sábado, 6 de julio de 2019

Semana de la arquitectura y el urbanismo #6: La casa, crónica de una conquista, de Daniel Torres


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable

Concebido inicialmente como un proyecto por entregas, La Casa. Crónica de una conquista se publicó finalmente como un apabullante volumen –por tamaño, extensión y ambición- que reflexiona a través de la narración gráfica sobre los tres mil años de relación que los seres humanos llevamos con la vivienda, con el lugar donde moramos (del latín morari, detenerse). La ¡casa! que en los juegos infantiles es refugio seguro,  la casa que se nos cae encima, la que jamás hay que empezar por el tejado, el lugar que es idea y que nos retrata e identifica; esa es la esencia que recorre las casi seiscientas páginas de este libro. O, resumido en un interrogante, ¿de dónde nos viene el concepto del hogar?

Estructurado en 26 capítulos, que arrancan a las orillas del río Jordan 1.200 años AC para concluir con una hipótesis de lo que nos puede deparar el futuro más inmediato, este concienzudo trabajo del dibujante Daniel Torres (Teresa de Cofrentes, Valencia, 1958) reflexiona sobre uno de los ámbitos, actividades y espacios más personales y universales de la condición humana, la vivienda, y lo hace poniendo a las propias personas –comunes, anónimas, vulgares- en el centro de interés, como protagonistas. En el libro se habla por supuesto de arquitectos y de materiales, de escuelas y de modas, de planos y de escalas, pero hay un par de axiomas que subyacen, poderosos y tremendos: Hasta hace poco más de un siglo, la inmensa mayoría de la Humanidad ha vivido en condiciones deplorables, terroríficas y, hoy en día, al menos una tercera parte de ésta habita en chabolas o infraviviendas. Y uno más; la vivienda siempre ha sido un bien escaso y, por tanto, caro. La mano de obra es abundante y, en consecuencia, corta su retribución. Ley de hierro, tan duro como el que sale de la fundición.

El proyecto requirió seis años de elaboración para ser entregado a imprenta, la mitad para documentación, estructuración y diseño y otro tanto para plasmarlo sobre el papel. El dibujo de Daniel Torres es muy ilustrativo y meticuloso, fotográfico, con abundancia de detalles y una composición muy cuidada, con una paleta de colores sosegada, con predominio de tonos pastel y protagonismo del ocre y del siena, una elección que refuerza la intencionalidad profunda del relato, encajado en una estructura narrativa clásica, con secuencias que arrancan en un gran plano general para dirigir al lector hacia el menudeo de la narración. La información gráfica y textual está dispuesta con esmero, muy ordenada, y su colocación en las páginas evita que la profusión de datos y detalles se haga farragosa. Este es un trabajo amplio y minucioso, pero no academicista ni de tesis, porque su objetivo es divulgativo. Formalmente resulta un buen ejemplo de ese tipo de cómic que hace ya casi medio siglo se denominó línea clara –en contraposición a  la línea chunga- y que tuvo en el Tintín de Hergé a uno de sus referentes ineludibles.


Si bien los primeros capítulos se desarrollan a orillas del Mediterráneo, a partir del siglo IX los ejemplos que se abordan se centran en la Europa Occidental y a partir del XIX en los Estados Unidos. Los argumentos tratados son tan variados como sugerentes. Desde la aparición en el siglo XIII de los planos sobre papel, que confirió a la arquitectura la condición de transportable, a la importancia de factores como los cañones o las ratas en la configuración de las urbes o de objetos como las llaves, la iluminación o los desagües fueron modelando las casas como un decorado para la vida, reflejando mentalidades, necesidades y apariencias. Posteriormente, la acumulación de bienes se hizo símbolo inexcusable de bienestar; enseres, novedades indispensables, exotismos, lujos, sorpresas ingeniosas, fruslerías, regalos… La aparición de nuevas fuentes de energía llenó las casas de máquinas hasta transformar la vivienda en un mecanismo, eficiente, serializado, impersonal. Quizás aquí se le puede plantear un pero al libro, al focalizar el relato en lo que supuesta o convencionalmente retrata las épocas, en qué se considera digno de atención y qué no, dejando de lado vastísimas realidades. Aunque eso es lo que ocurre inevitablemente cuando hay que tomar decisiones sobre cómo aprovechar el (siempre) limitado espacio a nuestra disposición.

 

7 comentarios:

Juan G. B. dijo...

Hola, compañero:
Gran pinta la del libro que reseñas hoy. Habrá que buscarlo, a ver qué tal...
Curiosamente, hay otro libro de la misma época, también de un célebre dibujante valenciano, Paco Roca y también titulado "La casa", aunque menos extenso y que trata sobre las relaciones familiares, articuladas en torno a una casa o caseta de fin de semana. Muy recomendable, también.
Un saludo y no paséis mucha calor!

carlos ciprés dijo...

Hola Juan, pues me pongo la pila y lo buscaré. Ya sabes, de casa a casa y tiro por que me toca, o algo así...

Carlos Andia dijo...

Estupenda reseña, y muy apetecibles las imágenes, aun para los que no somos demasiado aficionados a este tipo de libros ilustrados. O como se llamen correctamente, quiero decir.

Saludos, compañero.

carlos ciprés dijo...

Hola compañero. Llamémosles cómics y así todos nos entendemos. Abrazo veraniego.

Unknown dijo...

Hola.

Quisiera que visitaras mi libro en amazon, es una historia muy envolvente, necesito el dinero pero antes de andar pidiendo estoy promoviendo mi producto en los diferentes blog.

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- Karina

Sir Robin dijo...

Buena e imprescindible reseña para la semana de la Arquitectura: por tema, y por género (cómic o novela gráfica). El libro es un trabajo muy bueno y como apuntas monumental. El de Paco Roca, a pesar del título, tiene otro argumento no vinculado tanto al tema que ocupa la reseña. Salud

carlos ciprés dijo...

Gracias por la precisión y por el comentario.