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sábado, 22 de abril de 2017

Arthur Conan Doyle: Cuentos de terror

Idioma original: inglés
Título original: Tales of the Unease
Valoración: Recomendable
Año de publicación: como relatos sueltos, en fechas diversas entre 1883 y 1922
Valoración: recomendable

Arthur Conan Doyle es, para la mayor parte de los mortales, sinónimo de Sherlock Holmes: son los relatos sobre su detective excéntrico y brillante los que le han asegurado la fama póstuma. Sin embargo, Conan Doyle era un hombre de muchos intereses y habilidades, y su producción es amplia y variada: poesía de guerra, relatos policiacos, novelas históricas, panfletos, ensayos... Además de todo esto era también, como muchos de sus contemporáneos (incluida la propia reina Victoria de Inglaterra), aficionado al ocultismo y al espiritismo, temas a los que dedicó una buena docena de obras de mayor o menor enjundia. Así que no sorprende que también escribiera una serie de relatos de terror, publicados en diversas revistas a lo largo de casi cuarenta años, y que Penguin ha recopilado, al menos parcialmente, con el título de Tales of Unease (algo así como "cuentos que causan inquietud").

Para el lector de los relatos policiacos de Conan Doyle, y también para el lector habitual de relatos de terror, esta colección contiene algunas sorpresas agradables. Así, por ejemplo, tenemos el relato "El lote 249", que es uno de los primeros, si no el primero, en el que aparece una momia revivida como elemento terrorífico; "La mano marrón", que es un clásico cuento de fantasmas con un título un pelín racista; "El horror de las alturas", que recuerda un poco a Lovecraft aunque sin llegar a desarrollar toda su mitología, o "El terror de la sima de Blue John", que bien podría haber inspirado las películas de la serie The descent.

Algunas de estas historias recurren a trucos bien conocidos del género, como el manuscrito encontrado o el juego de espejos entre terror y locura, y no todos se leen con igual placer (algunas de estas historias, hoy, en el siglo XXI, suenan ya muy sabidas), pero en otras, como en "El fiasco de Los Amigos" hay un sentido del humor irónico que recuerda a los relatos de terror de Ambrose Bierce.

Sin embargo, mis cuentos favoritos de la colección no son precisamente los sobrenaturales, sino aquellos en los que la inquietud proviene de la propia crueldad humana: de los trucos, engaños y torturas que somos capaces de producirnos los unos a los otros por ambición, envidia, celos o avaricia. A este grupo pertenecen "La nueva catacumba" (que quizás es demasiado obvio en su final); "El gato de Brasil", con un ambiente de locura opresiva casi digna de Poe; o mi favorito, "El caso de Lady Sannox", un cuento con un final retorcido que hace que nos preguntemos qué tenía dentro de la cabeza el bueno de Conan Doyle.

En conjunto, esta colección de relatos de terror no desmerece en absoluto a otras colecciones semejantes de autores más asentados en el género. Es cierto que la relevancia mundial de Sherlock Holmes ha eclipsado el resto de la obra de Conan Doyle, y hasta cierto punto es justo, ya que consiguió crear uno de los personajes más icónicos de la literatura universal, de esos que son reconocibles solo con ver su silueta. Pero merece la pena darle una oportunidad a sus otros libros. A veces uno se lleva sorpresas agradables.


También de Arthur Conan Doyle en ULAD: Las aventuras de Sherlock Holmes, La tragedia del Korosko

jueves, 24 de septiembre de 2020

Arthur Conan Doyle: La tragedia del Korosko

Idioma original: Inglés
Título original: A Desert Drama. Being The Tragedy Of The Korosko
Año de publicación: 1897, por entregas
Traducción: E. F. S. Alonso
Valoración: Entre recomendable y está bien




Un grupo de turistas es secuestrado por guerreros árabes durante una excursión por el desierto de Libia. De esta sencilla premisa se sirve Arthur Conan Doyle para escribir La tragedia del Korosko, una novela de aventuras narrada a modo de crónica periodística.

De ella destacaría:

  • Su brevedad. Se lee, literalmente, en una sentada. 
  • Su empaque. Aunque originalmente fue publicada por entregas, su nivel de planificación es muy alto. 
  • Su prosa, concisa y elegante. 
  • Su bien estructurada y adictiva trama.
  • Su mezcla de drama, acción y romance. 
  • Su inmersiva ambientación. Doyle es capaz de sumergirnos en el escenario, hacer que sintamos el asfixiante calor del sol o el frío de las noches, consigue que veamos los bellos colores que presenta el paisaje. 
  • Sus heterogéneos protagonistas. Los pasajeros del Korosko no son excesivamente memorables (a excepción, quizás, de Miss Adams), pero te caen simpático, están bien caracterizados, tienen interacciones interesantes e incluso experimentan cierto desarrollo a lo largo del relato. 
  • Sus audaces contrastes. Estas páginas superponen Occidente con Oriente, lo moderno con lo atávico, la civilización con la barbarie, la dignidad con la mezquindad, la paz con la violencia, la fe armoniosa con el fanatismo más agresivo... 

Por otro lado, querría señalar aquellos aspectos en que la novela no acaba de funcionar, pues no ha envejecido demasiado bien:

  • La atraviesan varios prejuicios raciales y religiosos, amén de sesgos ideológicos, propios de la época y el contexto en que fue concebida. Al inicio de la narración, tenía la impresión de que Doyle iba a parodiar las actitudes colonialistas y evangelizadoras de los países cristianos. Sin embargo, se va posicionando subrepticiamente (o eso me ha parecido a mí) a favor de la ocupación militar británica de Egipto, o de la preponderancia del Cristianismo por encima del Islam. 

Tampoco me convencen algunas de las decisiones argumentales que toma Doyle:

  • Su manejo de la tensión es, visto en retrospectiva, un tanto artificial. Hay alguna que otra muerte en el grupo protagonista, cierto, y sus integrantes sufren lo suyo, pero el desenlace positivo da la impresión de que el autor velaba extradiegéticamente por su seguridad en todo momento. 
  • Me parecen poco verosímiles las reacciones que los turistas tienen, dada su situación. Salvo alguna rencilla aislada, hacen piña, hasta podría decirse que se muestran altruistas y heroicos. Personalmente, no creo en la bondad humana, y menos todavía en que ésta aflore en situaciones límite. 
  • A esto sumamos que los únicos personajes buenos del relato son exclusivamente blancos (al guía de la excursión o algún aliado sorpresa se les retrata como gente que, si actúan con rectitud, es por interés y conveniencia) y queda clara la parcialidad de Doyle.
  • Los antagonistas de su historia son villanos irredimibles. Les podría haber humanizado un poco para que el conflicto no fuera tan maniqueo.
  • El tonillo ejemplarizante que da al texto es, a mi juicio, un desatino.  

En todo caso, es innegable que La tragedia del Korosko es una novela muy entretenida. La recomiendo encarecidamente, pese a sus defectillos. Defectillos que, admitámoslo, en su mayoría se detectan por culpa de nuestra perspectiva histórica, y que estoy seguro que sus lectores decimonónicos apenas percibieron. 

Ah, el propio Doyle convirtió La tragedia del Korosko en una obra de teatro. Además, existen un par de adaptaciones cinematográficas: una película muda de 1923 y otra, esta vez sonora, de 1932.


También de Arthur Conan Doyle en ULAD: Las aventuras de Sherlock Holmes, Cuentos de terror

viernes, 17 de abril de 2009

La literatura policiaca

Una vez una amiga me preguntó: "¿por qué te gusta tanto la novela policiaca?". Bueno, me gusta por varias razones. En primer lugar, porque es fácil de leer, tanto en español como en inglés; no exige mucha concentración, así que es la lectura perfecta para viajes, vacaciones, ratos de descanso. Además, es un género con reglas claras y definidas, que se podrían resumir en: "hay un misterio -generalmente, un crimen-, y una persona debe desentrañarlo". A partir de este planteamiento común, es apasionante observar las variantes, modificaciones y reinvenciones del género, que sigue muy vivo en la actualidad (no hay más que mirar la amplitud de las secciones de novela policiaca en las librerías).

Este es un breve repaso a algunos de los nombres fundamentales del género:

Los clásicos:

1.- Edgar Allan Poe: Aunque se le conoce fundamentamente como autor de cuentos de terror, para muchos es también el inventor del relato policiaco en su forma moderna con "Los crímenes de la Rue Morgue", en que aparece un detective intelectualmente superdotado (Chevalier Auguste Dupin), una habitación cerrada, un cadáver y muchas preguntas sin resolver. Dupin sólo volvió a aparecer en otras dos historias de Poe, "El misterio de Marie Rogêt" y "La carta robada", pero estos tres relatos fueron suficientes para dejar sentadas las bases del género.

2.- Arthur Conan Doyle: Y si se trata de encontrar los modelos fundacionales de la novela policiaca, cómo no referirse a Conan Doyle y su Sherlock Holmes. Desde su primera aparición en Estudio en escarlata hasta su desaparición en 1927 con El archivo de Sherlock Holmes (muerte y resurrección de por medio), Doyle marcó la pauta que luego seguirían muchos otros -hasta llegar a nuestro querido Dr. House. Su detective, dotado de una inteligencia sobrehumana aunque social y personalmente inestable, y su inseparable compañero, el Dr. Watson, se pasearon por 4 novelas y 56 historias cortas antes de desaparecer, dejando establecido el canon del género policiaco.

3.- Agatha Christie: El otro gran nombre del género, Agatha Christie escribió unas 80 obras del género policiaco, entre novelas y libros de relatos, y dio luz a dos detectives distintos pero igualmente memorables: el petulante y sofisticado Hércules Poirot, y la adorable pero terrible anciana Miss Marple. Las novelas de Christie suelen tener un desarrollo lento, largas presentaciones de situación y personajes, antes de que se produzca el crimen en cuestión, y suelen estar llenos de pistas falsas que hacen que el lector sospeche de todos los personajes salvo del propio detective. Algunas de las obras más conocidas de esta autora han sido llevadas al cine o al teatro, como Diez negritos, Muerte en el Nilo o Tres ratones ciegos -adaptada con el título de La ratonera-.

4.- Georges Simenon: Menos conocidos que los anteriores, pero quizás más literario que ellos en su estilo y sus intenciones, el belga Simenon es el creador del comisario Maigret, un detective parisino inteligente -pero no de una manera tan sobrehumana o abrumadora como sus predecesores- y humano, iniciando de alguna manera la tradición del "detective sufriente" que han prolongado varios escritores actuales. Las historias de Maigret suelen ser pausadas, casi estáticas, sin tantos giros sorprendentes o revelaciones cataclísmicas como las de Conan Doyle o Agatha Christie. Esto no quiere decir que sean aburridas, sino que su interés está en otra parte: en la presentación de los personajes y la sociedad que rodean al crimen.

5.- Gastón Leroux: A Leroux le corresponde, se puede decir, el honor de cerrar un subgénero que inició Poe con la Rue Morgue: el del "misterio de la habitación cerrada". El Misterio del Cuarto Amarillo está considerado por muchos como el modelo último y definitivo de este tipo de novela, en el que el crimen se ha cometido en una habitación cerrada a cal y canto, sin salidas posibles, y en la que aparentemente sólo se encontraba la víctima. Después de él se han escrito otras novelas similares -por ejemplo, El hombre vacío de John Dickson Carr-, pero no han logrado superar la complejidad o el ingenio de la de Leroux.

6.- Dashiell Hammett: Por terminar con los clásicos, citemos a Hammett, autor de novelas como Cosecha Roja o El halcón maltés, considerado como el iniciador o el maestro del subgénero del hard-boiled o "novela negra", en el que el detective no alcanza la solución del misterio necesariamente a través de la inteligencia, sino a través de la insistencia, la falta de escrúpulos y también, a veces, la violencia o la suerte. En sus novelas -como en las de Raymond Chandler, creador del detective Phillip Marlowe-, la ley y la moral no siempre van de la mano, y el resolver el crimen no siempre significa salir triunfador...


Los actuales:

1.- P.D. James: Creadora del detective-poeta Adam Dalgliesh, P.D. James podría considerarse como una continuadora de la obra de Agatha Christie, tanto por sus entornos ingleses como su detallada presentación de ambientes y personajes, aunque James quizás tenga un estilo algo más irónico que Christie, lo que hace su lectura más entretenida.

2.- Henning Mankell: El escritor sueco actual más conocido, con permiso de Stieg Larsson, es el creador de Kurt Wallander, un detective solitario, profesional pero un poco amargado. Sus novelas, generalmente muy bien escritas y planeadas (con la excepción de Firewall, que no me gustó nada), cuentan detalladamente todo el proceso policial -investigación, burocracia, interrogatorios...- desde que se produce el crimen hasta que se resuelve.

3.- Andrea Camillieri: Para muchos -entre los que me cuento-, el mejor escritor de novela policiaca contemporáneo. Basado -en el nombre y en su apetito voraz- en el inspector Carvalho de Vázquez Montalván, su inspector Salvo Montalbano, de Vigata, es un hombre inteligente, irónico, epicúreo, independiente y algo decadente, y las novelas de Camillieri están llenas de sentido del humor, de ligereza y de personajes grotescos. ¿Se casará algún día Montalbano con Livia?

4.- Michael Connelly: De los escritores actuales, y quizás por su origen estadounidense, Michael Connelly es el más cercano al género del hardboiled y a los tópicos hollywoodienses de la novela de detectives: su detective, Hieronymus 'Harry' Bosch es un tipo duro -pero con sentimientos-, enfrentado con la burocracia policial y con problemas personales y profesionales, que siempre resuelve los crímenes de una manera heroica y violenta, sin importarle las consecuencias.

5.- John Connolly
: Sus obras suponen, cada vez más a medida que avanza su carrera, la mezcla de dos géneros: el policiaco y el de terror. Comenzó siendo un escritor de novela negra especialmente irónico y atrevido con Todo lo que muere, para ir dando paso a más elementos sobrenaturales. Lo mejor de sus novelas, más que el detective Charlie Parker, torturado por su pasado, son dos personajes secundarios: Angel y Louis, una pareja de asesinos gays que ayudan a Parker cuando este lo necesita. Cuando aparecen en acción, uno sabe que se lo va a pasar bien durante unas cuantas páginas.

6.- Ian Rankin: Escritor escocés, Rankin sitúa sus novelas policiacas en Edimburgo y sus alrededores. Su detective, el Inspector Rebus, se parece un poco al Harry Bosch de Michael Connelly: está al margen de las intrigas políticas de la policía, es independiente, algo violento y tiene un alto sentido de la moral y la responsabilidad. Probablemente no es el mejor de los escritores citados, pero sí es uno de los que más vende, sobre todo en Europa.

¿Me olvido de alguno? Me lo podéis recordar en los comentarios...

viernes, 31 de agosto de 2012

Ellery Queen (y Paul W. Fairman): Estudio de terror (Sherlock Holmes contra Jack el Destripador)

Idioma original: inglés
Título original: A Study in Terror
Año de publicación: 1966
Valoracción: Se deja leer

Reconozco que este es el equivalente literario de un BidMac: comida rápida que no llena pero engaña al estómago. En este caso, no conmueve ni enseña ni cambia el mundo, pero entretiene, que es lo que se le pide.

Además, este es un libro con una historia curiosa: es, en realidad, la novelización de una película del año anterior, A Study in Terror, en la que Sherlock Holmes se enfrenta a Jack el Destripador (una historia que Conan Doyle nunca llegó a escribir, obviamente). Después de la película, Paul W. Fairman se encargó de la novelización de la trama (con algunas modificaciones), y Ellery Queen -que no es una persona, sino dos, los primos Frederick Dannay y Manfred Bennington Lee- de escribir una historia-marco, en la que el detective Ellery Queen recibe el manuscrito del doctor Watson (ojo, no de Conan Doyle sino de Watson: la novela se sitúa en el mismo mundo de ficción que los relatos originales de Sherlock Holmes).

Como digo, no hay que buscar grandes profundidades a la novela: mantiene el suspense con bastante pericia, muestra el típico sentido del humor de Ellery Queen en las partes escritas por Ellery Queen, y en las novelizadas por Paul W. Fairman se imita relativamente bien el estilo y las técnicas de Conan Doyle, incluidas las casi milagrosas deducciones de Sherlock Holmes "marca de la casa", a partir de una mancha casi invisible o de un gesto imperceptible de su interlocutor. Tal vez el detective tenga en esta novela algo más de héroe acción que en los relatos originales, lo que hace pensar que es un término medio en el camino hacia las recientes películas de Sherlock Holmes made in Hollywood.

En fin, que le agradezco al señor (a los señores) Ellery Queen que me entretuvieran durante un viaje de tren de dos horas, y que muy probablemente volveré a comprar otra novela suya en el futuro. Cuando tenga otro viaje de dos horas por delante.

Ahora, vuelvo a Verdes valles, colinas rojas de Ramiro Pinilla, que es la antítesis de esta novela.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Jamyang Norbu: Los años perdidos de Sherlock Holmes


Título original: Sherlock Holmes: The Missing Years
Idioma original: ingles
Año de publicación: 1999
Valoración: Está bien


¿Alguien recuerda a aquel famoso quijote con qué un tal Avellaneda continuó la primera parte de la obra original? Cervantes se enfadó tanto como se burló de él mientras escribía el auténtico segundo libro y desde luego el fraude sólo ha pasado a la historia como anécdota.

En este caso no se trata de un plagio sino de dos homenajes: uno explícito a Sir Arthur Conan Doyle a través de su personaje más conocido y otro implícito al propio Cervantes ya que, además repetir lo que hizo Avellaneda (con mucha más elegancia), utiliza el mismo recurso del manuscrito encontrado para introducir al lector en la acción así como en un ambiente exótico y misterioso en el que el omnipresente humor no altera en absoluto un respeto exquisito por las creencias ajenas.

Norbu aprovecha que el creador de Sherlock Holmes relató su muerte en uno de sus libros y que, cuando se vio obligado a resucitarlo por la presión de sus lectores, el detective, para rellenar una laguna de dos años, confesó a Watson que había estado viajando por el Tibet y había conocido al Gran Lama. Pero esta vez y a pesar de las apariencias (al principio, como no podía ser de otro modo, encuentran un cadáver y es Holmes quien consigue averiguar lo ocurrido) no se trata de un argumento policíaco. Lo que Norbu hace es tejer un entramado de aventuras en el que combina perfectamente el budismo, la reivindicación de la autonomía tibetana frente al dominio chino en la región, la recreación de la figura de Holmes, lo sublime, los enrevesados episodios, los personajes extraordinarios, lo maravilloso, la humilde heroicidad, las tradiciones tibetanas, la espiritualidad y el misticismo, la magia y el misterio, la exhibición de impresionantes escenarios naturales dónde los humanos se ven como figurillas insignificantes perdidas en esa grandeza, la parodia y la comicidad centradas en la figura del protagonista. Pero el tal Hurree Chunder Mookerjee - también presunto autor del manuscrito que un descendiente suyo encuentra en una caja descubierta por un terremoto y entrega diligentemente a Norbu - más que al doctor Watson se parece a Sancho Panza. El autor lo presenta como un indio grueso y bonachón que reverencia a Holmes y que está enamorado del Tibet. Su afición por la etnología constituye una defensa algo irónica del racionalismo, pero tanto la cercanía con que se describe lo sobrenatural como la evolución que finalmente experimenta Holmes – no sólo en sus convicciones sino en su misma naturaleza – emiten un mensaje que da qué pensar.

La admiración por la obra de sir Athur Conan Doyle se manifiesta: en el conocimiento que demuestra Norbu de la trayectoria general de su gran mito literario y, en particular, de varias de las obras del Canon holmesiano – que cita expresamente a pie de página –donde Mookerjee compara conductas y frases del detective con las que aparecen en títulos concretos de Conan Doyle, en la entrega incondicional de éste a su héroe y ahora compañero de fatigas, en la recreación que hace de la psicología y hábitos de Holmes, por sacar a escena al malévolo Moriarty, su eterno rival y asesino frustrado, y por haber creado un sustituto de Watson al resultar imposible que éste le acompañara pues – según sabemos por su creador – el amigo durante esos dos años le creyó muerto.

En algún sitio he leído que se trata de un pastiche, pero esta palabra tiene una connotación despectiva; cuando una mezcla está bien elaborada podemos llamarla engranaje. Yo lo catalogaría como un entretenido libro de acción que no elimina el pensamiento, en el que se exalta tanto lo racional como lo espiritual, los valores orientales y los occidentales. Nada excluye nada es la idea que queda flotando cuando hemos acabado de leerlo.

lunes, 2 de junio de 2014

Julian Barnes: Arthur & George

Título original: Arthur & George
Idioma original: inglés
Traductor: Jaime Zulaika
Año de publicación: 2005
Valoración: Imprescindible

Arthur es un hombre ya en la madurez, deportista, que ha alcanzado un éxito social como no llegó a imaginar en sus años de juventud. George es un joven tímido, educado y metódico, que vive en un pueblo de la campiña inglesa, donde su padre es vicario. Arthur es médico de carrera y ha ejercido como oftalmólogo, aunque la profesión que le ha procurado fama y fortuna es otra muy distinta. George estudia derecho en Birmingham y después trabaja de pasante de un abogado. Arthur está casado, pero enamorado de otra mujer que le corresponde, pero a la que, sin embargo, es incapaz de tocar ni un pelo, por respeto a su esposa. George es soltero y no se le conoce relación con mujer alguna, aunque le gustaría, aunque de una manera un tanto confusa. Arthur fue educado en el catolicismo, pero con el tiempo se interesó en las prácticas espiritistas, en las que ha acabado creyendo firmemente. George es anglicano, la fe en la que su padre el vicario le educó. Arthur es escocés, de familia irlandesa, aunque su figura se ha convertido en el epitome del caballero inglés, o, al menos, británico. George sí que es inglés, de las Midlands, y el no se siente otra cosa; pero muchos de sus vecinos no lo ven así, porque su padre, además de vicario anglicano, es parsi.

Arthur escribe historias: cuentos de terror, relatos de aventuras y, sobre todo, de misterio. Incluso es el creador del detective literario por antonomasia, el arquetipo que definirá todo el género durante años. George ha escrito un libro sobre legislación ferroviaria. Al volver del trabajo, acostumbra a dar solitarios paseos por el campo, al anochecer. Sospechoso de de unos hechos extraños que ocurren en su comarca, es investigado y acusado de cometerlos: acaba dando con sus huesos en prisión. George solicita la ayuda de Arthur y Arthur, cuya nobleza de espíritu e integridad se toman como ejemplo para toda la nación, acepta ayudarle. Arthur, por supuesto, es Arthur Conan Doyle, y George es George Edalji, un joven mestizo que proclamaba su inocencia, sin ser escuchado.

Y Arthur & George es una novela sobre los diferentes caminos que se pueden seguir para ser hombre; sobre la propia identidad y la integración en el mundo que nos ha tocado en suerte. Una novela sobre el extrañamiento que puede producirte ese mundo y sobre lo extraño que le puedes resultar tu a él. Una novela sobre la medida que uno mismo es capaz de dar y sobre la que los demás piensan que eres capaz de dar. Sobre una amistad basada en el reconocimiento del otro, en el respeto y la confianza mutua, más que en el afecto. Una novela sobre Sir Arthur Conan Doyle y sobre George Edalji, el hombre que le pidió ayuda a él y no a Holmes, su criatura, el hijo casi más aborrecido que amado.

Arthur & George es una novela llena de sensibilidad, sutileza e inteligencia, escrita por un Julian Barnes en estado de gracia.

Sencillamente, es una maravilla.

Otros libros de Julian Barnes en Un Libro al Día:Aquí

sábado, 30 de julio de 2016

Semana del best-seller #6: Las aventuras de Sherlock Holmes, de ArthurConan Doyle

Resultado de imagen de las aventuras de sherlock holmesIdioma original: inglés
Título original: The Adventures of Sherlock Holmes
Año de publicación: 1891-92
Valoración: Muy recomendable

Sir Arthur es uno de esos profesionales de la pluma al que te imaginas inclinado sobre la mesa absorto en su labor, debía ser un tipo meticuloso que disfrutaba lo suyo escribiendo. Siempre que leo algo de Holmes –y ya hacía años que no le hincaba el diente– se me aparece la imagen de su creador con una media sonrisa intentando plasmar de la mejor forma posible su última ocurrencia. Supongo que se consideraba atrevido y seguro que en su época lo era. Ahora nos hacen gracia sus remilgos y lo consideramos autor para todos los públicos. Y cuando digo "todos" no me estoy refiriendo solo a los más jóvenes, el gran mérito de Conan Doyle es haber creado un ser asequible y disfrutable, en todas las edades y épocas, para cualquier estrato cultural, social, ideológico y geográfico. De alguien como Holmes, personaje leído y comentado hasta la saciedad –para decirlo todo, más comentado que leído pues la iconografía, la televisión y el cine lo han convertido en el mito que es hoy– está todo dicho y explicado, me limitaré, pues, a recordarlo aquí, como el best-seller indiscutible que sigue siendo después de más de doce décadas y a anotar algo de lo que iba pensando mientras leía Las aventuras. Uno más de la serie y van...
Después de tanto tiempo siguiendo al personaje, empiezo a mezclar los argumentos, a no tener muy claro los libros que he leído ya y los que me faltan. Pero su personalidad, perfectamente definida sin dejar de sorprender de vez en cuando, está impresa en la memoria de todos; no tanto en la de los lectores de entonces, para los que el autor realiza una breve semblanza en la primera página de Escándalo en Bohemia, el relato que abre el volumen:
“Su inteligencia fría, llena de precisión, pero admirablemente equilibrada, era en extremo opuesta a cualquier clase de emociones. Yo le considero como la máquina de razonar y de observar más perfecta que ha conocido el mundo…”
Aún así resulta entrañable. Nos encanta esa actitud displicente que manifiesta ante el mismísimo rey de Bohemia asegurando, mientras bosteza, que tres días son demasiados para resolver su encargo y tendrá que dedicarlos a asuntos “de verdadera importancia”. Esa vanidad no exenta de valentía junto a otros rasgos peculiares que el autor va sembrando relato tras relato consiguen convertirlo en persona.
Pero, aún siendo tan humano, también tiene algo de robot. Los archivos privados y misteriosos que consulta en muchas de estas piezas para averiguar las circunstancias personales de sospechosos y clientes son, en cierto modo, los precursores de internet. Holmes es a la vez el símbolo caricaturizado de nuestra propia curiosidad y el mecanismo que la satisface.
Esa confianza absoluta en la ciencia como remedio de todos los males representa la mentalidad de la época. En Las cinco semillas de naranja –uno de los pocos donde se alude, si bien de pasada, a cuestiones sociales– Watson enumera las especialidades de su amigo:
“En filosofía, astronomía y política le puse a usted cero, lo recuerdo. En botánica, irregular, en geología, profundo (…) en química, excéntrico, en anatomía, asistemático, en literatura, sensacionalista, y en historia de crímenes, único, y además, violinista, boxeador, esgrimista, abogado…”
En definitiva, una sabiduría muy práctica. Hasta a la amistad, alabada a menudo, se la valora por motivos utilitarios, Watson es su amigo porque le ayuda en sus investigaciones. Esa es la razón de que resulte tan verosímil: apenas se idealiza, hasta la proverbial infalibilidad de Holmes puede fallar a veces. En las dos historias mencionadas, en Un caso de identidad y en El dedo pulgar del ingeniero se desvela el misterio pero no es él quien resuelve el caso sino otra persona o las circunstancias.
Tampoco podía faltar lo metaliterario. En algunos relatos se mencionan personajes o hechos de otros y el libro entero es una muñeca rusa repleta de ficciones que se contienen a sí mismas. Incluso, en El misterio de Cooper Beeches, el propio Holmes se convierte en crítico literario de los supuestas crónicas de Watson.
Sherlock Holmes constituye una mínima parte de la extensísima obra de Doyle. No me cabe duda de que tanto éxito se debe, en parte, a la gran sinceridad que transmite: aun no siendo lo más valorado por su autor, esta serie manifiesta su auténtica visión del mundo. Y eso los lectores lo notan.

El famoso investigador interpretado por otros autores: Los años perdidos de Sherlock Holmes

jueves, 6 de marzo de 2014

Biografías lectoras: La lista de la compra

  • Chuches, chocolatinas y pipas Facundo:
Todo Mortadelo (y todo Bruguera), el gran Guillermo el Travieso, auténtico rey de Inglaterra; Los tres investigadores, Verne, Stevenson, Conan Doyle, Las minas del rey Salomón... la felicidad, según Borges.


  • Salsa de tomate y ketchup:
Agatha Christie (sobre todo Miss Marple, la abuelita que nadie quisiera tener), El misterio del cuarto amarillo de Gaston Leroux, Los crímenes de la Rue Morgue de Poe, Chacal de Frederick Forsyth...


  • Carne y pescado:
Vázquez Figueroa (el favorito en las bibliotecas de las cárceles, también), Stanislaw Lem,  La ciudad de los prodigios  (un prodigio, en sí misma), Cien años de soledad, claro... y Un día  en la vida de Iván Denisovich  (no pregunten por qué)...


  • Fruta y verdura:
El diablo sobre las colinas de Pavese, que me pilló en el  momento tonto. Qué hago yo aquí de Chatwin, que me abrió los ojos al mundo; Ficciones, de Borges, que me abrió los ojos a los libros; Los tíos de Sicilia  de Leonardo Sciascia, que me enseñó que la literatura podía tratar no sólo de lo literario; El barón rampante de Italo Calvino, que me enseñó que una novela podía ser perfecta, en fondo, en forma e intención. Y divertida y maravillosa…


  • Vino y licores:
            A partir de aquí y hasta la fecha, barra libre. Y que dure.


viernes, 2 de julio de 2010

Libros para el verano: El misterio del cuarto amarillo, de Gaston Leroux

Idioma original: francés
Título original: Le Mystère de la Chambre Jaune
Fecha de publicación: 1908
Valoración: Recomendable

Cuando tenía once años me dio por leer de forma compulsiva todos los libros de Agatha Christie y Arthur Conan Doyle (uséase, Sherlock Holmes) que pillaba. Resultaba que servidor quería ser detective privado, y pensaba que leyendo a estos autores, estaría preparado para resolver futuros crímenes...Es que daba por hecho que en mi excitante trabajo todas las semanas tendría un asesinato que resolver, ya fuera en mansiones victorianas o viajes en tren, siempre con varios sospechosos y mucho seso requerido para dar con el asesino: qué realista era yo...

Pero lo cierto es que disfruté sobremanera con esta clase de lectura, lo que consideraba toda una proeza tras leerme la colección completa de "Elige tu propia aventura" y "Alfred Hitchcock y los tres investigadores".

Luego llegaron los años, años y más años..., crecí, y bueno, aparte de que me di cuenta de que en este mundo, el de la realidad, ser detective privado consiste, más bien, en perseguir sigilosamente a presuntos infieles o grabar conversaciones compremetedoras con aparatos a años luz de los de James Bond, pasé a otro tipo de lectura y me olvidé de los detectives repollos, los pastelitos de arsénico y los sospechosos interesantes.

Pero la vida es un eterno retorno, y resultó que durante un curso de francés en Niza, para mejorar la comprensión escrita, la profesora nos ofreció unos libros de lectura, entre ellos, El misterio del cuarto amarillo. Y lo elegí porque en cuanto leí la sinopsis en su contraportada, me pareció el más atractivo de todos.

El misterio del cuarto amarillo plantea un misterio que deja de piedra: en el castillo Glandier una joven, la señorita Matilde, hija de un científico llamado Stangerson, sufre un intento de asesinato en su habitación de paredes amarillas. Alguien la lanza al suelo e intenta encajarle un tiro, pero en el forcejeo los disparos se pierden en el aire, y el asesino desaparece mágicamente, ya que ningún habitante del castillo ve salir a nadie del cuarto. Para más inri, el habitáculo tenía su ventana cerrada por dentro. La única pista que encuentran en el cuarto es una pistola que pertenece, maldita sea, al mayordomo de los Stangerson. ¿Qué pasó...?

Para resolver el caso, el padre de Matilde contrata al gran Joseph Rouletabille, un tipo peculiar pero listísimo, mientras que la poli se decanta por Larsan, uno de los investigadores más celebrities de Inglaterra. Así que, el misterio y la rivalidad están servidas: ¿quién y por qué intentó matar a la pobre Matilde y cómo demonios entró en el intrigante cuarto amarillo? Hummm...Lean el libro y lo sabrán... Además, hoy tenemos cine. Hay varias películas sobre el libro...

Y bueno, pues creo que está claro por qué recomiendo esta obra para la estación más pegajosa y ruidosa del año: el tiempo libre y el presunto buen tiempo reclaman una lectura más ágil y emocionante de lo habitual, pero tampoco hace falta dejar en la nevera el cerebro. Rouletabille no les permitirá hacerse los tontos...

Feliz verano. Espero que sean más afortunados que el que firma esta reseña: me esperan tres meses de estío urbano entre los duros muros de un banco...

jueves, 10 de diciembre de 2020

John Verdon: El ángel negro


Idioma original: inglés

Título original: On Harrow Hill

Año de publicación: 2020

Traducción: Santiago del Rey 

Valoración: recomendable, sobre todo para fans del género



Hace algunos años leí las primeras novelas protagonizadas por el ex-policía Dave Gurney y escritas por John Verdon, un director creativo de publicidad en Manhattan (sí, amigos: un verdadero Don Draper ochentero; si os fijáis en la foto de la contracuebierta veréis que aún conserva la prestancia y, sobre todo, el PELAZO) que comenzó su carrera literaria tras retirarse al norte del estado de Nueva York. Lo mismo que su personaje, que tras una exitosa carrera como detective de homicidios en la gran ciudad, se retira a una casita con jardín y gallinas en las montañas Catskills. Aun así, el gusanillo de los crímenes (quiero decir de resolverlos, claro) no deja de picarle y se ve metido como asesor en varios casos de lo más enrevesados, incluso aparentemente fuera de toda lógica, hasta que él consigue desentrañarlos. 

Eso es lo que pasa en esta novela, cuando Gurney se presta a ayudar a un antiguo compañero del NYPD, que ahora ejerce como jefe de policía en Larchfield, una bucólica localidad cercana a su casa, también en el norte del estado. Allí ha sido asesinado en su mansión el hombre más rico, y casi amo y señor del pueblo, algo que desconcierta sobremanera a las fuerzas del orden porque el principal sospechoso del crimen, según todos los indicios, llevaba, cuando se cometió, más de un día metido en un féretro, en la funeraria local, tras haber muerto alcanzado por un rayo , previo a su ceída desde el tejado de una iglesia... Hay que señalar que el punto fuerte de las novelas de Verdon, o almenos las que yo he leído, es su carácter de whodunit o "novelas problema"; casi se podría decir que son una versión contemporánea de las de Conan Doyle o Agatha Christie...de hecho, incluso, o al menos en un principio, en El ángel negro tanto el escenario como los personajes se dirían sacados del subgénero cozy, con un pueblecito pintoresco con sus característicos habitantes... pero que nadie espere un St. Mary's Mead, o, en todo caso, uno al estilo norteamericano de la era Trump: encontramos aquí desde medios de comunicación sensacionalistas a fanáticos religiosos ultraderechistas o adoradores de Satán. Y sobre todo, armas, muchas armas y de todo tipo... 

Gurney tampoco es un detective más o menos excéntrico, tipo Holmes o Poirot, sino un investigador concienzudo y racional hasta el extremo, incluso -o más aún- cuando parece enfrentarse a lo irracional; como persona, resulta un tanto lacónico y hasta aburrido,en cualquier caso nada proclive a la extravagancia, aunque sin dua sería un vecino ideal. Ni siquiera aparece en esta un rasgo que sí lo hacía en sus primeras novelas, que era cierta tensión doméstica con su, por lo demás, adorable esposa Madeleine y que agobiaba baastante a Gurney (y también a este lector que ahora escribe o, cuando menos, resultaba un poco irritante, según recuerdo). Nada que estorbe aquí el seguimiento de la trama, que fluye sin problemas, aunque a través de muchos meandros y zonas pantanosas, hasta la resolución final del misterio, algo en lo que ayuda mucho también la excelente corrección de la escritura de este autor: aun sin andarse con florituras innecesarias, la novela está escrita con una prosa más elaborada que otros best-sellers de este género y no produce en absoluto el sonrojo que provoca el estilo ramplón de algunas de ellas. Verdon, además, es un escritor policíaco sumamente honesto, que proporciona los mismos datos al lector que al detective protagonista, para que podamos "competir con él", por así decirlo... con mayor o menor éxito, claro está.

En fin, que se trata de una lectura bastante entretenida e incluso absorbente para quien le gusten las novelas de misterio. Muy adecuada, además, ya que tampoco exige una atención agotadora, para pasar el rato en estas próximas fiestas navideñas y evitar así de paso, con la excusa de estar enganchado a su trama, tener demasiado trato con suegros, cuñados y demás parentela que solemos tener que ver por estas fechas. Aunque igual este año nos libramos de los cuñados y todo... no hay mal que por bien no venga ;  )

También de John Verdon y reseñado en Un Libro Al Día: Sé lo que estás pensando

viernes, 23 de junio de 2017

Ernest William Hornung: La cámara diabólica

Idioma original: Inglés
Título original: The camera fiend
Traducición: Susana Prieto Mori
Año de publicación: 1911
Valoración: Está bien

Ernest William Hornung fue un prolífico escritor inglés conocido, fundamentalmente, por dos de sus personajes, A.J. Rafflles y Bunny Manders, ligeramente inspirados en los celebérrimos Sherlock Holmes y Watson. Da la casualidad, además, de que Hornung estaba casado con una hermana de Arthur Conan Doyle. Pero tampoco vamos a hablar más de sir Arthur, ni de Watson y Holmes. Bastante tendría el pobre Hornung con aguantarle a su cuñado en los eventos familiares, ¿no?

Mejor hablemos de "La cámara diabólica", una novela negra con ligeros toques de ciencia-ficción. En ella, un informal y optimista, aunque algo despistado, Tony "Pocket" Upton se ve obligado a pasar la noche en las peligrosas calles de Londres. Para su desgracia, se ve involucrado en un asesinato del que todo parece indicar que es culpable.

A partir de ese momento, la novela se desarrolla en dos direcciones. Por un lado, un extraño doctor, gran aficionado a la fotografía y a las ciencias ocultas, "salva" a Upton y le oculta en su casa. Por otro, la familia de Upton, con la colaboración de un detective de extrañas maneras, emprende su búsqueda.

Tenemos, por tanto, un joven un tanto alocado, extraños doctores con bizarras pretensiones, hermosas jóvenes, detectives de métodos dudosos y una familia bien que trata de encontrar a su descarriado vástago.

Todo ello conforma un puzzle que Hornung consigue formar poco a poco, encajando las piezas con precisión y ofreciendo un libro tan británico como el Big Ben o el Palacio de Buckingham. Además, la novela tiene ritmo, se nota el oficio del autor y el desarrollo de la trama es coherente con el desenlace. En cambio, y de ahí en parte la valoración, me da la impresión de que los más de 100 años transcurridos desde su publicación no juegan precisamente a su favor. Pese a todo, creo que se trata de una buena opción para estos días de calor que se avecinan (en algunos sitios ya los sufrimos desde hace días), en los que lecturas ligeras como esta pueden ser interesantes.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Biblio-Necrophiliac Quiz 2018:


¡Feliz día de Todos los Santos y, mañana, día de los Fieles Difuntos a todo el mundo! Sabemos que muchos de nuestros lectores son unos empedernidos necrófi... bibliófilos y, sin duda, más de uno aprovecha sus vacaciones para visitar el Pére Lachaise, la abadía de Westminster o, aunque sea, el cementerio de La Almudena (vale, o La Recoleta), en busca de las tumbas de sus autores favoritos. Bueno, tampoco hace falta ser tan friki: en los suplementos literarios y en los blogs abundan, y más en estas fechas, los reportajes sobre los sepulcros de muchos escritores y escritoras que han honrado a nuestra especie con su presencia y obra (incluso el escritor holandés Cees Nooteboom escribió el libro Tumbas de poetas y pensadores). ¡Veamos si tanta información nos ha aprovechado realizando este rápido y divertido test, nuestro Biblio-Necrophiliac Quiz, sobre las últimas moradas de algunos/as muy insignes literatos/as!


Quien acierte todas las respuestas podrá participar en el sorteo de una fabulosa, aunque escalofriante, velada espiritista a cargo del Profesor Eggbá, sacerdote de la religión yoruba, reconocido sanador de todo tipo de enfermedades, incluidos el SIDA, el ébola, la alopecia y las hemorroides, experto en hechizos de amor, salud y trabajo, y célebre médium, intermediario en la comunicación con los muertos, a voluntad y bajo pedido... (ya sé que tal currículum resulta asombroso, pero si no te fías de un folleto que te dejan en el limpiaparabrisas del coche, ¿de qué te vas a fiar?).

Pues en palabras del, en cambio, inmortal Peter Pan: Here we go! Prohibido, eso sí, consultar la wikipedia o similares; no seáis tramposillos. Ni tramposillas... ; )

1- Venga, una facilita para empezar: ¿En que hermosa localidad mallorquina (perdón por la redundancia) se halla la tumba del escritor Robert Graves (perdón por otra redundancia)?
A/ Palma
B/ Calviá
C/ Deiá
D/ Magaluf

2- ¿Qué dejan sus muchos admiradores, según marca la tradición, en el sepulcro parisino de Oscar Wilde?
A/ Cartas de amor
B/ Besos
C/ Lazos de cintas arco iris
D/ Cajas de ansiolíticos

3- ¿Y sobre la tumba de qué famosa escritora lo que se deja son corazones formados con piedrecitas?
A/ Marguerite Duras
B/ Colette
C/ Barbara Cartland
D/ Patricia Highsmith

4- Ya puestos: ¿junto a la tumba de qué escritor, un pelín dipsómano, una figura misteriosa dejó durante muchos años una botella de coñac, en cada aniversario de su nacimiento?
A/ Edgar Allan Poe
B/ Malcolm Lowry
C/ Charles Bukowski
D/ Ernest Hemingway

5- ¿En la lápida de qué otro exitoso escritor podemos ver grabado un drakkar o barco vikingo?
A/ Stieg Larsson
B/ Michael Crichton
C/ Edison Tesla Marshall
D/ Jorge Luis Borges

6- ¿Qué famoso/a escritor o escritora está enterrado/a en plena naturaleza, al pie de un haya centenaria?
A/ Virginia Woolf
B/ Lev Tólstoi
C/ Isak Dinesen
D/ Bruce Chatwin

7- ¿De qué eximio autor, gloria de las letras de su patria, no estamos por completo seguros de dónde yacen sus restos (o al menos todos sus restos)?
A/ Miguel de Cervantes
B/ Fernando Pessoa
C/ William Shakespeare
D/ Todos ellos

8- ¿Y, en cambio, qué otro poeta, no menos insigne, dispone para su descanso eterno de dos sepulcros, dos (aunque sólo repose en uno de ellos, como es lógico)?
A/ Dante Aligheri
B/ Walt Whitman
C/ Reiner Maria Rilke
D/ Pablo Neruda

9- ¿En la tumba de qué gran escritor del género fantástico podemos contemplar una escultura que representa, precisamente, a ese autor saliendo de su propia tumba, cual walking dead ansioso por merendarse nuestros cerebros?
A/ Jules Verne
B/ H. P. Lovecraft
C/ Bram Stoker
D/ Richard Matheson

10- ¿Junto a la tumba de qué conocido/a autor /a de novelas detectivescas, situada en el no menos célebre Poet's Corner de Westminster, sus seguidores tienen permiso, por su cumpleaños y siempre que vayan vestidos como los personajes de sus novelas, a tomar el té con sandwiches de pepino?
A/ Arthur Conan Doyle
B/ Agatha Christie
C/ Michael Innes
D/ Esto es un INVENT como el Big Ben de grande, porque yo estuve en Londres de viaje con el insti y no recuerdo que ninguno de ésos estuviese enterrado allí...

Y para los obse... eruditos del tema, bonus extra, ya para nota:

11- ¿El cantante de qué mítica banda de heavy-metal intervino recientemente en la inauguración de una nueva lápida en la tumba del poeta, pintor y visionario William Blake, de quien es devoto admirador?
A/ Ozzy Osbourne, de Black Sabbath
B/ Bruce Dickinson, de Iron Maiden
C/ James Hetfield, de Metallica
D/ Jon Bon Jovi, de... vale, olvidémoslo

Las respuestas correctas, después de la preceptiva visita al tío Marcel:



Respuestas lúgubre y aproximadamente correctas: 
1-C/  2-B/  3-A/  4-A/  5-D/  6- C/ 7-D/  8-A/  9-A/  10-D/  11-B/

Valoración de los resultados:
De 1 a 3 aciertos: Reconoced que habéis seguido el mismo método que os sirvió para aprobar (a la cuarta vez) el examen teórico del carnet de conducir: poner las respuestas a boleo. Hala, venga, idos a comer huesos de santo o panellets, que os van a aprovechar más...
De 4 a 7 aciertos: Pscháa... podría estar mejor, sinceramente. Tiene un pase, pero pensad que con un cuatro, ni siquiera aprobaríais una asignatura de la ESO. Ahora bien, sí que podríais liderar un partido político español, así que no todo está perdido.
De 8 a 10 aciertos: ¡Enhorabuena: sois unos auténticos biblionecrófilos/as! Cuando hacéis un viaje lo primero que vais a visitar son las librerías y los cementerios; os gusta disfrutar de la paz de los camposantos leyendo y paseando entre sus tumbas... Vale, tenéis pocos amigos y además os llaman cada vez menos, pero cuando llegue el apocalipsis zombi ya veremos si logran rehuiros, ya... (a no ser que os toque ser zombis de ésos que van despacico, que entonces sí. Sorry).
11 aciertos: ¿Once? ¿En serio? Ejem... ¿No sois un poco raritos/as, eh? Y mirad que de raritos en este blog sabemos bastante. Por favor, dejad de leernos, no sigáis Un Libro Al Día... y si tratáis de contactar con nosotros os denunciaremos por ciberacoso. Hacedle un favor a la sociedad y acudid a un psiquiatra, o a un exorcista o lo que sea.  O mejor no salgáis nunca de casa... aquí tenéis una página web para que os vayáis entreteniendo; os prometo horas y horas de diversión:
https://www.findagrave.com/


domingo, 5 de abril de 2015

Javier Marías: Vidas escritas

Idioma: español
Año de publicación: 1992
Valoración: muy recomendable

No soy demasiado devoto del santoral literario y, aún mucho menos, de la prosa de Javier Marías. No obstante, he de reconocer que este libro suyo en particular me encanta y suelo releer a menudo alguno de sus capítulos. Porque este Vidas escritas está compuesto a base de semblanzas de un buen puñado de escritores, la mayoría célebres representantes del universo de las letras, así como una serie de observaciones hechas a partir de retratos fotográficos, en un apartado llamado "Artistas perfectos". Se trata de artículos que fueron apareciendo, antes de 1992, en las revistas Claves de la Razón Práctica y El Paseante. El libro cuenta además con otro apartado titulado "Mujeres fugitivas", semblanzas de unas cuantas escritoras -algunas no demasiado conocidas, al menos para mí-, que aparecieron en 1993 en la revista Woman.

Estos retratos que hace Marías no tiene mucho que ver con las biografías al uso y menos aún con lo que podemos encontrar en la wikipedia -ay, qué tiempos aquéllos en los que ni siquiera existía internet...-; sí que relata brevemente las circunstancias familiares y natalicias de los retratados y algo de sus carreras literarias, pero, sobre todo, se centra en sus costumbres y manías, algunas anécdotas -ciertas o no- que se cuentan de ellos y ellas y sus enfermedades, así como las circunstancias de su muerte. Son semblanzas amablemente irónicas, en la mayoría de los casos (sólo hay tres retratados por los que el autor, según reconoce en el prólogo, sentía poca simpatía), que nos desvela el lado cotidiano y doméstico, casi banal (aunque es en éstos detalles "banales" en los que a veces reside la clave para entender a las personas) de grandes figuras literarias de las que a menudo no conocemos sino su nombre escrito en la portada de sus libros.

Para quien pueda interesar, la lista de ilustres retratados es la siguiente: Faulkner, Conrad, Isak Dinesen, Joyce, Lampedusa, Henry James, Conan Doyle, Stevenson, Turgueniev, Thomas Mann, Nabokov, Rilke, Lowry, Madame du Deffand, Kipling, Rimbaud, Djuna Barnes, Wilde, Mishima, Laurence Sterne, Lady Stanhope, Vernon Lee, Adah Isaacs Menken, Violet Hunt, Julie de Lespinasse y Emily Brönte.

(Esto, sin tener en cuenta los fotografiados en el capítulo "Artistas perfectos", que van desde Dickens a Poe, pasando por la falsa máscara mortuoria de William Blake).

Mis retratos favoritos, quizás por simpatía, son los dedicados a Malcolm Lowry, Sterne y Lampedusa. Aunque también el que dedica a Yukio Mishima, como ejemplo fehaciente de hasta dónde se puede llegar haciendo el tontaina, a pesar de la brillantez demostrada en el ámbito literario.

Por último, mencionar que Marías volvió a repetir este ejercicio -o parecido- en una recopilación publicada como Miramientos en 1997, en donde retrataba a una serie de autores en lengua española -entre ellos él mismo, me temo- a partir de unas cuantas fotos de cada uno de ellos. El resultado creo que no fue tan brillante, y, en todo caso, menos divertido.