sábado, 27 de julio de 2013

Bret Easton Ellis: Menos que cero

Idioma de publicación: inglés
Título original: Less than zero
Año de publicación: 1985
Traducción: Mariano Antolín Rato
Valoración: seguramente en 1985, "muy recomendable", en 2013, dejémoslo en "está bien"

Lo que tiene lo contemporáneo: ciertos libros envejecen tan rápido como ciertos peinados, ciertos modelos de gafas de sol, ciertas gabardinas con hombreras ilustradas a la Warhol. Y los autores, claro. De la foto de mocoso rebelde y la sucinta biografía (no había más que decir, claro) del autor, seguramente Easton Ellis haya tenido que acabar admitiendo ante el público que seguir el ritmo de vida de sus personajes le hubiera llevado a la tumba. Menos que cero (llamada así por una canción de Elvis Costello, gracias Tuli Márquez por recordármelo inconsciente y casualmente esta mañana)  no ha envejecido bien: de hecho esos tiempos que describe ya no nos resultan ajenos solo por su lejanía temporal, apenas unas décadas, sino por su lejanía social. Es como ver series como Gossip Girl. Nada que ver con lo que nos rodea. Y aunque aún haya fiestas desmadradas y droga y jovenzuelos, todo el conjunto ya no da tanto el pego.
Ocurre que Easton Ellis tuvo la oportunidad de abanderar una generación con libros como este y, sobre todo, con American Psycho, su celebérrima segunda novela. Obras de un componente visual muy marcado, obras de un escritor acunado por la cultura del cine y el video clip, a la vez que declaraciones de principios de un estilo de vida marcado por el éxito desbordante y desmesurado, su correspondiente saturación, y la interpretación de esta saturación. Los Palahniuk, Leavitt, puede que hasta Welsh...
Las primeras páginas me resultan destacadas por dos detalles: una mención incrustada (sin demasiada justificación, supongo que para aportar coartada culta) de Mientras agonizo, obra de referencia de Faulkner, y esa sensación constante de ir y venir deslabazado del protagonista, que me recuerda (salvando muchísimo las distancias, por favor) a una especie de reverso de Holden Caufield, aunque también le reconozco, por ejemplo, en el John Self de Dinero de Martin Amis (libro de la misma época) . El problema es que ese itinerario de excesos nos resulta demasiado familiar y hoy nos cansa a las primeras de cambio. Tanto descontrol, ya se sabe. Se ve llegar el trastazo.
Ah, el argumento. Pues un estudiante de unos veinte años que pasa unos días en casa, gastándose un dineral (de su acaudalada familia) básicamente en cocaína, y viéndose con su círculo de amigos, todos de sus mismas aspiraciones. En medio, oyen música y van a conciertos y a bares y conducen coches carísimos. No es que siempre se enteren de que lo hacen. Parece.
El libro tarda mucho en estructurarse, en generar una escueta trama y, también como Dinero, parece convertir de ese flash continuo de situaciones excesivas (fiestas, droga, despilfarro) su hilo argumental. Lo que ya no alcanzo a comprender es si Easton Ellis usa esa dispersión como recurso narrativo o la cosa simplemente surgió así. El caso es que el desvarío y el exceso se nos antoja hoy bastante ajeno, algo impropio. A saber si esos tiempos y esas costumbres se repetirán, pero no lo parece. La trama solo se define algo hacia el final, un clásico final en espiral donde, de repente, se empotran un par de escenitas de snuff-movie que no alcanzan a aportar cohesión, que no llegan a conformar Menos que cero como esa novela generacional que, parece, en su día alguien se empeñó en reivindicar. De ahi a especular si los encendidos elogios en su momento están justificados o si Easton Ellis es sólo una pieza más en una cadena que ampararía cierto tipo de escritores del desmadre (Bukowsky, Welsh, Thompson, Selby) que se confunden con sus personajes... pues me limitaré a eso, a opinar que el tiempo le ha pasado una elevada factura.

También de Bret Easton Ellis en ULAD:  Suites Imperiales


5 comentarios:

Santi dijo...

Estoy de acuerdo: esta novela es muy "de su época", y ahora, lo que son las cosas, resulta hasta naïf en su intento de provocar y aturdir. La actualización que Easton Ellis intentó hacer en Suites Imperiales funciona solo a medias, y también con influencias cinematográficas evidentes. Creo que American Psycho es la novela que mejor se conservará con el paso del tiempo, quizás porque es la que menos en serio se toma a sí misma...

Francesc Bon dijo...

Gracias Santi: algo cruel ver que ciertas palabras pasan de moda, también. Lunar Par dicen que no está mal, y mi lectura de American Psycho se remonta mucho, demasiado, en el tiempo. Prácticamente solo recuerdo las escenas gore y los interludios musicales.

Al rico libro dijo...

Leí Glamourama (o cómo se escriba) y me da la sensación de que este es un poco más de lo mismo.

Francesc Bon dijo...

Creo que Easton Ellis creó un subgénero algo influyente del que él mismo no ha sabido cómo salirse, aún.
Gracias por el comentario.

Funes dijo...

Sí, queda un tanto lejano y apenas engancha leído ahora.
a su favor: deja algunas imágenes muy peliculeras (el desierto, vista nocturnas de LA desde alguna colina, casoplones de hiperlujo, el cartel "Desaparezca de aquí" - en algún anuncio inmobiliario, que al protagonista le obsesiona. Claro, ¿quién no ha sentido en algún momento de su vida la imperiosa necesidad de desaparecer?) y contagia una gran tristeza: tíos que a los 17-18 años han follado con más tías (y tíos), han bebido más, se han metido más de todo, han gastado más pasta y han conducido mejores coches que la mayoría de nosotros lo haremos en toda muestra vida. Todos tienen, sin embargo, otra cosa en común: sus familias desestructuradas, sus padres ausentes, nula implicación el protagonista nunca se refiere a sus hermanas por su nombre (sino la pequeña y la mayor), los padres o madres de sus amigos siempre están de viaje, o están con un amante o están puestos. Hay flash backs del protagonista hacia los tiempos en que eran una familia razonablemente feliz.
Ya digo: sobre todo, contagia tristeza y vacío existencial.