viernes, 13 de febrero de 2015

David Foster Wallace: En cuerpo y en lo otro

Idioma original: inglés
Título original: Both flesh and not
Año de publicación: 2013
Traducción: Javier Calvo
Valoración: recomendable / muy recomendable para los acólitos

En cuerpo y en lo otro es un remiendo. Para qué discutirlo. No tiene sentido hacerlo. Se hurga entre los baúles en búsqueda de material del escritor que no ha pasado todavía por el ritual de la puesta de largo: ensayos, discursos, artículos en revistas, colaboraciones, correspondencia, borradores con pinta de definitivo. La cuestión es dejar el legado exhausto, provocar que el fanático pase por caja, usar esa socorrida coartada de dar a conocer al personaje, y todos contentos. En el fondo, nada que reprochar si asumimos que es un derecho legítimo de poner un producto en el mercado y si añadimos el hecho de que quien quiera acercarse a la obra de DFW ya sabe por dónde tiene que empezar. Dado que sus obras rara vez están en las mesas de grandes novedades, al lado de Dueñas, Zafones, Folletts y demás.
Otra cosa es que siempre funcione: pues, aún siendo también recopilaciones de artículos, DFW sí otorgó su bendición en forma de condición unitaria a muchas recopilaciones de relatos o ensayos. Y aunque sería cruel decir que En cuerpo y en lo otro es mezclar agua y aceite, no sé si es lo más prudente que a un artículo de 2006 sobre tenis (milagro que yo lea sobre un deporte que me resulta tan tedioso como el tenis) siga un ensayo literario de 1987, que curiosamente resulta bastante menos estimulante.Volveremos al tenis, en uno de esas crónicas marca de la casa que brillaban en otros de sus libros, y por el camino, alternadas con curiosas acepciones de complicados términos en inglés, trataremos del cine de ciencia-ficción sobrecargado de efectos especiales, leeremos sobre Borges, sobre novelas infravaloradas, sobre palabras a evitar en determinados textos. Siempre Foster Wallace, pero mejor cuanto más avanza el tiempo y más conciencia toma de su brillantez. Paradójico que las piezas más endebles sean las dedicadas a lo literario, pero es que Foster Wallace ya debía irse dando cuenta que empezaba a superar en talento a muchos de los escritores a los que se rendía admirado. Sí, si alguien se va a sentir aliviado por que reconozca que alguna de esas piezas es de difícil digestión, voy a decirlo.
Pero a cambio, tenemos párrafos como este, en una corta pero exuberante pieza central de 1998, titulada La naturaleza de la diversión, que viene a resumir al dedillo todo lo que siente cualquiera que se siente ante un papel o una pantalla en blanco con la esperanza de ser leído. Que viene a recordarnos por qué DFW era tan brillante, el jodío.

"Has descubierto que disfrutas mucho del hecho de que a la gente le guste tu escritura, y también descubres que tienes muchas ganas  de que a la gente le gusten las cosas nuevas que escribes. La motivación de la pura diversión personal empieza a ser suplantada por la motivación de gustar, de que haya gente guapa a la que no conoces que te aprecie  y te admire y te considere buen escritor. El onanismo da paso al intento de seducción, como motivación. Ahora bien, el intento de seducción resulta muy trabajoso, y su diversión se ve compensada por un miedo terrible al rechazo. Sea lo que sea el "ego", tu ego acaba de entrar en juego. O tal vez "vanidad" sea una palabra mejor. Porque te das cuenta de que gran parte de tu escritura se ha convertido en puro exhibicionismo, en intentar que la gente te considere bueno. Y es comprensible. Ahora estás poniendo mucho de ti mismo en juego, cuando escribes; y también está en juego tu vanidad. Descubres algo peliagudo que tiene la escritura de narrativa: que para ser capaz de escribirla es necesaria cierta cantidad de vanidad, pero que cualquier cantidad de vanidad por encima de la estrictamente necesaria resulta letal. Llegado este punto, más del noventa por ciento de las cosas que estás escribiendo ya están motivadas e informadas por una necesidad abrumadora de gustar. Y esto genera una narrativa de mierda. Y la obra de mierda debe acabar en la papelera, no tanto por una cuestión de integridad artística como por el simple hecho de que la obra de mierda va a hacer que no gustes. Llegado este punto de la diversión del escritor, la misma cosa que siempre te ha motivado para escribir ahora te está motivando también para tirar lo que escribes a la papelera."

Lo único que espero es que ya hayamos acabado: me da a mí que las próximas migas que se reúnan de los fondos de los cajones ya no van a dar para tanto.

Ya llevamos un montón de cosas sobre David Foster Wallace en ULAD: aquí