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jueves, 25 de junio de 2026

Seth: George Sprott 1896-1975

Idioma original: inglés

Título original: George Sprott 1896-1975

Año de publicación: 2009

Traducción:  Esther Cruz Santaella

Valoración: recomendable 

Biografía de un personaje ficticio (o biografía ficticia de un personaje... no, creo que esto es menos correcto) o mejor dicho, biografía gráfica, puesto que tal es el género de este libro, escrito y dibujado, además por uno de los autores cuya obra sirvió para forjar el ya más que manido concepto de "novela gráfica", el canadiense Gregory Gallant, que firma como Seth.  En este caso, la biografía ficticia trata sobre un caballero llamado George Sprott, ex-seminarista, "explorador" (es decir, de aquella manera) del Ártico canadiense en su juventud y luego presentador durante más de veinte años de un supuesto programa sobre esa región y sus recuerdos, Estrellas boreales, en un cadena local -supongo que también ficticia- la CKCK. Un tipo que, tras una fachada de bonhomía e incluso campechanía (adjetivo que suele ser engañosos, como bien sabemos en España), esconde también ciertas sombras, secretos y defectos poco halagüeños. Tampoco es que sea un asesino en serie, ni nada de eso; tan sólo se trata de las miserias habituales, de los remordimientos que nos reconcomen durante toda la vida, de los arrepentimientos por lo que pudo haber sido y no fue, de las pequeñas infamias cometidas y quizás sólo conocidas por nosotros mismos... en fin, lo que nos puede pasar a cualquiera.

Lo más interesante del libro, ya que la vida ficticia del protagonista, si no anodina, tampoco resulta ser un tráfago de experiencias intensas, momentos al límite y hedonismo desenfrenado -bueno, un poco sí, porque tuvo numerosas conquistas amorosas, pese a estar casado-; lo mejor del libro es cómo nos cuenta esta vida Seth. Además de su estilo característico -viñetas pequeñas que componen juntas escenas grandes; personajes dibujados con simpáticos trazos, cromatismo que tiende a utilizar sólo un color- aquí incluye páginas con paisajes árticos y fotos de modelos en cartón de los edificios donde se desarrolla la historia de George: la emisora de televisión, el bar-restaurante que frecuentaba, la sala de conferencias... Pero, además, la historia dista de ser lineal; es cierto que se nos narran los momentos previos al fallecimiento del protagonista, en 1975, pero además encontramos otros instantes de su vida, reflexiones o declaraciones -un tanto cuñadas, pero old fashioned- de George, varios testimonios de personas que le conocieron, le amaron -su sobrina Daisy- o no pudieron hacerlo -la hija mestiza a la que abandonó-, trabajaron con él o incluso se han dedicado a coleccionar sus recuerdos... Y, por supuesto, los recuerdos y sueños -literalmente-  del propio George... De hecho, me parecen magníficas las páginas que recrean los sueños que le asaltan cuando se queda roque en medio de sus programas de televisión...


Esta es la tercera novela gráfica del afamado Seth que leo. La primera, La vida es buena si no te rindes, me dejó bastante frío (cierto es que el estilo de este autor también tiende a causar ese distanciamiento... aparte de lo gélido de la ambientación canadiense, claro); la segunda, en cambio Ventiladores Clyde, me gustó mucho más, aunque tratase los mismos temas. la soledad, la incomunicación, la incomprensión sobre el sentido de la vida... temas que también son lo que aparecen en George Sprott 1894-1975, sólo que aquí disimulados entere  la construcción de la idiosincrasia de un personaje tan peculiar y las anécdota s y recuerdos de su vida. Como se suele decir, todos los narradores se dedican, en el fondo, a contar la misma historia una y otra vez y eso es bastante evidente en el caso de Seth. Lo que no debe interpretarse como una crítica negativa, ni mucho menos, y sobre todo cuando hablamos de libros tan recomendables, al fin y al cabo, como es éste.

Otras obras de Seth reseñadas en Un Libro al Día: La vida es buena si no te rindes, Ventiladores Clyde

viernes, 2 de junio de 2023

VV.AA.: El pasadizo

Idioma original: Inglés
Título original: Bone Orchard: The Passageway
Traducción: Santiago García
Año de publicación: 2022
Valoración: Entre recomendable y está bien

Un geólogo acude a un faro remoto para investigar un pozo aparentemente sin fondo que apareció repentinamente. Esta es la premisa de El pasadizo, un cómic de terror tan breve como intenso, tan sencillo como eficaz. 

La contracubierta nos informa de que El pasadizo es la primera entrega de una serie que transcurre en un universo de horror compartido. Algo que no me queda claro es si esta historia en particular tendrá continuidad o si, aunque enmarcada en una narrativa mayor, es autoconclusiva. Personalmente, preferiría que se tratara de lo primero, porque funciona como prólogo al que le falta remachar varios flecos*.

Y es que el ritmo del conjunto acusa cierta precipitación, los personajes que habitan estas páginas, además de planos, carecen de desarrollo y el final se antoja excesivamente abierto. Pero bueno, insisto en que si la historia tiene continuidad, al menos los dos últimos defectillos podrán enmendarse.  

Ah, también le reprocharía a este cómic que no tiene ni el planteamiento ni el escenario más originales, y que a veces echa mano de recursos algo manidos (las pesadillas, los jumpscares**…). Eso sí, el guionista, Jeff Lemire, nos regala un misterio atractivo, motivos con potencial y diálogos ingeniosos. 

Por otro lado, a nivel gráfico cumple su cometido. Si bien el acabado fotorrealista del dibujo de Andrea Sorrentino no emana factura autoral, comunica satisfactoriamente las texturas, los escenarios, las poses y las expresiones. Asimismo, el estilo de Sorrentino hace un uso impecable del claroscuro y convoca imágenes siniestras o pavorosas.

Y no puedo dejar de mencionar sus interesantísimas composiciones. Por ejemplo, esa en la que se juega con círculos concéntricos para dar la idea de descenso, o esas en las que el faro y la isla acechan ominosamente tras viñetas de escenas interiores.

La labor cromática de David Steward tampoco me parece desdeñable. Su paleta, por lo general apagada, compuesta por grises y tonos tierra, se permite toques de mayor intensidad (rojo, naranja, verde, azul turquesa…) cuando quiere resaltar el impacto de un acontecimiento o teñir de un tono onírico una escena.

En resumen: lo que cuenta El pasadizo ya lo hemos visto anteriormente. No obstante, el cómic cumple sobradamente, ya que su única pretensión es provocar un escalofrío al lector a través de un guión canónico y un apartado gráfico muy conseguido. Así pues, hincadle el diente aquellos que gustéis del terror.

Por cierto, la edición de Astiberri es una maravilla (tapa dura, páginas a color…), aunque he echado en falta un paratexto de esos que engalanan este tipo de productos: prólogo, epílogo, concept art o entrevista a los autores.

  
*Creo que se podría haber cerrado con más acierto sin por ello dinamitar el misterio o atar todos los cabos.
**Personalmente, no me impresionan (y todavía menos asustan) los jumpscares, pero admito que llevar uno a cabo en el formato cómic tiene mucho más mérito que hacer lo propio en el audiovisual, y el que hay cuando el protagonista envía un dron a las profundidades del pozo sin fondo está meticulosamente concebido.

miércoles, 8 de enero de 2020

Seth: Ventiladores Clyde

Idioma original: inglés
Título original: Clyde Fans
Año de publicación: 2019
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: recomendable

Leo esta última novela gráfica de Seth (nom de plume del canadiense Gregory Gallant) con el recuerdo aún fresco, pero más bien tibio, de su primera obra, La vida es buena si no te rindes, publicada originalmente entre 1993 y 1996. Sin embargo, pese a los veintitrés años transcurridos entre aquel libro y este Ventiladores Clyde, pienso que ambos podían haber sido escritos y dibujados de forma consecutiva, porque el estilo característico de Seth no ha cambiado sustancialmente: viñetas a tres tintas -negro, gris y un azul grisáceo... además del blanco, claro-, muchas de ellas sin diálogo, digamos "ambientales" -panoramas de calles, edificios, parques...-; detenimiento casi morboso en los detalles, sobre todo en objetos vintage, de los años 30, 40 ó 50 del siglo XX: bibelots, fotos, carteles...; recreación de zonas del Viejo Toronto y otras ciudades de Ontario... En realidad, como explica el autor en el epílogo, hay una razón para esta apariencia de continuidad: Ventiladores Clyde debía ser su segundo libro, pues lo comenzó justo después de terminar el primero; sólo que éste ha tardado más de veinte años en acabarlo. Eso también explica cierta evolución del dibujo dentro de la misma obra: de los trazos más finos y detallados del comienzo a otros más gruesos y de aire algo descuidado, pero también más resolutivos, del final.

Los personajes protagonistas guardan asimismo una cierta semejanza  con el de aquella otra novela:  son también individuos tristes, un poco o un bastante misántropos, o simplemente poco adaptados al trato con sus semejantes; aunque en este caso no se trata (por fortuna, creo yo) de otro dibujante de cómics, trasunto del propio Seth, sino de dos hermanos, Abe y Simon Matchcard, que han llevado durante años -y también a la ruina-, la empresa fundada por su padre, Ventiladores Clyde. Hay diferencias entre ellos, no obstante: mientras Abraham o Abe se ha visto obligado a ser más sociable debido a su trabajo de comercial para la empresa y ha llevado una existencia más o menos "normal" -viajes, matrimonio, múltiples aventuras con mujeres-, Simon es mucho más misántropo, o tal vez sólo víctima de una timidez enfermiza, por no decir patológica... La mayor parte de su vida, frustrado su intento de seguir los pasos de su hermano, los ha pasado encerrado en el edificio donde vive, y también está la oficina de la empresa de ventiladores, sin apenas contacto con el resto del mundo, cuidando de su madre y coleccionando unas postales humorísticas, de moda varias décadas atrás. la relación entre ambos hermanos, entre la dependencia y el rencor mutuo, supone, claro está, uno de los motores de la narración, quizá el principal, de hecho. pero también están la relación de Simon con su madre y el resquemor de Abe hacia su padre, que abandonó a la familia sin dar explicaciones. Los lazos familiares, por tanto, sus obligaciones y agravios, son el gran tema del libro, pero también las relaciones humanas en general -amorosas, comerciales- y la falta de ellas: la soledad, que causa un tormento indecible en quien la sufre, incluso cuando la ha elegido de forma, en apariencia, voluntaria. La necesidad que tenemos del prójimo, pero también de alejarnos de él. El fracaso y la entropía como destino inevitable de la existencia humana, así como de las ciudades y paisajes, de los tiempos... de todo lo que parece entrañable y acogedor.



He mencionado el edificio en el que están las oficinas de la empresa y también la vivienda de Simon y su madre -y luego, de Abe-, porque además, en verdad resulta ser casi un personaje más de la narración. o sin casi: detenido en el tiempo, laberíntico, incluso algo claustrofóbico... los dos hermanos deambulan por él sin cesar, de habitaciones a pasillos, de sótanos a la oficina, de la coina al almacén de material, desgranando sus historias y la de su familia. Incluso los objetos que se acumulan en la casa tienen no poca relevancia: a modo casi de una novela del Nouveau Roman o de Georges Perec, nos encontramos -en un libro de historietas ya de por sí bastante tocho y algo agotador- con, por ejemplo, cinco páginas repletas de pequeñas viñetas donde se detallan todos los objetos que se encontraban en el tocador y el resto del cuarto de la madre de los dos hermanos. U otra, ocupada por un catálogo de todos los modelos de ventilador que vendía la firma. En fin, cosas de ese tipo...

Por acabar: si alguien ha leído la reseña que escribí de la primera obra de Seth, La vida... etc., se habrá dado cuenta del cambio en mi tono, no sólo en la valoración. la causa es que si la otra novela gráfica me pareció algo interesante, sí, pero sobre todo una muestra máss de ese onanismo narrativo que constituye en el peor (y más frecuente, por desgracia) de los casos la llamada "autoficción", ventiladores Clyde, en cambio, resulta una novela madura y profunda , absorvente (ya digo que incluso un poco agotadora), y cuya historia y personajes, sin duda, merecerían una mayor repercusión si se tratara de una novela "tradicional" que hubiese salido de la pluma de un Franzen o un Richard Ford o cualquiera de los novelistas norteamericanos actuales más señeros.

Y antes de que lo olvide, el libro en sí, un volumen tocho, como he comentado antes, está esplendidamente editado, e inserto dentro de una curiosa "caja-faja" que, pese a mi aversión (compartida por muchos lectores y libreros, me consta) hacia esos adminículos deleznables al servicio de la autopromociónmás cutre, en este caso aporta un embalaje apropiado al tamaño del libro y de un buen gusto divertido y sorprendente. A cada cual, lo suyo.

Otras obras de este autor reseñadas en Un Libro Al Día: La vida es buena si no te rindes

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Nina Bunjevac: Bezimena

Idioma original: inglés
Título original: Bezimena
Año de publicación: 2019
Traducción: Montse Meneses Vilar
Valoración: inquietante y bastante recomendable (o bastante inquietante y recomendable)

Lo reconozco: hasta donde recuerdo, puede que sea ésta la reseña más complicada, o una de las que más, a la que nme he enfrentado; la de una novela gráfica-fábula para adultos-delicia estética no poco turbadora... y peligrosa. Como la historia me parece un campo de minas y por follonero que sea uno, me gustaría sobrevivir aquí en este vuestro blog amigo, me voy a limitar a enumerar cosas que se pueden encontrar en este libro, y luego cada cual que decida si le interesa o no... o si se atreve: 

-Una diosa vengativa.
-Una sacerdotisa quejica.
-Una anciana poco paciente.
-Un niño perturbado por la sensualidad femenina.
-Unos padres amantísimos.
-Unas pesadillas mitológicas.
-Unos osos polares.
-Un ciervo perseguido por los perros.
-Un búho fisgón.

-Unas fases de la luna.
-Unos dibujos pornográficos.
-Unas paredes llenas de ojos.
-Una vulva por ventana.
-Una mansión en el bosque.
-Una carbonera recóndita
-Una escalera contra un balcón.
-Una cabaña llena de secretos.
-Un sombrero acusador.
-Unas fotos implacables.
-Una lección impartida.
-Un trazo vigoroso pero exquisito.
-Una riqueza gráfica indiscutible.
-Un prodigio de tramas, luces y sombras.
-Una historia complicada.
-Un problema para el reseñista.



Tampoco os quiero dejar así: me doy cuenta de que esta lista de elementos lo mismo podría servir para un novela basada en los cuentos de los hermanos Grimm que para una distopía ciberpunk con toques surreales; así que quizás deba explicar un poco lo del campo de minas, etc... Pues bien, la intención de esta autora serbio-canadiense (o viceversa) fue, además de llevar a cabo una curiosa inversión del mito de Artemisia y Siprestes, a quien la diosa conviritó en mujer como castigo por haber intentado violarla, realizar un inmersión en la mente, precisamente de un obseso sexual, un voyeur, acosador y, a la postre, violador -como poco-... Es decir, meternos en sus fantasías, en su distorsión de la realidad, aunque al hacerlo, también nos convirtamos en partícipes de ella, asistentes fascinados a un despliegue de un erotismo que, guste más o menos (hay un juego equívoco también en todo esto), seguro que no deja indiferente a nadie... ¿Nos hace cómplices de la perversión, por tanto, el hecho de ser lectores de la misma, y en consecuencia, también voyeurs? ¿En qué punto el juego de cajas chinas o de matrioshkas en el que aceptamos participar al ser lectores o espectadores de una ficción nos convierte también en creadores y no meros espectadores o lectores, y por ellos coresponsables de lo que leemos u observamos? ¿Y en la ficción existe alguna obligación de guardar esa responsabilidad? ¿Se trata, por ejemplo, esta obra de una apología de la violación o de todo lo contrario? ¿Somos nosotros cómplices de esa apología o precisamente todo lo contrario, al leerla? ¿Son todo esto elucubraciones absurdas, pajas mentales que se le ocurren a un reseñista cuando no sabe como acabar una reseña incómoda? Yo digo: SÍ, SIN DUDA.

Pero cuidadín, que os estaré vigilando...



Otros títulos de Nina Bunjevac reseñados en Un Libro Al Día: Patria

lunes, 10 de junio de 2019

Seth: La vida es buena si no te rindes


Idioma original: inglés
Título original: It's a Good Life, If You Don't Weapúblicos n
Año de publicación: entre 1993 y 1996, como serie dentro del cómic Palooka-Ville
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: está bien

Nos encontramos hoy ante uno de los libros que, hace veinte o incluso treinta años, hicieron que cambiase la percepción general acerca de los cómics como algo destinado a los lectores infantiles, a los frikis de los superhéroes o a la contracultura, underground o punk, y pasaran a ser considerados, o al menos alguno de ellos, como obras literarias tan profundas y complejas como cualquier novela sin dibujicos (recordemos otros títulos como Maus o Fun Home). Aunque, en realidad, el concepto "novela gráfica" ya existía antes de que se comenzase a aplicar a los libros de historietas con ciertas ínfulas literarias, en el sentido de referirse a una historia extensa, obra de un solo, o una pareja, dibujante y guionista (me refiero a no como en los equipos del manga o de los sistemas de producción de las editoriales de cómics norteamericanas), se generalizó entre el público modernete de ciertas inquietudes culturales, como cómics "de autor", a partir de las obras, ya digo, de dibujantes como éste, el canadiense Seth, a.k.a. Gregory Gallant (*)

Esta novela gráfica, pues, comparte además con algunas de sus congéneres una característica que, en principio, debería haberme hecho huir de ella como gato escaldado del agua... ¿cual va a ser, amigas  y amigos biblioadictas? En efecto: el protagonista de esta historia resulta ser un dibujante canadiense (¡Oh, sorpresa!) llamado Seth (¡Oh, maravilla!) y de inopinado parecido físico  con el autor del libro (¡Oh...bueno, vale, ya lo dejo). Es decir, me encontraba yo una vez más ante mi Némesis como sufrido lector: la autoficción pajillera que nos ha invadido como una plaga de oruga pasionaria en un pinar. Debería haber huido, lo reconozco, pero si no lo hice  fue por la combinación de: 

1- Dibujo claro y poco abigarrado, fácil de mirar. A tres tintas y chimpún.

2- Poco texto, fácil de leer. Eso siempre es un punto a favor en estos casos.

3- La necesidad imperiosas de reseñar algo para alimentar el monstruo insaciable que es este  blog (¿os acordáis el cuadro Saturno devorando a sus hijos? Pues por ahí va la cosa...).

La trama, por lo demás, tampoco tiene demasiada complicación: el protagonista, ya digo, es un historietista canadiense llamado Seth, un tipo solitario, tranquilo y, para qué negarlo, bastante moñas. Es un hombre sumido en una melancolía perpetua, al que le disgusta la vulgaridad del presente y se refugia en la añoranza por su propia infancia y por un pasado que incluso no llegó a vivir. Viste como en los años 40 o 50, le encantan los viejos edificios de tiempos pretéritos .sobre todo las áreas industriales o las granjas abandonadas- y se dedica a rebuscar en tiendas de segunda mano para coleccionar revistas y tebeos de aquellas épocas que ha idealizado. Así, descubre a un dibujante que firma como Kalo y que llegó a publicar viñetas en The New Yorker y en otras revistas como Esquire.  Resulta que además el tal Kalo -abreviatura de Jack Kalloway- era un dibujante de Ontario, igual que él y, lo que es más, ¡vivía en un pueblo donde estuvo unos años Seth, de pequeño! 

Como es de esperar, el protagonista se obsesiona con su precedente y poco conocido colega de profesión y dedica buena parte de su tiempo a indagar sobre su vida y obra. Como confidente en esta pesquisa, Seth tiene a su paciente amigo Chet y alguna que otra novieta que, sorprendentemente, consigue ligarse (lo digo porque el pobre me parece un sinsorgo de cuidado, aunque supongo que puede tener su encanto). Y esa es toda la historia, en esencia. Entre medias, viajes en tren, paseos por paisajes nevados, contemplación de edificios antiguos y cosas así, junto con claro, reflexiones del personaje acerca de su propia personalidad  melancólica y un poco misántropa; Seth no se engaña y sabe que es un tío raruno con tendencia a la infelicidad, aunque quizás (no quiero "spoilear" nada), la  pesquisa sobre Kalo le sirva para sobrellevar esta condición.

Lo mejor del libro resultan, sin duda, las viñetas sin diálogo que retratan lugares de Toronto y otras localidades canadienses: viejos almacenes, tiendas, pequeñas casa, estaciones, etc... así cómo las que reflejan el paso del tiempo, a través de la meteorología -hay varias páginas mudas muy notables, a ese respecto-; en verdad, son los que le otorgan cierto empaque de "novela de autor" a este libro. Por lo demás, los dibujos, aunque sencillos, tienen su encanto y es muy posible que el resultado agrade a muchos lectores más que a mí: reconozco que, sin que me haya llegado a aburrir, me ha dejado bastante frío... pero, caramba, también es que se pasa nevando casi todo el libro...; )


(*) Autor que ha visitado España en fecha reciente, por cierto, para promocionar su última obra, Ventiladores Clyde, con gran éxito de crítica y público.

martes, 10 de abril de 2018

Nina Bunjevac: Patria

Idioma original: inglés
Título original: Fatherland
Año de publicación: 2014
Traducción: Marta Alcaraz
Valoración: recomendable

Patria, sí, que ya sé que Patria está más que reseñada en ULAD (y fantabulosamente, si se me permite decirlo, y lo bien que lo pasemos, tetes), pero mira, hay más patrias que Patria, es decir, hay más mundo que la novela más premiada de las letras hispanas NEVER EVER (que además, en puridad, debería haberse titulado Matria): para empezar, la estupenda ucronía nazi de Robert Harris; para acabar (o no, que seguro que hay muchas más por ahí pululando (*), esta novela gráfica de Nina Bunjevac, ilustradora canadiense de origen serbio que nos cuenta en esta su Patria que patria no hay más que una. Y a ti te encontré en la calle.

Patria, cuyo título en inglés resulta aún más revelador: Fatherland, el país del padre, puesto que toda esta obra gira alrededor de la figura del padre de Nina, Peter Bunjevac, un exiliado serbio que en los años 70 formó parte de un grupo terrorista nacionalista formado en 1964, enemigo del régimen yugoslavo, llamado "Libertad para la patria serbia" y que se dedicaba a la entretenida tarea de atentar contra consulados yugoslavos en Norteamérica, centros culturales croatas y eliminar adversarios políticos... de igual manera que los servicios secretos yugoslavos se dedicaban a eliminarlos a ellos. En esas estaba el padre de la autora cuando una bomba mal manipulada, pum, lo eliminó a él.

Patria es por tanto, no sólo la remembranza más o menos desengañada del país de sus progenitores -y en la que la propia Nina vivió buena parte de su infancia-; no sólo una pormenorizada explicación de los males que aquejan a ese país, al menos desde la II Guerra Mundial e incluso antes -y eso que no se mete en lo ocurrido durante los no menos terribles 90...-; Patria es sobre todo la crónica, vista desde el recuerdo y a través de los ojos de una niña, de la implosión de una familia, carcomida por los demonios de varios de sus miembros: la del padre, sí, exiliado rencoroso de una infancia terrible y de la represión sufrida a cuenta de su apoyo al disidente Djilas... pero  también de los abuelos maternos, con una abuela ex-partisana de Tito a la que la paz no ha hecho perder ni un ápice de la dureza adquirida durante los años de la guerra. De hecho, cabe pensar que, en gran medida, la pregunta central que plantea esta novela gráfica es hasta qué punto es justo que los hijos hereden los conflictos  de los padres y cómo romper con esa espiral viciosa...



Patria, novela gráfica dividida en dos partes, cada una de las cuales dedicada a la peripecia de uno de los progenitores: primero de la madre (Plan B), que ha de huir a Yugoslavia para no seguir poniendo en riesgo a su familia -aunque dejando un rehén- y luego la del padre (Exilio), para contar cuya historia la autora recuerda también la nada fácil de sus abuelos y aún la de su país, dividido, como ocurre al fin y al cabo en todas las familias, en diferentes entidades nacionales e ideológicas que, inevitablemente, remiten a esa pregunta impertinente que se le suele hacer a los niños: ¿a quién quieres más, a mamá o a papá? Novela gráfica que recuerda algo, en su autopsia sobre los males de su país o comunidad y en la pesquisa sobre la figura paterna, a otras Persépolis, de Marjane Satrapi, en un caso o Fun Home de Alison Bechdel y La niña de sus ojos de Mary y Brian Talbot, en el otro; a diferencia de estas obras, sin embargo en Patria el dibujo de Bunjevac es amplio y vigoroso, pero sin renunciar al detallismo, y con un característico contorno negro y un modelado a base de exhaustivas tramas, que le dotan de  fuerza y profundidad. Por ponerle un pero, las figuras  de cuerpo entero quizás sean en exceso redondeadas, algo "infantiles" para las acciones tremebundas que les vemos cometer y también demasiado similares unas a otras, aunque quizás este sea un recurso de la dibujante para hacernos ver que todos, serbios o croatas, comunistas o monárquicos, chetniks o partisanos, son -somos- básicamente iguales. Igual de cenutrios, se entiende, porque si algo queda claro leyendo este libro es que por mucho que hayamos padecido en el pasado o por muchas oportunidades que nos de la vida para ser felices en el futuro, los humanos no tenemos arreglo.  Ni siquiera, quizá -o incluso menos aún-, dentro de la cáscara protectora de la familia.


(*) Si se me permite una digresión más, es curioso como todas las obras de ficción que conozco que hacen referencia al concepto de patria cuentan historias más bien ominosas, en contraste con discurso acerca de las mismas, siempre lleno de imágenes risueñas y esperanzadoras, que nos suelen contar los políticos a los que no se les cae de la boca...

sábado, 19 de abril de 2014

Guy Delisle: Guía del mal padre

Idioma original: francés

Título original: Le guide du mauvais père
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien


Estoy segura de que todos aquellos que deciden tener hijos intentan educarlos de la mejor manera posible, tratando, además, de no cometer los errores que consideran que sus padres cometieron con ellos. Sin embargo, esta tarea suele ser más complicada de lo que parece en un principio y, a pesar de las buenas intenciones, en ocasiones se mete la pata hasta el fondo. 

De esto habla Guy Delisle en la Guía del mal padre, un divertido testimonio en el que el autor se desnuda ante sus lectores y muestra los momentos más surrealistas de su papel como progenitor. En las páginas de esta guía veremos cómo el autor critica ferozmente el dibujo que ha realizado su hija o cómo le miente para, egoístamente, poder disfrutar de unos cereales que no está dispuesto a compartir, cómo le gasta una broma de mal gusto a su hijo con una motosierra o cómo suelta las mayores barbaridades que se le ocurren sin pararse a pensar en el efecto que éstas pueden tener en los pequeños.

La razón por la que he valorado este cómic sólo con un está bien es que se queda corto. De hecho, se queda muy corto. Cada episodio narrado por Delisle ocupa varias páginas (de tan sólo dos viñetas cada una), por lo que al final el lector tiene la sensación de que, aunque el cómic mola y es divertido, el autor no le ha sacado todo el partido que podría.

Pero también hay que agradecer la sinceridad con la que Delisle se muestra a sí mismo, su ausencia de complejos a la hora de confesar sus equivocaciones y cómo, en resumen, demuestra que en muchas ocasiones se comporta de una manera más infantil que sus propios retoños.


También de Guy Delisle: Pyongyang.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Jon Klassen: Yo quiero mi gorro


Idioma original: inglés
Título original: I Want My Hat Back 
Año de publicación: 2012

Valoración: imprescindible


No es de extrañar que Yo quiero mi gorro del canadiense Jon Klassen haya recibido, tantos galardones últimamente (el Theodor Seuss Geisel Beginning Reader Honor, el New York Public Library 100 Titles for Reading and Sharing o el  E.B. White Read Aloud Award entre otros).

La obra presenta a un oso que ha perdido su gorro y decide interrogar a varios animales con el fin de encontrarlo. Pregunta por ejemplo a un zorro, una rana, un conejo o una tortuga y, en todos los casos, la estructura se repite y la respuesta es negativa, incluso en el caso de quien le ha robado el gorro, detalle que el lector registra, pero que el oso no llega a ver, tan obsesionado está por encontrar su gorro rojo. 

Desconsolado y triste, se tumba en el suelo y se pregunta qué ocurrirá en el caso de que no encuentre su querido gorro, en el caso de que nadie, nunca, lo encuentre. Le hace tanta falta, lo echa tanto de menos, mi pobre gorro, piensa.

En ese instante, un ciervo le sale al encuentro y le pide que le describa el gorro. Es entonces cuando el protagonista se da cuenta de que lo ha visto antes, en algún lugar, cuando interrogaba a los animales. Es en el momento de volver en busca de su gorro cuando la historia da un giro que desemboca en una carcajada. 

El humor y el atractivo de la historia residen en el manejo de la elipsis, tanto lingüística como visual, ya que hay una segunda narración, la del robo del gorro, la de la reacción final del oso, que no se representa, pero que el lector infiere. 

Además, en lo referente a la construcción de los diálogos, cabe resaltar que cada una de las intervenciones adquiere una tonalidad diferente en función del color de cada uno de los animales, un acierto tanto a la hora de guiar y facilitar la lectura de los más pequeños como a la hora de establecer y enriquecer el vínculo entre imagen y palabra.  

Por lo tanto, es lógico que The New York Times Book Review  lo haya elegido uno de los diez mejores libros ilustrados de 2011. El humor que encierra la obra, la delicadeza de las ilustraciones, la disposición de los elementos en la página, los caracteres tan divertidos que ha escogido el autor, la sencillez de la historia y el juego de miradas entre los personajes, convierten este álbum ilustrado en una verdadera obra de arte con la que el disfrute y el placer están asegurados.


Nota: De la traducción del original se ha encargado Jesús Ortiz Milrazones.


lunes, 8 de octubre de 2012

Jimmy Beaulieu: Comedia sentimental pornográfica

Idioma original: francés
Título original: Comédie sentimentale pornografique
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable


Comedia sentimental pornográfica es uno de esos libros (o cómics, para ser más exactos) cuyo título no casa demasiado bien con la historia que cuentan. Básicamente porque es una obra que tiene poco de comedia y es más erótica que pornográfica. Pero, independientemente de que el título sea así o asá y de que el autor haya acertado o no al titular su libro, Comedia sentimental pornográfica es una obra recomendable por varios motivos.

Uno de esos motivos (o quizá el más importante) es que el autor habla sin tapujos de las relaciones (del tipo que sean) humanas. Beauliei nos presenta una serie de personajes (unas veces, relacionados entre sí; otras veces, no) que intentan vivir sin complicarse demasiado, al tiempo que experimentan con el sexo e intentan encontrar a su media naranja (o descubrir si lo es la persona con la que están saliendo en ese momento).

Lo bueno de Beaulieu es que no presenta nuestra existencia como una búsqueda del amor absoluto, sino que la plantea como un conjunto de momentos (en los que se tiene pareja, en los que no, en los que se está con amigos, en los que se experimenta, en los que se está solo, en los que se crea, en los que se reflexiona...) que merecen la pena vivirse. Para ello, el autor utiliza diversas técnicas de dibujo: tan pronto nos encontramos con viñetas elaboradísimas como con simples trazos de lápiz o páginas dibujadas con bolígrafo, adaptando cada una de esas técnicas a la parte de la historia que quiere contar en cada momento.

El único "pero" que puedo ponerle a este libro es que, al realizar una obra coral, donde se entremezclan todo tipo de personajes y subtramas, al final da la sensación de que no hay nada que quede "cerrado". Aunque, mirándolo desde otro punto de vista, quizá es así como tiene que acabar este cómic para que siga pareciéndonos realista, quién sabe.

martes, 3 de enero de 2012

Jeff Lemire: Essex County


Idioma original: inglés
Título original: Essex County
Año de publicación: 2009
Valoración: Muy recomendable


El condado de Essex está situado en Canadá, al sudoeste de Ontario. Y más importante (para mí, al menos): es el título de un cómic escrito e ilustrado por Jeff Lemire y tiene tres partes: Los cuentos de la granja, Historias de fantasmas y La enfermera rural. Los personajes principales de las tres historias son un niño huérfano que vive con su tío, dos hermanos que han pasado de ser uña y carne a no dirigirse la palabra en veinticinco años y una enfermera que dedica su vida a cuidar de los ancianos de una residencia y a atender las necesidades médicas que puedan tener los granjeros de la zona.

Lemire (que se crió en el condado de Essex, con lo cual podemos suponer que lo conoce muy bien) describe a través de esas tres historias cómo es el día a día en esa zona, en la que lo único que puede hacer uno para divertirse es jugar al hockey sobre hielo, ver hockey sobre hielo por televisión o beber –y hablar de hockey– hasta caer dormido. Son tres historias que se pueden leer de forma independiente (y así es como fueron publicadas en un primer momento), pero que comparten personajes, subtramas y un sinfín de detalles a los que se saca más jugo cuando se leen como un todo.

Leídas como un todo también nos muestran con más claridad los temas que el autor quiere resaltar: la soledad, la responsabilidad, la familia... Pues en Essex County todos se conocen y no abundan los secretos, y los pocos que hay, al final, se acaban desvelando. Sin demasiados diálogos (Lemire hace uso del "menos es más" y acierta, vaya que sí acierta) y con un dibujo sencillo y muy expresivo, no nos cuesta mucho engancharnos a estas historias familiares (porque sí, al final todo queda en casa, aunque no haya consanguinidad de por medio) y leer las poco más de 500 páginas que tiene este cómic del tirón. Para no dejarlo pasar.

jueves, 18 de agosto de 2011

Mark Kalesniko: Novia por correo


Idioma original: Inglés
Título original: Mail Order Bride
Año de publicación: 2003
Valoración: Muy recomendable


Monty es un hombre de 39 años, virgen e inmaduro, que regenta una tienda de cómics. Incapaz de mantener una relación amorosa con una mujer de su entorno, decide "encargar" una novia oriental que tenga las características de las jóvenes estereotipadas que pueblan sus fantasías adolescentes: que sea hermosa, delicada, hogareña y fiel, y que se desviva por hacerle feliz.

Así llega Kyung Seo a su vida, una joven coreana que resulta no ser lo que Monty esperaba, como tampoco él resulta ser el hombre que ella esperaba encontrar al llegar a Canadá. Profundamente descontentos con la vida que tienen en común, Monty intenta continuamente (y sin éxito) "convertir" a su mujer en la fantasía que ha alimentado durante años, mientras que ella, a través de su amistad con Eve (una joven oriental criada en Occidente y aparentemente liberada, feminista y moderna), intenta convertirse en una mujer independiente.

Kalesniko, con un dibujo detallado (quizá algo orientalizado para la ocasión) y una técnica más que cuidada, no sólo retrata en esta novela gráfica una triste y dolorosa historía de "amor", sino también muestra cuán difícil puede ser escoger entre la libertad y la seguridad. Para no dejarlo pasar.