Título original: Roxana: The Fortunate Mistress
Año de publicación: 1724
Traducción: Teresa Arijón
Valoración: entre recomendable y está bien
Pecado de lector: aún no he leído Robinson Crusoe y no creo que lo haga por el momento, así que mi primer acercamiento a Defoe fue a través de esta novela de cierto tamaño (unas cuatrocientas páginas), poco conocida, por lo visto, y con una traducción bastante reciente. Probablemente Coetzee, en su admiración hacia el autor, la eligió para no caer en el libro más conocido, lo cual es de elogiar.
Antes que nada, si alguno posee esta edición, recomiendo no leer el prólogo, porque destripa gran parte de la historia, más allá de sus comentarios certeros. También es cierto que ayuda al lector a la hora de encontrar el valor de esta novela, pero lo bueno de este libro es que se encuentra implícito en la trama y no es un bodoque que necesita miles de notas al pie.
El argumento es más o menos así: Roxana (aunque ese no es su nombre, solo un apodo que le ponen alrededor de la mitad del libro) es una mujer que se casa muy joven con un marido muy estúpido (podría haber sido una especie de rugbier que le encanta la cerveza) y de cierta fortuna (tienen establos y sirvientes), pero terminan arruinados por las malas decisiones del esposo. Para colmo, después de cinco hijos y de la huida de su adorable cónyuge, Roxana no tiene un peso partido al medio y se ve obligada a destinar a sus hijos a la hermana de su marido. La acompaña únicamente Amy, una sirvienta por demás devota a su señora (se pasa meses sin cobrar el sueldo por la pura compasión y amistad que la une a ella) y que probará ser determinante en la trama. A Roxana, después de mudarse, la acosa constantemente un mercader de joyas con el tema del alquiler, sin conocer del todo sus circunstancias; cuando lo hace, se apiada de ella y le ofrece un trato algo inverosímil: que sea su compañera, su amante, ya que su esposa no lo toca ni con un palo, y él procurará protegerla de todo peligro económico y social.
Así arranca la novela en sus primeras cincuenta, setenta páginas. No detallo más del argumento porque forma parte de los defectos narrativos; es decir, la repetición de historias es muy notoria. Es evidente que Defoe la escribió sobre la marcha, inventando personajes y situaciones a medida que avanzaba la trama, pero sin mucha planificación ni corrección. Hay párrafos enteros que se dedican a repetir exactamente los pensamientos de Roxana que ya había tenido en páginas anteriores, y sospecho que alguna escena es la misma solo que cambiando los nombres. También, aunque en esto no sé si culpar a Defoe, la protagonista, de repente, le entran arranques de arrepentimiento y de fustigarse por todo lo que hace y deshace para con ella y los demás. pero todo está escrito de una forma en la que me hace sospechar si esas escenas no están puestas para que el censor de turno se aliviara respecto a la moralidad de la historia.
Porque si en algo destaca el libro, es en la protagonista. Para la época debió de ser bastante novedosa la argumentación lúcida y sin fisuras de una mujer que rechaza el matrimonio porque sabe que es convertirse, como ella lo denomina, en una sirvienta de lujo. Y cada hombre que le propone matrimonio, ya sea por motivos sinceros (pocos), por su belleza (muchos, a tal punto que empieza a dar gracia que Roxana llegue a los cincuenta y los hombres piensen que tenga veinte) o por su fortuna (que va acumulando gracias a los distintos amantes que se procura, amantes que van ascendiendo en la escala social y que no dejan de regalarle joyas y calderilla que ella ahorra e invierte mejor que la bolsa de Wall Street). Hay, además, un momento en donde Roxana mete a su criada a tener juegos sexuales con su esposo (no el primero) mientras ella los mira sin ningún empacho, y toda la escena está desarrollada de manera contundente, de las pocas veces en que se muestra la naturalidad de Defoe tratando la historia y no solo la necesidad de ganar dinero por las entregas o de atravesar el control del censor. Así, más allá de los lamentos (impostados) por sus pecados, vemos la transformación de Roxana, desde una mujer que no tenía ni para un mendrugo a una mujer cuya ambición es levantarse al rey de Inglaterra y poseer todos los títulos (pero sin casarse, pues no lo necesita).
Recién en las últimas páginas el bucle narrativo se despeja y la historia se encamina al miedo de Roxana por que sus hijos abandonados descubran la vida que lleva su madre, una vida que, según ella, es pecaminosa, y por eso no podría aguantar la vergüenza al ser descubierta. No digo más.
Se nota que la novela es del siglo XVIII, no tanto por la trama, que en sí es bastante disruptiva con la sociedad del momento, si no en las técnicas utilizadas: situación tras situación sin terminar de evolucionar a los personajes, explicaciones a mansalva del comportamiento de los mismos, tratados económicos que marean al lector de ahora, entre otras cosas. Pero si algo se debe destacar, es que la prosa nunca es abigarrada, y más allá de las sensiblerías extremas (llorar y emocionarse por todo), se lee con fluidez y cierto interés en los diálogos. Hay momentos en que uno piensa que, con un poco más de revisión, hubiera ganado en contundencia y accesibilidad. Pero queda como un (buen) ejemplo primerizo de la psicología de la culpa y del erotismo en una protagonista que parece ingenua y se termina revelando como una astuta de manual para sobrevivir.
Más de Daniel Defoe: Robinson Crusoe

No hay comentarios:
Publicar un comentario