jueves, 5 de febrero de 2015

Henry James: Los embajadores

Idioma original: inglés
Título original: The Ambassadors
Año de publicación: 1903
Valoración: aburrida

Habrá quien se lleve las manos a la cabeza: ¡aburrido Henry James! ¡Herejía! ¡Anatema! ¡Anacoluto! Y yo contesto: no, Henry James no: sus novelas cortas (de las que hemos reseñado ya unas cuantas) son magníficas. Mi favorita sigue siendo Los papeles de Aspern, que en cambio no he reseñado. Pero en cambio sus novelas largas (Washington Square y esta, Los embajadores) no las aguanto. Si he terminado esta novela es porque existe ULAD y quería poder reseñar esta novela con criterio.

Algo que me tranquiliza, en esta herejía mía, es que no estoy solo: ya E. M. Forster (que como crítico literario no era manco precisamente. Después de alabar la depurada técnica de James y su capacidad para crear un universo de personajes, Forster dice:
The pattern has woven itself with modulation and reservations Anatole France will never attain. Woven itself wonderfully. But at what sacrifice! So enormous is the sacrifice that many readers cannot get interested in James, although they can follow what he says (his difficulty has been much exaggerated), and can appreciate his effects. They cannot grant his premise, which is that most of human life has to disappear before he can do us a novel.
[La trama se ha tejido con una modulación y una cautela que Anatole France nunca alcanzará. Se ha tejido maravillosamente. ¡Pero a cambio de qué sacrificio! Es tan enorme el sacrificio que muchos lectores no se interesan por James, aunque puedan seguir lo que dice (su dificultad ha sido muy exagerada), y pueden apreciar sus efectos. No pueden compartir su premisa, que es que toda la vida humana tiene que desaparecer antes de que él nos ofrezca una novela]

Casi no necesitaría escribir nada más en esta reseña, porque esta es exactamente mi impresión. No hay ninguna duda de que James es un maestro de la técnica: Los embajadores es, por ejemplo, un modelo de focalización selectiva, ya que el narrador siempre habla desde el punto de vista de un único personaje, el "embajador" Strether, cuya misión es conseguir que el joven Chad Newsome abandone los placeres parisinos y vuelva a Woollett, Massachusetts, a ocuparse los asuntos de la familia. No hay duda, tampoco, de que James crea una red complejísima de interrelaciones sentimentales entre sus personajes (todos "maravillosos", todos "encantadores").

Lo que pasa es que son 400 páginas (repito: 400 páginas) de sutilezas sentimentales, medias palabras, sobrentendidos, malentendidos. diálogos con un nivel de abstracción y conceptualización que resultan artificiales y pesados. Sin vida, como diría Forster. Hay novelistas que tienen una capacidad casi sobrehumana de disección del alma humana, una sensibilidad mayor que el común de los mortales; pero en James yo veo más bien un barroquismo de los sentimientos, un ejercicio estético que interesa más al autor que lo crea que a los posibles lectores, y por supuesto a los propios personajes que viven 400 páginas (¿he dicho ya que son 400 páginas?) en un ir y venir de atracciones, rechazos, indecisiones y cambios de opinión capaces de volver loco a cualquier ser humano. Pero ellos no son seres humanos: son "mavarillosos", son "encantadores".

Quizás el aspecto más atractivo de la novela (pero es un aspecto muy marginal) es la resistencia de Strether a revelar cuál es el producto -un producto pequeño, insignificante, probablemente vulgar- que está en el origen de la riqueza de la familia Newsome. Se han hecho muchas hipótesis: cerillas, palillos, botones... Pero la respuesta nunca la sabremos.

Es una pena que este pequeño "McGuffin" solo aparezca al principio y al final de la novela, y lo que haya en medio sean 400 páginas (¿he dicho ya que son 400 páginas?) de sutilezas sentimentales.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Santi, a mí me pasa lo mismo con James. Me encantan Los papeles de Aspern y luego Otra vuelta de tuerca; pero, por ejemplo, me aburrí hasta las lágrimas con Lo que sabía Maisie, tanta sutileza, tanto recoveco cuando la idea ha quedado clara....tal vez tenga que ver que James navega entre el siglo XIX y el XX, cuando los novelas largas eran casi una obligación y la técnica una imposición. Tenía siempre ganas de "clavarle el diente" a algo de James, pero por tu reseña no serán Los embajadores.

Saludos.

Carlos O.

Murnau dijo...

Coincido plenamente con la critica y contigo, anónimo. Yo también leí Lo que Maisie sabia y pase de la absoluta admiración de las primeras paginas al mas supremo sopor de las 300 siguientes. Y es que no debe de haber una autor que se recree mas que este escritor.

Santi dijo...

Pues no sabéis la tranquilidad que da cuando uno cree que está diciendo una herejía, y resulta que hay más gente que piensa como él... :)

En fin, habrá que seguir leyendo las novelas cortas de James, y disfrutando de ellas...

Jose Mendez Rufo dijo...

Hubo un tiempo en que me dio por leer novelas de Henry James porque a mi biblioteca pública habitual llegaron de repente un montón de ellas. No había leído nada de este autor más allá de Otra vuelta de tuerca que había leído cuando aún iba a la EGB, y tenía curiosidad.

La curiosidad casi me mató de aburrimiento.

Enrique Hormigos dijo...

Me uno sin reservas al grupo de damnificados por las novelas así de gordas de Henry James.

Reconozco haber visto la luz al final del túnel y toda mi vida pasar en un instante ante mis ojos tratando de leer el "Retrato de una dama".

Como ver crecer una planta... a cámara lenta.

Anónimo dijo...

Me huno a la crítica. Yo tamvien prefiero a Zaffon.

Eloisa Cárdenas Yáñez dijo...

Estoy leyendo La copa dorada en Alba y reconozco que tenéis mucha razón: terminar una de sus 687 páginas requiere una concentración tiánica (para colmo, tengo mis dudas de laceficacia de la traducción). Sin embargo,por ahora prosigo en en heroico esfuerzo. Debo decir, para que al menos haya alguien en defensa de este viejo maniático James, que he leído con gusto , además de la obra breve, Los europeos, La heredera y, sobre todo , Retrato de una dama, novela que creo que adapta bien al cine Jane Champiñón... Por cierto, tengo mis dudas sobre si la magna empresa que ha asumido el critico que esta leyendo El tiempo perdido podría parangonarse con la lectura de un raraton de los James gordos!!!