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viernes, 18 de junio de 2021

Zoom: Ellis Island de Georges Perec


Idioma original: francés 

Título original: Ellis Island

Año de publicación: 1980

Traducción: Adolfo García Ortega

Valoración: está bien


En 1979 el escritor Georges Perec y el cineasta Robert Bober visitaron las instalaciones de la celebérrima isla de Ellis, en plena bahía de Nueva York, ya para entonces restauradas y accesibles al público, compuesto desde entonces tanto por simples turistas como, en gran medida, como ciudadanos americanos que buscan el rastro que sus antepasados dejaron por allí. Porque, supongo que huelga decirlo, Ellis Island fue, desde finales del siglo XIX hasta su clausura como tal en 1954, el principal punto de entrada para la gran mayoría de los muchos millones de europeos que emigraron a E.E.U.U. durante esos años (entre 1892 y 1924, la época de más tránsito, pasaron por allí 16 millones de personas). la mayoría no se quedaba en la isla más que unas horas, lo justo para ser convenientemente interrogados, registrados y examinados, aunque en algunos casos, por razones médicas, esos inmigrantes se veían obligados a permanecer allí durante días e incluso meses. Tan sólo el 2 ó 3% fueron rechazados.

Con objeto de llevar a cabo un proyecto conjunto cinematográfico-literario al respecto, Perec y Bober -ambos, por cierto, descendientes de judíos polacos emigrados, pero a Francia- indagaron sobre la historia de la ISla, con el resultado de una película en dos parte, Relatos de Ellis Island (1978-1980) y este pequeño volumen, que vendría a recoger poco más que las notas y reflexiones, pasadas a limpio, de Georges Perec. Ahora bien, para darle un poco más de enjundia al asunto, el autor se sirvió del viejo truco de utilizar a mansalva el espaciador, de forma que un verso en prosa corriente y moliente adquiere un tono mucho más profundo, casi lírico, como si fuera un poema de verso libre... No digamos ya si además te pasas por el forro las mayúsculas y los signos de puntuación. Verbigracia (prometo que es un ejemplo extraído al azar):

"nada se parece más a un lugar abandonado 

que otro lugar abandonado


este podría ser cualquier hangar

cualquier fábrica en desuso

cualquier depósito vacío

corroído por la humedad y la herrumbre


almacenes desnudos, factorías en las que, desde hace

mucho tiempo, no se produce nada, cobertizos

tirados, galpones olvidados invadidos por 

la maleza"

El truco, además de otorgarle al texto cierta  inasible trascendencia, sirve sobre todo para alargarlo hasta configurar un pequeño libro publicable -aunque también hay que decir que la edición original francesa se completaba con entrevistas que aparecían en la segunda parte del documental, así como fotos del rodaje, que en esta reciente edición española han sido eliminados. En cambio, aparecen al final algunas fotos de la isla y de las personas que pasaron por allí en su época de centro migratorio-; con esto no quiero quitarle valor al libro de Perec, que sin duda resultará satisfactorio tanto para los interesados en el tema en sí (aunque los pormenores de lo sucedido en la isla de Ellis son más conocidos, en general, hoy que hace 40 años, me parece), como por los incondicionales de este escritor, que los hay y muchos. Además, ya digo que Perec hace una serie de reflexiones -en algún caso se quedan en el estadio de preguntas, pero eso ya es reflexionar- bastante pertinentes sobre el fenómeno migratorio, tanto en el pasado como contemporáneo, y las innumerables  historias que conlleva... o más bien las historias que cargan cada uno de los migrantes. Así como tiene algún que otro hallazgo poético, aparte de su especie de "verso libre": sea verdad o no, resulta precioso que a la isla de Ellis se la conociera como "la isla de las lágrimas" entre los inmigrantes europeos, y que estuviera situada en la Puerta de Oro...

Aún así, es este un librito que se queda bastante escaso...Tampoco hacía falta que Perec escribiese algo como La vida insrucciones de uso, pero, caramba, se habría agradecido algo más de profusión... ¡Haber puesto listas de objetos sin la letra e o algo parecido, hombre, Georges, que eso era lo tuyo! Lo hubieras tenido chupao...


Más títulos del sin par Perec reseñados en Un Libro Al Día: La vida instrucciones de uso, El gabinete de un aficionado, Las cosas, Me acuerdo

domingo, 6 de enero de 2019

Georges Perec: Me acuerdo

Idioma original: francés
Título original: Je me souviens
Traducción: Mercedes Cebrián
Año de publicación: 1978
Valoración: Interesante

Los Me acuerdo se han convertido con el tiempo en una especie de subgénero, algo entre el experimento literario, la autobiografía y el diván del psicólogo. La puerta la abrió el norteamericano Joe Brainard, en un libro publicado en 1970 (I remember), y la idea, tan elemental que a nadie se le había ocurrido antes, triunfó de inmediato y de forma duradera. Perec transitó ese camino muy pocos años después, y le siguieron personajes diversos, como el actor Marcello Mastroianni o la dibujante libanesa Zeina Abirached. Usted, amigo lector, o vosotros, ilustres reseñistas y compañeros, o el tendero de la esquina si lo hubiese, cualquiera puede hacer su Me acuerdo particular. El modelo ya lo tenemos, y cada uno lo rellena con lo que le apetezca.

¿De qué se trata?

Pues tan sencillo como una colección de recuerdos, formulada mediante párrafos sueltos, todos (excepto uno, en el caso de Perec) iniciados con ese 'me acuerdo', no obstante el cual no se trata exactamente de recuerdos elaborados o congruentes, sino más bien de flashes, impresiones espontáneas de una escena, un personaje, una sensación. El libro de Perec contiene 480 impactos, y anuncia una continuación que nunca llegó a existir, con lo que no sabemos si esa puerta abierta era una intención incumplida o renunciada, escondía un mensaje sobre lo fraccionario del repertorio, o era simplemente una boutade.

¿Experimentación formal? o ¿Por qué el Me acuerdo de Perec es diferente a los demás?

En principio, lo que haya de experimentación formal en la fórmula no se debe atribuir a Perec sino al citado Brainard. Pero sí hay un matiz importante. No he leído el libro del autor norteamericano, pero entiendo que el formato abre la puerta a la autobiografía, el diario o las memorias, como supongo que será el camino seguido por los demás meacuerdistas. Pero Perec parece despojarlo de toda subjetividad, en la medida en que eso es posible.  En los recuerdos de Perec no aparece la niña de la que se enamoró a los doce años, su padre afeitándose mientras él le observaba admirado, o el día de su primer trabajo. Nos deja en cambio el simple nombre de un ciclista famoso de la época, un trabalenguas, Brigitte Bardot cantando una canción, o la perilla de un escritor desconocido. Porque esa es otra: la gran mayoría de las píldoras hace referencia a nombres, lugares y situaciones que no dicen nada al lector, en especial si no es francés. Con todo, la sensación que queda es la de un ejercicio psicológico casi por completo deshumanizado o, mejor aún, realizado con una perspectiva distorsionada, cambiando lo fundamental por lo anecdótico. Desconozco si es una técnica con algún valor científico, pero de lo que no cabe duda es que sí lo tiene desde un punto de vista literario.

¿Un producto OuLiPo?

 Al tomar un sistema tan vinculado a la memoria y a la subjetividad y vaciarlo de su elemento más característico, se diría que Perec lleva a cabo una de esas piruetas estilísticas tan del gusto de los miembros de OuLiPo, ya se sabe, aquel grupo literario encabezado por Raymond Queneau, y tan bien definido en esta entrada de ULAD. Una de las técnicas más conocidas de aquella gente era escribir sometiéndose voluntariamente a una traba o restricción (contrainte), como cuando el propio Perec escribió La disparition (El secuestro, en castellano) sin incluir una sola ‘e’ en el texto. En el caso de Me acuerdo diríamos que son una suerte de memorias a las que se ha extraído todo elemento personal, unos recuerdos fragmentados que podría haber escrito cualquier francés contemporáneo del autor.

Bueno ¿y qué pasa con el lector?

Pues seguramente lo que pasa muchas veces con este tipo de libros que se deleitan con la forma y realmente no pretenden transmitir nada. El lector que vaya buscando una historia, personajes, un contenido que le genere algún tipo de placer o enriquecimiento, va listo, o sea, que se verá decepcionado quizá no llegando ni al recuerdo 50. Si por el contrario nos damos por satisfechos por haber conocido algo diferente, un intento por forzar los límites de lo usual, encontraremos interesante el libro. Y hasta puede uno animarse con una versión propia (sin que nadie se entere).

Y a propósito del lector, que es al final el que compra el libro, lo tiene en sus manos y lo lee. No suelo hacer este tipo de reflexiones, pero esta vez creo que es necesario:  ya sabemos de lo impecable de las presentaciones de Impedimenta (cubiertas, encuadernación, tipografía, etc.), pero lo cierto es que, por la misma factura del libro, muchas páginas se despachan con apenas cinco o seis líneas de texto. Si llenamos así 176 páginas ¿no es un poco abusivo un precio de 17,95 €?

Más todavía: como he dicho, el contenido de la mayoría de meacuerdos resulta totalmente ajeno al lector, y la edición se acompaña de un buen número de notas explicativas (unas 60). No sé si esas notas sirven para ilustrar, o desvirtúan precisamente el espíritu del texto; pero, caso de incluirlas, deberían ser mucho más numerosas, deberían estar a pie de página y no al final (ya sabemos lo incómodo que resulta) y, sobre todo, es imperdonable que haya un error de numeración que todavía dificulte más la lectura. Y todo ello, con ese precio. Mal.

Otras obras de Georges Perec en ULAD: La vida instrucciones de uso, Las cosas, El gabinete de un aficionado

jueves, 7 de enero de 2010

Georges Perec: La vida instrucciones de uso

Idioma original: francés
Título original: La vie mode d'emploi
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable

Comienzo advirtiendo a los futuros lectores de La vida... que no se dejen engañar por el título. Aquí no van a encontrar un conjunto de recetas para vivir mejor, un tratado de ética ni nada semejante. Esta obra inclasificable es, en realidad, una especie de diablura literaria perpetrada por uno de los pocos autores que se pueden permitir alardes como éste, para el particular uso y disfrute de ciertos masoquistas de la lengua. Perec traspasa los límites del lugar común porque – igual que les ocurrió a Cortazar, Joyce y a tantos otros – sus dimensiones como escritor exceden los límites del molde. Como anécdota diré que una de sus boutades más conocidas consistió en el proyecto – conseguido – de escribir una de sus novelas (El Secuestro) omitiendo por completo – o secuestrando – la grafía “e” que es, como sabemos, la más común en lengua francesa. (Claro que sus traductores al español supieron estar a la altura y en la versión española no figura ni una sola “a”).

“La vida, instrucciones de uso” además de un ejercicio de estilo y un alarde literario, es, sobre todo, el reflejo de la particular forma de Perec de contemplar el mundo en que vivió, un acopio de obsesiones vitales y preferencias estéticas más o menos explícitas y todo un divertimento para los chiflados que se atrevan a leer algo como esto.

Perec, acostumbrado a autoimponerse retos insólitos, como si la creación de espléndidas y originalísimas obras literarias no fuera mérito suficiente, se dispone esta vez a crear su particular aleph, no bajo la forma de letra hebrea ni de punto que contiene todos los del universo, según la versión borgeana, sino de obra de género híbrido que no pertenece a ninguno y los abarca todos: conjunto de relatos, inventario de todo lo existente, obra enciclopédica de humor, ensayo sobre la complejidad del mundo, heterodoxo manual de decoración, amasijo de arbitrarias descripciones, desvergonzado cotilleo de santuarios privados, memoria de todos los saberes,… y, sobre todo, el puzle literario por antonomasia. En él se propone un universo concentrado en una casa de vecinos. Toda la estructura gira alrededor de la idea de puzle. El puzle es el eje de todo. Primero, porque el motivo de que se relacionen los personajes y todo lo que se cuenta, así como la cronología, están relacionados con él. "Puzle", pues, como núcleo argumental. Segundo, porque la obra entera está estructurada como un puzle. Tercero porque el propio escenario (la casa) es un puzle en sí mismo: un conjunto de elementos – las viviendas – que configuran un todo. Por último, el llamado “preámbulo” consiste en un breve ensayo sobre el arte del puzle.

El procedimiento de Perec es acumulativo y estructurado a la vez: se trata de un todo trabado con coherencia y no de un conjunto independiente de elementos. A base de tomar ingredientes diversos y combinarlos de la manera adecuada (todo lo que se cuenta está organizado y estructurado en torno a una idea central) compone un fresco bastante completo del hombre del siglo XX y de sus circunstancias. Y lo hace con humor y habilidad.

A pesar de la cantidad de información acumulada y del asombroso dominio que manifiesta en gran cantidad de materias – el trabajo de documentación tuvo que ser ímprobo – consigue dotar al conjunto de la amenidad y gracia suficientes para que no decaiga el interés. Quizá al final se cansase un poco o me cansase yo (o los dos, autor y lectora) porque al fin y al cabo el escritor no deja nunca de ser él mismo y posiblemente acabe repitiéndose un poco. Algo inevitable en 574 páginas de estas características.

En un proyecto que podríamos calificar de minuciosidad convertida en arte – no en vano Perec tardó nueve años en concluirlo – no pueden faltar los anexos. Al final, incluye - abundando en el gusto por el detalle y el acabado perfecto de que ha hecho gala desde el principio –un plano del inmueble (con los nombres de sus ocupantes antiguos y actuales), un índice de nombres propios, un anexo de referencias cronológicas de lo narrado y un índice de las “historias contadas en este libro”, aparte de un “post scriptum” y un índice común y corriente. Italo Calvino lo definió como “una nueva comedia humana”, refiriéndose naturalmente a la de Balzac, aunque también se la ha comparado a la de Dante o a los “Cuentos de Canterbury”, porque cada uno de ellos está concebido como un microcosmos.

Por supuesto, un libro como éste cuenta con abundantes detractores. Supongo que acapara hostilidades y adoración por igual: a quien le gusta le encanta, a quien no le gusta lo odia y no pasa del principio. Pero quien quiera sumergirse en un mundo sorprendente en su prosaísmo, paladear un elegante sentido del humor y dejarse atrapar por numerosas historias a cual más asombrosa y divertida, debe empezarlo cualquier día de estos. Quien llegue más allá de la página 5 se va a divertir a lo grande.

También de Georges Perec en UnLibroAlDía: El gabinete de un aficionado, Las cosas, Me acuerdo
Más sobre Perec, en la entrada sobre OuLiPo

sábado, 3 de julio de 2021

Andrés Barba: Vida de Guastavino y Guastavino

Idioma: español

Año de publicación: 2020

Valoración: está bien

Hace poco leí (y reseñé, que la máquina no puede parar) un librito de Georges Perec que hablaba sobre la isla de Ellis y en donde contaba cómo los inmigrantes que llegaban allí eran recibidos en la sala más grande que habían visto nunca. Pues bien, en uno de los siguientes libros que he leído se habla, oh, casualidad, de la construcción de la bóveda de esa sala, a cargo de la "Guastavino Fireproof, Construction Company", al igual que otras cubiertas semejantes en edificios tan emblemáyico de E.E.U.U. de principios del siglo XX como el Smithsonian de Whasinton D.C., la biblioteca de Boston, la iglesia St. John the Divine de Nueva York, la Grand Central Station, el Madison Square Garden, la academia militar de West Point... entre muchos otros ejemplos. Y todo ello utilizando bóvedas tabicadas recubiertas de azulejos, como las quye se llevaban usando en el Mediterráneo desde cientos de años atrás.

Los artífices de esta hazaña fueron Rafael Guastavino y su hijo, de igual nombre, de origen valenciano y emigrados para hacer las Américas en 1881 -bueno, el padre, puesto que el hijo no era entonces más que un niño, también para dejar atrás un pufo monetario de cierta cuantía que había cometido-; tras los consabidos tiempos duros y haber patentado la "invención" de este sistema tradicional de cubierta ignífuga, éste llegó a convertirse en casi un símbolo, suavemente art déco, de la incipiente arquitectura norteamericana, en una época en la que empezaba a despegar hacia el cielo, literalmente. y Guastavino padre, a codearse con los Rockefeller, Morgan y Vandervilt, aunque también se arruinó en una ocasión y quien llegaría a hacerse rico en verdad fue su hijo, ya entrado el siglo XX.

Andrés Barba consigue pergeñar aquí una novela biográfica (coincidente en el tiempo , por cierto, con otra de Javier Moro, que dudo que llegue a leer) breve, pero bastante resultona, aunque gracias, sobre todo, al esfuerzo del autor por otorgarle alguna densidad -parece que es el fruto de una beca para escritores que le concedienron en N. Y., así que se entiende el pundonor de presentar un buen producto final-; centrándose sobre todo en dos elementos hasta cierto punto especulativos, la ambición desmedida del padre y la rivalidad con el hijo, así como cierto resquemor que pudiera sentir éste. El caso es que todo el libro exuda la sensación de que sin la excelencia y habilidad de Barba al desplegar sus recursos literarios, la cosa habría quedado bastnate más ramplona... Sí, lo sé, en eso consiste justamente la literatura, pero, aunque parezca paradójico, ymás al tratarse de una novela, la tutela del escritor sobre el texto me resulta un poco excesiva, dando como resultado un estilo un tanto overdressed, por decirlo así. Un ejemplo:
"No sabemos nada y la historia es mentira y el amor no existe, pero a veces basta el miedo, el miedo como el hilo dorado de un fábula, para recuperar todas las realidades perdidas; la verdad , la ciencia, el amor.

Por cada gesto bajo sospecha, el miedo engendra una constelación de ciudades posibles. dadle el miedo a alguien capaz de construirlas y tendréis el mundo." 

A continucación no se nos narran las dudas de Odiseo por la vuelta a Ítaca ni el vértigo ante la conquista de Asia que pudo sentir Alejandro Magno, sino cómo Rafael Guastavino, no recuerdo si padre o hijo -a veces hay cierta confusión en el libro, supongo que adrede- construía una bóveda ladrillo plano y cemento Portland en algún sitio... Que desde luego es una labor honrada y encomiable, pero más pedestre de lo que cabe suponer al leer el tono del libro. La vida no necesita parecer tan extraordinaria para ser extraordinaria.


Más títulos de Andrés Barba reseñados en Un Libro Al Día:  Las manos pequeñas, República luminosa, La ceremonia del porno, La hermana de Katia

domingo, 18 de febrero de 2024

Santi Pérez Isasi: El edificio

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: fatal Más que recomendable 

Vayamos por partes...

Qué no es El edificio:

-El edificio no es un ensayo de Robert Venturi sobre arquitectura postmoderna.

-El edificio no es un informe técnico más memoria de calidades presentada para la construcción de la Torre Willis (antes Sears) de Chicago, durante un tiempo el rascacielos más alto del mundo.

-El edificio no es un capítulo del libro Territorios improbables, de Pedro Torrijos (aunque bien podría serlo).

-El edificio no es un recopilatorio de las mejores historietas de 13, Rue del Percebe (aunque también podría serlo).

-El edificio no es el guión de un capítulo de Aquí no hay quien viva o La que se avecina.

-El edificio no es una parte del Génesis en la que Yahvé se carga (otra vez) a un montón de gente por medio de un diluvio y por sus cojones morenos.

-El edificio no es un plagio de La residencia de los dioses, pero ambientado en Babilonia o el Antiguo Egipto, en vez de en la Galia dominada (o casi) por los romanos.

-El edificio no es un análisis semiótico-literario de La vida instrucciones de uso, de Georges Perec.

-El edificio no es una fábula distópica que sirva de respuesta a alguna pregunta que nos podamos hacer (o quizá sí).

-El edificio no es una fábula distópica que nos plantee alguna pregunta que podamos responder (o quizás también).

Qué sí es El edificio:

-Así pues, El edificio es una distopía que, si bien no plantea preguntas ni proporciona respuestas, resulta estremecedoramente plausible y hasta probable.

-El edificio es una colección de microrrelatos que, ¡oh, sorpresa!, todos juntos conforman un macrorrelato al que incluso podemos llamar novela... (Venga, sí, llamémoslo novela)

-No sólo novela: El edificio es además una novela de ciencia-ficción. Más de ficción  que de ciencia, tampoco os voy a engañar... Pero de la buena.

-El edificio es una metáfora del capitalismo, de la sociedad occidental metida en su (nuestra) torre de marfil, de cualquier civilización que en el mundo ha sido o será y que está condenada a la entropía hasta su desaparición.

(Claro que el capítulo 27 explica: "El edificio tampoco es un símbolo ni una metáfora; reducirlo a un símbolo o una metáfora sería como decir que no existe , y el edificio, si algo hace, es existir"... Pero eso es algo que, después de todo, dice el autor y qué va a saber él de este libro).

-El edificio es, por tanto, un drama apocalíptico que representa y resume toda la entropía a la que está abocada nuestra época.

-El edificio es, también, una comedia apocalíptica que representa y resume toda la entropía a la que está abocada nuestra época.

-El edificio es una novela condenadamente divertida, a pesar de haber sido escrita por todo un Excelentísimo e Ilustrísimo señor profesor de Literatura de la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa (si en castellano suena serio e importante, imaginaos en portugués).

-El edificio es un libro muy bien escrito porque, bueno, en algo se tiene que notar que su autor es todo un Excelentísimo e Ilustrísimo etc., además de traductor al español de José Luís Peixoto y Hélia Correia y padre fundador, amén de reseñista master & commander del mejor blog de reseñas literarias que existe, ha existido o existirá jamás. Amén.

-El edificio es un libro delgadito (150 capítulos a una página por capítulo) que se lee en un santiamén; es decir, que por una inversión mínima en tiempo y dinero, no sólo pasaréis un rato estupendo, sino que podréis darles en tós los morros a esos amigos hipsters gafapastas y culturetas que siempre andan presumiendo de leer a escritores ex-yugoslavos raros o argentinos conocidos en su casa a la hora de comer. Pues con El edificio lo van a flipar...

-El edificio es el libro en el que se va a comentar la fama y el prestigio como escritor de Santi Pérez Isasi y que, sin duda, en un futuro quizá no muy lejano le llevar a ganar el Premio Nobel de Literatura, arrebatándoselo a veteranos farsantes como el Murakami malo o el nefasto Houellebecq, en su última oportunidad de conseguirlo. Aprovechad para leerlo ahora y partipad desde el principio en su leyenda.

Sobre la valoración: os puedo prometer y prometo (qué viejuno suena eso) que no se debe a que el autor del libro sea el padre fundador de este blog, pagador de nuestros suculentos emolumentos y un tirano que nos azota con su cinturón si no cumplimos cada uno de sus absurdos caprichos muñidor de nuestros sueños y esperanzas, además de ser un tío bien majete... es que el libro está muy bien, de verdad.


Otros libros de Santi Pérez Isasi reseñados (magníficamente, que todo hay que decirlo) en Un Libro Al Día: Ilustre Ruritania Ilustrada, Imposibles impensables

lunes, 25 de abril de 2016

Francisco Ibáñez: 13, Rue del Percebe (edición integral)

Idioma: español
Año de edición: 2016 (por entregas, desde 1961 en la revista Tío Vivo)
Valoración: imprescindible

Decía Franco, ese hombre (al menos lo decía en aquella divertida película: Espérame en el cielo) que España era un cuartel. Bien, dado su peculiar sentido de la realidad, es de suponer que él lo viera así, pero se equivocaba: España -o cualquier otro país,nación o comunidad sobre esta Tierra- si se puede equiparar con algo es con una casa de vecinos. Bien que lo sabía el gran Francisco Ibáñez (como ante lo supo el no menos grande Joaquín Xaudaró o lo sabría después, como metáfora aún más general de lo que es la vida, el celebrado Georges Perec), que a partir del 6 de marzo de  1961, o sea, en el Pleistoceno medio , más o menos, comenzó a publicar esta serie de viñetas sobre un edificio de viviendas al que, misteriosamente, le había desaparecido la fachada, por lo que podíamos contemplar lo que ocurría en su interior, situada en la ya mítica dirección de la Rue del Percebe, nº13 (¿porque "rue" y no "calle"? Ni idea...).

He puesto que 1961 era el Pleistoceno -por favor, que no se me enfaden los nacidos antes de aquel año-, pero es que en comparación con la España y la Europa de ahora mismo, lo era. Veamos, sin embargo, si esta impresión no es engañosa: en nuestra casa de vecinos tenemos, en el piso inferior -en realidad, en plena calle-, aun tipo, don Hurón, viviendo en una alcantarilla y en el local comercial, a un tendero que no se corta en de engañar a su clientela. En el piso más alto, el ático, a un artista moroso que hace lo que sea para despistara sus acreedores -dicen que inspirado en el legendario Vázquez, compañero de Ibáñez en la editorial Bruguera-; ente medias, encontramos a un ladrón compulsivo, a un sastre poco escrupuloso con los encargos que le hacen los clientes, a una señora que regenta una pensión que más bien parece un "piso-patera", un ascensor cochambroso que no funciona.... ¿qué, se va pareciendo más a la realidad española actual? (un detalle en la última viñeta, correspondiente al año 2002, el ladrón fumándose un puro, le explica a un colega de profesión: "¡Quita , quita; ni robar carteras ni gallinas!¡Ahora estoy en el consejo de Administración del banco de Mindanao, Seychelles, Tortugaria!"... no quiero imaginar si la serie hubiese seguido hasta 2016...)

Bueno, no quiero ser malvado; también hay otros inquilinos cuyas aventuras -desventuras, en realidad- tiene un cariz más tierno o más locatis, pero menos ácido: la viejecita que acoge mascotas imposibles, el veterinario que se enfrenta a casos de lo más insólitos, el científico loco empeñado en crear monstruos, aunque le salgan muy poco terroríficos, la madre que tienen que lidiar con unos niños, estos sí que auténticamente pavorosos... o el ratón que tortura al gato de las formas más imaginativas y sádicas posible... bueno vale, éstos ya de "tiernos" tienen poco.

Con motivo del 80 cumpleaños de su autor-para quien no lo sepa, el padre de Mortadelo y Filemón, Sacarino, Rompetechos, etc...- se ha editado esta maravillosa edición integral con todas las historietas de 13, Rue del Percebe. Un acierto total que los fans de esta serie, los que nos destetamos leyendo Mortadelos, Tío Vivos o DDT no podremos sino agradecer siempre. otro acierto: ene sta edición integral no hay ni preámbulos ni epílogos escritos por alguna figura más o menos conocida de las letras o el tebeo... no hace falta, está todo en las viñetas inmortales de Ibáñez. ¡Quien, por cierto, ojalá cumpla muchos más!

Nota sobre la valoración: Tal vez a algún lector de este blog le llame la atención que la valoración de este libro sea la misma que la del Ulises, por mencionar la última reseña que ha firmado un servidor (por no recordar que la de Los reconocimentos, por ejemplo se queda "sólo" en muy recomendable). La razón es doble: por un lado, como ya se sabe, la valoración de los libros es competencia exclusiva de quien firma la reseña, aunque los compañeros del blog puedan no estar de acuerdo. Y sí, a mí me parece que esta recopilación es imprescindible, tanto para quien conoce y ha leído estas historietas como para quien no las conoce aún (incluso más para éstos últimos).

En segundo lugar, aunque pueda parecer fruto del capricho, yo al menos sopeso varios aspectos antes de atribuirle una valoración u otra al libro reseñado. Uno de ellos es su excelencia literaria o falta de ella; también la importancia para la literatura que puede haber tenido o tiene aún la obra reseñada. Pero no deja de ser importante también la vivencia personal, subjetiva, que tenemos los reseñistas -o tengo yo- con el libro reseñado. de hecho, eso es lo que hace que las valoraciones de este blog no pretendan ser un "canon" inamovible, sino propuestas de lectura, incluso consejos de amigos, creo yo... Y según este último criterio, no puedo considerar a esa recopilación sino como imprescindible.

Otros títulos de Francisco Ibáñez reseñados en Un Libro Al Día: Chapeau el Esmirriau, El antídoto

miércoles, 8 de enero de 2020

Seth: Ventiladores Clyde

Idioma original: inglés
Título original: Clyde Fans
Año de publicación: 2019
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: recomendable

Leo esta última novela gráfica de Seth (nom de plume del canadiense Gregory Gallant) con el recuerdo aún fresco, pero más bien tibio, de su primera obra, La vida es buena si no te rindes, publicada originalmente entre 1993 y 1996. Sin embargo, pese a los veintitrés años transcurridos entre aquel libro y este Ventiladores Clyde, pienso que ambos podían haber sido escritos y dibujados de forma consecutiva, porque el estilo característico de Seth no ha cambiado sustancialmente: viñetas a tres tintas -negro, gris y un azul grisáceo... además del blanco, claro-, muchas de ellas sin diálogo, digamos "ambientales" -panoramas de calles, edificios, parques...-; detenimiento casi morboso en los detalles, sobre todo en objetos vintage, de los años 30, 40 ó 50 del siglo XX: bibelots, fotos, carteles...; recreación de zonas del Viejo Toronto y otras ciudades de Ontario... En realidad, como explica el autor en el epílogo, hay una razón para esta apariencia de continuidad: Ventiladores Clyde debía ser su segundo libro, pues lo comenzó justo después de terminar el primero; sólo que éste ha tardado más de veinte años en acabarlo. Eso también explica cierta evolución del dibujo dentro de la misma obra: de los trazos más finos y detallados del comienzo a otros más gruesos y de aire algo descuidado, pero también más resolutivos, del final.

Los personajes protagonistas guardan asimismo una cierta semejanza  con el de aquella otra novela:  son también individuos tristes, un poco o un bastante misántropos, o simplemente poco adaptados al trato con sus semejantes; aunque en este caso no se trata (por fortuna, creo yo) de otro dibujante de cómics, trasunto del propio Seth, sino de dos hermanos, Abe y Simon Matchcard, que han llevado durante años -y también a la ruina-, la empresa fundada por su padre, Ventiladores Clyde. Hay diferencias entre ellos, no obstante: mientras Abraham o Abe se ha visto obligado a ser más sociable debido a su trabajo de comercial para la empresa y ha llevado una existencia más o menos "normal" -viajes, matrimonio, múltiples aventuras con mujeres-, Simon es mucho más misántropo, o tal vez sólo víctima de una timidez enfermiza, por no decir patológica... La mayor parte de su vida, frustrado su intento de seguir los pasos de su hermano, los ha pasado encerrado en el edificio donde vive, y también está la oficina de la empresa de ventiladores, sin apenas contacto con el resto del mundo, cuidando de su madre y coleccionando unas postales humorísticas, de moda varias décadas atrás. la relación entre ambos hermanos, entre la dependencia y el rencor mutuo, supone, claro está, uno de los motores de la narración, quizá el principal, de hecho. pero también están la relación de Simon con su madre y el resquemor de Abe hacia su padre, que abandonó a la familia sin dar explicaciones. Los lazos familiares, por tanto, sus obligaciones y agravios, son el gran tema del libro, pero también las relaciones humanas en general -amorosas, comerciales- y la falta de ellas: la soledad, que causa un tormento indecible en quien la sufre, incluso cuando la ha elegido de forma, en apariencia, voluntaria. La necesidad que tenemos del prójimo, pero también de alejarnos de él. El fracaso y la entropía como destino inevitable de la existencia humana, así como de las ciudades y paisajes, de los tiempos... de todo lo que parece entrañable y acogedor.



He mencionado el edificio en el que están las oficinas de la empresa y también la vivienda de Simon y su madre -y luego, de Abe-, porque además, en verdad resulta ser casi un personaje más de la narración. o sin casi: detenido en el tiempo, laberíntico, incluso algo claustrofóbico... los dos hermanos deambulan por él sin cesar, de habitaciones a pasillos, de sótanos a la oficina, de la coina al almacén de material, desgranando sus historias y la de su familia. Incluso los objetos que se acumulan en la casa tienen no poca relevancia: a modo casi de una novela del Nouveau Roman o de Georges Perec, nos encontramos -en un libro de historietas ya de por sí bastante tocho y algo agotador- con, por ejemplo, cinco páginas repletas de pequeñas viñetas donde se detallan todos los objetos que se encontraban en el tocador y el resto del cuarto de la madre de los dos hermanos. U otra, ocupada por un catálogo de todos los modelos de ventilador que vendía la firma. En fin, cosas de ese tipo...

Por acabar: si alguien ha leído la reseña que escribí de la primera obra de Seth, La vida... etc., se habrá dado cuenta del cambio en mi tono, no sólo en la valoración. la causa es que si la otra novela gráfica me pareció algo interesante, sí, pero sobre todo una muestra máss de ese onanismo narrativo que constituye en el peor (y más frecuente, por desgracia) de los casos la llamada "autoficción", ventiladores Clyde, en cambio, resulta una novela madura y profunda , absorvente (ya digo que incluso un poco agotadora), y cuya historia y personajes, sin duda, merecerían una mayor repercusión si se tratara de una novela "tradicional" que hubiese salido de la pluma de un Franzen o un Richard Ford o cualquiera de los novelistas norteamericanos actuales más señeros.

Y antes de que lo olvide, el libro en sí, un volumen tocho, como he comentado antes, está esplendidamente editado, e inserto dentro de una curiosa "caja-faja" que, pese a mi aversión (compartida por muchos lectores y libreros, me consta) hacia esos adminículos deleznables al servicio de la autopromociónmás cutre, en este caso aporta un embalaje apropiado al tamaño del libro y de un buen gusto divertido y sorprendente. A cada cual, lo suyo.

Otras obras de este autor reseñadas en Un Libro Al Día: La vida es buena si no te rindes

martes, 29 de abril de 2014

Georges Perec: Las cosas

Idioma original: francés
Título original: Les choses. Une histoire des années soixante.
Año de publicación: 1965
Traducción: Josep Escué
Valoración: recomendable

Pocas veces me he sentido tan desarmado ante la perfección de la sinopsis que figura en la contratapa de un  libro como en esta ocasión. Pues la descripción de la obra de la edición de Anagrama que he leído es tan precisa que casi me disuade de intentar aportar nada.
Y no era cuestión de plagiarla descaradamente. Pero sí que me quedo con una palabra: distanciamiento.
Que es lo que me desarma un poco a la hora de otorgarle una mayor valoración. Aunque el aspecto ligeramente enajenado del escritor y la cita final de Karl Marx (colofón que viene a ser la punzada final reveladora y corroboradora de sus intenciones) contarían con mis simpatías, he de decir que he encontrado Las cosas una novela más simbólica por su valor social que por el literario. De hecho, lo mismo me sucedió cuando (no descarto que en momentos poco adecuados para ello) auténticos iconos de la literatura, como El extranjero de Camus o El túnel de Sabato, me dejaron tirando a tibio.
Fundamentalmente Las cosas es un duro alegato contra la sociedad de consumo. La ya existente en los 60, léase la segunda e intraducida (¿por qué?)  frase de su título original. Si el pobre Perec, fallecido prematuramente a los 44 años, hubiera asistido a estos tiempos, no sé que le habría pasado al hombre. Cuestión que viene representada por las constantes menciones (listas, relaciones casi grotescas) a objetos de todo tipo, desde muebles de venta en los anticuarios de las calles parisinas hasta caro calzado a medida de venta en selectos locales de calles londinenses. Esa avidez, reiterada, insistente, gravita sobre la existencia de Sylvie  y Jérôme, joven pareja residente en París, rodeada de cosas en un pequeño apartamento, ambos dedicados a encuestas en el mundo de la publicidad, ambos trabajadores con trabajos precarios, pero deslumbrados por todo lo que les rodea, obsesionados por la riqueza. El ansia de la posesión, de la escalada social, de su representación en tenencia de propiedades, condiciona y guía su existencia. Ni mención a su relación personal, no hay sexo, no hay otro proyecto que el avance económico como estilete del avance social. Algo que ha calado en mí: ¿qué hacen cuando progresan?.Venden sus libros.
¿Qué hace que no me haya parecido merecedora de una valoración superior? Primero, que me hubiera gustado que Perec fuera más radical en su planteamiento. Que mostrara facetas más duras de esa condición a la que el mundo entero ha abocado a mucha gente. Que hubiera, más que resignación, sufrimiento. A pesar de su rencor subliminal, el escritor muestra a una pareja que avanza a pesar de todo. Que se mantiene, que se muda de país, que subsiste.
Después, cincuenta años más tarde, que son cincuenta años en que esta tuerca capitalista ha sido apretada unas cuantas vueltas más, críticas tan lúcidas pero más abiertas y más desgarradas han tomado su testigo. Respeto para lo seminal, sí, claro, pero, como lector y como parte de esta sociedad tan cuajada de defectos, hubiera agradecido más contundencia. La sutileza, hoy en día, no juega a nuestro favor.

Por último, una anécdota significativa: hace unos días leí una interesante lista donde 100 escritores en español relacionaban sus 10 obras universales de referencia. Chocante que el único escritor que acaparaba la lista íntegra de uno de los encuestados (Alejandro Zambra) era Perec.

También de Georges Perec en UnLibroAlDía: El gabinete de un aficionado, La vida, instrucciones de uso, Me acuerdo, Lo infraordinario
Más sobre Perec, en la entrada sobre OuLiPo

lunes, 23 de mayo de 2016

Reseña + Entrevista. Patricio Pron: No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: muy recomendable para iniciados, bastante recomendable para público general


Como escribí en mi primera reseña de Pron, mi primer impulso de acercamiento a este escritor argentino surgió de las frecuentes menciones a Bolaño relacionadas con su obra. No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (en adelante, NDTL) es, o al menos esto ha apreciado por encima de todo el que esto escribe, un homenaje en toda regla al escritor chileno. Lo cual no ha de constituir una recriminación en modo alguno. Que novelas brillantes como ésta le tomen como referencia o inspiración solamente es un acto de justicia. 
La estructura de carrusel de testimonios de su parte central, la temática centroeuropea, el jugueteo con escritores reales e inventados, con personajes de otras novelas, la mención fugaz a aviones que escriben textos. Puntos que remiten a todo el universo contextual del chileno, pero que aportan indicios de que Patricio Pron ya anda edificando el suyo.

Pron, por eso, ha sido muy inteligente para crear ese armazón y decorarlo según su propio criterio, y ahí ya luce su propia personalidad. Un escritor inquieto, prolífico, esencia de esa multiculturalidad signo de los tiempos, escritor de títulos largos y ambiciones anchas al que, quizás, pero a esto me ayuda algo conocer su dinamismo y su profusión en las redes sociales, solo podría achacarse cierta tendencia a ese concepto endogámico del escritor para escritores, con lo que Pron restringe (saldré de dudas preguntándole) su público potencial. No sé si ello es deliberado, por eso, porque ya sabemos los tiempos en que estamos, con todo el mundo relacionado con lo editorial mirando por encima del hombro, no por superioridad, sino para copiar al vecino, colega, competidor, incluso en opiniones, en expresiones, en tonos.

El viejo recurso de la II Guerra Mundial: Pron sitúa a sus personajes en un hipotético Congreso de Escritores Fascistas Europeos que va a celebrarse en una pequeña ciudad italiana. Problema 1: estamos en la primavera del 45, y las cosas no parecen acabar de pintar bien para los partidarios del Eje. De hecho, las montañas y los bosques que rodean la ciudad son un hervidero de brigadistas y partisanos que, atentos a los movimientos del conflicto, empiezan a tomarse la justicia por su mano. Sea porque saben que van a hacerse con el poder, sea porque van a perderlo. Problema 2.: Luca Borrello, uno de los más insignes congresistas, aparece muerto al fondo de un barranco. 
En torno a este misterio no central, y desplazándose adelante y atrás y hacia los lados, Pron, teje una trama oscura donde asistimos a tres momentos (representados por las tres generaciones de varones apellidados Linden) de la historia europea: 1945, 1978 y la actualidad. Como sugiriendo que solo las ideologías coherentes y arraigadas pueden superar la barrera del tiempo, y como insinuando que las heridas tardan más en cicatrizar, si lo hacen, cuando son interiores, Pron nos lleva desde las disquisiciones sobre la coherencia del fascismo y de su hermano bastardo, el futurismo, (representados por aquellos que ya temblaban como un flan ante el advenimiento de un tiempo en que la gente no les reiría las gracias, sino que se fijaría, y mucho, en las desgracias que habían organizado) hasta el desestructurado presente. Y los escritores parecen argumentar, ahora que le ven las orejas al lobo, que todo lo suyo era una mera teoría que ha sido malinterpretada, y se entregan al perverso juego del equívoco y a lo que sea con tal de salvar un pellejo; aunque allí con ellos haya miembros de las SS y escritores alemanes con su imperioso poder organizativo. Y viendo desmoronarse su perversa utopía quieren argumentar, los escritores querrán desmarcarse, ellos no son los que llevan la pistola al cinto, todo se ha ido de las manos, los extremos se tocan, hemos sido tergiversados.

Pron alterna escenas memorables con algún interludio con exceso de carga teorizante. Quien aprecie ese espíritu aguerrido, el de huir del típico esquema de misterios que se van resolviendo, disfrutará enormemente. Lectores de otro perfil no tan bregado puede que le recriminen esos cabos sueltos dejados de forma premeditada. Eso sí, Pron es un autor cuyos movimientos tienen, siempre, una justificación.

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Y Pron es un autor que aceptó responder algunas de nuestras inquisitorias cuestiones. Sobre esta novela, sobre su obra, y sobre cualquier cosa. Lo hizo justo ayer, y aquí lo tenéis, ya.


El escritor que  respondía cuestionarios sólo mientras veía partidos de fútbol

Foto: Lisbeth Salas

¿Qué obras o autores sirvieron de influencia para la escritura de la novela?

Algunos libros se escriben con un puñado de referencias, cinco o seis autores y obras que le sirven de tradición y de marco; pero hay otros libros que, por su carácter “total”, sólo pueden ser escritos bajo la influencia de cientos, verdaderamente cientos de libros y autores, también los que hemos olvidado pero han moldeado nuestra sensibilidad y nuestra forma de ver la literatura. En “No derrames tus lágrimas […]” está la literatura futurista, por supuesto, pero también Ezra Pound, Jorge Luis Borges, Thomas Bernhard, Roberto Bolaño, Georges Perec, Julien Gracq, Marcel Duchamp, Felix Philipp Ingold. Kurt Vonnegut, Jr… Muchos, realmente muchos autores y libros: casi todos los que he leído, de una manera o de otra.


¿Cree que los libros sobre escritores (tipo "Prohibido entrar sin pantalones") son un subgénero de moda?


No, no lo creo. Más bien creo que existe la necesidad en algunos autores (y en sus lectores) de escribir y leer libros que expliquen, de ser posible, la traición a la agrafía y a la comodidad en la que incurre quien, por una razón u otra, y contra todo sentido común, decide escribir. Queremos estar allí cuando lo hace, queremos saber por qué y cómo lo hace y por qué un día deja de hacerlo, y los “libros sobre escritores” narran precisamente eso.


¿Por qué pone siempre títulos tan largos?


Al comienzo, como un gesto de rebeldía ante la obra de Ricardo Piglia, que ejerció una influencia muy importante en mí como lector y tiene títulos breves o brevísimos; al final, por la incapacidad de escribir títulos más breves.


La obra de Borrello es un ejercicio de desaparición del autor y de la literatura ¿Cree que la literatura está destinada a desaparecer?


Bueno, creo que la literatura (al menos como negocio) está haciendo unos méritos notables para desaparecer. Sin embargo, también creo que una de sus funciones principales, que podríamos denominar “función narrativa”, es parte ineludible de la esencia del ser humano y no desaparecerá, lo que no significa que vaya a permanecer en la literatura y no a mudarse a otro medio, posiblemente audiovisual. Luca Borrello lo intuye, creo, y su historia es la de quien, habiendo perdido la literatura, la recupera y luego se pierde y la pierde.


Vd, es una persona muy activa en redes sociales. Nosotros, un blog sobre literatura. ¿Cómo vamos a apañárnoslas para trascender en medios tan potentes en el día a día, pero tan volubles en el futuro? ¿Ve estos canales, en algún momento, como independientes del hecho o no de la publicación?


No creo que ninguno de nosotros pueda apañárselas de ninguna manera para trascender: de hecho, me parece evidente que todos estamos condenados al olvido, a trazar una raya en el agua y que ésta se disuelva a nuestro paso. No tiene siquiera sentido pensar en estas cosas.


Vd. forma parte de ese movimiento global de escritores que desarrollan carreras lejos de sus lugares de nacimiento ¿Se ve estableciéndose de nuevo en su país?


¿En cuál de todos ellos? (En realidad, yo siempre estoy en “mi país”, dondequiera que esté.)


Pregunta trampa (por lo panorámica) Si no sabe lo que es un informe DAFO, se lo explico. Se usa en management para valorar Debilidades Amenazas Fortalezas y Oportunidades. ¿Se ve capaz de improvisar un informe DAFO de la literatura actual?


No estoy seguro de ser o haber sido capaz, pero creo haber improvisado ese informe en un libro publicado hace dos años y que se titula (nuevamente los títulos largos) El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (Turner, 2014).



Para concluir, una segunda pregunta-trampa. Hágase esa pregunta que le gustaría que le hicieran en una entrevista perfecta. Aquella cuya respuesta lleva preparando interiormente años. Y ya que estamos, respóndala.

A menudo (mejor dicho, en todas las entrevistas) echo de menos que me pregunten “¿Por qué?”. Es decir, por qué en relación a todo y a todos. La respuesta, inevitablemente, sería o es (y aquí no soy nada imaginativo, lo siento) “¿Por qué no?”.

Y se quedó sin mencionar la intercambiabilidad.

www.patriciopron.com

https://twitter.com/Patricio_Pron

www.elboomeran.com/blog/539/blog-de-patricio-pron

domingo, 12 de enero de 2014

Italo Calvino: Seis propuestas para el próximo milenio

Idioma original: italiano

Título original: Six Memos for the Next Millennium (traducción al italiano: Lezioni americane: Sei proposte per il prossimo millennio)

Año de redacción: 1985

Valoración: Muy recomendable

Esta ensalada de idiomas puede resultar un tanto confusa, así que empezaré por explicar cómo se gestó el texto.

En 1984, este escritor recibió, por parte de la Universidad de Harvard, el encargo de elaborar y dictar un ciclo de seis conferencias, que integrarían el contenido de la prestigiosa cátedra Charles Eliot Norton Poetry Lectures –ocupada anteriormente por mentes tan prestigiosas como T. S. Eliot, Octavio Paz o Borges– durante el curso académico siguiente. El tema, que se deja a la elección de los ponentes, apuntaba a los valores literarios que debían obtener prioridad en un futuro. En opinión del autor estos valores eran tantos como ocho –e incluso había titulado la octava conferencia–, como bien explica su esposa en el prólogo. En el verano de 1985 había escrito cinco de ellas –en su versión italiana, aunque pensaba traducirlas al inglés–, y compuesto el título en este último idioma ya desde un principio. Se llamaron Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad y Multiplicidad; la sexta hubiera sido Consistencia. Aunque no podemos estar seguros de cual hubiera sido la versión definitiva, se supone que las modificaciones habrían afectado en todo caso a la estructura y el contenido se habría mantenido prácticamente inalterable. Calvino murió de un ictus cerebral en septiembre, pocos días antes de la fecha prevista para su viaje a E.E.U.U.

Los cinco capítulos en que se divide el libro resultante se caracterizan por una gran erudición –y, consecuentemente, cierto hermetismo–, por manifestar la insaciable curiosidad que presidió la vida su autor, por la elección de un puñado de obras significativas y de párrafos en que apoyar su discurso y proceder por acumulación antes que por adición de argumentos.

También resulta ser una constante de este libro considerar el opuesto de cada uno de los rasgos mencionados como una cualidad igualmente válida. En el apartado Levedad, por ejemplo, el peso no es reprobable: 
“… así como no podríamos admirar la levedad del lenguaje si no supiéramos admirar también el lenguaje dotado de peso”

Pero a él personalmente esa especie de estado gaseoso, de materia flotante en la escritura, tanto en forma como en contenido, le ha liberado del tiránico peso de la historia. La mitología le sirve, en este caso, de ejemplo para expresar lo que quiere decir, pero también la etérea condición de la informática y, cómo no, Milan Kundera. Adjudica a poetas y filósofos esa levedad del pensamiento que concreta en lo móvil, lo espiritual y lo luminoso, en las imágenes flotantes y etéreas que ha proporcionado la literatura.

En el apartado de la rapidez que, según reconoce, abunda en su propia obra más que su contraria, cita fábulas y antiguas leyendas, a Galileo, a Borges, o se refiere al relato oral, textos todos que, en solo unas cuantas frases, pueden condensar toda una vida. Las tramas que van, directas como un rayo, al desenlace, son rápidas, las que admiten digresiones, como suele suceder en las novelas, constituyen ejemplos de lentitud. Las virtudes de la exactitud en literatura resultan obvias para todo el mundo. En este caso, el opuesto, salvo en poesía –ejemplificada aquí por Leopardi–, no tiene demasiado que ofrecer. Calvino clama contra la imprecisión, el lenguaje rutinario y plano, plagado de vocablos todo-terreno que parecía haberse adueñado de los textos más recientes de la época. La visibilidad es una cualidad de lo fantástico que necesita de la imaginación para materializarse. Las dos funciones de esta, ampliar nuestros conocimientos e indagar en el campo de las posibilidades, se complementan entre sí. Pero hoy día acumulamos demasiadas imágenes, y lo peor es que están fabricadas de antemano impidiéndonos la posibilidad de asociarlas libremente a no ser que empecemos a educar nuestra propia facultad de crearlas. La multiplicidad del artefacto literario sirve para reflejar la complejidad del mundo y mostrar la totalidad del saber humano estableciendo con orden y exactitud las relaciones entre los diferentes elementos según el modo que tiene cada autor de concebirlas. Esa es la aspiración de la novela que el siglo XXI debería recoger y que se propusieron explícitamente tanto Georges Perec en La vida instrucciones de uso como el propio autor en Si una noche de invierno un viajero y El castillo de los destinos cruzados.

Por supuesto, no es esta una obra que vaya a gustar a todo el mundo, pero a mí me ha parecido una delicia sumirme en ese conjunto de ideas dispersas, reflexiones, fragmentos literarios, frases cargadas de poesía, especulaciones y divagaciones que dibujan para el lector de hoy la más que definida personalidad de Italo Calvino.

Del mismo autor: Aquí