Mostrando las entradas para la consulta Martin Amis ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Martin Amis ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

martes, 11 de octubre de 2011

Martin Amis: La flecha del tiempo

Idioma original: inglés
Título original: Time's Arrow: or the nature of the offence
Año de publicación: 1991
Valoración: recomendable

Contar la vida de una persona en orden inverso, es decir, empezando por la vejez y terminando por la infancia, no es lo más original del mundo (ya lo hizo, de modo algo diferente, Alejo Carpentier en "Viaje a la semilla") pero tiene su interés, por la originalidad y por el reto que supone mantener la intriga y construir una histora coherente y que mantenga el interés. En este caso, Martin Amis crea, para este fin, una especie de "segunda consciencia" que nace en el interior de una persona en el momento de su muerte, y la acompaña, sin poder intervenir en los acontecimientos, a medida que esa persona se vuelve más joven.

Por supuesto que Martin Amis es un gran novelista, y consigue sacarle buen partido a esta estructura narrativa peculiar, sobre todo afilándola por el lado cómico: la segunda-consciencia de Tod T. Friendly no comprende, por ejemplo, por qué las mujeres primero discuten violentamente con él, luego se lo follan y finalmente se vuelven cada vez más distantes hasta hacer como que no le conocen. Las primeras páginas, en las que el lector y el narrador tienen que habituarse juntos a este "tiempo inverso" son las más entretenidas desde este punto de vista.

Pero el orden inverso también sirve a otro fin: toda la novela, y toda la personalidad de Tod T. Friendly, se basan en un secreto, un trauma de juventud que lo acompaña y que (como su vida se cuenta al revés) solo se descubrirá al final de la obra. Lo que pasa es que, para mí, esa gran revelación final fue un bluff, una decepción en toda regla, por tópica y manida. No voy a destriparla, claro, pero no es lo que uno espera de todo un Martin Amis.

En fin, que La flecha del tiempo es una novela original, con momentos divertidos y otros duros, pero en absoluto una obra maestra. Su autor ha tenido momentos mejores...

También de Martin Amis en ULAD: Aquí

sábado, 23 de enero de 2010

Martin Amis: El segundo avión

Idioma original: inglés
Título original: The Second Plane
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable

Hay temas sobre los que cualquier cosa que se escriba, va a ser polémica: si gusta a unos, no va a gustar a otros; así que ponerse a escribir sobre ellos es un acto de compromiso con uno mismo y con la necesidad de pensar y disentir públicamente. En este caso, Martin Amis, uno de los escritores más reconocidos y polémicos de Gran Bretaña, se atreve con uno de estos temas: la relación entre Occidente y el mundo islámico después de los atentados del 11-S.

Y lo cierto es que, en mi opinión, casi todo lo que dice Martin Amis en este libro es razonable: denuncia el islamismo radical y el terrorismo internacional; ataca a la administración Bush y, en menor medida, a Tony Blair por organizar una guerra sobre premisas falsas y sin tener muy claro cómo querían acabarla; ataca también a los intelectuales europeos que, queriendo huir del imperialismo yanqui, terminan apoyando -implícita o explícitamente- a grupos fundamentalistas violentos.

En fin, todo muy moderado y muy meditado, diría yo; muy lejos de otras declaraciones anteriores (no incluidas en el libro), que parece imposible que sean del mismo autor, en las que llegó a decir que "La comunidad musulmana debe sufrir hasta que ponga su casa en orden. ¿Qué tipo de sufrimiento? Impedirles viajar. Deportación -o algo más". El que estas declaraciones nacieran de la indignación por un atentado terrorista frustrado no las disculpa, son desde luego incomprensibles e injustificables, y más en un intelectual que se dice de izquierdas como Amis.

Desde el punto de vista literario, lo mejor del libro son los dos relatos que incluye: "En el Palacio del Fin" y "Los últimos días de Mohamed Atta"; sobre todo el primero, sobre la vida de los dobles de Sadam Hussein, que, salvando las distancias, recuerda a relatos de Borges, de Kafka, o al Palacio de los sueños de Kadaré.

En fin, El segundo avión no pasará a la historia como un monumento del pensamiento occidental; ni siquiera como una joya literaria, aunque esté, como era de esperar, muy bien escrito. Pero es un libro valiente y comprometido, y aunque no siempre estemos de acuerdo con lo que Amis dice, conviene recordar que tiene todo el derecho a decirlo.

También de Martin Amis en ULAD: Aquí

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Martin Amis: Campos de Londres

Idioma original: inglés
Título original: London Fields
Año de publicación: 1989
Valoración: Muy recomendable

Para mi gusto, una de las mayores virtudes que puede tener un novelista es la ironía: una cierta distancia ética y estética con respecto a sus personajes, que evite la idealización y la sensiblería excesiva. Incluso, un punto de crueldad nunca está de más. Ejemplos: Cervantes, Flaubert, Nabokov... Pero lo de Martin Amis ya casi me parece demasiado: no es que sea un poco cruel con sus personajes: es que es un cabrón con ellos, sin excepción.

London Fields me llegó recomendado por un amigo con el que suelo coincidir en gustos. "De entre los escritores actuales, los británicos están entre los mejores; de entre los escritores británicos, el que más me gusta es Martin Amis; y de entre las novelas de Amis, London Fields es la mejor", me dijo, aunque quizás no con esas palabras. Yo me leí antes otra novela de Amis, Perro Callejero (Yellow Dog en el original), y no me gustó, así que ataqué Campos de Londres con ganas, pero con algo de escepticismo, y después de leerla comprendí por qué está considerada como la mejor novela de su autor, y una de las mejores que se han escrito en los últimos 25 años.

Inicialmente, Campos de Londres se plantea como una novela policiaca: hay un asesino: Keith Talent, un pícaro sin escrúpulos de clase baja; una asesinada -que no víctima-: la seductora y manipuladora Nicola Six; un cebo humano que sirve de contrapunto a los otros dos: el aristocrático e ingenuo Guy Clinch; y un narrador, Sam Young, escritor fracasado y moribundo, que casi por accidente se ve involucrado en la trama y decide aprovecharse de ella como material para su siguiente obra. Pero los códigos de la novela policiaca se subvierten muy pronto: en primer lugar, porque el crimen todavía no se ha cometido, y la novela trata de su preparación, no de su investigación; y en segundo lugar porque quien mueve los hilos de la trama no es el asesino, sino la asesinada, Nicola Six, un personaje de astucia y habilidad casi sobrenaturales, que ha decidido morir el día de su 35.º cumpleaños.

Campos de Londres es una novela dura, triste y agobiante (entre otras cosas, porque se sitúa al borde del pánico del cambio de Milenio y de una posible hecatombe planetaria que los personajes llaman "La Crisis"). No hay personaje bueno: Keith es un ladronzuelo, un caradura y un maltratador; Nicola es cruel, fría e insensible; el propio narrador es egoísta, inseguro y poco fiable; el único por el que cabe sentir cierta pena es Guy: ignorado por su mujer Hope, mutilado y maltratado constantemente por su hiperactivo hijo Marmaduke, seducido y engañado por Nicola de la manera más dolorosa posible (literalmente: la técnica fundamental consiste en provocarle constantes erecciones insatisfechas durante 300 páginas)... pero su credulidad extrema y su falta de nervio hacen que resulte tan desagradable como los demás.

Desde luego, Campos de Londres merece la pena. No es una lectura fácil, ni siempre agradable, pero es una novela intensa, poderosa y muy bien construida, con un final levemente decepcionante para mi gusto, pero un desarrollo de la trama y de los personajes verdaderamente magistral.

Otras obras de Martin Amis en ULAD: Aquí

domingo, 26 de abril de 2015

Martin Amis: La invasión de los marcianitos


Idioma original: inglés
Título original: Invasion of the Space Invaders
Año de publicación: 1982
Traducción: Ramón de España
Valoración: proustianamente recomendable

¿Y por qué Martin Amis casi impide que este libro se publique, repudiándolo al poco de escribirlo? ¿Será que le avergüenza reconocer un vicio de juventud? ¿Será que considera que un ensayo de hace treinta años desmerecerá su producción novelística posterior? ¿Ha vuelto a incorporar imágenes como las entrañables capturas de pantalla que decoran este ensayo, acercándolo, de paso, a la ingente masa que se asusta ante las series de páginas llenas de letras? Uh. Misterios insondables que pueden tener que ver con los inexplicables egos de ciertos escritores o, quizás, el terror de que una carrera literaria seria quedara estigmatizada por un artefacto curioso como es este.
Porque, claro, quien busque al Amis cronista del exceso politóxico de su (para mí) irregular Dinero aquí no va a  encontrar nada de eso. La tonalidad es casi tardoadolescente, porque Amis no se contenta con declarar su adicción, sino que la corrobora con una segunda parte que es una apoteosis de reseñas de juegos (apta para nostálgicos de los Arcade), y la remata con un colofón en el que se permite transcribir, enteras, las líneas de programación de los juegos, lo cual tiene su guasa. Pues no compramos algunos, en los tardíos 80, revistitas desde las cuales copiábamos instrucción tras instrucción, para programar cacharros cuya memoria de funcionamiento es la diezmilésima parte de la que cabe en la memoria USB más modesta.
Porque, por si hay dudas, este es Amis en modo ensayista/fanático/adicto a los videojuegos de primera generación: a esos de pantallas casi casi monocromo que se apoderaron de los bares y las salas de recreativos, allá por los años 80. Rendido a los pies de sus creadores, absolutamente.
Que ello no reste validez a la prosa ligeramente guasona de sus magníficas sesenta páginas iniciales, ni esa sensación a la vez añeja y entrañable de esas pantallas reproducidas por doquier. Qué hubiera escrito Amis de nuestros smartphones repletos de aplicaciones sofisticadas o de esta exquisita locura de la comunicación que es internet. 
Aunque he de reconocer que, en lo personal, en lo íntimo, La invasión de los marcianitos me ha cautivado. Esa descripción del uso de la tecla bomba en el Defender, cuando la pantalla se te llenaba de bichos amenazadores, esa impagable sensación de estar allí, en un bar de una esquina, saltándose una clase del instituto, ensimismado en una apasionante partida que se había extendido más allá de la hora del almuerzo. La mano agarrada al joystick, el índice tembloroso para no dejar de disparar ni un instante. La magdalena, la magdalena.

También de Martin Amis en UnLibroAlDía: Aquí

lunes, 9 de septiembre de 2013

Martin Amis: La casa de los encuentros

Idioma original: inglés
Título original: House of meetings
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

Así, poco a poco, sin darnos cuenta, resulta que Martin Amis se va convirtiendo en uno de esos autores totem de este blog: con este ya son seis los libros que hemos reseñado de este autor británico, uno de los más relevantes y polémicos de su generación. Los anteriores fueron Dinero, La flecha del tiempo, El libro de Rachel, El segundo avión y Campos de Londres, con valoraciones en general positivas que van del "está bien" al "Muy recomendable". Ningún "Imprescindible", per una media bastante alta en cualquier caso.

La casa de los encuentros, escrita durante un exilio voluntario de tres años a Uruguay, se trata de una novela dura, oscura, cruel; pero no una crueldad juguetona o provocadora como la de American Psycho o las películas de Tarantino, sino una crueldad profunda, implacable y misantrópica (también misogínica, pero solo porque las mujeres forman parte del género humano). No hay resquicios para la piedad, para el amor o para la esperanza: si los personajes protagonistas representan hasta cierto punto a todo los mortales, entonces según Martin Amis estamos destinados a la soledad, la incomprensión y la derrota (una impresión semejante dejaba, también, Campos de Londres).

La casa de los encuentros es la historia de un triángulo amoroso con el trasfondo terrible de la URSS Stalinista: dos hermanos, el narrador y su hermano pequeño Lev, comparten una fascinación fatífica y paralela por una misma mujer, la seductora Zoya, que parece arrastrar su propia maldición a cuestas. Será Lev quien consiga finalmente casarse con ella, y será por tanto a Lev a quien Zoya visite en la sórdida "casa de los encuentros", construida junto al campo de internamiento al que los hermanos son condenados como traidores al comunismo. Algo sucederá en esa noche de reencuentro amoroso entre Lev y su mujer, que marcará el futuro de los tres personajes irremediablemente.

Y sin embargo, es aquí donde flojea un tanto la novela: la trama romántica palidece en comparación con la reconstrucción histórica sobre la que se asienta, y la revelación final sobre lo que sucedió en la "fatídica noche", como tantas veces sucede, no está a la altura de las expectativas creadas en las cien páginas precedentes. Si el narrador (el novelista) hubiera contado lo que sucedió esa noche cien páginas antes, sin darle tanta relevancia, el conjunto quizás habría quedado más equilibrado.

Porque en los demás aspectos, esta es sin duda una novela brillante: la reconstrucción de las condiciones de vida del gulag (esta es sin duda una novela bien documentada) y el modo en que los personajes las encaran, unidos al impactante estilo directo e imaginativo de Amis, construyen un texto que resulta difícil dejar de ler. Un texto duro, oscuro y cruel, como decía antes, pero también brillante en su estilo y consistente en su reconstrucción de una época y unas circunstancias terribles.

También de Martin Amis en ULAD: Aquí

martes, 22 de agosto de 2023

Martin Amis: Visitando a Mrs. Nabokov


Idioma original: inglés

Título original: Visiting Mrs. Nabokov and Other Excursions

Traducción: Benito Gómez Ibáñez

Año de publicación: 1993

Valoración: muy recomendable

Pues seguimos con la revisión de la obra de escritores desaparecidos recientemente. Respecto a Martin Amis, quizás en un entorno británico tendría sentido el hablar del contexto de ser un escritor como hijo de Kingsley Amis, otra celebridad de la vida cultural, pero de eso nos hemos librado y hemos podido valorar la obra en su medida. Mi experiencia con él no pudo ser más desigual: una de sus obras más celebradas, Dinero, me dejó, hace una década, bastante frío, o quizás sea que por la época yo ya andaba bastante refractario a esa corriente literaria encabezada por Easton Ellis dedicada a los anti-héroes que actúan a consecuencia de sus adicciones. Luego me entusiasmó La zona de interés y su especie de ensayo/estudio sobre los videojuegos me dejó algo descolocado.

He de agradecer a Begoña Gómez Urzaiz, inquieta y chispeante redactora del suplemento Cultura/s que, en su página de lectura obligatoria sobre miscelánea cultural, lejos del engolamiento que a veces atenaza a cierta crítica, mencionara este libro y lo calificase como muy entretenido o algo parecido, valoración que puede parecer ligera o directamente frívola, pero curiosamente exacta. Quizás el fin de la literatura no haya de ser entretener, pero vamos a ponernos de acuerdo, que es agosto y en el hemisferio norte hace calor, que no siempre grandes obras mantienen  tu atención a según qué temperaturas y este Visitando a Mrs. Nabokov lo ha conseguido. Y a pesar de mi relativo escepticismo hacia lo excesivamente british, he de decir que esta es una curiosa cualidad del libro. Amis recibe encargos de entrevistas (a veces se auto-propone) o de escribir artículos sobre temas concretos. Y un poco a lo DFW, se toma el encargo a pecho desde el punto de vista técnico - es decir, los artículos o las entrevistas hablan sobre el tema o el personaje propuesto - pero lo hace a su manera. Con un espíritu irónico y ligeramente gamberro - sin pasarse que no es Irvine Welsh - ejecuta el encargo, pero para nada usa un esquema periodístico - exhaustividad, rigor, objetividad - y todo pasa por un tamiz que alcanza elevadas cuotas de legibilidad y, ya que estamos, bordea lo genial en algunos casos (el artículo dedicado a Madonna) en que se hace una crónica de una entrevista no consumada y se acaba aportando más que a través de las respuestas de una entrevista real. Claro que surgen temas que hoy han quedado algo obsoletos - alguna crítica de cine, alguna glosa de personajes ya caducos - Reagan - o propios del submundo cultural anglosajón (como si fuera eso un ámbito restringido), pero en fin, a quien se esmere por hacerse con un ejemplar de este extraño libro (una reedición sería sumamente oportuna) la cosa le va a resultar bastante gratificante, pues Amis, en su guisa de cronista o crítico o periodista o lo que le dé por ser en estos artículos, resultaba siempre brillante, ácido, punzante en un sentido que, a tenor lo que logra transmitir, lo hacen (lo hacían) parecer único.


Todos los libros de Martin Amis reseñados en ULAD: aquí

jueves, 19 de mayo de 2016

Martin Amis: La zona de interés

Idioma original: inglés
Título original: The zone of interest
Año de publicación: 2015
Traducción: Jesús Zulaika
Valoración: muy recomendable


Unas decenas de páginas antes del final de esta novela Amis nos regala una escena particularmente inquietante. Un oficial nazi tiene una idea tras comprobar que un soldado inglés, al que están torturando para que desvele quien está tras unos sabotajes, se está mostrando particularmente tenaz en su resistencia al suplicio. El oficial envía a que busquen entre las prisioneras a una "Sara guapa", con el, suponemos, cruel objetivo de ablandar al torturado apelando a su empatía ante el dolor ajeno.

Amis detiene la escena ahí. Parece que se dé cuenta de que ya ha derramado bastantes demostraciones de crueldad y tema ya franquear la última barrera, un poco reconociendo que hasta ese momento ya ha sido bastante.

Hace algunos días, esta novela surgió en cierta conversación y había gustado "con reservas". Y hay que entender y aceptar que parte de esta valoración proceda de la premisa de que, a estas alturas, la literatura sobre "lo" nazi, sobre el holocausto, etc. es un campo mucho más que trillado, incluso que, contando con los imprescindibles testimonios de primera mano como referencia pura y absoluta, cualquier hipótesis o especulación o incluso desplazamiento del contexto de gravedad es una peligrosa incursión en terrenos colindantes con su banalización.

Así que Amis, casado con una mujer judía y, por lo tanto, autorizado de forma implícita, puede ser objeto de esa puesta en duda cuando sitúa La zona de interés en un territorio poco explorado. La óptica del criminal, el lado opuesto a la víctima. Y no solamente con un personaje: todos los personajes principales de La zona de interés son, en un grado u otro, colaboradores en la organización criminal del campo de concentración. La narración presenta a las víctimas como un colectivo en el que no se destaca a nadie. Primera apuesta arriesgada. Personajes con nombres y perfiles definidos masacrando a un colectivo que Amis nos muestra de forma casi anónima.

La historia parece un triángulo amoroso. Golo Thomsen, en la treintena, sobrino de Bormann, un líder nazi (y, por tanto, aparentemente intocable) está a cargo de las cuestiones industrialmente productivas del campo. Con una actitud glacial, selecciona entre los trenes que llegan a quienes pueden ser útiles para el trabajo. Calcula plazos, rendimientos, porcentajes. Junto a su amigo militar, Boris, emplea el tiempo libre de sus ocupaciones en sus asuntos con las mujeres. Pero se encapricha de alguien equivocado. Es Hannah Doll, joven esposa de Paul Doll, comandante del campo con el que tiene dos hijas. Curioso que éste, el personaje más odioso, sea a la vez el más fiel a sus perversos principios. Paul Doll es el arquetipo de la crueldad más absoluta, pero siempre podemos prever que actuará conforme a esa condición. Por miedo a que su posición se debilite, por miedo al ridículo, por traición o por venganza, es, en lo personal y en lo público, una alimaña capaz (y en esto entorno este concepto da escalofríos) de todas las bajezas, sin mostrar sentimiento ni empatía. En el polo opuesto, Szmul, sonderkommando, colaborador con fecha de caducidad que va saliendo adelante en una mezcla inquietante de instinto de supervivencia y sentido de la oportunidad. Personajes, muchos de ellos, difíciles de olvidar, y situaciones, muchas de las descritas, que se impregnan a la memoria. 

Así que la novela de Amis es útil en esa finalidad de la rememoración constante. Dicen, algunos de sus editores habituales rechazaron publicar esta novela por su crudeza. No puedo negar que hay pasajes, como el que menciono al principio, en que el lector sensible habrá de parar, incómodo, turbado, casi molesto, a valorar cómo es posible que eso sucediera hace solo siete décadas. Pero esquivar el efectismo tratando de este tema es difícil. Casi imposible. Amis no lo ha buscado, pero tampoco lo ha evitado, y nos aporta un punto de vista diferente, pero no creo que su intención sea frivolizar. Esta novela es excelente, por mucho que sepamos cómo todo se desarrolló y cómo todo acabó, Amis no da respiro, y si este recurso es demasiado socorrido o simplemente ha intentado buscar polémica en la elección del registro y el planteamiento de la perspectiva tomada, no se me ocurre otra cosa que invitar a salir de dudas y recomendar mucho, muchísimo a cualquier lector, para que le dedique media docena de horas a su lectura. Dudo que nadie vaya a quedar indiferente.

También de Martin Amis en ULAD: Aquí

martes, 21 de febrero de 2017

Kingsley Amis: Cuentos completos

Idioma original: inglés
Título original: Complete Stories
Años de publicación: 2011 (como libro)
Traducción: Raquel Vicedo 
Valoración: está bien

Me temo que para muchos lectores, al menos para los no británicos, el señor Kingsley Amis, de sonarles, no pase de ser el padre de la estrella del rock'n'roll de la literatura inglesa Martin Amis (un indicio algo chusco de lo que escribo: en la entrada de la wikipedia en español correspondiente a Kingsley Amis aparecía hasta hace poco una foto... de su hijo). Confieso que también para mí era apenas poco más que eso. Y sin embargo, el bueno de Sir Kingsley se había ganado su puesto en la historia de las letras inglesas desde los años 50, como representante del movimiento conocido como los Young Angry Men, los "jóvenes airados" que protestaban contra el orden establecido en la sociedad y la literatura británicas (aunque después se volviese menos airado o incluso airado con los que se decían airados. pero eso suele pasar...). Dispuesto a enterarme de primera mano de su valía literaria, me decidía leer, en vez de alguna de sus muchas novelas, este volumen -por lo demás grueso, aunque sólo cuente con veinticuatro relatos en él- de sus Cuentos completos.

Ordenados éstos cronológicamente, según parece, encontramos aquí un poco de todo: los tres primeros se desarrollan en el mismo ambiente, el batallón del Real Cuerpo de Señales en el que sirvió Amis durante la II G. M., y casi los mismos personajes... incluso se podría componer el núcleo de una novela con ellos. Después vienen otros tres, quizás de los mejores relatos de la recopilación (Sangre en las venas, Toda la sangre que hay en mí, Querida ilusión), en los que prima la ironía y el desengaño hacia diferentes aspectos de lo que se parece constituir una cierta visión amable del mundo: el paternalismo "progre" hacia los desfavorecidos, la automitificación del pasado juvenil o el ensalzamiento papanatas de obras literarias de calidad dudosa (supongo yo que estos relatos deben corresponder a la época en la que el autor se estaba distanciando de su pasado de comunista acérrimo y deslizándose hacia una derecha desengañada).

A continuación el volumen nos ofrece otros cuentos que corresponden, en líneas generales, con relatos de ciencia-ficción, otro de los géneros que Kingsley Amis cultivó. Ahora bien, si el primero de ellos Algo extraño, que se desarrolla, en principio, en una remota estación espacial, podría ser considerado como de "ciencia-ficción clásica" (recuerda en algún momento al Solaris de Lem, los siguientes cuatro pertenecen directamente al género del cachondeo: se refieren a unos científicos que inventan una máquina del tiempo y la aprovechan para enterarse de qué va a ocurrir en el futuro con una de sus aficiones preferidas: las bebidas alcohólicas y espirituosas (ésta, la del bebercio, parece que también era una de las actividades favoritas de Amis, que incluso escribió varios libros sobre el tema). El duodécimo cuento también tiene una impronta ci-fi, pero al mismo tiempo entra dentro de otra categoría, la de los relatos "metaliterarios"; se titula Hemingway en el espacio y, como parece bastante evidente, se trata de una parodia de uno de los cuentos africanos del autor norteamericano, pero que se desarrolla en una cacería espacial. Bastante divertido.

Casi todo el resto de los relatos tiene también ese carácter "metaliterario "o "metahistórico". Encontramos desde un Dr. Watson que se dedica a resolver un misterio por su cuenta -y a su peculiar manera- o las aventuras de un agente literario secuestrado por razones misteriosas. E incluso un "metacuento", ¿Quién o qué era?, que se basa en una novela fantástica del propio Amis, El hombre verde. La sección "metahistórica" se ve representada por un relato en modo guionizado sobre la famosa carga de la Brigada Ligera en Balaclava y una ucronía sobre el comienzo -y en cierto modo , el fin- de la II Guerra Mundial, bastante conseguida. Aún así, el interés de todos estos cuentos, pese a estar escritos con la eficacia y pulcritud propias de este autor, es bastante relativo, al menos para el lector no anglófono y sin demasiados conocimientos sobre la historia y literatura británicas... Por ejemplo: ¿realmente es tan intrigante El secreto del Señor Barrett, sobre el padre de la poetisa Elizabeth Browning (y suegro de Robert, por tanto)? Pues para mí no, la verdad (aunque sólo soy un inculto dago...).

Entre este segundo bloque que constituye la mitad de los cuentos, también hay entreverados, cuatro relatos que no tienen este carácter "meta-lo que sea": La casa del promontorio y Boris y el coronel, del género de espionaje  (parece que Amis estuvo involucrado, de una forma u otra, con la creación de las novelas de James Bond), aunque resueltas de forma harto diferente. La vida de Mason resulta ser un sugerente cuento onírico. Y, por último, Un tirón del hilo -tal vez el relato más ambicioso de todos- versa, a partir de la figura de un pastor anglicano que descubre que tiene un hermano gemelo, sobre el libre albedrío, la fe religiosa e incluso el espejismo que puede suponer -o no- la convicción en un destino humano.

Por acabar ya: un libro de relatos escritos con gran corrección, ironía y hasta brillantez en algunas ocasiones, pero a los que, en su mayoría, les falta ese toque, esa vuelta de tuerca (y no me refiero a la consabida sorpresa final o algo parecido), que convierten un cuento interesante en uno bueno o uno bueno en excelente. También es cierto que Kingsley Amis, según reconoce él mismo en el epílogo, destacaba más como novelista que como cuentista: la de la novela era su "distancia".  En fin, pues habrá que leer alguna, a ver qué tal...

lunes, 16 de febrero de 2015

Colaboración: Perro callejero de Martin Amis

Idioma original: inglés
Título original: Yellow Dog 
Año de publicación: 2003
Valoración: Recomendable

Reconozco que estos relatos de historias paralelas que se acaban entrelazando no me atraen mucho. Quizá sea que uno es un poco corto, y me cuesta seguir el hilo de cosas heterogéneas. Pero en el caso de Amis, el montaje y la dosificación de los diferentes argumentos me ha parecido excepcional, todo un puzzle organizado con maestría.

La novela pone en conexión entre otros a un tipo pendenciero de los bajos fondos, un periodista de la prensa amarilla (o directamente, basura) y la mismísima familia real inglesa (supuesta, claro), en una historia que discurre entre la sordidez y la casualidad.

El argumento, inicialmente simple, se va enredando según vamos conociendo más datos, y sirve de marco para dibujar personajes y entornos, casi siempre de forma implícita, y con un estilo moderno y fresco que no rehúye lo escabroso, pero que tampoco se deja caer de forma gratuita en la ordinariez –algo que no todos evitan, y no miro a nadie.

Tampoco falta la ironía, a veces casi imperceptible, que generalmente se deriva de la distancia que el autor mantiene respecto a sus personajes: no tenemos la impresión de que alguien nos cuenta lo que les ocurre, sino que nos los coloca ahí para que podamos examinarlos, les deja hablar en primera persona y asistimos a sus avatares con una mezcla de humor y curiosidad. El humor, por cierto, que es transversal a todo el relato, con personajes que se llaman Russia o Queenie encabezando una disparatada nómina. ¿Les despoja así Amis de su condición de individuos socialmente creíbles para reducirlos a personajes de una farsa? Quizá.

Entre medias, podemos disfrutar de momentos memorables, a veces una página o sólo una frase, una descripción genial o una ocurrencia, destellos que aportan a veces altura, a veces color, pero muestran en todo caso que el autor es un tipo con talento.

Y una última nota en relación con la estructura. Dada la dispersión de historias, corre uno el riesgo de perderse algo al principio (sobre todo, si se lee en pequeñas dosis), pero como el relato está bien construido, nos vamos haciendo progresivamente con los resortes, y el conjunto no tarda en empezar a funcionar. En el último tramo, el ritmo se acelera y la exposición adquiere un aire cinematográfico, precipitándose hacia un final realmente sorprendente.

En suma, un trabajo bien hecho, que se lee con agrado, y de bastante más nivel de lo que esperaba de esa difusa hornada de la literatura británica en la que, Kureishi aparte, tampoco hemos encontrado nada demasiado emocionante.

También de Martin Amis en ULAD: Aquí

Firmado: Carlos Andia

domingo, 27 de marzo de 2011

Martin Amis: El libro de Rachel


Título original: The Rachel Papers
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1973
Valoración: Está bien

No siempre es una buena idea embarcarse en la ópera prima de un autor por mucha calidad que éste haya adquirido con el tiempo. Aunque, prejuicios aparte, la relación entre los inicios y la obra madura varía mucho de unos a otros. A veces, pocas, el autor al comienzo de su carrera produce su gran obra magna, dice de una vez todo lo que quería decir y los libros que suceden a ése no son más que meros epígonos. El libro de Rachel se sitúa entre ambos extremos. Nos encontramos, efectivamente, ante una novela de aprendizaje que además relata un episodio juvenil, de iniciación. Pero no por ello deja de estar bien escrita, perfectamente construida, con personajes creíbles y una trama coherente que mantiene el interés hasta el final. No será de las mejores de su autor pero está claramente por encima de muchas genialidades que luego resultan no serlo tanto.

Se trata de una historia de amor/desamor y una aceptable indagación sobre distintos tipos de relaciones humanas narrada con pulso firme, lo que implica una visión muy clara de cómo evolucionarán los personajes evitando irregularidades y desequilibrios. No falta, sin embargo, la dosis de sorpresa imprescindible para que la lectura resulte amena al lector. Aunque, en este caso, es fácil caer en la trampa y confundir autor y protagonista y aunque la inclusión de elementos autobiográficos es clara, Amis consigue construir una personalidad convincente. Sin disimular la simpatía que le inspira el personaje principal, es capaz de poner de manifiesto sin piedad sus puntos oscuros que, aunque justificados por el propio personaje en la mayor parte de sus páginas, se ponen en evidencia contundentemente al final.

Charles, el adolescente pretendidamente mundano que cree estar de vuelta de todo a base de mucho sarcasmo, agudas observaciones y bastante esfuerzo intelectual, pertenece a un tipo literario que se mantuvo durante mucho tiempo, que continuaba vigente por entonces pero que, hace tiempo, acabó pasando a la historia. Por sus ojos, conocemos a una Rachel idealizada, de la que no sabe gran cosa y, aunque piensa constantemente en ella y escribe para calmar su obsesión, pasarán muchas páginas hasta que logremos conocerla. Las dudas sobre la identidad de Rachel y sobre el destino de la relación entre ambos mantienen la intriga y ocupan gran parte de la trama. El hecho de que ella tenga ya novio y éste sea un individuo maduro y situado socialmente parece colocarle en clara desventaja, lo que se intuye claramente es que se trata de una relación con fecha de caducidad, si es que empieza, y que será la chica quien le ponga fin. Cuando más tarde se da un giro a la trama, nuestra intuición se desvanece. Mientras tanto, las otras relaciones – de pareja, paterno-filiales o fraternales – se van desarrollando a su ritmo con sus altibajos, sus pequeñas catástrofes, concesiones y pantomimas.

Esperaba un final más inseguro pero el Amis primerizo no se limita a cortar en cualquier punto con la excusa de los finales abiertos, al contrario: descubriendo la gran fatuidad de Charles y los pequeños fraudes que la sostienen así como la auténtica personalidad de su cuñado, logra cerrarla realmente y hacerlo con naturalidad y coherencia.

También de Martin Amis en ULAD: Aquí

lunes, 27 de agosto de 2012

Martin Amis : Dinero

Título original: Money. A suicide note.
Idioma original: Inglés
Fecha de publicación: 1984
Valoración: está bien

¿Podría ser que ciertos detalles de un libro formen parte de una especie de mensaje subliminal, para ayudar a la trama?.
Dinero (ignoro el motivo por el que Anagrama suprimió la frase adicional del título, supongo que difícil de traducir en su doble sentido) es un libro, hasta su página 250, por lo menos, muy confuso. Tan confuso como la nube etílica en que vive constantemente el protagonista. Puede que ese sea un recurso literario. Extensión temporal, disipación mental y desorientación absoluta. Largas páginas de viajes en avión y estancias en hoteles. De periplos por burdeles, clubes de strippers y bares de todos los pelajes, casi siempre el protagonista solo. De desorganizadas cenas con actores y actrices de segunda fila, de reuniones de continuo descontrol: bebiendo, retozando, fumando.  Curioso, no mucho sexo, y apenas algunas drogas.Gastando, porque ahí está la cuestión. Todo funciona, mientras el camarero no vuelva con la tarjeta hecha pedazos, porque no tiene fondos. Todo ese panorama alcanza al lector, contagia de una manera engañosa: con una sorprendentemente efectiva y variada prosa, con lo cual uno disfruta frase tras frase y párrafo tras párrafo, pero con una no tan agradable sensación de que aquello no acaba de avanzar. Sí, el tipo despilfarra a espuertas. Sí, el tipo bebe hasta el agua de las macetas. Sí: sobre la página 150, o así (cuando otros muchos buenos libros ya lo han dicho todo), entonces vienes a enterarte que ese John Self que protagoniza la historia es productor, o director, o guionista, y que tanta vicisitud se enmarca en el proceso de planificación de una película). Bukowski, Easton Ellis, Welsh, o Joseph Roth: todos han estado o ahí, en esa especie de bitácora del vicio y el descontrol donde dudas, muy a menudo, si algo pasó ayer o anteayer o si no pasó en realidad. Ni siquiera todos lo han hecho escribiendo tan bien como Amis. Tampoco acabo de entender su intención, pues, cerca del final (otras 50 páginas que parecen entrar en bucle), empiezo a atisbar algún conato de moraleja, que encontraría algo absurdo.Veinte páginas cualquiera de este libro constituyen un relato corto perfecto y ejemplar. Pero casi cuatrocientas.
Ah, el recurso literario. Tienes una botella de whisky aceptable. Si lo tomas de un trompazo acabarás por los suelos. A cortos vasos la cosa funciona mejor: entra bien. Pero la botella dura demasiado. No deberías tomarlo, pero tienes ganas, ya, de probar otra botella. Te excedes, con las prisas, y acabas con una cierta resaca.

También de Amis en ULAD: Aquí


lunes, 27 de junio de 2016

Bruce Chatwin: Colina Negra

Idioma original: inglés
Título original: On the Black Hill
Año de publicación: 1982
Traducción: Eduardo Goligorsky
Valoración: Imprescindible


Creo que está claro que Bruce Chatwin fue uno de los mejores escritores británicos de su generación. Y no hablamos de una cualquiera, sino de la llamada "generación Granta", nacidos en la posguerra de la II G. M., que eclosionó en los años 80: los Martin Amis, Salman Rushdie, Julian Barnes, Graham Swift, Hanif Kureishi y demás luminarias de las letras contemporáneas. Cierto que a Chatwin no se le encuadra, a veces, junto con esta generación de escritores, quizás porque era algo mayor, nacido durante la guerra, y además empezó a publicar en los 70 (aunque también Amis o Rushdie). Pero sospecho que la razón principal es que a Chatwin se le suele considerar como un "escritor de viajes"... incluso como EL escritor de viajes, o al menos, quien revitalizó el género en su época. Lo que no deja de ser curioso, ya que en su no demasiado larga producción literaria tan sólo hay dos libros de ese género -que, de hecho, el consideraba como "novelas de viajes", amén, eso sí, de los muchos que aparecen en sus recopilaciones de artículos. Sin embargo, escribió tres novelas, e incluso dos de ellas, bastante "estáticas", por decirlo así: los protagonistas apenas se mueven de los lugares en donde han nacido (también es verdad que la primera que escribió, la tensa y ambiciosa El virrey de Ouidah es todo lo contrario: narra la vida y andanzas de un inquieto traficante de esclavos brasileño, en dos continentes diferentes).

La acción de Colina Negra, en cambio, apenas se mueve de una granja y sus alrededores en las Blacks Hills, las montañas que trazan la frontera entre Inglaterra y Gales. En  realidad, no es una granja, sino dos -La Visión y La Roca-, puesto que, como señala la que fuera editora de Chatwin, Susannah Clapp todo en esta novela es dual: hay dos granjas, dos países -Inglaterra y Gales-, dos sendas, dos religiones, el trasfondo de dos guerras... y, sobre todo, lo que cuenta es la vida de dos hermanos, mellizos además: Lewis y Benjamin Jones, que viven juntos casi toda su vida, casi pegados como siameses o como un matrimonio indisoluble e incestuoso. Chatwin les acompaña en toda su andadura, desde antes incluso de su gestación por parte de la sensible aunque tenaz- huérfana de un reverendo y un colérico campesino galés, hasta sus últimos días, muchos, muchísimos años después. Entre medias, el devenir  de unas vidas en las que no sucede -casi- nada extraordinario... o quizás lo que ocurre es que -casi- todo lo es. Unas vidas que transcurren en un ambiente y entre unos personajes que nos resultan eviternos, alrededor de los cuales, fuera de la Colina Negra, va sucediendo eso que llamamos Historia, algo que parece no filtrarse a la granja de los hermanos Jones o a su vecina La Roca. pero cuando lo hace, es de una forma abrupta y turbadora.

Dependencia, sexualidad, aislamiento, soledad, descubrimiento, maravilla, rivalidad, serenidad... todo las experiencias que viven los gemelos las narra Chatwin con su asombrosa prosa cincelada en frío, precisa pero elusiva, capaz de evocar un recuerdo, descubrir un ambiente o relatar una existencia entera en un corto párrafo. No puedo dejar de señalar, además, que este escritor se inscribe plenamente en la "tradición" de las letras británicas de hacer un uso exhaustivo y deslumbrante de los elementos botánicos y climatológicos; una tradición observable tanto en, por supuesto, Thomas Hardy como en David Nobbs, sin ir más lejos... tradición gloriosa, en su aparente modestia, añado.

Sin duda, una novela excepcional y, me atrevo a decir, ya todo un clásico de la literatura inglesa. No esperan más para leerla, se lo aconsejo (eso sí, la portada es horrenda, lo sé; mucho más adecuada es la de la edición que yo tengo, con una hermosa foto campestre de Henri Cartier-Bresson, pero no he podido encontrarla con cierta calidad en la Red ... Sorry!)

Otros libros de Bruce Chatwin reseñados en Un Libro Al Día: Utz, Los trazos de la canción

sábado, 27 de julio de 2013

Bret Easton Ellis: Menos que cero

Idioma de publicación: inglés
Título original: Less than zero
Año de publicación: 1985
Traducción: Mariano Antolín Rato
Valoración: seguramente en 1985, "muy recomendable", en 2013, dejémoslo en "está bien"

Lo que tiene lo contemporáneo: ciertos libros envejecen tan rápido como ciertos peinados, ciertos modelos de gafas de sol, ciertas gabardinas con hombreras ilustradas a la Warhol. Y los autores, claro. De la foto de mocoso rebelde y la sucinta biografía (no había más que decir, claro) del autor, seguramente Easton Ellis haya tenido que acabar admitiendo ante el público que seguir el ritmo de vida de sus personajes le hubiera llevado a la tumba. Menos que cero (llamada así por una canción de Elvis Costello, gracias Tuli Márquez por recordármelo inconsciente y casualmente esta mañana)  no ha envejecido bien: de hecho esos tiempos que describe ya no nos resultan ajenos solo por su lejanía temporal, apenas unas décadas, sino por su lejanía social. Es como ver series como Gossip Girl. Nada que ver con lo que nos rodea. Y aunque aún haya fiestas desmadradas y droga y jovenzuelos, todo el conjunto ya no da tanto el pego.
Ocurre que Easton Ellis tuvo la oportunidad de abanderar una generación con libros como este y, sobre todo, con American Psycho, su celebérrima segunda novela. Obras de un componente visual muy marcado, obras de un escritor acunado por la cultura del cine y el video clip, a la vez que declaraciones de principios de un estilo de vida marcado por el éxito desbordante y desmesurado, su correspondiente saturación, y la interpretación de esta saturación. Los Palahniuk, Leavitt, puede que hasta Welsh...
Las primeras páginas me resultan destacadas por dos detalles: una mención incrustada (sin demasiada justificación, supongo que para aportar coartada culta) de Mientras agonizo, obra de referencia de Faulkner, y esa sensación constante de ir y venir deslabazado del protagonista, que me recuerda (salvando muchísimo las distancias, por favor) a una especie de reverso de Holden Caufield, aunque también le reconozco, por ejemplo, en el John Self de Dinero de Martin Amis (libro de la misma época) . El problema es que ese itinerario de excesos nos resulta demasiado familiar y hoy nos cansa a las primeras de cambio. Tanto descontrol, ya se sabe. Se ve llegar el trastazo.
Ah, el argumento. Pues un estudiante de unos veinte años que pasa unos días en casa, gastándose un dineral (de su acaudalada familia) básicamente en cocaína, y viéndose con su círculo de amigos, todos de sus mismas aspiraciones. En medio, oyen música y van a conciertos y a bares y conducen coches carísimos. No es que siempre se enteren de que lo hacen. Parece.
El libro tarda mucho en estructurarse, en generar una escueta trama y, también como Dinero, parece convertir de ese flash continuo de situaciones excesivas (fiestas, droga, despilfarro) su hilo argumental. Lo que ya no alcanzo a comprender es si Easton Ellis usa esa dispersión como recurso narrativo o la cosa simplemente surgió así. El caso es que el desvarío y el exceso se nos antoja hoy bastante ajeno, algo impropio. A saber si esos tiempos y esas costumbres se repetirán, pero no lo parece. La trama solo se define algo hacia el final, un clásico final en espiral donde, de repente, se empotran un par de escenitas de snuff-movie que no alcanzan a aportar cohesión, que no llegan a conformar Menos que cero como esa novela generacional que, parece, en su día alguien se empeñó en reivindicar. De ahi a especular si los encendidos elogios en su momento están justificados o si Easton Ellis es sólo una pieza más en una cadena que ampararía cierto tipo de escritores del desmadre (Bukowsky, Welsh, Thompson, Selby) que se confunden con sus personajes... pues me limitaré a eso, a opinar que el tiempo le ha pasado una elevada factura.

También de Bret Easton Ellis en ULAD:  Suites Imperiales, American Psycho


sábado, 17 de octubre de 2009

Vasili Grossman: Vida y destino

Idioma original: ruso
Título original:
Жизнь и судьба
Año de redacción: 1959
Valoración: está bien > recomendable > muy recomendable

Escrita en 1959, pero nunca publicada en vida del autor (que murió en 1964), Vida y destino sufrió el destino de tantas obras prohibidas por motivos políticos durante el siglo XX: el manuscrito fue confiscado, al igual que las copias mecanografiadas existentes, y su autor fue igualmente reducido al ostracismo -aunque no detenido ni juzgado-. En 1980 se publicó una primera edición de la obra en ruso, fuera de la Unión Soviética; en 1988 la obra por fin pudo publicarse en Rusia. En español, existen dos traducciones: una realizada a partir del francés, publicada en 1985, y otra más reciente, de 2007, traducida esta vez desde el ruso y publicada por el Círculo de Lectores, con una notable acogida de crítica y público. Desde sus primeras ediciones, se ha convertido en un tópico comparar Vida y Destino con Guerra y Paz (Martin Amis por ejemplo llama a Grossman "el Tolstoi de la URSS" en La casa de los encuentros).

Vida y destino narra -entre muchísimas otras cosas- los destinos de los distintos miembros de la Sháposhnikov, con la Batalla de Stalingrado como trasfondo épico (aunque el autor se encarga de desbaratar toda posible épica de la guerra). Un problema con el que se encuentra el lector cuando empieza la novela -algo que pasa en muchísimas novelas rusas- es que hay demasiados personajes -a los que encima se refieren con nombres distintos: nombre, apellidos, apelativo cariñoso... Hay tantos personajes, y el foco cambia tan rápidamente de una ubicación a otra (un campo de trabajo en Rusia; el frente de Stalingrado; la retaguardia; un campo de concentración nazi...) que resulta imposible seguirles la pista a todos, y para la página 100 uno tiene que aceptar la idea de no saber quiénes son exactamente esas personas a las que les pasan cosas. Durante las siguientes 200 o 300 páginas, la confusión se mantiene. Después, a base de repeticiones, algunos nombres comienzan a fijarse en la memoria, y las historias familiares (las del comunista Krimov, el coronel Novikov, el científico Shtrum) adquieren claridad y fuerza.

Por este motivo, entre otros, Vida y destino es una novela que mejora a medida que avanzan las páginas. Implacable con su retrato de la bajeza moral de los mandamases soviéticos (no extraña que la novela fuera secuestrada por la KGB) y de la brutalidad de toda guerra, la narración gana patetismo a medida que avanza, y las historias de represión, injusticia, abuso de poder, hipocresía y fanatismo van haciéndose cada vez más opresivas y densas. Cuando se vuelve la última de las 1100 páginas del libro, se tiene la clara impresión de haber asistido a algo muy grande (y no me refiero sólo al tamaño).

También de Vasili Grossman en ULAD: Todo fluye

miércoles, 10 de abril de 2019

Jay McInerney: Luces de Neón


Idioma original: inglés
Título original: Bright Lights Big City
Año de publicación: 1984
Valoración: recomendable

No recordaba lo poco atractivo que me resulta el uso de la segunda persona en la ficción hasta que empecé a leer esta novela, primera de su autor, treinta años atrás que parecen una eternidad. Pero aunque nos parezca más cercana cierta narrativa de los años 60, quién puede asegurar que los excesos de finales de los 80 no vayan a regresar si nuestras sociedades no empiezan a actuar como si los aprendizajes de la crisis actual (la que vino para quedarse) no sirvieran de nada.
Porque Luces de neón es una novela de excesos, y habría que emparentarla con cierta oleada de obras y autores de su época en el uso del estereotipo del triunfador vacío y desolado, su ascenso y previsible caída. McInerney se alinearía junto a Easton-Ellis, Coupland (que los bautizó en Generación X), incluso alguna obra de Martin Amis, en el empleo de ese perfil.
Y la segunda persona a la que aludo no deja de ser paradigmática: no sabemos el nombre del protagonista de esta novela. El narrador parece advertirle, recriminarle, aleccionarle sobre todas las barbaridades y el narrador podría ser el propio protagonista ante un espejo mirándose a los ojos y recreándose en la desgracia y en lo bajo que uno puede caer. Y claro, las ciudades, aquí Nueva York, como ejemplos perversos de la soledad entre la multitud, del anonimato entre las caras conocidas.
La historia: nuestro hombre trabaja en una revista encargándose de verificar que los datos que se incluyen en los artículos son veraces y rigurosos. Es una revista de enorme prestigio y tirada y ningún error puede ser tolerada pues tiene millones de lectores. Pero nuestro nombre ha sido abandonado por su esposa, modelo (irónico que él fuese quien la empujara a esa profesión y ahora lo deje colgado quedándose en París), y a él, a saber si por la frustración de su trabajo (bien retribuido, pero él querría escribir ficción), o por cierta pérdida que se manifiesta a final de la novela, se deja llevar por lo que se llama (perdón por el tópico) una espiral de destrucción de juergas, excesos, descontrol y cocaína. Mucha cocaína. La novela parece en algún momento tener cierto tono moralizante. Nuestro protagonista se deja llevar por amistades hacia cualquier juerga que se precie en esa ciudad que nunca duerme. Disfruta de una relativa celebridad y todo el mundo le pregunta por Amanda, y él siempre tiene alguna excusa para justificar su ausencia, alguna de ellas macabra como pocas. El abuso del tren de vida le ha llevado a una curiosa situación: no sabe nada de sus amigos, de sus compañeros de trabajo, todos ellos tienen alguna especie de mote que define más su actuación profesional que su personalidad real, nuestro hombre ya solo vive para su adicción y para adentrarse en noches a las que siguen mañanas en que no sabe ni dónde ha acabado.
Todo suena un poco excesivo y puede que hasta irreal, ciertamente la novela se sustenta en ese pozo de confusión que es la adicción y ciertas escenas se antojan como poco posibles. Puede que suene un poco caduca (esto ya lo dije de Menos que cero), pero su parte central resulta una curiosa y hasta homérica crónica de un descenso, y eso hace la novela valiosa como testimonio de una época que, pero esto ya es un juicio muy personal, tampoco podemos dar por cerrada del todo.

La novela fue llevada al cine, película que protagonizó un Michael J. Fox algo inadecuado y contó con una excelente banda sonora que, curioso, omitió a los Talking Heads, único grupo que, a través de la mención de sus letras, está presente en la novela.


lunes, 29 de noviembre de 2021

Tochoweek V #1 George Eliot: Middlemarch

Idioma original: inglés

Título original: Middlemarch

Traducción: Jose Luis López Muñoz

Año de publicación: 1874 (antes, por entregas)

Valoración: Recomendable alto

Algunos de los elogios más sonoros que ha recibido Middlemarch vienen de autores sobresalientes en lengua inglesa, como Martin Amis o Virginia Woolf, si mal no recuerdo. El tocho, que ronda las mil páginas, se publicó inicialmente por entregas para editarse luego en un solo volumen, con gran aceptación popular. Todo ello bajo el seudónimo masculino de George Eliot, que esconde (pero no mucho) que su autora es Mary Ann Evans. Todo un signo de los tiempos, cuando un texto publicado por una mujer era, además de bastante insólito, garantía de fracaso editorial. Lo curioso del caso es que, más allá de la autoría nominal, cuando en el texto asoma la voz del autor –y lo hace esporádicamente pero con alguna frecuencia- en ningún momento esconde que es una mujer quien escribe.

Y como esto es todo tan larguísimo, me refugiaré en esos apartados tan socorridos que me permiten eludir un comentario más compacto:

Sinopsis

Middlemarch es una ciudad imaginaria de provincias en la que conviven distintos estratos sociales, como luego veremos. Los Brooke están en la cúspide local, aun sin exhibir títulos demasiados elevados, y entre ellos Dorothea destaca, además de por su atractivo, como joven idealista y con vocación benefactora. Se casará con un clérigo y erudito mucho mayor que ella, y esa decisión supondrá algunos problemas. El otro foco principal se encuentra en la familia del alcalde Vincy, en un escalón algo más bajo, que tiene por hijos a otra bellísima muchacha y un jovenzuelo bastante tarambana. Con todos ellos entra en contacto el médico Lydgate, recién llegado al pueblo con ambiciosas ideas para impulsar su profesión, y el banquero Bulstrode, el tipo de mercader enriquecido, a su vez dominado por una religiosidad radical.

Las distintas trayectorias de todos estos personajes (y unos cuantos más, claro) y sus interrelaciones dan lugar al esqueleto del argumento, con el que interfiere, aunque en un segundo plano, el momento histórico del país, con la sucesión de Jorge IV, los distintos proyectos reformistas o la aparición del ferrocarril.

Dentro del personaje

Quizá la cualidad más sobresaliente de la narración es la capacidad de la autora para escudriñar en el interior de cada personaje. Sin alardes de psicología ni necesidad de sumergirse en traumas o desgarros, en cada conversación –y las hay muchas- sabemos el porqué de cada gesto, de cada movimiento, el nerviosismo o la esperanza que siguen a una palabra, el recelo, la ira contenida, el agradecimiento, la perplejidad, todas las sensaciones que se experimentan en unos minutos  llegan al lector como si el cerebro o el corazón del personaje fueran transparentes, e inmediatamente los entendemos, sabemos por qué reaccionan así, qué sienten y qué desearían. Un grado de sensibilidad poco común que permite conocer a esos personajes sin necesidad de descripciones; los vemos, los oímos y sabemos lo que sienten al detalle. Más que análisis psicológico es conocer la naturaleza humana y ser capaz de transmitir esa visión.

Ironía made in England

La otra gran característica de Middlemarch es sin duda la ironía, una sorna extremadamente fina que sin duda tiene el sello british pero siempre envuelta en amabilidad (el sarcasmo más hiriente lo pone Mary Ann en boca de alguno de los personajes secundarios, como demostrando hasta dónde podría llegar su agudeza si quisiera). Mantenido a lo largo de tantas páginas, deja una sensación sumamente agradable, de discreción que no desdeña un toque divertido y que permite detectar el posicionamiento de la autora respecto de cada uno de sus personajes, siempre amable pero sin ocultar censura cuando lo considera oportuno. En todo caso, dentro del tono elegante que domina todo el texto, y con pequeñas y muy medidas invocaciones directas al lector que le dan frescura y cercanía al relato.

Un estudio de la vida de provincias

Ese es el subtítulo con que se presenta la obra. Suena algo frío y contrasta con la cercanía de la narración, pero sí que resulta descriptivo si observamos el libro como cuadro de personajes significativos de una pequeña ciudad provinciana. Sin pretender profundizar demasiado en este aspecto, queda clara la estratificación social propia de la época y el entorno: las familias nobles (una nobleza más o menos modesta) habitan fincas en los campos exteriores a la ciudad y mantienen cierta distancia con la burguesía (abogados, financieros, profesionales de distinto rango), y las líneas divisorias entre unos y otros, aunque invisibles, son muy nítidas. Hay una especie de pavor ante la posibilidad de descender en la rígida escala social, y un ansia obsesiva por buscar caminos para progresar en ella. Es en realidad el gran motor del relato, nada se mueve al margen de esta segmentación y las relaciones personales se ven condicionadas por ella. Ahí está la pugna entre el amor y los corsés sociales, una lucha que no será muy original, pero en este caso, estupendamente bien narrada.

También hay que decir que Mary Ann no toca ni con un palo las capas bajas de la sociedad, eso es cierto; pero bueno, el autor es libre para elegir sus personajes, faltaría más. Lo que sí deja ver, siempre con ironía y sutileza pero a veces con mucha claridad, es una crítica a la posición de la mujer en esa sociedad: un buen matrimonio es la meta final (y única), y en ninguna cabeza cabe que alguien se salte este principio. Bueno, en ninguna salvo, en algún caso, la de la propia interesada.

Con todo, tampoco quiero ignorar la posible opinión del lector que vea en este libro un larguísimo culebrón. No precisamente por abusar de una trama de enredos artificialmente barroca, sino sobre todo porque el relato se centra en las relaciones amorosas de varias parejas obligadas a superar dificultades de distinto tipo. Sin embargo, pienso que esto sería una lectura excesivamente superficial, porque los obstáculos a esas relaciones, lejos de ser meros trucos para estirar la historia, son el corazón mismo de la novela: sobre todo las diferencias sociales, pero también cierto convencionalismo hipócrita, los roles femeninos, la obsesión por guardar las formas o la peculiar psicología de esos personajes que la autora describe con tanto talento.

Como he comentado alguna vez a propósito de estos tochos que de vez en cuando traemos, entiendo que haya quien opte por escapar de semejantes volúmenes (hay por el contrario a quienes esto les encanta, no sé bien por qué). En este caso la magnitud es realmente apabullante, pero yo me atrevería a invitarles a internarse en ese mundo: seguro que pasadas las primeras decenas de páginas les será difícil dejarlo.

viernes, 2 de marzo de 2018

Ian McEwan: Amsterdam

Idioma original: inglés
Título original: Amsterdam
Año de publicación: 1998
Traducción: Jesús Zulaika
Valoración: entre recomendable y está bien

Esta es una de esas novelas que van causando una impresión cambiante en el lector (en este lector, al menos) conforme se va avanzando en ella y eso que cuenta con poco más de 200 páginas. La razón quizá radique en que, a priori, desconfiaba un tanto de su lectura: hasta donde yo conozco y, sobre todo, por referencias, tengo a McEwan como el eslabón más débil de la cadena formada por esa generación de escritores británicos que eclosionó en los años 70 y 80, y cuyo más eximio representante, con el permiso, por supuesto, de Martin Amis y Julian Barnes, es el recientemente nobelizado Ishiguro. Amsterdam, sin embargo, es uno de sus libros que tienen mejor prensa, así que tampoco me costó demasiado decidirme a leerlo.

Vaya por delante que McEwan escribe muy bien; a su técnica literaria no se le puede poner un pero e incluso logra, en ciertos momento, y ya que uno de los principales personajes es compositor, trasmitir las sensaciones que se supone nos provoca o nos pretende provocar la música sinfónica, algo nada fácil de expresar con palabras, en mi opinión -de hecho, sospecho que el propio autor sabe de su facilidad para ello, porque se extiende en esta tarea un poquito de más en algún momento-; así que, en un principio, la impresión fue favorable, aunque algo reticente aún...

El argumento, de la novela, sin embargo, no me parecía demasiado prometedor: comienza en la ceremonia de cremación de una crítica gastronómica de mediana edad, fallecida prematuramente y que, por lo visto se trataba de un mujer en especial seductora, donde se encuentran, amén del rencoroso marido, tres de sus antiguos o presentes amantes: un compositor musical de gran éxito, encargado de la "sinfonía del Milenio" (la novela es de finales de los noventa), el director de un periódico nacional y el ultraconservador Ministro de Asuntos Exteriores británico. Los dos primeros son, además, íntimos amigos y enseguida se revelan, y seguirán siéndolo a lo largo de toda la novela, como los auténticos protagonistas de la misma. Puesto que son todos cuarentones, es decir, cuarentones en aquellos años 90 y por tanto, hijos del llamado "baby-boom", la historia parece ir a decantarse por un tono de elegía generacional, algo que a mí en particular no sólo me repele, así de forma genérica, sino más aún cuando se trata de esa famosa y ubicua generación, a la que (he de confesar uno de mis prejuicios de los que soy más consciente y que además no pienso desestimar) tengo una especial tirria.

Por suerte, la novela enseguida parece deslizarse hacia la sátira de esa misma generación que, por lo que se cuenta, en el Reino Unido prosperó durante los años del thatcherismo al tiempo que lo criticaba de forma feroz pero del todo inicua (me refiero a músicos, periodistas... o escritores, no a los mineros que recibían porrazos, claro). Sátira que no puedo sino aplaudir y que también se extiende a la prensa y sus tejemanejes, y la política y los suyos. Si se quiere, incluso se puede tomar como una "fábula moral" acerca de la ambición y el egoísmo... Lástima que, en un cierto momento, la sátira deje paso a la más simple humorada, pero aún así, o quizá por ello (según los gustos), resulta una novelita bastante entretenida y que deja, además el regusto a literatura de cierta calidad. La impresión final es que McEwan, si se pone, es o ha sido capaz de dar bastante más de sí que esto, aunque como tentempié tampoco está mal.


Otros títulos de Ian McEwan reseñados en Un Libro Al Día: aquí

jueves, 20 de octubre de 2011

ULAD en Twitter: 1000 seguidores

A estas alturas supongo que casi todos los que nos leéis habitualmente sabréis ya que también podéis seguirnos a través de twitter y facebook (y si lo sabíais, ¿a qué esperáis?; y si no lo sabíais, ¿a qué esperáis?). Bueno, pues esta misma noche acabamos de alcanzar los 1000 seguidores en Twitter, una cifra que, como diría alguno, nos llena de orgullo y satisfacción.

¿Y qué es Twitter?, dices mientras clavas, etc. Pues Twitter es una de las herramientas digitales sociales 2.0 de la nueva era, que nos permite mantener un contacto directo con nuestros lectores y con gentes varias del mundo literario español e internacional, enterarse de novedades literarias, editoriales, culturales y de todo tipo, compartir opiniones y enlaces, y todo ello al módico precio de 140 caracteres por mensaje. Para quien nunca haya entrado, nuestra página de Twitter tiene este aspecto:


¿Y qué tipo de cosas ponemos en Twitter? Pues aparte de las reseñas diarias, que se publican automáticamente gracias a TweetFeed, comentamos nuestras lecturas más recientes; damos cuenta de las noticias de actualidad (premios, efemérides, novedades editoriales, cotilleos...); y sobre todo charlamos amigablemente de literatura con otros lectores apasionados. Esta es una selección más o menos aleatoria de algunos de nuestros twits recientes, para que os hagáis una idea:

Atrapado leyendo "La escritura o la vida" de Jorge Semprún". Diría que está a la altura de "Sin destino" de Imre Kertesz. ¿Exagero?
 Que Cardoso Pires no sea más conocido en España es un crimen.
Tenía ya escrita y programada la reseña de "Una novela china" de César Aira, y blogger se la ha tragado. Grrrrrr...
¿Alguien más en el ancho mundo usa Motigo Webstats? ¿A vosotros tampoco os funcionan desde el domingo al mediodía?
Una entrevista con el reciente Premio Nobel:
"La flecha del tiempo" de Martin Amis cuenta la vida de hombre al revés, de la vejez a la infancia. ¿Conocéis más casos parecidos?
  Gracias a vosotros por seguiros, estaremos atentos a las novedades :)
En facebook alguien menciona a Murakami. Y en verdad en verdad os digo, como le den el Premio Nobel a Murakami, me pego un tiro (en el pie).
Tengo curiosidad, ¿por quién apuesta para el Nobel de este año? :)
"Johnny cogió su fusil", "Trampa 22", "El buen soldado Sveijk"... ¿Os acordáis de más ?
Y así. ¿Y qué hay que hacer para seguirnos?, oigo que preguntan las masas. Pues en primer lugar hay que tener cuenta en Twitter. Si no, difícil. Y después, solo hay que buscarnos como @unlibroaldia y darle al botoncito que dice "Seguir". Es muy fácil. Más de 1000 personas ya lo han conseguido...

Por cierto que no podemos dejar pasar la oportunidad de decir que las chicas de Granite & Rainbow (revista a la que de alguna manera empiezo a considerar la hermana gemela de ULAD) nos han elegido como "Twitteros del mes" para su siguiente número. Y nosotros nos sentimos muy honrados y agradecidos por ello...

P.D.: ¿Ya os habéis pasado por el Premio Bitácoras 2011 para votarnos?