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jueves, 10 de octubre de 2024

VV.AA. : Paseando con fantasmas

Idioma original: inglés y francés

Año de publicación: entre 1773 y 1836. Como antología de relatos, 2012

Traducción: Marian Womack

Valoración: recomendable para interesados 

Ya que se acerca Halloween, vamos pues con otros de los personajes  (debería llamarlo "entes", más bien) emblemáticos del mundo sobrenatural y, según los casos, terroríficos. Especialmente populares para disfrazarse, además, por lo sencillo que resulta: basta con hacerle un par de agujeros a una sábana vieja, y p'alante... (quien no me crea, que vea la película A ghost story... interesante, por otra parte). Estoy hablando, cómo no, de los fantasmas. Pero de de unos fantasmas cualquiera, de novela pulp o película de Disney, sino de los que imaginaron toda una serie de escritores de la época seminal del género de terror, Los amantes de lo macabro y los arbotantes, lo tenebroso y el arco apuntado... los góticos. No los que van de negro con piercings, sino los que escribían cosas de (más o menos) miedito hace cosa de doscientos y pico de años.

Porque antes que nada, aviso: lo importante de esta recopilación de relatos escritos en el siglo XVIII y primera mitad del XIX no es el título, Paseando con fantasmas -aunque fantasmas, haylos-, sino el epígrafe posterior: Antología del cuento gótico. Lo comento porque éste es el nexo de unión de todos ellos, su pertenencia a una tendencia literaria que se dio entre los dos siglos mencionados (aunque con ramificaciones e influencia posterior que perdura hasta hoy), más que el hecho de que se trate de historias de espectros, porque el caso es que no en todos los cuentos aquí reunidos aparecen estas apariciones sobrenaturales -sí en muchos-, sino que en otros el ingrediente terrorífico, por así decirlo, se confía, sin más a lo macabro, pero no necesariamente a algo venido del más allá. Permitidme que,  a este respecto, reproduzca aquí las palabras del prologuista del libro, David Roas, que así no tengo que trabajar resultan mucho más pertinentes que las mías:

"Un rápido listado de los principales rasgos que caracterizan a la novela gótica revela la importante dimensión de lo terrorífico y lo macabro en este tipo de historias: apariciones fantasmales y otros fenómenos fantásticos, crímenes y acciones sanguinarias de todo tipo (desde el sadismo desaforado hasta la necrofilia, pasando por la violación), misterios terroríficos (que no siempre tienen que desembocar en lo sobrenatural); maldiciones, gemidos, murmullos, gritos, chirridos y demás sonidos inquietantes; lo que podríamos llamar lo 'terrorífico arquitectónico' (espacios cerrados y amenazantes, habitualmente en ruinas, como castillos)..."

A lo que yo añado, si se me permite (algo habrá que decir), una sobredosis folletinesca de pasiones desbordadas -amorosas y de todo tipo- , secretos de familia, encuentros y desencuentros, contadas con un estilo enfático, alambicado y, en ocasiones, excesivo. Lo habitual en la época, vaya... 

 A la mayor parte de los autores/as que aparecen en esta recopilación de relatos, no obstante, no los conocen ya ni en su casa a la hora de la ouija. Algunos sí, empero, aquí encontramos, por ejemplo, un cuento obra de Lord Byron, nada menos -El enterramiento (1816), sobre un viaje que hace el protagonista con un tal August Darvell por tierras otomanas... cómo no-; otro de su amiga y hoy en día aún más célebre Mary Shelley, El sueño, de 1832 (no, no va de un científico que sueña que crea a un monstruo con cachos de cadáveres, sino de una dificultosa historia de amor durante el reinado de Enrique IV, entre una condesa católica y el hijo de un enemigo protestante); también del autor de lqa que se considera obra cumbre del gótico, Melmoth el errabundo, Charles Maturin, aquí con El castillo de Leixlip (1825), ambientada en la Irlanda del siglo XVIII y que posee un punto metaficcional, al contarnos una historia dentro de otra historia dentro de otra historia más... o William M. Thackeray, quien dicho sea de paso, escribió el cuento que a mí me ha gustado más de este compilación, el muy divertido La apuesta del diablo (1836), lleno de un humor muy británico sobre las vicisitudes del alma de Sir Roger Rollo.

No están tampoco nada mal otro viaje infernal, La expedición al Infierno (1936), de James Hogg, que nos relata el sueño del cochero de Edimburgo George Dobson, en el que lleva a unos clientes al Inframundo o el anónimo de 1819 Danza macabra, un cuento al estilo de los hermanos Grimm en el que un gaitero mágico interpreta una "danza de la Muerte". Aunque el numero de relatos recogidos en el libro asciende a dieciocho, mencionaré aquí ya sólo otra que me ha parecido harto curiosa: Andreas Vesalius, el anatomista, de Petrus Borel (1833) en el que el célebre científico del siglo XVI ha de afrontar las iras del siempre castizo pueblo de Madrid, receloso de sus pecaminosas prácticas científicas.

En fin, que si lo que buscáis es una buena ración de fantasmas, ruinas de la grandeza de otro tiempo, romanticismo exacerbado, momentos macabros, personajes sobrepasados, pasiones y sentimientos llevados al límite... podéis meteros un rato en Twitter... perdón, X o leer este libro. Yo os aconsejo esto último; saldréis ganando en cultura, entretenimiento y no le haréis ganar dinero al cenutrio de su dueño.

jueves, 18 de agosto de 2022

2 x 1 Jean Paul: El viaje del rector Florian Fälbel / Vida del risueño maestrillo Maria Wutz

Idioma original: alemán

Título original: Des Rektors Florian Fälbels und seiner Primaner Reise nacht dem Fichtelberg / Leben des vergnügten Schulmeisterlein Maria Wutz in Auenthal. Eine Art Idylle (ahí queda eso)

Traducción: Isabel Hernández

Año de publicación: 1790

Valoración: Se deja leer


Johann Paul Friedrich Richter, allá por finales del siglo XVIII y principios del XIX, firmaba con el afrancesado pseudónimo de Jean Paul. Parece que era un tipo bastante peculiar, autodidacta, de familia pobre, y también algo especial como escritor. Empeñado, pese a sus penurias económicas, en ganarse la vida escribiendo libros, llegó a conocer un cierto éxito popular, y se mantuvo al margen del mundillo literario de la época, que no era poca cosa (Goethe, Schiller, Hölderlin, Herder). Jean Paul iba por libre, que siempre es algo estimulante, y su estilo se distanciaba de sus contemporáneos, lo que tampoco le granjeó muchos amigos y sí algunas envidias por haber sabido conectar con un respetable número de lectores.

Las obritas que tenemos a la vista son dos nouvelles de época más o menos temprana en las que se aprecian algunas de las características más definitorias de este autor. Por encima de todo, el humor, algo que quizá no encaja mucho con nuestros posibles prejuicios hacia la literatura germánica, pero que en nuestro autor es seña de identidad. Jean Paul es sarcástico, goza con el absurdo y con situaciones ridículas, y no deja pasar la oportunidad de meter las gomas a todo lo que no le resultaba simpático: los caciques rurales, el sistema educativo, algunos compañeros de profesión, la hipocresía, la mediocridad. No por casualidad los protagonistas de los dos textos son maestros, actividad que él mismo desarrolló un cierto tiempo, al parecer sin mucho entusiasmo, y son personajes a quienes su erudición les sirve de bien poco, tipo sencillos con un punto de orgullo que se mueven con más pena que gloria en un entorno que les menosprecia claramente.

En el primer relato Florian Fälbel, más bien un profesor raso, dirige a sus alumnos, o lo intenta, en una especie de campamento volante, un intento de abrirles al mundo y enseñar cosas a pie de calle y de bosque. Como se puede suponer, todo es una sucesión de peripecias relativamente divertidas en la que se pone de manifiesto la inutilidad de la empresa, resultando absurdo el despliegue de conocimientos del maestro ante la ingrata tarea sembrada de dificultades. La vida de un tal Maria Wutz, también maestro, estructura el segundo librito, con un humor algo menos corrosivo, y repleto de digresiones que lo hacen algo menos consistente.

Bajo las historias, de apariencia algo inocua, se esconden algunas de las claves del pensamiento del autor, la frustración (heredada de sus dificultades económicas) ante el favoritismo de los nobles que designaban caprichosamente a sus protegidos para los mejores puestos, y la creencia en un fondo esencial de bondad del ser humano que se trasluce en especial en el desdichado maestrillo Wutz. La sensación, sobre todo en el Florian Fälbel, deja un aroma vagamente quijotesco, ese tipo de relato itinerante durante el que van surgiendo malentendidos, burlas y situaciones comprometidas para sus protagonistas, más o menos cómicas para el lector, y la mezcla de idealismo e ingenuidad que impregna al personaje. Pero ambas obras evocan mucho más al Tristram Shandy, con su afición por la cita erudita, el tono burlesco, el circunloquio excesivo y el gusto por invitar al lector a participar en el relato. Todo hay que decirlo, con bastante menos gracia en la mano de nuestro autor germánico que en la de Laurence Stern.

En torno a los clásicos hay diferentes leyendas. La más extendida entre los no lectores defiende, sin base en nada, porque no los han leído, que son aburridos, ininteligibles, arcaicos, nada que pueda satisfacer mínimamente al lector actual. Es algo obviamente falso, porque muchos de los que calificamos como clásicos (definición aún por precisar) son, con sus peculiaridades, de lectura sencilla, con frecuencia divertidos o sorprendentes, etc., o sea, que no tienen por qué asustar a nadie. Pero también es cierto que hay autores cuyo valor literario, o histórico-literario, nadie discute, pero que puestos frente a frente del lector del siglo XXI (incluso del XX) pues eso, que son difícilmente digeribles. Incluso somos capaces de detectar sus virtudes, un estilo diferenciado, la capacidad de innovación, pero siendo honestos, como lectores de a pie que somos, a lo mejor hay que reconocer que no resultan demasiado atractivos.

Supongo que se entiende que es justamente el caso. No he disfrutado casi nada con esta lectura, he intentado encontrarle la gracia, lo he conseguido a veces, pero con cuentagotas. Y quizá lo que más me ha ayudado ha sido ese magnífico epílogo de Isabel Hernández (también traductora, y autora de las numerosas notas al pie) que glosa la trayectoria de este autor singular, explica cosas que seguro no he sido capaz de ver, y deja una buena panorámica en la que situar a nuestro Jean Paul y pistas para entenderle mejor. Un lujo cuando alguien que domina un tema se esfuerza en hacerlo llegar a quienes somos profanos.


sábado, 25 de junio de 2022

Voltaire: Tratado sobre la intolerancia

Idioma original:  francés
Título original: Traité sur la tolerance
Año de publicación: 1763
Traducción: Mauro Armiño
Valoración: recomendable

En 1762, sucedió en Toulouse el caso de Jean Calas: un comerciante éste de religión protestante que tuvo la desgracia de que uno de sus hijos se suicidara; pero además, debido a la acusación de los sectores más católicos de la ciudad, toda la familia Calas fue acusada de haberle asesinado porque el joven quería cambiar de religión (hacia el catolicismo, se entiende).  Al final, el padre, jean, asumió toda la "culpa" para exonerar a su familia y fue ejecutado por ello, para alborozo de la multitud tolosana. En cambio, en la al parecer más laica y moderada París, adónde  se dirigió su viuda para reclamar justicia al monarca, el asunto causó una gran indignación, al menos en los círculos ilustrados a los que pertenecía e incluso podríamos decir que lideraba Voltaire y motivó que redactara este Tratado sobre la tolerancia. (*) 

En su obra, Voltaire, con esa claridad expositiva y estilística que le caracteriza (y de la que no solo deberían haber aprendido muchos de sus contemporáneos, sino también no pocos ensayistas actuales), pasa revista al caso de Jean Calas, se lamenta de la injusticia cometida y critica con dureza a quienes considera responsables. A partir de ahí, Voltaire se lanza a una disquisición sobre el concepto de tolerancia, su pertenencia al derecho natural o divino (según él, pertenece al primero, claro, excepto en el caso del judaísmo), sus posibles peligros, etc. y sobre la evolución de las leyes y costumbres a lo largo de la Historia, examinando la actitud de los antiguos griegos y romanos -en el caso de los mártires cristianos, Voltaire atribuye su persecución más a la actitud exaltada e irrespetuosa de éstos que a la intransigencia romana-, para pasar luego a loar la gran tolerancia que muestran, según él,  los fieles de otras religiones, como los mahometanos y, sobre todo, los judíos (si viviera hoy, a monsieur Arouet le daba un pasmo), en contraste con lo que ocurre entre los cristianos...

Aquí es donde ya Voltaire se suelta y emprende una diatriba sobre la falta de tolerancia de que ha hecho gala el cristianismo (recordemos que un siglo antes su país se había desangrado en las guerras de religión), independientemente de la rama que se profese; muy divertida resulta, por cierto, la fábula sobre un mandarín chino que trata de mediar en las disputas entre un jesuita, un luterano y un reformista holandés. Arremete, de paso, contra las indulgencias papales, las supersticiones populares -"La superstición es a la religión lo que la astrología a la astronomía: la hija muy loca de una madre muy cuerda (...)"-, cualquier dogmatismo -"Cuanto menos dogmas, menos disputas y cuanto menos disputas, menos desgracias; si esto no es verdad, estoy equivocado"-; usa la ironía tanto contra jesuitas como jansenistas, etc. Todo ello echando mano no sólo del razonamiento lógico, sino también deun gran sentido del humor, por medio de ejemplos, anécdotas, aforismos y otros recursos que consiguen hacer aflorar la sonrisa, pese a la gravedad del tema. Para acabar, o casi, con una oración a Dios en la que le pide que los humanos nos ayudemos unos a otros, por encima de nuestras diferencias, respetando las mil formas de adorar a ese dios al que se dirige cada cual.

Como podemos suponer, muchos de los ejemplos y referencias que cita Voltaire no le serán ya familiares a la gran mayoría de sus lectores actuales y tampoco entre nosotros, o al menos es lo que sucede en Europa, tiene tanto peso la religión como antaño (cabe preguntarse hasta cuándo, en todo caso9; aún así, la lectura de este tratado sigue resultando conveniente y sus conclusiones de lo más pertinentes en esta época en la que al integrismo intolerante de algunos existe la tentación de oponer una intolerancia de signo contrario (o no tan contrario... quizás se trate de los mismos perros con distintos collares). pero no perdamos la esperanza: recordemos que este libro tuvo en Francia un inesperado éxito a raíz de los atentados de Charlie Hebdo, multiplicándose por doce suis ventas... ojalá lo leyese todo el mundo sin necesidad de que ocurra algo así.

(*) De la que, por si a alguien le interesa, se publicó una versión reducida en la célebre colección Great Ideas de Penguin, titulada Contra el fanatismo religioso.

También de Voltaire y reseñado en Un Libro Al Día: Cándido o el optimismo

martes, 1 de marzo de 2022

Ilustres olvidados #2 Denis Diderot: Jacques el fatalista

Idioma original: Francés
Título original: Jacques le fataliste et son maître
Traducción: Fèlix de Azúa i Comell
Fecha de publicación: 1796
Valoración: Curioso, cuanto menos

El rupturismo artístico es, a estas alturas, prácticamente imposible. Creedme, casi todo está inventado. Y si no, que se lo digan a Denis Diderot, que en la segunda mitad del siglo XVIII concibió Jacques el fatalista.

Imaginaos, en plena Ilustración, a una obra empeñada en subvertir esquemas tanto formales como conceptuales. Una obra que no es sino el resultado de un mestizaje de géneros, cuya estructura desafía a cualquier molde establecido, cuyas caprichosas digresiones sabotean al argumento, que presenta a un narrador que interactúa constantemente con el lector, que exuda erudición pero al mismo tiempo no se toma en serio a sí misma. Una obra que adelanta multitud de estrategias metaliterarias, preñada de reflexiones morales y filosóficas, permeada por un ingenioso sentido del humor. Imaginaos, en suma, a «una insulsa retahíla de hechos reales e imaginarios, escritos sin gracia y distribuidos sin orden ni concierto» (Diderot dixit), que consigue, pese a todo, cautivarnos. 

En fin, ojalá os haya interesado en Jacques el fatalista. Sus defectillos, estoy seguro de que intencionados, no pueden eclipsar su modernidad y audacia. Con esta reseña me sumo a sus reivindicadores incondicionales, entre cuyas filas se encuentran nombres de la talla de Italo Calvino, José Saramago y Milan Kundera. Debéis conocer este texto; en especial, aquéllos que se creen innovadores.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Colaboración. Friedrich Hölderlin: Hiperión

Idioma original: alemán
Título originalHyperion oder der Eremit in Griechenland
Traducción: Jesús Munárriz
Año de publicación: 1797-1799
Valoración: Imprescindible



En el año 2020 se conmemorará el 250º aniversario del nacimiento de Friedrich Hölderlin, escritor alemán de quien se ha dicho que encarna la misma esencia de la poesía; tales fastos nos proporcionan una excusa formidable para acercarnos a su Hiperión, su obra más conocida. Se trata de una novela de un lirismo deslumbrante en la que, con una estructura epistolar, el protagonista que le da nombre –un joven griego del siglo XVIII que se rebela contra la ocupación turca de su país– informa a su  amigo alemán Belarmino de sus sucesivas acciones y pensamientos. Si sucumbimos a la tentación que tal excusa nos otorga, podremos comprobar la asombrosa vigencia del mensaje contenido en ella, a pesar de la extrañeza que el emotivo lenguaje en que está escrita pueda inspirarnos en el siglo XXI. 
Hay que leer Hiperión a los veinte años. En la edad en la que uno quiere cambiar el mundo, el fulgurante idealismo de sus páginas insuflará un entusiasmo incontenible al incauto que se exponga a su influjo: Hiperión suministrará el combustible preciso para avivar la rebeldía en aquella edad en la que aún somos invulnerables. Quien escribe estas líneas así lo hizo, casi por azar y, desde luego, desprovisto de prospecto alguno que advirtiese de sus efectos secundarios; la conmoción experimentada fue mayúscula y sus efectos, perdurables. Mi viejo volumen, cuyas subrayadas páginas hace mucho que amarillean, sigue ocupando su lugar en la mesilla de noche; también se mantiene incólume en el catálogo de la editorial.
Pero hay que releer Hiperión pasada la cincuentena, paladeando la belleza de cada frase que aquella primera lectura remota y probablemente desbocada quizá pasó por alto. Y debe releerse, a ser posible, después de investigar la biografía de Hölderlin. Así, esta segunda lectura revelará de qué manera autor y obra van inextricablemente unidos y cuál fue el precio que hubo de pagar por la entrega incondicional a la causa de la poesía. El paralelismo entre los protagonistas de la historia narrada y Hölderlin y las personas que mayor influencia tuvieron en su vida se desvelará con nitidez; cada pasaje del libro, por otra parte, es el eco de algún suceso vivido por éste. La anhelada expulsión de los otomanos del suelo helénico para implantar una sociedad de hombres libres resultará ser una metáfora de los ideales revolucionarios que barrían la Europa acompañando a las tropas de Napoleón. Unos ideales que no tienen nada de patriótico, pues su meta no es otra que recuperar la unidad de todo lo viviente. Pero, atención: para conseguirlo, la belleza es el valor supremo. Como advierte Hölderlin por boca de Hiperión cuando éste recorre las ruinas de Atenas junto a su amada Diótima –en uno de los pasajes más luminosos del libro–, «sin belleza del espíritu y del corazón, la razón es como un capataz que el amo de la casa ha enviado para vigilar a los criados».
Con estas premisas, y con la urgencia que reclama un mundo cada día más compartimentado y excluyente, quizá sería pertinente hoy releer Hiperión. Aprovechemos la oportunidad que la efeméride ofrece. Pero no olvidemos lo que sucede a los que, como Ícaro, ascienden demasiado alto. A Hölderlin, su entrega a la causa de la belleza le costó la locura y el vivir apartado del mundo durante más de tres décadas.


Firmado: Luis Ruiz Padrón

jueves, 15 de agosto de 2019

Thomas Paine: El sentido común

Idioma original: inglés
Título original: Common Sense
Año de publicación: 1776
Traducción: Miguel Ángel Ruz Viana y Max Lacruz
Valoración:  quiero pensar que imprescindible, aunque en verdad, lo debo dejar en bastante recomendable...

Permitidme una pregunta (retórica y algo tonta): ¿qué os apetece más leer en veranito, cuando estáis en la playita, en la piscinita o la terracita? ¡Pues un best-seller como Dios manda, claro! No vais a ser tan raritos de poneros a leer, yo qué sé a Cartarescu... Fiel a su vocación de servicio público, Un Libro Al Día os ofrece hoy la reseña de uno de los mayores y más fulminantes best-sellers que la historia editorial ha conocido... Sí, vale que en el siglo XVIII, pero best-seller al fin y al cabo, ¿que no? Pues sabed que El sentido común de Thomas Paine logró vender 120000 ejemplares durante los tres primeros meses, en lo que poco después serían los Estados Unidos de América, y se publicó medio millón de ejemplares en muy poco tiempo. Lo cual, traducido a términos de población, niveles de renta y alfabetización actuales, sería algo así como si se hubiesen vendido 200 millones de ejemplares o una cosa parecida... (por lo visto, una de las causas del éxito, además de la coyuntura de ese momento histórico fue que estructuró sus ideas como si formaran un sermón religioso, que era lo que le molaba a los colonos americanos, además de incluir alusiones y ejemplos sacados de la Biblia).

De acuerdo que no se trataba de un libro al uso, sino de un folleto o panfleto (mejor dicho, un pamphlet, que en inglés no tiene el carácter peyorativo del término castellano), pero la cosa no deja de tener su mérito; más aún, y habida cuenta que la independencia de Estados Unidos se declaró apenas cinco meses después de la publicación de esta obrita, se considera que el panfleto tuvo mucho que ver en el buen término de tan venturoso hecho histórico. Y eso que Paine, en principio, no era norteamericano, sino inglés, y se trasladó a las Trece Colonias en 1774 después de haber conocido a Benjamin Franklin, para ayudar en lo posible en la consecución de la independencia de las mismas. Regresó luego a Inglaterra para defender los intereses estadounidenses y, al estallar la Revolución francesa, también los principios de ésta frente al gobierno británico, de forma que acabó siendo condenado por alta traición tras publicar en 1791 Los derechos del hombre. Huyó a Francia, donde llegó a ser miembro de la Convención, por el partido girondino, siendo, por tanto, mal visto por los jacobinos -aversión que acabó siendo mutua- y encarcelado por orden de Robespierre. En prisión escribió La edad de la razón, donde defendía los valores morales, el humanismo, la fraternidad y la fe en Dios, pero rechazando las religiones reveladas (era hijo de un cuáquero, después de todo). Se libró de conocer a Madame Guillotine, pues fue liberado por el golpe de Termidor y restituido a su puesto en la Convención, aunque, disgustado por la llegada al poder de Napoleón, volvió a Estados Unidos, donde murió. En fin, un tipo que se aburrió poco, como vemos y que nunca se casó con el poder sin pensárselo antes, por más que llevase el adjetivo "revolucionario".

Porque, además, este hombre era "muy de pensar" y de hacer pensar a sus coetáneos, ya de paso; de hecho, toda su doctrina política está basada en una lógica sencilla, pero aplastante y en la experiencia previa, tanto de sus contemporáneos como histórica. Su ideario político tampoco es que sea muy rebuscado y se puede resumir de forma muy sencilla: ERREPUBLIKA TA INDEPENDENTZIA (vale que en inglés suena menos agreste... pero eso, hoy en día, porque en el XVIII también se las traía, esta gente). Así pues, la primera parte del panfleto trata sobre la distinción entre sociedad y gobierno -"La sociedad es el resultado de nuestras necesidades y el gobierno de nuestras iniquidades: la primera promueve nuestra felicidad positivamente, uniendo nuestras afecciones y el segundo, negativamente, restringiendo nuestros vicios...", sobre la naturaleza de la monarquía -perversa y, según él, contraria a la voluntad del Todopoderoso, pues en realidad fue un castigo que impuso a los israelitas- y un análisis crítico de la Constitución inglesa. También una disertación sobre el indigno origen de la monarqía hereditaria y su sinsentido: "Poco importaría el absurdo de la sucesión hereditaria, si no fuese su resultado tan fatal para el género humano..." (baste saber que para Paine, Guillermo el Conquistador no era sino el jefe de una banda de malhechores). En fin, vosotros/as veréis, pero yo esta parte me la he leído sin parar de aplaudir con las orejas...

La sección "indepe" del libro, es más extensa y, si se me permite decirlo así, también un poco más peñazo, sobre todo porque, a diferencia de la anterior, que tenía un carácter más general, en ésta Paine aduce toda una serie de razones -todas llenas de "sentido común", eso sí- que hoy en día ya nos suenan un poco peregrinas, salvo para los historiadores duchos en la época. Irónicamente, una de las más recurrentes es poder mantener la paz con los países europeos, a pesar de que éstos, como Francia o España, puedan entrar en guerra con gran Bretaña (digo lo de la ironía, porque en este siglo XXI parece que desde ciertos poderes de los EEUU lo que les interesa es lo contrario: cargarse la Unión Europea y que el reino Unido se aleje de ésta, o sea, nosotros, vía Brexit.... que a ver si es verdad, por cierto). También habla de las ventajas de una autonomía militar y, sobre todo naval, norteamericana (aquí lo clavó) y en la independencia y el sistema republicano como antídotos para evitar guerras civiles (permitidme que me caracajee). Además, también añade toda una serie de razonamientos económicos que, sin llegar al "Anglaterra ens roba" (quizás porque él mismo era , hasta dos años antes de escribir el panfleto, más inglés que el té de las cinco), por ahí le ronda... Todo lo cual yo no discuto, pero en cuestiones de dineros, ya se sabe que las matemáticas son cualquier cosa menos una ciencia exacta... En todo caso, sus páginas de razones pormenorizadas se pueden condensar en esta frase: "El sol nunca brilló en una causa con mayor valor". Ya sabéis, Home of the Braves, y todo lo demás...

Por último, mencionar que en algunas ediciones, posteriores a la primera, de El sentido común incluyen una epístola a los cuáqueros (ya os lo dije) y en otras, posteriores a la Revolución Francesa, una interesante diatriba contra el sufragio censitario (es decir, que sólo pudieran votar los ciudadanos con ciertas riquezas) y advirtiendo, por otra parte de los peligros del poder revolucionario cuando se convierte en dictatorial, algo que Thomas Paine sufrió en sus propias carnes. Como comentó de él, Bertrand Russell: "...Se ganó la hostilidad de tres hombres a los que no se suele relacionar: Pitt, Robespierre y Washington. De éstos, los dos primeros trataron de matarle, mientras el tercero se abstuvo cuidadosamente de salvar su vida. Pitt y Washington lo odiaban porque era demócrata, Robespierre, porque se opuso siempre a su régimen del terror. Su destinos fue siempre ser honrado por los pueblos y odiado por los gobiernos."

Pues eso.

martes, 27 de febrero de 2018

Laurence Sterne: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy

Idioma original: inglés
Título original: The Life and Opinions of Tristram Shandy Gentleman
Traducción: J.A. López de Letona
Año de publicación: 1760-67
Valoración: Muy recomendable


Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy se titula así porque… porque así lo quiso Laurence Sterne, un clérigo irlandés del siglo XVIII, dotado de una indiscutible facundia narrativa. Esa es realmente la única razón de ser del título porque, concluidas las quinientas y pico páginas, apenas sabemos nada de la vida y muy poco de las opiniones del caballero Shandy. Sabemos, sí, que el nombre de Tristram le cayó en gracia por el error de una criada; que su nariz quedó perjudicada por el torpe manejo de los fórceps en su alumbramiento; y que a una edad sin definir, seguramente en su juventud, emprendió un viaje a través de Francia del que conocemos unas pocas anécdotas. Eso es lo que el lector llega a conocer de la vida de Tristram Shandy; pero es lo que tiene Sterne, que titula como le da la gana y escribe lo que quiere con libertad absoluta, y esa es justamente la inigualable virtud del libro.

Así que supongo que ya se va viendo que esto no es un relato normal, no sé, la historia o las aventuras de un personaje determinado. El propio Sterne se jacta de su ‘talento digresivo’, porque la digresión es la esencia misma de la obra. Estamos ante un torrente de textos paralelos que desborda todo cauce, y se nota cómo el autor disfruta yéndose por las ramas con el pretexto más nimio, y muchas veces sin necesitar de él. De esta forma, la narración no avanza en absoluto y, como lectores acostumbrados a desarrollos más convencionales, nos sorprendemos al ver cómo se consume más de un tercio del libro, pendientes todavía del nacimiento del supuesto protagonista. Y sin embargo, bien pronto se acostumbra uno a este juego un poco malicioso, y disfrutamos si adoptamos esa actitud tan útil para el lector consistente en dejarse llevar, como lo hizo el público de la época, que brindó una magnífica acogida al libro.

Me permitía llamar supuesto protagonista al caballero Tristram porque a quienes sí tenemos siempre en primer plano es a su padre, Walter, personaje culto, singular y de humor un poco ácido, un artista del silogismo, tan devoto de la filosofía como de interminables duelos dialécticos sobre cualquier asunto que se presente; y su tío Toby, veterano en distintos episodios bélicos, de sencillez y bonhomía sin parangón. Con su charla, recuerdos, opiniones y descabellados proyectos consumen páginas y más páginas en espera de la llegada al mundo de Tristram, acompañados por unos cuantos secundarios que Sterne utiliza a su conveniencia, bien para contrastar la personalidad o los puntos de vista de los Shandy, bien para potenciar su posición. Pero no olvidemos la digresión. Lo que se nos presenta no es para nada una conversación coherente (o varias), sino un despliegue de materiales tan variados como insólitos: la historia de la comadrona que atiende al parto, una larga reflexión sobre el tamaño de  las narices, pequeños cuentos que apenas guardan relación con nada, parodias diversas, una teoría determinista de Walter sobre la influencia del nombre de pila en la personalidad, o un sermón completo, al parecer real, del propio Sterne en torno a la conciencia… interrumpido una y otra vez por los mismos personajes.

Ya hemos visto que el pobre Tristram queda privado de todo protagonismo; pero es que ni siquiera tiene el honor de ser el narrador, o casi. En principio el libro está escrito en primera persona, por tanto con hechuras autobiográficas. Pero tampoco aquí Sterne se siente constreñido por las normas, y la voz del narrador oscila libremente entre el personaje y el propio autor. No sólo eso. La osadía llega hasta trascender el límite del propio texto e involucrar de forma directa al lector, a quien se interpela con frecuencia, y se convoca (o provoca) no solo a opinar, sino a completar el relato a su manera. Sterne no consiente un lector pasivo, quiere mantenerlo alerta, le pregunta, le señala (literalmente, con el dibujo de una mano con el índice apuntando) frases o pasajes que considera relevantes, marca con guiones o asteriscos párrafos que el lector debe rellenar a su gusto, y hasta intercala páginas en blanco invitando a su colaboración. Literatura interactiva como pocas veces se ha visto, y juraría que ninguna en épocas anteriores a este libro.

Tenemos entonces un relato que apenas habla sobre el personaje que se suponía protagonista, que carece por completo de desarrollo y se dedica a acumular multitud de materiales colaterales, en el que no está claro quién es el narrador y quién el autor, y que además involucra al lector de forma expresa y sin complejos. Pero hay todavía más. El repertorio de innovaciones formales incluye capítulos de una o dos líneas, otros colocados en desorden, repeticiones, una representación gráfica de la intensidad de pasajes anteriores del libro, un cuento que no se llega a contar, un dibujo de los movimientos de bastón que acompañan al orador. Mucho, ¿eh? ¿Les vienen a ustedes a la cabeza autores vanguardistas, rompedores? ¿Cortázar, Joyce…?

‘Al diantre las reglas que me obligan a tener que contar así este asunto –si es que hay alguna-. Sé de sobra que lo hago todo al margen de toda preceptiva y si me la tropezase, la cogería, la destrozaría y la echaría al fuego después.’ Más claro, agua.

Podemos deducir por tanto que este clérigo, aparte de cantidades industriales de ironía y bastante malicia, y de un impulso irresistible de escribir sin parar, era un auténtico revolucionario de las letras, un visionario que se anticipó siglo y pico a los más brillantes autores que exploraron los límites de la literatura. Pero me atrevería a decir que nada más lejos de su intención. Todo este aluvión de elementos dispares, esta gran oleada de atrevimiento, se presentan con tanta naturalidad que no hacen pensar en una exploración racional de fórmulas literarias, sino en la genialidad innata de alguien que se divierte escribiendo. Sterne busca –con éxito, desde luego- el entretenimiento de un público amplio, mantener la atención del lector a lo largo de las sucesivas entregas de los nueve volúmenes; y, si al tono lúdico que domina todo el texto le añadimos la multitud de notas eruditas que lo salpican, la conclusión cuadra al cien por cien en la vieja máxima de ‘docere et delectare’. Sobre el primero de los elementos poco puedo decir; pero el segundo lo cumple el Tristram Shandy con toda solvencia.

P.D: También podríamos hablar de las influencias, Cervantes, Rabelais, Sterne y los críticos, las traducciones... Pero en algún momento hay que parar.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Xavier de Maistre: Viaje alrededor de mi cuarto

Idioma original: francés
Título original: Voyage autour de ma chambre
Año de publicación: 1794
Valoración: recomendable

Hay libros escritos por divertimento, sin darles demasiada importancia, y que sin embargo adquieren una fama y una repercusión que sorprende incluso a su autor. Quizás el caso más famoso sea el del Quijote, que Cervantes no consideraba como su mejor obra, pero este es también el caso de este Viaje alrededor de mi cuarto, una broma literaria que quizás no habría visto la luz si no llega a ser por el hermano del escritor, que la publicó por su cuenta y riesgo, presintiendo, él sí, que tenía entre manos una pequeña joya.

El Viaje alrededor de mi cuarto tiene un origen biográfico real: en 1794, Xavier de Maistre fue condenado a seis semanas de arresto domiciliario en su casa de Turín por participar en un duelo. Durante esos cuarenta y dos días compuso este librito, formado exactamente por cuarenta y dos capítulos breves, de una a cuatro páginas, en el que narra, parodiando el estilo de los libros de viajes tan habituales en el siglo XVIII, las vueltas que da en su cuarto, las conversaciones que tiene con su criado, y sobre todo consigo mismo, o sus reflexiones sobre la vida, el arte, el amor, la literatura...

Porque, claro, Maistre no se limita a describir su habitación, que sería muy aburrido: gracias a la división entre "alma" y "animal", su mente puede viajar, llevada por las asociaciones de los objetos que encuentra en su mesa o de los libros de su biblioteca, aun cuando su animal, su cuerpo, esté atrapado entre cuatro paredes. Así, puede ver un cuadro y recordar un viejo amor, ver unas reproducciones de pinturas y reflexionar sobre el arte, o hacer una digresión sobre historia de la literatura universal... Todo ello con la ligereza de quien escribe solo para divertirse, sin pretensiones de estilo o de inmortalidad.

El resultado es un libro ameno, original, extraño; una lectura de una tarde que nadie se arrepentirá de haber hecho. Como nota final que da cuenta de la relevancia que ha llegado a alcanzar esta obrita, Borges (o mejor dicho, Carlos Argentino Daneri) lo mencionan en el relato El Aleph.

(Hay una segunda parte, una Expedición nocturna alrededor de mi cuarto, pero claro, como cabía esperar no tiene la misma frescura del original).

domingo, 21 de junio de 2015

Colaboración: Viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mundo de James Cook

Idioma original: inglés
Año de publicación: 1772-75
Valoración: Está bien

Día 1 
Alentado por remotos recuerdos de las aventuras del capitán Cook, emprendo la lectura de este libro, comprensivo de su segundo viaje, a bordo del Resolution. Lamentablemente, queda fuera del relato su primera singladura en el Endeavour, así como la tercera y última, en la que el extraordinario personaje terminó sus días en Kealakekua (Hawai). No obstante esta limitación, las cerca de 900 páginas del libro me parecen más que suficientes por esta vez.

Día 8 
Un año después de partir de Inglaterra, Cook arriba a las costas de Nueva Zelandia (sic), tras haber explorado concienzudamente las latitudes australes y haber sufrido los rigores de los mares del sur y la dureza de su clima. La narración, clara y sencilla, se deja leer con suma facilidad, ajena tanto al adorno superficial como al arcaísmo que impide digerir relatos similares, como los penosos Diarios de Colón. Llegados a este punto, sin embargo, nos preguntamos si lo que hasta ahora ha sido una agradable lectura no se convertirá en un pesado ladrillo en las cinco sextas partes que aún nos restan, si no tornará en monotonía y tedio lo que viene resultando interesante y entretenido.

Día 28 
Primer tercio del viaje. La expedición abandona las Islas de la Sociedad (Tahiti y otras) en que han permanecido los últimos meses. Hemos descubierto el espíritu del auténtico explorador, que se ocupa en reponer a su estado original los lugares en que ha desembarcado, trata con respeto a los indígenas y analiza con minuciosidad sus costumbres y el entorno natural en que se mueve. Todas estas circunstancias proporcionan dinamismo al relato, de forma que, llegados a este punto, la lectura no viene resultando larga.

Día 54 
Cook ha continuado recorriendo las inmediaciones de la Antártida y se empieza a desmontar el mito del continente austral. El recorrido continúa por todo el Pacífico sur, y el relato sigue siendo razonablemente ágil. No obstante, la acumulación de páginas, la reiteración de escenarios semejantes y la incertidumbre sobre la trayectoria de la expedición empiezan a hacer mella en nuestra resistencia. Con la exploración de las Nuevas Hébridas y el descubrimiento de Nueva Caledonia concluye el segundo tomo, y afrontamos la recta final del viaje.

Día 79
El Resolution arriba a las costas de Inglaterra. Concluido el viaje, nos ha llamado poderosamente la atención la capacidad del capitán Cook para mantenerse siempre dentro de la objetividad y transmitir de forma aséptica y minuciosa todo cuanto va aconteciendo. Ni los descubrimientos que se suceden, ni los incidentes en distintos puntos, ni las relaciones personales con su tripulación o con los indígenas le hacen abandonar el estilo predominantemente científico, simple y directo, que ha mantenido desde la primera página. Salvo un par de comentarios mínimos casi al final del viaje, no se dejan traslucir temores, ni alegría, ni cansancio, ni dudas, ni expectación, ni tentaciones, nada.

Pero no se debe olvidar que no hemos tenido entre manos una novela o libro de viajes, sino un documento, las conclusiones del trabajo de un explorador. Cook ya advertía desde un principio que nadie esperase encontrar un lenguaje literario ni brillantes descripciones. Y en el mismo mérito de ser capaz de perseverar en su faceta de investigador se puede encontrar el principal arrecife que dificulta la navegación por el libro: no es fácil digerir casi mil páginas sobre un viaje de cuatro años desnudo de alicientes añadidos, o en el que ni siquiera se atisba el lado humano de sus protagonistas.

Sólo si se consigue sobrellevar esta circunstancia, la obra resulta de verdad atrayente, dándonos a conocer, en directo y sin adornos, lo que realmente era un descubridor del siglo XVIII, tipos singulares que han dejado su huella en la Historia de la humanidad.

Firmado: Carlos Andia

lunes, 28 de octubre de 2013

Semana del terror: El castillo de Otranto, de Horace Walpole

Idioma original: inglés
Título original: The Castle of Otranto
Año de publicación: 1764
Valoración: está bien (e históricamente, imprescindible)

¿Qué mejor forma de empezar una semana dedicada a la literatura de terror, que con la novela fundadora del relato gótico? Una novela de 1764 (¡nada menos!) que puso las bases de un género que se desarrolló a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Publicada originalmente como si fuese una traducción de un manuscrito antiguo -un truco narrativo bastante común en este y otros géneros-, obtuvo una buena acogida crítica que llevó al autor a reconocer su autoría a partir de la segunda edición.

Como novela gótica, El castillo de Otranto lo tiene todo: un castillo encantado, maldiciones, doncellas en apuros, cuadros vivientes, ruidos tétricos, personalidades ocultas e hijos encontrados... Aunque, precisamente por la acumulación de elementos, y por la inocencia con que se presentan (así lo vemos desde nuestra perspectiva, al menos), su lectura indudablemente ya no produce el mismo efecto que cuando se escribió y se leyó por primera vez.

Ya el argumento parece más una parodia que una novela destinada realmente a asustar al personal: al comenzar la obra, Conrado, el débil y feo hijo de Manfredo, señor de Otranto, está a punto de casarse sin amor con Isabella; pero su boda no llega a realizarse porque, cumpliendo una antigua maldición, el feo Conrado es aplastado por un yelmo gigantesco que cae del cielo (!!!). El delirante y despótico Manfredo decide entonces que, para tener descendencia y continuar su estirpe, se divorciará de su mujer, Hipólita, incapaz ya de darle más hijos, y se casará con Isabella, la prometida de su hijo muerto (!!!). Esta escapa y se esconde, ayudada por el joven Teodoro, acusado injustamente de haber provocado con brujerías la muerte de Conrado. Lo que sigue son sesenta páginas de enredos, persecuciones y reencuentros, que culminarán en un desenlace con mucha sangre pero con boda, y con un nuevo señor de Otranto.

Como decía, leer hoy El castillo de Otranto no es, desde luego, lo mismo que debía ser cuando se publicó. Hoy todo en esta obra suena anticuado: los elementos sobrenaturales parecen ingenuos o ridículos; los enredos de personalidades confundidas, que debían de hacer las delicias de los lectores, suenan ahora enrevesadas y tramposas; hasta la retórica del texto, llena de exclamaciones, lamentos y giros melodramáticos contribuye a alejarlo de nosotros.

Dicho esto, no cabe duda de que esta obra tiene un lugar garantizado en la historia de la literatura, y que sin ella es difícil entender la aparición de muchas de las obras que reseñaremos esta semana. Y eso es mucho decir...


domingo, 14 de julio de 2013

Jonathan Swift: Los viajes de Gulliver

Idioma original: inglés
Título original: Gulliver's Travels (Travels into Several Remote Nations of the World. In Four Parts. By Lemuel Gulliver, First a Surgeon, and then a Captain of Several Ships)
Año de publicación: 1726
Valoración: interesante

Hace ya años que vengo diciendo que tenía ganas de leerme esta obra, para ver qué había realmente en un texto que ha pasado al imaginario colectivo como un relato fantástico adaptado, la mayoría de las veces, a un público infantil. Efectivamente, uno piensa en Gulliver y le viene a la cabeza la imagen de un hombre atado al suelo por cuerdas y rodeado de hombrecitos minúsculos (los famosos lilliputienses). Y desde luego, esa imagen está en la novela, pero hay mucho, mucho más. Y desde luego no es una novela para niños, ni mucho menos.

Los viajes de Gulliver es, sobre todo, un ejercicio de imaginación e ironía puesto al servicio del pensamiento filosófico y político (como sucedía, con otros parámetros, en su Una modesta proposición). Para hablar sobre los hombres (los ingleses sobre todo) y sobre los modos en los que los hombres se organizan socialmente, Swift inventa un protagonista al que el azar lleva a conocer sucesivamente cuatro civilizaciones diversas, y a cuál más extraña: los dimininutos liliputienses, los gigantes brobdingnagianos, los habitantes de la ciudad volante de Laputa (sic) y los sabios Houyhnhnms, unos caballos con un elevado sentido de la verdad, la razón y la justicia.

En realidad Los viajes de Gulliver es en muchos aspectos una sátira política, como dice la crítica. En este sentido, el golpe de gracia llega en la última parte del libro, cuando Swift comienza a describir, con mucha mala leche, el sistema político, judicial y social inglés. Después de trescientas páginas en que presenta civilizaciones ridículas que nos hacen sonreír con superioridad, el narrador empieza a describir su país natal... y no es menos ridículo ni absurdo que los demás. Aquí, algunos ejemplos, hablando de las razones "justificadas" para iniciar una guerra:
Difference in opinions has cost many millions of lives: for instance, whether flesh be bread, or bread be flesh; whether the juice of a certain berry be blood or wine; [...] It is a very justifiable cause of a war, to invade a country after the people have been wasted by famine, destroyed by pestilence, or embroiled by factions among themselves. [...] If a prince sends forces into a nation, where the people are poor and ignorant, he may lawfully put half of them to death, and make slaves of the rest, in order to civilize and reduce them from their barbarous way of living.


Y así.

Pero al margen de este deseo de mostrar lo absurdo de muchas de nuestras costumbres y sistemas supuestamente civilizados, el medio empleado para hacerlo es una novela fantástica llena de imaginación y humor, por momentos bastante irreverente y alocada (por poner un ejemplo: Gulliver termina siendo expulsado de Lilliput por apagar un incendio en el palacio Real meando encima de él). Algunas de sus invenciones, como la ciudad flotante de Laputa o la civilización caballuna de los Houyhnhnms, son ciertamente llamativas, y cada pocas páginas se encuentran ideas o pasajes que merecen la pena (aunque otras páginas o pasajes, también hay que reconocerlo, dan ganas de saltárselos olímpicamente).

Tampoco hay que olvidar lo que Gulliver tiene de quijotesco: del mismo modo que Cervantes en el Quijote parodiaba los libros de caballería (aunque el resultado vaya mucho más allá de eso, naturalmente), ridiculiza los libros de viajes "verídicos" en los que los autores intentan pasar por ciertas todo tipo de aventuras y criaturas extraordinarias -de hecho, cuando se publicó sin nombre de autor muchos tomaron a Gulliver por una persona real-; como don Quijote, Gulliver (¿algo que ver quizás con el adjetivo gullible, "crédulo"?) sale una y otra vez a la aventura -así se llama, de hecho, uno de los barcos en los que se enrola- y una y otra vez vuelve a Londres derrotado y cada vez más misántropo.

Solo una nota final (porque esta reseña ya me está quedando bastante larga) para decir que Los viajes de Gulliver es una de esas obras que han creado palabras nuevas para la lengua inglesa y universal: por supuesto, liliputian (liliputiense), pero también brogdingnagian (referido a algo muy grande, gigantesco) o yahoo, un término que no solo sirve para nombrar un conocido portal de internet, sino que designa, en inglés, a personas brutas o maleducadas.

También de Jonathan Swift en ULAD: Una modesta proposición

sábado, 30 de marzo de 2013

Jonathan Swift: Una modesta proposición

Idioma original: inglés
Título original: A Modest Proposal for Preventing the Children of Poor People From Being a Burden to Their Parents or Country, and for Making Them Beneficial to the Publick
Año de publicación: 1729
Valoración: Imprescindible

Jonathan Swift (sí, el de Los Viajes de Gulliver) publicó en 1729, anónimamente, Una modesta proposición para prevenir que los niños de los los pobres sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público, más conocida simplemente como Una modesta proposición, y considerada como una de las mejores muestras de sátira moderna.

Siguiendo los modelos de la sátira clásica como Juvenal o Tertuliano, Swift presenta la difícil situación de las familias irlandesas, y la triste visión de las madres con "tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna". Ante esta lamentable situación, Swift propone una original y productiva situación: seleccionar cada año a 100.000 de esos niños mendigos de un año de edad, y utilizarlos como carne para la alimentación de los ricos y los terratenientes.
"Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno."
La propuesta es obviamente satírica, pero está presentada con total seriedad, ofreciendo demostraciones de las ventajas económicas que esta medida supondría tanto para los irlandeses como para los ingleses. La ironía, por supuesto, no está exenta de crítica, con un nivel de acidez que hoy resultaría políticamente incorrecta. Por ejemplo, refiriéndose a los terratenientes ingleses, dice Swift:

"Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos."
Y más adelante, en relación con la división religiosa de la isla:

"en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros."
Una modesta proposición puede definirse como un breve panfleto político-literario, pero que tiene la virtud de mostrar de manera oblicua la terrible situación de los campesinos irlandeses y la acción u omisión culpable de los terratenientes ingleses. Leyéndolo es imposible no reírse ante lo absurdo de la propuesta, pero también es imposible no sentir la punzada de la terrible realidad que refleja. En la línea de la mejor sátira política de todos los tiempos...

Para quien quiera leerlo:
-Texto completo en inglés, en el Proyecto Gutenberg.
-Texto completo en español, en la Biblioteca Ciudad Seva.

Nota final: esta entrada se publicó originalmente en el blog Como un libro abierto el 25 de abril de 2009, pero su autor nos ha cedido el texto muy generosamente para su publicación en Un libro al día.

También de Jonathan Swift en ULAD: Los viajes de Gulliver

sábado, 6 de agosto de 2011

Félix María de Samaniego: El jardín de Venus

Idioma original: castellano
Año de publicación: escritos en 1780, publicados en 1921
Valoración: recomendable

El eufemismo del título de esta compilación de poemas del ilustrado español Félix María de Samaniego nos da una idea bastante clara del contenido. Sí, damas y caballeros: lo que hoy les presento es, nada más y nada menos, una colección de poemas eróticos. Pero no solo eróticos, sino satíricos, humorísticos y... también un poco chabacanos.

Sorprende esta faceta ignota del autor de fábulas tan conocidas como las de la lechera o la cigarra y la hormiga. Con estos poemas, Samaniego da la vuelta al calcetín de "enseñar deleitando" y nos muestra su cara más jocosa e irreverente. Deleitar, deleita; y no se puede decir que cada uno de los poemas no nos vaya a enseñar alguna canallada nueva...

El jardín de Venus os va a sacar una sonrisa detrás de otra gracias al ingenio del estilo y la desvergüenza de las historias que narra, y por eso os lo recomiendo. Los poemas están en el Cervantes Virtual, así que que no cunda el pánico si no encontráis el volumen en vuestra librería o biblioteca más cercana.

Y ahora os dejo con una muestra: Las lavativas

Cierta joven soltera,
de quien un oficial era el amante,
pensaba a cada instante
cómo con su galán dormir pudiera,
porque una vieja tía5
gozar de sus amores la impedía.
Discurrió al fin meter al penitente
en su casa y, fingiendo que la daba
un cólico bilioso de repente,
hizo a la vieja, que cegata estaba,10
que un colchón separase
y en diferente cama se acostase.
Ella en la suya en tanto
tuvo con su oficial lindo recreo,
dándole al dengue tanto15
que a media voz, en dulce regodeo,
suspiraba y decía:
- ¡Ay...!, ¡ay...!, ¡cuánto me aprieta esta agonía!
La vieja cuidadosa,
que no estaba durmiendo,20
los suspiros oyendo,
a su sobrina dijo cariñosa:
- Si tienes convulsiones aflictivas,
niña, yo te echaré unas lavativas.
- No, tía, ella responde, que me asustan.25
- Pues si son un remedio soberano.
- ¿Y qué, si no me gustan?
- Con todo, te he de echar dos por mi mano.
Dijo, y en un momento levantada,
fue a cargar y a traer la arma vedada.30
La mozuela, que estaba embebecida
cuando llegó este apuro,
gozando una fortísima embestida,
pensó un medio seguro
para que la función no se dejase35
si a su galán la tía allí encontrase.
Montó en él ensartada,
tapándole su cuerpo y puesta en popa,
mientras la tía de jeringa armada
llegó a la cama, levantó la ropa40
por un ladito y, como mejor pudo,
enfiló el ojo del rollizo escudo.
En tanto que empujaba
el caldo con cuidado,
la sobrina gozosa respingaba45
sobre el cañón de su galán armado,
y la vieja, notando el movimiento,
la dijo: - ¿Ves como te dan contento
las lavativas, y que no te asustan?
¡Apuesto a que te gustan!50
A lo cual la sobrina respondió:
- ¡Ay!, por un lado sí, por otro no.


jueves, 7 de julio de 2011

Libros para el verano: Robinson Crusoe, de Daniel Defoe


(La vida e increíbles aventuras de Robinson Crusoe, marinero de York; quien tras ser el único superviviente de un barco mercante, naufragó veintiocho años completamente solo en una isla deshabitada cerca a la desembocadura del río Orinoco de América, y posteriormente liberado insólitamente por piratas; escrito por él mismo.)

Título original: The Life and Strange Surprizing Adventures of Robinson Crusoe, of York, Mariner: Who lived Eight and Twenty Years, all alone in an un‐inhabited Island on the Coast of America, near the Mouth of the Great River of Oroonoque; Having been cast on Shore by Shipwreck, wherein all the Men perished but himself. With An Account how he was at last as strangely deliver’d by Pyrates
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1719
Valoración: está bien

Sí, ya lo sé, ¿cómo que un mísero “está bien” a la que está considerada como la primera novela inglesa? ¿Cómo una valoración como esta al padre de los novelistas ingleses? Puff, qué osada. Con las repercusiones que ha tenido la obra en autores posteriores, con la influencia que aún podemos observar hoy en día, con la de versiones cinematográficas que se han hecho, lectura obligatoria de miles de estudiantes, y ¡el segundo libro más leído después de la Biblia! ¡Será posible! Bueno, vamos a ver cómo explica semejante herejía.

Pues bien, estoy segura de que el argumento es sobradamente conocido por todos: la historia de un naúfrago británico, escrito de manera autobiográfica, en una isla supuestamente desierta, y un cautivo liberado, Viernes. Un argumento sencillo pero que puede llevar al autor a hacer profundas reflexiones sobre la naturaleza del ser humano expuesto en una situación límite de soledad, naturaleza indómita y seres culturalmente opuestos al propio protagonista. Y sí, Defoe lo hace, pero se dirige hacia unas reflexiones absolutamente coloniales,occidentales y puritanas que terminan por aburrir. Ya, ya, hay que entender el libro en su contexto,por supuesto. Pero, si esta obra debe ser recomendada a impúberes estudiantes debería ser tratada antes y explicados sus puntos de vista dentro del momento en el que se escribió la obra.

Y es cierto que la primera parte de la novela me encantó. El momento en el que Robinson es consciente de dónde se encuentra, las posibilidades que tiene en un lugar tan inhóspito,etc. Disfruté muchísimo con las descripciones, la forma en la que el personaje se desenvuelve, ese árbol del pan...pero luego aparecieron los nativos, Viernes y los piratas. Puff, detesté esa parte de la novela y toda la buena impresión que me había causado la primera parte se cayó por el peso de los paternalismos, los prejuicios y el moralismo colonial.

Una novela de aventuras esencial para introducirse en el género, perfecta para los momentos de ocio veraniegos y que es bueno leer, al menos,para conocer la historia contada por su propio autor y por esa primera parte alucinante. El resto, ya que cada cual termine de leerla.

miércoles, 15 de junio de 2011

Iriarte y Samaniego: Fábulas


Idioma original: español
Año de publicación: ? (escritas en el s. XVIII)
Valoración: está bien / es la mofa

Es curioso observar cómo el cariz de algunas obras puede cambiar radicalmente con el tiempo. Para muestra, un botón: he aquí las Fábulas de Iriarte y Samaniego, concebidas originalmente para "enseñar deleitando" y que ahora no pueden más que arrancar una sonrisa al lector.

Una fábula es un pequeño relato didáctico, generalmente protagonizado por animales, con una enseñanza final llamada "moraleja". Las de Iriarte y Samaniego están redactadas en verso, aunque también pueden estar escritas en prosa (por ejemplo, las de Esopo).

También el tipo de moraleja varía según el autor: en este caso, las fábulas iriarteñas tienen un carácter marcadamente literario (digamos que establece de manera contundente las cualidades que un autor que se precie debe poseer), mientras que las de Samaniego son de tipo moral (aconseja y advierte a la gente de a pie sobre cómo se ha de conducir en la vida).

Y no es que Iriarte y Samaniego no tengan razón sobre muchas de las sentencias que hacen (es un poco como escuchar un refrán y pensar: "Pero ¡qué cierto!", aunque en muchas ocasiones también: "¡Qué obviedad más grande!"). Lo que más le chirría al lector actual -o a esa conclusión he llegado yo como lectora actual- es ese papel pasivo que se ve obligado a adoptar al leer las fábulas. Ese afán didáctico tan aparente no deja lugar a la reflexión activa ni a la interpretación personal de las fábulas. Vamos, que ya no estamos para que dos tipos vengan y nos digan cómo tenemos que pensar o cómo tenemos que escribir, ¿verdad?

Aún así, no deja de ser una lectura curiosa y ciertamente muy divertida, y termino diciendo que "una al año no hace daño"...

* * *
EL GUSANO DE SEDA Y LA ARAÑA
Trabajando un Gusano su capullo,
la Araña, que tejía a toda prisa,
de esta suerte le habló con falsa risa,
muy propia de su orgullo:
"¿Qué dice de tal tela el señor Gusano?
Esta mañana la empecé temprano,
y ya estará acabada al mediodía.
¡Mire qué sutil es, mire qué bella!...".
El Gusano con sorna respondía:
"Usted tiene razón, así sale ella".

Se ha de considerar la calidad de la obra y no el tiempo que se ha tardado en hacerlo.

* * *

Por diez chocopuntos, ¿quién es el autor de esta fábula?

lunes, 11 de abril de 2011

Johann Wolfgang von Goethe: Las desventuras del joven Werther

Idioma original: alemán
Título original: Die Leiden des jungen Werther
Año de publicación: 1774
Valoración: imprescindible

Esta novela epistolar nos habla de Werther, un joven voluble y apasionado cuyo subjetivismo transforma la realidad en la que vive: no solo la Naturaleza parece impregnar sus emociones, sino que él mismo contagia a la Naturaleza de sus estados de ánimo. Por eso podemos decir que Werther es un relato más de emociones que de acciones.

Huyendo de algún sitio y de alguna mujer, el joven llega a Walheim, una pequeña ciudad donde se dedicará a la vida ociosa y contemplativa del artista desocupado: paseos campestres, pintura, fiestas... Allí conocerá a Lotte, un "ángel del hogar" que cuida de sus hermanos tras la muerte de su madre. Werther hará caso omiso de las voces que lo previenen sobre enamorarse de una joven comprometida.

El futuro matrimonio de ella trunca desde el principio el posible romance entre ambos jóvenes. Aunque también el lector tiene que estar prevenido: como toda la novela está narrada a través de la distorsionada lupa de Werther, resulta imposible conocer los verdaderos sentimientos de Lotte con respecto al joven y con respecto a su prometido, Albert. Este último se nos presenta como la figura antitética del romántico Werther: hombre práctico, no derrocha tiempo que no le reporte beneficios; mesurado, no hace alarde de grandes pasiones.

Werther intentará en distintas ocasiones enderezar su vida y mitigar las pasiones que la dominan, pero, ¡oh!, ¿qué alma romántica podría tener éxito en tal empeño, y más a finales del siglo XVIII?



El síndrome Werther se propagó en el momento de la publicación del libro, contagiando las venturas y desventuras del protagonista a los jóvenes románticos de la época. La moda wertheriana condicionó incluso los modos de vestir: ellos querían ser Werther; ellas, Charlotte. Y muchos decidieron terminar como el protagonista.

Pese al éxito arrollador de la novela, Goethe siempre se arrepintió de haberla escrito. ¿Quizá porque creyese que en ella quedaban demasiadas fantasías y pasiones pueriles al descubierto...?

Con ayuda de un pajarito...


Otras obras de Johann W. Goethe en ULAD: Fausto

miércoles, 8 de diciembre de 2010

William Blake: Poemas

Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1783 (Esbozos poéticos) - 1820 (Jerusalén)
Valoración: muy recomendable


No voy a reseñar únicamente un poemario de Blake pues el ejemplar que he leído es una antología que abarca desde sus primeros escritos hasta su última publicación. Así que voy a dar algunos datos sobre el autor y otros sobre su obra para poder obtener una imagen global de lo que nos podemos encontrar cuando leamos algo de este poeta inglés decimonónico.

Ante todo a William Blake hoy se le reconoce como visionario, y no me refiero a las visiones- alucinaciones que tuvo durante toda su vida, siendo capaz de ver ángeles y de oír sus cantos. No, el término hace referencia a las ideas que plasmó tanto en sus poemas como en sus pinturas, que se dicen de marcada densidad profética: renegó de la Ilustración y el neoclasicismo siendo precursor del Romanticismo inglés, acogido y revalorizado por prerafaelitas; unió su texto poético a sus dibujos mediante una técnica innovadora, dando como resultado unas obras que recuerdan los libros iluminados medievales; utilizó la métrica y rima tradicional, para después emplear el verso libre; su temática suele ser la mística y el ser humano, unas veces con más fe en la humanidad (“ Cantos de inocencia”, 1789), y otras con bastante menos (“ Cantos de la experiencia”, 1794).

Será autodidacta y estudiante de dibujo y pintura, siendo alumno de la Royal Academy, y abandonándola por no participar de los gustos neoclásicos de la misma; defenderá a lo largo de toda su vida la igualdad de sexos y razas, y se hallará siempre al borde del abismo. Concluirá “la imaginación no es un estado, es la existencia humana en sí misma”

Como veis, un autor complejo, de versos densos, repletos de imágenes trascendentales, que probó estilos y los desechó, aduciendo que “debo crear un sistema o permanecer esclavizado por los de otros”. Se considera ejemplo de artista total, pues no se puede concebir su obra poética sin acercarse a su obra pictórica. Y, como recomendación para poder penetrar en la cadencia de sus versos, leedlo en una versión bilingüe. No hay porqué leer tooodos los poemas en ambos idiomas, hombre, estaría bien, pero conque leáis algunos versos, podréis sentir una musicalidad diferente.

En fin, un poeta original y que puede decirnos mucho, más de doscientos años después.

“To see the world in a grain of sand,
And Heaven in a wild flower,
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.
He who binds himself to a joy
Does the winged life destroy;
He who kisses joy as it flies
Lives in eternity's sun rise.”

" Para ver el mundo en un grano de arena,
el Cielo en una flor silvestre,
abarca el infinito en la palma de tu mano
y la eternidad en una hora.

Aquel que se liga a una alegría
hace esfumar el fluir de la vida;
aquél quien besa la joya cuando esta cruza su camino
vive en el amanecer de la eternidad. "

(Como nota totalmente personal y desvarío vario, esta idea de poema y pintura que forman un todo que se complementa podemos encontrarla en la poesía china tradicional, pues no se concibe la poesía sin la pintura y viceversa. Bueno, tenía que escribirlo;-)

martes, 28 de septiembre de 2010

Voltaire: Cándido o el optimismo

Título original: Candide, ou l'Optimisme
Idioma original: francés
Fecha de publicación: 1759
Valoración: recomendable

En casa tenemos desde tiempos remotísimos una colección bellamente encuadernada de Clásicos Universales. Siendo yo una adolescente, me dediqué a ir leyéndolos. Como en clase habíamos tocado la Ilustración, y se mencionó a Voltaire, y vi que teníamos este librito en la susodicha colección, pues lo leí. Y confieso que me decepcionó un poco. Supongo que esperaba una crítica atroz sobre todos los temas y algo que me escandalizara como había escandalizado a sus contemporáneos. Pero claro, había pasado un par de siglos, y habíamos cambiado. Nos escandalizaba otra forma de escribir, y Voltaire se me hacía un poco bastante moderado.

Pero me explico. Cándido es considerada su obra cumbre, y eso que él mismo rechazaba su autoría y estaba firmada con un seudónimo. Pero no se suele hacer caso de ello y el estilo del autor indica que realmente es Voltaire su creador.

Bien. Novela corta o cuento filosófico, es muy breve. Voltaire expone sus ideas sobre el mundo y los que lo habitan, criticando varias cuestiones: el pensamiento de Leibniz, que afirmaba que estamos en el mejor de los mundos posibles y que todo tiende a mejorar. Así, Cándido el protagonista, discípulo de Pangloss (Leibniz), se ve continuamente forzado a reafirmarse en esta idea, a pesar de las calamidades que le acontecen; también critica a la vieja aristocracia, anquilosada en unos conceptos ya caducos y orgullosa de su decadencia; a la Iglesia y la religión católica, como hervidero de hipócritas, intolerantes y fanáticos; a la sociedad y el mundo en el que vive, donde la crueldad y la oscuridad campan por doquier.

Documento interesante sobre el Siglo de las Luces que nos muestra cómo hay voces que discrepan del orden establecido. Voltaire se pasó la vida entre viajes a la Batilla y destierros de Francia, Alemania, Ginebra, etc, pues provocaba a los ciudadanos con sus sátitas y críticas feroces. En esta breve novela conseguimos encontrar la mayor parte de sus argumentos en contra de un optimismo crédulo y una religiosidad hipócrita e intolerante. El era deísta y concebía la existencia de una entidad superior no interventora en los devaneos humanos, “no hay reloj sin relojero”. Apoya el arte y la ciencia.

Pero, me decepcionó, sí. Me impactó la fuerte crítica que transmite, y el que aún así posea cierto optimismo, pues cree que no estamos en el mejor de los mundos posibles, pero podemos cambiarlo. Lástima que no comparto su visión sobre el mundo que debería ser. Quizá fue eso lo que hizo que no me gustara la novela. Es el mensaje de fondo el que me deja ese poso agrio que me dice que hay algo que me chirría. Pero leedlo. Es muy interesante.

domingo, 25 de octubre de 2009

Confieso que he leído: Justine o los infortunios de la virtud del Marqués de Sade

Idioma original: francés
Título original: Justine, ou les malheurs de la vertu
Fecha de publicación: 1791
Valoración: atrévete a leerlo. No es para tanto

Decidiendo qué novela escoger para esta serie de autoflagelamiento literario casi no tuve ninguna duda. Al instante recordé al marqués de Sade y el haber leído libro y medio suyos. Esta reseña debía tratar un libro cuya lectura nos avergonzara reconocer por su escaso nivel literario, por haber sido un putruño para el cerebro y por, y a pesar de ello, habernos gustado, al menos lo suficiente como para haber leído el libro entero.

Y confieso que leí Justine palabra por palabra, hoja por hoja, hasta terminarlo. Y no sólo eso, reconfieso que además comencé, años después, otra de sus obras, Filosofía en el tocador. Eso sí, no pasé del cuarto de libro, y fue más que suficiente.

Supongo que con Justine depende del punto de vista con el que se lea el libro. Justine es una joven que ha decidido mantenerse en el camino de la virtud y no apartarse de él bajo ninguna circunstancia. Lástima que el destino le depare algo completamente distinto. Desde el principio se tiene que enfrentar a terribles situaciones de vejaciones, humillaciones y obligaciones que le apartan de ese camino. Pasa por varios lugares intentando encontrar algo bueno y recto y siempre se topa con lo contrario. Más o menos, este es el argumento central. Pero...

Al pensar en esta novela y en su autor lo primero que se suele venir a la cabeza es la idea de relatos de carácter sexual. Aberraciones sexuales que sufren o realizan sus protagonistas. Pero, lo que he visto al preparar esta reseña es algo diferente. En una sociedad como la francesa de finales del siglo XVIII, con una moral, digamos, relajada, una joven intenta seguir otro camino, presentándose este como extraño en el medio en el que se encuentra. Se dirige a varios lugares buscando reposo y bondad, y donde se supone que debe hallarlos, pero no es así. Ni los nobles de altísima alcurnia, ni los frailes, ni los alguaciles. Todos someten a las mujeres a las más profundas vejaciones. Quizá fue esto, más que las anécdotas sexuales en sí mismas, lo que escandalizó a la sociedad de su época. Es una crítica profunda al modo de vida pre y postrevolucionario.

El marqués de Sade perteneció a esa nobleza, participó activamente a favor de la Revolución, fue un autor de teatro de gran éxito y fue obligado a casarse con una noble a la que no amaba, y con lo que se excusaba para tener numerosas amantes. Pasó treinta años en la cárcel, y otros muchos en un manicomio, donde al final murió, a causa de algunos escándalos que protagonizó con prostitutas. Sin embargo, no es una vida con grandes escándalos o enormes perversiones, como podríamos creer. Gozó de visitas importantes hasta su muerte, y antes del encarcelamiento, medró en la carrera militar. Tiene publicadas numerosas obras, a pesar de la destrucción a la que fueron sometidas por su familia y por los mandatarios. Sus herederos aún tienen catorce obras de teatro inéditas. El estilo literario no es escaso en absoluto y no, no resulta ser un putruño para el cerebro.

Había elegido esta obra para reconocer que sí, que había leído de cabo a rabo todo lo que le ocurre a Justine. Y no es para tanto. Desde el punto de vista de crítica a la sociedad, es magnífico, aunque el estilo no es de gusto de todos. ¡Diantres, acabo de “desdemonizar” al demonio!