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lunes, 17 de abril de 2023

Yi Yang: Easy Breezy

Idioma original: Italiano
Título original: Easy Breezy
Año de publicación: 2021
Traducción: Lorenzo F. Díaz
Valoración: Entretenido

Easy Breezy (paradójico título para un cómic adrenalínico) narra una historia plagada de acción y persecuciones. Gracias al dinamismo de su argumento y a la fluidez de su apartado visual, se lee de una sentada. Aunque no todo en ella se desarrolla a esa velocidad endiablada; Yi Yang, la autora, también sabe situar remansos de paz aquí o allá, que permiten que el conjunto respire y afianzan los pasajes introspectivos o conmovedores.  

Pero vamos por partes. ¿De qué trata esta obra? Los miembros de un grupo variopinto se ven envueltos en una situación extrema, la cual les obliga a superar sus diferencias y unir fuerzas. Como veis, la premisa no es particularmente original; tampoco lo son los personajes o el argumento. Aun así, estos tres elementos se ejecutan de tal manera que, si bien no consiguen ser memorables, dejan el buen sabor de boca de aquello rico aunque mil veces catado.

La faceta gráfica de Easy Breezy es quizá su mejor aspecto. Ciertamente, se puede pulir: siente demasiado apego a los excesos de la estética manga, aplica transiciones bruscas entre viñetas o presenta algún cuello o mano forzados. Sin embargo, el trazo es fresco y espontáneo; la gama cromática que emplea funciona pese a su sobriedad y simpleza; la composición de ciertas páginas deslumbra por su creatividad; las perspectivas atípicas, las anatomías destartaladas y los rostros sobreactuados son tremendamente expresivos.

En conclusión: disfrutad de Easy Breezy. No os dejéis amedrentar por el hecho de que lo que cuenta ya se ha visto con anterioridad, por su final, bastante anticlimático, ni por su villano, cuya manera de actuar es inverosímil. Centraos, en cambio, en sus virtudes: ese mensaje a favor de la amistad, esos protagonistas a los que es imposible no coger cariño y esas ilustraciones sueltas y enérgicas.

miércoles, 9 de junio de 2021

Yan Lianke: La muerte del sol

Idioma original: Chino
Título original: 日熄
Año de publicación: 2015
Traducción: Belén Cuadra Mora
Valoración: ¿Está bien?

La muerte del sol, de Yan Lianke, es la primera novela china que leo. Y, si os tengo que ser sincero, no hemos acabado de conectar. 

Ante todo, porque su prosa no me ha gustado. Entiendo que si te zambulles en ella puede ser tan inmersiva como atmosférica. Pero aunque me ha parecido técnicamente impecable, tengo la sensación de que su lirismo carece de naturalidad. Además, abusa de las figuras retóricas (especialmente de símiles) y se recrea en exceso, dilatando el texto. 

En efecto, también le reprocharía a la obra de Lianke que sea innecesariamente larga. A mi juicio, sus más de cuatrocientas páginas podrían haberse reducido sustancialmente podando la prosa y redirigiendo el argumento, el cual peca de reiterativo.

Detengámonos un segundo en el mentado argumento: Li Niannian es un joven de catorce años. Vive en un pequeño pueblo, junto a sus padres. Un día, tras ponerse el sol, se extiende una epidemia de sonambulismo que impele a la gente a llevar a cabo sus deseos más ocultos.

Dicho esto, voy a resaltar aquellos aspectos de la novela que me han gustado:

  • Su concepto global. Lástima que la ejecución del mismo no le haya hecho justicia.
  • Su toque metaliterario. 
  • Sus contrastes (realidad y ficción, lucidez e idiotez, vida y muerte, vigilia y sonambulismo).
  • La parcela que le cede a la crítica social. Y es que, mientras las violaciones, suicidios y saqueos se suceden, los líderes locales sucumben a sus propios delirios de grandeza, ajenos al drama que les rodea.  
  • Su final apoteósico.
  • El arco de redención del padre del protagonista. 
  • Ciertas escenas, descripciones o símiles.

Resumiendo: La muerte del sol encierra ideas brillantes, pero quizás debería haberse escrito pensando en el lector. En cualquier caso, tampoco es que sea un despropósito. Se hace cuesta arriba, mas no llega a atragantarse. Y lo que aporta no está mal. Asimismo, se le intuyen ambición artística y voluntad de trascendencia, cosas que siempre hay que agradecer.

    viernes, 6 de julio de 2018

    Ciudades de libro #5: Pekín: Pekín en coma, de Ma Jian

    Resultado de imagen de pekin en coma amazon
    Idioma original: chino
    Título original: 肉之土 - Beijing Coma
    Año de publicación: 2008
    Valoración: Muy recomendable



    ¿Alguno de vosotros ha tenido ocasión de ver Johnny cogió su fusil, la gran película antibelicista de los años setenta ambientada en la Primera Guerra Mundial? Lo que quizá no sepáis es que se basa en la novela homónima de 1939 y que, curiosamente, fue dirigida por su autor, Dalton Trumbo, siendo esta la única película en su haber, años después de que Buñuel declinara el encargo y recogiendo alguna idea de este. Pues bien, Pekín en coma utiliza un armazón muy similar, aunque los hechos que relata solo tienen en común la violencia que desencadena el argumento. La angustia que subyace en el film de Trumbo se convierte aquí en sentido crítico, rebeldía y voluntad de cambiar las cosas, se localizan en tiempos y lugares muy distintos y, si no recuerdo mal, las estructura y trama de esta última son bastante más complejas (me refiero a la película, la novela original no la conozco) debido tanto a la libertad que proporcionan sus casi setecientas páginas como a la superposición de hilos narrativos y asuntos diversos. Hay que destacar la habilidad con que Ma Jian ha adaptado a sus necesidades los hilos principales haciéndolos confluir en un desenlace glorioso –aunque tristemente previsible– y el genial recurso de utilizar un narrador que conoce los hechos fundamentales del pasado y es capaz de observar el presente, si bien de forma limitada, con una independencia absoluta.
    Concretando, estamos ante un novelón con todas las letras y bajo todos los puntos de vista, aunque ¡cuidado! a algunos les resultará tedioso. No les  culpo, vivir dentro de una novela no es fácil y Ma Jian nos sitúa ante la plena efervescencia de los hechos ocurridos en la plaza de Tiananmen de abril a junio de 1989. También nos introduce en la mente de un hombre en estado vegetativo y nos mantiene allí durante diez años de ficción de alta calidad. Supongo que lo mejor en estos casos es tomarse las cosas con calma y disfrutar de la novela el tiempo que sea necesario, incluso alternándola con otras lecturas. Porque merece la pena asistir a esa identificación de dos estados comatosos: el de la ciudad de Pekín (y por extensión el de toda China) y el de un estudiante llamado Dai Wei al que terminaremos amando sin condiciones si hemos sido capaces de acompañarle durante su accidentado y apasionante trayecto.
    De lo dicho puede deducirse que la acción se desarrolla en dos momentos que se alternan (encabezados por frases significativas que, bien aluden al estado físico del personaje apoyándose en su condición de biólogo, bien recurren a la fantasía contenida en el Libro de las Montañas y los Mares, su lectura de referencia desde niño), a saber: el sereno y limitado presente, descrito con toda la precisión posible dadas las circunstancias y, según se intuye, completado con cierta dosis de fantasía, donde Ma Jian se desenvuelve como pez en el agua consiguiendo, por muy difícil que nos parezca a priori, una credibilidad irreprochable. Paralelamente, se nos cuentan los hechos objetivos que conocemos por la historia, pero con una cercanía y precisión difíciles de superar.
    El marco histórico no se reduce a los sucesos de Tiananmen. Valiéndose del padre del narrador, nos remontamos a la salvaje represión que tuvo lugar años antes, cuando se recluyó en campos de trabajo a los disidentes del régimen sometiéndoles a toda clase de salvajadas, estigmatizando a sus familias y liberando a unos pocos supervivientes que, tras haber sido aniquilados como individuos, arrastrarán la etiqueta de derechistas que les excluirá de la vida social y les impedirá encontrar un trabajo digno.
    Antes de colocarnos en primera fila de las revueltas estudiantiles, Dai Wei nos cuenta las incidencias de su vida universitaria. Con el tiempo, asistiremos a la primera etapa de las protestas que, teniendo la plaza como escenario, se produjeron entre 1986 y 1987  y, si bien no lograron gran cosa, se sofocaron con mucha menos contundencia que las generadas dos años después. Esta vez el desencadenante fue el fallecimiento de Hu Yaobang, antiguo secretario general del Partido Comunista Chino y único dirigente que apoyó a los estudiantes en las anteriores protestas. Lo que se pedía era diálogo, libertad de prensa, acabar con la corrupción y, en algunos casos, cierto giro político. A lo largo de esos dos meses, se fueron añadiendo muchos estudiantes de provincias y trabajadores que reclamaban mejores salarios.
    De la mano del narrador, conocemos a los supuestos organizadores –ya que todos son ficticios– entre los que se encuentra el propio Dai Wei que desde muy pronto es nombrado jefe de seguridad de la plaza. Se nos muestra al detalle –y cuando digo detalle no me refiero a lo habitual, aquí vivimos el día a día con una minuciosidad que a muchos parecerá exasperante– sus menores movimientos, iniciativas, debates, indecisiones y, en fin, el proceso completo, huelga de hambre incluida, que concluirá con el terrorífico aplastamiento que tuvo lugar ese famoso 4 de julio, y que presenciarían las calles aledañas a la plaza, silenciado desde entonces por las autoridades chinas hasta el punto de que las generaciones nacidas a partir de esa década ignora ¿por completo? lo ocurrido. El propio novelista tuvo que exiliarse muy pronto, desde que comprendió el peligro que corría tras la publicación de su primera obra.
    Junto a todo ese magnífico movimiento de masas destaca, por contraste, la monótona y resignada vida que se desarrolla en el interior del cuarto de Dai Wei. El convincente proceso psíquico de la madre, las circunstancias de una existencia tan precaria en todos los sentidos y la continua vigilancia policial no menoscaban la dignidad del personaje gracias a la introspección, los constantes toques líricos y ese simbolismo conmovedor que se concentrará en la figura del gorrión durante el largo y emotivo desenlace, cuando allá fuera todo es distinto menos la coerción ejercida por el gobierno (“El mundo en el que viví se ha transformado como harina que ha sido horneada y se ha convertido en pan. He de masticarlo muy lentamente…”) porque hemos llegado al siglo XXI y China se concentra en preparar los Juegos Olímpicos. Esas inquietantes y magistrales últimas páginas rebosan tensión y llegan a estremecer a un lector que observa cómo las dos líneas narrativas, hasta ahora paralelas aunque conectadas por el omnipresente Dai Wei, se acercan lentamente formando un arco muy suave que les permitirá confluir en un punto final común.
    "Ahora sé que para llegar al alma tienes que viajar hacia atrás. Pero solo quienes están dormidos tienen tiempo de recorrer ese camino al revés. Los despiertos han de seguir avanzando a ciegas por senderos desconocidos hasta el día de su muerte…”

    lunes, 8 de mayo de 2017

    Eileen Chang: Un amor que destruye ciudades

    Idioma original: chino
    Título original:  Qing Cheng Zhi Lian (傾城之戀)
    Traducción: Anne-Hélène Suárez y Qu Xianghong
    Año de publicación: 1943
    Valoración: muy recomendable

    Es difícil encontrarse con este libro en una estantería y que no te llame la atención el título: Un amor que destruye ciudades. ¡Caramba! (En inglés he visto que se suele traducir como Love in a fallen city, que tampoco está mal, pero no es lo mismo). Es un gran título; de hecho, en gran medida me compré el libro gracias a él, porque, como la mayoría de los españoles, nunca había oído hablar de Eileen Chang: esta es la primera de sus obras que se publica en España. (En cambio, es posible que muchos conozcan la película Deseo, peligro, de Ang Lee, sin saber que está basada en un relato de Eileen Chang).


    Es un gran título, pero también induce un poco a confusión: uno piensa que va a encontrar una historia de amor arrebatado, una pasión a lo Madame Bovary o Anna Karenina, destructiva y brutal. Y lo que cuenta la novela es algo bastante diferente: la lucha de una joven divorciada, Liusu Bai, por recuperar su independencia económica, sentimental y vital, huyendo del control de su opresiva y envidiosa familia, pero evitando también ser controlada por el seductor Fan Liuyuan, otro ser independiente y fuera de las convenciones sociales. La relación entre Liusu y Liuyuan se desarrolla entre dudas y sospechas, hasta que la ocupación japonesa de Hong-Kong en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, los une profunda e indefinidamente. (De ahí el título: para que su amor triunfase, Hong-Kong tuvo que ser destruída).

    Eileen Chang muestra en esta novela su capacidad para construir una narración densa, con múltiples elementos en muy pocas páginas (menos de 100 en la edición de Asteroide). Por una parte, tenemos las tensiones, envidias y celos de la familia Bai, que ocupan fundamentalmente el primer tercio de la historia; después, la historia de amor entre Liusu y Liuyuan, en la que ambos aparecen como personajes complejos e independientes, individuos en un medio social controlado por la convención; finalmente, el desenlace de la novela relaciona la historia romántica con el contexto histórico y social de la época, aunque este esté claramente supeditado a la trama principal. Personalmente, me habría gustado que se extendiese más en este aspecto histórico, quizás porque es muy poco conocido para los europeos; pero encaja perfectamente dentro de la lógica del relato, según la cual todo puede suceder, incluso una guerra y la muerte de miles de inocentes, para que se consolide un amor.

    El libro publicado por Asteroide incluye también un relato breve, "Bloqueo", en el que se nos presenta a un conjunto de personajes atrapados en un tranvía durante un bloqueo en Shangai. También aquí hay un esbozo de historia romántica (un hombre casado que se aproxima a una joven desconocida e imagina una futura relación con ella), pero es solo un breve sueño que se desvanece cuando el bloqueo termina, como si la paralización del tranvía (y de la ciudad) hubiera anulado las reglas y abierto la puerta a nuevas posibilidades vitales.

    Con este pequeño volumen se nos da a conocer a una escritora sutil, elegante y compleja, capaz de retratar el ambiente de Shangai y Hong-Kong antes y durante la guerra, y de describir con maestría la psicología y los conflictos de una mujer en busca de su identidad e independencia. Esperemos que esta no sea la última obra que se traduzca de ella.

    lunes, 15 de agosto de 2016

    Sun Tzu: El arte de la guerra

    Idioma original: chino
    Título original: 孫子兵法
    Traducción: ¿?
    Año: Siglo V a.C.
    Valoración: Está bien


    Yo pensaba que éste iba a pasar a ser el libro más antiguo que se había reseñado en ULAD, pero creo que hay por ahí una etiqueta ‘Siglo VI a.C.’, así que me quedaré sin el Guinness hasta que me decida a meterle mano al Código de Hammurabi.

    Tampoco tiene mucha importancia –al menos para los que no somos historiadores- que el tal Sun Tzu, por lo visto un prestigioso general chino en una etapa muy convulsa de la historia de ese país, fuese o no el auténtico y único autor del libro. A él se atribuye tan pretérito título y eso nos basta, aunque haya quien diga que a su redacción contribuyó su hijo Sun Bin, o tal vez otros personajes.

    Porque, aunque la aclaración tal vez sobre, 'El arte de la guerra' no es un título metafórico, sino un tratado de estrategia militar, probablemente el más antiguo que se conoce, al menos con una formulación completa y sistemática. De manera que a lo largo de sus trece capítulos, el general va poniendo negro sobre blanco los principios fundamentales para alcanzar la victoria en la batalla, ya se sabe, cuándo y cómo hay que atacar (o no), cómo organizar las tropas, cuestiones a tener en cuenta (el terreno, la meteorología) y responsabilidades de generales y oficiales. Obviamente, tampoco me voy a detener a analizar estas cuestiones, que para el lector tienen un interés muy relativo y además no dominamos en absoluto. 

    Lo que sí llama la atención es el énfasis que se pone en la astucia: 'Todo el arte de la guerra está basado en el engaño', ni más ni menos. Y ahí se extiende en describir cómo confundir al enemigo, maniobras de distracción o señuelos de todo tipo. En la misma línea, destaca el maestro la importancia del espionaje y la información, detallando incluso diversos tipos de espías con sus correspondientes funciones bien definidas. Ya el bravo Leónidas –más o menos contemporáneo de Sun- tuvo que sufrir en las Termópilas el efecto de un espionaje eficaz, pero aquí queda bien claro que no es un invento europeo. En todo caso, uno quizá esperaría de un general una postura más aguerrida y majestuosa, hablando de fortaleza, sacrificio y esas cosas, pero este caballero no se corta a la hora de recomendar la simulación y la contrainformación como armas fundamentales.

    Es interesante también cuando Sun decide meterse en asuntos que en principio desbordan el ámbito puramente bélico. Para empezar, subraya una y otra vez que la auténtica victoria consiste siempre en evitar el conflicto, conseguir la rendición del adversario sin lucha. Seguramente, detrás de esta oda a la diplomacia y la política -más cercana del pragmatismo que de lo que hoy entenderíamos como pacifismo- se encuentre cierto humanismo de raíz taoísta, y de hecho se cita expresamente esa herencia cultural; aunque eso se lo dejamos a los expertos. Pero se incide también en la necesidad de que el soberano practique la justicia y la magnanimidad, que se evite en lo posible el exterminio del enemigo y sus núcleos de población, o la recomendación de un trato aceptable para los prisioneros. Incluso plantea la necesidad de que un general se salte órdenes superiores cuando vea claro que lo exige el buen fin de las operaciones bélicas. Realmente, no es que Sun fuese un rebelde iconoclasta, ni un remoto precursor de la Convención de Ginebra. Por el contrario, sus recomendaciones no tienen otra finalidad que la eficacia en la búsqueda de la victoria, a través de la fidelización de las tropas o la utilización en beneficio propio de los recursos humanos y materiales del enemigo. Pero aún así resulta chocante encontrar opiniones en apariencia tan modernas en un texto escrito hace 2.500 años.

    De forma que este manual nos deja la sensación de trascender la materia militar de la que trata, y reunir sabiduría y lógica extensivas a otros campos, todo ello bajo unos parámetros que asociaríamos a conceptos mucho más recientes. Así que no es de extrañar que 'El arte de la guerra' se utilice aún en la actualidad, no sólo en las academias militares –que por supuesto- sino en ámbitos tan insospechados como la gestión empresarial. Y es que, al margen de que Sun Tzu incluya hasta una especie de análisis DAFO de las fuerzas, la verdad es que en las escuelas de negocios ya se echa mano casi de cualquier cosa.

    Y termino con un par de curiosidades: 1. El ejemplar de que dispongo lo compré en una Feria del Libro Anarquista (por cierto, a un precio más bien poco ‘popular’). Se trata de una edición muy bootleg, y por lo mismo no consta nombre del traductor ni del autor del prólogo, ni por supuesto un ISBN. O sea, copia fusilada de algún ejemplar, cubierta (que no es la que se ve en la imagen) y a correr. La abolición de la propiedad empieza por Sun Tzu. 2. He visto por ahí que existe incluso una versión manga. Sería realmente curioso conocerla.

    martes, 23 de febrero de 2016

    Ba Jin: Familia

    Idioma original: chino
    Título original: Jiā
    Año de publicación: 1933
    Valoración: Recomendable


    Ba Jin es el pseudónimo de Lǐ Yáotáng (1904-2005), considerado un innovador en el marco de la literatura china y uno de sus escritores más influyentes. Tras graduarse en lenguas extranjeras, completa sus estudios en Francia, donde estuvo viviendo tres años. De ahí la influencia en su obra de los grandes novelistas del XIX, en particular, franceses y rusos.
    Familia constituye la primera entrega de una trilogía titulada Torrente. Le siguieron Primavera (1938) y Otoño (1940). Aparte de los valores indiscutibles de la novela, el intento de aclimatación de las estructuras occidentales es más que meritorio, aunque carecer de modelos dentro de su idioma y cultura constituya en cierto modo una carga. A mi parecer, esto es evidente en la simplicidad de las situaciones, en la exposición demasiado directa del mensaje y en una construcción de personajes excesivamente esquemática. Rasgos todos ellos, junto con la idealización del paisaje, que tras el imprescindible proceso de maduración, llegarían a conformar la fisonomía de gran parte de la novelística oriental posterior.
    Por otra parte, el argumento se desarrolla con vigor y agilidad. Ba Jin expone sus ideas con tanta convicción que enseguida nos convierte en sus cómplices. Habla de lo que mejor conoce: los conflictos e incidencias en una familia acomodada –como la suya propia– marcadamente patriarcal, enraizada en las estructuras feudales que empezaban a desmoronarse y repleta de prejuicios sociales, religiosos, sexistas o mantenidos solo por la fuerza de la costumbre.
    Conocido por sus ideas anarquistas, su posterior apoyo a la república durante la guerra civil española, tachado de contrarrevolucionario más tarde por el régimen comunista, el factor político está presente en todo momento. Aunque aquí no manifiesta simpatía por ninguna tendencia, limitándose a presentar una juventud en rebeldía contra la represión comunista –juventud que apuesta por la formación de los (y las) jóvenes, la libertad de prensa y la posibilidad de manifestarse públicamente, como medios para la tan necesaria renovación de la sociedad– y que opone a otra más conformista y conservadora.
    Si hubiese una palabra que calificase en la novela a las estructuras consolidadas de la China de la época, esta palabra sería crueldad. Dirigida hacia los dos sexos pero cebándose más en las mujeres, con víctimas en todos los estamentos sociales aunque con más intensidad en los de abajo. Matrimonios de conveniencia, para unir fortunas o simplemente para aplicar las predicciones de los horóscopos, adolescentes obligadas a casarse con ancianos, niñas con los pies deformes y llenos de cicatrices que recuerdan dolores insoportables, o que salen de sus casas para servir gratis a familias pudientes, desaprobación social a las mujeres que estudiaban, incluso a las que se cortaban el pelo, imposibilidad de su acceso a las escuelas de enseñanza superior, reservada solo a los chicos. Todo esto provoca situaciones dramáticas: suicidios, amores frustrados, parejas infelices… La paradoja –aplicable a cualquier sociedad y época– es que todo el mundo conoce los hechos y nadie hace nada. Cabría preguntarse si la principal lacra es la crueldad en sí o la indiferencia que la ampara secularmente.
    Es interesante también la descripción de ciertos ritos, juegos y prácticas supersticiosas. Algunos, como las primeras celebraciones de año nuevo, parecen evocarse con nostalgia; otros evidencian una fuerte carga crítica, como la impactante escena en la que se describe el espectáculo llamado la linterna del dragón en la que se quema sin piedad el cuerpo de un supuesto animal,  integrado en realidad por figurantes, solo para divertir a la concurrencia; o prácticas absurdas, como quemar billetes para honrar a un difunto o apaciguar a los dioses.
    Ba Jin, que concebía la vida como lucha en pos de unos objetivos, opone un gran voluntarismo a ese montón de tragedias. Sabe que no todo el mundo posee la fuerza interior que hace falta para oponerse, pero está convencido de que quien pelee contra viento y marea resistirá sin ser destruido y hasta puede que acabe venciendo.

    martes, 29 de diciembre de 2015

    Qiu Xiaolong: Seda roja

    Idioma original: inglés
    Tïtulo original: Red Mandarin Dress
    Año de publicación: 2007
    Valoración: está bien

    A la larga lista de detectives literarios que han pasado por ULAD (Poirot, Sherlock Holmes, el Padre Brown, Montalbano, Wallander, Jaritos, Mario Conde...) se une ahora un colega el comisario (y poeta ocasional) Chen Cao, que resuelve sus casos en el Shanghai de los años 90, en el que todavía impera un sistema de gobierno comunista, pero con una progresiva adaptación a modelos capitalistas de propiedad e intercambio. (Gato blanco, gato negro, esas cosas).

    En este caso, el comisario Chen Cao (que ha pedido una excedencia para estudiar literatura china) debe volver al trabajo cuando un asesino en serie (el primero de la historia de Shanghai, aparentemente) mata a varias muchachas y abandona sus cadáveres vestidos con un vestido mandarín o qipao de seda roja. La investigación le llevará a descubrir un secreto y una traición que se remontan a los tiempos de la Revolución Cultural y el horror de las delaciones, las torturas, las deportaciones.

    Algo que conviene recordar es que Qiu Xiaolong, aunque es de origen chino, escribe en inglés y pensando en un público americano; esto se nota en la forma como explica determinadas palabras, conceptos y costumbres chinas, y muy en particular a la (peculiar) gastronomía china, que incluye gambas vivas, nidos de golondrina, lenguas de gorrión o sesos de mono (sí, como en la película de Indiana Jones). También es llamativo el modo en que adopta el modelo del whodunnit a un contexto asiático, a pesar de que los propios policías que participan en la investigación cuestionan la validez de los métodos policiales occidentales aplicados a una sociedad y una cultura diferentes.

    Lo más original de la novela y del detective -porque ya se sabe que todos los detectives tienen que tener algún rasgo especial que sirva para diferenciarlos de todos los demás- es la afición del comisario Chen Cao por la literatura en general, y por la poesía en particular (una afición que comparte con el propio Qiu Xiaolong). Así, la trama policial se interrumpe en varios momentos para dar paso a las investigaciones literarias del policía sobre los relatos de amor romántico en la China antigua, y no son pocas las veces que el propio Chen Cao o algún otro personaje recitan algunos versos o un poema entero, lo que es tan interesante como inverosímil, creo yo.

    Como lectura policiaca, Seda roja se sostiene muy bien, y se integra perfectamente en la línea de los actuales modelos policiacos, protagonizados por detectives honestos, extravagantes pero efectivos, y que utilizan el género negro para hablar de las transformaciones sociales en sociedades en crisis: una vez más es inevitable pensar en la Cuba de Mario Conde, otro detective poeta, pero también en la Sicilia de Montalbano o la Grecia de Jaritos. Y al igual que en estos casos, lo que le importa al comisario Chen Cao no es tanto que se imparta justicia, en el sentido legal del término, cuanto que se restaure el equilibrio perdido, en un sentido moral superior.

    miércoles, 1 de julio de 2015

    Colaboración: ¡Vivir! de Yu Hua

    Idioma original: chino
    Título original: Huozhe 
    Año de publicación: 1992
    Traducción: Anne-Helène Suárez Girard
    Valoración: Imprescindible

    Quien está acostumbrado a inmiscuirse en la exploración del análisis del ámbito cinematográfico acaba por saber apreciar el fondo, es decir, la teoría de la puesta en escena, la manera en el que el cineasta interpela al espectador, y el contenido, el relato que trata de contar, como un todo indisoluble. Obviamente, en el notablemente más anciano y experimentado arte literario, la manera de abarcar una novela un escritor no se queda atrás. No obstante, pocas veces se experimenta un sincronización tan grande entre forma y fondo que casen tan bien como lo hacen en la novela del chino Yu Hua ¡Vivir! (1992). El novelista, que alcanzó su popularidad haciéndose con el James Joyce Foundation Award, logró con esta obra colocarla entre las diez más influyentes de la década de los noventa en China. No es de extrañar, pues, que un cineasta tan ensimismado en la profundización de la China de provincias y la vida rural durante el siglo XX como es Zhang Yimou, sobre todo en la década en la que se escribió la novela, acabara dando vida (nunca mejor dicho) a su versión cinematográfica.

    El narrador de la obra, en primera persona, se entrevista con el viejo Fugui, quien ocupa casi todas las letras de la novela para explicar a su interlocutor, y a su vez al lector, la historia de su vida. Fugui fue un señorito venido a menos por su mala cabeza, que hizo pocos esfuerzos en cultivar su intelecto en el momento en el que pudo, por lo que su narración carece de cualquier tipo de florituras: habla de una manera llana y concisa, directamente al grano y sin desprenderse de su propia subjetividad en ningún momento. No espere el lector encontrarse con adornadas palabras que contrasten con la hostilidad de la contado (véase por ejemplo la novela epistolar picaresca de 1926 Don Segundo Sombra del argentino Ricardo Güiraldes): aquí la voz de Fugui será igual de dura, abrupta y doliente como el tratado sobre las penurias humanas a la que la historia se remite.

    ¡Vivir! trata sobre las vivencias humanas, la lucha por la supervivencia y sus rifirrafes con la muerte y las desgracias, pero no se queda ahí. Yu Hua ofrece un retrato existencial de cómo afectaron a la población rural los cambios de un periodo muy convulso dentro del contexto de la historia de China. El relato narrado por el propio Fugui, no incide en las raíces ni en los juicios morales sobre esta más de lo que le resulta totalmente inmediato; sin embargo, el lector chino, conocedor de la historia reciente de su país, comprende fácilmente el desarrollo de los acontecimientos.

    Es por eso por lo que para el lector poco entendido en la historia del gigante asiático, es posible no llegar a comprender la novela en su totalidad, al menos desde su visión política. Y es que lo que Fugui vive es ni más ni menos que la guerra civil que enfrentó al Guomindang de Chan Kai Shek, líder nacionalista aliado de EEUU, en el que él, sin saber de qué va todo eso, se ve forzosamente enrolado, y las milicias comunistas de Mao Zedong, quienes remontaron la debilidad mostrada después de la invasión japonesa para poder hacerse con el poder en China expulsando a los nacionalistas a la isla de Taiwán, donde se mantuvieron autoproclamando China de cara a las Naciones Unidas.

    Finalizada la guerra, sufre las consecuencias del Gran Paso Adelante, vive en sus carnes la fundación de acero (no olvidemos el detalle del Jefe de Equipo exclamando con alegría que podrán bombardear a Chang Kai Shek en Taiwán), las comunas alimenticias y el inicio de las grandes hambrunas que fueron consecuencia directa de estas políticas. Por último, debido a la revolución cultural, se verá mareado por una imperiosa necesidad de la juventud por condenar a los viejos jefes, tachándolos de reaccionarios. Aquí hay que felicitar a Zhang Yumou, quien en su adaptación fílmica es más feroz en su crítica, sobre todo en la escena en la que los doctores son expulsados del hospital por unas enfermeras jóvenes e inexpertas, pero fervientemente revolucionarias. No menos duras son las escenas ofrecidas por otro cineasta, Chen Kaige, en su inolvidable palma de oro en Cannes Adiós a mi concubina (1993).

    Y sin embargo, aunque el contexto histórico destila una de las esencias más valiosas de la novela, no hemos de olvidar de que lo que realmente trata es de profundizar de manera llana y directa en el potencial que desprenden las pasiones humanas. La mezquindad de Fugui, atada siempre al aburrimiento de una vida fácil, le sumerge en el egoísmo más malsano y en la total alienación respecto a las relaciones humanas. No será hasta el momento en el que cae en desgracia que sabrá valorar aquel amor recibido durante años y sentirá remordimientos por su mal comportamiento. Bajar del pedestal desde donde humillaba a los demás le hace sufrir en carnes propias lo que es encontrarse en el lado pobre de la vida. No obstante, se hallará tan solo ante el inicio de una epopeya existencial que le obligará a enfrentarse de cara con lo más duro de la vida y de la muerte. Asistirá al nacimiento de nuevas vidas y a la muerte de otras. Será entonces cuando tomará autoconciencia de su propia educación emocional, reflexionando sobre sus equivocaciones a la hora de tratar a los demás, intentando, dentro de lo humanamente posible, encontrar un equilibrio entre las decisiones racionales y las emocionales, aunque esto le lleve a diversos conflictos familiares fruto de su rudeza y tradicionalismo propios de un hombre en el contexto de la época.  

    ¡Vivir! se vale de la narración del anciano que cuenta su historia para apelar a un torrente de emociones humanas que a la vez que nos horroriza, sobre todo en la tristeza en la que se retrata la resignación de las miserias morales, nos invita a entender ese misterioso ímpetu del que hacen sus protagonistas por luchar contra las adversidades y afrontar la vida. Y es que los sentimientos amorosos hacia su propia familia serán los lazos que unan su supervivencia, aunque también por el que llorarán sus pérdidas y desgracias.

    Firmado: Luis Suñer

    viernes, 6 de febrero de 2015

    Colaboración: Cambios de Mo Yan

    Idioma original: chino
    Título original: Biàn
    Traducción: Anne-Hélène Suárez Girard
    Año de publicación: 2010
    Valoración: Muy recomendable

    Cambios está narrada en primera persona, y a manera de biografía. Sin adornos ni retóricas, Mo Yan nos cuenta con prosa firme y directa la vida de Mo Xie (alter ego del autor), desde que era un niño de temperamento gris en la escuela (“yo era muy poca cosa, un desgraciado”)  hasta la adultez, cuando ya es un escritor famoso.

    Paralelamente, también se nos cuenta la vida de sus compañeros de clase, Lu Wenli y He Zhiwu. Ambos marcan la vida del protagonista, y determinan el tono nostálgico del narrador. Por ejemplo, cuando He Zhiwu tiene un altercado con el profesor y se va de la escuela –algo impensable en la China de los años sesenta– la mirada de quien cuenta la historia registra lo siguiente:
    “Tuve la impresión de que He Zhiwu irradiaba haces de luz dorada […] Avanzaba a grades zancadas, sin vacilación alguna […] ¡Había roto el texto del libro! ¡Había roto el cuaderno de ejercicios! […] era como un pájaro dejando la jaula […] lo admiré de todo corazón y empecé a abrigar la ilusión de que algún día yo también fuera capaz de una hazaña similar”
    Sin embargo, Mo Xie nunca realiza ningún tipo de hazaña; en su lugar deja que su vida corra, al vaivén de los acontecimientos, mientras los demás personajes asumen retos y aceptan sus derrotas.

    Luego de graduarse de la escuela, Mo Xie decide llevar una vida común, de asalariado conformista, casi banal “…aproveché que mi tío era contable en la manufactura de algodón para entrar allí a trabajar como empleado temporal […] con quince yuanes se podía hacer bastante. Yo vestía a la moda…”

    Años después aparece He Zhiwu, convertido en pordiosero (“llevaba unos zapatos agujereados y una manta raída doblada sobre los hombros”). Se apareció de buenas a primeras a pedir dinero, diez yuanes que Mo Xie le presta sin muchas ganas. He Zhiwu explica que quiere irse al nordeste del país a rebuscarse la vida. “Para un árbol, cambiar de sitio es la muerte; para un hombre, cambiar de sitios es la vida”, reflexiona.

    Y así pasan varios años (admirablemente esta novela cubre un espacio de tiempo de 40 años), hasta que He Zhiwu le cambia la vida, le suceden muchas cosas que Mo Xie no entiende, pero que sigue registrando con un asombro plano, como diciendo “yo quiero ser igual, y hacer lo mismo, pero no puedo”. Y no puede porque ése no es su temperamento y allí es donde la capacidad evocadora de Mo Yan se impone: logra retratar la melancolía por medio del lenguaje, convertir una supuesta biografía en una radiografía de los demás personajes y, por medio de estos, dibujar un fresco de la sociedad de la época: piramidal, represiva, desigual. Sin duda, un logro mayor.

    Si hay un pero con la novela, tal vez sea que en su parte central el hilo de la narración (por lo fragmentario) pierde un poco de fuerza dramática. Situaciones como cuando Mo Xie entra al ejército, o la historia del Gaz 51 (el auto perteneciente al padre de Lu Wenli) carecen de profundidad y no terminan de encajar del todo, lo que genera la apatía del lector, que se ve forzado a imaginarse una fotografía que no le han mostrado. En este punto hay que decir que la estructura de la novela contribuye a tal situación: de un sustancioso primer capítulo, que ocupa la cuarta parte de la novela –espacio suficiente para enganchar– pasamos a capítulos más breves, menos compactos. Sin embargo, esto no afecta el resultado final: un libro entretenido y bien escrito.

    Se agradece la concisión de Mo Yan, acostumbrado a novelas de más largo aliento, cadenciosas, y por ratos, abrumadoras por el exceso de descripción (a Las baladas del ajo le sobran unas cien páginas de las casi quinientas que tiene). También cabe resaltar las notas al pie de página, siempre pertinentes e informativas.

    Cambios es la novela perfecta para quien pretenda adentrarse en el mundo de Mo Yan, sin morir en el intento.

    Firmado: Carlos Ospina

    lunes, 27 de octubre de 2014

    [Libros y comida] Mo Yan: La república del vino

    Idioma original: chino
    Título original: 酒国
    Año de publicación: 1992
    Valoración: Está bien

    Cuando en 2012 Mo Yan ganó el Premio Nobel de literatura, a muchos nos cogió por sorpresa. ¿Quién era este escritor? ¿De dónde se lo habían sacado los suecos? Sorgo rojo nos sonaba, pero a lo mejor más por la película que por la novela. De Grandes pechos, amplias caderas, Las baladas del ajo o Shifu, harías cualquier cosa por divertirte no habíamos oído ni hablar. Yo, por lo menos. Desde entonces me había prometido a mí mismo leer algo suyo para formarme una opinión, pero al mismo tiempo me daba una pereza terrible, por algún motivo. Hasta que una amiga me prestó esta República del vino, y por fin me decidí a leerlo.

    Y buf. Buf.

    La república del vino es una novela rara, por el contenido y por la forma. Digamos en que se compone de dos universos textuales o narrativos (que terminan mezclándose): en el primero Ding Gou'er, un investigador gubernamental es enviado a las profundidades de China para investigar las informaciones que dicen que en esa región se practica el canibalismo, que se comen bebés cocinados como si fueran animales; en el segundo universo, un aspirante a escritor, Li Yidou, le escribe a su admirado Mo Yan para pedirle su opinión sobre una serie de relatos que está escribiendo y pedirle su ayuda para publicarlos en una revista del régimen. (Los relatos de Li Yidou también están incluidos en La república del vino).

    La lectura de esta novela no es fácil, por muchos motivos. Primero, porque el tema no es fácil. La novela incluye escenas de canibalismo (¿o no?), recetas de cocina con penes y vaginas de burro o con nidos de golondrina, innumerables borracheras, corrupción, degradación física y moral, suciedad, violencia. También, porque a medida que avanza el texto, se vuelve cada vez más borroso, dando la impresión como de estar leyendo un sueño o los delirios de un borracho. Las fronteras se borran, la realidad deja de ser fácilmente separable de la ficción, Mo Yan y Ding Gou'er se fusionan o amenazan con fusionarse...

    Confieso que con tanta confusión, tanta experimentación formal y tanto elemento grotesco, la novela terminó por hacérseme pesada. A lo mejor me estoy volviendo un lector más convencional, o a lo mejor es que realmente hay novelas demasiado exigentes para el lector (y que conste que me he leído el Ulises, y hasta lo he disfrutado).

    Así que volvemos a la pregunta que mucha gente se hace todavía: ¿se merecía por lo tanto Mo Yan el premio Nobel? Pues es díficil decirlo, y no solo porque un Nobel no se decide por una única obra; es evidente que Mo Yan es un escritor ambicioso, original y que conoce a la perfección los entresijos del oficio. También puedo decir que nunca he leído un libro como este (salvo, quizás, El maestro y Margarita de Bulgakov). Así que a lo mejor sí, a lo mejor Mo Yan es un escritor que se merecía el premio Nobel por ser capaz de hacer con las palabras algo que nadie más es capaz de hacer.

    Ahora, como lector, creo que no lo recomendaría.

    También de Mo Yan en ULAD: Grandes pechos, amplias caderasCambios

    martes, 7 de octubre de 2014

    Wenguang Huang: El pequeño guardia rojo

    Idioma original: inglés
    Título original: The Little Red Guard. A Family Memoir
    Año de publicación: 2012
    Traducción: Juan Castilla Plaza
    Valoración: muy recomendable

    La casualidad, y no el feng shui, reordena mi estricta lista de lecturas de manera que leo a Wenguang Huang, escritor chino que escribe en inglés, a continuación de Tao Lin, de nacionalidad USA y estrella de internet. Y lo poco que tienen que ver el uno con el otro. Bueno, ¿por qué habrían de tener algo que ver? esa mentalidad nuestra tan arraigada que nos impide discernirlos de sus sacrificadas vidas tras mostradores de bazares y barras de bares de toda la vida que parecen capaces de prescindir de una persiana que bajar. Sí, señores, estamos cargados de preconcepciones y China es un enorme e inabarcable país cuyo misterio preferimos no desentrañar, o, mejor dicho, nos resulta mucho más cómodo.
    El pequeño guardia rojo es una fascinante narración autobiográfica de un autor de esos que, generacionalmente, ha quedado a caballo entre la China de línea dura, la de Mao y su sangrienta revolución cultural, y la de hoy, entregada de forma manifiesta al capitalismo y con la quinta marcha puesta para seguir siendo la fábrica del mundo.
    Wenguang Huang nos habla de la historia de su familia, una familia cuyo peso acarrea Padre (solo una vez se mencionará su nombre real) que, como único pariente varón vivo, asume la responsabilidad de seguir con la tradición secular de hacerse cargo, con un enorme plazo de previsión, de todo lo concerniente a la muerte de Abuela. Una cuestión que recorre toda la narración, de forma tragicómica. ¿O no lo es, que el Wenguang niño se vea obligado a dormir al lado del ataúd, preparado para el momento? Debido al férreo control político y a las estrictas condiciones encaminadas a erradicar toda tradición que se considere contrarrevolucionaria, la vida de Padre, que intenta mantener el equilibrio entre sus obligaciones familiares y sus obligaciones con el Partido.
    Una narración a ratos triste y sórdida, casi opresiva ante la certeza de que lo que cuenta el autor no se ha exagerado en lo más mínimo. Depuración, delaciones, miseria, choque mal resuelto de mentalidades, una crueldad que se blande en nombre de la igualdad y que, a veces, nos incomoda. Pues tan justo es equilibrar el reparto de la riqueza como incómodo respaldar que este reparto se haga a base de incautaciones y represalias indiscriminadas. Si es que no sabemos lo que queremos. La crueldad del maoísmo, decisión tras decisión encaminada a erradicar burguesía, capitalismo, especulación, sentido de lo privado, aquí se manifiesta de formas variadas. No nos gusta un pelo. No le vemos grandes diferencias con el otro extremo. Como en todos lados. Una jerarquía beneficiada y ajena a las penurias que atraviesa la mayoría. Un control de la información, un sesgo constante de las evidencias que caen por su peso y no convienen a la finalidad común. Y la apertura que ya conocemos, una apertura más hacia la cartera que hacia el corazón  de Occidente.
    Mucho más que un ejercicio de exotismo perfectamente escrito, más bien una guía que nos permite asomarnos, un poco, a la mentalidad de prácticamente uno de cada cinco habitantes que nos acompañan en en este planeta.

    jueves, 17 de julio de 2014

    Mai Jia: El don

    Idioma original: chino
    Título original:解密 (título en inglés: Decoded)
    Traductora (del inglés): Claudia Conde
    Año de publicación: 2002
    Valoración: se deja leer

    Cada cierto tiempo -cada pocos meses, en realidad-, la Industria Editorial Internacional (sí, así: como si fuera un ente maléfico de innumerables cabezas y de peor que aviesas intenciones) nos anuncia el advenimiento de un nuevo fenómeno literario mundial, el best-seller definitivo que aúna calidad y comercialidad de manera cuasi milagrosa.  Nosotros -o un servidor, por lo menos-, que ya estamos muy toreados en estas plazas, solemos acoger estas gozosas nuevas con escepticismo, cuando no abierta desconfianza. Que conste que no es para menos: la penúltima vez que yo piqué, acabé enredado con aquel bodrio titulado La verdad sobre el caso Harry Quebert, con el absurdo prurito, además, de acabarlo para comprobar si alguna de sus tropecientas páginas merecía los encendidos elogios que  la IEI (sección grupo PRISA) le dedicaba.

    En el caso de la novela que nos ocupa, El don, la promoción no ha sido tan abrumadora y, además, existe un elemento diferenciador que le otorga algún interés: se trata de un best-seller obra de un autor chino, no sé si el primero que llega a Occidente (me refiero a literatura comercial, no a la de más "prestigio"), pero sí uno de los primeros que ha concitado cierta atención; avalado además por un número nada despreciable de ejemplares (en papel) vendidos en su país de origen: nada menos que cinco millones (tampoco hay que dejarse impresionar... ¿Cuántos ejemplares serían esos, traducidos a los términos del mercado español? ¿5000? Es broma: unos cuantos más...). El responsable de este logro es el autor chino Jiang Beunh, que utiliza el pen name de Mai Jia. Antes -o además- de escribir novelas, este señor perteneció durante diecisiete años al Ejército Chino, al parecer como especialista en radiocomunicaciones, y era aficionado a las matemáticas y a desentrañar códigos.

    ¿Y de qué va la novela? Pues sorpréndanse: de un matemático que entra a servir al Estado Chino como criptógrafo especialista en desentrañar códigos. Ahora bien, no se trata de un matemático cualquiera: es un genio de los números, heredero de toda una estirpe de matemáticos, aunque, como corresponde al tópico, más bien rarito (en la propia novela se sugiere su posible autismo, aun de la variedad más leve). De origen digamos que problemático, Rong Jinzhen es educado además por un extranjero y pupilo después de otro, por lo que su peculiaridad es aún mayor y su genialidad deviene superlativa. Un superhéroe de las mates, vamos... (tranquilos todos, que para seguir el hilo de la novela sobra con dominar la tabla del tres). Como tal, entra en la ultrasecreta Unidad 701, dedicada a la criptografía, donde se enfrentará a los códigos no menos ultrasecretos y ultraenloquecedores del país enemigo X (tal cual).  Y así, se ve envuelto en una trama de espionaje que se nos promete de una intriga apasionante, pero que, la verdad, tarda bastante en llegar. Y cuando lo hace... en fin, guardemos los cohetes para otra ocasión.

    La novela evoluciona desde un comienzo de saga familiar algo revenida (de hecho, hay algún momento que recuerda al final de Cien años de soledad, que al parecer es la novela favorita de este escritor chino), hacia una suerte de casi abstracción (no sé si matemática o religiosa), en la última parte del libro. El estilo resulta bastante sencillo y directo: que nadie espere extraordinarias figuras literarias, novedosas estructuras o metáforas brillantes. Es más, a menudo el tono narrativo parece de una curiosa ingenuidad (ignoro si se debe al estilo característico del autor,, a la tradición literaria china, o es resultado de la doble traducción: del chino al inglés y de éste al español). Este aire ingenuo que impregna la historia acaba siendo lo más interesante de la novela, aunque también, a veces, resulte algo irritante (quiero pensar, además, que la frecuente injerencia del propio narrador como personaje de la historia se debe también a esta candidez y no a sumarse a la moda autoficcional de marras). También tienen su interés los momentos que reflejan las costumbres y mentalidad chinas, así como avatares históricos, como la Revolución Cultural. Aspectos que quizás un escritor occidental no hubiera sido capaz de reflejar tan bien.

    Aún así, trataré de explicar mi opinión sobre esta novela de esta manera, por concluir: en la faja que acompaña al libro (como de costumbre, un alarde de ecuanimidad y mesura), se habla de ecos de Chesterton, Borges, Nabokov, Nietzsche, Kafka, Agatha Christie...

    Yo me hubiese conformado con encontrar algo de Ken Follett.






    viernes, 24 de mayo de 2013

    Jimmy Liao: La vida es así o asá

    Idioma original: chino
    Título original: Ting Jimi Changge
    Año de publicación: 2004
    Valoración: muy recomendable


    Tengo una debilidad (bueno, tengo muchas, pero hoy voy a comentar sólo una de ellas): me encantan los libros infantiles. Adoro los que leía cuando era una cría y me declaro absolutamente fan de los que se publican hoy en día, mucho más arriesgados e interesantes en lo que a la técnica se refiere. 

    El problema de estos libros es que suelen ser bastante caros y, como mi economía no es como para tirar cohetes (de hecho, no es ni como para encender una cerilla), me tengo que conformar con hojearlos en las librerías y desear ser millonaria para poder comprarlos sin tener remordimientos.

    Gracias a las librerías de segunda mano ha llegado a mis manos La vida es así o asá, una colección de poemas dirigidos al público infantil que me ha hecho disfrutar como si tuviera treinta años menos (que se dice pronto, ay). Cuarenta y un poemas con sus correspondientes ilustraciones, que nos hablan de un gato que está enamorado de un pájaro y le escribe una carta a su dueño, de un girasol que en realidad se mueve siguiendo la luna, de un hombre que pierde su cabeza, de lo que necesita una persona para convertirse en ave, de cómo se puede aprovechar una inundación para comer manzanas...

    En este pequeño librito Jimmy Liao nos ofrece, así, unos poemas que desbordan imaginación y magia, y cuyas ilustraciones encajan a la perfección con lo que el texto expresa y con el carácter divertido de la obra. Es una pequeña joya dirigida a los niños, sí, pero apta también para el disfrute de cualquier adulto (yo, os lo aseguro, la he disfrutado muchísimo).

    miércoles, 8 de mayo de 2013

    Lu Xun: La mala hierba 野草 (Yecao)


    Idioma original: chino
    Título original: 野草 (Yecao)
    Año de publicación: 1927
    Traducción: Blas Piñero Martínez
    Valoración: está bien


    De acuerdo con el apartado crítico de La mala hierba del poeta chino Lu Xun, en el caso de Virgilio, “la mala hierba es una invasora amenazante y destructora (como tantas otras) de la granja, y ésta una alegoría del mundo político. La mala hierba es también una imagen que se asociaba a la muerte en China. El campo, y sobre todo donde había habido algún enfrentamiento entre soldados, algo muy común en esos años de constantes conflictos bélicos en el interior del país, se llenó de tumbas improvisadas –otro de los elementos simbólicos del texto- que se formaban enterrando al muerto en la superficie de la tierra y poniendo encima un montículo de piedras 小石頭(xiao shitou). La mala hierba 野草 (yecao) o 蔓草(mancao) solía crecer en esos montículos que hacían de tumbas 墳墓(fenmu), en los cementerios y en los lugares abandonados. La hierba que ahí crecía acabó por ser una representación metafórica de la muerte y su presencia en el mundo de los vivos.”

    “Esto es lo que puedo decir sobre los textos de La mala hierba;”, explica el autor, “son «pequeñas flores blancas», flores miserables, tristes y dignas de nuestra compasión, que han crecido en medio del infierno. Unas flores de las que no se puede decir que fueran bellas. Sin embargo, este infierno desapareció como no podía ser de otra manera. Este fue mi objetivo y mi manera de proceder. En aquella época, los gestos heroicos no me decían nada. Por eso escribí El buen infierno ya perdido para siempre. Más tarde no pude seguir ocupándome con estas cosas. Los días pasaban, la vida había cambiado, y me fue imposible seguir escribiendo este tipo de textos. Ya era otro momento y otras eran las inquietudes que ocupaban mi espíritu. Ahora, con el paso del tiempo, creo que fue bueno que así fuera.”


    Escritos entre 1924 y 1926, esta especie de ensayos breves, fueron publicados sucesivamente en el semanario Al hilo de las palabras y, aunque ni siquiera él mismo pueda definirlos con certeza, los presenta como un “conjunto de relexiones sobre el momento presente”. De este modo, la unidad temática desaparece y los textos de La mala hierba van desde la ironía frente a la sentimentalidad que aqueja a la nueva poesía (‘Mi pena de amor’) a la pasividad de la sociedad ante los males que la ensombrecían en aquella época (‘La venganza’), la desesperación de los jóvenes (‘La esperanza’), la indignación que experimentó el autor el hecho de que los intelectuales ayudaran y apoyaran a los Señores de la Guerra (‘Este tipo de combatientes…’), la masacre del gobierno de Duan Qirui (‘Entre las descoloridas manchas de sangre’), hecho que provocó su huida precipitada  de Pekín, tras la escritura de ‘Despertar’, otro de los textos incluidos en el conjunto.

    La mala hierba no es un libro sobre el que afirmaríamos, quizás, por desconocimiento de la tradición literaria a la que pertenece, que nos ha cambiado la vida o que ha influido notablemente en nuestra escritura, pero creo que se trata de una obra interesante a la hora de acercarse a la poesía china precisamente por el proceso de descodificación que plantea, por ese juego velado en el que poco a poco nos llenamos de árboles, fuego, coral helado o un cielo distante y extraño que parece alejarse de los hombres para que los hombres no lo vean más. 


    domingo, 21 de octubre de 2012

    Colaboración: Grandes pechos, amplias caderas, de Mo Yan

    Título original: 丰乳肥臀 (Fēng rǔ féi tún)

    Idioma original: chino

    Fecha de publicación: 1996 (en España en 2007)

    Valoración: Muy recomendable




    Traemos aquí una de las novelas del flamante premio Nobel de este año, Grandes pechos, amplias caderas, casi una epopeya y una de sus obras más extensas, una novela de la que podríamos decir que es una historia de la supervivencia.

    La historia transcurre en el último siglo, desde la caída de la dinastía Ming hasta los 90, convirtiéndose así en una crónica de la reciente y convulsa historia de China. A través de la vida de una familia, continuamente abocada a las pérdidas como consecuencia de los vaivenes de la historia, repasamos muchos de los acontecimientos históricos más notables de este país.

    El título hace referencia a ese universo femenino, tantas veces vapuleado en el ámbito doméstico y subyugado por los avatares de la historia. Sus más de 800 páginas nos relatan la vida de Shangguan Lu, Madre, y su narrador es Jintong, su único varón, un niño mimado y consentido que se criará, hasta bien entrada la adolescencia, de la leche materna. Su obsesión por los pechos femeninos lo convierte en un ser pusilánime, en contraste con la fuerza de Madre, capaz de sustentar con su propio cuerpo a sus hijos y la vitalidad de sus numerosas hermanas, que son el contrapunto que ensalza la abnegación de la mujer.

    Contada sin demasiado sesgo pues, si algo llama la atención cuando trata de los asuntos administrativos o militares, es la imparcialidad con la que Mo Yan describe a los ejércitos, no se ceba en ningún momento con los japoneses (eternos enemigos para los chinos). Tanto éstos como las tropas maoístas, son responsables de las mayores crueldades, algo a destacar en este autor, que criticando a un pilar básico de la sociedad china actual, haya tenido una gran habilidad para no ser excesivamente censurado, demonizado por el gobierno, quizá porque en su crítica no arremete directamente contra aquel, si bien este libro fue prohibido en China. A través de sus páginas leemos una constante denuncia de la corrupción en esas esferas de poder, una denuncia política pero nada panfletaria.

    La novela de Mo Yan es un continuo ir y venir de un realismo crudo (hay escenas sobre matanzas y torturas un tanto desagradables) a un realismo mágico, como el capítulo donde habla de Tercera Hermana, la mujer-pájaro. A través de todos los personajes, se manifiestan sentimientos extrapolables a cualquier ser humano, en cualquier parte del mundo, es decir, sentimientos universales.

    Si algo tiene de malo la novela, es la cantidad de personajes, con sus respectivos nombres chinos, a los que hay que seguirles la pista. Gracias que el autor nos da al principio del libro, un listado con un resumen escueto de cada uno de ellos y sus parentescos con el resto porque, más de una vez, hay que recurrir a él.

    Hay una frase en el libro que para mí resume la filosofía de vida que rezuma este. Madre dice: “Morir es fácil; lo difícil es vivir. Y cuanto más difícil se vuelve, más fuerte es la voluntad de seguir viviendo”. Cuando cerramos la novela, no nos queda duda de que Madre es una superviviente nata.

    Larga pero imprescindible para conocer la literatura china. Es, desde luego un “novelón” y eso quiere decir que podemos acomodarnos en nuestro sillón y echar horas enganchados a ella.

    Curiosamente, y como anécdota, os contaré que, mientras leía este libro, escuché en la radio una entrevista a uno de los responsables de Kailas (editorial que tiene publicada toda su obra en España) y me sorprendió lo que contaba sobre la forma de escribir del autor: él piensa durante mucho tiempo su novela, le da forma en su mente y, cuando cree que la tiene, se encierra y escribe seguido, no sale hasta que la termina y lo hace a bolígrafo porque dice que es más rápido que el ordenador (cuando dio la conferencia habló de esto también, o sea, que es totalmente cierto). Esta tardó sólo 28 días, me pregunto cuanto tiempo tardo en "pensar" este tocho de más de 800 páginas con la prolijidad de descripciones, recreaciones de historias y personajes…


    Firma: Chincoa

    También de Mo Yan en ULAD: La República del vinoCambios

    lunes, 15 de octubre de 2012

    Colaboración: Mo Yan, Premio Nobel 2012

    La narrativa de países lejanos es siempre para mí una fuente de estímulo, ya que me permite conocer una parte de la realidad de otros seres humanos, de sus países, sus problemas, su historia, países a los que, probablemente, nunca llegue a ir; por eso la literatura se convierte en una forma maravillosa de viajar, de descubrir algo más de este mundo en el que vivo.

    China es un país que sí he tenido la oportunidad de visitar varias veces y atisbar solo un poquito del modo de vida actual, de su cambio continuo; un gigante que parece crecer casi sin medida. Mi interés en acercarme a los escritores chinos contemporáneos ha tenido como objeto comprobar si la literatura china actual es un producto más de se ese crecimiento desorbitado, o si es también es capaz no solo de contarnos el presente, sino de imbricar en la narrativa su acerbo cultural, su rica, y también atormentada, historia.

    Empezaba el mes de noviembre de 2010 cuando el Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid y la Asociación de Escritores Chinos, inauguraban el I Encuentro de escritores chinos y españoles, con la intención de debatir sobre los puntos de vista de la literatura española y china. Los invitados, por la parte china, eran todos escritores de reconocida fama en su país como Tie Ning, Xu Kun, Li’Er, A Lai o Mo Yan. Yo había leído a otros autores chinos, pero de todos ellos solo había leído a Mo Yan. Los meses anteriores había devorado dos de sus novelas y después de esa experiencia, la curiosidad por conocerlo estaba servida.

    Su aspecto de hombre sencillo y bonachón, de buen carácter y mejor humor (aunque estoy segura de que las sutilezas de sus bromas se perdían en la traducción) ya me predisponía de antemano a ser todo oídos. A lo largo de su conferencia, sus palabras no hicieron más que ahondar en esa sensación certera de tener ante mí a ese gran escritor que había descubierto recientemente.

    Se preguntaba Mo Yan sobre la necesidad de la narración y él mismo se respondía que ésta tenía por objeto superar la riqueza de la propia vida, puesto que la literatura viene de ella. Y es esta la premisa con la que urde sus novelas, llevándolas más allá de la realidad, pues sus personajes responden a un realismo que a menudo raya en lo cruel y despiadado: unos seres que nacen de una mente muy imaginativa también, muchas veces fantásticos, y en el sentido más clásico de la palabra, mitológicos. Personajes que están enraizados en esa sociedad rural que tan bien describe, y en las tradiciones chinas.

    Las novelas de Mo Yan son historias duras, llenas de infortunios, como en las tragedias griegas, con algo de autobiográfico (él vivió en carne propia las hambrunas que provocó el plan de industrialización que planificó el régimen maoísta y que resultó fallido), pobladas de personajes muy reales detrás de los cuales se esconden símbolos: una mezcla de fantasía y realidad muy al estilo de la narrativa latinoamericana (no en vano él es un gran admirador de García Márquez).

    La semana pasada, Mo Yan se convertía en el segundo premio Nobel chino después de que en el año 2000 lo ganase Gao Xingjian, exiliado en Francia, así que podríamos decir que es el primer escritor chino que, viviendo en China, consigue este premio. Todos hemos leído a autores de ascendencia china, los llamados por los propios chinos, chinos de “ultramar”, como Amy Tan, pero la literatura china actual sigue siendo una gran desconocida en España.

    Espero que a raíz de este premio, ahora esté más cerca del público occidental y que ello sea una fuente de enriquecimiento para todos a los que nos apasiona una buena novela, sea de donde sea…

    Firmado: Chincoa

    viernes, 9 de diciembre de 2011

    Yiyun Li: Los buenos deseos


    Título original: A Thousand Years of Good Prayers
    Idioma original: inglés
    Año de publicación: 2005
    Valoración: Recomendable


    En China, y en más sitios, las mujeres envejecen muy pronto. Porque son ignoradas, porque llevan una vida demasiado fatigosa y miserable, y en esas condiciones la belleza, el vigor y el lustre se alejan prematuramente y sin remedio.

    Allí, y en otros sitios, la dictadura ha condicionado la vida de la gente.

    Allí, y en todas partes, abundan los prejuicios y los que se apartan del menor de los usos sociales son rechazados por la comunidad.

    Allí, y quién sabe dónde más, los campesinos piensan que la mujer perfecta es la que no se queja cuando la pegan, trabaja hasta deslomarse sin importarle que el marido holgazanee y, si tiene una función en la vida, es otorgar hijos varones a su esposo, pues “¿Para que sirve una gallina si no puede poner huevos?”. Cuando esto no ocurre lo mejor que puede hacer el marido es abandonarla. Esas mismas gentes piensan también que la venganza por la vida de un hijo lo justifica todo, hasta un asesinato en masa, pero que a las niñas es mejor ahogarlas cuando nacen, por pura humanidad, así se les ahorra la triste vida que les espera y, de paso, se adquiere la oportunidad de engendrar un varón.

    Allí, y en tantos sitios, el hambre es una amenaza para muchos.

    Allí, y en más sitios, la rebeldía se paga con la muerte.

    Allí, en tiempos pasados, se acostumbraba a truncar la virilidad y la existencia de jóvenes de ambos sexos para dar sustento a las familias o rendir homenaje al poder. Y esto, las víctimas tenían que considerarlo un honor.

    Allí, hace no mucho, la efigie del dictador estaba tan sacralizada que un parecido podía significar tanto una enorme prosperidad como un peligro insoslayable, la aceptación incondicional de la gente o su franca repulsa.

    Allí, y en algunos sitios más, a la mujer que no se casa en la primera juventud se la considera una fracasada, se la trata con lástima y desprecio y está condenada a quedarse sola para siempre.

    Allí, y en bastantes sitios, la emigración supone para muchos la única esperanza y los que se ganan la vida fuera son admirados por sus paisanos y considerados triunfadores.

    Allí, y en muchos sitios, tener un hijo con deficiencia mental supone un oprobio y algunos se sienten obligados a ocultarlo para conservar el aprecio de la gente.

    Allí, y en casi todos los sitios, el apego irracional de los mayores a las tradiciones que aprendieron de niños da lugar a un abismo generacional prácticamente insalvable.

    Allí, y en cualquier sitio, la pobreza y la mentalidad conservadora suelen ir de la mano.

    Allí, y en cualquier rincón donde haya alguien para quien sobrevivir carezca de sentido, la muerte es la mejor solución.

    Diez cuentos durísimos, implacables con la realidad que contemplan, que presentan retazos de una serie de vidas anónimas – como el que inspiró la película Mil años de oración dirigida por Wayne Wang – cuyo conjunto compone un cuadro de lo que sucede en la China más humilde, sus desgracias cotidianas que apuntan a cuestiones universales y trascendentes, por cuyas espeluznantes escenas pasa la autora con rapidez, sin recrearse en detalles, y que, sin embargo, muestran descarnadamente las lacras de esa sociedad, el rígido caracter de lo campesinos, la crueldad de los poderosos, las enormes desigualdades, los dobles raseros, la desesperanza de los que ya no tienen nada que perder.

    miércoles, 14 de abril de 2010

    Maestro Kong (Confucio): Analectas

    Título original: 論語
    Idioma original: chino
    Fecha de publicación: en debate, pero se acepta comúnmente entre el 475-221a. C
    Valoración: imprescindible

    “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Esta es una de las Analectas más conocidas, una de las variaciones de la Regla de Oro- sentencia de la ética de la reciprocidad común a todas las grandes religiones-, del maestro Kong, al que conocemos por su nombre latinizado Confucio. Filósofo chino del siglo VI a.C , es decir, un filósofo de hace mucho, mucho tiempo, y de una tierra muy, muy lejana. Y porqué matizo estas dos características: pues porque a pesar de la enorme distancia espacio-temporal que nos separa de su persona, sus pensamientos, transmitidos a través de sus numerosos discípulos, nos llegan hoy como escritos ayer mismo en la habitación de al lado de nuestro salón- y no, no en el templo más cercano, pues Confucio, aunque hombre piadoso, no hacía mucho caso de los designios divinos y cargaba de toda responsabilidad al ser humano. Así pues, perfectamente podría escribirlo en esa habitación al lado de nuestra sala.

    Las Analectas, o Lun Yu, son una compilación de sentencias recogidas unos treinta-cuarenta años tras la muerte del maestro por sus discípulos. En algunas se ha reconocido la mano de estos propios transcriptores que variaban el pensamiento de su maestro adaptándolo a su momento particular. Pero la esencia es la misma. Para terminar con el aspecto formal de la obra diremos que forma parte de los Cuatro Libros Clásicos del confucianismo, siendo este el tercero y el único de autoría atribuida al propio Confucio. Los Cuatro Libros eran de estudio obligatorio hasta hace poco, y siguen formando parte esencial de la cultura y pensamiento chinos.

    Se trata de una obra ética y moral que enseña al lector a alcanzar la sabiduría . Bueno, más bien a perseguirla, porque el propio maestro reconocía no haber alcanzado el máximo en ninguno de sus tres principios. Estos tres principios del confucianismo son: Li, Yi y Ren. Li es la norma ideal del comportamiento; Yi, es la virtud de la justicia y la reciprocidad; y Ren, la virtud de la bondad y la benevolencia.

    Una obra para reflexionar sobre uno mismo y sobre la naturaleza humana universal pues, aunque escrito en China, a miles y miles de kilómetros de aquí, y hace dos mil quinientos años, todos somos seres humanos que buscan la respuesta a las mismas preguntas, una y otra vez.

    “Transporta un puñado de tierra todos los días y construirás una montaña.”
    "Si un pájaro te dice que estás loco, debes estarlo, los pájaros no hablan."
    "Nuestra mayor gloria no está en no caer jamás, sino en levantarnos cada vez que caigamos."

    viernes, 12 de junio de 2009

    Cao Xueqin, Gao E: Sueño en el pabellón rojo

    Idioma original: chino
    Título original: 石頭記
    Fecha de publicación: 1791
    Valoración: imprescindible

    Para conocer la cultura china es necesario leer este monumental libro. Se le llama el Quijote chino, siendo una de las obras chinas más brillantes. Y con razón. El autor de los primeros ochenta capítulos, Cao Xueqin, conoció la vida de la corte de la dinastía Qing y la decadencia del feudalismo, tema que se transmite con la obra. A su muerte el libro no estaba terminado, pero se popularizó rápidamente. Gao E. se encargó de escribir los últimos cuarenta capítulos. Si bien hay estudiosos que afirman que el libro completo fue escrito por el propio Xueqin.

    Memorias de una roca, que es el subtítulo de esta genialidad, cuenta con más de 2.500 páginas repartidas en tres tomos en la traducción española. Con su lectura nos enfrentamos a más de cuatrocientos personajes-parientes imperiales, nobles, burócratas, campesinos, siervos,monjes, etc-. El autor inventó cuatrocientas palabras, lo que nos muestra su gran calidad literaria y lo volcado que estaba con su obra. Inmenso, este adjetivo parece colarse continuamente en esta reseña. Es un libro inmenso en todos los ámbitos.

    Cuatro familias, Jia, Shi, Wang y Xue son las encargadas de mostrarnos las costumbres cotidianas, las reglas de protocolo, los exámenes para cargos oficiales y burocracia, la vida de la mujer noble, y la de las sirvientas, los ritos funerarios, los astrológicos, la gastronomía... en fin, todo elemento necesario para tener una visión completa de la vida y el pensamiento chinos.
    El estilo de la prosa es impecable, repleto de diálogos y descripciones. También encontramos numerosos poemas y ejercicios poéticos, donde los jóvenes nobles demuestran su talento. Podemos conocer el género epistolar de la época y con las crónicas, qué ocurría en ese turbulento siglo XVIII.

    Inmenso. Genial. Si quieres conocer cómo era la China imperial, debes leerlo. Absolutamente imprescindible.