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lunes, 3 de mayo de 2021

Mary Shelley: El mortal inmortal

Idioma original: inglés

Título original: The mortal immortal

Año de publicación: 1833

Valoración: Está bastante bien


Observo a veces alguna hostilidad hacia la ciencia ficción y casi siempre se debe a una confusión entre literatura y cine de género. Productos nefastos los hay en cualquier formato, pero a la narrativa –que fue la que inventó este tipo de argumentos– le permite plantear grandes cuestiones que afectan a todos los humanos. Mary Shelley fue una pionera, el célebre y espectacular Frankenstein le dio la fama pero con él no se agotaron ni su talento ni sus preocupaciones humanistas. Esta novela corta a veces se cataloga como de terror pero yo no percibo este componente, ni siquiera para la mentalidad de la época y menos aún para la nuestra.

De cualquier forma, Shelley consigue crear un personaje con el que empatizamos fácilmente, una atmósfera novelesca que recoge los tópicos narrativos de siempre (muchacho pobre, chica huérfana recogida por una déspota podridita de dinero, el inevitable castillo, que actúa según el mito de la jaula de oro, un bucólico paisaje que sirve de marco para los encuentros, la poción mágica que cambiará el curso de los acontecimientos y la súbita fortuna del pretendiente tras aliarse con las fuerzas del malpuestos al servicio de las especulaciones más inverosímiles. Pero una cosa es la verosimilitud de la vida real y otra la literaria, y en el marco establecido de antemano lo que se nos muestra es perfectamente creíble.

Uno de los grandes mitos de todos los tiempos es, sin duda, el de la eterna juventud, por otra parte, nadie duda de que la naturaleza necesita renovarse. Según esto, se diría que esta aspiración tan humana se opone a las leyes del universo. A no ser que nuestro deseo de permanencia no sea tan real como pensamos, que en realidad hablemos por hablar, convencidos de que no hay la mínima posibilidad de que algo así ocurra en nuestro mundo. ¿O el conflicto se presenta cuando alguien está solo viviendo una experiencia semejante, tiene que disimular para evitar habladurías y vivir sin rumbo fijo al carecer de precedentes?

Esto de los bebedizos y estratagemas varias para contradecir las leyes naturales tenía su tradición en el terreno de lo mágico, dentro del género especulativo acabaría dando mucho juego en el futuro y como punto de partida se ha usado (y abusado) de él, pero era una novedad por entonces. Nuestro protagonista ha cumplido trescientos veintitrés años y aparenta la misma edad que cuando bebió la pócima de su maestro. Lo hizo confundido respecto a sus propiedades y sin pensárselo mucho. En un primer momento todo son ventajas pero, conforme su amada va envejeciendo, comienza a desesperarse.

Pero –y aquí viene la gran simplificación– el superviviente, por definición, no solo pierde a su pareja, también al resto de sus contemporáneos, tiene además que adaptarse a constantes cambios de todo tipo y, sobre todo, su naturaleza no está preparada para tanta longevidad, lo que acarreará, sospecho, sorpresas imprevisibles. Sin embargo, tras un planteamiento tan audaz que, precisamente en sus manos, podría haber dado mucho juego, Shelley pierde fuelle, de modo que su personaje no encuentra más desventaja que un aburrimiento terrible. ¿Significa eso que tenía la vida solucionada? Da la impresión de que sí. Pero, una vez transcurrido el período previsto, no tiene nada que contarnos, solo que quiere acabar con su vida y no sabe cómo hacerlo. Dos siglos y medio de más es mucho tiempo para dedicarlo solo a lamentarse. ¿Se estaba auto censurando la autora tras plantear una realidad inconcebible para ella e imposible de aceptar en ese momento?

Muchos siglos pero pocas páginas –unas cuantas decenas nada más– que garantizan entretenimiento e intriga y que se pueden leer en una tarde.


También de Mary Shelley: Frankestein o el moderno Prometeo

sábado, 31 de octubre de 2020

Biblio-necrophiliac Quiz 2020: The Year of The (Tiny) Beast

¡Por fin ha llegado Samaín, amiguites! Esperamos que paséis una buena Noche de de Jalogüín (o mejor aún, mala). Como cada año desde que nuestra especie tiene memoria, llega el momento del año en que se diluyen las fronteras entre el mundo de los vivos y el de los muertos, bla, bla, bla... y para celebrarlo, en Un Libro Al Día abrimos las puertas de nuestro Arkham particular para dejar salir por una vez la insania, la sagrada locura que... eeh, vale, de acuerdo,  que éstos me dejan hacer el gamba un rato, a cambio de que no les de la brasa el resto del año.

En fin, a lo que íbamos: como lo de este 2020, para qué nos vamos a engañar, es insuperable como performance de terror y además a un servidor ya se le acaban los recursos, después de una primera edición del Biblio-necrophiliac Quiz dedicada a las tumbas de escritores/as y una segunda que trataba de las maneras curiosas de morir que tuvieron algunos de ellos y ellas... el Biblio-necrophiliac Quiz de este año va dedicado a las truculencias que adornaron las vidas de nuestros queridos (aunque en algún caso, no tanto) juntaletras. Truculencias variaditas, aviso, que no estamos para elegir... ¿Preparado todo el mundo? Are you ready to rock? Pues arreando, que es gerundio...

1- La literaria es una actividad que a veces atrae a personajes turbios, como fue el caso del austriaco Jack Unterwegen, quien, tras asesinar a una mujer en 1974, se dedicó a escribir poemas y obras de teatro en la cárcel, hasta que un grupo de intelectuales (como la luego Nobel Elfriede Jelinek) pidió y consiguió su excarcelación en 1990. Una vez en libertad, Unterwegen desarrolló una notoria carrera como:

A- Tertuliano en programas de televisión.
B- Periodista acompañante de la policía de Los Ángeles.
C- Asesino en serie de prostitutas.
D- Todo lo anterior, a la vez.


2- Otro convicto y condenado a muerte, además, fue José Giovanni, gangster de Pigalle condenado por matar a tres personas durante unos atracos en 1945 y encerrado en la parisina prisión de La Santé, de donde trató de fugarse. Esta aventura la relató luego en una novela que fue llevada al cine por Jacques Becker en la magnífica La evasión (en la que aparece el propio Giovanni). Una vez en libertad, Giovanni llevó a cabo una exitosa carrera como escritor, guionista y director de cine; pero, ¿por qué motivo le fue conmutada la pena de muerte a este ex-hampón?

A- Por entregar a unos antiguos compinches y colaboracionistas de los nazis, que planeaban un atentado contra el general De Gaulle.
B- Por limpiar las playas francesas de minas alemanas.
C- Ocuparse a perpetuidad del mantenimiento de la Torre Eiffel (capa de minio más otra de pintura gris plomo y vuelta a empezar...).
D- Alistarse en la Legión Extranjera y caer herido en la batalla de Dien Bien Phu.


3- Claro que si hablamos de literatos franceses que tuvieron problemillas con la justicia, es  posible que quien se lleve la palma sea el poeta del siglo XV François Villon, que llegó a escribir La balada de los ahorcados, en 1463, mientras esperaba a ser ejecutado en la horca, precisamente. No llegó a serlo, pues le fue conmutada esta pena por la de destierro de París, pero ¿sabéis como murió este singular poeta?

A- Mientras yacía con una dama en su lecho, asesinado por el marido celoso (celoso porque Villon antes lo había seducido a él).
B- Arrojado al mar por unos piratas bretones a los que se había unido y luego tratado de engañar en el reparto del botín.
C- Reventado por la coz de un caballo percherón que trataba de robar de una granja de Picardía.
D- Ni puñetera idea, la verdad...


4- Aunque seguramente el escritor homicida más célebre sea el inefable William S. Burroughs, que en 1951 mató de un disparo a su mujer, Joan Vollmer, mientras trataba de imitar a Guillermo Tell, durante una fiesta que se les fue de las manos (o quizás era muy aburrida y querían animarla) en Ciudad de México. Esta historia es muy conocida, pero, ¿podríais decirnos qué arma utilizó Burroughs para tal "hazaña"?
A- Un revólver Smith & Wesson M1917 de calibre .45 ACP.
B- Una pistola Star 380, fabricada en Eibar por Bonifacio Echeverría S.A.
C- Un fusil de cerrojo Paravicini-Carcano modelo 91-38, fabricado en Terni (Italia).
D- Una pluma estilográfica-pistola, de 9mm., adquirida en Tijuana y de fabricación artesanal.


5- La malograda Joan Vollmer, años antes, había sido compañera de piso en Nueva York de Edie Parker, esposa a su vez de uno de los amigachos beatniks de Burroughs, que se casó con ella a cambio de que sus padres pagaran la fianza de 2500 dólares para sacarlo de la cárcel, pues había sido detenido como cómplice en el asesinato de David Kammerer. ¿Quién era esta joya de yerno (que por cierto, llegó a escribir un libro sobre el crimen con William S. Burroughs, aunque no se publicó)?

A- Jack Kerouac.
B- Neal Cassady.
C- Allen Ginsberg.
D- Lucien Carr.


6- Cambiemos de tercio. Una de las historias más truculentas de la literatura puede ser la que protagonizó el pintor y poeta prerrafaelita Dante Gabriel Rosetti, quien, transido de dolor por la prematura muerte de su joven esposa, enterró junto a ella sus poemas... hasta que, unos años más tarde, decidió recuperarlos, para lo cual hubo que exhumar el cadáver. Se dice, se comenta, se rumorea (aunque posiblemente fuera una mentira del agente del escritor) que el cuerpo de la joven no sólo estaba incorrupto, sino sonrosado y su cabellera había crecido... La historia, además, se ha relacionado con unos supuestos casos de vampirismo que tuvieron lugar en ese cementerio, sobre todo en los años 70 del pasado siglo (y que culminaron con una insólita disputa entre cazadores de vampiros). ¿De qué famoso cementerio estamos hablando?

A- Cementerio de Montparnasse, en París.
B- Cementerio de Highgate, en Londres.
C- Isla de San Michele, en Venecia.
D- Cementerio Acatólico (o Inglés) de Roma.



7- Tampoco es que éste fuese el único vínculo que el bueno de Dante Gabriel tuvo con el tema vampírico, pues guardaba un parentesco muy cercano, vía materna, con uno de los autores pioneros de este género:

A- Johann Wolfgang von Goethe
B- John William Polidori
C- Bram Stoker
D- Joseph Sheridan Le Fanu


8- Para acabar con este asunto: ¿Qué eximio escritor español afirma haber sido mordido en cierta ocasión por un vampiro... un murciélago hematófago, en realidad, y como efecto de la draculina (se llama así, no os riáis) que contiene su saliva, ahora él  goza de una fluidez mayor de la sangre y es alérgico al ajo?

A- Arturo Pérez-Reverte.
B- Fernando Sánchez-Dragó.
C- Alberto Vázquez-Figueroa.
D- Enrique Vila-Matas.


9- Vayamos ahora con la creadora de otro de los personajes inmortales (nunca mejor dicho) de la literatura de terror (?): Mary Wollstonecraft Shelley, casada, como es sabido, con el poeta Percy Shelley, que murió en un  un naufragio en el Mediterráneo. Su cuerpo, rescatado en la costa del Lazio, fue incinerado por disposición de su amigo Byron, excepto su corazón, entregado a su viuda Mary. ¿Qué hizo ésta con tan simbólico recuerdo?

A- Se lo comió a bocaos, crudo y sin salpimentar, siquiera...
B- Lo guardó, envuelto en seda, en un cajón de su escritorio, de donde lo sacaba para acariciarlo de tanto en cuando.                                           
C- Lo implantó en un cadáver de un mozo de taberna que hizo robar en el cementerio de Kentish Town, donde se había trasladado y trató de hacerlo revivir a base de corrientes eléctricas.
D- Lo enterró junto a la tumba de su madre, lugar de entrañable emoción y recuerdo para ella.


10- Por seguir con nuestra siempre apreciada Mary W. Shelley: es sabido que su segundo nombre se debe al apellido de su madre, Mary Wollstonecraft, notoria escritora feminista, fallecida tras dar a luz a su hija. Para la pequeña Mary la tumba de su madre, en el cementerio de St. Pancras Old Church, se convirtió en un lugar muy especial, llegando a aprender a escribir resiguiendo las letras de la lápida, por ejemplo... Ahora bien, ¿qué otra actividad menos confesable (aunque contada por ella misma) llevó a cabo sobre la tumba?

A- Misas negras con Percy Shelley, Byron, Polidori y su hermanastra Claire Clairmont.
B- Sesiones de espiritismo con Shelley, Byron y Polidori
C- Un mítin político con Shelley y Byron en favor de la independencia de Grecia, para los obreros que construían  la cercana estación de tren y que solían almorzar en el jardín del churchyard.
D- Perder la virginidad. Sólo con Shelley.


Y ahora por fin, la bola extra; una pregunta facilita, para quien quiera realizar un "pleno al once", que entre tanto coronavirus y tanto Trump y otros bichejos no estamos para estrujarnos mucho las meninges: 
11- ¿Qué celebérrimo escritor en lengua inglesa no perteneció (repito: NO perteneció) a la prestigiosa sociedad de flipaos estudiosos de los fenómenos paranormales The Ghost Club, fundada en el Trinity College de la Universidad de Cambridge en 1862?

A- Charles Dickens
B- Arthur Conan Doyle
C- William Butler Yeats
D- John Ronald Reuel Tolkien



Soluciones: 1- D ; 2- B ; 3- D ; 4- B ; 5- A ; 6- B ; 7- B ; 8- C ; 9- B ; 10- D ; 11- D

Valoración de los resultados: 
  • Entre 0 y 3 aciertos: ¿Qué hacéis aquí, parvenus, hipsters o lo que seáis? Idos con vuestros coches eléctricos a salvar las ballenas del Amazonas o lo que sea que hagáis para el postureo de IG y dejadnos las frikadas a los que no tenemos otra cosa en la vida...
  • Entre 4 y 7 aciertos: Humm... tiene un pase, pero seguro que la mayoría las habéis acertado de pura chiripa y no os habéis puesto con el Quiz más que para matar el tiempo mientras fingís tranbajar en vuestros informes u hojas de cálculo o lo que sea por lo que alguien os paga un sueldo. Procrastinadores... el Décimo Círculo del Infierno os aguarda.
  • Entre 8 y 10 aciertos: Esto está mejor; ahí demostrando que sois unos frikis solitarios, impopulares, solitarios y antisociales que se dedican a memorizar datos macabros sobre gente que ya está muerta... ¡Bienvenidos al club!
  • 11 aciertos: Bueno, no os lo creáis mucho, que la undécima era facilita, ¿que no? Pero vale, está muy bien. Tampoco sé qué os puede quedar después de esto... ¿la autoinmolación? Pensadlo; es una opción.


Nota: La ilustración del Carro del Ankou, servidor de la Muerte, al comienzoio de la entrada, me he permitido tomársela prestada al ilustrador Didier Graffet, algunos de cuyos otros trabajos podéis ver: aquí

sábado, 6 de enero de 2018

Mary W. Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo

Idioma original: inglés
Título original: Frankenstein or The Modern Prometheus
Año de publicación: 1818
Traducción: Francisco Torres Oliver
Valoración: imprescindible

La historia de la gestación de esta novela quizás sea tan conocida -o casi- como su argumento: en junio de 1816, "el año sin verano", se hallaban pasando una temporada en la Villa Diodati, junto al lago Ginebra, el poeta Lord Byron, su amigo y también poeta Percy Shelley, el médico de Byron, John Polidori, la pareja sentimental de Shelley, Mary Wollstonecraft Godwin -aún- y la hermanastra de ésta, Claire Clairmont. Dificultados de solazarse al aire libre por culpa del mal tiempo, para entretenerse, en vez de jugar al strip-poker, como hubiese hecho cualquiera, se les ocurrió la idea de retarse a escribir relatos de terror... Sí, ya sé, menudo fiestón, pero no olvidemos que eran románticos, después de todo... Al parecer, tan sólo el doctor Polidori acabó un relato, titulado El vampiro, el primero sobre esta clase de criaturas -si bien ya habían estado de moda durante buena parte del siglo XVIII-; Mary, por su parte, sólo concibió el germen de lo que luego sería su famosa novela, pero era una idea que iba más allá, la concepción de un personaje absolutamente original, un nuevo arquetipo: un monstruo creado por un científico iluminado a partir de trozos de cadáveres humanos y animado gracias a la energía eléctrica (recordemos que en aquella época los experimentos al respecto de Galvani y Erasmus Darwin eran lo más de lo más). Había nacido el monstruo de Frankenstein.

¿Quién no lo conoce, a estas alturas? Por supuesto, no me refiero a quién no ha leído la novela, sino a que ya cualquier persona de este mundo, o casi, conoce la imagen y el nombre de tal personaje, un auténtico icono no sólo del género de terror, sino de la cultura popular contemporánea, recurrente no ya en la literatura o, sobre todo, el cine, sino el los dibujos animados, la publicidad, las camisetas con estampado jocoso o los disfraces de Halloween y Carnaval... Sin embargo, y aquí sigue la objeción que a todo pedante le gusta (nos gusta) soltar alguna vez, Frankenstein no es el nombre del monstruo, sino del tipo que lo creó: el doctor Victor Frankenstein. Algo que en la novela original queda claro desde el propio título: lo de "el moderno Prometeo" no puede referirse a la criatura creada, sino a su creador, quien desafía las leyes de la Naturaleza, al igual que aquel tipo antiguo, Prometeo, desafió a los dioses al entregar el fuego a los hombres (y fue castigado por ello, pues dio comienzo al conocimiento humano). El doctor Frankenstein lo que hace es trastocar el implacable designio de la Muerte  (vaya frasecita me ha salido, ¿eh?) y en aras de la ciencia o de su propia soberbia, cambiar las reglas que la naturaleza o la divinidad que a cada cual guste más nos han impuesto. Todo un rebelde sin causa, el amigo Víctor. Un malote. Mucho.

Claro que la fama de malote se la lleva, injustamente, el pobre monstruo, que, como comentaba alguien en twitter, es un tipo bueno, vegano y sentimental. Pero con un mal envase, por desgracia, lo que provoca el rechazo generalizado de quien se lo encuentra y, como todo adolescente que se precie, de sí mismo. Porque eso es lo que es el bueno de Frankie (me refiero al monstruo): un adolescente zangolotino con los pies grandes, la ropa pequeña y acné en la cara... bueno, en su caso, tornillería, pero ya se entiende. Hasta -atención, que va un SPOILERAZO- le reprocha a su "padre" el haberle creado, como cualquier teenager, se escapa de casa, etc... vaya, que sólo le falta hacer botellón y pasarse la vida amorrado al móvil... ("¡Maldito creador! ¿Por qué me hiciste vivir?¿Por qué no perdí en aquel momento la llama de la existencia que tan imprudentemente encendiste?", dice el mozuelo).

Aunque miremos con un poco más de perspectiva: en realidad, esta "criatura", como se le llama en la novela, somos todos nosotros, arrojados sin haberlo pedido a un mundo frío e inclemente, donde se nos juzgará sin piedad por lo que parecemos y no por lo que somos y habremos de soportar ese infierno que son los otros, que dijo aquél, desde la guardería hasta la residencia de ancianos, pasando por incontables e interminables cenas navideñas. Y también, claro está, la Humanidad somos su creador, Victor Frankenstein, pues al igual que él nos lanzamos, cual monos con metralletas, a generar cualquier engendro, ya sea artefacto, idea o sistema, que nuestro intelecto y el saber acumulado nos permitan, sin prever ni preocuarnos de las consecuencias que ello pueda generar. Somos víctimas de la crueldad de los dioses, sí, pero también diosecillos malcriados.

Este mes de enero del 2018 se cumple, precisamente, el 200 aniversario de la publicación de esta gran novela. Parece una estupenda ocasión para que salga el notas de turno a tratar de llamar la atención diciendo, como ya ha ocurrido con la pobre Moby Dick (y encima ni siquiera ha sido el primero), que aunque sea un clásico, es un tostonazo que no hace falta leer (!). Pues no, señoras y señores, niñas y niños: ¡HAY QUE LEER FRANKENSTEIN, CARALLO!

Venga, hacedme caso. O si no, a él:



viernes, 25 de noviembre de 2016

Reseña Interruptus. Emmanuel Carrère: Bravura

Idioma original: Francés
Título original: Bravoure
Traducción: Jaime Zulaika
Año de publicación: 1984
Valoración: Decepcionante

Antes de leer esta reseña, consulte a su médico o farmaceútico. No, perdón. Antes de leer esta reseña, recordad que se admiten contrarreseñas. Es más, estaríamos encantados de recibirlas.

Al lio. He dejado este libro en la página 120. Vale que tiene 350 páginas, que a lo mejor he pecado de precipitación o que en las 230 restantes quizá todo cobraba sentido para hacer de este libro una obra maestra, pero la verdad es que no me apetecía continuar. Hay mucho por ahí que leer.

Sé que las comparaciones son odiosas, pero cuando uno ha leído otras obras de Carrére tan buenas como "Limonov", "El adversario" o "Una novela rusa", tiende a comparar y, desgraciadamente, "Bravura" no está a la altura, ni de lejos, de ninguna de ellas. Ni tan siquiera se acerca, en mi opinión, a "El bigote", que es sensiblemente inferior a las anteriores y que fue publicada dos años después de "Bravura".

Y eso que, a priori, el punto de partida parece interesante. Porque el libro comienza hablando de John William Polidori, aspirante a escritor, licenciado en medicina a los 19 años y acompañante (y secretario) durante un breve espacio de tiempo de Lord Byron o Mary Shelley. Y parece que va a continuar con la historia de su caída en desgracia y de su derrumbamiento, hasta el punto de acabar Polidori viviendo en la miseria y convertido en un adicto a los opiaceos, debido a lo que el considera una doble usurpación (la de la idea del Frankenstein de Shelley y la de la publicación de su único relato bajo el nombre de Byron).

Pero no. Lo que parecía que iba a ser un libro semejante a obras posteriores del autor, la novelización de la vida de un sujeto real de lo más interesante, pasa a ser una novela gótica o romántica con elementos de ciencia-ficción. Esto, por sí solo, no tiene que ser algo negativo. El problema es cómo se lleva a cabo. Para esa transción comienza un juego de espejos reiterativo y absurdo, el argumento se retuerce de forma inverosímil por momentos, la narración se estanca y da la impresión de que no se va a llegar a ninguna parte, de que algo se te ha escapado por el camino. 

Llevas 80 páginas con una sensación extraña. No entiendes dónde quiere llegar el autor ni el camino que ha elegido. Se te está haciendo cuesta arriba. Pero es Carrère y decides seguir. 20-30-40 páginas más. La misma sensación continúa. No ves una salida porque el libro sigue dando vueltas en círculo. No le encuentras sentido. Te preguntas: ¿por qué no habrá seguido este hombre con la historia de Polidori, que tan curiosa parecía? Compruebas horrorizado que aún queda más de la mitad del libro y, con gran dolor de corazón y de bolsillo, decides dejarlo para otra ocasión. O no, ¡quién sabe!

Para terminar, una pregunta que cada cierto tiempo me asalta: ¿Por qué las editoriales (en general) se empeñan en exprimir el jugo de autores de reciente éxito con la publicación de sus obras de juventud, las cuales en muchos casos no están a la altura?

Otros libros de Emmanuel Carrère en ULAD: Una semana en la nieveYo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Philp K. Dick 1928-1982. El bigoteEl adversarioEl reinoDe vidas ajenasLimonov

viernes, 21 de diciembre de 2012

Libros para el fin del mundo

Por algún motivo, la idea del "Fin del Mundo" parece atraer a la imaginación humana. Hoy, 21 de diciembre de 2012, es uno de esos días en los que dicen que vamos a dar nuestro último aliento, solo porque hace un porrón de años a los mayas se les acabó el espacio en la piedra para meter más años. Pero esta confusión anecdótica revela una atracción intemporal por el destino final de la humanidad, del planeta o del universo, que se presenta al mismo tiempo como un momento de destrucción, sufrimiento y caos, pero también como un restablecimiento del orden cósmico: el juicio final en el que la humanidad en su conjunto, y cada ser humano en particular, paga por sus pecados.

De hecho, los mitos sobre el fin del mundo (o "escatológicos") están presentes en todas las grandes religiones: el hinduísmo, por ejemplo, cree que estamos en la última fase del ciclo o Kali Yuga (la más impura e infiel de todas, faltaría más), después de la cual Vishna disolverá y regenerará el universo; el "sermón de los siete soles" de Buda describe la destrucción del universo, después, también, de una fase de decadencia, inmoralidad y crimen. En las religiones de la tradición judeo-cristiana e islámica, el fin del mundo toma la forma de "Juicio Final" en que Dios resucitará y juzgará a los muertos por sus actos; por supuesto, no podemos hablar del Apocalipsis sin hablar del Apocalipsis, el último libro de la Biblia y uno de los más poéticos y simbólicos.

Pero no solo los textos religiosos se han ocupado del "final de los tiempos": la literatura también, con especial recurrencia en los últimos doscientos años. De hecho, una de las primeras obras modernas en plantear la desaparición de la raza humana es El último hombre (1826) de Mary Shelley (sí, la autora de Frankenstein), en el que la culpa la tiene una enfermedad incurable que se extiende por el mundo. O cómo no, La máquina del tiempo (1895), de H. G. Wells, en que el viajero temporal termina cayendo en un futuro lejano en que la civilización ha desaparecido y la humanidad ha degenerado en dos especies distintas: los refinados Eloi y los brutales Morlocks (en otro salto hacia el futuro, el viajero temporal llegará a ver el momento de destrucción de la Tierra, a causa de un sol gigante y abrasador).

El siglo XX ha sido pródigo en ficciones apocalípticas, que han reflejado los sucesivos miedos dominantes: una epidemia incurable, la guerra nuclear, el calentamiento global... La ficción literaria o cinematográfica sobre la capacidad devastadora de las armas atómicas inundó la imaginación del siglo XX. Ray Bradbury, por ejemplo, incluyó en varios relatos de sus magistrales Crónicas marcianas (1950) un escenario de guerra nuclear de efectos devastadores sobre la Tierra.

En la rama epidémica se sitúa una de las novelas más influyentes del género, Soy leyenda de Richard Matheson (1954), que ha sido llevada al cine en varias ocasiones; aunque no es la primera: además de la obra de Shelley de la que ya hemos hablado, Jack London había escrito medio siglo antes una novela titulada La peste escarlata (1898) en que la humanidad es destruida por un virus. Una supergripe es también la causa del fin de la humanidad en Apocalipsis (título original, The Stand, 1990), de Stephen King.

Entre los relatos apocalípticos de origen ecológico se impone mencionar El rebaño ciego (1972) de John Brunner, una novela terible en que la polución y la sobreexplotación del planeta causan todos los males imaginables a los seres humanos. J. G. Ballard, otro autor clave del género de ciencia-ficción del siglo XX, jugó a imaginar distintos finales para el planeta tierra: el exceso de agua en El mundo sumergido (1962); la falta de agua en La sequía (1964), o un extraño fenómeno que transforma la materia en cristal en El mundo de cristal (1966). En Ciudad (1952) de Clifford D. Simak los humanos también son culpables de su propio final, pero por puro agotamiento y decadencia de sus estructuras sociales.

En otros casos, el origen del desastre proviene del espacio exterior: de nuestros amigos los marcianos. H. G. Wells, de nuevo, marcó la senda con su novela La guerra de los mundos (1898), creando una tradición que llega hasta el Mecanoscrito del segundo origen (1974) de Manuel de Pedrolo; mientras que en El día de los trífidos de John Wyndham, una extraña lluvia de meteoritos verdes y unas misteriosas plantas asesinas se reparten la destrucción del planeta. Philip Wylie y Edwin Balmer, por su parte, fueron pioneros al plantearse lo que ocurre Cuando chocan los mundos (1933), una novela que también ha sido adaptada varias veces adaptada al cine. La tierra también es destruida, por medios más burocráticos, en la Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams; pero ya sabéis, Don't panic.


El siglo XXI comenzó con su propio mito apocalíptico (el famoso "efecto 2000", que se suponía que iba a freír todos nuestros sistemas informáticos); así que no es de extrañar que la ficción (post)apocalíptica siga ocupando un lugar en nuestras librerías, televisiones y salas de cine: The Walking Dead, Los juegos del hambre, Soy leyenda, la saga Terminator... De hecho, la ficción distópica o post-apocalípstica ha atraído la atención de escritores consagrados como Cormac McCarthy (La carretera, 2006) o Margaret Atwood (Oryx y Crake, 2003).


No se prevé, por lo tanto, una falta de interés por el tema apocalíptico en un futuro cercano. Quiero decir, si es que hay futuro más allá del 21 de diciembre. Y si no lo hay, si al final resulta que las profecías tenían razón y hoy se acaba todo, por lo menos que el fin del mundo nos pille leyendo.


lunes, 17 de diciembre de 2018

LO MEJOR DEL 2018, SEGÚN ULAD, MODESTIA APARTE

Juan G. B. dice: 

Oriol Vigil dice:

Koldo CF dice:
Ha sido, para mi, el año de los autores latinoamericanos. Aquí la lista:

Francesc Bon opina:
No ha sido un buen año. Mis preferencias siguen inamovibles y nadie les hace sombra y alguno ya debería. Y un desastre solo recordar leer autores españoles o estadounidenses. 
  • Mi mejor lectura del año: El viaje vertical, de Vila-Matas 
  • Novedades que salvo, y mucho: Las posesiones, de Llucia Ramis 
  • Te gustará si votaste o piensas votar a Vox: Ordesa de Manuel Vilas. (Esto es una broma muy del momento, ni siquiera comprendería que le gustara a alguien, y los que votan a Vox ni leen libros ni leen blogs literarios, seguro) 
  • Hartito de darles más oportunidades: Trueba, Amat, y otros involucrados en el socavón que se abre bajo lo que fue antes Anagrama. 
  • Propósitos de año nuevo que caerán seguro: Barth, Gaddis, Vollmann. Y ya que otros toman gustosos el relevo de la actualidad, re-lecturas a manta. 

Carlos Andia sentencia:
  • Lo mejor del año: las relecturas de Lorca (Bodas de Sangre / Yerma) y Carpentier (El siglo de las luces)
  • Narrativa: quizá Lectura insólita de 'El capital', de Raúl Guerra Garrido, porque el nivel, la verdad, no ha sido muy espectacular 
  • Descubrimientos: Antonio Di Benedetto (Zama), y la faceta literaria de Henri Michaux (Un bárbaro en Asia)
  • Reconciliación con, y por lo tanto reapertura de puertas a: Michel Houellebecq (gracias a El mapa y el territorio)
  • Ensayo: entre bastante igualdad, finalmente me decanto por Jean-Yves Jouannais (El uso de las ruinas, reseña dentro de poco) 
  • Clásico: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne 
  • Experimento: Me acuerdo, de Georges Perec (reseña también en unos días) 
  • Decepciones: varias, moderadas, quizá la más fastidiosa, por los elogios que arrastraba, Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón 
  • Intenciones: un hipertocho que llegará pronto, volver a Di Benedetto, quizá a Sabato, cosas interesantes... y, sí Koldo, Cartarescu también. 

Montuenga contribuye: 

Marc Peig opina:

Carlos Ciprés añade:
Y que en los próximos meses Ustedes gocen de sus lecturas. 

Beatriz Garza estima:
  • Autor descubrimiento del año: Margaret Atwood 
  • Novela(ZA) descubrimiento del año injustamente olvidada: Primera sangre de David Morrell 
  • Clásico del año: Marianela de Benito Pérez Galdós 
  • Novela (que como no podía ser de otra manera, supera a la película) del año: Tomates Verdes Fritos de Fannie Flagg 
  • Relectura provechosa del año: Las hermanas Grimes de Richard Yates 
  • Lectura LGTBI del año: La chica danesa de David Eberhoff 
  • Objetivos cumplidos del año: Lectura y reseña de novela gráfica 
  • Conceptos aprendidos del año: La diferencia entre "literatura" y "producto literario". El género del ciclo cuentístico
  • Objetivos para el año que viene: me abstengo, que luego me siento fatal. 

Santi concluye:

jueves, 6 de febrero de 2020

Escritores de película (resopón de la Semana del Cine)

Cine y literatura siempre han tenido una relación estrechísima, no sólo porque muchos autores se han dedicado también a escribir guiones (y guionistas, libros) o porque muchísimas películas, antes del aluvión actual de adaptaciones de videojuegos o series de televisión, están basadas en novelas o relatos; también porque la figura del escritor o escritora ha sido siempre muy atractiva para la cinematografía, puede que incluso más que la de los propios cineastas, y desde luego , mucho más que profesiones como fontanero, tallador de fruta o quiromántico (aunque mucho menos que soldados, policías, gángsters, bibliotecarias de Texas o cualquiera que vaya por la vida con un arma en la mano).

Revirando, pues, el sabio aserto que aconseja no leer libro protagonizados por escritores -misión imposible- ni ver películas sobre cineastas, hago notar que existen un montón de films que tienen a escritores de protagonistas, ya sean como personajes reales o de ficción (mejor dicho: más o menos de ficción). la variante más obvia de este tipo de películas son las llamadas "biopics", es decir, películas biográficas que retratan toda o una parte sustancial de la vida de algún personaje conocido; aunque, ciertamente, en ocasiones resulta difícil saber de antemano quién es la figura biografiada: Capote, Wilde, Tolkien, Dovlatov, Yesenin, Mary Shelley, La joven Jane Austen, Las hermanas Brontë, Mishima, una vida en cuatro capítulos... Se lo han currado a tope, ¿eh? Incluso Miss Potter, encarnada por la simpática Renée Zellweger, resulta fácil de identificar para el público anglófono como la madre de Harry... perdón, de Peter Rabbit. Hay que fijarse un poco más, eso sí, cuando el título de la película es tan sólo un nombre de pila: Iris (Murdoch), Enid (Blyton), Colette... bueno, éste no tanto. Resulta más sugerente -aunque el contenido no tiene por qué ser más interesante- cuando el título es menos obvio: Antes que anochezca, sobre Reinaldo Arenas haciendo de Javier Bardem, Tierras de penumbra, sobre C. S. Lewis o la inefable Ábrete de orejas, acerca del malogrado dramaturgo Joe Orton. Rebelde en el centeno, ni os digo sobre quién trata...

Otras películas también se encuadran dentro del biopic, pero circunscribiéndose a un periodo concreto de la vida de los biografiados (a menudo la época en la que estaban escribiendo una determinada obra):

-Shakespeare in love: El joven William se enamora, escribe Romeo y Julieta, afronta con gallardía contratiempos y peligros -como una reina Isabel que bien podría ganar el certamen de drags de Tenerife- para al final encontrarse con que su amada se ha ido con el multimillonario Richard Stark, que además es un superhéroe y mola mil.

-Historia de un crimen: James Bond cae en una trampa de Spectra y es encerrado en una cárcel de Kansas, adonde el MI6 envía a sus agentes Ruiseñor y Gorrión -a.k.a. Harper Lee y Truman Capote- para liberarlo. No lo consiguen y Bond es ejecutado, con lo que ahora se encuentran en el brete de tener que elegir a un nuevo 007.

-The End of the Tour: Precuela de Bienvenidos a Zombieland en la que David Foster Wallace con  sempiterna bandana en la cabeza y un (aún más) imberbe Columbus tratan de sobrevivir juntos al estallido del apocalipsis zombie. Sólo uno lo consigue.

-Remando al viento: Cómo hubiera sido Cuatro bodas y un funeral a principios del siglo XIX en una villa a orillas de un lago suizo, cuando la gente se aburre porque se acaba el bebercio y no disponen aún de Netflix.

-Las horas: Virginia Woolf mete mano en la caja de la editorial Hogarth Press para amueblar a su gusto su habitación, pero cuando le miente al respecto a su socio y marido, le crece la nariz de forma insospechada.



Bueno, vale, lo dejo ya; no hace falta que sigáis enviando más anónimos amenanzantes... Tan sólo dejadme mencionar La importancia de llamarse Oscar Wilde, sobre los últimos días de este escritor; Gringo viejo, sobre la desaparición en México de Ambrose Bierce; Descubriendo Nunca Jamás , con Johnny Depp (con un peinado normal, aunque ya había difrutado lo suyo como Hunter S. Thompson en Miedo y asco en las Vegas) haciendo de J. M. Barrie, el autor de Peter Pan o Carrington, acerca del enamoramiento (fallido) de esta artista hacia el escritor Lytton Strachey. Si se me permite, mi película favorita de esta categoría es una acerca de un escritor mucho menos conocido: La gran estafa (The Hoax), sobre el intento de vender unas falsas memorias de Howard Hugues que hizo Clifford Irving.

Por último, una modalidad igualmente interesante (o más) es la de la ficción con escritores inventados y aasumiendo todo tipo de roles: desde villanos de diferente pelaje -El resplandor, La mitad oscura, Balas sobre Broadway, Insomnio- a víctimas en mayor o menor grado -Misery, Barton Fink, Basada en hechos reales...- pasando por, como no podía ser de otra manera, el papel de testigo de los hechos o de su realidad circundante: La gran belleza, Medianoche en el jardín del bien y del mal... o incluso una mezcla de todo lo anterior, como ocurre en esa película , basada en una novela de Robert Harris y protagonizada por la curiosa figura del escritor "negro o "fantasma": El escritor. Tenemos también al escritor "señor Miyagi" en Descubriendo a Forrester, al aquejado de una curiosa forma de bloqueo consistente en no poder dejar de escribir de Jóvenes prodigiosos y, por fin, al escritor que ha llegado al que se supone es el culmen de su profesión, como Paul Newman en la deliciosa El premio (quizás mi película favorita sobre escritores, NEVER EVER).


Porque curiosamente (y tranquis, que ya acabo) es en el género de comedia donde encontramos gran catidad de películas con escritor incorporado: autores de best-sellers en La selva esmeralda, Mi testigo preferido o Mejor imposible -recordemos al impagable personaje interpretado por Jack Nicholson-; patosos remedadores de Extraños en un tren: Tira a mamá del tren, con Danny de Vito y un Billy Cristal como escritor aquejado, también él , de bloqueo (esta circunstancia aparece mucho en el cine) o enredados en curiosas tramas metaliterarias: Desmontando a Harry o Más extraño que la ficción (en este caso y aunque el escritor sea un guionista, no puedo dejar de mencionar  Adaptation (El ladrón de orquídeas), de Spike Jonze, con un Nicholas Cage que por fin sacó partido a su cara de acelga). Y no puedo dejar de mencionar aquí al auténtico Rey de la Comedia, al escritor/actor que más risas nos ha heho pasar en el cine y que seguro que aún nos deparará monmentos deliciosos: Michel Houellebecq, estrella absoluta -con permiso de Depardieu- de El secuestro de Michel Houellebecq y Thalasso.


Amigos para siempre, lailo-lailo-lailo-lá...


Nota: los títulos de las películas son los que han tenido en su estreno en España, por lo que pueden diferir con respecto a los de otros países y, desde luego, respecto a los originales... Así, por ejemplo, Historia de un crimen es, en realidad, Infamous, y The Happy Prince se tradujo como La importancia de llamarse Oscar Wilde, para sonrojo de todos o al menos del que suscribe.

domingo, 18 de junio de 2023

Katixa Agirre: De nuevo centauro

Idioma original:
euskera
Título original: Berriz zentauro
Traductora: Aixa de la Cruz
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable
 
Si hay algo de lo que no se puede acusar a Katixa Agirre, es de acomodarse en fórmulas que han demostrado funcionarle y tener éxito. Su anterior novela, Las madres no, tuvo muy buena acogida, tanto en el original en euskera como en sus traducciones al castellano, catalán y muchos otros idiomas. Lo fácil podría haber sido insistir en el tema (la maternidad) o en el género (una especie de thriller periodístico-judicial). En cambio, en Berriz zentauro, la autora se adentra en un terreno bastante poco transitado por la literatura en euskera: la ciencia ficción (o ficción especulativa, que es un término algo más amplio y sugerente). 

Así, la acción de De nuevo centauro se sitúa en un futuro no demasiado lejano, a mediados del siglo XXI, en un mundo que comparte muchos elementos con el nuestro, pero en el que también se han acentuado o acelerado ciertos procesos ya en curso: por ejemplo, el cambio climático ha provocado oleadas de desastres y refugiados; la realidad virtual ha pasado a formar parte de la vida cotidiana, y como consecuencia de las dos anteriores, los viajes se han reducido al mínimo y el turismo prácticamente ha desaparecido. Y sin embargo, esta es la historia de un viaje: el que la protagonista, Paula Pagaldai, realiza a París para documentarse para preparar un módulo educativo de realidad virtual sobre la vida de Mary Wollstonecraft, pionera del feminismo, testigo de la Revolución Francesa y madre de Mary Shelley. (Este recurso de integrar en el texto la biografía de un personaje histórico ya lo había explorado Katixa Agirre en Los turistas desganados, aunque en este caso se trata de un elemento más orgánico en la trama).

Los avances tecnológicos, tan presentes en este resumen, no son un simple elemento de worldbuilding, sino uno de los temas fundamentales de la obra: cómo la tecnología puede cuestionar, modelar o manipular nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos, cómo puede impactar en nuestra relación con los demás, con aspectos positivos y negativos. De nuevo centauro no es en ese sentido una novela "ludita", que cargue las tintas contra el progreso técnico, aunque sí alerte sobre ciertas alienaciones peligrosas. (Y la tecnología no es, por otra parte, la única forma en la que los personajes de la novela escapan de la percepción "normal" de la realidad; de hecho la protagonista tiene alucinaciones en las que conversa con la propia Mary Wollstonecraft, y en los últimos capítulos se adentrará en otro tipo de experiencias "extracorporales" no mediadas por la tecnología).

En cualquier caso, la utilización de medios tecnológicos es también un modo de plantear la disolución o fluidez de los binarismos establecidos: entre máquina y humano, entre humano y animal, en la definición de género o sexualidad. Así, por ejemplo, en sus escapadas virtuales Paula Pagaldai juega a "disfrazarse" con un avatar masculino llamado Viktor para mantener relaciones sexuales esporádicas, y otro personaje central en la segunda parte de la novela, Max Dox, representante de una resistencia contra el avance ciego de la técnica, mantiene una cierta ambigüedade de género y sexualidad que atrae poderosamente a quienes la rodean, incluida la protagonista. El propio título de la novela, con su referencia al centauro (mitad humano, mitad animal), vincula el texto con esta ruptura posthumana de conceptos binarios establecidos, en la línea del Manifiesto cyborg de Donna Haraway ("Prefiero ser una cyborg que una diosa", acaba diciendo). Esto no significa, con todo, que en la novela se obvien las violencias específicas de género (en el mundo real o en el virtual), desde el desigual reparto de tareas domésticas o la discriminación laboral, hasta las agresiones o violaciones de cuerpos o avatares.

Decía al principio que esta novela explora caminos nuevos y diferentes a la anterior; con todo, también existen algunas continuidades entre ambas. Una muy obvia es que repite editorial tanto en la lengua original (Elkar) como en la castellana (Tránsito), aunque en este caso no ha sido la propia autora quien se ha ocupado de la traducción (como sí hizo en Las madres no), sino su colega y amiga Aixa de la Cruz. Otro elemento importante que une ambas novelas es el tema de la maternidad, que era central en Amek ez dute y que aquí aparece en un plano relativamente secundario, aunque relevante: por una parte, está la cuestión de la maternidad de Wollstonecraft; también el proyecto, inspirado inadvertidamente por la propia Paula Pagaldai, de crear un módulo que permita vivir un embarazo y un parto virtual; y por último, también se plantea la posibilidad (que creo que tendría potencial incluso para un spin off en forma de relato) de tener hijos virtuales conectados a todos nuestros aparatos electrónicos, como un Tamagochi omnipresente e imposible de apagar.

De nuevo centauro acaba por lo tanto por ser una novela con varias capas de significado: en un nivel superficial, es una novela de ciencia ficción sobre un mundo que podría ser el nuestro dentro de unos cuantos (pero no demasiados) años; en otros niveles obvios de lectura, es una reflexión sobre la forma como navegamos un mundo en el que, por causa de la tecnología, pero también de la crisis climática o del "final de los grandes discursos" de la posmodernidad, "todo lo que era sólido se desvanece en el aire", como dijeron Marx y Engels hace ya más de 150 años. La búsqueda (las búsquedas) de Paula, así, de referentes o ilusiones a las que aferrarse puede ser la de todos nosotros, sus lectores, en un tiempo de constante(s) crisis.


Entrevista

Esta entrevista fue grabada a través de zoom el día 7 de junio de 2023. En la entrevista Katixa Agirre se refiere al proyecto Borradores del Futuro / Zirriborroak eta gero, en el que se integra el relato "Loratze perimetroa" ("Perímetro de floración") que en varios aspectos se puede considerar el germen de De nuevo centauro.



Otras obras de Katixa Agirre en Un libro al día