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domingo, 16 de octubre de 2011

Guy de Maupassant: Cuentos fantásticos

Idioma original: francés

Título original de los relatos: Le Horla, Magnétisme, Rêves, La peur, Apparition, La main
Fecha de publicación: a partir de 1882
Valoración: Recomendable

Hace nada una buena amiga me prestó este compendio de relatos fantásticos de Guy de Maupassant que he finiquitado con deleite en apenas dos pedazos de tarde.

Estando como estoy inmersa en la lectura de una de esas magníficas pero largas y muy densas novelas que requieren serenidad, calma y olvidarse de un tiempo de lectura toscamente limitado, he agradecido encantada este pequeño refresco. Y eso que no hablamos precisamente de cuentos cómicos o anecdóticos, no, qué va...

Para quien no lo sepa, el francés Guy de Maupassant fue un autor de finales del siglo diecinueve que siempre será recordado por la valiente y excelente aportación que su obra significó para el género fantástico.

Su vida fue corta y desgraciada. Al heredar de sus padres una enfermedad venérea, acabó sus días entre fuertes dolores y delirios, a la temprana edad de cuarenta y tres años. Pero su talento, gracias a Dios, le sobrevivió en delirantes y exquisitos vehículos como los relatos que contiene el libro que me ha dejado mi amiga.

Son seis los cuentos de Maupassant que contiene esta selección: El Horla, Magnetismo, Sueños, El miedo, Aparición y La mano. Y bueno, para qué negar que sus títulos dicen bastante de su contenido...

Vamos, que el lector de los mismos no se sorprenderá al toparse con historias de vampiros, espectros y diabólicas manos mutiladas.

El que más me ha gustado (y uno de los más celebrados del autor) ha sido El Horla, un angustioso relato narrado en primera persona y a modo de ágill diario que cuenta la angustia de un hombre que comienza a notar que un "ser invisible" que sólo se alimenta de agua y leche está luchando por quedarse con su cuerpo. Una pequeña pieza magistral que se puede encontra en la famosa página de cuentos Ciudad Seva.

Recomiendo pues estos relatos por ser tan amenos y curiosos.

Y bueno, soy de los que piensan que siempre es interesante y grato comprobar cómo escribían y sentían los romántico-góticos deminónicos como Maupassant, y conocer el poético lenguaje y las viscerales reflexiones mediante los cuales mostraban a sus lectores sus dudas existenciales y ese temor ancestral que nos persigue a los hombres desde el inicio de los tiempos: ¿acaso, invisible y paralelo al nuestro, hay un mundo de tinieblas esperándonos y acechándonos en todo momento? Lean y disfruten...

También de Guy de Maupassant en ULAD: El Horla, Bel Ami, Bola de sebo, Un parricida

viernes, 16 de febrero de 2018

Zoom: Bola de sebo, de Guy de Maupassant

Idioma original: francés
Título original: Boule de soif
Año de publicación: 1880
Traducción: Ana Becciu
Valoración: muy recomendable

Aunque no parezca demasiado sugerente, el título de este emblemático relato de Guy de Maupassant -clasicorro donde los haya de las letras francesas- hace referencia al objeto de deseo alrededor del que gira toda la trama: una joven y rolliza prostituta que huye de un Rouen ocupado por las tropas prusianas en una diligencia que comparte con un grupo de probos ciudadanos, eximios representantes de la burguesía, e incluso la nobleza, bienpensante local. 

No voy a contar aquí el argumento con más detalle (por si a alguien le suena la premisa, hay que señalar que sirvió de inspiración a otro célebre clásico, esta vez del cine: La diligencia, de John Ford) para no destripar, a quien no lo conozca, este relato, el cual, por lo demás, avanza con el trote infatigable de un tiro de caballos; sólo comentaré que no es la prostituta quien sale peor parada, precisamente, a ojos del lector ni del propio escritor; bien al contrario, Maupassant muestra una exquisita empatía hacia ella, mientras que es evidente el desprecio que le provocan sus compañeros de viaje, monjas y progre barbudo incluidos.

Por otro lado, quizá sea este el punto más flaco del, en todo caso, excelente relato: que la ironía, por no decir sarcasmo y la crítica contra el establishment burgués de la época, contra su cobardía, mezquindad e hipocresía, son tan evidentes, que tal vez lastren un poco (ojo, sólo un poco) la dinámica de la propia narración.  La cual, en compensación, se ve impulsada por un estilo vigoroso, pero pródigo en detalles  y aún sutilezas, que la lleva en volandas hasta el inevitable (y lo siento por si esto se ve como un SPOILER) y desolador final.

Y aunque no era mi intención al releer esta historia y plantearme su reseña, uno no puede dejar de acordarse del momento que estamos viviendo, cuando cada día nos llegan noticias, revelaciones y comentarios sobre violencia sexual, sobre abusos y acosos a mujeres; nos llegan tantas discusiones sobre lo que resulta sexista y lo que no y por qué o por qué no; tantos ataques epatantes y defensas que provocan sonrojo; tantas opiniones, interesadas o no, tanto ruido de fondo, en suma, que uno lee esta historia que avanza en una diligencia a través de la nieve que cubre Normandía, escrita hace ciento treinta y ocho años, y piensa que Maupassant (que tampoco es que fuera un santo varón de la lucha por la igualdad de género, precisamente), ya nos dijo con suma claridad que lo que importa, al fin y al cabo, lo que debemos respetar antes que nada es el dolor, la humillación, las lágrimas de quien ha sido víctima de violencia, de abuso, de acoso, de vejación... Todo lo demás, no digo que sobre, pero igual tampoco hace tanta falta.



Otros títulos de Guy de Maupassant reseñados en Un Libro Al Día: El Horla, Cuentos fantásticos, Bel Ami, Un parricida

domingo, 20 de junio de 2021

Guy de Maupassant: Un parricida

Idioma original: francés

Título original: Un parricide

Traducción: Esther Benítez

Año de publicación: 1882-1884

Valoración: Está bien


Maupassant es de esos autores, especialmente famosos por sus relatos breves, que casi todo el mundo conoce por aquellos más representativos, aunque cuente con otros textos reseñables (nunca mejor dicho), tanto breves como en formatos más extensos (ver enlaces abajo). En mi caso, me quedé con la honda impresión que en su día me produjo El Horla y a raíz de aquello me decidí a explorar algunos otros cuentos de los que, para variar, no recuerdo nada. Hasta que casi sin querer tropecé con este pequeño volumen, que lleva el título de uno de ellos aunque incluye otros siete relatos que se mueven en una línea similar.

Por situarnos un poco, a este caballero lo colocaríamos en el campo del realismo, tanto por la época como por formación, no en vano fue discípulo del mismísimo Flaubert. Sin embargo, no sé si por su peculiar personalidad (por lo visto no demasiado equilibrada) o por otras influencias, el clima de los relatos que yo conozco, y en particular los de este volumen, tiene un cierto ramalazo romántico: el elemento trágico siempre presente, la oscuridad, cierto halo de misterio, la muerte. Aunque ciertamente las historias que cuenta, al menos en esta ocasión, están lejos de aquellos fenómenos sobrenaturales que entusiasmaban a los románticos. Aquí se habla de aconteceres plenamente humanos, a veces equívocos, otras veces producto de las pasiones o del azar, pero nada que no sea de este mundo.

Hablamos de relatos en los que los celos provocan terribles desgracias, largos años de dolor o de promesas imposibles alteran para siempre el curso de una vida, la venganza toma cuerpo en personas de quien nunca se podría sospechar. Siempre nos encontramos ante sentimientos profundamente humanos que, exacerbados, llevados al extremo, se transforman en comportamientos monstruosos que conducen al crimen o algún tipo de fatalidad. La puesta en escena ayuda también a subrayar esa distorsión: en general se parte de un entorno aséptico, pequeñas historias familiares, cotidianas, en las que nada hace presagiar la tragedia, y ahí se va fraguando el mal, con detalles que van poniendo en guardia al lector, sugiriendo que algo no marcha como debiera.

En alguna ocasión el esquema se altera para mostrar cómo la irracionalidad puede tomar direcciones contrapuestas. En Denis el delirio homicida parte de algo tan vulgar como la codicia, pero se le contrapone (o mejor, se le superpone) cierta complacencia de la víctima que deriva en una extraña forma de sumisión, algo que resulta chocante al leer el relato aunque mucho menos si nos detenemos a pensar en algunas realidades, por ejemplo en el ámbito de la pareja (y perdón si soy demasiado elíptico, pero prefiero eso a la fácil tentación de destripar textos tan breves).

El último de los relatos, Châli, es el más diferente. No sé si es demasiado atrevimiento decirlo, pero vuelvo a ver, aquí con mayor nitidez, la influencia romántica, porque el cuento tiene todo el aspecto de Las mil y una noches, con escenario oriental incluido. Maupassant alarga el texto algo más allá de lo habitual para poner el foco en los excesos de hospitalidad del príncipe hacia el viajero, y hacer después un viraje bastante radical aproximándose a algo que hoy calificaríamos como bastante próximo a la pedofilia, hasta embocar el desenlace final. Digo esto porque la estructura tiene más que ver con una novela corta, diríamos comprimida, y es el texto de mayor desarrollo, además de tener un colorido mucho más rico (y hasta con una curiosísima secuencia que parece calcada de El libro de la selva, que si no me equivoco es posterior). No sé si es por esta vistosidad, pero igual diría que este Châli es tal vez mi favorito, si bien es el menos representativo de todos los cuentos. 

Y todo esto ¿conduce a valorarlo con un Está bien? Pues realmente parece una calificación muy cicatera, y no sabría explicarla del todo. Quizá falta una chispa de genialidad, puede que  esta colección de crímenes necesitase de algo menos de racionalidad y algo más de misterio, el punto de lo inexplicable –no necesariamente fantástico- que nos inquietaba en El Horla. Parece que para Maupassant los actos que brotan de la mente humana sean suficientes para provocar el terror, y seguro que tiene razón. Pero para un texto literario, podría ser que no. O, al menos, es opinable.

Otras obras de Guy de Maupassant en ULAD: Bel-Ami, Cuentos fantásticos, El Horla, Bola de sebo

miércoles, 20 de julio de 2011

Zoom: "El Horla", de Guy de Maupassant


Idioma original: francés
Título original: "Le Horla"
Año de publicación: 1887
Valoración: Muy recomendable

"El Horla" debió ser, probablemente, uno de los primeros relatos fantásticos-terroríficos que leí en mis tiempos mozos, y por eso ocupa un lugar especial en mi memoria lectora-afectiva. Lo compré en una colección de libros minúsculos (costaban 100 pesetas, qué tiempos aquellos) que reunía relatos y novelas breves de escritores clásicos; y me gustó muchísimo más que, por ejemplo, "Bola de sebo", del mismo autor aunque de género muy distinto.

Maupassant, como más tarde hará Lovecraft (en quien, dicen, influyó poderosamente este relato), nos presenta a un protagonista que se enfrenta a la dificultad de narrar lo sobrenatural, lo inverosímil, lo imposible, a sabiendas de que probablemente no será creído; a la angustia de no poder distinguir la realidad del sueño o de la alucinación; de no saber distinguir, finalmente, entre la cordura y la locura. En el caso de "El Horla", este narrador es un señorito de Rouen que se ve acosado por un misterioso ser, invisible pero poderoso, capaz de controlar su voluntad y su cuerpo, convirtiéndolo en su esclavo o en su mascota. Después de varias (infructuosas) huidas y retornos, se ve abocado a un enfrentamiento final con el monstruo en unas últimas escenas memorables.

Desde luego, "El Horla" es una obra propia de su tiempo en varios aspectos: hay en ella una mezcla ingenua y paradójica de cientifismo e irracionalismo, unida a la fascinación, entonces en boga, por el espiritismo, el hipnotismo y el magnetismo, que se consideraban ramas distintas de una misma "ciencia" (recordemos "La verdad sobre el caso del señor Valdemar", de Edgar Allan Poe, publicado cuarenta años antes). También hay en "El Horla" algo de darwinismo no del todo bien digerido, al apuntar a la posibilidad de que el "Horla" (¿del francés hors-lá?) sea una "nueva especie" evolutivamente superior al ser humano, destinada a convertirse en su ama y señora.

Pero en todo caso, Maupassant no cae en este relato en el error (yo lo considero un error, en todo caso) de intentar dar una justificación plenamente racional a los hechos irracionales. Solo caben dos posibilidades, sin que el lector tenga datos suficientes para decantarse por ninguna: o bien el narrador es un loco que se hunde poco a poco en su propia locura; o no lo es, y entonces El Horla existe, y está destinado a dominarnos y convertirse en nuestro Amo de títeres. Y si, en ese caso, no quedaría más remedio que suicidarse...

También de Guy de Maupassant en ULAD: Cuentos fantásticos, Bola de sebo, Bel Ami, Un parricida

domingo, 16 de junio de 2019

Guy de Maupassant: Bel Ami

Bel Ami (los Mejores Clásicos) (ebook) - Maupassant Guy DeIdioma original: francés
Título original: Bel-Ami
Año de publicación: 1885
Valoración: Imprescindible



También lo podriamos calificar como atrapante. Sirviéndose de Duroy –un personaje tan paradigmático que su nombre podría servir de apodo a toda una especie de individuos como un quijote, un donjuán o similares–, Maupassant muestra algunas palancas que han movido el mundo en cualquier época, en particular la ambición movida por la envidia. Si a esto le añadimos una total falta de escrúpulos y unas pocas toneladas de suerte tendremos un Bel Ami de pura raza, un hombre surgido de la nada y elevado al Olimpo por pura casualidad, o casi.
Le rodea toda una galería de personajes igual de convincentes –desde los situados en primer plano hasta los reducidos a un simple esbozo– y un tejido social muy bien dibujado en constante evolución y movimiento. Nuestro protagonista aterriza de repente en un medio que no conoce, pero tiene buenos maestros, sobre todo ellas. La que mejor parada sale es Madeleine, un modelo de mujer talentosa, a quien la sociedad impide ejercer cualquier profesión y tiene que hacerlo en la sombra, a través de un marido mediocre, que es quien pone el nombre y cosecha los éxitos. Está realidad, que debía darse con cierta frecuencia y que nos ha llegado a través de la historia, está expuesta, primero tímidamente a base de insinuaciones, después con toda claridad. Charles sabe aprovechar esas facultades de su mujer y, no conforme con ello, engaña, seduce, abusa y violenta a toda la que se pone en su camino. Un punto de vista que, al tener en cuenta las trabas de todo tipo que encontraban las mujeres de la época, me ha parecido muy moderno. Pero si, en pleno siglo XIX ¡hasta se nos muestra un combate femenino de esgrima!
En su tiempo, Bel Ami generó bastante polémica, ya que su repaso de la situación política durante la Tercera República contiene una gran carga crítica. A hechos históricos concretos (colonialismo en África, corrupción, especulación financiera), a las componendas entre política y prensa, a la hipocresía habitual en determinados ambientes y a algunas convenciones que considera absurdas. Refleja también convicciones propias, como la irrelevancia de la religión, inquietudes, como la idea de muerte, y muestra un gran apego a la naturaleza, que describe como si la estuviese pintando. Ocasionalmente, incluso encontramos rasgos esperpénticos:

“A veces se veía una mano gigantesca que alzaba un tenedor semejante a una horca hacia una boca que se abría como el gaznate de un monstruo, cuando alguien, girándose un poco, presentaba su perfil a la llama amarilla y trémula.”

El argumento no da tregua al lector, pasamos de una situación a otra, cada vez más interesados e intrigados pues el embrollo que se va tejiendo nos mantiene alerta  y va incrementando la tensión hasta la última página. Una novela de corte clásico que se lee fácilmente y consigue enganchar al lector desde el principio. Además, está perfectamente construida, lo que narra continúa vigente a pesar del tiempo transcurrido, rebosa sabiduría y sarcasmo, y encontraremos muchos resortes de la política y el periodismo que pueden explicar nuestro presente.

Traducción: Esther Benitez


Otras obras de Guy de Maupassant: Bola de sebo, El Horla, Cuentos fantásticos, Un parricida



jueves, 21 de noviembre de 2013

Edward Bulwer-Lytton: La casa y el cerebro

Idioma original: inglés
Título original: The Haunters and the Haunted, or The House and the Brain
Traducción de Arturo Agüero Herranz
Año de publicación: 1859
Valoración: recomendable
 
Qué pena no haber conocido esta novela para nuestra serie de terror de hace un par de semanas, porque la verdad es que habría encajado perfectamente, entre El castillo de Otranto y los Mitos de Cthulhu de Lovecraft, por ejemplo. Pertenece, de hecho, a esa tradición tan honorable de la literatura de terror que es el "relato de casa encantada". Y tiene un inconfundible olor a siglo XIX, a Poe, a Maupassant, a los relatos clásicos de fantasmas de un Dickens o de un Ambrose Bierce.

Resumir el argumento es un poco grautito, porque lo hemos visto repetido, con variaciones, en cientos de cuentos, novelas y películas: el narrador se entera de que en el mismo centro de Londres existe una casa encantada en el que nadie consigue pasar más de tres noches seguidas, porque se ven perseguidos por extrañas apariciones malignas. ¿Y qué hace nuestro intrépido narrador? Pues, naturalmente, se va a pasar una noche en la casa acompañado por un criado y un perro. Y las malignas apariciones, claro, aparecen.

Hay algo de entrañable en estos relatos de fantasmas del siglo XIX que intentan ser, al mismo tiempo, científicos e irracionales. Son tiempos en los que el magnetismo, el hipnotismo (o mesmerismo) y la telepatía podían ponerse en el mismo plano de realidad sin quedar en ridiculo (recuérdese El Horla de Maupassant o "El extraño caso del señor Valdemar" de Poe). Un escritor de terror del siglo XX probablemente no se preocuparía por explicar el origen ni los mecanismos "físicos" (con muchas comillas) en que se apoyan; de ahí que tenga un aire algo anticuado, o hasta ingenuo.

Pero, visto con la perspectiva del momento en que fue escrita, esta pequeña novella es sin duda una joya de su género, con una tensión constante casi desde la primera página hasta casi la última. Creo, la verdad, que esa especie de epílogo o coda que empieza en "Pero mi historia no acaba aquí", que el propio autor suprimió en alguna de las ediciones, no contribuye al interés del conjunto, por ser demasiado explicativa; pero en cualquier caso no cabe duda de que, dentro de los cánones de "cuento de fantasmas", este es un ejemplo muy acabado.

Nota curiosa sobre el autor: Edward Bulwer-Lytton es también el autor de la novela Paul Clifford, que empieza con la frase "It was a dark and stormy night", convertida con el tiempo en un clásico de las peores primeras frases para empezar una novela, sobre todo si es de terror; y también a él le debemos la frase "The pen is mightier than the sword", que aparece en su obra Richelieu; Or the Conspiracy. Ahí queda eso...

domingo, 21 de abril de 2013

O. Henry: Historias de Nueva York

Idioma original: inglés
Fecha de publicación (en España): 2012
Valoración: Recomendable

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo relatos cortos, quizás desde que leí los Relatos de lo inesperado de Roald Dahl. Y la verdad es que los cuentos de O. Henry que componen el libro que hoy reseño, me han recordado bastante a los de Dahl. Aunque el autor con el que muchos comparan a Henry sea Guy de Maupassant.

Pero parecidos aparte, lo primero que hay que decir de los 17 relatos cortos de Historias de Nueva York es que son perfectas trick stories, es decir, relatos que dan un inesperado giro en su última parte. Y como el título del libro indica, todos ellos están ambientados en Nueva York.

En la contraportada de este agradable recopilatorio, editado de forma muy elegante por Nórdica Libros, se citan unas palabras del mismísimo Borges afirmando que O. Henry llevó la doctrina de Edgar Allan Poe ("todo cuento debe redactarse en función de su desenlace") hasta la exageración, pero logrando gracias a ello "más de una breve y patética obra maestra". Y yo no puedo por menos de estar de acuerdo.

Pero, ¿quién se esconde tras ese nombre a medias de O. Henry?

La respuesta es William Sidney Porter, un hombre que nació en la segunda mitad del siglo XIX en Carolina del Norte, y que tras una juventud un poco turbulenta, con diferentes trabajos y una condena de tres años de cárcel por robar en el banco en el que estaba empleado, se trasladó a la Gran Manzana. Allí se decidió a probar suerte como escritor inspirándose en la urbe que le había acogido y cambió su nombre por el de O. Henry. Según se cuenta, escogió la aislada "o" por ser ésta la letra más sencilla de escribir, y "Henry", acordándose del nombre de pila de uno de los funcionarios de prisión que había conocido durante su condena.

Los cuentos recogidos en este libro poseen títulos sencillos pero sugerentes ("Después de veinte años", "El regalo de Reyes", "La última hoja"...), y han conseguido introducirme de cabeza en sus tramas en sus primeros párrafos, haciendo que no pudiera despegar mis ojos de sus páginas hasta llegar a sus sorprendentes finales.

Los argumentos de estos relatos de O. Henry son muy diferentes (dos amigos que se reencuentran tras veinte años con vidas totalmente opuestas; un farmaceútico maquiavélico dispuesto a todo por frustrar un romance; una anciana tan rica como tacaña misteriosamente obsesionada con una bella secretaria; dos mujeres con más en común de lo que parece; un tipo que dice sufrir de amnesia y abandona su grisácea vida, etc...). Pero sus personajes comparten ciertos rasgos: pasión por la cosas y las personas hermosas; disconformidad ante una existencia que parece empeñada en verles frustrados; esperanza por que las cosas mejoren en poco tiempo y, por supuesto, la ciudad de Nueva York, que es testigo y responsable de sus penas, alegrías y pasiones.

Divertido, agradable, fácil de leer. Recomendable.



domingo, 13 de septiembre de 2020

Emilia Pardo Bazán: Cuentos fantásticos

Idioma original de los relatos: Español
Año de publicación de este volumen: 2020
Valoración: Entre recomendable y está bien

Cuentos fantásticos es una antología que aglutina veinte de los relatos «no miméticos» más significativos concebidos por Emilia Pardo Bazán. Veinte relatos que fueron publicados originalmente en la prensa entre 1880 y 1921, de afiliación alegórica, sobrenatural, terrorífica o extraña, con influencias europeas y americanas (Hoffmann, Poe, Maupassant...), caracterizados por aportar un toque castizo al género fantástico, tan ninguneado en la literatura española decimonónica.

Veinte relatos que, entre otras cosas, nos harán partícipes de milagros, cruentos asesinatos, supersticiones, objetos mágicos y obsesiones. Veinte relatos que exigen que abramos nuestra mente a las posibilidades de lo maravilloso, porque «negar es tan comprometido como afirmar, y lo mejor es suspender el juicio».

El estilo de Bazán resplandece en estos textos. La autora domina magistralmente el lenguaje y a través de él ofrece destellos preciosistas, integra chispazos de humor en piezas trágicas, granjea pasajes espeluznantes y modela las voces de los personajes en función de su carácter y origen social. Sólo por la prosa, estas narraciones ya son una delicia.

En cuanto al contenido de las mismas, decir que, sin ser extremadamente original, entrega el curioso ángulo castizo del que hablaba hace un momento. La presencia de leyendas gallegas, el peso de la religión, las referencias a la historia de España o las citas al refranero popular así lo atestiguan. Ah, y no quiero dejar de remarcar que, puntualmente, hay joyitas cuyo argumento destaca por encima del resto, como "La charca".

Un último apunte, esta vez sobre "Un destripador de antaño". En Cuentos fantásticos hay muchas piezas en las que el toque fantástico aparece de forma borrosa, pues Bazán deja a elección del lector si lo que ha sucedido tiene explicación racional o no; sin embargo, en el mentado relato soy incapaz de verlo. Claro que quizás no presté la debida atención.

El prólogo con que se inaugura esta edición, por cierto, a cargo de Ana Abello y Raquel de la Varga, supone, pese a su academicismo, una amena introducción a la faceta de cuentista fantástica de Bazán.


lunes, 28 de marzo de 2011

Zoom: "La leyenda del caballero sin cabeza", de Washington Irving

Idioma original: inglés
Título original: The legend of Sleepy Hollow
Año de publicación: 1820
Valoración: Recomendable

Con La leyenda del caballero sin cabeza (o La leyenda de Sleepy Hollow) pasa como con El retrato de Dorian Gray: que casi todo el mundo cree conocerlo, porque conoce alguna de sus adaptaciones o simplemente la versión simplificada que forma parte de la cultura popular, pero muy poca gente realmente conoce o ha leído el original. No estoy diciendo que estas transformaciones o popularizaciones sean malas en sí mismas: solo que suceden, y que es un fenómeno curioso. Y también en este caso, como pasaba con El retrato..., la visión popularizada ("cuento romántico de terror sobrenatural") tiene poco que ver con lo que en realidad es el relato de Washington Irving.

Porque lo que prima en el relato, en realidad, más que el terror, es el humor. Y yo afirmo (de vez en cuando me da así por afirmar cosas, es una manía que tengo) que el terror y el humor son como el agua y el aceite, pueden estar en el mismo recipiente pero sin mezclarse. No sé si la metáfora es del todo acertada, pero lo que sí sé es que este relato, por su argumento, su tono y su estilo entraría mejor a formar parte de El Decameron o Los cuentos de Canterbury que de un volumen de cuentos de Poe.

En realidad, lo sobrenatural (ni siquiera lo llamaré terrorífico) ocupa muy poco espacio en el relato: el caballero no hace su aparición hasta las últimas páginas, y antes el autor se limita a realizar ciertas vagas referencias a las extrañas características del "Valle Dormido" (Sleepy Hollow, ¿lo pilláis?). El resto, el 75% de la novela, está ocupado por una novella humorística, con un personaje ridículo (Ichabod Crane, maestro crédulo y algo quijotesco) enamorado de una dama apetecible (rolliza y heredera) y que compite por sus favores con un hombre mucho más joven y rudo que él. Creo que la mayoría de los lectores se harán ya una idea de cómo acaba la historia, sin necesidad de que yo la cuente.

En realidad, probablemente es de agradecer esta elección de Irving por el humor en vez del terror: los relatos terroríficos del siglo XIX, con pocas excepciones (Poe, quizás E.T.A. Hoffman, algunos de Maupassant...) han envejecido muy mal, y ahora resultan recargados, retóricos y casi ridículos. En cambio, la ironía y el humor salvan a esta novela de esos peligros, y hacen que siga siendo una lectura entretenida y con un punto atractivo. No es lo que pensamos que es, pero es. Afirmo.

Tambien en ULAD: Rip Van Winkle

lunes, 17 de enero de 2011

Alice Munro: Las lunas de Júpiter

Idioma original: inglés
Título original: The Moons of Jupiter
Año de publicación: 1982
Valoración: Muy recomendable

Siempre se habla del carácter cambiante y omnívoro de la novela, capaz de asumirlo todo, de adoptar todas las formas, de resistirse a la definición o a los límites. Pero el relato, su hermano (o primo) pequeño, tampoco se queda corto: estamos hablando de un género que incluye los cuentos de Poe, los de Maupassant o Chejov, los experimentos de Borges o de Cortázar, las humoradas de Monterroso, el realismo brutal de Bukowski... o los delicados, sugerentes y a veces crueles relatos de Alice Munro, considerada una de las maestras de la narración breve contemporánea.

Me veo en la obligación de aconsejar al lector que tenga paciencia con este libro, si decide leerlo: entrar en el universo y en el modo de narrar de Munro exige tiempo, y sobre todo una actitud lectora especial, apreciativa de los detalles y de la sutileza más que de las grandes explosiones narrativas o los giros sorprendentes. En los relatos de Munro no pasa casi nada: los hay que son casi puramente estáticos, descriptivos, dedicados a pintar un mundo más o menos cerrado. Incluso en aquellos en los que sí pasan cosas, no suelen ser muertes, accidentes, desastres, sino más bien tensiones, sentimientos, decepciones, muchas veces más sugeridos por la acción que propiamente descritos y analizados. Se podría decir que son relatos chejovianos, aunque con menos dramatismo o teatralidad.

Algunos de los relatos son verdaderamente magistrales, aunque casi siempre dejan un cierto aire de tristeza: "Alga marina roja", "La temporada del pavo", "Accidente", "El autobús de Bardon" o "Prue", tratan de las relaciones amorosas, siempre complejas y siempre (esa es la impresión que queda después de leerlos) engañosas o escurridizas; "La señora Cross y la señora Kidd", "Historias desafortunadas", "Visitas" o "Las lunas de Júpiter" se refieren a otro tipo de relaciones humanas, entre ellas las familiares, cargadas de matices y de sobreentendidos. El primer relato (doble) que inicia el volumen, tiene un aire rural a lo Willa Cather (a la que se menciona en otro cuento) pero es quizás el menos original de todos.

En fin, Las lunas de Júpiter y, sospecho, cualquiera de los otros escritos por Munro, es un libro para leer sin prisa, no saltándose ni una línea, apreciando los matices que esconde.

También de Alice Munro en ULAD: Demasiada felicidad, Mi vida querida

domingo, 20 de febrero de 2022

Julian Barnes: El hombre de la bata roja

Idioma original: inglés

Título original: The Man on the Red Coat

Año de publicación: 2019

Traducción: Jaime Zulaika

Valoración: recomendable

Conocida es la francofilia del británico Julian Barnes y también que en más de uno de sus libros se ha dedicado a explorar la idiosincrasia de su propio país y sus relaciones con sus vecino del otro lado de Canal. Vuelve a hacerlo en este libro, en cierto modo, a partir de una anécdota histórica: el viaje a Inglaterra que llevaron a cabo en 1885 tres franceses de renombre en la bonne société de la época, con el objeto de adquirir en Londres telas, trajes y otros objetos de buen gusto... Los susodichos caballeros eran el príncipe de Polignac, el conde de Montesquiou-Fézenac y el doctor Samuel Pozzi, quien resulta ser el "hombre de la bata roja" que da título e ilustra la cubierta del libro, pues fue retratado de esta guisa por el pintor norteamericano John Singer Sargent.

La anécdota del viaje, en todo caso, no es sino una excusa para departir acerca de estos tres personajes y, sobre todo, de la sociedad en la que les tocó en suerte vivir: la Belle Époque, como en Francia se conoce a los años de paz transcurridos entre la guerra franco-prusiana de 1870 y la I Guerra Mundial. Una época de apogeo colonialista y lucha de clases, pero también de esplendor de las artes y avance científico. Barnes hace un seguimiento de los tres personajes a lo largo de esos años; un poco menos, empero, al príncipe de Polignac, compositor musical, además de aristócrata (arruinado) que acabó casándose en un mariage blanc, pero muy bien avenido, con la heredera de las máquinas de coser Singer. Los otros dos personajes le resultan más interesantes: el conde de Montesquiou, poeta y, sobre todo, dandy -de hecho, se le puede considerar como epítome del dandismo, fenómeno o tendencia alrededor de la que también gira, en buena medida, este libro- y que acabó consagrado para la posteridad y, sobre todo, en su época, como el poco disimulado inspirador de varios  personajes de ficción: Des Essaintes, protagonista de A contrapelo, de Huysmans; el de Monsieur de Phocas, de Jean Lorrain, el barón de Charlus, de En busca del tiempo perdido de Proust, el pavo (sic) de la obra Chantecler, de Edmond de Rostand -amén del protagonista de sus propias memorias, Les pas effacés, claro-... Más interesante y, sobre todo, simpático, le resulta a Barnes el tercer viajero y, hasta cierto punto, protagonista de este libro, el doctor Samuel Pozzi, prestigioso médico innovador en la ginecología y la cirugía abdominal, coleccionista de arte, hombre de gran éxito social y aún más entre el género femenino -empezando por la famosa actriz Sara Bernhard, que fue su amante y luego amiga durante toda su vida-, ateo de origen hugonote, darwinista, prodreyfusiano, padre y esposo ejempl... bueno, con algunos problemillas familiares. 

Siguiendo a este atractivo personaje, aunque también a los otros dos, ya digo, Barnes va recorriendo diversos temas que afectaban a la sociedad francesa y occidental de aquella Belle Époque: desde el dandismo, el decadentismo o los estetas a los frecuentes duelos que se producían en aquellos tiempos, la homosexualidad y la relación entre Francia e Inglaterra (cómo no); de los avances científicos en el campo de la medicina -cirugía, higienismo, transplantes- o las ideas de Darwin, a la pervivencia del arte, la relación entre retratista y retratado o, en el caso de la literatura, entre los personajes y las personas que los inspiran y su posteridad...

La lista de otras personalidades de las que se habla en el libro y que configuran, entre todas, una amplia panorámica de la época resulta bastante extensa: a los ya citados, hay que añadir otros escritores como son o fueron Henry James, Maupassant, Mallarmé, Oscar Wilde -muy presente en todo el libro, como no podía ser de otra forma-, Baudelaire, Barbey d'Aurevilly, Flaubert, Edmond de Goncourt, Félix Fénéon, Colette, Ford Madox Ford, Conan Doyle, Zola, Léon Daudet (hijo de Alphonse), Léon Bloy; pintores como el ya citado Sargent, Gustave Moreau, Degas, Boldini o Whistler; personalidades de otros ámbitos como los médicos Alexis Carrel o Tourette (sí, el del famoso síndrome), el historiador Maurice Delafosse, etc. Lo más divertido es que los retratos de muchos de estos personajes aparecen en el libro... en la colección de fotografías que venían con las chocolatinas de la confitería Félix Potin, de París, en una especie de parnaso de la época, convenientemente endulzado y chocolateado para los siglos venideros. Quizá sea una forma muy adecuada de recordarlos, qué narices,,, ; )


Otros títulos de Julian Barnes reseñados en Un Libro Al Día: 
aquí

sábado, 13 de diciembre de 2014

Emmanuel Carrère: El bigote

Idioma original: francés
Título original: La moustache
Año de publicación: 1986
Traductora: Esther Benítez
Valoración: recomendable

El bigote parte de una circunstancia simple, casi anecdótica: un hombre, en principio sin ningún rasgo característico excepcional -se diría que es el prototipo del ciudadano francés medio: joven profesional más o menos acomodado, casado, sin hijos-, salvo un negro bigote que le ha acompañado durante años, decide un día afeitárselo para darle una sorpresa a su mujer, que no le ha conocido sin él, mientras ésta hace la compra. Pero a su vuelta, su esposa parece no notar ningún cambio, aunque él desconfía, pues ella es una terca aficionada a las bromas pesadas. Pero tampoco sus amigos, con los que cenan esa noche, dicen anda sobre el cambio, ni sus compañeros de trabajo... Nuestro protagonista comienza deslizarse hacia una zona de incertidumbre, en la que las dudas y las certezas devienen intercambiables y los recuerdos se confunden con lo imaginario, y viceversa... Un lugar en el que ni siquiera existe la seguridad de la propia locura, porque... ¿y si fuesen los demás los locos?

Esta es una novela corta pero de una evidente densidad, a pesar, ya digo, de lo anecdótico, incluso banal, de su planteamiento. Como cualquiera puede suponer al leer la sinopsis, el manido adjetivo "kafkiano" es lo primero que se le viene a la cabeza al lector, aunque en la contraportada del libro también se hace referencia a otro autor cultivador de un cierto género fantástico, como es el francés Maupassant. A mí, en cambio, esta narración me ha traído el recuerdo -aunque no tenga demasiado que ver, salvo la apelación al absurdo- de La nariz un conocido cuento de Gogol, en el que su protagonista persigue a su nariz por todo San Petersburgo, igual que el de Carrère parece perseguir a su bigote por todo París.... pero aquí se acaba toda similitud, porque lo que en un relato es humor, aun con cierta acidez, en el otro deriva pronto hacia lo trágico e incluso cabe  cierta reflexión existencialista (más en el pensamiento suscitado del lector que en el propio relato, debo aclarar) sobre aquello que compone nuestra identidad y, aún más lejos, sobre lo que podemos estar seguros de que constituye la realidad que nos rodea... o no. En este sentido, esta novela también me trae a la memoria alguna película del director Christopher Nolan. Y, si alguien la ha visto, supongo que también recordará una película francesa del 2005, titulada, precisamente, La moustache, basada en esta misma historia y dirigida... pues por el propio Emmanuel Carrère. Yo no tengo el placer.

La novela en sí es del año 1986, una de las primeras publicadas por este autor, y sin embargo, hay que decir que está escrita con absoluta corrección y solvencia, incluso con brillantez en algunos pasajes. No obstante, también es cierto que hay una zona media de "calma chicha", en la que el protagonista se ve metido en un bucle recurrente entre la locura y la cordura que puede resultar algo pesada... una sensación paliada, sobre todo, por la propia brevedad de la novela, que hace que pronto superemos estas aguas quietas -que no tranquilas- para precipitarnos, llevados por una corriente inexorable, hacia el turbulento remolino final. Un remolino como el que se produce al quitar el tapón de una bañera y que arrastra, junto con la espuma y los pelos de un bigote recién afeitado, muchas de las seguridades y convenciones que nos tranquilizaban antes de comenzar a leer el libro. Porque quizá sea ésta la sensación principal que nos queda, al cerrarlo: desasosiego.

También de Emmanuel Carrère en ULAD: Aquí

martes, 17 de marzo de 2009

Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo: Antología de la literatura fantástica

Idioma de publicación: Español
Fecha de publicación:
1965
Valoración: Muy recomendable

Borges solía decir que le enorgullecían más las páginas que había leído que las que había escrito. El hecho de que escribiera algunas de las mejores de la literatura en lengua castellana no desvirtúa la justicia de esa opinión. Borges fue, desde su niñez, un lector insaciable, caótico, casi monstruoso. Su figura de anciano ciego, encerrado en una biblioteca, encarna ya al lector por antonomasia, que se acaba destruyendo a sí mismo en el ejercicio de la lectura. En sus obras se escuchan los ecos de las obras maestras de todas las literaturas y filosofías, pero también de géneros considerados menores: la novela policíaca y el relato fantástico. La actual valoración de la literatura fantástica debe mucho, no sólo a la propia obra de Borges, sino a su labor divulgativa y editorial. El libro que nos ocupa es un buen ejemplo.

Elaborada en colaboración con Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, buenos amigos de Borges, esta antología no pretende exhaustividad filológica o histórica. Su espíritu es, más bien, el de este blog: unos lectores que comparten con otros los textos que más han disfrutado. En la antología –al menos– este criterio se revela más que suficiente, porque permite una variedad que la hace muy agradable de leer. Pueden encontrarse relatos de Poe, Maupassant, Wells y Chesterton, pero también gratas sorpresas de autores desconocidos; antiguos cuentos árabes o chinos, junto a la Casa tomada de Cortázar o algún texto de los propios antologistas (esto sólo en la segunda edición, que es la que tengo). Relatos, en fin, de todo tamaño y condición para cualquier momento. Qué más se puede pedir.

Otras obras de Jorge Luis Borges en ULAD: Aquí
Otras obras de Silvina Ocampo en ULAD: La promesa

lunes, 15 de mayo de 2023

RESEÑA + ENTREVISTA: Una canción para deshacer el mundo, de Brian Evenson

Idioma original:
Inglés
Título original: Song for the Unraveling of the World
Traducción: José Ángel De Dios
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable

Una canción para deshacer el mundo, antología de Brian Evenson, compila historias de distinta extensión; historias con premisas o planteamientos creativos e interesantes; historias que comparten atmósferas, temas e intenciones, pero que al mismo tiempo son gratamente diversas.

Es verdad que algunas evocan a otros escritores; incluso las hay que homenajean de forma explícita a, por ejemplo, H. P. Lovecraft. Sin embargo, Evenson tiene por lo general una voz y un estilo marcadamente personales. 

La mayoría de sus textos me han gustado, pues suelen ser originales y eficaces. Mis favoritos son, empero, esos en los que lo cotidiano se tiñe de extrañeza e inquietud: un padre que busca infructuosamente a su hija en el cuento que da nombre al conjunto; el perfeccionismo malsano de un director de cine en "Sonido ambiente"; la experiencia de estar en una relación que no te llena en "Camisas y pieles"; la búsqueda de respuestas en "La espuma de las moscas"...

Evenson despunta en la creación de protagonistas no fiables. No es sólo muy bueno a la hora de retarar a esa clase de personajes, su caótica psicología y sus atormentadoras obsesiones; también sobresale al emplear diversos recursos expositivos o dar pequeñas pistas argumentales para que el lector les cuestione.

Asimismo, sorprende la facilidad de Evenson para la imaginería terrorífica. El autor es capaz de diseñar a seres espeluznantes (el terapeuta nocturno de "Nacido Mortinato"; el hombre del traje dorado de "Un mundo resplandeciente"; la entidad parasitaria de "El agujero"...). Con idéntica maestría es capaz de urdir escenas cuyas implicaciones le ponen a uno la piel de gallina. 

Quizá el texto menos convencional del conjunto es "Advertencia de contenido sensible", una hilarante gamberrada que se mofa de los trigger warnings. No le van a la zaga en lo que a rareza respecta otras piezas, que a pesar de catalogarse con holgura dentro de lo que conocemos como narrativa, siguen partiendo de ideas muy locas, como "La segunda puerta".

En resumen: Una canción para deshacer el mundo es una colección de género tan ecléctica como satisfactoria. Aunque debo advertir que su aproximación al terror suele ser más sutil de lo habitual, en la línea de Thomas Ligotti. Además, aviso que muchas de sus ficciones son bastante abiertas, de modo que pueden decepcionar a los lectores que prefieren que se les dé todo masticado. Sea como fuere, Evenson es, a mi juicio, un gran escritor, a quien me alegro de haber conocido.



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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Brian Evenson ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¿Cuál es tu relación, en tanto que autor, con H. P. Lovecraft? Me ha parecido que lo referencias varias veces.

B.E.: Ciertamente, he escrito unas cuantas historias que dialogan con su obra (normalmente para revistas y antologías relacionadas con él). No leí nada suyo hasta que cumplí los 30. Sabía de su existencia, por supuesto, y muchísima gente me lo recomendaba, pero entonces me consideraba un escritor más literario que de género (pese a que mi obra tenía un fuerte componente horrorífico). Me impactaron especialmente El que susurra en la oscuridad y En las montañas de la locura. 

ULAD: Además de Lovecraft, ¿qué otros escritores te inspiran? ¿Edgar Allan Poe, Richard Matheson, Shirley Jackson, Stephen King, Clive Barker o Thomas Ligotti, quizá?

B.E.: Sin duda, Poe. Mi madre me leía sus historias cuando era pequeño, antes de irme a dormir, así que me han quedado grabadas. También Jackson y Ligotti han sido bastante importantes para mi carrera.

Al igual que Lovecraft, no leí a Matheson, King o Barker hasta ser mayor. Aunque los admiro, no considero que me hayan influenciado. Peter Straub, en cambio, sí. Y Robert Aickman; de él es de quien he aprendido más cosas. 

Otros autores que me gustan son Guy de Maupassant, M. R. James, Algernon Blackwood, Arthur Machen, Lucius Shepard, Paul Bowles, Franz Kafka y Samuel Beckett. 

ULAD: ¿Crees que los escritores de terror moderno han introducido novedades en el género? 

B.E.: Sí, pienso que los escritores contemporáneos de terror están logrando expandir el género. Sobre todo los jóvenes, pues arriesgan más. Además, cuando el horror se globaliza,  tiene a representantes cada vez más diversos: autores como Victor LaValle o N. K. Jemisin se adueñan de lo lovecraftiano y lo desplazan en direcciones inéditas, la filipina Kristine Ong Muslim narra desde la perspectiva de vivir en un sitio amenazado por un cambio climático que Occidente decide ignorar, Stephen Graham Jones entrega una perspectiva indígena y Attila Veres mezcla su experiencia en Hungría con sus lecturas americanas.

ULAD: Me encanta cómo presentas personajes totalmente enajenados al lector. A la hora de crearlos, ¿te basas en enfermedades mentales existentes?

B.E.: He investigado mucho en los campos de la psiquiatría y el psicoanálisis, y he sido cercano a gente con enfermedades mentales. También me he documentado sobre la psicopatía (incluso he conocido, lamentablemente, a un par de psicópatas). Además, imparto una clase sobre las representaciones de la locura en la literatura, así que le he dado muchas vueltas al asunto.

Personalmente, creo que las enfermedades mentales, en general, no son tan inequívocas y definidas como la teoría dice, y que muchas de ellas se ignoran completamente. Es por esto que, en mi ficción, intento representarlas con toda su complejidad y confusión.

ULAD: ¿Qué opinas de la implementación de trigger warnings en la ficción? Tu relato titulado "Advertencia de contenido sensible" parece una crítica gamberra y políticamente incorrecta a la gente que los demanda.

B.E.: En realidad no me opongo a los trigger warnings, pero pienso que deberían situarse al final del texto, en vez de al inicio. De este modo, la gente que los quiera conocer puede localizarlos fácilmente, y los que no, no se topan con ellos involuntariamente.

El motivo por el que los rechazo al inicio del texto es porque modifican la manera en que el lector aborda una historia: éste se prepara. Aunque entiendo que mi nivel de tolerancia es altísimo, pues jamás he leído nada y pensado luego: ¡ojalá un trigger warning me hubiera advertido de esto!

Cuando enseñaba en la Brown University teníamos una política: en las clases de escritura creativa se leerían cosas incómodas, pero, en si era necesario, uno podía parar en cualquier momento. Un colega del trabajo opinaba que si te resulta problemático leer sobre algo, probablemente estés reprimiendo un trauma que debes tratar con un profesional y que, por tanto, ignorar en la ficción temas de ese tipo es contraproducente. Más o menos concurdo con él: la ficción tiene que provocar.  

"Advertencia de contenido sensible" es una especie de crítica juguetona con la idea de los trigger warnings. Se me ocurrió porque uno de mis estudiantes insistía en usarlos hasta límites absurdos; ¡los suyos eran innecesariamente específicos! 

ULAD: Has ganado varios premios a lo largo de tu carrera. ¿Hay alguno del que te sientas particularmente orgulloso?

B.E.: Me hizo muy feliz el Premio Shirley Jackson por "Una canción para deshacer el mundo", ya que había sido nominado hasta en seis o siete ocasiones en ese certamen pero nunca lo había ganado.

lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica Ojeda, Imogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri Hustvedt, Irene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

miércoles, 24 de julio de 2024

Reseña + entrevista: Mireia de Purificació Mascarell

Idioma original:
valenciano
Título original: Mireia
Traducción: Purificació Mascarell
Año de publicación: 2022
Valoración: recomendable / muy recomendable

La portada de Mireia (que se mantiene, con ligeras variaciones, en el original en valenciano y en la versión castellana) sirve para introducir algunos de los temas de la novela: se trata de Lilith, el cuadro de John Collier que retrata a la mítica "primera mujer de Adán", creada con el mismo barro que él (y no a partir de su costilla, como Eva) y expulsada del Paraíso por no aceptar una posición subordinada en relación con el hombre. Esta imagen es significativa para el significado de la novela en dos sentidos: en primer lugar porque una de las protagonistas, la propia Mireia, es en varias ocasiones comparada con Lilith, por su independencia, su belleza, su carácter seductor y su sexualidad abierta... pero también porque la representación de la mujer (en la pintura, la literatura, la ciencia...) casi siempre desde el punto de vista masculino es uno de sus temas centrales, diría yo.

En el plano narrativo principal, la novela se centra en dos mujeres: Neus, la narradora, una joven pintora, y Mireia, una chica por la que Neus siente una fascinación abrumadora. La aparición de un tercer personaje, Llorenç, un hombre misterioso que encarga a Neus un retrato, y que inicia una relación (lo que las sinopsis cinematográficas denominan "un tórrido romance") con Mireia. A las tensiones existentes en este triángulo de personajes (seducción, celos, inseguridades...) se añade un tono de misterio y peligro cuando comienzan a suceder fenómenos extraños: una misteriosa música que nadie parece tocar, un hombre (¿o un fantasma del pasado?) que parece perseguir a las protagonistas... 

Pero a este plano narrativo se le unen, además, otros elementos. En primer lugar, el tema de la tesis doctoral de Mireia (recurso que también usó por ejemplo Katixa Agirre en Los turistas desganados) nos lleva a conocer a Luis Simarro, psicólogo y neurólogo de Xàtiva, como las dos protagonistas (de hecho Xàtiva es el escenario imprescindible de la acción de la novela) que promovió el avance de la ciencia en España a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX; y a través de él llegamos a Charcot, psicólogo francés que desarrolló el concepto de "histeria" (influyendo, por ejemplo, en Freud) o las técnicas hipnóticas para tratarla; y a la amistad de Simarro y Sorolla, plasmada en varios cuadros y retratos del científico. La pintura, como es lógico siendo Neus la narradora, ocupa un lugar fundamental también, y muy particularmente el modo en que la pintura ha representado a las mujeres, a través de mitos, símbolos o estereotipos que van desde la vampira a la prostituta, desde Pandora hasta la Virgen María. 

Mireia es un libro corto, ágil y entretenido. Quizás con una mayor extensión podría haber llegado a adensar alguna de sus muchas facetas (personalmente, como aficionado al terror, me habría gustado que la parte fantástica fuese algo más desarrollada y más oscura aún), pero en todo caso el equilibrio entre los diferentes hilos que se entretejen en el texto está bien conseguido y mantenido, y eso no es fácil teniendo en cuenta su número y diversidad. El cierre de la novela (que no desvelaré, claro) deja un cierto regusto amargo, pero añade también nuevas complejidades a los personajes y a los temas de la obra. 

Es en definitiva una lectura recomendable, como poco, ya sea en su versión original en valenciano (o en catalán, según preferencias terminológicas), o en la versión castellana publicada por Dos Bigotes, en traducción de la propia autora.


ENTREVISTA
  • Comienzo con una curiosidad: ¿Hay alguna relación entre tu novela y la Mireia de Frederic Mistral, más allá de la coincidencia de nombres?

Sí que es curioso, porque solo tú y otra persona (un crítico musical catalán que conocí el año pasado en los Premis Ovidi de la Música), me habéis señalado esta conexión y preguntado lo mismo. Y no, la verdad es que no tenía en al radar ese poema del autor francés en lengua occitana. De hecho, busqué si existía alguna novela con el mismo título antes de apostar al 100% por él, sin pensar que podía haberse usado para otros géneros literarios. Y sí, resulta que, en 1859, ya alguien había titulado con ese nombre femenino, tan bello, por otro lado… Aunque una de las razones, en mi caso, para titular Mireia a mi novela fue su parecido fónico con un relato de femme fatale, muerte y misterio de Edgar Allan Poe que siempre me ha fascinado: Ligeia.

  • En la novela se entrelazan varias tramas: la del presente de la narradora y de Mireia, y la vida del psicólogo Luis Simarro, hijo del pintor Ramón Simarro (y sus relaciones con Charcot, con Sorolla, etc.). ¿Cuál fue el primer impulso para escribir la novela: contar la historia de Simarro, o la de Mireia, o ambas surgieron juntas?

El primer impulso fue Simarro, porque al comenzar a leer sobre su vida me fascinó la modernidad que representaba en una España de atraso científico y gran peso de la religión. Podía hacer una biografía de este psiquiatra valenciano, pero la magia de la ficción me atrae tanto que decidí armar un artefacto literario para contar la vida y obra de Simarro a través de personajes creados por mi imaginación, Neus, la narradora, y Mireia, la investigadora en psicología experimental y autora de una tesis sobre Simarro: dos jóvenes del siglo XXI que se entralazan con las jóvenes del XIX que Charcot diagnosticó de histeria. Esa unión de líneas temáticas y temporales se fue construyendo de una manera orgánica y también muy divertida para mí.

  • En el plano del presente, la historia se desarrolla como un relato fantástico, con una ambigüedad entre lo real o lo irreal. ¿Por qué optaste por ese género o por esa ambigüedad?

Porque me encanta el género fantástico, lo gótico, las historias de miedo, las mansiones apartadas a lo Daphne du Maurier, porque crecí leyendo a E.T.A. Hoffmann, a Guy de Maupassant, los cuentos de Emilia Pardo Bazán o las leyendas de Bécquer, que me sabía de memoria de pequeña. Y disfruto mucho rindiéndoles homenaje a todas las autoras y autores que me han hecho soñar. Además, ¿qué es la literatura sino ambigüedad, en todos los sentidos? Para forzarnos a mirar las cosas de una manera “recta”, plana, sin claroscuros, ya hay otros muchos discursos culturales. La literatura es la reina de la dilogía, de las interpretaciones abiertas, del juego vacilante perpetuo… Y me gusta que sea así.

  • En la novela se habla de diversas violencias sufridas por las mujeres (a través de la idea de "histeria" por ejemplo) y con su representación y subordinación a lo largo de la historia. El personaje de Mireia se relaciona, por ejemplo, con el mito de la femme fatale, de Lilith, del súcubo, de la vampira... ¿Dirías que ese es el tema central que une todas las diferentes facetas del texto?

Las figuras vampíricas provienen de la tradición oral europea y son adaptadas perfectamente en la literatura gótica: son seres que viven succionando la vida a los humanos. Y ahí radica su potencia metafórica: ¿cuántos elementos vampíricos nos rodean, nos modelan, sin darnos cuenta? En Mireia, he querido jugar con la figura del vampiro a varios niveles que el lector va descubriendo a medida que avanza la trama. La iconografía de la femme fatale del XIX se relaciona directamente con la de las vampiras y simboliza el miedo masculino a la pérdida de poder, a ser “succionados” por la fuerza femenina. Mireia podría ser esa mujer fuerte, independiente, una vampira del siglo XXI. Pero poco a poco descubrimos otros vampirimos más ocultos ejecutados, sin escrúpulos, por los hombres del XIX y del presente. Y nuestra idea de lo vampírico muta…

  • La pintura ocupa un lugar muy importante en la novela. ¿No resulta algo paradójico que la historia la cuente alguien que dice no ser muy buena con las palabras y sí con los pinceles?

Un aspecto que siempre me ha fascinado de las narradoras o protagonistas de las novelas victorianas escritas por mujeres es que son chicas jóvenes que se presentan ante los lectores exhibiendo una gran modestia, luciendo una humildad poco acorde con su auténtica valía. Neus nos advierte de que es una mala narradora, pero logra exponer perfectamente todos los hilos de una historia enrevesada y compleja. Y creo que también logra enganchar con ese hilado a los lectores, algo que, en realidad, no es algo fácil. Así que podríamos decir que Neus opta por ser discreta y no envanecerse de sus capacidades, aunque se le den tan bien las teclas como los pinceles…

  • Otro aspecto importante en la novela es su localización, Xàtiva, que te resulta tan próxima y tan querida. ¿Qué implicaba para ti situar la acción de la novela en Xátiva, y recuperar también a personajes nacidos o fallecidos en ella?

Bueno, ha sido un acto de reivindicación histórica y cultural de mi ciudad, pero sobre todo, un acto literario de amor: Xàtiva es un personaje más de la novela y, además, se presenta lejos de la imaginería tópica valenciana de “sol, playa y fiesta”. Aquí es una ciudad sobria y misteriosa, con muchos toques góticos y modernistas, con una densidad histórica muy decimonónica, y las aventuras de Mireia y Neus no podían disponer de un escenario más idóneo.

  • La novela se escribió y publicó originalmente en valenciano, y ha sido después traducida al castellano por ti misma. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Hiciste una traducción "pura" o reescribiste el texto a medida que lo traducías? ¿Y cómo ha sido la recepción del libro en ambas versiones? ¿Has notado diferencias?

Intenté, sobre todo, que fuera una traducción fiel al ritmo, al tono y a la cadencia del original, porque estos aspectos los había cuidado mucho en valenciano y quería mantenerlos. Al principio de mi tarea traductora, me iba resultado extraño leer mi texto en castellano, pero cuando terminé todo el proceso la impresión fue estupenda: la verdad es que estoy muy satisfecha con cómo suena Mireia en castellano y, sinceramente, ambas versiones me satisfacen por igual.

Sobre la recepción: es curioso descubrir cómo un sistema literario pequeño, minoritario, más débil, recibe con mayor mimo e ilusión lectora un nuevo texto en el panorama literario, que un sistema macro y ultrasaturado de novedades como el del castellano. Y no me refiero a la prensa o los medios: en ambas lenguas la atención ha sido excelente, ninguna queja. Me refiero a la atención de los lectores: mucho más fiel, comprometida y duradera en valenciano y mucho más fugaz y dispersa en castellano. Algo completamente lógico y previsible, teniendo en cuenta la cantidad de novelas que se publican en España cada semana… Ya me parece todo un logro haber llegado a las dos ediciones en castellano con Dos Bigotes tras haber vendido más de tres mil ejemplares en el original…

  • Por último, quería preguntarte qué proyectos literarios o editoriales tienes entre manos... Has editado libros de o sobre Elena Fortún, también una antología de relatos sobre animales... ¿Ahora mismo qué estás preparando?

Sigo, cómo no, trabajando con nuevas ediciones para Renacimiento de Elena Fortún. Lo próximo será la recuperación de un libro muy raro y especial dentro la producción fortuniana… Ya veréis. Y en septiembre de este año saco un ensayo literario con Ariel en el que he estado trabajando los dos últimos años: un recorrido a través de la narrativa escrita por mujeres que se ha ocupado de retratar la opresión dentro de la institución matrimonial. Un libro de alto compromiso feminista, humanista y, por supuesto, literario, porque la selección de autoras es muy potente. Y, por supuesto, siempre hay ideas anotadas para proyectos futuros, tanto de ficción como de no ficción. Pero hay que encontrar el tiempo, la disposición de ánimo y la energía física para llevarlos a cabo. Eso sí, no hay prisa alguna. Solo ganas de pasarlo bien.