma original: francés
Título orginal: Les fleurs du mal
Fecha de publicación: 1857
Valoración: Imprescindible
Estimado Maestro Baudelaire, ¿cómo evocarle a usted, desde
mi humilde persona? Me siento indigno de semejante tarea, y mucho más, si he de verme en la obligación de utilizar para ello la tosca herramienta que es la pluma cibernética. En fin, haremos lo que podamos, porque la misión es loable, en verdad: dar a conocer su Biblia Maligna a los que áun no la veneran.
Les fleurs du mal , que cayó en mis garras al final de mi adolescencia, es un libro que ha marcado como pocos lo que soy ahora, la clase de persona que soy ahora (con permiso del entrañable Rambe de Una temporada en el infierno). Nunca hasta entonces me había visto agitado, vapuleado, abrazado, mimado y herido a la vez. Y ello fue gracias a su tremenmundo espejismo de belleza, horror, amor y tinieblas. Sus poemas, maestro, me dejaron tocado para siempre: al catarlos, nació en mí la incontenible necesidad de rendir pleitesía al "malditismo", religión de la que usted es el Dios y Arthur el profeta.
Cuentan que la primera edición de sus malévolas flores data de 1857, y que fue tan violenta
la bofetada que propinaron sus versos en la hipócrita jeta de la Moral Pública, que le obligaron a
quitar algunos poemas en la segunda, en 1861, aunque ésta incluyera otros nuevos. La definitiva edición sería la de 1868, de nuevo con censuras, pero con más novedades para horror de sus petimetres enemigos.
La obra la dividió en cinco partes, siendo, en mi opinión, la más divina por su pulcritud formal y su exactitud esencial, la titulada "Spleen e ideal". Oh, spleen, ¡bendigo al hombre que inventó este término! Gracias a él pude poner nombre -un nombre oficial, compartido por otros millones de seres humanos-, a lo que yo llamaba desde joven "sed nocturna", es decir: la repulsiva sensación de hastío que provoca el transcurrir monótono e insatisfactorio de los días.
De los poemas gloriosos que reúne el libro, no podría quedarme sólo con uno, pero sí le diré que me agradan especialmente La Musa enferma, La metamorfosis del vampiro, Elevación, El reloj o Remordimiento póstumo.
Y bueno, maestro, le confieso que me gustaría mencionar ahora datos jugosos de lo que fue su vida; de los que fueron sus seres queridos, admirados y odiados; de sus males y de sus amores; de sus influencias literarias y de a quién influyó usted, pero para eso, querido amigo, tenemos en estos tiempos que corren miles de fuentes de información de las que podemos echar mano fácilmente.
Esta banal reseña, le repito, tiene un propósito noble: que nuevos lectores caigan en el hechizo de sus flores diabólicas y logremos engrosar así la afluencia en nuestras iglesias malditas.
Mal o bien, terminaré aquí mi misión.
Buenas noches, maestro: se despide de usted su humilde siervo.
I.G

viernes, 31 de julio de 2020

Luis Artigue: Café Jazz El Destripador

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Entre está bien y recomendable

Tras el aparentemente extraño título de "Café Jazz  El Destripador" se esconde una biografía parcial y novelada del trompetista Miles Davis (1926 - 1991). Biografía porque estamos ante la narración de la vida de Miles Davis; parcial porque abarca fundamentalmente los años comprendidos entre 1945 y 1960; novelada porque se añaden una serie de elementos ficticios que además sirven para desplazar la novela al París de mediados del siglo XIX y combinar géneros (novela realista, negra, psicológica, ciencia ficción / terror...)

Se puede hablar, por tanto, de una novela en dos planos espaciotemporales. El primero de ellos, el llamémosle período de "formación y despegue" de Davis como músico, está ambientado básicamente en el Harlem de 1945 -1960 y en el se narran los comienzos de Davis, su difícil y destructiva relación con Charlie "Bird" Parker (¡si no habéis visto la peli de Clint Eastwood sobre Parker, hacédlo), su autodestructivo descenso a los infiernos (¡ay, esos dos mantras de la genialidad que consume y de que no hay santidad sin sufrimiento!), su ambición, su separación musical y personal de Parker, sus intentos de redención, su éxito, etc. El segundo de ellos nos traslada al París de la degradación y el malditismo, del láudano y la absenta, de Baudelaire, Balzac y Courbet, lugares y personajes que guardan entre sí muchas similitudes.

Ahora, ¿cómo "se come" este desplazamiento? Pues a través del enésimo intento de desintoxicación de Davis, que da lugar a un exorcismo que pone en relación lugares y tiempos. Quizá esa conexión sea el punto más débil de la novela. Creo que las dos historias por separado funcionan de maravilla (más la del NY de los 40-50), pero es a la hora juntar ambas dónde me da la sensación de que flojean más.

Dicho esto, hay que reconocer que la novela posee una serie de virtudes que hacen que la valoración final de la misma sea positiva. Unos ejemplos:
  • La recreación de ambientes. Artigue nos lleva a los clubs de jazz de Harlem o a las tabernas del París del XIX  y nos mete de lleno en sus sonidos y olores.
  • Los personajes. El riesgo obvio es caer en la caricatura pero ese riesgo se esquiva mediante su penetración en la psicología de Davis, Parker y compañía. Mención especial creo que merece el análisis de los mecanismos de la relación entre los dos músicos o de la relación entre Baudelaire y la madre de su hija.
  • El lenguaje, que combina poesía con ágiles diálogos de forma natural.
  • El amor por el jazz, presente en todas sus páginas.
Por resumir, "Café Jazz El Destripador" es una novela ambiciosa y arriesgada en la que la combinación de voces y género, en lineas generales, funciona. Desde luego, una buena opción para aficionados al jazz y a la literatura.

sábado, 7 de noviembre de 2009

250 entradas - 250 años (y II)

Y aquí, la segunda parte de la lista de "los mejores libros escritos en los últimos 250 años", con los 14 libros que aparecen en más de una lista, y que por lo tanto son, a juicio de los que hacemos este blog, "lo mejor de lo mejor":

Con 2 votos:

  • Crimen y Castigo, de Dostoievski
  • Esperando a Godot, de Samuel Beckett
  • Fundación, de Isaac Asimov
  • La peste, Albert Camus
  • Las flores del mal, Baudelaire
  • Maus, de Art Spiegelman
  • Pedro Páramo, de Juan Rulfo
  • Ulises, de James Joyce

Con 3 votos:
  • Cuentos de Edgar Allan Poe
  • Ficciones, de Jorge Luis Borges
  • La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca
  • La metamorfosis, de Franz Kafka
  • Madame Bovary, de Gustave Flaubert
Y con 4 votos, y por lo tanto elegido como "el mejor libro publicado en los últimos 250 años", Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

Enhorabuena a los premiados, y como siempre, se abren los comentarios para aplaudir, completar o criticar nuestro particular "canon".

jueves, 12 de noviembre de 2009

Andreas Huyssen: Después de la gran división

Idioma original: inglés
Título original: After the Great Divide: Modernism, Mass Culture, Postmodernism
Fecha de publicación: 1986
Valoración: muy recomendable

Este libro tiene el mérito de haber tratado de poner orden en un pantano conceptual en el que, veinte años después, muchos siguen quedando atrapados. Las arenas movedizas que lo forman se llaman vanguardia, cultura de masas, modernismo y postmodernismo. Todos hemos oído en algún momento que vivimos en una "época postmoderna", pero ¿qué quiere decir eso exactamente? ¿Qué significa vivir "después" de los tiempos modernos? ¿En qué consistía ese "modernismo" que parecemos haber dejado atrás? Bueno, pues la virtud de Huyssen es que da una respuesta simple y concisa a esta pregunta: ser moderno significa creer en la separación entre alta cultura y cultura de masas.

La historia de esta "gran división" empieza más o menos a mediados del XIX, cuando el crecimiento demográfico de las ciudades europeas y los avances de la educación y la técnica se conjugan para dar en un fenómeno del que ya hemos hablado: el folletín. Nace un público lector que devora largas novelas por entregas, llenas de amor, desgracia y redención. He ahí una incipiente cultura de masas que pronto tendrá también sus correlatos musical y pictórico. Algunos autores (Flaubert, el primero -según Huyssen-) empiezan a mostrar reticencias al éxito comercial, a perder algo de su arte mediante la venta masiva de su obra. Así pues, como reacción a la cultura de masas surge el modernismo, que sería la vocación de algunos escritores por distinguirse de la literatura folletinesca. Ojo, que este "modernismo" de la Teoría literaria anglosajona no tiene nada que ver con el movimiento homónimo hispanoamericano (el de Rubén Darío). Lo que une, digamos, a Baudelaire, Flaubert, Mallarmé, Proust, Rilke y Eliot no es tanto una cuestión de estilo, sino una voluntad de separación elitista, un esfuerzo común por no dejarse engullir por la temible cultura de masas.

Huyssen añade en este punto una reflexión que me ha parecido especialmente interesante. Hace ver cómo ese miedo a la comercialización ("visión paranoica de la cultura de masas", como él dice) va unido en los escritores modernistas, casi siempre, a una devaluación de lo femenino. Estos autores conciben la cultura de masas como algo sentimental, placentero, proclive a la fácil ensoñación, es decir, que le atribuyen los rasgos de la imagen estereotipada de la mujer en el XIX (¡y no sólo en el XIX!): pasividad e irracionalidad. Ellos mismos, en cambio, sintetizan las supuestas virtudes masculinas: esfuerzo heroico, tenacidad, disciplina, control e inteligencia. Su relación hacia la cultura de masas es de desprecio, sí, pero también de terror, porque temen perder su definida identidad personal (lograda a base de esfuerzo) en esa indistinta masa de lectoras entregadas al lacrimeo fácil y el descontrol de los impulsos. Sorprende comprobar la cantidad de obras literarias que cobran nueva luz a partir de este esquema. Sin ir más lejos: Misery.

Este maniqueo esquema binario será el que rechace la vanguardia. Ésta pretende, en todos sus frentes, hacer saltar por los aires el abismo entre alta cultura y vida cotidiana, logrando una transformación total de la existencia a través del arte. Este proyecto utópico no llegó a tener éxito (o no, al menos, como ellos querían), de modo que, después de la II Guerra Mundial, cuando el fracaso de las vanguardias ya era evidente, el conflicto entre alta cultura y cultura de masas se instauró como dogma oficial de quienes se autodenominaban vanguardia (pero ya sin serlo, claro, en el sentido estricto): piénsese en el expresionismo abstracto americano. El postmodernismo, entonces, llega paulatinamente hacia los años 60/70, cuando empieza a entreverse, en diversos contextos, que la "gran división" quizá esté infundada, que la alta cultura siempre ha bebido de la de masas y viceversa. Su estricta separación empieza a parecer entonces más bien fruto de la conciencia esnob de ciertos artistas y críticos, antes que de la realidad del panorama de la cultura. (A Adorno, por ejemplo, en esto del esnobismo habría que darle el premio gordo.) Para Huyssen, entonces, la reconciliación con los iconos de la cultura de masas que propone el arte pop es ya un anuncio del postmodernismo.

Sin duda habría mucho que matizar en algunas de las afirmaciones de Huyssen y, además, es innegable que en algunos aspectos el libro ha envejecido mal estos veinte años. De todas maneras, sigue ofreciendo una síntesis ilustradora de las posiciones de la vanguardia y el modernismo sobre la cultura de masas, y arriesgando algunas objeciones valientes y acertadas contra los tótems de la Teoría crítica. Un buen mapa para no perderse en el pantano de la cultura más reciente.

lunes, 4 de octubre de 2010

Grandes villanos literarios: Satán

Ya que vamos a hablar de villanos, hablemos de villanos, pero en serio. ¿Y quién es el más malo de todos, el villano que da origen a todos los villanos? Pues el demonio, Satán, Satanás, Belcebú, Lucifer, Luzbel, Mefistófeles, el diablo, la serpiente, el dragón, Leviatán, la encarnación suprema del Mal, en una palabra. Un personaje, por otra parte, de lo más literario...

Las primeras apariciones de Satán -aunque seguro que sería posible encontrarle parentesco con otras (semi)deidades malignas anteriores- las encontramos, claro, en la Biblia. Por ejemplo, en el enigmático libro de Job, Yahvé y Satán se juegan a los dados la salvación del pobre Job, poniéndole a prueba con todo tipo de calamidades. En cambio, no encontraremos en la Biblia la conocida historia según la cual Lucifer es un arcángel caído por rebelarse contra Dios y pretender sustituirle (a no ser que se interprete así un pasaje de Isaías en que se refiere a la caída de un rey Babilónico). En el Nuevo Testamento, el demonio/Satán aparece en varias ocasiones como el "adversario" de dios, pero sobre todo adquiere forma casi corpórea en la escena de las tentaciones de Jesucristo (Mt 4, 1-11).

La literatura occidental se apropió de la figura de Satán ya desde la Edad Media, y le dio una relevancia y una significación de la que carecía en los textos bíblicos originales. El ejemplo más evidente es el Paraíso Perdido de Milton, en el que Satán es el personaje central, carismático, arrogante y seductor. El Romanticismo byroniano retomó y reinterpretó la figura del demonio y la convirtió en una de sus figuras fundamentales: el supremo rebelde, el outcast por antonomasia, la encarnación del vitalismo y el irracionalismo. Con esta carga trágica o simbólica reaparece también en la obra los "poetas malditos" franceses: son memorables las "Letanías de Satán", de Charles Baudelaire, con su estribillo casi litúrgico: "¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!".

La literatura (y el cine y la música y el cómic) del siglo XX y XXI han seguido recurriendo a la figura de Satán, aunque en muchos casos en una visión simplificada y fácilmente digerible, desprovista de sus implicaciones teológicas, trágicas o simbólicas: un ser con cuernos, cola puntiaguda y un tridente que vive entre llamas (véase South Park). En las obras de Stephen King, por ejemplo, siempre suele haber alguna forma de mal absoluto que en algunos casos (pienso por ejemplo en La tienda) se identifica con el diablo. Parece claro que la figura de Satán va a seguir reapareciendo en la literatura contemporánea, pero convertido en un cliché inofensivo.

Nota: imagen de la Estatua del Ángel Caído, del Retiro de Madrid, tomada de aquí, con licencia GNU

sábado, 24 de junio de 2017

Jorge Carrión: Barcelona. Libro de los pasajes


Idioma original: español

Año de publicación: 2017
Valoración: bastante recomendable (mucho si vives en Barcelona)

Pues vaya: me sale por casualidad que esta reseña se publica el día de Sant Joan y se me ocurre que, después de Sant Jordi, se trata de una fecha particularmente adecuada. Sant Joan es ese día festivo en Catalunya, el solsticio de verano y la gente empezando a mitigar el calor y haciendo eso tan catártico de quemar cosas en hogueras. Cosas que quieren dejar atrás. Y me di cuenta tarde de que el libro muestra un sello del Ajuntament de Barcelona, hoy mismo presidido accidentalmente por un ciudadano de origen argentino. Cuestión, la del sello oficial, que puede confundir. Hablamos de este libro aquí como literatura porque así es. No es un catálogo promocional de la ciudad o de partes de la ciudad. Esto último, con más fotos, y con un texto más neutro, ya hubiera habido más que de sobra para lograrlo. 
Pero Carrión es un escritor bregado y aprovecha la coartada para llevar el libro a su terreno, y la crónica o el ensayo o la mezcla en distintas proporciones de ambos es el territorio donde mejor se mueve.
Así que Barcelona. Libro de los pasajes empieza con el pretexto de un proyecto parecido de Walter Benjamin (hablar de los pasajes, esas anomalías urbanas esparcidas por doquier con los motivos más estrambóticos) y pronto encontramos al autor discurriendo por distintos caminos. La historia de Barcelona es una recurrente, nos vamos siglos atrás en búsqueda tanto de la situación que configuró la creación del espacio como del entorno que acompañaba esos hechos. 
Y también saldremos de la ciudad, cómo no, el texto, aunque sigue esa estructura del recorrido por barrios (hay pasajes elegantes y pasajes inhóspitos o casi disfuncionales) y las fotos, tomadas por el mismo escritor, nos van refiriendo a alguno familiar, (pero, en mi caso, saldría disparado a ver algunos de ellos, a situarme en ellos y respirar esa sensación), el texto va expandiéndose en referencias históricas y literarias locales y universales y se da cuenta uno de que Carrión, pillo leído él, se ha apropiado en el buen sentido de la idea inicial y la ha reconducido obteniendo un texto culto, ameno, abierto y, aclaremos, para nada deudor de que el libro sea una publicación con un aire de interés público. Así que no sólo personajes barceloneses afloran en la narración. Está Miró y está Josep Pla o Sert, pero hay espacio para Joe Gould, el héroe neoyorquino, para Baudelaire y para Benjamin. No nos dejemos engañar ni tan solo por el título. Esta es una obra ambiciosa, que abarca muchos más límites que estrechas calles cortas que salpican el mapa urbano de una ciudad costera europea. Esto es casi una reflexión sobre el hombre que siente curiosidad e indaga allí donde pasos, físicos o virtuales, le transportan.

jueves, 16 de abril de 2020

Ray Russell: Juicio a Satán

Idioma original: Inglés
Título original: The Case Againts Satan
Traducción: Íñigo F. Lomana
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable (con matices)

El padre Sargent se enfrenta a un caso de «histeria sexual»: una muchacha de dieciséis años, «encantadora, formal y educada», ha empezado a repudiar la parroquia local y a decir obscenidades. También se desnudó frente al predecesor de Sargent e intentó estrangularlo. El obispo Crimmings piensa que está poseída (no en balde, el contacto de un crucifijo la quemó) y ordena un exorcismo. Sargent, por otro lado, titubea.

Menuda sorpresa me he llevado con Juicio a Satán, de Ray Russell. Teniendo en cuenta que esta novela inspiró El exorcista de William Peter Blatty (y, por tanto, a toda la literatura de posesiones demoníacas en general), esperaba encontrar en ella una historia de terror convencional. Sin embargo, mis expectativas han sido completamente subvertidas.

En primer lugar, porque terror hay poco en estas páginas. Esto no me molesta especialmente, ya que el exorcismo es una mera excusa a través de la cual Russell reflexiona sobre la fe y la existencia del Diablo. Además, porque la intención principal de esta obra no es asustar al lector. Si acaso, pretende entregarle un estudio de personaje. Uno que versa sobre un sacerdote y las dudas que le atormentan.

A favor de Juicio a Satán debo señalar que:

  • Tiene un mensaje bastante nítido. ¿Será cierto que, como sugirió Baudelaire, «el engaño más ingenioso del Diablo consiste en persuadirnos de que no existe»?
  • Le da un arco a su protagonista.
  • La escena en que la chica poseída intenta seducir al predecesor de Sargent es cojonuda. 
  • La prosa de Russell es amena, pero también deja entrever el vasto conocimiento del autor acerca del catolicismo, y aloja citas puntuales a Shakespeare. Lo cual, admirablemente, no empaña a la obra con una capa de pretenciosidad.  

A continuación, destaquemos los defectillos que lastran Juicio a Satán:

  • Su confrontación entre religión y ciencia está poco lograda. El conflicto debería ser bidireccional, pero los personajes (e incluso el autor entre líneas) favorecen demasiado a la primera en detrimento de la segunda. 
  • Tampoco está muy lograda la narración omnisciente que emplea. Hay pasajes en los que el punto de vista se traslada del padre de la joven poseída, el cura o el obispo, a la ama de casa de la iglesia por espacio de unos párrafos, lo cual resulta excesivamente confuso, dado que las aportaciones de ésta última son, además de escasas, meramente testimoniales. 
  • El exorcismo en su conjunto se antoja anti-climático. Aunque insisto en que esto es perdonable, pues esta ficción no pretende ser una historia de terror al uso.
  • Su giro final es extremadamente previsible, y la labor semi-detectivesca que lleva a él podría haberse pulido un poco.
  • Es innegable que no ha envejecido del todo bien. Su intención transgresora, por ejemplo. Hay cosas que se enfocan como si fueran tabúes (y en la época y contexto en que fue escrita la novela lo eran), pero se tocan apenas de puntillas, con cobardía, y por tanto no impresionarán a los lectores contemporáneos. Asimismo, es difícil creerse ciertas reacciones de los habitantes del pueblo en que transcurren los hechos, pues en la casa parroquial se oyen gritos y aún así nadie interviene de forma contundente. Los norteamericanos tienen (o tenían entonces) una fe ciega en los representantes de Dios, por lo que veo. Algo estremecedor, si te paras a pensarlo.

A la postre, Juicio a Satán es una novela influyente que ayudó a cimentar los clichés que hoy en día abundan en el subgénero de posesiones: curas que dudan, posesiones que quizás no lo son, exorcismos... Entretenida y bien escrita, cuenta con alguna reflexión memorable y desarrolla a su protagonista. Sin duda, la recomiendo a los amantes de este tipo de narrativa. Eso sí, aviso que mucho miedo no da. Quizás si eres católico te inquietará un poco. Y bueno, a los que no somos creyentes nos perturbará por plasmar involuntariamente cómo una población entera se puede paralizar ante sus representantes celestiales. Que en este caso ellos sean los buenos de la película es harina de otro costal.   

sábado, 19 de diciembre de 2009

Libros para regalar: Narraciones extraordinarias, de Edgar Allan Poe

Idioma original: inglés
Título original: Short stories
Fecha de publicación: 1834
Valoración: Muy recomendable

Estoy convencido de que los eventos y sucesos que nutren nuestra infancia conforman la capa de sustratos sobre la que más tarde se levantará nuestra personalidad adulta, con sus peculiares gustos, obsesiones, manías, virtudes y defectos. Y si yo he de hablar de las que fueron mis primeras influencias notables en el ámbito de la cultura, más concretamente en la rama del cine y la literatura, no puedo olvidar los nombres de Edgar Allan Poe, Roger Corman y Vincent Price.

Eran los primeros años de los ochenta, era yo una criatura, y durante una temporada, disfruté de cierta agradable ceremonia que se repetía cada domingo: tras la comida, me tiraba sobre la alfombra del salón a jugar con mi casa de muñecas, y a la vez, veía la película de terror del director Roger Corman de turno. Se trataba de un ciclo de filmes basados en los relatos de Edgar Allan Poe, protagonizados por un hermoso villano de gesto terrible llamado Vincent Price.

Gracias a Corman, Poe y Price, y sus castillos, sus princesas pálidas y sus telas de araña sedosa, los domingos, la víspera de una nueva semana escolar, se convirtieron en tardes de magia y terror. Empezó entonces mi amor por el mundo de las tinieblas. Pero como todo en esta vida, aquellas películas terminaron; y yo crecí, mi casa de muñecas acabó en la basura, y entonces, no me quedó más remedio que rescatar aquellos deliciosos recuerdos dominicales de la mano de la literatura, una versión más adulta y serena de las encendidas pasiones que despiertan los fotogramas. Así, descubrí a Poe, el pobre escritor alcohólico obsesionado con ser enterrado vivo, admirado por decenas de escritores célebres (Baudelaire sobre todo).

El libro que hoy declaro "para regalar" es un compendio de doce de sus mejores cuentos. La edición que tengo es de 1966 y cuenta con el prólogo de Narciso Ibáñez Serrador.
Mis preferidos son "La caída de la casa Usher", donde una grieta que devora una mansión no es más que el símbolo físico de la ruina imparable de una familia maldita; "El pozo y el péndulo" (magnífica la adaptación al cine, oda a la España negra de la Inquisición); el mítico "Los asesinatos de la Rue Morgue" (donde aparece el descarado antecendente de Sherlock Holmes), y el célebre "El gato negro". Echo de menos en este librito amarillento "La máscara de la muerte roja", el cual, tanto en letras como imágenes, es espeluznante y maravilloso.

Viva Poe, viva Corman, viva Price. Y felices y oscuras fiestas.

También de Edgar Allan Poe en UnLibroAlDía: Berenice y LigeiaEl pozo y el pénduloEl gato negro

lunes, 21 de enero de 2013

Semana de literatura argentina: Roberto Arlt: El juguete rabioso

Idioma original: español
Año de publicación: 1926
Valoración: Muy recomendable

Roberto Arlt es, tengo la impresión, casi completamente desconocido en España fuera del ámbito literario, editorial o académico, pese a que autores tan relevantes como Cortázar, Piglia o César Aira reconocen su influencia. Quizás su mala suerte fue coincidir en el tiempo y en la misma ciudad con autores de la Jorge Luis Borges, de estética muy alejada de la suya y más influyentes en el panorama literario de la época. De hecho, es ya clásica en la historiografía literaria argentina la contraposición entre el grupo Boedo (de corte realista y social), al que pertenecería Arlt, y el grupo Florida o grupo "Martín Fierro" (vanguardista, esteticista y teóricamente vinculado a las élites socioeconómicas) al que pertenecería Borges.

Sea como sea, lo que encontramos en El juguete rabioso tiene efectivamente poco que ver con los relatos fantásticos borgianos, y mucho más con la tradición literaria hispánica: la picaresca, Cervantes, Galdós... El protagonista, Silvio Astier, vive en los suburbios de Buenos Aires en un entorno empobrecido y caótico; su vida cambia con un empacho de novelones sobre bandoleros andaluces, y se imagina que quiere ser un de ellos; así, cual Rinconete y Cortadillo, funda una sociedad de delincuentes a pequeña escala (el «Club de los Caballeros de la Media Noche»)que realiza pequeños hurtos, falsificaciones y sabotajes. Una vez disuelta la sociedad, Astier pasa a ser "mozo de muchos amos" (ayudante de un librero, aprendiz de ingeniero militar, vendedor ambulante de papel), con escenas que parecen directamente sacadas de una edición modernizada de El Buscón, hasta alcanza la "cumbre de toda su buena fortuna" cuando se le presenta la oportunidad de cometer un gran robo en la casa de un ingeniero.

El juguete rabioso es un libro sorprendente y desconcertante, en primer lugar por su capacidad para avanzar siempre, con una estructura narrativa abierta y en constante transformación genérica. También, por su estilo, a veces poético, a veces barroco, siempre cuidado, nada que ver con lo que tópicamente esperamos encontrar en una novela realista y social (claro que el "realismo social" como término crítico todavía no existía). "Baldía y fea como una rodilla desnuda es mi alma", dice por ejemplo el protagonista, que además de un ladrón también es un ávido lector de Baudelaire.

Porque, efectivamente, El juguete rabioso es un libro lleno de libros: la historia comienza, quijotescamente como decíamos, cuando el protagonista lee (alquilados) una serie de novelones sobre bandoleros; el último gran golpe del «Club de los Caballeros de la Media Noche» es un asalto a una biblioteca; el primer trabajo de Astier es como ayudante de un librero; el último, como vendedor ambulante de papel... Ya hemos hablado, además, de las referencias que pudieron servir de modelo a Arlt (con la picaresca y la novela cervantina a la cabeza), pero también pueden encontrarse en él los libros a los que más tarde servirá de modelo: las novelas torrenciales de César Aira, Los detectives salvajes y su "realismo visceral", las obras más realistas de Piglia como Plata quemada...

El título original que Arlt planeaba para su novela era La vida puerca; Ricardo Güiraldes, para quien Arlt trabajaba como secretario y ayudante en esa época, le aconsejó que lo cambiase al actual, El juguete rabioso. Creo que no hay duda de que el cambio fue adecuado...

También de Roberto Arlt en ULAD: Los siete locos y Los lanzallamas

jueves, 12 de abril de 2018

CONCURSO ENSADA DE RESEÑAS: Segundo premio. Begoña Huertas: El desconcierto por David Villar

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable/Imprescindible 

El desconcierto es levantarse un día y que te digan que tienes cáncer. Sentir tu cuerpo como un enemigo, como un adversario, como algo ajeno a la persona que eras hasta ahora. “La enfermedad te transforma el yo, y de repente eres un yo que no conoces. Ahí está el desconcierto. Este libro trata de poner orden en ese caos", en las propias palabras de la autora.

Pero que nadie se equivoque, no estamos ante un libro de autoayuda. Begoña Huertas rehúye lo panfletario y no ofrece un texto amable, redentor, de superación. No es eso. Este es un libro sobre la enfermedad, sobre lo jodido que es estar enfermo, sentirse enfermo, saberse enfermo.

¿Es “El desconcierto”, entonces, un testimonio? Tampoco, o no sólo es eso. Este libro —novela, me atrevería a llamarla— ejerce de diario, sí, pero también de brillante monólogo interior, de expurgo de demonios, de metaliteratura.

Porque es sobrecogedor ver cómo Begoña Huertas, escritora, intenta encontrar refugio en las palabras. Y no lo halla. Y se lamenta de que tantos escritores enfermos (Proust, Baudelaire, Dostoievski,...) apenas pasaron por encima de su enfermedad, como si esta les avergonzara o les empequeñeciera, como si consideraran algo indigno escribir sobre ella. 

Hasta que un buen día llega a sus manos “La muerte de Iván Ilich”, de Tolstoi, y ahí, agazapadas, están las palabras que la autora demandaba de la literatura universal. En sus páginas encuentra Begoña Huertas el asidero literario al que aferrarse, ¡al fin!, y la reivindica como la gran novela universal sobre la enfermedad (para el que esto escribe, “La muerte de Iván Ilich” también es la gran novela universal... sobre la muerte, sobre el hecho de morirse; ojo al matiz). La apología que desde “El desconcierto” se hace de esa obra de Tolstoi es vehemente, elevadora, necesaria. 

Como también lo es cuando Begoña Huertas nos invita a detenernos en las obras póstumas de David Bowie y Leonard Cohen, y ver el distinto tratamiento que ambos músicos tuvieron ante el adiós. ¡Uauh!, los pelos como escarpias. Un ejercicio melómano apasionante para quien quiera reflexionar un rato sobre la muerte (o no pueda dejar de hacerlo) y desee ponerle banda sonora a esa reflexión. Aviso para navegantes: duele.

Y todo este testimonio-diario-musical-metaliterario (“El desconcierto” es en verdad inclasificable) lo hace sin una concesión a la pazguatería: Begoña Huertas no quiere que la consideremos una heroína, ni reparte lecciones sobre ser fuerte, ni gazmoños consejos bucaycoelhianos. Lo que cuenta es tan efectivo que no necesita ser efectista. Es más, da la sensación de estar ante un texto tan sincero, tan directo, que la autora lo escribiera para ella y para nadie más. Escribir para volver a reconocerse, para volver a ser Yo.

Por todo, libro que no puedo dejar de recomendar. Hacen falta agallas para adentrarse en él, pero la considero de lejos la mejor lectura en lo que llevo de 2018. ¡Y aplaudo sobre todo el ataque que hace al mal llamado “pensamiento positivo”! La ensayista Barbara Ehrenreich lo tenía claro: "El pensamiento positivo es en realidad un brillante método de control social, ya que anima a la gente a pensar que no hay nada malo en el sistema (la economía, la contaminación ambiental), y que lo que está mal tiene que ver con usted, con la actitud personal de cada uno".

Combatamos esta gran mentira postmoderna del positivismo por el positivismo. Y aprendamos a leer/escribir sobre temas incómodos como la enfermedad, la decrepitud, la muerte.

Begoña Huertas lo ha hecho. Y ahí reside la Literatura.

miércoles, 4 de agosto de 2021

Alicia Schrödinger: Quiénes son y qué sienten las plantas carnívoras

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2020

Valoración: Se deja leer


Pero también podría valorarse como Decepcionante, o al menos Flojo, si esa categoría existiese en nuestro baremo. Lo de Decepcionante, básicamente porque es un concepto que viene en línea recta de la comparación con unas expectativas previas, justificadas o no, y las mías venían determinadas por varios elementos favorables:

  • Por supuesto, el título, fascinante, bellísimo, enigmático, sugerente, con un punto provocativo, un lejano eco a Baudelaire. Buf, lo que hace un buen título
  • El personaje de la autora, primeriza en literatura, por lo visto procedente de la ciencia y, claro, con ese apellido que de inmediato nos hace pensar en el creador de la famosa paradoja del gato. De ahí no podía venir nada sin al menos un cierto grado de interés
  • Mejor aún: prólogo de Menchu Gutiérrez, la autora de mi admiradísimo La niebla, tres veces, garantía de que aquí hay algo bueno.

Bueno, y hasta la cubierta es bonita, es verdad. Dentro, más de cuarenta microrrelatos que, como ya he comentado aquí alguna vez, es un formato que me parece arriesgado, que puede arrojar un resultado brillante pero también lleva encima el riesgo de resultar inane. Hummm.

Por empezar por alguna parte hay que decir que el repertorio de materias tiene toda la amplitud de las cuatro decenas de relatos, desde un amor a primera vista hasta un ritual de harakiri, un misterioso libro de sabiduría de un pueblo perdido, las reflexiones de un teléfono (sic) o, claro está, los sentimientos de esas plantas carnívoras que lucen en el título. No cabe más dispersión de temas, lo que habla bien de la creatividad de la autora, al menos para imaginar cosas casi siempre un poco disparatadas.

El estilo es casi tan flexible como la temática: preferentemente limpio, con alguna tendencia al preciosismo, pero procurando adaptarse a lo que se cuenta, adquiere suaves tintes a veces  arcaizantes, otras veces románticos o lejanamente científicos. Pero lo que domina por completo es el humor, ese humor infrarrojo que reza en el subtítulo (un concepto que tampoco entiendo bien) y que impregna cada uno de los relatos, en ocasiones a través de cierto tono irónico, y las más articulando el argumento hacia algo parecido a la fábula o directamente hacia el absurdo. 

Todo esto, visto así, variedad de temas, habilidad para manejar una prosa eficaz y buenas dosis de humor, tendría bastante buena pinta, pero cuando se empiezan a pasar páginas algo ocurre, y el libro, un relato tras otro, se nos va desmoronando. Y es que el mundo del microrrelato se parece bastante a caminar sobre una cuerda: o sea hace muy bien, casi perfecto, o la aventura acaba de mala manera. Ya lo hemos comentado en alguna ocasión, se trabaja sobre muy poco espacio (en el caso de este libro, tres o cuatro páginas como mucho) y todo debe estar medido y dosificado con exactitud para que funcione: un argumento que atrape desde la primera línea, un desarrollo que no pierda vigor y conduzca hacia el final deseado, un desenlace poderoso, no necesariamente pirotécnico, que cierre el círculo narrativo. Una narración comprimida, o un simple pasaje, que deje al lector estupefacto, o inmerso en una atmósfera de que la no desea salir, o aturdido por una experiencia especial.

Esto es algo que en mi opinión muy pocos consiguen, casi siempre el especial talento de Monterroso, con frecuencia genios como Borges o Cortázar cuando se internan en este campo, y de vez en cuando, esporádicamente, algunos otros autores cuando consiguen dar con la tecla. Pero salvo esos casos contados (e insisto en que es una opinión muy personal, que habrá quien corra a rebatir) el microrrelato se convierte en algo de poca sustancia, un sucedáneo para quien no alcanza a edificar una narración más compleja ni domina los secretos de la poesía, un contenedor de ocurrencias más o menos afortunadas, expresadas con mayor o menor habilidad.

Exactamente es lo que le ocurre al libro de Schrödinger, que muestra imaginación, sí, también cierta habilidad para narrar, y esa saludable corriente de humor que recorre las páginas. Pero todo eso no parece suficiente para seducir al lector, para emocionar o sorprender más allá del chiste más o menos inteligente. Hasta me parece detectar tibieza en los elogios que, como no podía ser de otra manera, le dedica Menchu Gutiérrez en el prólogo y que se repiten, como es también inevitable, en contracubierta y citas publicitarias de la editorial. Lógicamente, algunos de los cuentos tienen un nivel algo mayor, pero en general se quedan en algo bienintencionado, pulcro y amable, tal vez con una chispa de crítica asomando de vez en cuando, pero claramente insuficiente para valorar el conjunto de forma más generosa.

Quizá el momento más interesante del libro lo encontramos cuando la autora se libra del difícil corsé que marca el formato y se extiende algo más en Cuatro momentos cruciales en la vida de una mujer. Con algo más de desarrollo y un bien manejado juego de puntos de vista, parece sugerir que Schrödinger podría dar más de sí apuntando a algo más grande. Podría ser interesante ver hasta dónde llegaría, pero a mí me costará un poco darle la oportunidad.

lunes, 13 de septiembre de 2021

Philippe Villiers de l´Isle Adam: Vox populi y otros cuentos crueles

Idioma original: francés

Título original: Contes crueles

Año de publicación: 1883

Valoración: Está bien


Hubo en efecto un Philippe Villiers de l´Isle-Adam, que fue Gran Maestre de la Orden de los Hospitalarios, tras haber resistido el famoso sitio de Rodas impuesto por Suleimán, y que murió en Malta, no sin haber dejado para la Historia la curiosa figura del halcón maltés (hablamos siempre siglo XVI), etc. etc. No dejaba de sorprenderme que semejante personaje hubiera podido escribir unos relatos bajo el título de Cuentos crueles pero, claro, solo se trata de una confusión: el autor, casi homónimo porque añade el nombre de Auguste (por el que es algo más conocido), es sin duda pariente-descendiente del viejo cruzado, pero vivió dos siglos más tarde, en el entorno parisino de los Baudelaire, Gautier, Laconte de Lisle o Mallarmé, ahí es nada. Y eso sí que cuadraba mejor con cierto tipo de literatura.

¿Cuál? Pues en el caso que nos trae, unos relatos de apariencia algo oscura, tal vez (por la cronología del autor) con cierta influencia del simbolismo, puede que con tendencia hacia la excentricidad. Algo que parece más o menos prometedor, aunque la breve semblanza con que se inicia el libro nos indica que nuestro Auguste fracasó repetidamente en su desempeño literario, dedicado sobre todo al teatro, donde esperaba obtener ingresos para reflotar la economía de una familia profundamente enraizada en la nobleza (creo que era conde) pero al perecer arruinada por el padre con contumacia digna de una mejor causa. 

La desazón de nuestro autor queda muy de manifiesto en el relato (por llamarlo de alguna manera) más largo de los cinco que únicamente componen el libro: La máquina de gloria S.G.D.G. podría muy bien ser un amplio artículo de fondo en un periódico conteniendo una crítica feroz a la creación de éxitos artificiales en los teatros, algo parecido, aunque algo más burdo, a la actual manipulación por la propaganda y los medios de comunicación. Villiers se centra en la claque, ese grupito de espectadores aleccionados (y probablemente pagados) para arrastrar al público en la dirección deseada, generalmente al triunfo ruidoso de una obra. El texto se hace algo largo, aunque tiene cierta gracia en la invención de máquinas aplaudidoras y disparates parecidos, en una época muy dada a imaginar ingenios mecánicos para cualquier cosa, pero también resulta algo triste porque deja ver el fondo de negra frustración que mueve al autor.

El cuento que da título al volumen, Vox populi, resulta algo sorprendente, centrado en un lisiado que pide limosna a la puerta de Nôtre Dame. Es un texto de claro aspecto metafórico, bien construido, en el que el pobre hombre va sobreviviendo a sucesivos y muy dispares regímenes políticos sin que su patética situación cambie lo más mínimo.

El ritmo sincopado, marcado por un leitmotiv, es un recurso que también está presente en Virginia y Pablo, que igualmente muestra cierta carga irónica y crítica, aunque con apariencia algo más superficial que el anterior. Y La cartelera celeste es otro ejercicio de imaginación en la línea de La máquina de gloria, aunque más irrelevante. 

Poquita cosa por tanto, si no se hubiera incluido el último de los relatos, El convidado de las últimas fiestas, en mi opinión el mejor con diferencia. De nuevo en el teatro (o en un concierto, no sé bien), un par de caballeros conocen a tres bellísimas damas. Hay cierto galanteo, máscaras, lujosas vestimentas, el dulce de la vida en una noche para recordar. Un poco por casualidad invitan a un desconocido a unirse al plan, y la fiesta continúa después en casa de una de las jóvenes. Estamos en un grupito de buena posición social, todo es juego y diversión, tan excitante que empieza a parecer demasiado perfecto, y por ahí asoman medios secretos relacionados con las atractivas mujeres. Y el sexto componente, claro, aunque irreprochable en todos los aspectos, por alguna razón suscita cierta inquietud.

El relato está muy bien montado como historia de suspense, sabemos o suponemos que algo va a pasar y la tensión está manejada con buena mano, diluyéndose a ratos, trasladándose de unos personajes a otros, asociada a diferentes momentos de la narración. Hay elementos insólitos, como con frecuencia exige este tipo de cuento corto, es decir, tiene casi todos los ingredientes para formar un texto muy notable, y solo le faltaría redondear el desenlace con algo más de potencia.

De manera que este último relato justificaría por sí solo la lectura del libro completo (por lo demás, bastante cortito), quedándonos la duda de si la selección de los títulos incluidos (los Cuentos crueles son un volumen más extenso) se hizo con un criterio razonable, porque tengo la sospecha de que nuestro autor habrá escrito cosas de mayor nivel que buena parte de las contenidas aquí. Y de paso puede que todo esto sirva de alguna manera como pequeño homenaje a este Auguste Philippe, cuya vida literaria y personal fue por lo visto bastante ingrata, y que desde luego no creo que hubiese imaginado que alguien, casi siglo y medio después, se acordase de él en un blog de internet. Y sin necesidad de máquinas aplaudidoras.


viernes, 4 de marzo de 2022

Ilustres Olvidados #5: Los raros de Rubén Darío

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1896-1905-1920
Valoración: Bastante recomendable

Doble "rescate" en el día de hoy: país y autor. ¡Porque esta es la primera reseña (después de casi 4800 reseñas) dedicada a un autor nicaragüense! Y, como no podía ser de otra manera, el autor rescatado es el mayor exponente de las letras "nicas": Félix Rubén Gómez García Sarmiento (AKA Rubén Darío).

Pero ya puestos... ¿por qué no reseñar "Azul", "Cantos de vida y esperanza" o "Prosas profanas? Bueno, uno es un intelectual pero me sigue dando reparo reseñar poesía y, además, "Los raros" es lo único que tenía a mano de la obra dariana. Más aun: después de la lectura de "Los raros", puedo afirmar que en él se recoge buena parte de la concepción estética de Rubén Darío, así que su elección queda más que justificada.

Sigamos. Para una breve explicación de lo que encontramos en "Los raros", acudimos al Diccionario de la RAE, que define el término "raro" como "que se comporta de un modo inhabitual", " extraordinario, poco común o frecuente", "escaso en su clase o especie", "insigne, sobresaliente o excelente en su línea" o "extravagante de genio o de comportamiento y propenso a singularizarse". Así, el libro recoge un catálogo de autores que de una u otra forma encajan en alguna de las anteriores definiciones, siguiendo la tradición decimonónica del interés por artistas marginales, excéntricos u olvidados, aunque vinculándolos por parte del autor a una sensibilidad excepcional o singular.

21 semblanzas (y un breve prólogo) con un marcado carácter "francófilo o afrancesado" (aunque también aparecen Poe, José Martí o Ibsen, por citar algún no francés), "machirulo-varonil" (solo una mujer entre los 21 retratados) y con una indudable querencia por la literatura de la segunda mitad del XIX y sus diferentes "ismos" (siendo la única excepción, además del propio Poe, el místico italiano del siglo XIII-XIV Fra Domenico Cavalca). Especialmente alargadas son las sombra de nombres como Baudelaire, Mallarmé, Hugo o Verlaine y de una ciudad, Paris, semejante a la reina ardiente y cruel de la historia, que da a gozar de su belleza a sus amantes y en seguida los hace arrojar en la sombra y en la muerte.

El tono general de los textos es laudatorio, excepción hecha del capítulo dedicado al médico y azote de los diferentes vanguardistas Max Nordau, y en ellos Darío mezcla, utilizando una prosa marcadamente lírica, lo descriptivo, lo evocativo y lo histórico para trazar breves semblanzas que van desde la meramente físico hasta algo más cercano a la reseña literaria (y no esto que estáis leyendo). Todo ello para dar forma a un volumen que puede ser leído como ensayo histórico, guía de lectura o tratado estético más centrado en describir principios que en elaborar manifiestos. 

Ese creo que es el principal interés y el principal valor de "Los raros": ofrecer un cuadro bastante completo de los movimientos que marcaron la obra del propio Darío y la literatura de fines del XIX y principios del XX, haciéndolo además de una forma que, pese a la abundancia de citas y referencias, resulta relativamente asequible para un lector medio gracias a una mirada más humana que teórica. 

jueves, 26 de mayo de 2016

Stéphane Mallarmé: Cuentos indios

Idioma original: francés
Título original: Contes indiens
Traducción: Xavier Aleixandre
Año de publicación: 1.927
Valoración: Recomendable

Novedades editoriales, polémicas sobre la transgresión, candidatos al Nobel (in)justamente preteridos, escritores malditos, generaciones nocilla. Todo va muy deprisa, miramos al futuro como algo que nos va a atropellar a poco que nos despistemos. Pero, oiga, no me dirán que a veces no es necesaria una pausa, tomar un poco de distancia y ver lo que algunos crearon en tiempos que parecen tan lejanos, algunas cosas que se han olvidado, o casi.

Situémonos en las últimas décadas del siglo XIX. Empieza a brotar una efervescencia creativa que tiene –cómo no- en París uno de sus principales polos. Ahí se gestan diversos movimientos literarios deudores de Baudelaire, que se irían ramificando y formando nuevos ‘ismos’ que buscan siempre ir más allá, mientras se enriquecen (desde un punto de vista artístico, claro), a la vez que se enfrentan entre sí. Simultáneamente, asistimos a la irrupción del impresionismo en las artes plásticas, y ahí tenemos un hervidero de creadores y artistas alimentando las vanguardias que estallarían a principios del siglo siguiente.

Stéphane Mallarmé fue uno de los animadores de ese mundillo cultural, y se dedicaba a lo que era habitual: aparte de escribir sus poemas, organizar tertulias, participar en revistas, discutir, elucubrar, inventar. Don Stéphane era fundamentalmente poeta, y en esa tarea se esmeró en intentar superar las fórmulas conocidas, llegar a los conceptos a través de la forma, navegando entre aquello de la ‘poesía pura’ y el impresionismo aplicado a la literatura.

Parece ser que este señor, en una velada en casa de una amiga, descubrió un libro que contenía viejos relatos indios (de la India), y se decidió a reescribirlos utilizando sus propios recursos estilísticos. No deja de chocar un poco que un parnasiano se dedicase a algo tan romántico como recuperar cuentos orientales; pero bueno, quizá es que Mallarmé había ya abandonado los viejos postulados, o simplemente demostró ser más versátil que dogmático.  

Los cuentos que se incluyen en el volumen son todos ellos de temática galante, ya se sabe: príncipes y/o princesas rendidos a la locura del amor, obligados a vencer prohibiciones imposibles dispuestas por dioses o reyes inclementes. Y al final, claro está, la astucia o la magia derrotan a las viejas leyes y al mal que se interpone en su camino. Vamos, argumentos y desarrollo que no desentonarían para nada con los de Las mil y una noches, que reseñamos aquí hace una temporada.

Pero por supuesto un tipo como Mallarmé no se iba a quedar en narrar estas historias de una forma convencional. Así que despliega sus recursos para transformar  los sencillos cuentos en algo mucho más potente: la sintaxis salta por los aires, los recursos retóricos se multiplican y, vemos cómo, por ejemplo, los verbos son zarandeados sin compasión, cambiando de un tiempo a otro, o simplemente desaparecen. Los relatos se llenan de matices y los personajes adquieren una relevancia que a buen seguro no tenían, y de esta forma, el ritmo quebradizo y la pincelada impresionista dotan a estas pequeñas historias de una belleza fascinante. Y lo que en principio sólo nos dejaría un suave sensación de misterios antiguos y perfume asiático, acaba empujándonos a releer cada frase para saborear las audacias estilísticas del autor, hasta que el concepto de 'prosa poética' cobra todo su sentido. 

No negaré que la lectura requerirá un pequeño esfuerzo, en especial en las primeras páginas. Pero una vez sumergidos en la cadencia a que nos invita Mallarmé, la recompensa llega con rapidez, y disfrutamos de un ejercicio apasionante en la fusión de ese mundo mágico con las musas decimonónicas de una generación inigualable. De verdad que no nos arrepentiremos si dedicamos un rato a estos Cuentos indios: a buen será una experiencia literaria muy diferente a las habituales.

sábado, 26 de agosto de 2023

Ion Minulescu: La casa de las ventanas de color naranja

Idioma original: Rumano
Traducción: Joaquín Garrigós
Año de publicación del volumen: 2022
Valoración: Recomendable

La casa de las ventanas de color naranja compila siete de los mejores relatos fantásticos del rumano Ion Minulescu, originalmente publicados entre 1908 y 1930. 

Aunque todos me han parecido sumamente eficaces, hay algunos, como "La corbata blanca" o "El hombre del corazón de oro", bastante formulaicos. El primero es un cuento de fantasmas canónico; el segundo, una historia tan conmovedora como previsible sobre un condenado a la inmortalidad.

Más originales y heterodoxas son, a mi juicio, la ficción que da nombre a la recopilación, "En el jardín de mi amigo", "La confesión de un desarraigado" o "De charla con el Maligno".

"La casa de las ventanas de color naranja" va de un presunto inglés que se muda a un barrio rumano. Me han encantado su toque gótico, los temas barajados (el miedo al cambio, la desconfianza a lo extranjero, las jerarquías vecinales...) y la lograda imagen de esas «hojas rojizas que se incrustaban en la tierra plateada como manchas de sangre coagulada...» (16)

"En el jardín de mi amigo" trata sobre un hombre que conoce a otro sumamente excéntrico. No desvelaré el final, pero sabed que me ha maravillado, al igual que los diálogos que mantienen los personajes o ciertas reflexiones en torno a la relación entre rareza y locura.

"La confesión de un desarraigado" reúne a dos viejos amigos cuyos caminos se bifurcaron en la infancia. Uno de ellos manifiesta que desearía suicidarse, y la atmósfera y tensión que ello provoca se espesa paulatinamente.

"De charla con el Maligno" sigue a un par de escritores y sus charlas con un misterioso contrabandista. Subvierte magistralmente ese subgénero costituido por apariciones y pactos con figuras mefistofélicas; a eso hay que añadir que su ambientación histórica, la antesala de la Primera Guerra Mundial, se exprime al máximo.

Por otra parte, también quiero reivindicar "Máscaras de bronce y farolillos de porcelana", un interesante aunque irregular retrato psicológico abordado desde el manuscrito encontrado. Presenta a un protagonista cuya caracterización es magnética, amén de pasajes introspectivos geniales. Como muestra de esto último, dejad que os copie un párrafo: «El cementerio parecía en verdad triste. Es cierto que no lo había visto nunca antes, pero en aquella ocasión me parecía más triste que de costumbre. El alma de la tarde (...) penetraba en lo más hondo de mi fatigado cuerpo como algo extraño, suave y perezoso, como la poesía de la tristeza sin motivo o como el estribillo lejano de una felicidad olvidada ante la cual el recuerdo aún se inclina, de vez en cuando, con la reverencia de un cortesano desprovisto de amor propio. Por un momento, olvidé incluso dónde me hallaba y me fui con el pensamiento lejos, muy lejos, hasta el profundo Oriente, a esos maravillosos países de los cuentos y sueños azules, a esos países embalsamados con el perfume de las flores y plantas aromáticas, a esos países que son los primeros en ver salir el sol...» (61)

A la mentada originalidad y heterodoxia de estos relatos hay que sumar dos virtudes adicionales. Primero, la erudición que desprenden, reflejada en su gusto por el simbolismo, en declamaciones de versos, en citaciones de Baudelaire, Mirbeau y otros decadentes franceses, o en la admiración de Minulescu por Gaspar de la Nuit

Segundo, la incuestionable sensibilidad de la pluma del autor, cuyas descripciones exhiben una plasticidad extraordinaria. Como muestra, un botón: «La neblina borrosa de la madrugada tiembla como una gota de leche que cae a un vaso de agua. En lontananza, las luces de los otros barcos anclados en la rada se apagan una tras otra. Comienza a distinguirse el color del mar y los rumores confusos de quienes se despiertan bullen como oraciones mañaneras en el oído de los que no se han acostado todavía.» (107)

Resumiendo: La casa de las ventanas de color naranja es una antología muy recomendable, especialmente para los amantes de la literatura fantástica. Además, sirve como puerta de acceso a la fascinante narrativa de Minulescu. Así que, si os llama la atención, haceos con ella; y no hagáis caso al autor cuando sugiere que para que os guste debéis leerla de noche, porque estas historias maravillan o estremecen, según se tercie, incluso a plena luz del día.

domingo, 20 de febrero de 2022

Julian Barnes: El hombre de la bata roja

Idioma original: inglés

Título original: The Man on the Red Coat

Año de publicación: 2019

Traducción: Jaime Zulaika

Valoración: recomendable

Conocida es la francofilia del británico Julian Barnes y también que en más de uno de sus libros se ha dedicado a explorar la idiosincrasia de su propio país y sus relaciones con sus vecino del otro lado de Canal. Vuelve a hacerlo en este libro, en cierto modo, a partir de una anécdota histórica: el viaje a Inglaterra que llevaron a cabo en 1885 tres franceses de renombre en la bonne société de la época, con el objeto de adquirir en Londres telas, trajes y otros objetos de buen gusto... Los susodichos caballeros eran el príncipe de Polignac, el conde de Montesquiou-Fézenac y el doctor Samuel Pozzi, quien resulta ser el "hombre de la bata roja" que da título e ilustra la cubierta del libro, pues fue retratado de esta guisa por el pintor norteamericano John Singer Sargent.

La anécdota del viaje, en todo caso, no es sino una excusa para departir acerca de estos tres personajes y, sobre todo, de la sociedad en la que les tocó en suerte vivir: la Belle Époque, como en Francia se conoce a los años de paz transcurridos entre la guerra franco-prusiana de 1870 y la I Guerra Mundial. Una época de apogeo colonialista y lucha de clases, pero también de esplendor de las artes y avance científico. Barnes hace un seguimiento de los tres personajes a lo largo de esos años; un poco menos, empero, al príncipe de Polignac, compositor musical, además de aristócrata (arruinado) que acabó casándose en un mariage blanc, pero muy bien avenido, con la heredera de las máquinas de coser Singer. Los otros dos personajes le resultan más interesantes: el conde de Montesquiou, poeta y, sobre todo, dandy -de hecho, se le puede considerar como epítome del dandismo, fenómeno o tendencia alrededor de la que también gira, en buena medida, este libro- y que acabó consagrado para la posteridad y, sobre todo, en su época, como el poco disimulado inspirador de varios  personajes de ficción: Des Essaintes, protagonista de A contrapelo, de Huysmans; el de Monsieur de Phocas, de Jean Lorrain, el barón de Charlus, de En busca del tiempo perdido de Proust, el pavo (sic) de la obra Chantecler, de Edmond de Rostand -amén del protagonista de sus propias memorias, Les pas effacés, claro-... Más interesante y, sobre todo, simpático, le resulta a Barnes el tercer viajero y, hasta cierto punto, protagonista de este libro, el doctor Samuel Pozzi, prestigioso médico innovador en la ginecología y la cirugía abdominal, coleccionista de arte, hombre de gran éxito social y aún más entre el género femenino -empezando por la famosa actriz Sara Bernhard, que fue su amante y luego amiga durante toda su vida-, ateo de origen hugonote, darwinista, prodreyfusiano, padre y esposo ejempl... bueno, con algunos problemillas familiares. 

Siguiendo a este atractivo personaje, aunque también a los otros dos, ya digo, Barnes va recorriendo diversos temas que afectaban a la sociedad francesa y occidental de aquella Belle Époque: desde el dandismo, el decadentismo o los estetas a los frecuentes duelos que se producían en aquellos tiempos, la homosexualidad y la relación entre Francia e Inglaterra (cómo no); de los avances científicos en el campo de la medicina -cirugía, higienismo, transplantes- o las ideas de Darwin, a la pervivencia del arte, la relación entre retratista y retratado o, en el caso de la literatura, entre los personajes y las personas que los inspiran y su posteridad...

La lista de otras personalidades de las que se habla en el libro y que configuran, entre todas, una amplia panorámica de la época resulta bastante extensa: a los ya citados, hay que añadir otros escritores como son o fueron Henry James, Maupassant, Mallarmé, Oscar Wilde -muy presente en todo el libro, como no podía ser de otra forma-, Baudelaire, Barbey d'Aurevilly, Flaubert, Edmond de Goncourt, Félix Fénéon, Colette, Ford Madox Ford, Conan Doyle, Zola, Léon Daudet (hijo de Alphonse), Léon Bloy; pintores como el ya citado Sargent, Gustave Moreau, Degas, Boldini o Whistler; personalidades de otros ámbitos como los médicos Alexis Carrel o Tourette (sí, el del famoso síndrome), el historiador Maurice Delafosse, etc. Lo más divertido es que los retratos de muchos de estos personajes aparecen en el libro... en la colección de fotografías que venían con las chocolatinas de la confitería Félix Potin, de París, en una especie de parnaso de la época, convenientemente endulzado y chocolateado para los siglos venideros. Quizá sea una forma muy adecuada de recordarlos, qué narices,,, ; )


Otros títulos de Julian Barnes reseñados en Un Libro Al Día: 
aquí

miércoles, 13 de enero de 2021

Colaboración. Amy Lowell: El jardín de Sevenels

Idioma original: inglés. 

Traducción: Marta Porpetta. 

Publicación: 2007. Edición española de Ediciones Torremozas. 87 páginas. 

Valoración: recomendable.  

Are we or Fate the victors? Time which shows / all inner meanings will reveal, but we / shall never know the upshot (¿Somos nosotros los vencedores, o lo es el Destino? El Tiempo, que muestra / el significado oculto de las cosas lo revelará, pero / nunca conoceremos el desenlace).

Hace unos meses, un amigo me remitía el poema In Darkness (En la oscuridad) por un medio un tanto prosaico: Whatsapp. Su autora, Amy Lowell, me era totalmente desconocida.

La antología (bilingüe) El jardín de Sevenels es, seguramente, el único poemario de Amy Lowell traducido al castellano. De la edición destacamos en (muy) positivo la difusión pionera de esta autora a este lado del Atlántico; menos positivos debemos ser con la traducción, que consideramos mejorable -en especial la de algunos pasajes- aun siendo conscientes de la dificultad que entraña esta tarea, especialmente cuando hablamos de poesía.  

Ya hace tiempo que, para valorar un trabajo, la personalidad y las circunstancias del autor apenas me interesan, y ello al margen de debates como si es posible escribir, por ejemplo, Las flores del mal si no se vive, un poco al menos, como Baudelaire. Discutir estas cosas puede ser interesante, pero si hablamos de arte lo sustancial y primero, en mi modesta opinión, debe ser la obra.  

No obstante, en este caso no puedo resistirme a recoger, además de varios apuntes sobre la vida de Lowell, algunos rasgos personales que revelan un fuerte temperamento. Repararemos también en sus aportaciones a la poesía. Para ello sigo esencialmente la introducción al volumen, de Luzmaría Jiménez Faro. 

Amy Lowell nació en 1874 en Brookline, Massachusetts, en el seno de una familia acaudalada y culta que dio políticos, banqueros, clérigos, destacados universitarios e incluso algún célebre astrónomo. Junto a otros poetas, entre los que destaca Ezra Pound, fundó el Imaginismo, un movimiento caracterizado, entre otras notas, por el uso de lenguaje sencillo y del verso libre; la presentación de imágenes que reflejen lo individual; la claridad y la concentración. Parece que la relación personal con Pound -quien la tildaba, entre otras cosas, más de mecenas que de poeta- no acabó demasiado bien.  

En un plano más íntimo, Amy convivió abiertamente con su amante, la actriz Ada Dwyer Russell -a quien dedicó muchos de sus poemas de amor- en “Sevenels”, casa perteneciente a su familia con la que logró hacerse, donde trabajaba de noche y dormía de día. Fumaba habanos constantemente y llegaba tarde (seguramente aposta) a casi todas sus citas. Viajó a Londres con pareja, chófer, doncella y muchos dólares para gastar y difundió en su país determinada poesía francesa del momento, así como poesía china. Nunca fue a la Universidad y obtuvo a título póstumo el premio Pulitzer de poesía.           

Que la Sra. Lowell debió de tener una singular personalidad y mucha confianza en sí misma es algo no difícil de intuir. Parece que vivió y apuró la vida. Y sus versos así lo reflejan. 

El jardín de Sevenels contiene varios poemas soberbios, directos, deslumbrantes (algunos de indudable influencia sáfica): 

“Then I see you / standing under a spire of pale blue larkspur / with a basket of roses in your arm… / … and you smile… / You tell me that the peonies need spraying / that the columbines have overrun all bounds / that the pyrus japonica should be cut back and rounded. / You tell me all these things. / But I look at you, heart of silver, / white heart-flame of polished silver / burning beneath the blue steeples of the larkspur / and I long to kneel instantly at your feet, / while all about us peel the loud, sweet, Te Deums of the Canterbury bells (Madonna of the evening flowers).”    


(De pronto te veo / bajo la azul enramada de espuelas de caballero, / con una cesta de rosas en el brazo… / … y sonríes… / Me dices que las peonías necesitan ser regadas, / que las aguileñas no paran de crecer, / que deberíamos podar y redondear la pieris japonica. / Me dices todas estas cosas. / Pero yo te miro, corazón de plata, / blanca llama del corazón bruñida de plata, / ardiendo bajo las aguas azules de las espuelas de caballero / y deseo postrarme de inmediato a tus pies, / mientras a nuestro alrededor repican los fuertes / y dulces Te Deums / de las campanas de Canterbury -Madonna de las flores vespertinas-). Traducción de FMP basada en la que contiene el volumen.

Lowell se adorna. No se trata sólo de un poema feliz que celebra la Belleza con mayúsculas, el instante y la suerte del amor. De nuevo, en In excelsis

“My throat sings the joy of my eyes… / How has the rainbow fallen upon my heart?... / How have you come to dwell with me / compassing me with the four circles of your mystic lightness… / I do not thank you / I take you / I live…”  

(Mi garganta canta el gozo de mis ojos… / ¿Cómo ha caído el arcoíris sobre mi corazón?... / ¿Cómo has llegado a vivir conmigo, rodeándome / con los cuatro círculos de tu místico fulgor… / No te doy las gracias, / te tomo, / vivo).  

El poemario merece la pena. En un universo -el poético- donde no es fácil encontrar frescura, donde casi todo parece ser un refrito aceitoso de algo ya leído, El jardín de Sevenels nos ofrece más: una serie de poemas bellísimos; otros versos de noble factura dispersos entre los poemas como pequeños brillantes escondidos ("you persuaded the housewife that her dish pan was of silver / and her husband an image of pure gold; convenciste a la esposa de que su caldero era de plata / y su marido una imagen de oro puro" ) un conjunto notable de emociones y, en suma, una poesía que tiene luz. ¿Y qué es para Lowell la Poesía? Belleza creada que no debe intentar enseñar.    

Cierro el poemario y lo dejo entre mis libros con la satisfacción de haber empleado el tiempo en algo que merece la pena. Y aun así, no puedo evitar echar en falta, entre las páginas de esta antología, la belleza silente que recorre cada verso de In Darkness

Colabora: Francisco Marín Paz