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lunes, 20 de agosto de 2018

Algernon Blackwood: Un estruendo sobre las frondas

Idioma original: Inglés
Títulos originales: The Wendigo / The man whom the trees loved  
Traductor: Óscar Mariscal 
Años de publicación: 1910 / 1912
Valoración: Recomendable

Ah, Blackwood; uno de los grandes, sin duda. De quien, por alguna razón, en España apenas hay nada traducido. Para más inri, los pocos textos rescatados de tan prolífico autor son siempre los mismos: sobre todo, aquéllos vinculados con Lovecraft. Como "El Wendigo", por ejemplo, quizás la historia de Blackwood más conocida, editada por estos lares sin ton ni son en diversos formatos. ¡Queremos más variedad, hombre!

En este sentido, variedad no es lo que nos ofrece, precisamente, Un estruendo sobre las frondas. O bueno, no del todo. Este 2018, Hermida Editores ha publicado una antología que aúna dos de las mejores narraciones de Blackwood: la ya mencionada "El Wendigo" y "El bienamado de los árboles". Ninguna de ellas es inédita en nuestro idioma. Pero hay que reconocer que la editorial que tradujo de diez a Hellraiser vuelve a las andadas con otro trabajo impecable en ese apartado (el de la traducción, se entiende). Encima, esta vez, en Hermida Editores se superan con respecto a la ilustración de la cubierta, todavía más increíble que la que le dieron a la novela de Barker. Vamos, que si no has leído a Blackwood todavía, aprovecha esta agradecida oportunidad para hacerlo. Y oye, que si eres un completista, tampoco te hagas de rogar. Puede que estos textos estén ya algo manidos editorialmente hablando, pero créeme cuando te digo que puedes estar frente a la mejor versión en español de los mismos.    

Ambas historias son, por cierto, relatos de terror sobrenatural bastante extensos. Ambas historias están muy bien escritas. Ambas historias comparten una conseguida atmósfera inquietante. Ambas historias traen a la palestra uno de los temas predilectos de su autor, el de la naturaleza como algo hostil hacia el ser humano. Y, llegados a este punto, dejad que me extienda sobre esto de la naturaleza. En ambas narraciones, ésta es atávica, indómita, un enemigo contra el que el hombre tiene las de perder. En "El Wendigo", cuatro cazadores que se zambullen en un bosque profundo e inexplorado acabarán por toparse con una criatura que es la "personificación de la llamada de la Selva." Por otro lado, en "El bienamado de los árboles", un matrimonio de ancianos se verá asediado por las fuerzas que palpitan en el bosque que circunda su hogar. El primer relato es un clásico indiscutible del género, que además nos presenta a una de las criaturas que Augusth Derleth incluiría en el panteón de dioses lovecraftianos. Recomendable con creces, en especial para sibaritas del terror o amantes de Los Mitos de Cthulhu. Por otro lado, "El bienamado de los árboles" también es genial. Me recuerda a dos joyitas weird de temática similar recientemente leídas: "La coronación de las plantas", de Diego S. Lombardi, y "El hombre que esperaba a las flores", de  Jirky Svenson. De modo que dejad que insista una vez más: leed a Blackwood.



martes, 1 de octubre de 2024

Giorgio de Maria: Los veinte días de Turín

Idioma original: Italiano
Título original: Le venti giornate di Torino: Inchiesta di fine secolo 
Traducción: Óscar Mariscal
Año de publicación: 1977
Valoración: Recomendable (con matices)

Los veinte días de Turín estaba destinada a gustarme. En primer lugar, porque contiene muchos de los ingredientes que me atraen de una ficción: toques fantásticos y terroríficos, sucesos extraños, una atmósfera misteriosa y un tono angustioso, entre otros. También porque su factura, deliberadamente etérea, recuerda a la de algunos de mis autores predilectos: Robert Aickman, Algernon Blackwood o Walter de la Mare, por ejemplo.

Narra la investigación emprendida por un protagonista anónimo para esclarecer qué fue lo que sucedió diez años atrás en Turín. Y es que del 2 al 22 de julio, los conocidos como «veinte días», hubo una epidemia de insomnio que impulsaba a la gente a deambular abstraídamente por calles y plazas, ocurrieron sangrientas matanzas, se escucharon ruidos escalofriantes, el aire olía a vinagre, etc...

El protagonista pronto comprende que su empresa será harto difícil. Al parecer, los testigos de los «veinte días» no quieren hablar del tema, o no retuvieron gran cosa; las autoridades, por su parte, están empeñadas en ocultar información y enterrar lo sucedido; y unos sombríos antagonistas acosan y amenazan a quienes persiguen la verdad.

Así pues, en Los veinte días de Turín hay fuerzas oscuras de magnitudes desconocidas, conspiraciones y mucha paranoia (tanto individual como colectiva). También hay interesantísimos aromas kafkianos (los guardias del sótano, el clímax) y borgianos (la biblioteca que recopilaba diarios con confesiones íntimas de turineses).

Recomiendo la novela por la sutil aproximación al horror que esgrime (emparentada con la de Los sauces del anteriormente mencionado Blackwood o la de El Gran Miedo en la montaña de Charles-Ferdinand Ramuz), el desasosiego que provoca, su aterrador clímax (que me recordó vagamente al de El proceso de Franz Kafka) y la plasticidad de su imaginería siniestra.

Admito, eso sí, que no todos sus enigmas presentan el mismo nivel de sofisticación. Algunos, además, se antojan forzadamente interconectados o tramposos en su planteamiento. Sea como sea, balancea correctamente el dar explicaciones al lector sin pecar de obvio o sacrificar parte del misterio. La prueba es el críptico diálogo que mantienen el narrador y el abogado Segre hacia el final de la historia.
 
Resumiendo: Los veinte días de Turín es una joyita tan breve como intensa. Aunque inferior a propuestas similares, seguro que os seduce si, como yo, gustáis de la literatura de terror condimentada con misterios inexplicables, elementos extraños y mucha sutileza. 

La edición de Hermida es la primera que se hace de la obra en español. Tiene una ilustración de cubierta (creo que la misma que la publicación en italiano del 1977) extremadamente pertinente, no sólo por lo ominosa y perturbadora que resulta. 

Ah, la traducción de Oscar Mariscal hace justicia al texto original, aunque para mi gusto abusa demasiado de la palabra «verbigracia», la cual se me antoja forzada incluso para el registro culto y solemne por el que opta la novela.

sábado, 1 de febrero de 2025

William Hope Hodgson: La casa en el confín de la Tierra

Idioma original: Inglés
Título original: The House on the Borderland
Traducción (al catalán): Jordi Llavoré
Año de publicación: 1908
Valoración: Decepcionante

Hace años, cuando devoraba todo lo relacionado con H. P. Lovecraft en particular y el género de terror en general, me topé con una antología de cuentos sobrenaturales con ambientación naval titulada Un horror tropical y otros relatos, de un tal William Hope Hodgson. Como me gustó mucho, empecé a investigar a su autor (quien, según descubrí enseguida, tuvo una gran influencia en Lovecraft). Una de sus obras más reivindicadas es la novela La casa en el confín de la Tierra. 

Ahora que por fin la he leído, debo decir que entiendo la importancia que ha tenido a la hora de configurar el horror cósmico. Sin embargo, como ficción al uso me parece deficiente, lenta y aburrida. Al fin y al cabo, a sus partes les falta unidad. Asimismo, el conjunto carece de ritmo y fluidez, y abunda en pasajes tediosos. Para colmo, las largas descripciones que contiene no logran erigir una atmósfera convincente (cosa que sí consiguen autores como Algernon Blackwood), e incluso atentan contra la vocación incognoscible de los acontecimientos.

En definitiva, uno termina La casa en el confín de la Tierra pensando que ya ha visto los elementos que la componen en otras ocasiones pero mucho mejor resueltos. Los viajes del espíritu del narrador por el espacio-tiempo que hay en estas páginas son menos interesantes que los de, por ejemplo, el Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter, de Lovecraft. Y el asedio de las criaturas de otro mundo palidece, dada su escasa intensidad, al de La piel fría, de Albert Sánchez Piñol. Menuda decepción.

sábado, 26 de diciembre de 2020

VV.AA.: Reinas del abismo

Idioma original: Inglés
Traducción: Alicia Frieyro, Olalla García, Sara Lekanda, Alba Montes, Consuelo Rubio
Año de publicación: 2020
Valoración: Está bien

Reinas del abismo es una antología primorosamente editada por Impedimenta. Compila dieciséis relatos escritos por mujeres anglosajonas que fueron publicados a finales del siglo XIX o a inicios del XX. Resulta prácticamente imposible encontrar a la mayoría en la actualidad, y muchos ni siquiera habían sido traducidos al español. 

Permitidme que los analice someramente: 

  • "Una revelación", de Mary E. Braddon: Thriller decimonónico predecible plagado de personajes acartonados, cuyas conveniencias obligan a suspender la incredulidad en demasía y que desaprovecha su toque gótico. 
  • "El ángel escultor", de Marie Corelli: Aunque tiene poco o nada de inquietante (al menos en el sentido tradicional de la palabra), entrega un curioso enfoque de género. Sólo por esto, vale la pena. 
  • "De entre los muertos", de Edith Nesbith: Joyita que genera con eficacia su atmósfera.
  • "Una Navidad en la niebla", de Frances Hodgson Burnett: Premisa diferente que, pese a extenderse más de la cuenta, permite reflexionar sobre cuestiones de enjundia. Me ha sorprendido positivamente. 
  • "El piso encantado", de Marie Belloc Lowndes: Cuento romántico disfrazado en un inicio de historia de terror. Su estilo está bastante cuidado y construye una ambientación muy lograda, pero la forma tramposa que tiene su autora de entregar la información no ayuda a redondear el conjunto. Para colmo, recurre al tropo del fantasma bondadoso de manera inverosímil.
  • "Una circe moderna", de Alicia Ramsey: Se lee con fluidez y tiene alguna imagen interesante. Sin embargo, no llega a fascinar en ningún momento. Eso sí, aprueba por los pelos por presentar a una antagonista, la Virgen Loca, que nada tiene que ver con el resto de villanos que encontramos en estas páginas. 
  • "La naturaleza de las pruebas", de Mary Sinclair: De factura y subtexto modernos, adereza el horror sobrenatural con el sexo. Por desgracia, lo hace sin abrazar los excesos desacomplejados que insinúa. 
  • "El obispo del infierno", de Marjorie Bowen: Culebrón adictivo rematado con un desenlace algo endeble. Sea como fuere, deja un buen sabor de boca. 
  • "El tapete", de Greye La Spina: Muy convencional. Entre otras cosas, no logra crear el misterio y la tensión que se propone. 
  • "Dama Blanca", de Sophie Wenzel Ellis: Se podría pulir, aunque cumple como pasatiempo. Quizás debería haberse lanzado de cabeza a su esencia de serie B, en vez de decantarse por derroteros edulcorados. 
  • "La risa", de G. G. Pendarves: No esconde ninguna novedad, pero su clímax destaca por amargo.
  • "A la luz de las velas", de Lady Eleanor Smith: Alejado de las fórmulas fáciles. Sin duda alguna, un trabajo notable. 
  • "La melodía maravillosa", de Jessie Douglas Kerruish: Logra mantener un suspense excelente y no tiene grandes pretensiones (lo cual juega a su favor). 
  • "La Isla de las Manos", de Margaret St. Clair: Su extensión no le permite desplegar con holgura todas sus cartas. El cualquier caso, es creativo y engancha.
  • "Los indeseados", de Mary Elisabeth Counselman: Explica demasiado sus trucos, restándoles capacidad de sorpresa, volviendo obvio al mensaje y despojando al lector de su labor proactiva. Pese a todo, me ha gustado.
  • "El séptimo caballo", de Leonora Carrington: Exquisita muestra del potencial literario que tiene el surrealismo. 

A estas alturas de la reseña os preguntaréis qué opino de Reinas del abismo. Habréis intuido que el libro me ha parecido un tanto irregular, y que solamente algunas de las ficciones que alberga han llegado a emocionarme. Pues bien, también quiero deciros que la principal causa de mi decepción no ha sido la fluctuante calidad de las piezas en sí, sino el marketing.

Me explico. Reinas del abismo se ha promocionado como una antología de cuentos «de lo extraño». Esto me hizo salivar. No en balde, la narrativa breve de Algernon Blackwood, Walter de la Mare o Robert Aickman, auténticos cultivadores «de lo extraño», me encanta. Pero lamentablemente, lo más «extraño» que encontraréis por aquí es "El séptimo caballo", y lo es dentro de parámetros puramente surrealistas. Personalmente, no entiendo el porqué. Será que no hay escritoras que aborden «lo extraño» (Shirley Jackson o Daphne du Maurier, por ejemplo).

Asimismo, el subtítulo de Reinas del abismo es el siguiente: Cuentos fantasmales de las maestras de lo inquietante. Por lo tanto, uno espera que el volumen abunde en fantasmas y agrupe obras inquietantes. Pero, salvo excepciones, no es el caso. Es verdad que no mantenerse fiel a un subgénero específico lo dota de una cierta variedad, pero, de nuevo, esta decisión traiciona lo que se nos había prometido.  

Para concluir remarcaré que, independientemente de las cualidades que pueda tener Reinas del abismo (la edición, el rescate de textos olvidados o algunos relatos genuinamente buenos), a esta antología la han saboteado las expectativas creadas por su propia campaña de publicidad. Una lástima.

domingo, 14 de febrero de 2021

Charles-Ferdinand Ramuz: El Gran Miedo en la montaña

Idioma original: Francés
Título original: La grande peur dans la montagne
Año de publicación: 1925
Traducción: ¿?
Valoración: Recomendable (con matices)



El Gran Miedo en la montaña, de Charles-Ferdinand Ramuz, es una novela repleta de escenas inquietantes, empañada por una lograda atmósfera y relatada con una prosa formidable. No en balde, recuerda sobremanera a las ficciones de Algernon Blackwood o Robert Aickman. 

Su premisa es la siguiente: en una aldea suiza de alta montaña, el nuevo alcalde decide que durante el verano se lleve el ganado a los pastos de arriba, tras veinte años de no hacerlo a causa de algo que los viejos del lugar recuerdan con temor pero no nombran.

Debo decir que, aunque esta obra me ha gustado, le pondría algunas pegas. A saber: 


  • Su extensión. Ni siquiera llega a las doscientas páginas, pero a ratos da la impresión de ser un cuento estirado. 
  • Sus personajes. Entiendo que son bastante planos adrede, pero me hubiera sido más fácil empatizar con ellos en determinados pasajes si se le hubiera dado un mayor grado de complejidad a su caracterización.  
  • Su opacidad. El libro es tan inescrutable que uno lo termina con la certeza de que no lo ha entendido del todo.  

Tampoco quiero dejar de señalar las múltiples virtudes de este texto: 


  • Emplea acertadamente la primera persona del plural para configurar a su voz narradora.
  • Su prosa es simple (por momentos, incluso "naif") y reiterativa, pero su cadencia atrapa al lector, y estoy convencido de que una de tipo más convencional no hubiera tenido la misma efectividad expresiva. 
  • Su estructura se caracteriza por un angustioso crescendo argumental cuyo clímax deja sin aliento. 
  • Su fascinante ambientación nos cautiva a base de descripciones paisajísticas de una plasticidad increíble.  
  • Sus poderosas imágenes. Unas pocas irradian una belleza triste o melancólica, aunque la mayoría (las mejores) lograron darme escalofríos, transcurran de día y al aire libre o en el oscuro y claustrofóbico interior de una cabaña. 
  • Su desafiante ambigüedad. Gracias a la forma en que se exponen los acontecimientos, uno nunca puede afirmar si su naturaleza es sobrenatural o no. Ramuz retiene información, emborrona algún suceso o insinúa cosas que han quedado relegadas a la periferia del relato.  


En definitiva, El Gran Miedo en la montaña es una historia que me encantaría ver adaptada al cine por un director como Robert Eggers. Ya os digo yo que de este material puede salir una película de terror psicológico excelente.

Por cierto, la edición al español se la debemos a Montesinos. Tiene una cubierta espectacular, pero adolece de una traducción llena de erratas.


También de Charles Ferdinand Ramuz en ULAD: Aquí

lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica Ojeda, Imogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri Hustvedt, Irene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

miércoles, 17 de enero de 2024

Robert H. Barlow: La noche del océano y otros cuentos de lo extraño

Idioma original: Inglés
Título original: Eyes of the God. The Weird Fiction and Poetry of R. H. Barlow 
Año de publicación del volumen recopilatorio: 2002
Traducción: Aurora Jiménez
Valoración: Está bien (recomendable para interesados)

Robert H. Barlow conoció personalmente, cuando tenía dieciséis años, a su admirado H. P. Lovecraft, que por entonces contaba cuarenta y tres. Ambos llevaban un tiempo intercambiando correspondencia, y trabaron una amistad de la que surgieron charlas estimulantes y colaboraciones artísticas; dicha amistad fue tan intensa que el Soñador de Providence convirtió a Barlow en su albacea literario. Por desgracia, tras la muerte del primero, algunos de los seguidores del creador intelectual del horror cósmico (entre ellos August Derleth, sistematizador, para bien y para mal, de los Mitos de Cthulhu) obligaron a Barlow a cederles la gestión del legado lovecraftiano. 

La noche del océano y otros cuentos de lo extraño compila varios de los textos (algunos de ellos revisados, corregidos o incluso coescritos por Lovecraft) que Barlow produjo en su juventud.

Sorprende positivamente lo eclécticas que son las narraciones de Barlow. De las quince compiladas en esta antología hay, es cierto, algunas tirando a formulaicas, excesivamente condicionadas por la literatura pulp de la época o la influencia de Lovecraft. Sin embargo, también encontramos piezas más sui generis, como "La batalla que acabó con el siglo" o "El interrogador". Casualmente, las que más me han gustado se inclinan por el fantástico menos terrorífico, pese a que soy un devoto de este último género.

La mentada "La batalla que acabó con el siglo" es mi pieza favorita del conjunto. Breve, imaginativa, hilarante y absurda, me ha cautivado por lo descabellado de su premisa, la atención al detalle que exhibe y las múltiples referencias con que nos obsequia. En ella, dos púgiles se enfrentan en un combate extremadamente surrealista y violento.

También valoro la vocación abstracta de "La muerte del monstruo", "El interrogador" o "La recompensa del artesano", aunque la factura de los tres cuentos deje bastante que desear. Otra historia reivindicable, pese a su estilo algo desangelado, sería "Hasta que los mares", un apocalipsis medioambiental que narra con crudeza la extinción de la humanidad y el agostamiento del planeta Tierra.

Por último, destacaría "La noche del océano". En vez de plegarse a los esquemas más obvios del horror cósmico lovecraftiano, se adueña de ellos para ofrecer un relato de terror atmosférico y ominoso en el que la indefinición inquieta muchísimo más que lo explícito. ¿De qué va? Pues de las sensaciones que experimenta un artista que se retira a descansar a la costa ante el vasto océano. «Algo de la oscuridad y desasosiego del mar había penetrado en mi corazón, de modo que vivía en un tormento irracional e ilógico....», confiesa el narrador de esta joyita que recuerda al formidable Los sauces de Algernon Blackwood.
 
Vayamos ahora a los versos de Barlow. Quizá por mis limitaciones como lector no he sabido apreciarlos adecuadamente; en cualquier caso, admiro que toquen el erotismo (aunque Barlow, que era homosexual, apenas aprovecha la ocasión para sublimar su deseo) o la mitología prehispánica (de mayor, Barlow se convirtió en un reconocido experto en la materia).

Resumiendo: La noche del océano y otros cuentos de lo extraño es una antología valiosa, sobre todo en tanto que homenaje a uno de los autores más olvidados del Círculo de Lovecraft. El único reporche que le haría es que los dos textos introductorios se antojan redundantes. Por lo demás, lo recomiendo encarecidamente a quienes pueda interesar; pese a la irregularidad de las piezas que la componen, gustará especialmente a los amantes del fantástico y el horror cósmico.

jueves, 2 de mayo de 2024

Elizabeth Bowen: L’amant del diable

Idioma original: Inglés
Traducción (al catalán): Carme Geronés
Año de publicación de este volumen: 2023
Valoración: Recomendable

L’amant del diable es una antología editada por Laertes. Recoge diez relatos de la escritora irlandesa Elizabeth Bowen, escritos entre 1929 y 1952.

Todos ellos se podrían definir como sutilmente inquietantes. Priorizan la atmósfera y psicología a la imaginería; asimismo, abordan sus temas y mensajes oblicuamente, en vez de explicitarlos. No en balde, recuerdan poderosamente a algunas ficciones de autores como Walter De la Mare, Robert Aickman, Algernon Blackwood, Shirley Jackson o Amparo Dávila.

En "Mabelle morta" ("Dead Mabelle", 1929), un hombre solitario e introspectivo se obsesiona con una actriz de cine mudo. El pulso narrativo de Bowen, la forma en que la autora insufla vida al protagonista o el final redondo con que cierra la historia elevan una premisa simple al estatus de relato sobresaliente.

En "Ja hi tenim un peu" ("Foothold", 1929), una pareja invita a un amigo que acaba de llegar de España a su nueva casa. Este es un relato sumamente ambicioso, en el que el lector debe leer entre líneas o interpretar silencios para descifrar las relaciones que mantienen los personajes.

En "El gat salta" ("The Cat Jumps", 1929), una pareja de «agnósticos devotos» compra Rose Hill, casa donde un hombre asesinó brutalmente a su mujer, para pasar los fines de semana y los veranos. Este relato tiene un desarrollo poco convencional y un desenlace deliciosamente cruel; asimismo, lo permea una ironía tan fina como incisiva.

En "La pomera" ("The Apple Tree", 1931), el trauma de la infancia de una joven recién casada drena su vida e incluso la de su propio marido. El final de este relato tiene unas connotaciones bastante interesantes.

En "Un esperit animat" ("The Cherry Soul", 1941), una joven llega a la casa donde una familia la ha invitado a pasar la Navidad, pero no encuentra más que a la tía junto a la chimenea. Su estructura circular y sus implicaciones se antojan tremendamente audaces.

En "L'amant del diable" ("The Demon Lover", 1944), una señora casada se reencuentra con un amante de juventud. El uso que Bowen hace del escenario medio derruido por los bombardeos, su capacidad para señalar detalles sin pecar de obvia y la tensión que imprime al segundo tramo de la historia contribuyen a que este relato sea sumamente efectivo.

"Els feliços camps de la tardor" ("The Happy Autum Fields", 1944) me resulta imposible de resumir. Es, quizá, el relato en el que me ha costado más entrar, y que menos he entendido. Aun así, de él me han fascinado las oblicuas interacciones de los personajes, los diálogos repletos de dobles sentidos y su inquietante desenlace.

En "L'arç rosat" ("Pink May", 1944), una mujer explica a una amiga cómo un fantasma al que nunca llegó a ver, pero que siempre presintió mientras se cambiaba de ropa, arruinó su matrimonio. Curioso retrato psicológico de alguien incapaz de asimilar que, en efecto, una persona puede destrozarse a sí misma su propia vida.

En "Grèvol verd" ("Green Holly", 1944), el fantasma de una joven se entromete entre dos hombres y una mujer que conviven en una mansión. Excelente retrato de la abulia, la insatisfacción, pero también de la negación a aceptarlas del todo.

En "Com un guant" ("Hand in Glove", 1952), dos hermanas huérfanas que viven con su tía buscan casarse. La ambigüedad de su final y la caracterización de cierto personaje perturbarán a más de un lector.

En resumen: me ha sorprendido gratamente el nivel de refinamiento de los relatos de Bowen, pues son capaces de llevar con destreza tanto premisas algo formulaicas como propuestas más atrevidas. También querría destacar que las historias de fantasmas de la autora me han recordado mucho a las de, por ejemplo, Violet Hunt o Edith Wharton. Y es que las tres escritoras eluden los tropos del subgénero para entregar ficciones simbólicas donde el espectro pocas veces llega a aparecer como tal.

lunes, 15 de mayo de 2023

RESEÑA + ENTREVISTA: Una canción para deshacer el mundo, de Brian Evenson

Idioma original:
Inglés
Título original: Song for the Unraveling of the World
Traducción: José Ángel De Dios
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable

Una canción para deshacer el mundo, antología de Brian Evenson, compila historias de distinta extensión; historias con premisas o planteamientos creativos e interesantes; historias que comparten atmósferas, temas e intenciones, pero que al mismo tiempo son gratamente diversas.

Es verdad que algunas evocan a otros escritores; incluso las hay que homenajean de forma explícita a, por ejemplo, H. P. Lovecraft. Sin embargo, Evenson tiene por lo general una voz y un estilo marcadamente personales. 

La mayoría de sus textos me han gustado, pues suelen ser originales y eficaces. Mis favoritos son, empero, esos en los que lo cotidiano se tiñe de extrañeza e inquietud: un padre que busca infructuosamente a su hija en el cuento que da nombre al conjunto; el perfeccionismo malsano de un director de cine en "Sonido ambiente"; la experiencia de estar en una relación que no te llena en "Camisas y pieles"; la búsqueda de respuestas en "La espuma de las moscas"...

Evenson despunta en la creación de protagonistas no fiables. No es sólo muy bueno a la hora de retarar a esa clase de personajes, su caótica psicología y sus atormentadoras obsesiones; también sobresale al emplear diversos recursos expositivos o dar pequeñas pistas argumentales para que el lector les cuestione.

Asimismo, sorprende la facilidad de Evenson para la imaginería terrorífica. El autor es capaz de diseñar a seres espeluznantes (el terapeuta nocturno de "Nacido Mortinato"; el hombre del traje dorado de "Un mundo resplandeciente"; la entidad parasitaria de "El agujero"...). Con idéntica maestría es capaz de urdir escenas cuyas implicaciones le ponen a uno la piel de gallina. 

Quizá el texto menos convencional del conjunto es "Advertencia de contenido sensible", una hilarante gamberrada que se mofa de los trigger warnings. No le van a la zaga en lo que a rareza respecta otras piezas, que a pesar de catalogarse con holgura dentro de lo que conocemos como narrativa, siguen partiendo de ideas muy locas, como "La segunda puerta".

En resumen: Una canción para deshacer el mundo es una colección de género tan ecléctica como satisfactoria. Aunque debo advertir que su aproximación al terror suele ser más sutil de lo habitual, en la línea de Thomas Ligotti. Además, aviso que muchas de sus ficciones son bastante abiertas, de modo que pueden decepcionar a los lectores que prefieren que se les dé todo masticado. Sea como fuere, Evenson es, a mi juicio, un gran escritor, a quien me alegro de haber conocido.



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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Brian Evenson ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¿Cuál es tu relación, en tanto que autor, con H. P. Lovecraft? Me ha parecido que lo referencias varias veces.

B.E.: Ciertamente, he escrito unas cuantas historias que dialogan con su obra (normalmente para revistas y antologías relacionadas con él). No leí nada suyo hasta que cumplí los 30. Sabía de su existencia, por supuesto, y muchísima gente me lo recomendaba, pero entonces me consideraba un escritor más literario que de género (pese a que mi obra tenía un fuerte componente horrorífico). Me impactaron especialmente El que susurra en la oscuridad y En las montañas de la locura. 

ULAD: Además de Lovecraft, ¿qué otros escritores te inspiran? ¿Edgar Allan Poe, Richard Matheson, Shirley Jackson, Stephen King, Clive Barker o Thomas Ligotti, quizá?

B.E.: Sin duda, Poe. Mi madre me leía sus historias cuando era pequeño, antes de irme a dormir, así que me han quedado grabadas. También Jackson y Ligotti han sido bastante importantes para mi carrera.

Al igual que Lovecraft, no leí a Matheson, King o Barker hasta ser mayor. Aunque los admiro, no considero que me hayan influenciado. Peter Straub, en cambio, sí. Y Robert Aickman; de él es de quien he aprendido más cosas. 

Otros autores que me gustan son Guy de Maupassant, M. R. James, Algernon Blackwood, Arthur Machen, Lucius Shepard, Paul Bowles, Franz Kafka y Samuel Beckett. 

ULAD: ¿Crees que los escritores de terror moderno han introducido novedades en el género? 

B.E.: Sí, pienso que los escritores contemporáneos de terror están logrando expandir el género. Sobre todo los jóvenes, pues arriesgan más. Además, cuando el horror se globaliza,  tiene a representantes cada vez más diversos: autores como Victor LaValle o N. K. Jemisin se adueñan de lo lovecraftiano y lo desplazan en direcciones inéditas, la filipina Kristine Ong Muslim narra desde la perspectiva de vivir en un sitio amenazado por un cambio climático que Occidente decide ignorar, Stephen Graham Jones entrega una perspectiva indígena y Attila Veres mezcla su experiencia en Hungría con sus lecturas americanas.

ULAD: Me encanta cómo presentas personajes totalmente enajenados al lector. A la hora de crearlos, ¿te basas en enfermedades mentales existentes?

B.E.: He investigado mucho en los campos de la psiquiatría y el psicoanálisis, y he sido cercano a gente con enfermedades mentales. También me he documentado sobre la psicopatía (incluso he conocido, lamentablemente, a un par de psicópatas). Además, imparto una clase sobre las representaciones de la locura en la literatura, así que le he dado muchas vueltas al asunto.

Personalmente, creo que las enfermedades mentales, en general, no son tan inequívocas y definidas como la teoría dice, y que muchas de ellas se ignoran completamente. Es por esto que, en mi ficción, intento representarlas con toda su complejidad y confusión.

ULAD: ¿Qué opinas de la implementación de trigger warnings en la ficción? Tu relato titulado "Advertencia de contenido sensible" parece una crítica gamberra y políticamente incorrecta a la gente que los demanda.

B.E.: En realidad no me opongo a los trigger warnings, pero pienso que deberían situarse al final del texto, en vez de al inicio. De este modo, la gente que los quiera conocer puede localizarlos fácilmente, y los que no, no se topan con ellos involuntariamente.

El motivo por el que los rechazo al inicio del texto es porque modifican la manera en que el lector aborda una historia: éste se prepara. Aunque entiendo que mi nivel de tolerancia es altísimo, pues jamás he leído nada y pensado luego: ¡ojalá un trigger warning me hubiera advertido de esto!

Cuando enseñaba en la Brown University teníamos una política: en las clases de escritura creativa se leerían cosas incómodas, pero, en si era necesario, uno podía parar en cualquier momento. Un colega del trabajo opinaba que si te resulta problemático leer sobre algo, probablemente estés reprimiendo un trauma que debes tratar con un profesional y que, por tanto, ignorar en la ficción temas de ese tipo es contraproducente. Más o menos concurdo con él: la ficción tiene que provocar.  

"Advertencia de contenido sensible" es una especie de crítica juguetona con la idea de los trigger warnings. Se me ocurrió porque uno de mis estudiantes insistía en usarlos hasta límites absurdos; ¡los suyos eran innecesariamente específicos! 

ULAD: Has ganado varios premios a lo largo de tu carrera. ¿Hay alguno del que te sientas particularmente orgulloso?

B.E.: Me hizo muy feliz el Premio Shirley Jackson por "Una canción para deshacer el mundo", ya que había sido nominado hasta en seis o siete ocasiones en ese certamen pero nunca lo había ganado.