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jueves, 5 de febrero de 2015

Henry James: Los embajadores

Idioma original: inglés
Título original: The Ambassadors
Año de publicación: 1903
Valoración: aburrida

Habrá quien se lleve las manos a la cabeza: ¡aburrido Henry James! ¡Herejía! ¡Anatema! ¡Anacoluto! Y yo contesto: no, Henry James no: sus novelas cortas (de las que hemos reseñado ya unas cuantas) son magníficas. Mi favorita sigue siendo Los papeles de Aspern, que en cambio no he reseñado. Pero en cambio sus novelas largas (Washington Square y esta, Los embajadores) no las aguanto. Si he terminado esta novela es porque existe ULAD y quería poder reseñar esta novela con criterio.

Algo que me tranquiliza, en esta herejía mía, es que no estoy solo: ya E. M. Forster (que como crítico literario no era manco precisamente. Después de alabar la depurada técnica de James y su capacidad para crear un universo de personajes, Forster dice:
The pattern has woven itself with modulation and reservations Anatole France will never attain. Woven itself wonderfully. But at what sacrifice! So enormous is the sacrifice that many readers cannot get interested in James, although they can follow what he says (his difficulty has been much exaggerated), and can appreciate his effects. They cannot grant his premise, which is that most of human life has to disappear before he can do us a novel.
[La trama se ha tejido con una modulación y una cautela que Anatole France nunca alcanzará. Se ha tejido maravillosamente. ¡Pero a cambio de qué sacrificio! Es tan enorme el sacrificio que muchos lectores no se interesan por James, aunque puedan seguir lo que dice (su dificultad ha sido muy exagerada), y pueden apreciar sus efectos. No pueden compartir su premisa, que es que toda la vida humana tiene que desaparecer antes de que él nos ofrezca una novela]

Casi no necesitaría escribir nada más en esta reseña, porque esta es exactamente mi impresión. No hay ninguna duda de que James es un maestro de la técnica: Los embajadores es, por ejemplo, un modelo de focalización selectiva, ya que el narrador siempre habla desde el punto de vista de un único personaje, el "embajador" Strether, cuya misión es conseguir que el joven Chad Newsome abandone los placeres parisinos y vuelva a Woollett, Massachusetts, a ocuparse los asuntos de la familia. No hay duda, tampoco, de que James crea una red complejísima de interrelaciones sentimentales entre sus personajes (todos "maravillosos", todos "encantadores").

Lo que pasa es que son 400 páginas (repito: 400 páginas) de sutilezas sentimentales, medias palabras, sobrentendidos, malentendidos. diálogos con un nivel de abstracción y conceptualización que resultan artificiales y pesados. Sin vida, como diría Forster. Hay novelistas que tienen una capacidad casi sobrehumana de disección del alma humana, una sensibilidad mayor que el común de los mortales; pero en James yo veo más bien un barroquismo de los sentimientos, un ejercicio estético que interesa más al autor que lo crea que a los posibles lectores, y por supuesto a los propios personajes que viven 400 páginas (¿he dicho ya que son 400 páginas?) en un ir y venir de atracciones, rechazos, indecisiones y cambios de opinión capaces de volver loco a cualquier ser humano. Pero ellos no son seres humanos: son "mavarillosos", son "encantadores".

Quizás el aspecto más atractivo de la novela (pero es un aspecto muy marginal) es la resistencia de Strether a revelar cuál es el producto -un producto pequeño, insignificante, probablemente vulgar- que está en el origen de la riqueza de la familia Newsome. Se han hecho muchas hipótesis: cerillas, palillos, botones... Pero la respuesta nunca la sabremos.

Es una pena que este pequeño "McGuffin" solo aparezca al principio y al final de la novela, y lo que haya en medio sean 400 páginas (¿he dicho ya que son 400 páginas?) de sutilezas sentimentales.

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miércoles, 25 de febrero de 2015

Henry James: Los papeles de Aspern

Idioma original: inglés
Título original: The Aspern Papers
Año de publicación: 1888
Valoración: Muy recomendable

Bueno, si hace poco dediqué una entrada a poner a caldo Los embajadores de Henry James, hoy llega el momento de limpiar mi karma con una entrada dedicada a una de sus mejores novelas cortas: Los papeles de Aspern, que el propio Henry James (que tenía buen gusto cuando quería) consideraba como una de sus obras maestras.

Los papeles de Aspern se basa en un triángulo de personajes -americanos en Europa todos ellos, como James- cuyos caminos se cruzan en una Venezia decadente (¿cuándo no ha sido Venecia decadente?) a finales del siglo XIX: el narrador, de nombre desconocido, es un crítico obsesionado con conseguir los papeles póstumos de Jeffrey Aspern, un poeta por el que siente una devoción desaforada; Juliana Bordereau es una mujer, ya anciana y retirada del mundo, que en su día mantuvo una relación sentimental con Aspern y que posee (o eso cree el narrador) documentos únicos sobre el poeta; y en medio, la sobrina de la anciana, Tita o Tina según la edición, atrapada en medio de la guerra de intereses y egoísmo de los otros dos.

Aunque no se trate de una novela de misterio, Los papeles de Aspern mantiene una tensión similar a partir del conflicto principal: ¿conseguirá el narrador, por las buenas o por las malas, hacerse con los dichosos papeles? ¿Será la vieja Juliana más astuta que él y los destruirá antes de morir? ¿Sucumbirá la pobre Tita a los encantos del crítico, que solo quiere usarla como espía y como infilttada en las filas enemigas? Manejando los tempos magistralmente, James consigue que el lector lea las apenas cien páginas de la novela prácticamente de un tirón.

Aparte de esta tensión narrativa perfectamente mantenida, lo mejor de la novela son sus tres personajes principales, que producen en el lector la extraña sensación de no saber si debemos simpatizar con ellos o no: el narrador es egoísta, manipulador, cínico, capaz de todo para conseguir los malditos papeles de su querido poeta; la anciana Juliana es autoritaria, avara, pero también parece ser capaz de sacrificarse por su sobrina; Tita (o Tina), por su parte, parece algunas veces tonta, y otras siplemente parece tener la inocencia de quien ha pasado toda su vida recluida en una casa sin conocer el mundo.

Por supuesto, en Los papeles de Aspern también hay páginas llenas de ese encaje de bolillos psicológico que criticaba en Los embajadores (sobrentendidos, dobles intenciones, diálogos elípticos...); lo que pasa es que estas sutilezas, cuando vienen disueltas en medio de una trama que atrapa, se sobrellevan mejor. Ah, y que Los papeles de Aspern tiene cien páginas, y no seiscientas.

Repito y me reitero: leed al Henry James de las novelas cortas, es ahí donde desarrolla su verdadero genio.

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viernes, 26 de junio de 2015

Henry James: La figura de la alfombra

Idioma original: inglés
Título original: The figure in the carpet
Año de publicación: 1896
Valoración: Muy recomendable

Sé que me repito más que el ajo, pero lo voy a decir otra vez: Henry James gana mucho en las distancias cortas, o sea, en sus novellas, en los que es un narrador sublime, sutil, ingenioso, que siempre deja con la imprsión de que hay un subtexto misterioso que se nos escapa. En cambio, en sus novelas largas, en particular en Los embajadores, que es la que tengo más reciente, tanta sutileza conceptual, sentimental y hasta estilística llega a ser muy cargante. Por eso, nuevas ediciones de sus obras cortas como esta son siempre bienvenidas.

La figura de la alfombra (también ha sido traducida como La figura del tapiz, si no me equivoco) es en cierto modo una variación de Los papeles de Aspern: en los dos casos se habla de la relación entre el crítico, el autor y la obra literaria, en una especie de parábola sobre el arte y la creación. En este caso el argumento gira en torno al novelista Hugh Vereker, quien le confiesa al narrador, un crítico literario, que toda su obra contiene una clave secreta, un "tesoro escondido" que hasta ahora nadie ha sabido descifrar. A partir de ese momento, tanto el narrador como su colega Corvick y su novia Gwendolen dedicarán todos sus esfuerzos a analizar cada palabra de la obra de Vereker para encontrar ese elemento secreto que lo explica todo.

Como decía, creo que La figura en la alfombra debe leerse casi como una parábola, que deja más preguntas que respuestas: una reflexión sobre el sentido de la literatura y la creación que, parece decirnos James en el ambiguo desenlace, solo tiene sentido si se integra y se identifica con la vida. El hecho de que solo una pareja de enamorados parezca destinada a resolver el misterio (así se lo explica Vereker al narrador en un momento del texto) hace que nos planteemos si, cursilerías aparte, no es ese el misterio de la vida que James cree clave para entender el mundo. También puede entreverse, claro, un ataque irónico a los críticos, que a pesar de su pedantería nunca se enteran realmente de nada, pero esa es solo una lectura bastante superficial del texto.

Como siempre en James, resulta interesante la técnica escogida para contar la historia. James es un maestro en la creación de narradores poco fiables, o de narradores testigos y no protagonistas. "Me he visto transformado en unos ojos que miran", dice el narrador en un momento. De esta técnica viene, en parte, ese margen de ambigüedad que hace tan sugerentes las obras de James: nunca podemos saber si lo que se nos cuenta es exactamente lo que pasó; si el narrador ignora cosas (como en esta novela, de forma fundamental), si las manipula, si las esconde. Ese dominio de la técnica es uno de los motivos (no el único) por el que James es considerado un maestro.

Como he dicho al principio, esta es una nueva edición y traducción de la obra de James, realizada por Enrique Murillo para Impedimenta, con una introducción de Antoni Marí. Es una obra breve, apenas 100 páginas contando los dos prólogos, lo que me lleva a hablar nuevamente de los mini-libros que se publican últimamente. Pero en fin, habrá que quedarse con lo bueno: con el placer que produce leer una obra literaria casi perfecta, en una edición cuidada.

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lunes, 5 de abril de 2010

Zoom: Los amigos de los amigos, de Henry James

Idioma original: inglés
Título original: The friends of the friends
Fecha de publicación: 1876
Valoración: Muy recomendable

Si he de ser sincero, aún no he leído ninguna novela de Henry James, algo de lo que me avergüenzo. Pero bueno, tiempo al tiempo, que aún somos jóvenes...

En fin, que me voy por las ramas. A lo que iba...

Hoy quiero presentarles uno de los cuentos que más me han impactado, Los amigos de los amigos, de Henry James, del que acabo de decirles que no me he leído ninguna novela.

He escogido Los amigos de los amigos para mi primer Zoom porque pocos cuentos me han llegado tan hondo y me han obsesionado tanto y me han robado la cabeza durante tantas noches en esos segundos indescriptibles (entre la lucidez y la alucinación) que discurren antes de que caigan los párpados.

En mi mitología literaria personal comparte pódium con él, entre otros pocos, Casa tomada, de Julio Cortázar. ¿Y que por qué me ocurre algo así con estos dos relatos habiendo tantos relatos buenos y disponibles para su lectura por ahí sueltos? Supongo que porque ambos tocan mi fibra sensible, rozan mi talón de Aquiles particular y halagan la esencia de mi sensiblidad como nadie. Vamos: que los dos entroncan con lo más íntimo de mi persona, llegándome al alma.

Casa tomada ya será analizado en su momento, ahora me quedaré con Los amigos de los amigos, aunque escribir sobre este relato me es harto dificultoso por lo etéreo de su textura, lo sugerente de su trama, la fuerza implícita de su agridulce corazón.

No es cuestión de hablar de uno mismo en un espacio como el presente, pero sí diré que a mí me ha ocurrido algo similar a lo que narra este relato en el que un hombre llega a enamorarse de una mujer a la que no termina de ver gracias a lo que su propia esposa, amiga de la aludida, le cuenta sobre ella. Aunque les diré que, en mi caso, sí que había visión física de la otra persona...

Pero basta ya de confesiones, que esto no es la consulta de ningún especialista. Dejémoslo en que Henry James escribió, en mi opinión, un relato prodigioso. En Los amigos de los amigos la inocencia, el miedo, el dolo y la inseguridad de una enamorada, las malas artes del destino, y la terrible convicción de que los seres humanos nos juntamos y nos amamos y nos odiamos muchas veces manipulados por fuerzas externas (ya sean humanas o naturales), son los escurridizos hilos con los que el escritor teje una obra de artesanía sublime cargada de fuerza que ya querrían para sí muchos novelones actuales, heridos de vulgaridad verbal y argumental.

Los amigos de los amigos...Léanlo, amigos míos, y díganme lo que les parece, y si a ustedes, al igual que a mí, un ser de su especie les saboteó para que no llegaran a ser conocidos por el que hubiera sido, con toda seguridad, el amor de su vida.

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martes, 8 de marzo de 2011

Henry James: El fondo Coxon

Idioma original: inglés
Título original: The Coxon fond
Fecha de publicación: 1894
Valoración: Recomendable

Cuando se tienen ganas de leer algo bueno, algo francamente bueno sin incurrir en riesgos, siempre es recomendable recurrir a autores como Henry James, que a uno rara vez le dan sustos.

Vamos, que cuando se quiere disfrutar de la lectura de un libro con un argumento sólido y atractivo, unos personajes bien armados y una calidad literaria indiscutible, y terminarlo sin quedarse con la desagradable sensación de haber quemado el tiempo, considero que hay que escoger obras de autores, llamémosles, consagrados. Y entre este género de autores que poseen un estilo sobresaliente y cuyo único pecado puede consistir en resultar "demasiado clásicos" o "demasiado lentos" a cierto tipo de lector aficionado a la fast food literaria, está Henry James, el creador de obras como Retrato de una dama o Las alas de la paloma. Por cierto, se dice que el libro que hoy reseño podría ser una suerte de antesala a esta última novela...

Escrita en 1894 y editada por primera vez en España en el recién acabado 2010 por Ático de los libros, El fondo Coxon es una deliciosa novela corta que posee un aroma típicamente jamesiano. Cuenta las vicisitudes que padece un pequeño grupo de personas que, de un modo u otro, se ven implicadas en la siguiente cuestión: se ha de decidir a quién adjudicar un jugoso fondo económico previsto por una ricachona familia que se las quiere dar de protectora de artistas y genios pobres. Saltram, su candidato principal, resultará ser un resabido tipo susceptible de levantar todo tipo de pasiones...

Así, en El fondo Coxon, veremos desfilar al pitagorín en cuestión, el atrevido y poco productivo señor Saltram; a la joven descendiente de los ideólogos del fondo; al pretendiente de ésta; al amigo del pretendiente (el sensato narrador de la historia), y a otros personajes de la supuestamente intelectual y adinerada sociedad de damas y caballeros almidonados que reinó en los Estados Unidos y en la Inglaterra más regia de finales del XIX y principios del XX.

Recomiendo sin duda esta agradable y breve novela a todos aquellos que sepan disfrutar del genial James y deseen contrastar presente y pasado para comprobar que, aunque pasen los siglos, la estupidez y la rígida fusta de aparentar poniendo en riesgo la cordura, siguen bien vivas.

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lunes, 7 de abril de 2025

Henry James: La muerte del león

Idioma original: inglés

Título original: The Death of the Lion

Traducción: Eduardo Lago

Año de publicación: 1894

Valoración: Se deja leer


Supongo que mis colegas del blog estarán de acuerdo, pero quizá es algo que a nuestros lectores se les puede escapar: a veces no apetece reseñar un libro. Ocurre, o al menos me ocurre a mí, cuando el libro es ni fu ni fa, no despreciable pero tampoco ha dejado una huella importante (ahí encajaría a la perfección una expresión tan usual como ‘poco reseñable’), o cuando uno, por alguna razón, no encuentra demasiadas cosas que contar aparte de hacer una vulgar sinopsis. Pero esta especie de ligero malestar se me hace más patente cuando leo a un autor considerado más o menos clásico, que está en los cánones y por tanto debería aportarme cosas interesantes, pero al que no termino de encontrarle el punto atractivo. Todo esto podría muy bien ser la conclusión de la reseña, pero es obligado contar algo más, y a ver si así termino descubriendo el porqué de mi tibieza, indiferencia, decepción.

La muerte del león ('león' tiene en el mundo anglosajón la acepción coloquial de celebridad, o algo así) relata la relación entre un joven periodista y un escritor admirado aunque todavía algo lejos del éxito. Al primero se le ha encomendado entrevistar al autor, pero le es vetada su intención de hacer un reportaje de corte más personal que literario. El joven, presa de la admiración por el artista, se dedicará a intentar protegerle y preservar sus valores y su personalidad cuando se da cuenta de que hay gente que intenta convertirle en un personaje de la vida social, el típico famosillo que da lustre a fiestas y reuniones. De alguna manera, es la disociación entre lo público y lo privado, el escritor y la persona que está detrás.

Todo esto que he contado, que es un poco lo que da de sí esta novela corta, le lleva a James bastantes páginas, en las que hace gala de una prosa alambicada con la que intenta a cada paso profundizar en la psicología de los personajes, más en sus reflexiones que en sus acciones, que son más bien pocas, y obliga al lector a pararse en cada frase para entender y relacionar. No creo que James sea de esos autores que escriben para sí mismos, lo que suele ser motivo de ilegibilidad, pero al igual que el escritor, el artista en sentido amplio, tiene todo el derecho a esperar un esfuerzo de su público, éste tiene el mismo derecho a negarse a hacerlo. Queda por tanto ahí el aviso de que, si no nos apetece mucho entrar en ese juego, la lectura, al menos a la vista del libro al que me refiero, puede resultar poco o nada gratificante.

El ejemplar que manejo se completa con El rincón feliz, un relato que parece menor aunque a mí me ha resultado más atrayente. Con algunos tintes góticos, James presenta a un individuo que visita periódicamente la vieja casa familiar hasta que empieza a sospechar que aloja una extraña presencia. Sombras inexplicables, sonidos sutiles y puertas que se dejaron cerradas y aparecen abiertas dan paso a un crescendo de terror psicológico en el que se reúnen tenues recuerdos con una confusa sensación de desdoblamiento de personalidad. 

Todo lo cual tiene a su vez origen en la experiencia del propio James, norteamericano afincado en Europa y más adelante nacionalizado británico, que traslada al personaje la experiencia dual de dos mundos que considera muy diferentes. Cuando su protagonista regresa a Nueva York, se plantea la clásica duda sobre lo no vivido: qué hubiera sido de no haber emigrado, o bien de no haber regresado. Incluso si al abandonar una tierra (podríamos incluir cualquier otra circunstancia, el fin de una relación, por ejemplo) algo de nosotros permanece en el lugar de origen, ese reflejo de lo que quedó quizá en la casa familiar. Todo bajo una atmósfera bien conseguida cuando el autor se despoja, aunque sea parcialmente, del lenguaje moroso y algo barroco que tanto pesa en el relato anterior. Seguramente es por este camino por el que James consiguió evitar esa desconexión con el lector que he creído detectar en el primero de los relatos, y así parece que se aprecia en algunas de sus otras obras reseñadas en este blog, y que se pueden consultar aquí abajo.

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viernes, 11 de noviembre de 2011

Henry James: La bestia en la jungla

Idioma original: inglés
Título original: The Beast in the Jungle
Año de publicación: 1903
Valoración: Muy recomendable

Poco a poco, vamos reseñando un buen puñado de relatos largos o novelas cortas de Henry James, sin duda uno de los maestros del género (y todavía falta por reseñar Los papeles de Aspern, que, insisto, es por ahora mi favorita). Ya llevamos Daisy Miller, El fondo Coxon, Los amigos de los amigos, Otra vuelta de tuerca. No está mal.

En este caso, La bestia en la jungla es fundamentalmente una historia de amor, aunque de amor irrealizado y frustrado, entre John Marcher, un joven que cree estar destinado a que le ocurra algo prodigioso (esa "bestia en la jungla" que espera agazapada para saltar en cualquier momento) y May Bartram, una mujer que decide poner su vida "en pause" para esperar junto a él ese momento de apoteosis o catarsis o apocalipsis.

Como en casi todas sus obras, James es aquí sutil, detallista y meticuloso en el análisis de los sentimientos, de las personalidades y de las relaciones entre sus personajes, algo que hace que sus novelas largas (me) resulten pesadas, pero que es innegablemente una virtud en las novelas cortas. Es verdad que el desenlace resulta algo tramposo (¿tanto esperar a la "bestia" para eso?), pero el camino para llegar hasta él es espléndido: zigzagueante, melancólico, ligero.

Algunos críticos, y el propio autor, sitúan esta novelita entre las obras cumbres de su autor. A mí, aunque me ha gustado, me parece algo peor (más artificial, más forzada) que Daisy Miller o que Los papeles de Aspern. Lo que, por otro lado, no quiere decir que no sea una lectura muy recomendable.

P.D.: Hay una adaptación teatral de Marguerite Duras, que no me importaría nada ver o leer...

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martes, 12 de abril de 2011

Zoom: Daisy Miller de Henry James

Idioma original: inglés
Título original: Daisy Miller. A Study.
Año de publicación: 1878
Valoración: Recomendable

Desde el atrevimiento que da la ignorancia, afirmo: Henry James es mucho mejor escritor de novellas o relatos, que de novelas largas. Y esto lo digo después de haber leído solo una de las segundas (Washington Square, que me pareció un peñazo) y tres de las primeras: Otra vuelta de tuerca (algo desfasada pero muy bien escrita); Los papeles de Aspern (magnífica, magistral, sensacional, algún día escribiré la reseña) y esta de hoy, Daisy Miller, que no me ha parecido tan genial como Los papeles..., pero que desde luego es un ejemplo de técnica narrativa y creación de personajes.

En realidad, Daisy Miller tiene una curiosa mezcla de comedia sentimental y tragedia clásica. De hecho, he leído que hay dos versiones (la de 1878 y otra "remasterizada" por el propio escritor en 1909), y que la primera es más ligera; la segunda más trágica. No sé de cuál de las dos es traducción el texto que he leído yo, pero la impresión que me ha dado es de un progresivo adensamiento y oscurecimiento de la trama, a medida que pasan las páginas.

Todo empieza de la manera más inocente, con un encuentro casual entre la encantadora Daisy Miller, muchacha americana inigualablemente hermosa, despreocupada y coqueta, y Winterbourne, un joven también americano, más preocupado por las convenciones sociales; un encuentro casual en Suiza al que sigue un encuentro premeditado en Roma, donde la joven Daisy reparte sus encantos entre el tal Winterbourne y otro joven no tan joven, el italiano Giovanelli; y donde las habladurías la condenan y la estigmatizan por su conducta demasiado libre y su excesivo trato (¡a solas! ¡y de noche!) con hombres solteros.

Esta misma mezcla de comedia y tragedia hace que me surjan dudas respecto al mensaje moral (si es que hay alguno) que transmite la novela: ¿culpa James a la joven Daisy por su conducta inapropiada, por no saber adaptarse a las normas sociales o, por lo menos, por no comprender que la opinión de los demás puede tener efectos en nuestras vidas? ¿O por el contrario la presenta como una mártir del convencionalismo y la represión burguesa que impiden que las personas ser libres y felices? En la primera mitad de la novela da la impresión de lo segundo: el lector, como Winterbourne, se enamora de la naturalidad, la gracia y la belleza de Daisy; pero luego, ya en Roma, cuando el propio Winterbourne parece condenarla y rechazarla, ya no queda tan claro. ¿Y si toda individualidad y excentricidad no fuera aceptable, ni deseable?

En realidad, probablemente no importa, probablemente sea imposible saberlo. Daisy Miller es una obra literaria cervantina en ese aspecto: tiene la cualidad de presentar a sus personajes sin juzgarlos y sin manipularlos para hacerles decir lo que el autor quiere decir. Y encima solo tiene 30 páginas...

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miércoles, 15 de julio de 2015

D. H. Lawrence: El zorro

Idioma original: inglés
Título original: The Fox
Año de publicación: 1922
Valoración: está bien

Quizás no esté de más iniciar esta reseña recordando, en estos tiempos de Je suis Charlie cuando Charlie no se mete conmigo, que D. H. Lawrence fue un escritor que sufrió la censura, la persecución y el escarnio públicos, tanto por sus posiciones políticas y personales (fue acusado de espionaje durante la Primera Guerra Mundial, primero por los alemanes y después por los británicos) como por su rompedora (en aquella altura) representación de la sexualidad, y en particular de la homosexualidad, en sus obras. No hace falta recordar el escándalo que provocó en Inglaterra la publicación de la versión no censurada de El amante de Lady Chatterley en 1960 (¡en 1960!), entre otras cosas por el uso reiterado de palabras como fuck y cunt. Si la editorial fue declarada inocente en ese juicio fue porque los defensores consiguieron demostrar que la obra tenía "mérito literario" suficiente para justificar sus infracciones al decoro.

El zorro, que es una novela corta bastante anterior al escándalo e incluso a la publicación original de Lady Chatterley, es de hecho mucho menos escandalosa, aunque también esá trazada alrededor de una tensión sentimental y sexual: la que se establece entre dos mujeres, Banford y March, y un hombre, el joven soldado Henry, en una apartada granja de Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial (una historia y unos personajes, al parecer, basados en la propia experiencia de Lawrence durante su "exilio" en Cornualles). La llegada del soldado amenaza con destruir el apacible y equilibrado mundo de las dos mujeres (no se nos dice que sean lesbianas, aunque se deja enrever) cuando decide casarse con una de ellas y llevársela a Canadá.

Esta es, sin duda, una novela escrita por un gran escritor, que maneja los tiempos y sabe crear y mantener la tensión con muy pocos elementos, y situarnos con un perfecto realismo en un contexto histórico determinado. Pero es también una novela basada en una simbología muy obvia y, la verdad, también bastante machista. En el primer capítulo se nos describe cómo el zorro acosa a las gallinas y las caza; se nos describe cómo March se queda embobada, hipnotizada por el zorro, incapaz de pegarle un tiro para librarse de él; en el capítulo siguiente se nos describe la llegada de Henry, y las comparaciones con el zorro son constantes, en la postura, en la mirada, en el efecto que causa en March. El mensaje parece ser: las mujeres, solas, son como gallinas, incapaces de protegerse o de valerse por sí mismas, y solo esperan que aparezca un hombre que las domine.

Hace poco reseñaba una novela corta de Henry James, y el tenerla fresca en la memoria me ha hecho comparar a ambos escritores. En Henry James todo es sutil, implícito, complejo, vago; Lawrence es directo, crudo, a veces incluso obvio y machacón, como con la comparación de Henry con el zorro. No creo que sea posible decir que uno es mejor escritor que el otro (tampoco he leído lo suficiente a Lawrence como para tener una opinión formada), sino que los dos encontraron caminos diferentes para hacer avanzar el género de la novela y de la novella. Por eso resulta especialmente triste que James apoyase el secuestro y destrucción de la novela El arco iris de Lawrence, acusada de inmoralidad y pornografía: los grandes autores no siempre son tan intachables como nos gustaría...

También de D.H. Lawrence en ULAD: El amante de Lady Chatterley

sábado, 21 de mayo de 2011

Henry James: Otra vuelta de tuerca


Idioma original: inglés
Título original: The Turn of the Screw
Año de publicación: 1898
Valoración: Imprescindible


Cada vez que releo esta novela tengo la sensación de haberme encontrado con ella demasiado tarde. Yo y cualquiera, sea cual sea la época en que la leímos por primera vez. Pues para haber llegado a tiempo tendríamos que haberlo hecho años antes de nacer, a ser posible recién comenzado el S. XX. Este requisito, no por imposible menos recomendable, nos permitiría acompañar a sus personajes antes que – sin desmerecer en nada al cineasta – a los creados por Hitchcock, por ejemplo. Y a los de El sexto sentido, Los otros, o a todos los que atraviesan tantos ríos de tinta que han corrido después, incluidas sus propias secuelas. Es lo mismo que ocurre con Poe: nuestro ambiente cultural está tan saturado de seres de ultratumba que ya nada puede impresionarnos. ¿O sí?

Sus primeros lectores, esos que tuvieron la fortuna de disfrutarlo hace ya más de un siglo, abrirían probablemente el libro pensando que estaban presenciando una anécdota amable a través de la cual accederían a los consabidos cotilleos que, inevitablemente, sazonaban cualquier reunión social integrada por unos cuantos de los más tópicos representantes de la alta burguesía de finales del XIX. Y enseguida se darían cuenta de que habían caído en uno de los espacios narrativos más lóbregos que hubieran podido imaginar, debido a la sofocante atmósfera de la anécdota ideada por James - en la que el misterio de lo sobrenatural, siempre presente, se refuerza por el completo aislamiento -, a las personalidades de los protagonistas, las costumbres de la época, la propia arquitectura del lugar, la vegetación que lo circunda e, incluso, a ese lago cercano, amenazante, como fauces siempre abiertas a la espera de cualquiera que sueñe con escapar de allí.

Es evidente que gran parte del poder y magnetismo de la obra se debe al extraordinario conocimiento de los seres humanos que poseía su autor y que demuestra en las certeras descripciones físicas, la indagación que lleva a cabo en cada una de las mentes, la sutil y gradual evolución de sus comportamientos, el registro fiel de jerarquías, parentescos y afinidades, la excelente gradación de emociones como simpatía-antipatía, dominio-sumisión, miedo que se convierte en terror y éste, a su vez en pánico etc. con sus veraces altibajos y una evolución irreprochable. Así como el minucioso retrato de la manipulación, más o menos explícita, que ejercen unos personajes sobre otros, bien sea a través de mecanismos seductores, bien por medio del temor o de la fuerza, y a la sabia utilización de los tiempos. De forma que la intriga, no sólo no se pierde según avanza la lectura, sino que, una vez terminada, se encuentra en su nivel más alto. Porque después de cerrar el libro aún quedan en el aire muchas preguntas: cuál fue la causa de ambas muertes, por qué el Más Allá y los niños se necesitan entre sí, cuál es la relación entre los hermanos, quién domina a quién, cómo es la niña en realidad, qué motivo provoca el alejamiento absoluto del tutor… Y esta impresión de ignorancia que provoca en el lector le añade grandiosidad. Como un magnífico plato de alta gastronomía del que probamos sólo un poco para no saturarnos de sabores. O como la misma vida, en la que jamás conocemos hasta el último detalle de los hechos que presenciamos. De modo que el relato parece todavía más atractivo y verosímil al guardarse James algunas cartas.

Pero lo que importa es que, por tarde que lo hayamos leído, siempre estará de actualidad y que nadie podrá ignorar nunca lo mejor que guarda entre sus páginas: el talento.

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martes, 26 de mayo de 2015

Robert Louis Stevenson: Ensayos literarios

Idioma original: inglés
Año de publicación: antes de 1894
Traducción: Beatriz Canals y Juan Ignacio de Laigleisa
Valoración: entre recomendable y está bien

Cuenta Javier Marías en su Vidas escritas que Henry James admiraba enormemente a su amigo Robert Louis Stevenson -y viceversa- hasta el punto de considerarlo "uno de sus escasos interlocutores en el campo de la teoría" literaria, pero que hoy en día "casi nadie se molesta en leer los ensayos de Stevenson, que se cuentan entre los más penetrantes y vivos del pasado siglo" (se refiere al XIX, claro, porque le libro de Marías se publicó en 1992). El caso es que, intrigado por esta aseveración, yo sí me he "molestado" en leerlos, cuando he tenido la oportunidad. y he de decir que no ha sido ninguna pérdida de tiempo, aunque como no soy un estudioso de la teoría literaria, y menos aún de la del siglo XIX, carezco de los conocimientos y el criterio necesarios para ratificar lo que afirmaba Marías.

Ahora bien, sí puedo decir que R.L. Stevenson, además del magnífico narrador que todos conocemos (y al que tanto debemos muchos de los ahora inoculados con el veneno de los libros), era un apasionado lector y amante de la literatura en todos los pormenores del oficio. Así lo atestiguan algunos de estos ensayos, como los que dedica  a aleccionar a quien se quiera lanzar a la azarosa actividad de escribir: Carta a un joven que se propone abrazar la carrera del arte ( "...la maldición de las ocupaciones destinadas a deleitar es el fracaso."); el muy divertido Acerca de la elección de profesión ("...Probablemente  no importe mucho aquello por lo que te decidas; pues, a la larga, la mayoría de los hombres se hunden en el grado de estupor necesario para sentirse satisfechos de sus distintas posesiones...");  o también La moral de la profesión de las letras.

En otros ensayos se dedica ya a analizar elementos mucho más técnicos del estilo literario, como, por ejemplo, los efectos de ciertas aliteraciones (aunque sólo se puedan apreciar en el texto original en inglés) o la importancia de la trama con respecto a la elección de la palabras y viceversa. También trata el fenómeno de los autores populares, de la llamada "prensa de un penique" o las "bibliotecas circulantes". Autores "grandes del polvo" que él contrapone a los "escritores de clase alta" -como James, precisamente- y aunque muy leídos en su época, hoy en día supongo que no le sonarán a casi nadie. Hayward, Bracebridge Hemming, Pierce Egan, Edward Viles, Malcolm Errym... No obstante, en la sección llamada Críticas literarias sí que encontramos escritores cuya fama y, sobre todo, cuyos libros, nos han llegado incólumes e incluso se han convertido ya en verdaderos clásicos: Julio Verne, Poe, Dumas (padre) o el para mí desconocido Bunyan, pero cuyo El progreso del peregrino resulta ser uno de los libros favoritos de Stevenson. Muy interesante resulta leer cómo Stevenson juzga a escritores que ahora vemos como parte de la Historia de la literatura, desde una perspectiva contemporánea, o casi... e incluso, en el caso de Verne, como a un escritor emergente, aún por "confirmar".

Además, encontramos también una charla sobre la novela, en la que teoriza sobre los tipos de ésta que se cultivaban en su tiempo y la respuesta a ciertas declaraciones sobre el tema expresadas por Walter Besant y...Henry James, precisamente, con los que polemiza amablemente al respecto, sobre lo que debe o no concernir a la ficción en prosa y sus condicionantes de lo que consideramos como novela ( "La vida es monstruosa, ilimitada, absurda, profunda y áspera; en comparación con ella, la obra de arte es ordenada, precisa, independiente, racional, fluida y mutilada"-"Toda novela, primero y cada género de novela, después, existe por y para sí misma").

En suma, una serie de apuntes -también encontramos unos "Bocetos" literarios- y reflexiones de un gran escritor sobre la ocupación que absorbió buena parte de su existencia, y que nos brindó obras y personajes especialmente perdurables y queridos para todo amante de la lectura. Una obra desde luego interesante y sin duda muy recomendable para los seguidores de Stevenson, que además, nos brinda alguna que otra frase definitoria del espíritu que anima sus otros libros y que animó, sin duda, su demasiado corta vida:

" La ficción es al adulto lo que el juego al niño; en ella cambia la atmósfera y el curso de nuestra vida; y cuando el juego armoniza con la fantasía de tal modo que se participa en él de todo corazón, cuando cada nuevo giro satisface, cuando gusta evocarlo y demorarse en su recuerdo con auténtico placer, entonces la ficción se llama novela ".


Otros libros de R. L. Stevenson reseñados en Un Libro Al Día: La isla del tesoroEl Club de los SuicidasEl diablo en la botellaEl extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde

jueves, 6 de diciembre de 2012

Semana de literatura mexicana: Sergio Pitol: Vals de Mefisto

Idioma original: español
Año de publicación: 1989
Valoración: está bien

Reconozco que, cuando en 2005 le dieron a Sergio Pitol el Premio Cervantes (¿os acordabais de que en 2005 le dieron a Sergio Pitol el Premio Cervantes?), yo fui uno de esos que preguntaron: ¿y ese quién es? La verdad es que, incluso después de leer este Vals de Mefisto, todavía no tengo muy claro quién es, pero leyendo su biografía en Wikipedia, me entero de dos aspectos que pueden influir en su forma de escribir, por lo menos en este libro: el primero es que Sergio Pitol fue agregado cultural en ciudades como París, Varsovia, Moscú o Praga; el segundo es que Pitol es un consolidado traductor para varias editoriales españolas.

Porque, efectivamente, Vals de Mefisto es indudablemente un libro cosmopolita, incluso hasta la exageración: sus relatos se sitúan en Viena, en Venecia, en París, en Samarcanda, y las referencias culturales, tanto literarias como musicales (la música ocupa un lugar central en varios relatos) son eminentemente centroeuropeas. Incluso el lenguaje es sorprendentemente neutro, sin rastro de americanismos ni de coloquialismos, ni siquiera en los diálogos; nada que ver, por ejemplo, con un Juan Rulfo. Los personajes y los narradores parecen salidos de una novela de Henry James que Pitol estuviese traduciendo (Henry James es, de hecho, uno de los escritores que Pitol tradujo al español, y aparece mencionado como referencia en el propio texto).

Otro elemento que destaca en todos los relatos es su tendencia a la metanarración o a lo metaliterario: en el primero, "Mephisto-Waltzer", una mujer lee y comenta mentalmente un relato enviado por su marido; en el segundo, "El relato veneciano de Billie Upward", se nos resume el argumento de la novela Cercanía y fuga, sobre las aventuras venecianas de una tal Alice (Pitol también tradujo a Lewis Carroll, conviene notar); en el tercer relato, "Asimetría", el texto principal (las reflexiones de las hermanas Celeste y Lorenza) viene anotado por algunas acotaciones al margen que comentan la acción; el cuarto, "Nocturno de Bujara", el menos metaficcional de todos, tiene aires de relato fantástico con estirpe en las Mil y una noches (a lo mejor por eso es mi favorito de los cuatro).

Vals de Mefisto es obviamente la obra de un escritor muy culto y muy viajado; ni que decir tiene que esto en sí no es malo, pero a veces se transparenta demasiado en el texto: hay tantas referencias a Mozart, Rossini, Borges, Rossini, Monteverdi, Virginia Woolf..., que casi se puede abrir el libro al azar y encontrarse con una. El propio estilo, sin duda elegante y trabajado, resulta algo frío. Habrá gente a la que todo esto le parezcan virtudes (a Vila-Matas por ejemplo) a mí han llegado a cansarme un tanto; está claro que Pitol es un gran escritor, de eso no hay duda, y un gran constructor de relatos; pero a mí no ha terminado de atraparme.

También de Sergio Pitol en ULAD: El oscuro hermano gemelo y otros relatos

viernes, 30 de octubre de 2009

Heidi James: Carbono

Idioma original: inglés
Título original: Carbon
Fecha de publicación: 2008
Valoración: Se deja leer

"Menudo personaje la Heidi James" es lo primero que me dije al ojear las portada y contraportada del extraño libro del que hoy escribo: Carbono. En la portada aparecía una mujer muy seria y de rasgos asiáticos sentada y tocada con alas de ángel negro o de alguna clase de insecto, quién sabe; y en la contraportada, estaban la cara y la (resumidísima) vida de la autora, la inglesa Heidi James, miembro de una nueva corriente literaria que aún no he investigado: los off-beat (o sea, que en cierto modo entroncan con los beat, digo yo...).

Carbono ha sido otro de mis descubrimientos bibliotequiles, tanto, que tengo el ¿honor? de ser el primer usuario de la biblioteca que frecuento que lo ha tomado en préstamo. Vamos, que el librín está nuevecito-nuevecito (atención enemigos de los ácaros de la novela decimonónica).

Lo que más me atrajo del libro en esta ocasión además de su lomo, seamos sinceros, fue su escaso número de páginas y su peculiar edición (porque se trata de un libro que parece un rectángulo al que algún literófago le ha cortado limpiamente un pedazo, dejándolo en forma de uno de esos pasteles llamados "relámpagos"). Pero la foto y la mini-bio de la autora también tenían lo suyo...

Heidi James, antítesis de su tocaya de los Alpes (sonrosada y feliz), es una morena de líneas afiladas y desafiantes estilo Ali McGraw que ha estudiado la sádica técnica del ballet durante años, y que ha trabajado de todo, desde recepcionista de una dominatrix, hasta secretaria en una gran multinacional, su trabajo actual. Y también se dice que se ha "licenciado en el Soho", saquen ustedes sus propias conclusiones...

¿Y que de qué va Carbono? Pues la verdad, es que importa bastante poco...Quiero decir, que lo bueno que tiene este libro que se lee en un cuarto de tarde es que permite degustar el potente, desagradable, violento e hipermatizado estilo de su autora, que va de iconoclasta y que tampoco es eso...Cosas peores le he leído a Henry Trópicos Miller; cosas peores he visto en Trainspotting...

Pero no le quitemos mérito a la muchacha, ¿eh?, que su obra pulp posmoderna está repleta de sensaciones, olores, sabores, sexo, bofetadas, tacos, marginalidad y decadencia y asco. Carbono, ouh yeah, yeah...

Que los hombres estamos hechos de carbono y que apestamos podría ser la moraleja, aunque en realidad cuente (algo de) la historia de dos mujeres de la misma familia, Pearl y Patricia, unidas además de por la sangre, por ciertas joyas de dudoso origen. Y una trama tan sencillita y poco currada da para meter (capricho de la James) a una dominatrix que hace toda clase de aberraciones sexuales a hombres importantísimos a cambio de ingentes cantidades de dinero (e incluso promesas de matrimonio); a más de un pobre diablo; algo de lesbianismo; una pizca de alusión a las drogas, y la ambición de las clases sociales bajas por medrar...

Pero bueno, que si se lee este libro es para descubrir a la, como diría un amigo mío, person de Heidi James: toda una person...

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      lunes, 24 de agosto de 2020

      Graham Greene: El revés de la trama

      Idioma original: inglés
      Título original: The heart of the matter
      Año de publicación: 1948
      Traducción: Jaime Zulaika
      Valoración: Recomendable

      «La virtud, la vida buena, le tentaban en la oscuridad como un pecado»

      Para disfrutar en profundidad esta lectura hay que tener muy presente lo que supone el peso del pecado en la moral cristiana, porque ese será el conflicto del protagonista y el motor de la historia. También porque el propio Graham Greene se convirtió al catolicismo, y ello le supuso no pocas desgarraduras espirituales que trató de exorcizar a través de los personajes de sus novelas. 

      Resumen resumido: El intachable comandante de policía Henry Scobie lleva varios años destinado en una remota colonia británica en África Occidental. A diferencia de su entorno y de su propia esposa Louise, él sobrevive estoicamente sin caer en el desánimo o en la corrupción material o moral, hasta que la joven y desamparada Helen se cruza en su camino. 

      Es mi primera experiencia lectora con Graham Green y, ya en las primeras páginas, me llueven las subjetividades: (1) siento lo mismo que cuando leo a Henry James —signifique eso lo que signifique—, y digo yo que será la certeza de estar ante una factura de gran calidad literaria y (2) los diálogos escuetos, efectivos y mordaces me recuerdan tantísimo a los que mantiene Rick Blaine con el capitán Renault en Casablanca que acabo investigando si Graham Greene participó en el guión. Que no. 

      El revés de la trama es la historia de un cerco que se va estrechando poco a poco alrededor del protagonista, Henry Scobie, un personaje introvertido, de gran hondura psicológica y un sentido del deber y de la verdad por encima de la media. Para sobrevivir al entorno asfixiante y sin horizontes de la colonia, Scobie ha desarrollado un sofisticado cinismo que lo hace inaccesible para aquellos que le rodean, incluida su esposa. No obstante, sus tribulaciones sí quedan al alcance del lector gracias a la focalización del narrador en tercera persona. Scobie es, al fin y al cabo, un mero instrumento del que se sirve el autor con el objetivo de sembrar la duda: ¿merece Scobie la salvación? Y, sobretodo ¿Dios es justo o injusto? 
      «(…). Si Tú me creaste, creaste este sentimiento de responsabilidad que he transportado siempre como un saco de piedras». 
      Más allá del conflicto principal, la novela se integra de una serie de elementos que contribuyen en su atractivo y su solidez narrativa: 
      • El tratamiento de otros temas periféricos al principal, no menos trascendentes: el amor, la fe, el sacrificio, el fracaso y la traición a los demás y a uno mismo. 
      • La ironía que subyace en todos diálogos (al estilo de Casablanca, como he dicho) y también en las reflexiones de los personajes. 
      «Scobie le creyó. La historia era lo bastante irracional para ser cierta. Hasta en tiempos de guerra hay que ejercitar de vez en cuando la facultad de creer, para que no se atrofie» 
      • Las descripciones, precisas y hermosas de ese escenario tan singular y remoto para el lector. La creación minuciosa de una atmósfera asfixiante. 
      Así que Recomendable porque es una novela muy bien escrita capaz de trasladarnos a un lugar y una época remotos y contagiarnos su atmósfera asfixiante y desoladora. También —y sobre todo— por su capacidad para explorar con tanto acierto y sensibilidad en los claroscuros del alma humana.
       
      No puedo acabar esta reseña sin entrar en la cuestión del título de la novela o en este caso, su traducción. No hay que ser angloparlante nativo para dilucidar que The heart of the matter es algo así como El fondo/corazón del asunto o Lo importante del asunto. Sin embargo, cuando yo leo la expresión «revés de la trama» no puedo evitar pensar en un giro de trama argumental; y teniendo en cuenta que cualquier historia que se precie debe tener no uno si no al menos tres giros, me preguntaba qué giro debía ser el de esta historia para que figurase en el título. Menudo lío… Después llegué a la conclusión de que se refería al reverso de una trama textil, un tapiz o una tela bordada en cuyo revés —en el que no se perciben los detalles ni la imagen final del mismo— hallamos las hebras maestras que lo rigen y sustentan, lo que verdaderamente transcurre, lo que subyace. ¿Y acaso lo que subyace en una historia no es el subtexto? ¿Acaso no estamos ante un relato en el que no vemos más que apariencias pero lo que define (trágicamente) el destino de los personajes es lo que fluye entre las sombras? Deseos, pecados, pensamientos… Al final, el revés de la trama es lo importante del asunto o sea que aunque de forma indirecta, la traducción hace hincapié en el mismo concepto. 
      «Se detuvo de nuevo frente a la casa de descanso. De no haber sabido lo que iluminaban, las luces del interior hubieran dado una impresión de paz extraordinaria, del mismo modo que las estrellas de aquella noche clara proporcionaban impresión de lejanía, seguridad y libertad. Si uno supiera, se preguntó, si uno alcanzara lo que llamaban “el revés de la trama”, ¿tendría que compadecer incluso a los planetas?»

       

      Unas cuantas obras de Graham Greene reseñadas en ULADaquí 

      viernes, 21 de octubre de 2011

      Francis Wyndham: El otro jardín y relatos completos


      Idioma original: inglés
      Título original: The Other Garden and Collected Stories
      Fecha de publicación: 2011 (primera edición original: 1974, 1985, 1987)
      Valoración: recomendable


      Wyndham es un escritor que se sale de lo común. Escribió su primera compilación de relatos antes de cumplir los 20 años (en plena Segunda Guerra Mundial, mientras esperaba que lo mandaran al frente) y, como nadie se la quiso publicar, abandonó la escritura y se ejerció como crítico literario, periodista y editor. Quiso la casualidad (o el destino o qué sé yo) que ya cumplidos los 50 años encontrara el buen hombre aquellos cuentos en un cajón y decidiera enseñárselos a un amigo editor. Y que fueran publicados en 1974 bajo el título Lejos de la guerra. Animado por esta vuelta de tuerca, volvió a escribir. Once años después publicó La señora Henderson y otros relatos y, dos años más tarde, su primera y única novela: El otro jardín.

      En este volumen que hoy reseño se recogen estos tres libros, la totalidad de su obra literaria. Sí, no es que dé para estudiarla durante toda una vida, pero sin duda estamos ante un escritor de lo más interesante, que ha sido en numerosas ocasiones comparado con Henry James y al que han descrito como uno de los mejores escritores de su generación. Y eso sin llegar a las 500 páginas impresas en toda su vida.

      No hay duda de que la obra de Wyndham, relatos que describen con pericia la sociedad inglesa de la segunda mitad del siglo XX, está muy bien escrita. Y que no se salva de su pluma ni la clase alta, ni la clase media ni los más desfavorecidos. Pero el autor no critica ningún estrato social, sino que simplemente muestra lo que ve, centrándose, eso sí, en desarrollar unos personajes (en su mayoría, mujeres) que se salen de lo común. Wyndham parece no encontrarse a gusto al observar cómo la sociedad bienpensante trata a aquellos que se salen del camino marcado y no tiene reparos en mostrarlo en sus textos. Así, tanto sus relatos como su novela corta son protagonizados por gente cuyas obsesiones y preocupaciones marcarán el camino que seguirán en su vida y la reacción que ante ello tendrán los que con ellos se relacionen.

      Todo un ejercicio de escritura, duro y a veces humorístico, y en todo momento muy, muy inglés. Delicioso.

      miércoles, 20 de enero de 2016

      Colaboración: En movimiento. Una vida de Oliver Sacks

      Idioma original: inglés
      Título original: On the move. A life.
      Traducción: Damià Alou
      Año de publicación: 2015
      Valoración: Muy recomendable

      En movimiento. Una vida es el título de la biografía del psiquiatra inglés Oliver Sacks, fallecido el mes de agosto del año pasado. Sacks se despidió del mundo en un conmovedor artículo al saber que sufría una metástasis generalizada, agradecido por haber sido "un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta". Con una serena aceptación de la muerte, redactó sus memorias que comienzan con una cita de Kierkegaard: "La vida hay que vivirla hacia adelante pero solo se puede comprender hacia atrás", aunque podrían comenzar igualmente con la célebre cita de Russell: "Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad".

      Al igual que Russell, el amor, el conocimiento y la piedad fueron los motores de la vida de Sacks. En su caso, el ansia de amor vino marcada por su homosexualidad y la falta de aceptación de la madre: "Mi padre se lo contó y a la mañana siguiente cuando ella se me acercó con una cara de trueno que no le conocía me dijo: eres una abominación, ojalá nunca hubieras nacido. Luego se fue y no me habló en días. Cuando lo volvió a hacer nunca se habló más del asunto pero algo había cambiado para siempre entre los dos".

      El enfado de la madre con un tono de maldición casi bíblica marcó la vida del joven Sacks y le provocó un conflicto entre el deseo innato de aprobación materna y el que ella juzgara la sexoafectividad de su hijo como algo maligno. Oliver Sacks tuvo que alejarse de su país natal, una Inglaterra que seguía manteniendo las leyes que condenaron a Oscar Wilde, para vivir, para ser, para lanzarse durante unos años a una vida nómada de quien no está a gusto en su propia piel y que le llevó a viajar en moto por EE. UU. y Canadá.

      Sus primeros escarceos sexuales están narrados con una gran capacidad de impregnar de ternura hasta los recuerdos más sórdidos: sexo mezclado con el alcohol en un bar gay en Ámsterdam, la liberación en San Francisco, masajes con intención erótica a un amigo... No escaquea tampoco su experimentación con las drogas hasta que la situación de casi esquizofrenia de los participantes de una fiesta psicodélica le abrió los ojos sobre los peligros de su consumo.

      Junto con el ansia de amor, Oliver Sacks persiguió el conocimiento. Quizá ese interés casi obsesivo por los secretos del universo y por cómo la mente percibe ese universo sean fruto de la sublimación, al igual que su afición al levantamiento de pesas, al submarinismo y a las motos.

      Y de la búsqueda del conocimiento a la "insoportable piedad por los sufrimientos de los demás", a la humanización del paciente. Oliver Sacks se identifica con las minorías, ve el mundo desde el ángulo de la marginalidad. Analiza trastornos como el síndrome de Asperger o el síndrome de Tourette no como una tara sino como un privilegio, el privilegio que da una visión no normativa del mundo. Narra los historiales clínicos en la tradición de la mejor literatura científica y divulgativa y los intercala con la teoría y sus reflexiones personales. Las historias de sus pacientes salen del papel y bullen de vida, siguiendo al pie de la letra la máxima de Henry James: "No expliques. Muestra".

      Y después de toda una vida dedicada al estudio, a la investigación y a la escritura, el regalo de la vejez, su relación con Billy comenzada con setenta y siete años, que hace comprender a Sacks la paradoja de que el amor nace de la conciencia de nuestra propia mortalidad pero a su vez es quizá lo único que nos hace vencer a la misma muerte: "Fue una época de gran intensidad emocional: mi música preferida, o los rayos inclinados y dorados del sol al atardecer me hacían llorar. No estaba seguro de por qué lloraba pero experimentaba una intensa sensación de amor, muerte y transitoriedad, todo mezclado de manera inseparable".

      En movimiento. Una vida es la plasmación de la identidad poliédrica de alguien sediento de conocimientos y de vida. "Soy inmenso. Contengo multitudes", decía Wittman. Varios fueron los que habitaron en Sacks: el humanista, el científico, el investigador, el médico, el devorador de libros, el escritor, el viajero, el estudioso de la identidad y de la conciencia, el doctor afable de bata blanca, el motero con chaqueta de cuero…

      Solamente un punto débil del libro, el contrario que el de la película La teoría del todo. Cuando Hawking vio su biopic afirmó que le había gustado porque quizá había sido lo más parecido a un viaje en el tiempo que podría hacer, aunque manifestó que hubiera deseado más ciencia y menos sentimiento. Al acabar En movimiento. Una vida siento la sensación de que, en ocasiones, me hubiera gustado menos ciencia y más sentimiento.

      En conclusión, me quedo con la frescura de la primera mitad del libro, la parte más desinhibida y alocada, que por momentos parece una novela de carretera y una crónica de viaje, aunque habrá quienes prefieran la parte reflexiva del final. De lo que no cabe duda es que Oliver Sacks atrapa el momento y lo plasma por escrito, como un entomólogo clava la mariposa en el corcho. En movimiento es el retrato de una mente inquieta que no malgasta ni un momento para aprender y vivir. Y es que eso es la vida, una sucesión de instantes y un aprendizaje continuo.

      Firmado: Federico Escudero

      También de Sacks en ULAD: MusicofiliaUn antropólogo en Marte

      miércoles, 29 de mayo de 2019

      Malditas cubiertas: Cuando mil palabras sí valen más que una imagen

      En anteriores entradas de Malditas cubiertas hemos aprendido, gracias a la didáctica a la par que divertida exposición -sin olvidar su encomiable minuciosidad- de nuestra compañera Beatriz que la lectura que hagamos de un libro puede estar influenciada por el diseño y cualquier ilustración que alguien haya decidido colocar en la cubierta del mismo. Así ocurría con los ejemplos que nos proporcionaba: Marianela y, sobre todo, la controvertida Lolita (controversia que, visto lo visto, quizás sea en buena medida causada por las cubiertas que se lan puesto a la novela, precisamente...).

       Ahora bien, yo pregunto. ¿os parece que es tan fácil condensar conceptualmente un libro que puede tener 500, 700 o incluso más de mil páginas en una sola imagen, en un diseño que resuma perfectamente lo que su autor nos ha pretendido contar y que además resulte atractivo y destaque en medio del proceloso y voraz océano de las mesas de novedades? Pues para nada: es un trabajo ímprobo que exige la máxima creatividad y esfuerzo por parte de los profesionales de la materia. ¿No os parece dificultoso en grado sumo encontrar conceptos originales nunca antes utilizados en el diseño gráfico y que confieran a la cubierta del libro una impronta única, inimitable, que imprima un estilo único al libro que está anticipando?




             




      Una vez estrujadas las meninges para hallar un concepto original, el diseñador gráfico (bueno, o alguno de sus asistentes-becarios-estamos-pagando-por-trabajar-aquí, que los chavales tienen que foguearse) deberá dejarse los ojos revisando miles y miles de imágenes, visitando museos, consultando libros de arte y fotografía para encontrar ésa que resulte única, que represente al libro y sólo a ese libro que estamos tratando de arropar con una cubierta singular e inimitable.




      ¡Qué decir de aquellos creadores audaces que deciden no conformarse con las ya un poco repetidas pinturas de Jack Vettriano y apuestan por reivindicar y difundir, siquiera desde la humildad de la cubierta de un libro, la obra de artistas poco conocidos! Un aplauso desde aquí a esos valientes...


      Pensemos, además, que una cubierta adecuada puede no sólo facilitar el reclamo y la venta de un libro entre su público potencial, sino abrir nuevos nichos de mercado, expandir el target hasta convertir el título en cuestión en un ansiado long-bestseller. De esta forma, se consiguió difundir la obra de Henry James entre el gremio de mecánicos de automoción, la de Virginia Woolf entre celebrantes del Día de San Patricio o de Stephen King entre seguidoras luso-brasileiras del estilo Lady Di:



      La infancia puede ser un momento tan adecuado como cualquier otro de la vida para iniciarse en la lectura de los clásicos, más aún teniendo el cuenta la afición y destreza de los escolares en el manejo del tippex.

      Mientras que, por otra parte, libros considerados siempre como infantiles se pueden disfrutar de forma más completa en la edad adulta (y de gustos algo más...ejem, complicados)




      Ya sé lo que estarán pensando. que el recurso a imágenes con un toque erotizante es un truco ya muy manido, incluso cutre... Sí, es cierto, pero no desdeñemos el potencial de enseñar un poco de carn...quiero decir un bello rostro y una hermosa figura , a la hora de llegar a nuevos públicos lectores que descubran  las infinitas posibilidades de maravilla que ofrecen los libros.¿Cómo se explica, si no, el gran predicamento que tuvieron en USA las ideas ultraliberales en de Ayn Rand allá por los años 80?

      ¿O el éxito de la obra cuentística de Poe entre ese otro grupo tan vintage, pero a priori antiético que son los fans de Barbarella?

      No descartemos tampoco que el prestigio de los autores rusos del siglo XIX venga sobre todo de la idea, quizás poco acertada, de que eran unos vivalavirgen que se pasaban el día bebiendo (como cosacos, no hace falta remarcarlo) y fornicando con bellas eslavas... Bueno, vale, en algún caso, tal vez no sea una idea tan equivocada, es cierto...


      En esta utilización algo epatante de imágenes erótico-festivas (por decirlo así) destaca la constante y nunca suficientemente reconocida labor de Vexin Classics, cuyas cubiertas provocan en el lector asociaciones con el libro en cuestión que sin su ayuda quizás nunca hubiesen contribuido a enriquecer su lectura de esta manera...




      No debemos descartar, pues, la utilización de este tipo de imágenes. Si gracias a ellas, se ha conseguido, por ejemplo, iluminar con nuevas interpretaciones la obra del Tolkien, proponiendo significados más sugerentes a títulos como Las dos torres o que los lectores chinos se den cuenta de que en la serie Crepúsculo el personaje de Bella Swan no era sino una excusa para disimular, ante el reprimido público occidental la verdadera relación amorosa que ocurre en la célebre saga vampiro-licantrópica... si ha sido posible esta apertura de miras, insisto, ¿por qué no ir más allá y -contentando además a los seguidores de la ultraderecha española, a los que tan atrayente resulta este tipo de parafilias- por qué no tratar de acercar, por ejemplo, a los aficionados a la zoofilia travestida? Haberlos haylos, seguro, o al menos en Noruega lo tienen claro:


      En fin, como vemos, el camino ya está abierto y gracias a las cubiertas adecuadas, es posible potenciar la lectura entre colectivos en principio poco proclives a los libros o, al menos a ciertos libros. Con un diseño apropiado, se puede atraer  a cualquier tipo de lector o lectora hacia cualquier libro, por alejado que parezca de sus gustos. Ahora bien, todo editor ha de ser también cauto y no contratar a cualquier diseñador para su proyecto sin antes asegurarse de que es el idóneo para el encargo; el steampunk, por ejemplo, no tiene por qué ser lo más pertinente para una novela del siglo XIX ni el hecho de que salga un payaso con un globo significa que se trata de un libro infantil. Ni, por supuesto, que la obra esté ambientada en Escocia, que sea del mismo tipo que las de Megan Maxell o Monica McCarty... 





      Vaya, que cada responsable editorial tiene que saber qué estilo es el más conveniente y propio para sus libros. Aunque las posibilidades son infinitas... ¡Todo sea por fomentar la lectura!






      Bonus Extra: Para las personas interesadas en profundidar en el apasionante aunque turbador tema de las cubiertas bizarras, aquí unos cuantos enlaces que sin duda harán sus delicias: